Archivo para Rev. 20:5

LAS “SACERDOTISAS” DEL REINO DE DIOS Y JUAN 5:28-29…… O EL 2+2=5.

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , on 18/09/2013 by Armando López Golart

descarga (3)O como un disparate y al igual que cerezas en un cesto, inevitablemente va seguido de otro y sobre todo en algo tan sensible como puede ser el texto sagrado, que siendo como es un todo armonioso, en cuanto violentas en lo más mínimo una de sus enseñanzas repercute inmediatamente en todas las demás. La cosa ya pasa a mayores, cuando siendo el caso que la incorrecta interpretación de un solo pasaje de las Escrituras, altera significativamente una determinada enseñanza bíblica, el “teólogo” en cuestión al ver que su particular punto de vista sobre la misma ya no le cuadra con la siguiente, lejos de rectificar su personal entendimiento de aquella, lo que intenta es cambiar el sentido de la susodicha siguiente enseñanza, para que esta se ajuste a su subjetiva manera de enfocar las cosas; y con lo que de seguir así, lo que al final nos encontramos, es con una Biblia paralela. Y un ejemplo sencillo de lo que pretendemos decirles, le tendríamos en aquel matemático al que la suma de 2+2 le salen 5 y que en lugar de reconsiderar su postura, pues las leyes de la matemática dicen que 2+2 solo pueden resultar 4, lo que intenta es cambiar dicha ley mediante cualquier subterfugio para que esta diga que 2+2=5…… y salirse de esta manera con la suya; y eso es lo que hacen esos “genios” de la teología que nos rodean por tierra, mar y aire y que queda perfectamente plasmado en las consecuencias producidas a causa de la desafortunada interpretación de un texto perdido entre los muchos de los que conforman las Escrituras y del que muchos llamados “cristianos” no siquiera saben de su existencia; pero esperpéntica interpretación que nos lleva a encontrarnos ante el monumental disparate de que las mujeres también gobernarán en el reino de Dios, en calidad de “inmortales reinas y sacerdotisas” al lado de Cristo: nos referimos al texto de Rev. 20:5 y en el que leemos lo siguiente:O como un disparate y al igual que cerezas en un cesto, inevitablemente va seguido de otro y sobre todo en algo tan sensible como puede ser el texto sagrado, que siendo como es un todo armonioso, en cuanto violentas en lo más mínimo una de sus enseñanzas repercute inmediatamente en todas las demás. La cosa ya pasa a mayores, cuando siendo el caso que la incorrecta interpretación de un solo pasaje de las Escrituras, altera significativamente una determinada enseñanza bíblica, el “teólogo” en cuestión al ver que su particular punto de vista sobre la misma ya no le cuadra con la siguiente, lejos de rectificar su personal entendimiento de aquella, lo que intenta es cambiar el sentido de la susodicha siguiente enseñanza, para que esta se ajuste a su subjetiva manera de enfocar las cosas; y con lo que de seguir así, lo que al final nos encontramos, es con una Biblia paralela. Y un ejemplo sencillo de lo que pretendemos decirles, le tendríamos en aquel matemático al que la suma de 2+2 le salen 5 y que en lugar de reconsiderar su postura, pues las leyes de la matemática dicen que 2+2 solo pueden resultar 4, lo que intenta es cambiar dicha ley mediante cualquier subterfugio para que esta diga que 2+2=5…… y salirse de esta manera con la suya; y eso es lo que hacen esos “genios” de la teología que nos rodean por tierra, mar y aire y que queda perfectamente plasmado en las consecuencias producidas a causa de la desafortunada interpretación de un texto perdido entre los muchos de los que conforman las Escrituras y del que muchos llamados “cristianos” no siquiera saben de su existencia; pero esperpéntica interpretación que nos lleva a encontrarnos ante el monumental disparate de que las mujeres también gobernarán en el reino de Dios, en calidad de “inmortales reinas y sacerdotisas” al lado de Cristo: nos referimos al texto de Rev. 20:5 y en el que leemos lo siguiente:

Los demás de los muertos no llegaron a vivir sino hasta que se terminaron los mil años.” (Rev. 20:4-6).

Palabras que analizamos con detalle en nuestro artículo del 19/08/10, titulado “El incomprendido pasaje de Rev. 20:5” y que los “teólogos” actuales ponen en directa relación con lo que leemos en Juan 5:28-29 y con lo que ya tenemos el “sarao” montado; pero veamos que nos dice ese pasaje de Juan:

No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz 29 y saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida, los que practicaron cosas viles a una resurrección de juicio.”

Entonces blanco y en botella para esos “genios” de la interpretación bíblica: la primera de esas dos resurrecciones de la que nos habla Juan para los “justos”, es la mencionada en Rev. 20:6 y que lleva al personal a reinar con Cristo…… y la segunda para los “injustos”, ocurre al final de esos mil años (aquí es en donde entra Rev. 20:5), para juicio o destrucción eterna de los tales y con lo que ya empieza a asomar ante nosotros la ecuación del 2+2=5. Porque para que la mujer no sea destruida en esta segunda resurrección, hay que montarse la “película” de que si puede esta ejercer de “reina” y “sacerdotisa” con Cristo en el reino de Dios y así, ya la tenemos colocada en la primera de dichas resurrecciones y problema resuelto; pero claro, resulta que según las Escrituras la ecuación lógica es la de 2+2=4, pues estas nos dicen que la mujer no puede acceder de ninguna manera a un puesto en el gobierno del reino de Dios…… entonces, ¿qué hacer? Porque si ello es tal como nosotros afirmamos, dicha circunstancia elimina a la mujer de poder participar de dicha primera resurrección para “vida” y lo que la coloca, irremediablemente y aquí está el quid de la cuestión, en la segunda de esas dos resurrecciones de Juan 5:28-29 y en calidad de persona “injusta”, por lo que debe ser destruida eternamente…… y con toda franqueza: colocar a Sara, Rebeca, Rut, Raquel, Lea, Noemí y tantísimas otras mujeres fieles a Jehová y que vivieron en tiempos precristianos, o las que vivieron en tiempos posteriores como María (la madre de Jesús), Elizabeth, Marta y María (las hermanas de Lázaro), María Magdalena, Ana “la profetisa”, Lidia, Loida, Eunice y a todas aquellas que se bautizaron posteriormente en el nombre de Jesús (Hech. 8:12), en una segunda resurrección para destrucción eterna, no nos negarán que resulta un “pelín” fuerte.

Por lo que, entre reconsiderar la postura adoptada sobre dichas dos resurrecciones citadas por Juan o tratar de minimizar el desaguisado creado por tan absurda formulación, esos “artistas” de la interpretación bíblica optan por lo segundo y que en este caso sería el buscar métodos alternativos, mediante “retocar” las distintas enseñanzas afectadas, aunque ello signifique el retorcer textos o sacarlos de sus contextos naturales para conseguir el fin perseguido: que las Escrituras se ajusten a su particular forma de entenderlas y lo que pasa por decir que la mujeres sí gobernarán en el reino milenario al lado de Jesucristo, en calidad de inmortales “reinas” y “sacerdotisas” y lo que ya sí les permite a estas, el pasar por la “primera” resurrección para salvación. Claro, ello lleva a esos “genios” de la ciencia teológica y como ya les hemos señalado, a las más disparatadas afirmaciones para defender su insostenible postura; y como muestra de lo que estamos diciendo, veamos lo que respondía uno de esos “entendidos” a la objeción presentada por este blog, en el sentido de que las mujeres no pueden reinar en el reino de Dios. Ese autor y para defender su postura, claramente inclinada a favor de que las mujeres sí pueden ejercer de “reinas” y “sacerdotisas” en el reino de Dios, respondía a nuestro artículo del pasado día 11 del corriente mes de Septiembre y en el que mostrábamos las razones bíblicas del porqué esa afirmación es una auténtica salvajada, diciéndonos y para empezar su tarea de mostrar que 2+2=5, que si bien en Rev. 14:4 y hablando de los 144.000, se nos dice de estos que “no se contaminaron con mujeres, de hecho son vírgenes”, lo que solo puede significar (siempre según el autor señalado), que estaríamos hablando de varones, nada sin embargo tiene que ver este pasaje con el de Rev. 20:6, en el que leemos lo siguiente:

Feliz y santo es cualquiera que tiene parte en la primera resurrección; sobre estos la muerte segunda no tiene autoridad, sino que serán sacerdotes de Dios y del Cristo y reinarán con él por los mil años.”

Luego en su empeño de que 2+2=5, dicho autor pone el énfasis en la expresión “cualquiera” y afirmando con ello, que lo que hay de entender de dicha palabra es que tanto hombres como mujeres pueden participar de dicha “primera” resurrección; pero claro, para ello sería necesario que realmente las personas que participan de esta no fueran parte de esos 144.000 varones de los que se nos habla Rev. 7:4 y 14:1 y que es precisamente lo que afirma dicho autor…… amparándose, eso sí, en el hecho de que en ninguna de esas dos citas se usa explícitamente la palabra “reinarán” y que sí se usa en cambio, en Rev. 20:6. Como ustedes pueden ver, queridos amigos que nos leen, una “magistral” lección de los fundamentos teológicos que adornan a ese “genio” de la interpretación bíblica; porque veamos lo que a Juan le fue mostrado en visión, en esa porción escritural que comprende el pasaje de Rev. 14:1…… y no perdiendo de vista, que la Revelación fue dada “para mostrar a sus esclavos, las cosas que tienen que suceder” y en ese momento, en un futuro aún muy distante:

Y vi y, ¡miren!, el Cordero (Jesucristo) de pie sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil que tienen escritos en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre.” (Acotación nuestra).

Luego puesto que la visión, obviamente, tenía el propósito de transmitir un mensaje o información, la pregunta pertinente sería ¿qué tipo de información era, la que se le quería transmitir al bueno de Juan en esa visión?…… y respuesta que encontramos en el Sal. 2:4-6:

El Mismísimo que se sienta en los cielos se reirá; Jehová mismo hará escarnio de ellos. 5 En aquel tiempo les hablará en su cólera y en su ardiente desagrado los perturbará, 6 diciendo: “Yo, sí, yo, he instalado a mi rey sobre Sión, mi santa montaña.”

Entonces lo que se le estaba mostrando a Juan en ese momento y en formato de visión, era el cumplimiento por adelantado de esas proféticas palabras dichas por boca del propio Jehová, eso es, a Jesucristo ya ejerciendo en su posición de encumbrado rey sobre el monte Sión…… siendo esto así y algo de lo que no queda ninguna duda ¿quiénes son entonces, esos 144.000 que se encuentran a su lado en ese preciso momento? ¡Exactamente, querido amigo, dio usted en el clavo! Porque esos 144.000 personajes que en ese momento flanquean a Jesucristo, solo pueden ser aquellos que le acompañan en su tarea de reinar y por lo tanto, aquellos que inexcusablemente participan de la “primera” resurrección de Rev. 20:6, pues esta es la vía por la que se accede a la inmortalidad y al derecho a reinar con Cristo y de los que se nos dice, que “serán sacerdotes de Dios y del Cristo y reinarán con él por los mil años”. Luego es una falacia, propia de un total indocumentado, primero, el negar la relación entre Rev. 14:1-4 y 20:6 y segundo, el afirmar que no se dice explícitamente de esos 144.000 de Rev.14:1, que “reinarán” con Cristo en el reino de Dios. Pero es que dicho “estudioso” nos dice algo más, en su intento de cuadrar el círculo, eso es, que 2+2=5…… y es que nos afirma que esas restricciones impuestas a la mujer en tiempos pre-cristianos, formaban parte de la antigua “dispensación”, pero que con la muerte de Cristo se entró en una nueva “dispensación” y por tanto, abolida dicha restricción; y pasando con ello las mujeres, a tener ya los mismos derechos y oportunidades que los hombres, lo que les permite ya el poder ejercer de “reinas y sacerdotisas” en el gobierno milenario y con ello lo más importante (y que es de lo que se trata), el poder colocarse en una “salvadora” primera resurrección.

Porque no pierdan de vista, queridos amigos que nos leen, que el interés de esos “entendidos” en las Escrituras y en el tema que estamos analizando, no es tanto el que las mujeres gobiernen en calidad de inmortales “reinas y sacerdotisas” en el reino de Dios y lo cual les importa exactamente un pimiento, con tal que ellos sí puedan estar ahí (pues esta es su esperpéntica esperanza y en un claro desconocimiento del propósito de Dios), sino el poder colocarlas en la “primera” resurrección y no en la “segunda” para destrucción eterna, salvando con ello su disparatada interpretación de las “dos” resurrecciones de Juan 5:28-29; en donde y dicho sea de paso, se nos habla de una sola resurrección, con dos distintas retribuciones, siempre dependiendo estas de la personal actitud de cada uno a partir del momento en que sea resucitado y de lo que hablaremos más adelante. Es por eso que formulan esos disparatados argumentos que estamos analizando para “probar” que las mujeres sí pueden “reinar” y ejercer de “sacerdotisas” en el milenio, pues de lo contrario y en función de su disparatado planteamiento de Juan 5:28-29, obviamente las tienen que meter en la “segunda” de dichas resurrecciones y lo que las lleva directas a la destrucción eterna; y como en su orgullo y altanería no se quieren “bajar del burro” reconociendo su error, ahí están enrocados en ese 2+2=5 y que es el meter a las mujeres a gobernar en el milenio al lado de Cristo, como inmortales “reinas y sacerdotisas” y soltándonos, entre otras disparatadas afirmaciones, el “rollo” de las mencionadas dispensaciones y afirmando que en la actual, ya no existe restricción alguna sobre nuestra congéneres femeninas…… solo que cuando uno lee las palabras de Pablo y que fueron dichas ya muy adentrados en dicha nueva “dispensación”, dirigidas a establecer el rol de la mujer dentro del organigrama de la congregación cristiana, como que no suena muy creíble la afirmación del autor al que nos referimos:

Que la mujer aprenda en silencio, con plena sumisión. 12 No permito que la mujer enseñe, ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que esté en silencio.” (1 Tim. 2:11-12).

Por lo que mucho nos tememos que el punto de vista de Pablo (en última instancia de Jehová), distaba mucho del que tiene el autor en cuestión y todas sus chorradas de las distintas dispensaciones; porque en esa supuesta “nueva” dispensación, el varón continuaba siendo el varón y llevando la delantera en la adoración al Dios verdadero y la mujer continuaba siendo la mujer, que seguía sujeta al varón, tanto en el ámbito de las relaciones de pareja, como en el ámbito de las relaciones dentro de la congregación cristiana…… y no olvidemos, que dichas palabras fueron dichas casi treinta años después de la muerte de Jesús y en un momento de máximo esplendor de la congregación cristiana. Por lo que vemos, que la condición de sujeción de la mujer al varón, entre los adoradores de Dios, no había cambiado en absoluto con respecto de los tiempos precristianos o “antigua” dispensación; sin embargo, permítannos un inciso que creemos necesario para hacer una puntualización y dejar las cosas en su justa posición: cuando hablamos de la autoridad del hombre sobre la mujer, en primer lugar señalar que no estamos hablando de “autoritarismo” y que es algo muy distinto…… y en segundo lugar, que ello siempre depende de la relación existente entre ambos. Y es que una mujer que va por la calle, no está sujeta a la autoridad del primer varón que pase por su lado y que le pueda decir en un momento determinado, haz esto o lo otro o lo de más allá y ella tenga que obedecerlo…… nada de eso, por lo que tranquilamente lo puede mandar a hacer puñetas y encima, llamar al policía más próximo, pues no es de eso de lo que nos habla Jehová. Y es que la autoridad del hombre sobre la mujer, solo se activa y por decirlo de alguna manera, en cuanto esta entra en relación con el hombre, bien sea por medio de una relación afectiva, o por medio de un ámbito común como puede ser una reunión de creyentes cuyo objetivo sea la adoración verdadera. Es en esos ámbitos, en los que se ponen en marcha las disposiciones divinas acerca de la relación entre ambos sexos; dicho lo cual, volvamos a lo que íbamos y veamos como en un esfuerzo digno de mejor causa, ese autor (por supuesto, tomado como ejemplo de los que así piensan) añadiendo al 2+2=5, nos retrotrae ahora a los tiempos de Adán y Eva y en donde según extraña afirmación de ese caballero, no existía dicha posición de autoridad del hombre sobre la mujer…… algo que nos intenta probar, en una nueva demostración de su “capacidad” teológica, con el pasaje de Gén. 1:26-28:

Y Dios pasó a decir: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza, y tengan ellos en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y los animales domésticos y toda la tierra y todo animal moviente que se mueve sobre la tierra”. 27 Y Dios procedió a crear al hombre a su imagen, a la imagen de Dios lo creó; macho y hembra los creó. 28 Además, los bendijo Dios y les dijo Dios: “Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra y sojúzguenla y tengan en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y toda criatura viviente que se mueve sobre la tierra.”

Y dado que estas instrucciones están formuladas en plural, dicho “genio” de la teología ya interpreta de ellas que, ambos, hombre y mujer, tenían el mismo rol ante Dios pues a ambos y en virtud de esas palabras, se les dio la misma responsabilidad de dominar sobre la creación o “señorear” sobre ella…… y siendo que solo por causa del pecado, se pasó a la dominación del hombre sobre la mujer. ¡Claro! cuando uno razona con un mínimo de lógica y sentido común, lo primero que se le ocurre preguntarse es qué ver tendrá, con que ambos dominaran sobre una creación inferior, con el que existiera determinada primacía del varón sobre la mujer en el arreglo divino, o dicho de otra manera que la mujer pudiera imponer su voluntad sobre un león o cualquier animal salvaje y sin embargo, estar ella bajo la sujeción del varón, pues este es el lugar en que Jehová la había colocado. Un ejemplo de lo que queremos señalar, lo encontramos en Efe. 6:1 en dónde el consejo de Pablo a los hijos, era que estos fueran “obedientes a sus padres (también en plural) en unión con el Señor, porque esto es justo”, lo cual no significaba en absoluto y como ha quedado perfectamente claro, que hombre y mujer tuvieran el mismo rol dentro del matrimonio, sino que como hemos visto en lo dicho hasta el momento, la mujer estaba en sujeción al marido y por lo que habría de considerarse esa “autoridad” de la madre sobre el hijo como “relativa”, eso es, como una “extensión” de la autoridad del padre y no que emanara de la mujer a título individual. De hecho y según el apóstol Pablo, el arreglo teocrático era de que “la cabeza de todo varón es el Cristo; a su vez, la cabeza de la mujer es el varón; a su vez, la cabeza del Cristo es Dios” (1 Cor. 11:3)…… y todos entendemos perfectamente, la distancia que hay del hombre respecto a su cabeza Jesucristo, así como la de este con respecto a su cabeza Jehová Dios; por lo tanto ¿cuál se supone que debería ser en dicho organigrama divino, la distancia de la mujer, con respecto de su cabeza, el varón? Recordemos que lo que dijo Jehová con relación de la creación de la mujer, fue lo siguiente:

Y Jehová Dios pasó a decir: “No es bueno que el hombre continúe solo. Voy a hacerle una ayudante, como complemento de él”.” (Gén. 2:18).

Por lo que habría que entender, que la fémina no era más que el complemento del varón, porque probablemente lo que Jehová vio que el hombre Adán echaba en falta para sí y a diferencia de la creación animal a la que estaba poniendo nombre y como parece indicar el verso 20 del capítulo citado de Génesis “pero para el hombre no se halló ayudante como complemento de él”, era que no tenía pareja correspondiente que le complementara y con la que poder aparejarse y producir descendencia. De ahí que Pablo, remontándose también al principio de la creación y en clara discrepancia con lo que nos dice dicho autor (y algo más que ese señor, sabría Pablo), afirmara lo siguiente y que demuestra la veracidad de nuestra argumentación:

Porque el varón no debe tener cubierta la cabeza, puesto que es la imagen y gloria de Dios; pero la mujer es la gloria del varón (obviamente, bastante menos). 8 Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón; 9 y, más aún, el varón no fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. 10 Por eso la mujer debe tener una señal de autoridad sobre la cabeza (eso es, en reconocimiento de la autoridad dada por Dios al varón, sobre ella), debido a los ángeles.” (1 Cor. 11:7-10). (Acotaciones nuestras).

No obstante, la cosa se va complicando, pues en ese empeño de que las mujeres han de ocupar esa posición de privilegio en el reino de Dios y para salvar el escollo de las dos resurrecciones de Juan 5:28-29, ese autor y para añadir fuerza a su argumentación, afirma que si bien esa escala jerárquica mencionada por Pablo en 1 Cor. 11:3 es correcta en la actual situación del hombre y con el fin de evitar la anarquía en las relaciones humanas, ya no sucederá así en los dominios del reino de Dios, en donde ya no existirá el matrimonio, ni la procreación entre aquellos que participen de esa “primera” resurrección; así como tampoco, entre aquellos que pasen con vida a dicho reino de Dios y en donde la esposa de uno ya no será su esposa, ni sus hijos serán sus hijos, sino que todos ellos pasarán a convertirse en sus hermanos y por lo que dejará de existir esa posición jerárquica del hombre sobre la mujer, al desaparecer la institución del matrimonio. Porque según ese “genio” de la teología del que estamos citando, todos esos personajes pasan a reinar con Cristo y serán como los ángeles en el cielo, que ni se casan ni se reproducen…… pero claro, en primer lugar, dicho planteamiento ya se topa con el primer escollo y que nos muestra la supina ignorancia del “intelecto” que lo presenta, dado que según se lee de Rev. 20:6, solo aquellos que participan de esa “primera” resurrección, son lo que reinarán con Cristo y no así, aquellos que como nos acaba de señalar el “genio” en cuestión, pasan con vida al reino de Dios (Rev. 7:13-17); “pequeño” detalle que les impide participar de dicha “primera” resurrección (pues si no han muerto, difícilmente pueden resucitar) y con ello, alejados de toda posibilidad de alcanzar el título de rey y sacerdote al lado de Cristo. No obstante y ya en segundo lugar, ese autor nos ha afirmado que en el reino de Dios no existirán ni el matrimonio ni la procreación, cuando lo que leemos en Hech. 3:20-21 es lo siguiente:

“…… y para que él envíe al Cristo nombrado para ustedes, Jesús, 21 a quien el cielo, en verdad, tiene que retener dentro de sí hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo.”

Luego si las cosas han de ser “restauradas”, ello significa que tienen que ser devueltas a su estado original, eso es, al mismo estado en el que se encontraban en tiempos de Adán y Eva antes del pecado…… ¿y cuál fue la comisión que Jehová les dio a estos? Veámosla:

Y Dios procedió a crear al hombre a su imagen, a la imagen de Dios lo creó; macho y hembra los creó. 28 Además, los bendijo Dios y les dijo Dios: “Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra y sojúzguenla; y tengan en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y toda criatura viviente que se mueve sobre la tierra”.” (Gén. 1:27-28).

Entonces ¿cómo que no existirá en el reino de Dios el matrimonio y la lógica consecuencia del mismo, que es la reproducción para perpetuar la especie, siendo como era esta la razón fundamental de dicha institución? Por lo que resulta, que de nuevo nos encontramos con otra enseñanza afectada por la idiocia de ese “personajillo” que no teniendo ni idea de lo que habla, va diciendo las cosas según se le van ocurriendo para defender un esperpéntico planteamiento, como resulta ser el de las “dos” resurrecciones de Juan 5:28-29, con una primera (como ya hemos señalado) para salvación de los “justos” y una segunda al término de los mil años, para juicio de los “injustos” y posterior destrucción eterna de ellos. Con lo que es del todo punto necesario, que las mujeres puedan reinar con Cristo, ya que ello las coloca en la primera resurrección, pues de lo contrario su destino final es la destrucción eterna al término del milenio y lo cual no tendría ni pies ni cabeza…… y esta es toda la esperpéntica historia que se montan esos ignorantes patológicos, acerca de las mujeres como “reinas y sacerdotisas” en el reino de Dios, eso es, el 2+2=5 de esos “entendidos” en las Escrituras.

Sin embargo, querido amigo que nos lee, cierre los ojos  solo por un momento y piense en una “primera” resurrección (Rev. 20:6) en la que participan solo aquellos 144.000 “comprados de entre la humanidad, como primicias para Dios y para el Cordero” (Rev. 14:1.4) como gobernantes en el reino de Dios y en una “segunda” (Juan 2:28-29), a ocurrir durante el milenio en la cual se levantarán (como súbditos del mismo) todas aquellas personas fallecidas desde los inicios de la historia de la humanidad, hasta el momento actual y que se hallen en el recuerdo de Jehová, entre ellas a aquellos seres amados a los que la muerte apartó de nuestro lado, para ser restauradas a las mismas condiciones de perfección de las que gozaron nuestros primeros padres Adán y Eva y al igual que ellos en su momento, poder iniciar una nueva vida de paz y felicidad y en la que la muerte no existirá, pues “el Cordero, que está en medio del trono, los pastoreará y los guiará a fuentes de aguas de vida. Y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos” (Rev. 7:17). Ya al final del milenio y lejos de hablársenos de una resurrección (otro error de bulto de esos “enteraos”), de lo que se nos habla es de que Satanás será soltado de sus encarcelamiento y saldrá “a extraviar a aquellas naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra” (Rev. 20:7-10), tal como en su momento “extravió” a Adán y Eva; y siendo que los que superen dicha prueba y como dice Juan, su resurrección habrá resultado “para vida”, mientras que en el caso de aquellos que no lo consigan, su resurrección habrá resultado ser, una para “juicio” o destrucción eterna.

Y ahora, querido amigo que nos lee, díganos si esa sencilla explicación que le acabamos de dar, precisa para ser creída, de los disparatados enredos que se nos han contado y que pueden encontrar en el siguiente link  http://www.youtube.com/watch?v=HO0siSV2Bpo y en un burdo intento de hacernos tragar tan esperpéntico planteamiento de la mujeres como “reinas” y “sacerdotisas” en el reino de Dios…… y es que en definitiva, la ecuación bíblica continúa siendo la del 2+2=4.

MABEL

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NO ES EXACTAMENTE ASÍ, PERO……

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , on 10/12/2011 by Armando López Golart

Y es que el Sr. Olcese (Apologista), en un corto comunicado que publicó hace unos días (05/12/11), nos anunció que estaría algún tiempo apartado de las tareas que le son propias en su página web, debido a su conocida afección ocular y de la que una vez más, desde este blog y como no podría ser de otra manera, expresamos nuestro deseo de un pronto y total restablecimiento. Y si bien es cierto que D. Mario, afirma tener una mano amiga que de momento le irá solventando la papeleta y que no dudamos que lo hará con la máxima eficacia, no es menos cierto que no es lo mismo, que sea él el que esté publicando, que el que lo haga “otra mano” por muy eficaz que sea…… a menos que el citado caballero supervise todo lo que se publique en su medio de difusión y cuente con su total conformidad, como sería lo razonable. Pero dicho esto y aceptando las cosas como están, lo que deseamos destacar en esta ocasión, es el comentario con el que D. Mario cierra su nota informativa:

Saludos especiales para Leonardo, Doña Sylvia, y por supuesto, al caballero español, Don Armando López Golart, quien debe estar extrañando mis estudios bíblicos que tanto le ayudan a replantear sus creencias presentes.”

Bien, de entrada tengo que decir, que personalmente (hablo en calidad de aludido) me halaga el que me haya concedido la deferencia de hacerme objeto de una alusión tan directa y personal, lo cual habla obviamente de la importancia que uno (en este caso, un servidor) tiene en la labor divulgativa del Sr. Olcese, bien sea en un sentido (positivo) o bien en otro (negativo)…… en todo caso, con determinado peso específico en dicha labor. Y prescindiendo de que es cierto que echo de menos sus estudios bíblicos, no puedo por menos que hacer una clarificadora afirmación: los citados estudios, lejos de ayudarme a “replantear” mis creencias, así como las de mi compañero Manuel Bel, lo que hacen es reafirmarnos en las mismas, al observar la dificultad que el Sr. Olcese tiene para presentar objeciones a los planteamientos que le formulamos desde este blog. Y entendemos que de nuevo se va a dar el caso, pues inmediatamente después de publicar la citada nota informativa, en el blog de Apologista se colgó un artículo titulado “Comentario sobre Rev. 20:5” y del que es cierto que desconocemos la autoría, pero puesto que está publicado en el blog de D. Mario, lo razonable es que sea este el que asuma la responsabilidad de su contenido, prescindiendo del hecho circunstancial de que no pueda escribir sus propios artículos.

Porque en el citado artículo, se nos hace una exposición del mencionado pasaje escritural y que en principio, nos permite afirmar que estaríamos hablando de una exposición muy bien documentada (eso es innegable), pero con una pésima conclusión y por la que fácilmente se puede deducir, que el autor del mismo, no solo no tiene demasiada idea de por dónde va la cosa, sino que además tiene ciertas dificultades para usar la lógica y el sentido común…… cualidades imprescindibles cuando se tiene que considerar alguna porción de las Escrituras; y siempre a tenor de la siguiente afirmación, en la segunda mitad de su último párrafo:

Cuando el autor llama a ésta la “primera” resurrección, tácitamente indica que habrá una “segunda”. Como todos los impíos morirán en ocasión de la segunda venida de יהושע ה משיח (Yahshua Ha Mashiaj) (cap. 19: 21), y como se los describe cuando atacan la ciudad al fin de los mil años (cap. 20: 8-9), se deduce que deben haber resucitado. Por lo tanto, está claramente implícita en el contexto la segunda resurrección al final de los mil años.” (Negritas nuestras).

Y es que una cosa, es hacer acopio de determinada información para documentar un texto bíblico y otra muy distinta, el hacer un análisis correcto del mismo a la luz de su contexto; porque veamos: si como nos dice el autor en cuestión, estos “impíos” citados mueren a causa del juicio llevado a cabo en la segunda venida de Cristo y que culmina con la batalla final de Armagedón (luego en todo caso, víctimas de un juicio adverso de Jehová), obviamente ya no serán resucitados, pues su muerte se produce, no como causa del pecado heredado de Adán y del que Jesús nos rescató mediante su sacrificio, sino de un juicio condenatorio de parte del Altísimo, como fue en el caso de Sodoma y Gomorra y con lo cual, estaríamos hablando de algo totalmente distinto; pero veamos qué se nos dice sobre dicho juicio, en Judas 7:

Así también Sodoma y Gomorra y las ciudades circunvecinas, después que ellas de la misma manera como los anteriores hubieron cometido fornicación con exceso e ido en pos de carne para uso contranatural, son puestas delante de nosotros como ejemplo amonestador al sufrir el castigo judicial de fuego eterno.”

Y palabras que nos estarían hablando de destrucción eterna para las personas que lo sufrieron, por tanto, sin la resurrección en mira; por otra parte, no podemos olvidar que este suceso fue colocado por el propio Jesús, en paralelo con el juicio que Jehová llevó a cabo con el diluvio del día de Noé:

Además, así como ocurrió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: 27 comían, bebían, los hombres se casaban, las mujeres se daban en matrimonio, hasta aquel día en que Noé entró en el arca y llegó el diluvio y los destruyó a todos. 28 De igual modo, así como ocurrió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban. 29 Pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre y los destruyó a todos. 30 De la misma manera será en aquel día en que el Hijo del hombre ha de ser revelado.” (Luc. 17:26-30).

Y puesto que lo que observamos, es que en ambos casos Jesús empleó la expresión “destruyó” y dado que según el relato de Judas, dicha información fue puesta a nuestro alcance como “ejemplo amonestador”, nada hay que nos permita suponer, la posibilidad de una resurrección posterior de esas personas, víctimas directas de un castigo divino…… y es que lo contrario no tendría sentido. Pero como entendemos que estos “ejemplos” nos marcan por donde van a ir las cosas, para aquellas personas que se tengan que enfrentar a ese venidero juicio del Altísimo, sería interesante, para confirmar nuestro planteamiento y que no queden dudas al respecto, saber que nos dicen las Escrituras, en concreto, precisamente de ese venidero juicio:

Esto toma en cuenta que es justo por parte de Dios pagar con tribulación a los que les causan tribulación, 7 pero, a ustedes que sufren la tribulación, con alivio juntamente con nosotros al tiempo de la revelación del Señor Jesús desde el cielo con sus poderosos ángeles 8 en fuego llameante, al traer él venganza sobre los que no conocen a Dios y sobre los que no obedecen las buenas nuevas acerca de nuestro Señor Jesús. 9 Estos mismos sufrirán el castigo judicial de destrucción eterna de delante del Señor y de la gloria de su fuerza.” (2 Tes. 1:6-9).

Y no perdamos de vista el hecho de que en el pasaje leído, se nos está hablando precisamente de lo que va a ocurrir durante la segunda venida de Jesucristo y desde luego, nada nos hace pensar de esas palabras, máxime teniendo en cuenta los relatos de Judas y Lucas citados, que esas personas eliminadas en ese juicio vayan a tener algo parecido a una resurrección; no obstante y para una información más completa acerca del particular, nos remitimos a un artículo que publicamos el 20/02/10, titulado “Respondiendo a una objeción”. Pero por otra parte y continuando con el autor en cuestión, en esa porción transcrita de su artículo, también leemos lo que sigue:

“……y como se los describe cuando atacan la ciudad al fin de los mil años (cap. 20: 8-9), se deduce que deben haber resucitado.” (Negritas nuestras).

Y no nos negarán ustedes, que el razonamiento no puede ser más extravagante, por lo que se nos ocurre plantarle una cuestión a dicho autor…… ¿nos podría explicar de dónde saca, que los que “numerosos como la arena del mar” (Rev. 20:8), atacan “el campamento de los santos y la ciudad amada” (v. 9), son las mismas personas “impías”, que fueron destruidas durante la “gran tribulación” de Rev. 7:14? Porque resulta que en ese contexto y para acabar de “arreglar” la cosa, de ninguna manera se nos habla de algo parecido a una resurrección; no nos olvidemos, que dicho autor y apoyándose (suponemos) en Juan 5:28-29, en la última frase de esa porción transcrita nos dice lo siguiente:

Por lo tanto, está claramente implícita en el contexto la segunda resurrección al final de los mil años.” (Negritas nuestras).

Sin embargo y reiterándonos en nuestra anterior afirmación, no vemos la “claridad” por ninguna parte, pues nada en ese pasaje de Rev. 20:7-10 hace referencia a resurrección alguna…… pero leámoslo:

Ahora bien, luego que hayan terminado los mil años, Satanás será soltado de su prisión 8 y saldrá a extraviar a aquellas naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, para reunirlos para la guerra. El número de estos es como la arena del mar. 9 Y avanzaron sobre la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada. Pero descendió fuego del cielo y los devoró. 10 Y el Diablo que los estaba extraviando fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde ya estaban tanto la bestia salvaje como el falso profeta; y serán atormentados día y noche para siempre jamás.”

Luego vemos que lo que hace Satanás al ser soltado de su cautiverio, es salir a extraviar a las naciones existentes en ese momento por sobre toda la tierra, tal como en su momento lo hizo con Adán y Eva; y naciones, observemos el detalle, que obviamente no se formaron de “bote pronto” en el preciso momento de esa supuesta resurrección al final de los mil años y cuestión que nos lleva a una derivada…… ¿nos podría explicar dicho autor, para qué guardó Jehová a Satanás por un espacio de tiempo de mil años? Y en otro orden de cosas ¿por qué tendría Jehová que resucitar a personas acusadas de pecar contra Él y por tanto, destruidas “eternamente” en su momento, según hemos leído? No olvidemos que las propias Escrituras ya nos hablan de personas que no tendrán derecho a una resurrección:

En verdad les digo que todas las cosas les serán perdonadas a los hijos de los hombres, no importa qué pecados y blasfemias cometan blasfemamente. 29 Sin embargo, cualquiera que blasfema contra el espíritu santo no tiene perdón jamás, sino que es culpable de pecado eterno.” (Mar. 3:28-29).

Entonces, una vez más, estamos ante lo que no es más que un planteamiento disparatado a partir de un pasaje bíblico, en este caso de Rev. 5:20 y planteamiento que no tiene soporte alguno en las Escrituras, pues ni los afectados por un juicio adverso de Jehová pueden ser resucitados en ningún momento, ni estas nos dicen nada sobre algo parecido a una resurrección al término de los mil años y prescindiendo, por supuesto, del hecho de que dicho pasaje constara en los manuscritos originales o no. Por lo que volviendo al inicio de nuestra exposición, consideramos que el Sr. Olcese, tanto si es autor del citado escrito, como si se trata de una colaboración, tendría que mostrar un poco más de rigurosidad en todo aquello que se publica en su blog, para que tenga la veracidad que se debería de esperar en toda aquella persona que afirma proclamar “las prístinas verdades de las Escrituras”…… ¿entienden ahora, queridos lectores, porqué los contenidos del blog del Sr. Olcese, no nos pueden hacer “replantear” nuestras creencias?

MABEL

EL INCOMPRENDIDO PASAJE DE REV. 20:5.

Posted in Uncategorized with tags , , , on 19/08/2010 by Armando López Golart

Tal y como mencionábamos en el anterior artículo “El arte de reflexionar…… y la Biblia” (16/08/10), vamos a hablar un poco de ese texto y que a juzgar por los resultados que su utilización producen, no ha sido demasiado bien entendido y lo que es peor: ha sido pesimamente aplicado. Pero leamos el contenido del mismo y que para una mayor comprensión de lo que queremos explicar, lo colocaremos en su contexto natural, o sea, entre la parte final del versículo 4 y el 6:

“…… Y llegaron a vivir y reinaron con el Cristo por mil años. 5 (Los demás de los muertos no llegaron a vivir sino hasta que se terminaron los mil años). Esta es la primera resurrección. 6 Feliz y santo es cualquiera que tiene parte en la primera resurrección; sobre estos la muerte segunda no tiene autoridad, sino que serán sacerdotes de Dios y del Cristo y reinarán con él por los mil años.”

Y ahora, habiéndolo leído, pasemos a analizarlo; y de lo primero que nos damos cuenta, es que de los participantes de esa primera resurrección se nos dice que “llegaron a vivir”, a diferencia de los “demás de los muertos” de ese verso 5, que no lo hicieron hasta el final de los mil años. Y para que este texto se pudiera usar, con la idea de establecer una separación de mil años entre las dos resurrecciones de Juan 5:28-29, como hacen los “entendidos” en la materia, evidentemente se nos tendría que estar hablando en el mismo, de una resurrecciónliteral. O sea, que esas dos expresiones acerca de que “llegaron a vivir” o “no llegaron a vivir” respectivamente, tendrían que hacer referencia a resurrecciones literales y lo cual, de ninguna manera es el caso. Porque veamos en qué sentido, es que “llegaron a vivir” los participantes de la primera resurrección: Pablo en 1 Tim. 6:19, animó a los que junto a él tenían la esperanza de en un futuro, gobernar junto a Cristo en el reino, a atesorar “… para sí con seguridad, un fundamento excelente para el futuro, para que logren asirse firmemente de la vida que realmente lo es.” Luego lo que estaba diciéndoles, es que después de su resurrección, se les concedería otro tipo de vida, infinitamente superior al que habían tenido en su etapa humana anterior, lo cual se infiere de Rev. 20:6, que nos dice que “sobre estos la muerte segunda no tiene autoridad”, lo que significa vida eterna en perfección. Luego estaríamos hablando, no tanto de la resurrección como tal, sino de la calidad de la misma que reciben esos personajes y la cual les distinguía, de “los demás de los muertos” del versículo 5 y que solo recibirían la vida eterna, al final del milenio y en función siempre, de que superaran la prueba final (Rev. 20:7-9).

Ese tipo de resurrección con la dádiva de la vida eterna de forma inmediata, es solo para aquellos que participan de la primera resurrección y gobiernan con Cristo durante los mil años. Ahora bien ¿es entonces correcto el uso que esos “expertos” en interpretación bíblica dan a ese versículo 5? ¿Significa ese texto, que nadie más de entre la humanidad vivirá durante esos mil años en la Tierra, excepto los que gobiernen en el reino con Cristo? De entrada, ese texto no es más que una acotación aclaratoria del verso anterior (el 4), que nos pretende mostrar la diferencia entre la calidad de la “primera” resurrección, con respecto de la que acontece durante el milenio: mientras los que participan de la primera ya se levantan con la inmortalidad concedida, los que se levantan en lo que podríamos llamar la “segunda” resurrección, tienen que esperar a superar la prueba final (Rev. 20:7-8) para alcanzar la vida eterna; por otra parte, ese texto de ninguna manera puede decirnos eso porque, si así fuera, ello significaría que no habría personas a favor de las cuales esos personajes, pudieran utilizar sus habilidades como “sacerdotes”, porque su dominio sería sencillamente un planeta desolado. Pero cierto es y de forma inexplicable, que los citados “entendidos” lo usan como complemento de Juan 5:28-29, para señalar un espacio de tiempo de mil años entre ambas resurrecciones y creando con ello, esa esperpéntica situación: un milenio con gobernantes, pero sin gobernados, luego ¿para qué el reino de Dios? Pero es que además, resulta que el sentido primario del texto objeto de análisis, no nos da siquiera la más mínima idea de que ello pueda ser así, pues lo que hace dicho versículo 5, lejos de hablarnos de una resurrección literal, es establecer un hecho: mientras los primeros en resucitar, ya reciben y a partir de ese mismo momento, una nueva condición de vida, “los demás de los muertos” no la reciben, sino hasta después de pasados los mil años.

Entonces, quizás habría que empezar averiguando, quiénes son “los demás de los muertos” de los que nos habla dicho pasaje; luego ¿de qué muertos se nos está hablando? Pues obviamente y en primer lugar, de los restantes muertos literales que no participan de esa primera resurrección y que a través de los siglos, han muerto como resultado del pecado adámico. Pero también en ese verso 5 se incluye además, en ese mismo grupo y eso es muy importante, porque nos ayuda a aclarar las cosas, a aquellos que habiendo aceptado en sus vidas el sacrificio redentor de Jesucristo, sobreviven a la gran tribulación y que ya sin necesidad de experimentar la muerte física (Rev. 7:17) entran con vida en el Milenio, así como también a los que posiblemente vayan naciendo de entre ellos, durante dicho período. Pero claro, nuestro querido lector, inmediatamente puede objetar que estamos confundiendo la gimnasia con la magnesia, ya que metemos en un mismo saco a muertos físicos, con vivos físicos y hay que reconocer, que desde el punto de vista humano, tendría toda la razón mundo. Pero es que cuando hablamos de las cosas de Dios, estas hay que verlas desde el punto de vista de Dios y no desde el nuestro; notemos, por ejemplo, cómo veía Jesús la cuestión y que algo, suponemos, sabría del tema:

Luego dijo a otro: “Sé mi seguidor”. El hombre dijo: “Permíteme primero ir y enterrar a mi padre”. 60 Pero él le dijo: “Deja que los muertos entierren a sus muertos, más vete tú y declara por todas partes el reino de Dios.” (Luc. 9:59-60).

¿A quién se refería Jesús, al mencionar a esos muertos que podían enterrar a otros muertos? Pero dejemos que sea la propia Biblia, la que nos diga de qué o de quien, nos estaba hablando Jesús. Porque veamos como el apóstol Pedro, que entendió perfectamente la idea, en su momento también se expresó en parecidos términos:

De hecho, con este propósito las buenas nuevas fueron declaradas también a los muertos, para que fueran juzgados en cuanto a la carne desde el punto de vista de los hombres, pero vivieran en cuanto al espíritu desde el punto de vista de Dios.” (1 Ped. 4:6).

Y está claro, que Pedro tampoco se refiere a muertos literales en ese pasaje, lo cual no tendría sentido ya que a un muerto literal, no se le pueden declarar buenas nuevas, ni por supuesto, ninguna otra cosa. Pero veamos ahora, si el apóstol Pablo y que a nuestro entender, fue el que más correctamente capto la idea divina, nos puede aportar un poco más de luz al asunto:

Además, a ustedes Dios los vivificó aunque estaban muertos en sus ofensas y pecados…..” (Efe. 2:1 y 5; vea también Col. 2:13).

Por lo que queda claro, que esos muertos, eran evidentemente personas físicamente vivas, pero muertas a los ojos de Jehová, como directa consecuencia del pecado heredado.

Luego lo que estaba haciendo Pablo y retrotrayéndonos al pasaje citado de 1 Tim. 6:19, era contrastar la vida que hoy vivimos, muy dura y dificultosa y que no es vida, con una que obviamente será distinta y que realmente si será vida. Pero ¿por qué lo que hoy vivimos, no puede considerarse vida, por muy bien que algunos afortunados la vivan? Pues porque al final de ella inevitablemente y como consecuencia directa del pecado, está la muerte y no sin antes haber pasado por un auténtico calvario de sufrimientos y sinsabores, con el consiguiente proceso de envejecimiento con sus lógicas limitaciones y que arrebatándonos toda ilusión de vivir, para nada tiene que ver con lo que Jehová se propuso en un principio para su creación humana. Y es que no existe comparación posible alguna, pues Dios dotó a Adán de la capacidad de vivir eternamente en plenitud de fuerzas y máxima madurez física, mental y espiritual y por tanto, él no experimentaría la vejez y todo ello, en un idílico entorno semejante a un paraíso, en donde la paz, la justicia y la abundancia de recursos, contribuían al bienestar del ser humano. Y en que destacaba por encima de todo ello, una estrecha relación entre el hombre y su amoroso Creador, Jehová Dios.

Sin embargo al pecar, el primer hombre perdió tan maravillosa perspectiva, transmitiendo a sus descendientes la mancha del pecado y con ello sus tristes consecuencias: enfermedades, dolor, envejecimiento y finalmente, muerte. Desde el mismo momento en que Adán pecó, adquirió la condición de “muerto”, ya que a los ojos de Jehová murió y con él sus descendientes, o sea, toda la raza humana; veamos cómo nos lo cuenta, Gén. 2:17:

Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás.”

Y aunque desde la perspectiva humana, no murió inmediatamente después de pecar, ya que tras su expulsión de Edén, aún vivió lo suficiente para ver el asesinato de uno de sus hijos, el destierro de su hijo asesino, el abuso de la institución matrimonial, la profanación del nombre sagrado de Jehová y otras muchas cosas de las que fue testigo…… finalmente, después de novecientos treinta años de vida, la mayor parte de los cuales se consumieron en el lento proceso de envejecimiento, volvió al suelo del que había sido tomado, tal como Jehová había dicho. Pero durante todo este tiempo, aunque físicamente vivo, Adán realmente ya estaba muerto a los ojos de Jehová y desde el mismo momento de su trasgresión. Luego esos, son los muertos de los que nos habla Rev. 20:5: personas que aunque físicamente vivas, están en una condición como de muertos ante el Creador. Porque esta es, la actual situación de la humanidad, prescindiendo de que estén físicamente muertos o físicamente vivos: la humanidad como un todo, está muerta a los ojos de su Creador.

Luego ¿en qué sentido, es que “no llegaron a vivir” sino hasta el fin de los mil años, esos “demás de los muertos”? Esto no significa su resurrección literal, como ya hemos dicho, pues este “llegar a vivir”, implica mucho más que el sencillamente existir físicamente como seres humanos, tal como hemos apuntado. Significa obtener la perfección humana, libre de todos los efectos del pecado adámico y con la vida eterna en mira; observe que la referencia a esto en ese versículo 5, se halla inmediatamente después que el versículo anterior diga que los que participan de la primera resurrección yallegaron a vivir”. En el caso de ellos significa, como ya les hemos dicho, que en el mismo momento de su resurrección, les fue concedida vida sin ninguno de los nocivos efectos del pecado y ya se les concede la inmortalidad o el derecho a una vida sin muerte o eterna (Juan 3:16). Ellos por tanto, ya pasan a disfrutar de la vida que “realmente lo es” y de la que nos habló Pablo: vida sin fin, en plena felicidad y en perfecta armonía con el Excelso Dador de Vida y Supremo Soberano del Universo, Jehová Dios…… pero ¿por qué esas personas y los “demás de los muertos” del verso 5, no?

Pues porque durante su estancia aquí en la Tierra y a diferencia del resto, esas personas ya fueron debidamente probadas para saber si eran merecedoras de tal privilegio:

Pues, si somos hijos, también somos herederos: herederos por cierto de Dios, pero coherederos con Cristo, con tal que suframos juntamente para que también seamos glorificados juntamente.” (Rom. 8:17).

De hecho Jesucristo y en su mensaje a las siete congregaciones de Rev. 2/3, les asegura que el vencer”, por supuesto durante su estancia aquí en la Tierra, significaría ser glorificados junto a Él, en el Reino de Dios. Veamos, por ejemplo, lo dicho a la última congregación mencionada, la de Laodicea y extensivo a todas las demás:

Al que venza, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo también he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono.” (Rev. 3:21).

Entonces, para “los demás de los muertos”, ese “volvieron a vivir” al final de los mil años, no tiene que ver con una resurrección literal y física: esto significa y según hemos visto de los que participan en la primera resurrección, plenitud de vida en perfección humana. Esos “demás de los muertos”, ya habrán ido resucitando de forma progresiva durante el milenio y durante el cual, también de forma progresiva, serán llevados a la perfección de la que un día gozaron nuestros primeros padres, Adán y Eva; aunque el poder alcanzar dicho privilegio de la vida eterna, solo les sea otorgado al término del mismo. Pero ¿por qué no antes y al igual que los integrantes de la primera resurrección? Pues porque a ellos no les fue concedido el privilegio de sufrir martirio por Cristo, estando en vida y en consecuencia, no pudieron ser probados hasta ese grado:

Porque se os ha concedido a vosotros, a causa de Cristo, no solamente el privilegio de creer en él, sino también el de sufrir por su causa.” (Fil. 1:29).

¿Y por qué al término de los mil años, ? Pues porque es en ese momento, cuando de nuevo es soltado Satanás y sometida la humanidad, a la prueba final y cuando reciben el dicho privilegio de poder mostrar su apoyo incondicional a la Soberanía Universal del Cread0r y partiendo de las mismas condiciones en las que estaban Adán y Eva: en un completo estado de perfección y lo cual los hace ya, responsables plenos de su decisión; vamos a ver si podemos explicarlo de forma que nos hagamos más entendibles.

Si bien cuando nuestros primeros padres pecaron contra Jehová y debido a su perfección, fueron considerados pecadores voluntariosos y por tanto, plenamente responsables, contra su Creador, no fue así en el caso de su prole, que heredó de forma involuntaria la imperfección que conllevaba dicho pecado; pues tal como un molde defectuoso, transmite a todas las copias el mismo defecto, así sucedió en el caso de Adán y Eva con respecto de su descendencia. Cierto es que como dijimos en el artículo anterior “El arte de reflexionar y la Biblia”, cuando uno muere, ya ha pagado por su pecado, porque ese es el precio requerido (Rom. 6:23); pero claro, resulta que cuando uno está muerto, no existe…… luego ¿de qué utilidad nos sería, a nivel personal, el haber liquidado la deuda?: pues absolutamente de nada, ya que después de la muerte, uno sencillamente pasa a la no existencia. Pero ahí es donde entra la misericordia de Jehová, ya que Él y viendo la desesperada situación de los descendientes de la primera pareja humana, se propuso que pudieran gozar de la misma oportunidad que ellos y así pudieran decidir por sí mismos, si deseaban ser obedientes a su Dios y Creador o por el contrario y al igual que sus primeros padres, le desobedecerían y se pondrían de parte del padre de la mentira, Satanás el Diablo…… y ello significó, el que Jehová tomara una dramática decisión:

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16).

Jehová tuvo que hacer semejante arreglo, para equilibrar su justicia con su misericordia y amor hacía su creación y de esta manera, proporcionar un rescate equivalente para beneficio de esa descendencia:

Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, un hombre, Cristo Jesús, 6 que se dio a sí mismo como rescate correspondiente por todos… de esto ha de darse testimonio a sus propios tiempos particulares.” (1 Tim. 2:5-6).

Y ese y no otro, es el propósito de la resurrección y sobre todo, del porqué del reino de Dios: que la humanidad tenga la posibilidad de alcanzar la vida eterna, mediante su actitud frente a esa prueba final (Rev. 20:7:10) y que determinará en su momento, tal como afirma Juan 5:28-29, si la resurrección de una persona, ha sido para vida o por el contrario, será para condenación y destrucción eterna en el lago de fuego:

“…… Esto significa la muerte segunda: el lago de fuego. 15 Además, cualquiera a quien no se halló escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.” (Rev. 20:14b-15).

Todo dependerá de la actitud de cada uno, acerca del aprovechamiento que haga, durante ese reinado milenario de Cristo, de los distintos beneficios que serán puestos a su alcance por esos reyes y sacerdotes, que Jehová ha dispuesto que gobiernen durante ese tiempo.

Luego y resumiendo la cuestión, nada tiene que ver ese pasaje de Rev. 20:5 con el de Juan 5:28-29, sencillamente porque no hablan de lo mismo, digan lo que digan los “entendidos” que así lo afirman. Y dado que este artículo que está leyendo, es complemento del que hemos citado al inicio de este escrito y publicado el día 16 de este mes de Agosto, en donde exponemos alguna de las situaciones un tanto extrañas y conflictivas que se generarían, de aceptar la enseñanza que tiene que ver con el relacionar un texto con el otro, nos permitimos sugerirle que los lea los dos y se le hará perfectamente clara la idea que deseamos transmitirle. Creemos sinceramente que aportamos suficiente prueba bíblica de que, en líneas generales, tanto Daniel 12:2, como Juan 5:28-29 y Hechos 24:15, significan y nos hablan de lo mismo: de una sola resurrección a ocurrir de forma progresiva durante el milenio y con dos retribuciones distintas al final del mismo. Y que dependerá, como hemos dicho, de que cada uno sepa aprovechar los beneficios espirituales que serán derramados por la labor sacerdotal de esos gobernantes usados por Jehová, durante ese reinado milenario, para que su resurrección resulte al final para vida o en su defecto, para condenación eterna. Y lo cual quedará de manifiesto, según sea su actitud frente a las maquinaciones satánicas que cada uno personalmente deberá enfrentar. Luego será en ese momento, al final de los mil años y superada la prueba, cuando “los demás de los muertos” de Rev. 20:5, volverán a vivir “la vida que realmente lo es”, o parafraseando el texto, “no volvieron a vivir, sino hasta que se terminaron los mil años”……. si superan la prueba, claro está.

Y una vez más, permítanos decirle, que esa es simplemente nuestra opinión; ahora usted tiene que formarse la suya, mediante un análisis cuidadoso de las Escrituras, acerca de si estas cosas son como se las contamos o no. Recuerde que en última instancia y llegado el momento, nadie podrá responder por usted…… “porque cada uno llevará su propia carga de responsabilidad.” (Gal. 6:5).

MABEL

JUAN 5:28-29.

Posted in Uncategorized with tags , , , , on 10/06/2010 by Armando López Golart

Parece increíble, pero cierta, la manera como se puede deformar una información, hasta el grado de hacerla inentendible y llegar con ello a decir la cantidad de disparates que se pueden decir, a cuenta de un texto mal entendido o mal interpretado, como prefieran. Y ese es el caso, por ejemplo, del que da título a este comentario y que para empezar nuestro planteamiento, leeremos primero y por aquello de ponernos en situación, el contenido del citado pasaje:

No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz 29 y saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida, los que practicaron cosas viles a una resurrección de juicio.”

Y es que resulta y siempre según los “entendidos” en materia bíblica, que la explicación o interpretación del mismo es la siguiente: hay dos resurrecciones, una primera para vida eterna y una segunda, para condenación y en consecuencia, destrucción eterna; pero que además según dichos “entendidos” y en virtud de una total falta de comprensión con respecto a Rev. 20:5, colocan dicha segunda resurrección al final de la era milenaria. Y claro, de lo mezclado en esa coctelera lo que sale es una segunda resurrección al final de los mil años de condenación o destrucción eterna, para todos aquellos que han muerto sin tener el favor de Jehová y que lo tanto, necesariamente y por lógica, la primera tiene que incluir a todos aquellos que sí acepta Dios y sin pensar esos señores, en las incongruencias que de esa reflexión se derivan, como veremos a continuación. Y es que aunque estamos de acuerdo en que hay dos resurrecciones, en lo que ya no estamos tan de acuerdo, es en que esto lo diga el citado texto de Juan y en el caso de donde si se nos da a entender dicha circunstancia y que es en el libro de Revelación, discrepamos acerca de quiénes participan en cada una de ellas y cuando. Porque hay que recordar que Revelación o Apocalipsis, nos habla de una primera resurrección (Rev. 20:6), pero nunca hace mención expresa de una “segunda” y algo que solo asumimos por deducción: si hay una primera, es porque obviamente habrá una segunda, pero repetimos porque es un detalle importante…… en ningún lugar se nos menciona de una “segunda” resurrección. Formulada esta matización, entremos de lleno en el asunto.

Y es que el primer problema ya aparece cuando se afirma, que en la primera resurrección participan todas aquellas personas, que desde Abel hasta nuestros días han muerto contando con el favor de Dios y lo cual, ya nos disculparán, pero es un disparate como un piano y al que se suma el otro disparate, de colocar una supuesta “segunda” resurrección, al término de los mil años de gobierno mesiánico y para aquellos que debido a su conducta, murieron sin el favor del Altísimo; y por ello siendo condenados irremisiblemente a la destrucción eterna, con lo cual es fácil deducir, que quién eso afirma no tiene ni remota idea de lo que dice la Biblia. Esta última conclusión, basándose (repetimos) en lo afirmado en Rev. 20:5 y que obviamente, su contenido tampoco es entendido correctamente; porque claro, el dicho entendimiento ya viene condicionado, como al principio hemos dicho, por la errónea interpretación de Juan 5:28-29. Luego lo que hacen los susodichos “maestros” en interpretación bíblica y para que todo cuadre, es ajustar textos aunque para ello haya que retorcerlos lo que haga falta y si conviene, hasta sacarlos de su contexto natural, para así poder apoyar lo que simplemente es la pésima interpretación de un pasaje bíblico.

Vamos a empezar, por averiguar quiénes participan de lo que se conoce como la “primera” resurrección (más adelante explicaremos, porqué se le llama la “primera”) y para ello, leeremos Rev. 20:6:

Feliz y santo es cualquiera que tiene parte en la primera resurrección; sobre estos la muerte segunda no tiene autoridad, sino que serán sacerdotes de Dios y del Cristo y reinarán con él por los mil años.

Luego algo que queda meridianamente claro, es que los que participen de esa primera resurrección, tendrán el privilegio de gobernar junto a Cristo, en calidad de reyes y sacerdotes, durante su reinado milenario. Y algo que también nos queda claro, es que la muerte segunda, no tiene autoridad sobre ellos, o sea, ellos pasan y en el mismo momento de su resurrección, directamente a gozar de la vida eterna, luego ya no están sujetos a ningún juicio ni a la posibilidad de morir de nuevo, pues ya se les ha concedido la inmortalidad.

Ahora bien, se nos ha dicho y siempre según estos “expertos” en cuestiones bíblicas, que en esa primera resurrección (algo les hemos comentado ya), participan todos aquellos que en toda época (lo cual incluye a los fieles del AT), han muerto contando con el favor de Jehová. Y ellos tienen necesidad de que sea así, porque como hemos visto y según su especial interpretación de Juan 5:28-29, solo les queda la “segunda” resurrección de condenación o destrucción eterna y claro, pensar que los Abraham, David, etc., tengan que ser destruidos, como que queda un poco fuerte ¿no? Luego para solventar ese “pequeño asuntillo”, pues nada, los metemos a todos en el mismo saco, o sea, en la primera resurrección y ¡hala! todos a gobernar con Cristo. Pero no olvidemos, que solo los que han de gobernar con Jesucristo, toman parte en esa primera resurrección, según el texto de Rev. 20:6, considerado con anterioridad y por lo cual sería interesante, saber cuántos y si ello se puede saber, acceden a dicho privilegio. Por lo tanto, ya tenemos el problema servido y como consecuencia, repetimos, de una mala interpretación, porque de ser eso así como ellos nos dicen, la cantidad de gobernantes asociados con Cristo alcanzaría cifras cuasi estelares; y cifra que según nuestro amigo Mario Olcese, que ya en su momento cuantificó dicha cantidad, se llegaría a “millones, miles de millones” de co-gobernantes del reino…… y el problema está, en que la Biblia no dice nada de esto.

Este es un debate interminable y si se nos permite la observación, irreconciliable y cuya dificultad queda circunscrita al hecho de que mientras unos leemos un texto e intentamos explicar y por supuesto ajustar, nuestro punto de vista a lo que en él se dice, otros y que son legión, desarrollan una idea y luego buscan textos que la apoyen, aunque sea forzándolos un “poquitín”, inclusive sacándolos de su contexto si ello conviene, con tal de que apoyen su disparatada percepción de la realidad escritural…… y eso es lo que ocurre en este caso, e intentaremos explicarles la razón de ello. Una constante en todos aquellos que escriben de temas bíblicos, pertenezcan a la organización cristiana a la que pertenezcan o vayan por libre, es que declaran sin lugar a dudas que han sido “ungidos” como Hijos de Dios, luego hechos hermanos de Cristo y en consecuencia, llamados a co-gobernar con Este en el reino de Dios…… todo eso en el mismo momento de su bautismo y de forma automática, lo cual no deja de ser otra barbaridad. Y si para conseguir demostrar la veracidad de semejante disparate, hay que hacer interminable el número de miembros de ese gobierno, pues se hace y punto; luego ya todo lo que resta, solo es asunto de conseguir el hacer ver a los demás, que algunos textos dicen aquello que en realidad no dicen y con el fin de convencernos de que tienen razón.

Sin embargo, en las Escrituras se nos da una cantidad específica en cuanto al número exacto de integrantes de dicha gobernación. Y aún cuando dicha circunstancia, es fuertemente contestada por parte de esas personas, la realidad es la que es y ahí están los dos pasajes que citan dicha cantidad; el primero en Rev. 7:4:

Y oí el número de los que fueron sellados, ciento cuarenta y cuatro mil, sellados de toda tribu de los hijos de Israel.”

Y el segundo lugar en donde también aparece dicho número, es en Rev. 14:1 y 3:

Y vi y, ¡miren!, el Cordero de pie sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil que tienen escritos en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre (…….), 3 Y están cantando como si fuera una canción nueva delante del trono y delante de las cuatro criaturas vivientes y de los ancianos; y nadie pudo dominar aquella canción sino los ciento cuarenta y cuatro mil, que han sido comprados de la tierra.”

Luego como pueden ver, lo de los 144.000, no nos lo inventamos nosotros: lo dice la Biblia; y aunque esos textos, para el común de los mortales serían concluyentes, no así para esas personas que se califican a sí mismas de “ungidas” y que no pueden aceptar esa posibilidad, ya que de ser así, se les viene abajo su “chiringuito”…… luego ¿cómo hacen para negar lo innegable? Pues sencillamente, afirmando con todo el descaro del mundo, que en estos pasajes se hace referencia a una cantidad “simbólica”, o sea, que cuando leemos “ciento cuarenta y cuatro mil”, lo que hay que entender en realidad, es “millones, miles de millones” (según expresión, como hemos dicho, de Apologista Mario Olcese), en definitiva, una cantidad astronómica. Y si para muestra vale un botón, vean solo el título de un artículo de Apologista, que hablaba del tema: “La muchedumbre incalculable de 144.000, viene de la Gran Tribulación.”; coherente la idea, ¿no? Pues bien, con eso mimbres tenemos que hacer el cesto e intentarles hacer ver, que su planteamiento no tiene sentido.

Sin embargo y en primer lugar, hay que decir que en ningún lugar de las Escrituras, absolutamente en ningún lugar, se nos habla de tal simbolismo, ni nada que nos dé a entender esa idea, ni siquiera algo que se le parezca o se le acerque mínimamente. En segundo lugar, vamos a analizar algo que nos dice Rev. 14:1 (antes citado) y que arroja un poco de luz a esta cuestión: “

Y vi, y ¡miren!, el Cordero de pie sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil que tienen escritos en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre.”

Tengamos presente que nos encontramos en el marco de una revelación, acerca de cosas que tiene que suceder aquí en la tierra. Y para poder entender el alcance de este pasaje, tenemos que acudir a unas palabras profética pronunciadas por el mismo Jehová y que se encuentran en el Salmo 2:6, en donde leemos:

“…..diciendo: “Yo, sí, yo, he instalado a mi rey sobre Sión, mi santa montaña”.”

Pero ¿qué es Sión? Originalmente era una fortaleza jebusea, que con el tiempo se llamó “la Ciudad de David” (1 Rey. 8:1; 1 Cró. 11:5), ya que después de tomar el monte Sión, David fijó allí su residencia real (2 Sam. 5:9). Por tanto, las palabras de Jehová: “Yo, sí, yo, he instalado a mi rey sobre Sión, mi santa montaña” (Sal. 2:6) apuntan, a tenor del contexto de dicho Salmo, a un futuro distante en el tiempo. Esta montaña llegó a ser especialmente santa para Jehová, cuando David hizo que se trasladase allí el arca sagrada (2 Sam. 6:17) y siendo más tarde, que la designación “Sión” llegó a abarcar también el recinto del templo, ubicado en el monte Moria (adonde se llevó el Arca durante el reinado de Salomón) y aplicándose en realidad ese término, a toda la ciudad de Jerusalén. Como el Arca estaba relacionada con la presencia de Jehová (Éxo. 25:22; Lev. 16:2) y Sión era el símbolo de esa realidad, se hablaba de Sión como el lugar de la morada de Dios y el lugar de donde procedería, en un futuro aún lejano, la ayuda, la bendición y la salvación de parte de Jehová. Y puesto que desde allí gobernaba el rey escogido por Dios, se consideraba a Sión y por extensión a Jerusalén, el lugar desde donde gobernaba Jehová.

Luego lo que Juan vio en visión, fue el cumplimiento del restablecimiento futuro del reino de Dios de nuevo aquí en la tierra en la persona de Su Hijo Jesucristo y…….de 144.000 asociados, ni uno más, ni uno menos. Y repetimos, estamos en el contexto de una revelación de “las cosas que tienen que suceder” (Rev. 4:1b) y no en un concurso de acertijos, por lo cual debemos de entender que lo que Juan vio sobre ese monte Sión, era exactamente lo que Jesucristo y Jehová en último extremo, querían que este viera ¿o no es razonable pensar eso? Y si esto es así, ¿por qué hay que afirmar entonces, que esos 144.000, no son realmente 144.000? ¿Por qué deberíamos ir más allá, de lo que dicen las Escritura (1 Cor. 4:6)? ¿O deberíamos entender que a Juan se le mintió? Porque mucho nos tememos que no hay otra opción: o eran 144.000 o no y si no lo eran, pues efectivamente a Juan (y por extensión a todos nosotros) se le mintió. Luego a partir de ahí, la Palabra de Dios no sería fiable, pero claro, eso es imposible:

“…..sobre la base de una esperanza de la vida eterna que Dios, que no puede mentir, prometió antes de tiempos de larga duración.” (Tito 1:2).

Siendo eso así entonces, lo único que nos queda es pensar que los que mienten y adulteran la Palabra de Dios, son esas personas que sostienen tan disparatadas ideas, en función de no sabemos qué objetivos ¿no creen? Ahora bien, partiendo de ahí ¿en dónde metemos ahora, al resto de los “millones, miles de millones”, que se quedan sin su puesto de gobernante y que por ello ¡ojo al dato!, no participarán de la primera resurrección? Porque recordemos que en esa, solo participan los que con Cristo han de gobernar y que según Revelación, tal y como hemos visto es un número concreto y reducido. Algo en lo que además, estaba de acuerdo Jesús y que suponemos algo sabría del tema, cuando (sin citar cantidad alguna) dijo lo siguiente:

No teman, rebaño pequeño, porque su Padre ha aprobado darles el reino.” (Luc. 12:32).

Luego ¿qué idea deseaba transmitir el Hijo de Dios, con esas palabras? ¿Dudan ustedes de que Jesús, desconociera el significado de la expresión “rebaño pequeño”?…… pues eso, nosotros tampoco. Pero veamos otro problema que se nos presenta y que tiene que ver, en si es posible o no, que los fieles de la antigüedad accedan en calidad de gobernantes a ese reino y con lo cual sabremos y que es realmente lo que nos interesa, si se levantarán en esa primera resurrección o no.

Bien, ya tenemos completada la primera resurrección y ahora, solo nos queda una segunda y que según los “entendidos” en la materia, se produce al final de los mil años del reinado de Cristo y es para destrucción eterna. Luego ¿qué hacemos con esos personajes de la antigüedad, que murieron con el favor y la bendición de Jehová, como Noé, Abraham, David, Daniel y tantos y tantos otros? Porque lo que queremos dejar claro, es que esos personajes no pueden participar de esa primera resurrección y aunque hemos visto de entrada, que el limitado número de participantes que conforman el gobierno del reino, ya sería un obstáculo considerable a tener en cuenta, vamos no obstante, a señalar otras dos razones que entendemos de peso y que nos dan la razón en nuestro planteamiento.

Una primera razón, es que cuando Jesús estuvo aquí en la Tierra, estableció una condición sine qua non para poder acceder a la gobernación del Reino:

Jesús contestó: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:5).

Luego esta es una condición indispensable que, por cierto, no podían reunir de ninguna manera aquellas personas que habían vivido siglos antes de Jesús, porque el bautismo con Espíritu Santo y que determinaba un nuevo nacimiento, dio inicio en el Pentecostés de 33 d.C., cuando fue derramado sobre los apóstoles. Y una segunda razón, es que Jesús estableció lo que podríamos llamar una línea divisoria, entre aquellos que si podían acceder a dicho privilegio y aquellos que no:

Pero desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos es la meta hacia la cual se adelantan con ardor los hombres y los que se adelantan con ardor se asen de él.” (Mat. 11:12).

Y si bien es cierto que hay un poco de confusión, en la traducción de este texto, lo que queda claro, es que el punto de partida para cualquier cosa que tuviera que ver con el Reino, se inició después de Juan el Bautista. Luego para todos aquellos fieles que vivieron antes de Juan, no existió la posibilidad de afanarse, luchar o de hacer algo, fuera lo que fuera y con relación a este reino, sencillamente porque aún no existía la oportunidad.

Pero es que Jesús y en el versículo anterior a este que acabamos de considerar, dijo algo que dejó las cosas muy claras, si acaso ya no estaban bastante claras, acerca de si los fieles del AT tendrían acceso al reino en calidad de gobernantes y en consecuencia (que es realmente de lo que se discute), si participarían de la primera resurrección; veamos las palabras de Jesús:

En verdad les digo: Entre los nacidos de mujer no ha sido levantado uno mayor que Juan el Bautista; mas el que sea de los menores en el reino de los cielos es mayor que él.” (Mat. 11:11).

O sea, que por lo menos aquí tenemos a uno que seguro, no formará parte de ese gobierno de hechura divina y que por lo tanto, no estará en esa primera resurrección. Y es que con esas palabras citadas, fue el propio Jesús el que señaló que Juan no reinaría con él….. ¿o queda alguna duda? Pero ¿por qué fue eso así?: pues sencillamente, porque Juan murió antes de que fuera derramado el Espíritu Santo y por lo tanto, abierta la oportunidad de nacer del Espíritu y Jesús sabía eso, por lo que pudo afirmar que Juan el Bautista, no se levantaría en la primera resurrección; entonces ¿qué hacemos con él?

Tengamos presente, que lo que pretendemos establecer, es el asunto de las dos resurrecciones de Juan 5:28-29 y no quien gobernara con Cristo, pero hemos de entrar también en ello, dado que las dos cosas están estrechamente relacionadas. Dicho esto y para que no se pierdan, continuemos ahora, con la palabras que dijo Jesús acerca de Juan el Bautista, asegurando que este no estaría gobernando con Él y lógicamente, no participaría de esa primera resurrección. Repasemos de nuevo, las palabras de Jesús y en donde vemos una derivada de la idea primaria que esas palabras establecieron:

En verdad les digo: Entre los nacidos de mujer no ha sido levantado uno mayor que Juan el Bautista; mas el que sea de los menores en el reino de los cielos es mayor que él.”

Bien, vamos a ver: si entre los nacidos de mujer, no había sido levantado uno mayor (en orden de importancia entendemos) que Juan, es evidente que este era mayor que los Abraham, David, Daniel y compañía ¿no es cierto? Luego, si el menor en el reino de los cielos, era mayor que él y por lo tanto, obviamente Juan quedaba excluido, cuanto más aquellos que eran menores que Juan en ese citado orden de importancia. Entonces queda claro que los fieles anteriores a Juan, él incluido, no pueden gobernar con Cristo y con lo cual, de ninguna manera participan de la primera resurrección de Juan 5:28-29, a pesar de lo que digan los que defienden dicho planteamiento…… luego ¿qué hacemos con ellos, Sres. “entendidos”?

El error fundamental que cometen los que defienden la teoría de las dos resurrecciones de Juan 5:28-29, tanto en ese pasaje, como en el de Daniel 12:2 y al que también citan para dar fuerza a su argumento, es que no entienden el hecho de que tanto en ese pasaje de Juan como en el de Daniel, de lo que se nos está hablando es de una sola resurrección con dos distintas retribuciones y que estaría de acuerdo con Hech. 24:15:

“…..y tengo esperanza en cuanto a Dios, esperanza que estos mismos también abrigan, de que va a haber resurrección así de justos como de injustos.”

Por lo cual, lo que ellos están diciendo, no tiene sentido: es sencillamente imposible. Pero para que ustedes capten lo que queremos decir, vamos a aceptar por un momento que tienen razón en su planteamiento y veamos entonces, el problema que se nos crea. Porque al solo existir, dos resurrecciones, una primera para salvación y una segunda para condenación, tal como ellos entienden de los pasajes de Juan y Daniel, eso significaría que todas aquellas personas que hubieran muerto en el favor de Dios, en cualquier tiempo, tendrían inevitablemente que participar de esa primera resurrección y en consecuencia, según Rev. 20:6, pasarían a convertirse todos ellos, en reyes y sacerdotes para Dios y el Cristo, reinando con Este los mil años. Por otra parte, ya conocemos la opinión de Apologista Mario Olcese y compartida en el 99% de los que escriben sobre temas bíblicos en Internet, en el sentido de que la gran muchedumbre de Rev. 7:9, en realidad también pasa a formar parte del grupo gobernante de los 144.000; porque puesto que hasta donde nosotros sabemos, nadie ha rebatido semejante dudosa idea, tendremos que entender que es de general aceptación.

Bien, ahora tenemos por otro lado, a aquellos que habiendo muerto sin tener el favor de Dios, no se levantan (se nos dice) hasta pasados los mil años, para recibir su justo castigo. Luego, ¿nos podrían decir ustedes y durante ese espacio de tiempo de mil años, sobre quienes gobernarán como reyes y lo que es más importante, sobre quienes ejercerán su función de sacerdotes, los innumerables miembros de ese gobierno? Porque si la cosa es como ellos afirman, en la tierra no habrá personas que gobernar ni a las que beneficiar con su tarea sacerdotal: sencillamente será un reino sin súbditos. Luego la pregunta es la siguiente: ¿para ese viaje, hacían falta tantas alforjas? Porque no se les olvide, que el tema principal de la Biblia es el reino de Dios y los beneficios restauradores que de él se derivarán, además del hecho de que Jesús fue enviado precisamente para anunciar “las buenas nuevas del reino.” Veamos que nos dijo Jesús, acerca de su primordial comisión:

“Pero él les dijo: “También a otras ciudades tengo que declarar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado.” (Luc. 4:43).

Luego ¿todas las expectativas generadas, así como los esfuerzos realizados para la consecución de este logro, tienen que quedarse solo en eso, en mil años desperdiciados? Luego ¿para qué mil años? ¿De qué utilidad son? ¿Para qué se ha establecido dicho período? Y no sabemos qué pensarán ustedes, pero se nos antoja que la reflexión que acabamos de hacer, es solo de pura lógica y las preguntas formuladas, bastante razonables.


Es cierto por otra parte, que la primera resurrección lo es, tanto en orden de tiempo como en orden de calidad. De tiempo, porque ocurre entes de dar inicio el milenio y coincidiendo con el regreso de Cristo (1 Tes. 4:16), ya que se tiene que habilitar el gobierno que ha de regir durante los mil años y primera en orden de calidad, porque esas personas son las únicas resucitadas directamente a la inmortalidad (Rev. 20:6). Pero no es menos cierto, que los judíos del tiempo de Jesús (y anteriores por supuesto), no era esta la resurrección que esperaban, es más, no tenían ni la más remota idea de su existencia. Las hermanas de Lázaro, por ejemplo, no era esa la resurrección que tenían en mente para su hermano, cuando esperaban ansiosas que Jesús hiciera algo por este, recién fallecido:

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día final.” (Juan 11:24).

¿Estaba hablando Marta acaso, de una última resurrección de juicio y destrucción eterna, “en el día final”? ¿O acaso, estaba hablando de una resurrección, que llevara a su hermano a reinar junto a Cristo y de la que, repetimos, ella no tenía ni idea? Pues ni la una ni la otra. De lo que ella estaba hablando, era de una resurrección en un tiempo en que sería restablecido el reino de Dios aquí en la tierra y al ser humano se le daría la oportunidad de recuperar la perfección y, mediante demostrar su lealtad a Jehová, el conseguir acceder de nuevo a la posibilidad de vivir eternamente; pero veamos como confirma ese extremo, el relato de Revelación.

Cuando usted lee Rev. 19:19 hasta 20:3, está viendo el final de este sistema de cosas tal como lo conocemos, finiquitado por Cristo y sus hermanos, en la gran y final batalla de Armagedón. En Rev. 20:4-6, ya está viendo lo que podríamos considera como la toma de posesión de sus respectivos tronos de aquellos que han de gobernar con Cristo; ya en el versículo 11, lo que está viendo es la majestuosa presencia del Rey presidente de ese gobierno, Jesucristo, sentado en su imponente trono y dando inicio a una nueva era: el milenio:

“…. De delante de él huyeron la tierra y el cielo y no se halló lugar para ellos.”

Y dado que en términos proféticos, “tierra” significa la sociedad humana y “cielos”, denotando lo alto o encumbrado, a los gobiernos que actúan sobre dicha sociedad (Isaías 65:17; 66:22; 2 Pedro 3:13), lo que usted está viendo, es la total renovación de dicha sociedad humana y del sistema de gobierno que pasa a regirla. Y una vez establecido esto, es cuando empieza la resurrección general de los muertos, o lo que se podría considerar como una segunda resurrección y también el proceso a seguir, para saber quién será digno de conseguir la vida eterna o por el contrario, ser merecedor de destrucción eterna. Y si hemos obviado los versículos del 7 al 10 de este cap. 20, es porque ese pasaje, no es más que un inciso para señalar algo, que nada tiene que ver con lo que se está explicando y que tiene que producirse al cabo de los mil años. Pero que para nada significa que la acción que se estaba desarrollando y es interrumpida, se tenga que trasladar mil años en el futuro. Por lo tanto y después de dicho inciso, los acontecimientos continúan teniendo su orden lógico, luego de nuevo se vuelve al inicio del milenio.

Porque eso es lo que va a ocurrir: durante el milenio y de forma gradual, se irá levantando a los muertos, tanto justos como injustos (Hech. 24:15) y mediante los oficios sacerdotales de los gobernantes del reino, se les irá ayudando a conseguir la perfección (recuerden que se abren nuevos rollos de instrucciones), tanto física, como mental y sobre todo espiritual, lo que les llevará al término de los mil años, a enfrentar con éxito la última gran prueba a la que será sometida la humanidad y de la que ya hemos sido “advertidos” en los versículos 7-10, antes omitidos. Lo cual permitirá al ser humano, probar su lealtad a Jehová y conseguir así la vida eterna, la cual vida eterna habrían mantenido Adán y Eva, si no hubieran fracasado miserablemente en mostrar lealtad a su Creador. Y lamentablemente eso de nuevo volverá a ocurrir, con aquellos que faltos de aprecio, disfruten de las bendiciones materiales que se impartirán durante el milenio, pero no presten atención a las más importantes que son las espirituales. Estos no pasarán la prueba y su nombre, por tanto, no será inscrito en el libro de la vida, por lo que serán arrojados al lago de fuego, como símbolo de destrucción eterna:

Y la muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Esto significa la muerte segunda: el lago de fuego. 15 Además, cualquiera a quien no se halló escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.” (Rev. 20:14-15).

Y es en ese sentido, que Juan 5:28-29 y Daniel 12:2, nos hablan de una resurrección de vida y una de juicio o condenación. Leamos:

No os asombréis de esto, porque vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz 29 y saldrán, los que hicieron el bien para la resurrección de vida, pero los que practicaron el mal para la resurrección de condenación.”

Y si analizamos con cuidado dicho texto, es evidente que no nos habla de dos resurrecciones distintas y separadas en el tiempo por mil años. Los que apoyan dicha teoría, han tenido que apartar un texto de su contexto (Rev. 20:5) y que nada tiene que ver con Juan 5:28-29, para conseguir este apoyo. Y es que según el texto de Juan, los que oirán la voz serán todos, luego entonces ¿quiénes saldrán? ……. pues según dicho texto todos (de forma progresiva, claro), tanto justos como injustos (Hech. 24:15). Ahora bien, se nos dice que los que hicieron el bien, tienen una recompensa y los que hicieron el mal, otra. Luego se confirma lo que ya hemos dicho con anterioridad: una sola resurrección, con dos retribuciones distintas. Pero puesto que leemos que son juzgados por las cosas que hicieron bien o que hicieron mal, entonces la pregunta sería: que hicieron bien o mal ¿cuándo? Pues evidentemente después de su resurrección, aunque cierto es que dicho texto no está demasiado bien logrado en la inmensa mayoría de traducciones y dando la sensación, de que es por las cosas que hicieron antes de morir.

Y no ayuda en nada la torpe interpretación que del mismo han hecho los “entendidos” en la materia; porque claro, al decir que los que resucitan en la segunda resurrección al cabo de los mil años, se encaminan a la destrucción, están dando a entender que es por lo que hicieron antes de morir, ya que al resucitar al término de los mil años, es evidente que ya no tienen tiempo de hacer nada, ni bueno ni malo y lo cual es un nuevo disparate. Y es que olvidan que por encima de lo que parezca decir un texto, está lo que se conoce como contexto general y que tiene que ver, con lo idea que nos transmite el mensaje bíblico, prescindiendo de lo que nos diga un texto en particular. Veamos un ejemplo de eso, contrastando lo que parece decir Juan 5:28-29, con la idea que transmite el contexto general y veamos porque eso no puede ser así, aunque el texto citado parezca decir lo contrario. Escribiendo a los hermanos de Roma, Pablo dijo lo siguiente:

Porque la paga del pecado es muerte; pero el don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.”

Luego lo que entendemos de este pasaje, es que al morir, uno cancela la deuda contraída, porque con su muerte ya ha pagado el precio, luego si volviera a la vida, como es el caso de los que por la misericordia de Jehová, resucitan, ya no tiene la deuda del pecado. Que eso es así, Pablo lo dejó claro unos versículos antes, concretamente en el 7, al decir:

Porque el que ha muerto ha sido absuelto de su pecado.” (“justificado” o “librado” o “redimido”, según versiones). (Acotación nuestra).

Luego no pueden ser juzgados de nuevo, por el mismo delito (el pecado heredado y sus consecuencias) y por el que han pagado con la muerte. Es por eso, que los rollos que se abren en Rev. 20:12, de ninguna manera tienen que ver con un registro de las cosas hechas antes de la muerte de aquellos que son resucitados y como de forma errónea e incomprensible, afirman los “expertos” en la materia. Sencillamente, con la muerte ya han pagado por sus pecados, porque además, ese fue el precio fijado por el pecado, cuando Jehová advirtió a Adán:

Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás.” (Gén. 2:17).

Desobedecer a Dios, era pecar y el precio a pagar era la muerte…… punto. Luego, si dichos libros o rollos, no son un registro de cosas pasadas y por lo considerado, vemos que no pueden serlo, evidentemente tiene que tratarse de nueva información que se abre, para ponerla en práctica y tendente a la restauración física, mental y espiritual del ser humano y que sería la base, sobre la que uno calificaría para conseguir una resurrección de vida o una de condenación y para ello, el requisito indispensable es tiempo y por eso se nos dan mil años. Luego solo el sentido común nos dice, que de ninguna manera podría ser una resurrección al final del milenio, sino muy por el contrario, al principio del mismo; de lo contrario ¿para qué abrir nueva información, si no habría quién la usara, por no existir tiempo material para llevarla a cabo? Y es que solo la torpeza de usar un texto fuera de su contexto, en este caso Rev. 20:5, ha hecho que un pasaje como Juan 5:28-29, parezca decir aquello que realmente no dice. Porque ese texto de Revelación, sencillamente nos habla de otra cosa que para nada tiene que ver con el pasaje de Juan; y es que lo que pretende dicho texto de Juan al  señalar una segunda resurrección para juicio, es que solo al final del período milenario, se sabrá si la resurrección de la persona ha sido para vida o para destrucción y siempre en función del aprovechamiento que uno haya hecho de la ayuda recibida, como ya hemos apuntado. Circunstancia que será puesta en evidencia, mediante la última prueba (que no una resurrección) a la que se enfrentará la humanidad al final de los mil años (Rev. 20:7-10) y por eso, repetimos, no se puede saber si una resurrección será para vida o para muerte, hasta llegar a ese momento; eso, sencillamente, es lo que nos quiere decir Juan 5:28-29.

Pensamos que con lo dicho, es suficiente para que una persona coherente y dispuesta a razonar, entienda lo que realmente nos dice el pasaje bíblico que da título a este artículo; por ello y aunque hay más por añadir, creemos que es suficiente. Y nosotros, de nuevo hacemos hincapié en la necesidad de la comprobación personal para ver si lo que afirmamos, es cierto o no. Porque es nuestro consejo, que nunca pongan su confianza en ninguna afirmación, venga de donde venga, sin antes haberla considerado y contrastado adecuadamente:

Ahora bien, estos eran de disposición más noble que los de Tesalónica, porque recibieron la palabra con suma prontitud de ánimo y examinaban con cuidado las Escrituras diariamente en cuanto a si estas cosas eran así.” (Hech. 17:11).

Y recuerden que el que hablaba, era el mismísimo Pablo: ni más…… ni menos.

MABEL