Archivo para nuevos cielos

LA BIBLIA NO SOLO ES SU “TEXTO”…… TAMBIÉN ES SU “CONTEXTO”, D. ÁNGEL.

Posted in Uncategorized with tags , , , on 10/09/2016 by Armando López Golart

images-8Lo que dicho para entendernos, significa que no se puede sostener una objeción apoyándose tan solo en un único pasaje que diga aquello que precisamos que diga, para reafirmarnos en lo que nosotros “suponemos” que dice la Biblia; lo que equivale a no ajustar lo que uno cree al texto escritural, sino en ajustar el texto escritural a la particular creencia de cada uno y que es algo muy distinto…… y en el bien entendido que cuando hablamos del “texto escritural”, nos estamos refiriendo al armonioso conjunto que conforman las Escrituras como un todo y no solo en lo que se nos dice en un determinado pasaje, extrapolado este de su contexto. Contexto que viene a ser como el “patito feo” del famoso cuento de Hans Christian Andersen, pues una inmensa mayoría de personas leen o citan de las Escrituras sin tenerlo en cuenta para nada…… y olvidándose que, al igual que en el cuento en cuestión, el contexto es ese hermoso cisne (en eso se convirtió el “patito feo”) que nos permite el poder entender la Biblia a cabalidad.

Y actitud la citada, en la que parece haber caído el autor de un correo remitido amablemente a nuestro blog, por uno de nuestros lectores (el citado Sr. Ángel) con relación a nuestro último escrito que, bajo el título “¿Qué es, realmente, el “reino de Dios”?”, se publicó el 01/09/16…… y correo expuesto en los siguientes términos:

Usted dice: “Entonces queda claro que lo que se nos está diciendo en dicho pasaje, es que coincidente con el regreso de Jesucristo a la tierra para asumir su reinado en la misma”
¿Nos está diciendo usted con esto que Jesucristo volverá a la tierra para reinar sobre ella, sobre la tierra? ¿Y qué pasa con lo dicho por 2 Pedro 3:10-13:

“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.”

(TODO SERÁ DESHECHO Y QUEMADO)

Puesto que TODAS ESTAS COSAS HAN DE SER DESHECHAS, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los CIELOS, ENCENDIÉNDOSE, SERÁN DESHECHOS, y los elementos, SIENDO QUEMADOS, SE FUNDIRÁN!

Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.”

(CIELOS NUEVOS Y TIERRA NUEVA)

Decir en primer lugar, que en calidad de máximo responsable de todo lo que se publica en este blog, agradezco infinito a dicho comunicante que nos honre con sus visitas y, por supuesto, la amabilidad de dedicarnos parte de su tiempo haciéndonos la mencionada objeción; pero ya después de las formalidades de rigor (dicen que “lo cortés, no quita lo valiente”), pasemos a analizar el planteamiento presentado por nuestro amable comunicante y que se apoya fundamentalmente en lo expuesto por el pasaje de 2 Ped. 3:11-13, tomado en su caso de la versión bíblica RV 1960 y tal parece, que sin la elemental precaución de contrastar dicho pasaje con otras traducciones bíblicas para una mejor comprensión del mismo. Y pasaje del que leído a “vuelapluma” (y como parece haber sido el caso), bien se podría deducir la interpretación que del mismo nos hace el autor de dicho correo…… pero es que resulta y siempre siguiendo mí máxima de hablar claro para que se me entienda (¡qué quieren ustedes, la cabra siempre tira al monte!), que la interpretación que nos ha hecho D. Ángel de dicho pasaje es del todo errónea, pues ha pasado por alto una regla no escrita que tiene que ver con tres cosas fundamentales para comprender cabalmente las Escrituras: el contexto escritural, la lógica de las cosas y el entender correctamente aquello que se lee, como intentaré mostrar a lo largo de esta exposición.

Empezaré por señalarle a dicho caballero, que no he sido yo el que ha dicho que el regreso de Jesucristo es coincidente con el establecimiento del reino de Dios en la tierra y la consecuente restauración de todas las cosas…… eso se nos dice en Hech. 3:19-21 y que es muy distinto; veámoslo:

“… para que vengan tiempos de refrigerio de parte de la persona de Jehová 20 y para que él envíe al Cristo nombrado para ustedes, Jesús, 21 a quien el cielo, en verdad, tiene que retener dentro de sí hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo.”

Luego leyendo con un mínimo de corrección y que significa el “entender” lo que se lee, queda claro que el uso del término “hasta” en dicho pasaje relaciona directamente el regreso de Jesucristo con el establecimiento inmediato del reino de Dios en la tierra y que es el ámbito dentro del cual se llevará a cabo la “restauración” señalada en la profecía…… expresión esta que en sí misma y aplicando la lógica más elemental, ya nos indica que la tierra no será cambiada por “otra”, sino restaurada a una condición anterior. Por otra parte y siempre en el bien entendido que nuestro objetor parece apoyar la idea adventista de una tierra quemada, totalmente destruida y desolada para después de la “gran tribulación” y por un espacio de tiempo de mil años (que es lo que me barrunto), tenemos algunos textos que contradicen tan sorprendente teoría; veamos algunos de ellos:

Porque los malhechores mismos serán cortados, pero los que esperan en Jehová son los que poseerán la tierra. 10 Y solo un poco más de tiempo y el inicuo ya no será; y ciertamente darás atención a su lugar y él no será. 11 Pero los mansos mismos poseerán la tierra y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz.” (Sal. 37:9-11).

Lo que notamos en primer lugar y en armonía con el contexto de Luc. 17:34-37, es que estamos hablando de un juicio selectivo y por lo que si bien los malhechores serán “cortados” de la tierra, los “mansos” continuarán habitando la misma después de dicho juicio…… algo tremendamente complicado en una tierra totalmente “deshecha y quemada” como nos plantea el comunicante en cuestión. Un ejemplo claro de ello lo tenemos en el juicio que mediante un diluvio trajo Dios sobre la tierra en los días de Noé, en donde lo destruido no fue el planeta Tierra sino la generación inicua y perversa que lo habitaba, mientras que el personaje señalado y su familia fueron protegidos y continuaron viviendo en el mismo. Que la historia se repetirá, eso es, que estamos ante un juicio divino en el que habrá supervivientes y para lo que se precisará de una tierra habitable, terminado este, queda puesto de manifiesto en Rev. 7:9-14:

Después de estas cosas vi y, ¡miren!, una gran muchedumbre, que ningún hombre podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos de largas ropas blancas; y había ramas de palmera en sus manos. 10 Y siguen clamando con voz fuerte y dicen: “La salvación se la debemos a nuestro Dios, que está sentado en el trono y al Cordero” (……). 13 Y, en respuesta, uno de los ancianos me dijo: “Estos que están vestidos de la larga ropa blanca, ¿quiénes son y de dónde vinieron?”. 14 De modo que le dije inmediatamente: “Señor mío, tú eres el que sabe”. Y me dijo: “Estos son los que salen de la gran tribulación (eso es, que “sobreviven” a dicho juicio) y han lavado sus ropas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”.” (Acotación mía).

Notemos que no se nos dice que esos sobrevivientes bajan del cielo y como defiende la teoría adventista (antes del juicio, los justos habrían sido supuestamente arrebatados al cielo), sino que son los escapados de la “gran tribulación”, de hecho protegidos por Dios y según se desprende de Isa. 26:20-21:

Anda, pueblo mío, entra en tus cuartos interiores y cierra tus puertas tras de ti. Escóndete por solo un momento hasta que pase la denunciación. 21 Porque, ¡mira!, Jehová está saliendo de su lugar para pedir cuenta por el error del habitante de la tierra contra él; y la tierra ciertamente expondrá su derramamiento de sangre y ya no encubrirá a los de ella a quienes han matado.”

Por lo tanto, a la luz de la historia y de los pasajes citados, entiendo como un total disparate el pensar que en algún momento la tierra pudiera ser destruida para siempre y ser sustituida por “otra”, que es lo que parece que dicho comunicante nos está planteando y partiendo de la interpretación literal del pasaje citado de 2 Ped. 3:10-13…… máxime cuando terminada la creación de esta, Jehová Dios dijo aquello de que todo lo creado era “muy bueno” (Gén. 1:31), luego ¿por qué cambiarlo, si el problema no está en la tierra en sí misma, sino en el hombre que la habita?. Porque recordemos que la escena que acabamos de leer de Rev. 7:9-14, tiene lugar en esta tierra que habitamos, dado que la Revelación fue dada mostrar las cosas que ocurrirán en ella y no en “otra” (Rev. 1:1); pero tenemos otro pasaje que confirma mis palabras y que en esta ocasión encontramos en Isa. 45:18:

Porque esto es lo que ha dicho Jehová, el Creador de los cielos, Él, el Dios verdadero, el Formador de la tierra y el Hacedor de ella, Él, Aquel que la estableció firmemente, que no la creó sencillamente para nada, sino que la formó aun para ser habitada: “Yo soy Jehová y no hay ningún otro.”

Pasaje que en la versión NTV se vierte de la siguiente forma:

Pues el Señor es Dios; él creó los cielos y la tierra y puso todas las cosas en su lugar. Él hizo el mundo para ser habitado, no para que fuera un lugar vacío y de caos (y que es lo que se nos propone, aunque solo sea por un espacio de tiempo de mil años). “Yo soy el Señor —afirma— y no hay otro”.” (Acotación mía).

Entonces difícilmente se podría pensar en tan negro futuro para nuestro hábitat natural, cuando la realidad es que, por otra parte, nuestro Creador está firmemente decidido a perpetuar la existencia del mismo y como se deduce del siguiente pasaje:

Pero las naciones se airaron y vino tu propia ira y el tiempo señalado para que los muertos sean juzgados y para dar su galardón a tus esclavos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes; y para causar la ruina de los que están arruinando la tierra.” (Rev. 11:18).

Luego es obvio de esas palabras, que el primer interesado en preservar la integridad del planeta es precisamente nuestro Creador y lo que hace muy difícil que sea Él mismo el que cause su destrucción, cuando Su propósito para la tierra es el siguiente:

Los justos mismos poseerán la tierra y residirán para siempre sobre ella.” “Sal. 37:29).

Que ello será así, queda probado por lo que leemos en Prov. 2:21-22:

Porque los rectos son los que residirán en la tierra (la actual, la que conocemos) y los exentos de culpa son los que quedarán en ella. 22 En cuanto a los inicuos, serán cortados de la mismísima tierra; y en cuanto a los traicioneros, serán arrancados de ella.” (Acotación mía).

Notemos que no se nos dice nada de una tierra destruida, sino que los “inicuos” serán arrancados de esta, mientras que los “rectos” son los que quedarán en ella…… luego de nuevo nada que nos indique una tierra destruida y calcinada por fuego (aunque fuera temporalmente, eso es, por los mil años y que es lo que promulga el adventismo), pues de lo contrario ¿dónde meteríamos entre tanto a los “rectos” que sobreviven al juicio divino? Pero claro, por ahí tenemos el pasaje de 2 Ped. 3:10-13 (no nos olvidemos del versículo 7) y que según nuestro comunicante parece ser decisivo para sostener su planteamiento acerca de una tierra “DESHECHA Y QUEMADA”, por lo que vamos a analizar con un poco de atención lo que en el mismo se nos dice:

Sin embargo, el día de Jehová vendrá como ladrón y en este los cielos pasarán con un ruido de silbido, pero los elementos, estando intensamente calientes, serán disueltos y la tierra y las obras que hay en ella serán descubiertas (“quemadas”, “expuestas” o “sometidas a juicio”, según distintas versiones y lo que añade más confusión al asunto).

11 Puesto que todas estas cosas así han de ser disueltas ¡qué clase de personas deben ser ustedes en actos santos de conducta y hechos de devoción piadosa, 12 esperando y teniendo muy presente la presencia del día de Jehová, por el cual los cielos, estando encendidos, serán disueltos y los elementos, estando intensamente calientes, se derretirán!

13 Pero hay nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según su promesa y en estos la justicia habrá de morar.” (Acotación mía).

Por lo que entiendo que nuestro comunicante haría muy bien si, en lugar de tomar el pasaje como definitivo para sostener su planteamiento, tomara en consideración (insisto en ello) algunos conceptos a tener en cuenta además del contexto escritural, como son la lógica de las cosas, así como una correcta comprensión de aquello que se lee y que en la interpretación bíblica también tienen su lugar, porque veamos en este caso qué es lo que nos dice la lógica: si tomamos el pasaje leído en su literalidad y aceptamos que se nos habla de la destrucción “por fuego” de nuestro planeta Tierra, también tendríamos que aceptar la literalidad “de los cielos” que se nos mencionan también en dicho pasaje como sujetos de destrucción y cielos literales que están compuestos por las estrellas que conforman el firmamento que cada noche contemplamos que, según dicho pasaje (repito), son también “destruidos” por el fuego, …… y pensar que una estrella como nuestro Sol y para no ir más lejos, pueda ser destruida por fuego cuando es un horno nuclear miles de veces más potente que el fuego que conocemos, se me antoja una simpleza ¡qué quieren ustedes que les diga!

Por otra parte ¿qué carga de responsabilidad tienen los “cielos y la tierra” literales, en el castigo que Dios traerá sobre la tierra? ¿No es la gente la que peca y no los elementos, que no tienen vida consciente y por llamarlo de alguna manera? ¿No será más bien, que en ese pasaje de Pedro se nos está hablando de otra cosa? Ello se puede averiguar fácilmente (no perdamos de vista el hecho de que la Biblia se interpreta a sí misma), investigando lo que se nos dice en el versículo 13 que acabamos de leer relativo a la existencia de “nuevos cielos y una nueva tierra” y que es en dónde está el meollo del asunto; expresión esta, por otra parte, que aparece cuatro veces en el texto escritural: en Isa. 65:17, 66:22 (este ya en apuntando a un futuro lejano), la citada de 2 Pedro 3:13 y finalmente en Rev. 21:1; por lo que vamos a ver a quiénes aplicó en su momento la profecía de Isaías y en qué circunstancias:

Porque, ¡miren!, voy a crear nuevos cielos y una nueva tierra; y las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón.”

El primer cumplimiento de esta profecía (Isa. 66:22, 2 Ped. 3:10-13 y Rev. 21:1 tienen que ver, repito, con un segundo y definitivo cumplimiento, aún en el futuro), tuvo que ver con los judíos de la antigüedad quienes, después de décadas de destierro en Babilonia y tal como Isaías había predicho con exactitud unos doscientos años antes, regresaron a su tierra natal y en donde restablecieron la adoración verdadera (Esd. 1:1-4; 3:1-4). Luego es obvio que regresaron a una tierra que se hallaba en este mismo planeta, la tierra de sus antepasados y no en otro lugar del universo parecido a “otra” tierra; el conocimiento de esta circunstancia puede ayudarnos a analizar lo que Isaías quiso decir por “nuevos cielos y una nueva tierra”. Pero no tenemos que especular demasiado al respecto, porque la misma Biblia aclara lo que Isaías quiso decir, pues en ella se nos muestra que la expresión “tierra” no siempre hace referencia a nuestro globo terráqueo; por ejemplo, el Sal. 66:4 literalmente dice: “¡Toda la tierra te adorará y cantará a ti! ¡Cantarán a tu nombre!”, mientras que el Sal. 96:1 también literalmente dice: “Cante a Jehová, toda la tierra”.

Sin embargo, sabemos que nuestro planeta, eso es, la tierra firme y los inmensos océanos que esta contiene, no pueden ni adorar ni cantar…… es la gente quien adora o canta; luego tanto el Sal. 96:1, como el Sal. 66:4 y otros, se refieren a la gente de la tierra y siendo este el sentido que se le da al término “tierra” en el pasaje Isa. 65:17. Pero dado que también se nos hace mención a la existencia de “nuevos cielos”, veamos la relación existente entre lo uno y lo otro; porque si “la tierra” representaba en ese contexto a una nueva sociedad de personas en el suelo natal de los judíos ¿qué se entendería por “nuevos cielos”? Una reputada Enciclopedia Teológica (de McClintock y Strong), nos dice lo siguiente acerca de ello:

Cuando la palabra cielo se menciona en una visión profética, significa […] el conjunto de los poderes gobernantes […] que están por encima de sus súbditos y los gobiernan, tal como el cielo natural está por encima de la tierra y la gobierna.”

En cuanto a la expresión combinada “cielo y tierra”, dicha Enciclopedia explica que “en lenguaje profético, la expresión significa la condición política de personas de diferentes rangos. El “cielo” es la soberanía; la “tierra” son los súbditos: hombres que son gobernados por sus superiores.”

Entonces cuadra perfectamente esta descripción con lo que se sobreentiende del relato de Isa. 65:17-19, porque veamos: cuando los judíos regresaron a su tierra natal, entraron en lo que podríamos considerar como un nuevo orden de cosas que nada tenía que ver con el que había padecido por 70 años en Babilonia, pues pasaron a tener un nuevo cuerpo gobernante en el que Zorobabel, descendiente del rey David, era el gobernador y siendo Josué, por otra parte, el sumo sacerdote (Ageo 1:1; 12; 2:21); estos (y sus colaboradores), como gobierno, pasaron a constituir los “nuevos cielos” mencionados, pero ¿por encima de qué? Pues por encima de una “nueva tierra”, o sea, la nueva sociedad limpia de personas obedientes a Dios, que habían regresado a su “terruño” natal a fin de reconstruir Jerusalén y su templo, para reiniciar la adoración verdadera a su Dios Jehová. Por tanto y en este plano, verdaderamente hubo unos “nuevos cielos” y una “nueva tierra” en el cumplimiento profético que vivieron los judíos en aquel tiempo; que ello es así, queda claro cuando el pasaje de Isa. 65:17 se lee en su contexto más inmediato, eso es, con los versículos 17-18 siguientes:

Porque, ¡miren!, voy a crear nuevos cielos y una nueva tierra; y las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón. 18 Pero alborócense y estén gozosos para siempre en lo que voy a crear. Porque, ¡miren!, voy a crear a Jerusalén una causa para gozo y a su pueblo una causa para alborozo. 19 Y ciertamente estaré gozoso en Jerusalén y me alborozaré en mi pueblo; y ya no se oirá más en ella el sonido de llanto ni el sonido de un lastimero clamor.”

Luego está claro de esta lectura, que los futuros “nuevos cielos” prometidos que serían “creados” por el Dios Altísimo se correspondían con una nueva gobernación en Jerusalén (Zorobabel y Josué), mientras que la “nueva tierra” tenía que ver con el pueblo gobernado; siendo ello así, tenemos que pensar que el segundo cumplimiento aún futuro de la profecía y que es de lo que se nos habla tanto en Isa. 66:22, como en 2Ped. 3:13 y en Rev. 31:1, tiene que ver con lo mismo: un nuevo gobierno y una nueva sociedad gobernada. Por ello se puede deducir, que los gobernantes en el reino de Dios (Jesucristo y sus 144.000 seguidores, según Rev. 14:1) y los sobrevivientes de la “gran tribulación” son los que conformarán, respectivamente, esos futuros “nuevos cielos y esa “nueva tierra” del milenio y que según nuestro Creador tienen que permanecer “para siempre” (Ecle. 1:4), mientras que lo inicuos serán “arrancados” (eso es, de forma violenta) de ella:

Porque los rectos son los que residirán en la tierra y los exentos de culpa son los que quedarán en ella. 22 En cuanto a los inicuos, serán cortados de la mismísima tierra; y en cuanto a los traicioneros, serán arrancados de ella.” (Prov. 2:21-22).

Lo que queda claro y para enfatizar la idea, que no es la tierra como planeta la que es “castigada” con la destrucción (no tendría ningún sentido), sino los “inicuos” que en ella existen; es cierto que probablemente dicho evento tendrá consecuencias en el ambiente y a tenor de lo que acerca del enfrentamiento entre Jesucristo y sus leales contra los reyes de la tierra al frente de sus ejércitos se nos dice en Sof. 1:14-18 y enfrentamiento que se conoce como la batalla de Har-Magedón y de la que se nos habla en Rev. 13:13-16…… pero no es menos cierto que nuestro planeta y con el tiempo, tiene la capacidad de auto regenerase y por lo que no se precisa de una “nueva tierra” literal y que es lo que se nos plantea. Si tomamos el ejemplo de un bosque quemado y por aquello de mencionar el fuego, vemos que al poco tiempo vuelve a reverdecer y en unos años se regenera completamente…… y si a ello le sumamos los inmensos poderes que acompañarán a esos nuevos gobernantes, la cosa no tendrá dificultad alguna. Pero dicha idea y a riesgo de extenderme en demasía (¡pero qué quieren, me gusta llegar al fondo de los asuntos para eliminar toda duda!), nos lleva a una derivada que tiene que ver con el hecho de que en 2 Ped. 3:10-13 se nos hable de “fuego”, en contraste con los versos anteriores, eso es, del 5 al 7 en dónde se nos habla de “agua”:

Porque, conforme al deseo de ellos, este hecho se les escapa, que hubo cielos desde lo antiguo, y una tierra mantenida compactamente fuera de agua y en medio de agua por la palabra de Dios; 6 y por aquellos medios el mundo de aquel tiempo sufrió destrucción cuando fue anegado en agua. 7 Pero por la misma palabra los cielos y la tierra que existen ahora están guardados para fuego y están en reserva para el día del juicio y de la destrucción de los hombres impíos.”

Y para poder entender cabalmente el contenido de ese capítulo uno de 2 de Pedro, habría que zambullirnos en el trasfondo subliminal contenido en un juicio por “agua” y uno por “fuego”, que es el siguiente: mientras que el agua del diluvio del día de Noé y por decirlo de alguna manera, solo “lavó la cara” de un mundo ruin y lleno de violencia, posteriormente este volvió a aparecer y como constatamos en nuestros propios días; sin embargo, el fuego bíblicamente es símbolo de destrucción permanente y por lo que el que se nos diga que el juicio venidero será con “fuego”, significa sencillamente y a diferencia de lo acontecido tras el diluvio del día de Noé, que jamás volverá a existir en la tierra una sociedad aviesa y violenta como la que hoy nos rodea; ahora bien ¿estaríamos hablando en todo caso, de un fuego literal que azotará la tierra? Bien, si hacemos caso al registro escritural, no parece ser este el caso; veamos por ejemplo, lo que se nos dice en Sof. 2:8 y hablando de ese juicio futuro:

Por lo tanto, manténganse en expectación de mí —es la expresión de Jehová— hasta el día en que me levante al botín, porque mi decisión judicial es reunir naciones, para que yo junte reinos, a fin de derramar sobre ellos mi denunciación, toda mi cólera ardiente; porque por el fuego de mi celo toda la tierra será devorada.”

Luego lo que es ardiente como fuego es la cólera y el celo divino por acabar con la maldad en la tierra; pero veamos este otro y que confirma mi planteamiento:

Porque nuestro Dios es también un fuego consumidor (en el sentido que sus juicios adversos significan destrucción eterna).” (Acotación mía).

Y finalmente, que dicho juicio tal parece que no será con fuego literal, se desprende del resultado del mismo y según se nos relata en Sof. 1:17:

Y ciertamente causaré angustia a la humanidad y ciertamente andarán como ciegos; porque han pecado contra Jehová. Y su sangre realmente será derramada como polvo y sus entrañas como el estiércol (noten que nada hace presumir de que “serán quemadas”).” (Acotación mía).

E idea que se corrobora en Rev. 19:17-21:

Vi también a un ángel que estaba de pie en el sol y clamó con voz fuerte y dijo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: “Vengan acá, sean reunidas a la gran cena de Dios, 18 para que coman las carnes de reyes y las carnes de comandantes militares y las carnes de hombres fuertes y las carnes de caballos y de los que van sentados sobre ellos y las carnes de todos, de libres así como de esclavos y de pequeños y grandes”.

19 Y vi a la bestia salvaje y a los reyes de la tierra y a sus ejércitos reunidos para hacer la guerra contra el que iba sentado en el caballo y contra su ejército. 20 Y la bestia salvaje fue prendida y junto con ella el falso profeta que ejecutó delante de ella las señales con las cuales extravió a los que recibieron la marca de la bestia salvaje y a los que rinden adoración a su imagen. Estando todavía vivos, ambos fueron arrojados al lago de fuego que arde con azufre. 21 Pero los demás (eso es, sus seguidores), fueron muertos con la espada larga del que iba sentado en el caballo, la espada que salía de su boca. Y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos (lo que significa que fueron dejados como carroña, por lo tanto, nada que ver con el ser incinerados con fuego).” (Acotaciones mías).

Parece confirma esa idea, lo que se nos dice en la profecía de Ezeq. 39:11-15 y en expresa referencia a esa batalla final de Har-Magedón y a partir de la que inicia el milenio del reino de Dios, en el que todo indica que será cuestión de los hombres el “limpiar” el campo de batalla de cadáveres; por lo que se podría especular que la primera tarea de aquellos que entren al reino de Dios, será la de limpiar la tierra de los restos de dicha batalla y con lo que quedaría claro que de fuego consumidor que elimine totalmente la vida en el planeta tierra, nada de nada…… pero leamos dicho pasaje:

“……“Y en aquel día (ver Sof. 1:14) tiene que ocurrir que daré a Gog un lugar allí, una sepultura en Israel, el valle de los que van pasando, al este del mar y estará obstruyendo a los que pasen. Y allí tendrán que enterrar a Gog y toda su muchedumbre y con toda certeza lo llamarán el valle de la Muchedumbre de Gog. 12 Y los de la casa de Israel tendrán que enterrarlos con el fin de limpiar la tierra, por siete meses. 13 Y toda la gente de la tierra tendrá que efectuar el entierro, y ciertamente llegará a ser para ellos un asunto de fama el día en que me glorifique”, es la expresión del Señor Soberano Jehová.

14 “Y habrá hombres para empleo continuo (probablemente “enterradores”) a quienes pondrán en divisiones, mientras pasan por el país y, con los que van pasando, entierran a los que queden en la superficie de la tierra, para limpiarla. Hasta el fin de siete meses seguirán efectuando búsqueda. 15 Y los que vayan pasando tendrán que ir pasando por el país y, si uno realmente ve el hueso de algún hombre, también tiene que edificar junto a él un indicador, hasta que los que efectúan el entierro lo hayan enterrado en el valle de la Muchedumbre de Gog”.” (Acotaciones mías).

Todo considerado, entiendo que no se puede aceptar la literal interpretación y en todos sus extremos que nos hace nuestro comunicante del pasaje de 2 Ped. 3:10-13, pues en la misma no se contempla el contexto escritural e imprescindible en toda interpretación que se precie; y es que cuando uno discute u objeta acerca de las Escrituras tiene que asegurarse muy mucho de lo que dice, por aquello de no quedar en evidencia. De ahí, que un servidor no se distinga por prodigarse mucho publicando artículos (prefiero la calidad a la cantidad), pues dedico muchísimo tiempo a asegurarme de que lo que digo se ajuste al texto escritural y pueda ser mantenido en el tiempo…… y con todo ello ¡también me puedo equivocar!

Armando López Golart

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“…… Y SOBRE LA TIERRA, ANGUSTIA DE NACIONES”

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , on 02/06/2014 by Armando López Golart

paz-y-seguridadEn los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas y en sus respectivos capítulos 24, 13 y 21, vemos que se unen diferentes matices acerca de la respuesta que Jesús dio a una crucial pregunta que le hicieron sus discípulos y que tenía que ver, con cuál sería la señal o sucesión de acontecimientos que tendrían que indicar que su regreso a la tierra era inminente; eso es, que dichos evangelios se complementan entre sí para que tengamos una perspectiva más exacta de lo envuelto en dicha respuesta…… y pregunta de los discípulos que fue formulada en la siguiente dirección:

Estando él sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a él los discípulos privadamente y dijeron: “Dinos: ¿Cuándo serán estas cosas y qué será la señal de tu presencia y de la conclusión del sistema de cosas?”.” (Mat. 24:3).

Si nos fijamos, observaremos que esta pregunta tenía dos vertientes: una, la relacionada con los acontecimientos que posteriormente resultarían en la destrucción de Jerusalén y su templo y la otra, acerca de cuál sería la señal o conjunto de acontecimientos que anunciarían el regreso de Jesús a la tierra y que los discípulos ya relacionaban con el “fin del mundo”, o como hemos leído, con la “conclusión del sistema de cosas” tal como lo conocemos a día de hoy; y que esa era la orientación de dicha pregunta, parece quedar refrendado por la particular versión que del citado pasaje nos hace la TLA:

Después, Jesús y sus discípulos se fueron al Monte de los Olivos. Jesús se sentó y, cuando ya estaban solos, los discípulos le preguntaron: ¿Cuándo será destruido el templo? ¿Cómo sabremos que tú vendrás otra vez y que ha llegado el fin del mundo? ¿Cuáles serán las señales? (de ambas cosas).” (Mat. 24:3). (Acotación nuestra).

Jesús respondió a estas cuestiones, empezando por la más cercana en el tiempo y de la que ya les había apuntado momentos antes (Mat. 24:1-2), como era el tema de la destrucción de la ciudad y del templo y que, entre algunas de las señales que les advertirían de la cercanía de semejante desastre, les dio esta:

Además, cuando vean a Jerusalén cercada de ejércitos acampados, entonces sepan que la desolación de ella se ha acercado. 21 Entonces los que estén en Judea echen a huir a las montañas y los que estén en medio de Jerusalén retírense y los que estén en los lugares rurales no entren en ella; 22 porque estos son días para hacer justicia, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. ” (Luc. 21:20-22).

Obviamente, todas las cosas dichas en esta parte de la respuesta, tenían que ver con Jerusalén, su templo y el pueblo judío en general, pues cuando se produjo el cumplimiento de estas palabras de Jesús, se vio afectada toda Judea…… de ahí que la advertencia fuera también para aquellos que vivían en pueblos o aldeas cercanas a la capital, eso es, fuera de los límites geográficos de la ciudad de Jerusalén; pero veamos lo que dijo Jesús a continuación y ya para “meternos en harina”, que apuntaba directamente a la parte final de los días y coincidentes con su regreso, lo que respondía directamente a la segunda parte de la pregunta que se le había hecho y que es la que nos interesa a nosotros, pues esa información nos aplica directamente:

También, habrá señales en el sol y en la luna y en las estrellas y sobre la tierra angustia de naciones, por no conocer la salida a causa del bramido del mar y de su agitación, 26 mientras que los hombres desmayan por el temor y la expectación de las cosas que vienen sobre la tierra habitada; porque los poderes de los cielos serán sacudidos. 27 Y entonces verán al Hijo del hombre viniendo en una nube con poder y gran gloria. 28 Pero al comenzar a suceder estas cosas, levántense erguidos y alcen la cabeza, porque su liberación se acerca.” (Luc. 21:25.28).

Que a partir de esas palabras Jesús ya enfocaba su atención hacia un futuro aún lejano, eso es, que ya estaba hablando acerca de su segunda venida al final de los tiempos, queda establecido con meridiana claridad por el hecho que nada de los versos 27 y 28 se cumplió en esos días: ni se vio al Hijo del hombre viniendo con las nubes y regreso que aún está por acontecer, ni nada tuvo que ver lo ocurrido en esos días con una cercana “liberación” del pueblo judío, ya que en el año 70 y en el que se cumplió la primera parte de la respuesta de Jesús, es precisamente cuando inició el tiempo en que fueron esparcidos entre las naciones y hecho que culmino en el año 135 d.C. en que fueron definitivamente expulsados de sus tierras por el emperador Adriano…… y mucho menos se cumplió lo referente a una próxima liberación entre los seguidores de Jesucristo, ya que estos han perseguidos de forma inmisericorde por siglos. Por lo tanto, nos vamos a quedar con los versículos 25-26 para poder entender lo que tiene que ocurrir en nuestros días y así poder usar correctamente las señales que nos dio Jesús acerca de su segunda venida y, con ello, posicionarnos debidamente en la corriente del tiempo…… eso es, conocer para cuando el cumplimiento de esta parte de su profecía y que tiene que ver con las personas que vivimos en estos momentos de la historia. No obstante y dado que de las señales en el Sol, la Luna y las estrellas de las que se nos habla en el inicio del verso 25, ya hablamos largo y tendido en nuestro artículo del 24/04/14, a lo que ahora nos referiremos es a lo que sigue y relacionado con aquellas cosas que tienen que suceder en la tierra, eso es, la “angustia de naciones” de los referidos versos 25-26, en este caso la segunda parte del v. 25 y en dónde se lee como sigue:

“…… y sobre la tierra angustia de naciones, por no conocer la salida a causa del bramido del mar y de su agitación,

Vemos que la “angustia de naciones” está provocada por el hecho de “no conocer” la salida a los graves problemas a los que se enfrenta la humanidad actualmente y que provocan el “bramido del mar y de su agitación”…… afirmación esta última algo “chunga” para quien tenga un conocimiento bíblicos, pero que en realidad no tiene mucha complicación. Porque tengamos en cuenta y para una correcta comprensión de lo que se nos está diciendo ahí, que cuando hablamos en términos de profecía, el “mar” no es más que la masa de la humanidad en su conjunto, según se deduce por el contexto bíblico y que es a dónde siempre tenemos que acudir cuando buscamos la interpretación correcta de ciertas expresiones “raritas” que nos encontramos en las Escrituras; veamos un ejemplo de lo afirmado:

Isa. 57:20: “Pero los inicuos son como el mar que está siendo agitado, cuando no puede calmarse, cuyas aguas siguen arrojando alga marina y fango.”

Rev. 17:15: “Y me dice: “Las aguas que viste, donde está sentada la ramera, significan pueblos y muchedumbres y naciones y lenguas”.”

Recordemos que “las aguas” que Juan vio, son las que se mencionan en el versículo 1 de ese mismo capítulo 17, cuando se le habla del juicio a la gran ramera “que se sienta sobre muchas aguas” y expresión que coloquialmente hablando define lo que es el mar, eso es, una “reunión de muchas aguas”; y pasaje de Isa. 57:20 que se corresponde con lo que sucede a día de hoy, cuando observamos que alrededor del mundo y por parte de aquellos que no creen en las promesas divinas, se producen constantes revueltas, manifestaciones (a menudo violentas), golpes de estado y protestas airadas de personas afectadas por las erráticas e interesadas políticas del sus respectivos gobiernos y que ven como cada día se les recortan más sus derechos y con ello sus posibilidades de mantener un mínimo de dignidad en su nivel de vida…… siendo llevadas a un callejón sin salida en el que el rico, cada día es más rico y el pobre, cada días más pobre y ello sin solución de continuidad; de ahí que lleguemos a lo dicho en el versículo 26 y en donde se lee así:

26 mientras que los hombres desmayan por el temor y la expectación de las cosas que vienen sobre la tierra habitada, porque los poderes de los cielos serán sacudidos.”

Y es que la expectativa que el ser humano tiene ante sí, con una población mundial en constante aumento y en una también constante disminución de los recursos naturales, como agua potable o reservas energéticas y a lo que habría de sumarse la aumentante tensión militar entre naciones, amén del peligro siempre latente de una conflagración nuclear de graves consecuencias para la supervivencia de la especie humana en este planeta, es realmente pavorosa. Sin contar ya, con la creciente desaparición de los glaciares y, por ende, la disminución de las reservas naturales de agua para el consumo humano (gravísimo problema y que muchos parecen ignorar), por no hablar del aumento del nivel de los océanos con lo que ello implica de pérdida de tierra firme y consecuente desplazamiento de masa humana hacia tierras más altas, lo que repercutirá obviamente en un peligroso aumento de densidad poblacional. Pero por otra parte ¿qué hay de esos “problemillas” más domésticos y que suelen casi siempre pasar desapercibidos por el común de los mortales (pero que ahí están), como es el constante deterioro por el paso del tiempo de las infraestructuras de nuestras ciudades, como son conducciones de gas, agua, electricidad, carreteras, puentes, presas, líneas soterradas del metro y todos los etc. que ustedes quieran sumarle, totalmente obsoletas e insuficientes…… o “mejor no meneallo”?

Porque este es el panorama real al que nos enfrentamos, que al igual que una bomba de relojería nos acabará explotando en las narices tarde o temprano y causando el colapso de ciudades enteras, con toda la gravedad que ello conllevaría; sin embargo, vemos que en ese verso 26 también se nos explica la razón última de la mencionada “angustia de naciones” y el “desmayo” de la plebe, ante las negras expectativas a las que nos enfrentamos y que está por encima de las razones o causas mismas del desaguisado que se nos viene encima como un tren “a toda pastilla”, cuando se nos dice que “los poderes de los cielos serán sacudidos”…… pero ¿qué quiso decir Jesús con esto? Es cierto que no son pocos los “entendidos” que afirman que con esa frase se nos está hablando de los cielos literales, en función de lo que leemos al inicio del verso 25 acerca del Sol, la Luna y las estrellas; pero no es menos cierto que el Creador no tiene nada en contra de esos cielos literales y que están cumpliendo perfectamente con aquello para lo que fueron creados (Gén. 1:16-18)…… contra quien sí tiene es en contra de los habitantes del planeta tierra. De hecho, el contexto en el que se mueven esos capítulos mencionados al inicio de este escrito, tiene que ver con las cosas que tienen que ocurrir en la tierra y no en los cielos literales; porque tengamos en cuenta que cuando en las Escrituras se nos habla de “los cielos”, casi siempre se hace referencia a gobiernos humanos y no a los cielos físicos, si bien es cierto que es el contexto el que determina cuando se está refiriendo a una cosa o cuando se refiere a la otra; pero en términos de profecía, repetimos, el enfoque general siempre tiene que ver con gobernación humana…… veamos un ejemplo de ello:

Isa. 65:17: “Porque, ¡miren!, voy a crear nuevos cielos y una nueva tierra; y las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón.”

Isa. 66:22: “Porque tal como los nuevos cielos y la nueva tierra que voy a hacer subsisten delante de mí -es la expresión de Jehová-, así seguirán subsistiendo la prole de ustedes y el nombre de ustedes.”

Noten ustedes que en ambos pasajes y situados en el mismo contexto, Jehová habla en futuro, eso es, dice “voy a crear” o “voy a hacer” un nuevo cielo y una nueva tierra, cuando en realidad los cielos y la tierra literales fueron hechos “en el principio” (Gén. 1:1). Súmenle a ello, el hecho de que cuando Dios acabó la creación, miró todo lo que había creado y dijo que “era muy bueno” (Gén. 1:31); por lo que no se entendería que tuvieran que rehacerse de nuevo los cielos y la tierra físicos, como si hubiera defecto en ellos; por otra parte, el propósito manifestado por Dios para con la tierra es el siguiente:

Sal. 104:5: “Él ha fundado la tierra sobre sus lugares establecidos; no se le hará tambalear hasta tiempo indefinido, ni para siempre.”

Sal. 119:90: “Tu fidelidad es para generación tras generación. Has fijado sólidamente la tierra, para que siga subsistiendo.”

Ecle. 1:4: “Una generación se va y una generación viene; pero la tierra subsiste aun hasta tiempo indefinido.”

Por lo tanto, si la permanencia del planeta Tierra está asegurada por su propio Creador, queda claro que en esas referencias de Isa. 65:17 y 66:22, de ninguna manera se estaría hablando de una “nueva tierra” en sentido literal y por lo que los “nuevos cielos” mencionados, tampoco pueden ser literales; establecida esta idea y continuando con lo que decíamos, en el sentido de que el contexto en el que estaba situada la respuesta de Jesús tenía que ver con cosas que pasarían en esta tierra, ello nos indica que esa alusión a “los poderes de los cielos serán sacudidos”, nada tenía que ver con los cielos literales; de hecho, tenemos las palabras del apóstol Pedro y que algo sabría del tema, que nos dicen lo siguiente y haciendo referencia a un futuro aún distante en ese momento:

Pero hay nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según su promesa y, en estos, la justicia habrá de morar.” (2 Ped. 3:13).

Luego si la tierra literal que hoy habitamos, hemos visto que no puede ser cambiada, pues Jehová nos ha dado garantía de ello, lo razonable es que tampoco lo sean los cielos literales y por lo que los “nuevos cielos” de los que se nos habla en esos pasajes mencionados, así como en los “cielos que serán sacudidos” señalados por Jesús en su respuesta, tenían que hacer referencia a otra cosa; pero para poder averiguar a lo que se referían ambos personajes (Jesús y Pedro), tenemos que retrotraernos en el tiempo al momento en el que por primera vez se hizo mención de unos “nuevos cielos” y una “nueva tierra”, para ver qué es lo que ocurrió en ese período de la historia…… lo que nos lleva a situarnos en la corriente del tiempo en que ocurrió el cumplimiento de la profecía de Isa. 65:17 ya mencionada. Y dado que estas palabras fueron escritas unos 700 años a.E.C. y no hay registro alguno de esa época ni posterior a ella, que nos hable de un cataclismo tal que hubiera hecho necesaria la creación de unos “nuevos” cielos y tierra físicos de los que hoy nos beneficiamos, es evidentemente que el bueno de Isaías y con sus palabras registradas en la profecía señalada, se estaba refiriendo a otra cosa…… pero ¿cuál cosa? Ello solo podemos averiguarlo, leyendo de su contexto y que en este caso serían los dos siguientes versículos, eso es, el 18-19 y en una clara relación causa/efecto con la creación de los “nuevos cielos y una nueva tierra” señalada en el verso 17…… pero veamos lo que se nos dice en ellos:

Pero alborócense y estén gozosos para siempre en lo que voy a crear. Porque, ¡miren!, voy a crear a Jerusalén (como nuevo cielo) una causa para gozo y a su pueblo (como nueva tierra) una causa para alborozo. 19 Y ciertamente estaré gozoso en Jerusalén y me alborozaré en mi pueblo; y ya no se oirá más en ella el sonido de llanto ni el sonido de un lastimero clamor.” (Acotaciones nuestras).

Entonces de lo que se nos está hablando aquí, no es de un cambio de elementos físicos literales, sino de un cambio de “circunstancias”, lo cual se produjo cuando los judíos regresaron a su tierra natal, después de su exilio en Babilonia y pasaron a vivir en lo que se podía considerar un nuevo orden o nuevo sistema de cosas: tuvieron un nuevo cuerpo de gobierno conformado por Zorobabel y descendiente del rey David, como gobernador y Josué, hijo de Jehozadaq, como sumo sacerdote (Ageo 1:1, 12; 2:21; Zac. 6:11) y que junto a otros colaboradores, constituyeron los “nuevos cielos” prometidos y por encima de una “nueva tierra”, o sea, la nueva sociedad limpia de personas que habían regresado a su antiguo país de procedencia, con el fin de reconstruir Jerusalén y su templo, para el restablecimiento de la adoración pura a Jehová y que estaban en sujeción a esos “nuevos cielos” o gobierno que representaba a Jehová Dios…… y siendo a un nuevo y más amplio cumplimiento de dicha profecía, a lo que apuntan las palabras del apóstol Pedro mencionadas. Por lo tanto y “rebobinando”, volvamos a las palabras contenidas en la respuesta de Jesús en el pasaje de Luc. 21:25-26 y que resumiendo, nos vienen a decir que la causa de la actitud angustiada de las personas ante la situación extrema actual y el desmayo por el temor a la expectativa de lo que se nos viene encima, tiene que ver con el hecho de que “los poderes de los cielos serán sacudidos”; pero aun conociendo a qué se refería Jesús con dichas palabras…… ¿cómo las cuadramos con la situación actual?

Pues, sencillamente y como es público y notorio, con que los gobiernos actuales se han quedado impotentes y sin respuesta ante la situación extrema de las cosas y siendo lo único que aciertan hacer es el dar “palos de ciego”, intentando salvaguardar sus intereses personales y sin preocuparse de la desastrosa situación por la que pasan sus gobernados que, una vez más, son víctimas de los desmanes y corruptelas “al por mayor” de sus gobernantes. Para no ir más lejos y como constatación de lo que afirmamos, en Europa acabamos de vivir un episodio que constata la deriva total de estos, así como del desconcierto absoluto de los gobernados y que se nos muestra en un hecho reciente: hace unos días se llevaron a cabo las elecciones al parlamento de la Unión Europea y organismo político de dónde salen las directivas de gobierno a seguir por todos los países miembros de la citada unión. Pero dándose la circunstancia de que el “populacho” y harto ya de tantos desmanes y de tanta incompetencia para generar soluciones prácticas en beneficio de este por parte de sus gobernantes, se ha quedado en casa sin ir a votar (la abstención ha sido para nota, al menos en España) o en su defecto, ha optado por votar a formaciones radicales de extrema derecha o bien de extrema izquierda, o en su defecto a grupos políticos de reciente creación y lo que ha resultado en una total “atomización” del espectro político de dicho parlamento unitario y con el resultado previsible de que conseguir en dicho órgano de gestión, un mínimo acuerdo para llevar a cabo resolución alguna sobre cualquier tema del que se trate, será tarea prácticamente imposible…… o lo que es lo mismo, un parlamento que nos cuesta un ojo de la cara a los ciudadanos europeos, totalmente fragmentado en numerosas facciones de distinto signo e irreconciliables entre sí y, por ello, un instrumento de gobierno totalmente inútil e inoperante que no nos augura nada bueno o que dicho de otra manera y parafraseando a Lucas, que las “expectativas” son para echar a correr. Algo, sin embargo, que a aquellos que tenemos cierta idea de lo que dice la Biblia no nos coge por sorpresa, pues esto es lo que se nos dice en ella:

Todo esto he visto y hubo un aplicar mi corazón a toda obra que se ha hecho bajo el sol, durante el tiempo que el hombre ha dominado al hombre para perjuicio suyo.” (Ecle. 8:9).

De ahí que la gran promesa en torno a la que giran las Escrituras, sea la de un cambio radical de gobierno para la humanidad y en un futuro ya inmediato, en la forma de “nuevos cielos” y gobierno venidero que estará conformado por Jesucristo y sus 144.000 fieles seguidores (Rev. 14:1), poniendo con ello remedio a la catastrófica situación que en todos los aspectos amenaza al ser humano; gobernando, obviamente, sobre una “nueva tierra” compuesta por los sobrevivientes de la “gran tribulación” (Rev. 7:14), eso es, de personas que se han ganado el favor del Altísimo por su lealtad, pues esto es lo que se lee en Rev. 11:18:

Pero las naciones se airaron y vino tu propia ira y el tiempo señalado para que los muertos sean juzgados; y para dar su galardón a tus esclavos los profetas y a los santos y a los que temen tu nombre (en el sentido positivo del término), a los pequeños y a los grandes y para causar la ruina de los que están arruinando la tierra.” (Acotación nuestra).

Ahora bien, partiendo de lo que ya hemos averiguado, la pregunta tendría que ver con lo siguiente: aclarado ya lo que quiso decir Jesús en sus palabras acerca de aquellos “cielos que serán sacudidos” ¿para cuándo el cambio a esa nueva situación y de la que el apóstol Pedro afirmó estar “esperando” en su segunda carta y como ya hemos leído?; para averiguarlo, tenemos que continuar con lo dicho por Jesús en su respuesta y que leemos así:

Ahora bien, aprendan de la higuera como ilustración este punto: Luego que su rama nueva se pone tierna y brota hojas, ustedes saben que el verano está cerca. 33 Así mismo también, ustedes, cuando vean todas estas cosas, sepan que él está cerca, a las puertas. 34 En verdad les digo que de ningún modo pasará esta generación hasta que sucedan todas estas cosas.” (Mat. 24:32-34).

Algo que no podemos pasar por alto, es que la higuera y en las Escrituras representa simbólicamente a la nación de Israel; y puesto que las palabras de Jesús apuntaban a un cataclismo sobre dicha nación que la borraría del mapa (Luc. 21:24) y suceso que ocurrió en el año 135 E.C. y como ya hemos señalado, es obvio que esas palabras del Hijo de Dios tendrían que ver con el renacimiento de esta nación en algún momento de la historia, como así fue: después de casi 1.900 años desaparecida, en 1.948 emergió de manera sorprendente en la escena mundial, la nación que había desaparecido 19 siglos antes. Y que de no ser así, eso es, que no hubiera existido dicha circunstancia, no se entenderían las palabras de Jesús en el sentido de que “no pasaría” una determinada generación en la que tendrían que suceder “todas las cosas” anunciadas…… y por lo que se puede interpretar, que la generación que estaba viva en el momento del reverdecer de la “higuera” simbólica en 1.948, tendría que ver la instauración del reino de Dios aquí en la tierra.

Y prescindiendo que en más de una ocasión hemos publicado algo al respecto, no está demás el repetir la idea para que no nos despistemos y perdamos de vista, a causa de los acuciantes problemas cotidianos que nos afligen, el esperanzador horizonte que tenemos ante nosotros; porque resulta que el 14 de Mayo del año en curso se cumplieron los 66 años de ese rebrotar “de la higuera” y por lo que las personas que hoy nos movemos entre los 70 u 80 años de edad, somos la generación aludida en las palabras de Jesús. Por lo que dado que bíblicamente a una generación se le da un periodo promedio de vida de 70 años (Sal. 90:10) y teniendo en cuenta de que antes que se instaure el reino de Dios en la tierra, tiene que cumplirse la profética semana 70 de Dan. 9:27 y que consta de siete años, el momento en que deben de iniciar los sucesos que nos llevarán a la culminación de “todas las cosas” no se puede demorar, pues de lo contrario no se cumplirían las palabras de Jesús con respecto de la “generación” queno pasaría. Porque no olvidemos que dichos siete años tienen que sumarse a ese cómputo de 70 u 80 años que ya tiene ahora la generación señalada, pues esta tiene que ver el inicio del florecer de la “higuera” y también el final de “todas las cosas” profetizadas y entre las que está, como hemos dicho, el establecimiento del reino de Dios en la tierra…… por lo que solo con un poco más de demora, nos iríamos a una generación de casi 90 años y con lo que perdería todo sentido lo escrito en el mencionado salmo; sin embargo, no olvidemos que en el pasaje de Mateo analizado (también en Marcos y Lucas) y después de hablar de la “generación que no pasará”, Jesús dijo algo que aún no hemos mencionado y que es esto:

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras de ningún modo pasarán.” (Mat. 24:35; Mar. 13:31; Luc. 21:33).

Eso es, que aún el astro Sol y el planeta Tierra tan firme y sólidamente establecidos por Jehová podrían pasar, antes que no cumplirse esas palabras del Hijo de Dios; aquí Jesús usó, obviamente, una figura retórica llamada hipérbole para resaltar lo imposibilidad de que sus palabras quedaran sin efecto, al contratarlas con la segura permanencia de los inmutables Sol y Tierra literales y que tienen su existencia eterna garantizada por el propio Creador de ellos. Por lo que volviendo al tema central de este escrito y del cual nos hemos apartado un poquitín, el quid de la cuestión está en el asunto de la “gobernabilidad”, pues el hombre a probado todo tipo de forma de gobierno y el más absoluto de los fracasos ha sido el resultado de cada uno de ellos y como nos muestra la extrema situación de agonía a la que ha llegado la humanidad como resultado de esa sucesión de gobiernos inútiles e inoperantes; y es que el ser humano no tiene ni la sabiduría ni el poder necesario para vencer los males endémicos causados por el pecado y que alcanzan hasta a las personas más pudientes, como pudieran ser les enfermedades, la vejez y al final, la muerte…… cosas que serán totalmente eliminadas de un plumazo, mediante el prometido reino de Dios en manos de Jesucristo y sus hermanos, pues esto es lo que nos dicen las Escrituras:

Y vi un nuevo cielo (el gobierno teocrático de Jesucristo y sus hermanos) y una nueva tierra (la inmensa multitud obediente que sobrevive a la “gran tribulación” final); porque el cielo anterior y la tierra anterior habían pasado y el mar ya no existe (el sistema de cosas en el que nos vemos ahora atrapados). 2 Vi también la santa ciudad, la Nueva Jerusalén, que descendía del cielo desde Dios y preparada como una novia adornada para su esposo. 3 Con eso, oí una voz fuerte desde el trono decir: “¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad y él residirá con ellos y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos. 4 Y limpiará (Dios y por medio de ese gobierno delegado) toda lágrima de sus ojos y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores (eso es, las penosas circunstancias que esclavizan al ser humano) han pasado”.” (Rev. 21:1-4). (Acotaciones nuestras).

Y siendo este, el espléndido futuro que nos aguarda a aquellos que confiamos en las promesas de Dios y que según la evidencia presentada, estamos ya tocando con la punta de los dedos; o lo que es lo mismo, que en breve van a ocurrir cosas que van a convulsionar a la humanidad, que ni nos podemos ni imaginar y que resultarán en una total liberación (Luc. 21:28), incluso de la muerte. No obstante y permítanos la coletilla, que no sean nuestras palabras las que le convenzan a usted de que las cosas serán así, sino un serio y personal análisis de las mismas al ser estas contrastadas con lo que dice su ejemplar de las Escrituras, acerca del tema del que le hemos hablado…… y es que nosotros, querido/a amigo/a que nos lee, también nos podemos equivocar.

MABEL

LA SEGUNDA LEY DE LA TERMODINÁMICA ¿QUE CONFIRMA…… QUÉ?

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , on 17/08/2013 by Armando López Golart

4ed038e077201s10900_pHace unos días y buscando determinada información, nos topamos con un artículo publicado el 30/12/2009 bajo el título: “La segunda Ley de la Termodinámica, confirma el Salmo 102:25-26” y en la que su autor (por piedad cristiana omitiremos su nombre, pero que se lo pueden ustedes imaginar) nos explicaba su particular interpretación del salmo mencionado. Y en donde una vez más, queda constatado que la incorrecta lectura y subsiguiente nefasta interpretación de un texto bíblico, no solo puede dar lugar a un planteamiento con algunas inexactitudes y por aquello de ser suaves, sino al incorrecto entendimiento de la realidad existente y lo que es más grave, llevar a una visión distorsionada del contenido escritural a la persona de escasos conocimientos acerca del tema que desarrolla el citado autor y que pudiera en un momento determinado, acceder a la lectura del mismo…… y disparatado planteamiento al que dicho personaje, da inicio de la siguiente manera:

En primer lugar, vamos a considerar la ciencia de la termodinámica: En el Salmo 102:25,26, leemos: “Desde el principio tú fundaste la tierra y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás, y todos ellos como una vestidura se envejecerán. Como un vestido los mudarás, y serán mudados.”

Vean ahora ustedes, la interpretación que hace dicho autor, del salmo en cuestión:

De acuerdo con este documento, escrito alrededor de tres mil años antes del amanecer de la ciencia moderna (queremos suponer que se referirá al salmo mencionado), nos enteramos de que el universo es como un traje que se está agotando. En otras palabras, el universo se está acabando, deteriorando, constantemente volviéndose menos y menos ordenado.” (Acotación nuestra).

Ya después de haber metido al Altísimo en el gremio del “Corte y Confección”, seguidamente nos pasa a exponer el siguiente razonamiento, como apoyo al argumento presentado:

La afirmación de que el universo es cada vez más aleatorio, menos ordenado, es una afirmación científicamente comprobable. El hecho de que el universo, en su estado actual se está deteriorando, ha sido plenamente comprobado por la ciencia moderna. Dondequiera que miremos, en la escala de las galaxias hasta la escala del átomo, nos encontramos con una tendencia natural universal de todos los sistemas para ir del orden al desorden, de la complejidad a la simplicidad. Así, cúmulos de galaxias se están dispersando mientras las galaxias se alejan unas de otras.”

Ahora bien, de entrada nos gustaría que se nos dieran las fuentes científicas en las que se apoya dicho autor, para hacer tales afirmaciones y que evidentemente, difieren totalmente de las que manejamos nosotros; pero veamos otra afirmación en apoyo del razonamiento anterior:

La rotación de la Tierra se está desacelerando, el campo magnético de la Tierra está en decadencia. Cada estrella, como nuestro propio sol, está constantemente quemando miles de millones de toneladas de combustible cada segundo. Eventualmente, todas las estrellas en el universo, a menos que Dios intervenga (que estamos seguros que lo hará), agotará su combustible y se volverá oscuro y frío. El universo sería entonces frío y muerto, y, por supuesto, toda la vida habría dejado de existir mucho antes de la última agonía del universo. Incluso ahora, cada cierto tiempo ocurre una nova o supernova, y muy rápidamente una estrella se convierte en menos ordenada, en una gigantesca explosión.”

Y aunque en este artículo objeto de análisis, hay más afirmaciones tendentes a fortalecer el punto de vista de ese “genio” de la interpretación bíblica, creemos que con las presentadas, hay más que suficiente para hacernos ver la idea que quiere desarrollar “el artista” en cuestión. Claro, cuando eso lo lee una persona de escasos conocimientos en esta materia, puede que quede impresionada y en su estupefacción, razone de la siguiente manera: “Pero ¿en qué “fregao” nos ha metido Dios?” Sin embargo, cuando eso lo leemos personas que sin ser profesionales del medio, conocemos algo de astronomía, sabemos el por qué las galaxias se están alejando unas de otras y que nada tiene que ver con el desorden, sino muy al contrario, pues al igual que puntitos de tinta marcados en la superficie de un globo, que al ser este hinchado más y más, se van separando unos de otros de forma gradual y ordenada, dicho alejamiento de las galaxias entre sí tiene que ver con el hecho de que estamos inmersos en un Universo en continua expansión; en cuanto a la desaceleración en la rotación de la Tierra, estudios bastante fiables nos hablan de un fenómeno cíclico, de unas pocas décadas entre ciclo y ciclo. Cierto es, por otra parte, que hay otros que afirman que en su día la Tierra giraba tan despacio alrededor de su eje, que los meses tenían nueve días y que la progresión ha sido, es y continuará siendo constante, que de “momento” está en las 24 horas…… y planteamiento formulado ¡asómbrense ustedes!, a partir del estudio del fósil de un cefalópodo llamado “Nautilus” (con la tira de años, 600 millones nada menos), contrastado con un ejemplar de la misma especie, existente hoy en día en el Pacífico ecuatorial; bien, en todo caso una teoría contraria a la desaceleración del globo terráqueo en su movimiento de rotación de la que nos habla el autor en cuestión y de ahí, el que nosotros lo dejemos y cada cual saque las conclusiones que le parezcan oportunas.

En cuanto a las “supernovas”, sabemos que son el resultado de una brutal explosión que se produce cuando una estrella más masiva que el Sol, colapsa sobre si misma al agotarse su combustible interior y lanzando al espacio interestelar en un descomunal estallido, colosales cantidades de elementos pesados que en su día sintetizó en dicho interior a partir de elementos más ligeros y de los cuales, llegan a formarse las inmensas nubes de gas y polvo que observamos con nuestros telescopios y que a la postre, servirán para formar nuevas estrellas…… como por ejemplo, la Nebulosa de Orión y que distante de la Tierra unos 1.500 años/luz, contiene en su interior según datos recogidos por el observatorio espacial Hubble, unas 3.000 estrellas, algunas de ellas aún en proceso de formación. De todas maneras, tomen el contenido de esos datos, como que más o menos la cosa va por ahí, pues es obvio que no somos expertos en el tema…… pero que aun sin serlo, tenemos claro que de desorden o caos en el Universo observable la cosa no tiene demasiada pinta, pues más bien lo que vemos es un perfecto orden y equilibrio en la leyes que gobiernan a este y contribuyen a su regeneración automática, basada en leyes universales perfectamente establecidas e inmutables. Y si como muestra vale un botón, solo el delicado y exquisito equilibrio entre las cuatro fuerzas fundamentales del Universo, la fuerza gravitacional, la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil, muestran fuera de toda duda que lejos de ser un caos, la creación física es un todo armonioso perfectamente diseñado y eternamente perdurable, pues según su Supremo Hacedor, la Tierra (parte de esa creación), no fue creada “sencillamente para nada, sino que la formó aun para ser habitada” (Isa. 45:18); luego si eso es así, el Sol que la sostiene también tiene que permanecer, el sistema planetario al que pertenecemos tiene que permanecer y así en lógica repercusión, todo la creación física o material y que abarca el entero Universo, pues no olvidemos que para cuando el Altísimo terminó dicha obra, afirmó que todo lo creado era “muy bueno” (Gén. 1:31)…… entonces si era bueno a la vista de su Creador ¿sería razonable pensar que colapsara con el tiempo y que dicha creación quedara en nada?

Pero que en todo caso, lo planteado por el autor en cuestión y sin esos pequeños y rudimentarios conocimientos de los que hemos hecho gala, tal nos podría dar la sensación de que cuando El Altísimo creó el Universo, le quedaron algunos cabos sueltecillos por ahí y que ahora tendrá que ir haciendo alguna “chapucilla” para irlos solventando. Y dado que la idea no tiene demasiado sentido, razonablemente la pregunta que nos podríamos plantear es la siguiente: ¿Significa el Sal. 102:25-26, eso que nos explica el artículo presentado al inicio de este escrito y que da pie al mismo? Y lo que genera inmediatamente una derivada, porque ¿es de la creación física o material, de lo que realmente nos está hablando la Biblia en dicho salmo? Veamos en primer lugar, qué leemos en el mismo:

Hace mucho tú colocaste los fundamentos de la tierra misma y los cielos son la obra de tus manos. 26 Ellos mismos perecerán, pero tú mismo quedarás en pie; e igual que una prenda de vestir todos ellos se gastarán. Igual que ropa los reemplazarás y ellos terminarán su turno.”

Es cierto que leído así tal cual pinta y sin profundizar en su lectura, tal pudiera parecer que el sentido de dicho pasaje va en línea a lo que, según nos ha explicado el autor al que estamos considerando, opina la clase científica de nuestros días de los hechos “conocidos” por ella hasta el momento; porque no es ningún secreto que cada día que pasa, más desconcertado está el mundo científico relacionado con la astronomía, con los nuevos datos recogidos de la observación del Cosmos y que constantemente les obliga a rectificar alguna teoría anterior, o que les deja totalmente a oscuras en planteamientos que ya daban por sentados. Pero en el supuesto que dicho salmo apoyara lo opinión general de los científicos de nuestros días, no es menos cierto que ello lo llevaría a estar en franca contradicción con el contexto general de las Escrituras, pues de entrada lo que leemos sobre la obra de Jehová, es que esta es “perfecta” (Deut. 32:4)…… y entendemos que una creación, en este caso el Universo, susceptible con el tiempo de irse desordenando, apagando y finalmente muriendo y que para evitarlo, necesitara temporalmente de unos pequeños retoques, no sería una creación perfecta; porque de ser así la situación, dicho Universo podría ser reflejo de cualquier cosa, menos de la gloria de Jehová:

Los cielos están declarando la gloria de Dios; y de la obra de sus manos la expansión está informando.” (Sal. 19:1).

Luego ¿era un proceso degenerativo que lo llevara a convertirse en algo muerto e inservible, lo que el Creador de este infinito Universo esperaba de él? No, según el Sal. 148: 4-7:

Alábenlo, cielos de los cielos y aguas que están sobre los cielos. 5 Alaben ellos el nombre de Jehová; porque él mismo mandó y fueron creados. 6 Y los tiene subsistiendo para siempre, hasta tiempo indefinido. Ha dado una disposición reglamentaria (o leyes que rigen el universo) y esta no pasará. 7 Alaben a Jehová desde la tierra, monstruos marinos y profundidades acuosas todas.” (Acotación nuestra).

Entonces aquí algo está fallando, porque o bien la Biblia se contradice, o bien la interpretación y posterior aplicación que hace el autor de este artículo del salmo en cuestión, es completamente errónea y rayana al disparate…… y dadas las circunstancias, lo razonable es quedarnos con la segunda opción, mal que le pese al escritor del artículo que estamos analizando; ahora bien, entonces y si eso es como afirmamos desde este blog ¿a qué se refiere el Sal. 102:25-26? Para poder entender correctamente dicho pasaje, deberíamos empezar por contrastar este salmo, con la opinión del propio Jehová acerca de este asunto y algo que quedó claro cuando en tiempos de Job, Elifaz el temanita, dijo de Dios lo siguiente:

¡Mira! En sus santos él no tiene fe y los cielos mismos realmente no son limpios a sus ojos (o sea, que tenían defecto).” (Job 15:15). (Acotación nuestra).

Sin embargo, esto es lo que Jehová le respondió, tanto él como sus dos compañeros:

Y aconteció que, después que Jehová hubo hablado estas palabras a Job, Jehová procedió a decir a Elifaz el temanita: “Mi cólera se ha enardecido contra ti y tus dos compañeros, porque ustedes no han hablado acerca de mí lo que es verídico, como mi siervo Job”.” (Job 42:7).

Luego Jehová no aceptaba, entre otras cosas de las dichas, esa declaración de unos cielos (o el firmamento que ellos contemplaban) con defecto alguno, como una afirmación verídica. Y serían defectuosos, si fuera verdad lo afirmado por el autor del escrito que estamos analizando, en el sentido de que se fueran deteriorando y desgastando con el tiempo; por otra parte, algo que nos ayuda a entender una posible finalidad de dicho Sal. 102:25-26, lo hallamos en Luc. 21:33, en donde Jesús afirma lo siguiente:

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras de ningún modo pasarán.”

Dado que Jesús no podía estar diciendo aquí, llevando la contraria a su Padre Celestial, que el cielo y la tierra dejarían de existir en algún momento, obviamente él tenía que estar diciendo otra cosa; y ello parece confirmarlo, el hecho de que esta expresión parece tener el mismo sentido que las palabras de Mat. 5:18:

En verdad les digo que antes pasarían el cielo y la tierra, que pasar de modo alguno una letra diminuta o una pizca de una letra de la Ley, sin que sucedan todas las cosas.”

Y que en Luc. 16:17, se vierte dicho pasaje de esta otra manera:

Sin embargo, es más fácil que desaparezcan el cielo y la tierra, a que deje de cumplirse el detalle más insignificante de la Ley.”

Luego todo considerado, lo que aquí se nos está diciendo es que tan inmutable y permanente era esa creación de Jehová, los cielos y la tierra (Isaías 45:18), como inmutables y permanentes eran las palabras de Jesús. Luego en el Sal. 102:25-26 y siguiendo el patrón considerado, lo que se hace en una primera instancia, es poner de relieve el hecho de que Dios es eterno e imperecedero, mientras que los cielos y la tierra físicos sí son perecederos, es decir, podrían ser destruidos si ese fuese el propósito de Dios. A diferencia de la existencia eterna de Dios, la permanencia de cualquier parte de su creación, tanto material como espiritual, depende totalmente de Él; en la Tierra, por ejemplo, la creación material tiene que experimentar un proceso continuo de renovación y que depende de las leyes inmutables de Dios que intervienen en dicho proceso, para conservar su forma permanentemente. Volviendo al Salmo 148 y según otra versión (PDT), se indica que los cielos físicos como un todo (lo que incluye el planeta Tierra, por supuesto) dependen de la voluntad y el poder sostenedor de Dios; y que después de referirse al Sol, la Luna y las estrellas, junto con otras creaciones de Dios, el versículo 6 se expresa en el sentido de que Él “lo creó todo para que existiera para siempre; dio leyes que continúan para siempre”.

Por lo que es evidente que el planteamiento de ese autor es totalmente incorrecto y lo que nos lleva a la derivada de la que les hemos hablado antes, en el sentido de qué es realmente y ya en una segunda instancia, de lo que se nos habla en el Sal. 102:25-26; porque si no puede ser y tal como hemos comprobado, que se nos hable de los cielos y tierra literales, nos tiene que hablar de otra cosa y que tiene que tener su importancia para nosotros, pues se nos dice que estos “cielos” y “tierra” actuales serán “reemplazados” y que además, serán “cambiados”…… pero para refrescar nuestra mente, volvamos a leer dicho salmo en la traducción Palabra de Dios Para Todos, que lo vierte de la siguiente manera y al que le añadiremos los versos 27-28:

Hace mucho tiempo, tú creaste el mundo; hiciste el cielo con tus propias manos. 26 La tierra y el cielo se acabarán, pero tú vivirás por siempre. La tierra y el cielo se desgastarán, como se desgasta la ropa. Y como se tira la ropa vieja, tú reemplazarás el cielo y la tierra; serán cambiados por completo. 27 Pero tú, Dios, nunca cambias; vivirás por siempre. 28 Somos tus siervos, nuestros hijos vivirán seguros aquí y los hijos de nuestros hijos, vivirán en tu presencia.”

Luego queda claro que este pasaje no nos habla de ninguna ocurrencia futura en el Universo y concretamente en los elementos físicos tierra y cielo, sino que se nos está hablando de otra cosa y que tiene que ver directamente con la humanidad; porque veamos: se nos habla de unos cielos y tierra que se acabarán, que serán “reemplazados” por otros y (ojo al dato) “cambiados” por completo y en donde sus siervos (los de Jehová), los hijos de estos, así como de los hijos que de estos a su vez nazcan y así sucesivamente, vivirán “seguros” y en su “presencia”…… y que sepamos, en estos momentos en la tierra no se dan estas circunstancias. Por lo que, repetimos, se nos tiene que estar hablando de algo totalmente distinto a cuestiones de cambios astronómicos, porque la primera vez que en las Escrituras se nos habla de un cambio de estas características y se instalan “nuevos” cielos y una tierra “nueva”, es en la profecía de Isa. 65:17 y siendo altamente revelador, que las cuatro únicas veces que aparece esta expresión “nuevos cielos y nueva tierra” en el registro bíblico, su significado siempre es el mismo: el “cielo” representa soberanía o gobiernos humanos, mientras la “tierra” representa a súbditos bajo ese gobierno, eso es, hombres que son gobernados por otros hombres. Por ello, tomemos como punto de referencia el relato de los acontecimientos que se produjeron en el cumplimiento de esas palabras de la profecía de Isaías y en donde aparece por primera vez dicha expresión, cuyo cumplimiento sienta el precedente a partir del cual, se debe entender el significado del Sal. 102:25-28, en donde los cielos y tierra mencionados son “reemplazados” por otros “cielos” y otra “tierra”; y eso es lo que leemos en Isa. 65:17:

Porque, ¡miren!, voy a crear nuevos cielos y una nueva tierra; y las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón.”

Dado que estas palabras fueron escritas unos 700 años a.E.C. y no hay registro alguno de esa época ni posterior a ella, que nos hable de un cataclismo tal que hubiera hecho necesario crear nuevos cielos y tierra físicos, evidentemente Jehová se estaba refiriendo a otra cosa…… ¿pero cuál cosa? Para averiguarlo, leamos ahora los dos versículos siguientes, el 18 y el 19:

Pero alborócense y estén gozosos para siempre en lo que voy a crear. Porque, ¡miren!, voy a crear a Jerusalén una causa para gozo y a su pueblo una causa para alborozo. 19 Y ciertamente estaré gozoso en Jerusalén y me alborozaré en mi pueblo; y ya no se oirá más en ella el sonido de llanto ni el sonido de un lastimero clamor.”

Luego blanco y en botella: de lo que se nos está hablando aquí, no es de un cambio de elementos físicos literales, sino de un cambio de circunstancias personales, lo cual se llevó a cabo cuando los judíos regresaron a su tierra natal, después de su exilio de 70 años en Babilonia y pasaron a vivir en lo que se podía considerar un nuevo orden o sistema de cosas. Tuvieron un nuevo cuerpo de gobierno con Zorobabel, descendiente del rey David, como gobernador y Josué, hijo de Jehozadaq, como sumo sacerdote (Ageo 1:1, 12; 2:21; Zac. 6:11). Estos y sus lógicos colaboradores, constituyeron los “nuevos cielos” prometidos, pero ¿por encima de qué?…… pues por encima de una “nueva tierra”, o sea, la nueva sociedad limpia de personas que habían regresado a su antiguo país de procedencia, a fin de reconstruir Jerusalén y su templo, para el restablecimiento de la adoración pura a Jehová y que estaban en sujeción a esos “nuevos cielos” o gobierno que representaba a Jehová. Por tanto, verdaderamente hubo un “cambio” a unos “nuevos cielos y una nueva tierra” en cumplimiento de la promesa de Dios, en la que vivieron los judíos en seguridad en aquel tiempo y distintos de los “cielos” anteriores (el idolátrico gobierno babilónico) y de la “tierra” anterior (la pagana y extraña tierra de Babilonia) que por espacio de 70 años (Jer. 25:11), tuvieron que soportar; pero que todo apunta a un cumplimiento mayor de esa profecía, queda claro cuando leemos Rev. 20:11 y que nos habla del momento en que Cristo toma el control del mundo en su segunda venida e instaura el reino de Dios:

Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. De delante de él huyeron la tierra y el cielo y no se halló lugar para ellos.”

Ahora bien ¿qué es lo que realmente huyó, de delante del trono y del que estaba sentado en él? ¿El cielo y la tierra literales? Evidentemente no, pues el reino de Dios es instaurado en este mismo planeta Tierra en el que vivimos y por lo que no puede desaparecer…… luego dejaremos que sea la Biblia la que se explique a sí misma; y para ello, acudiremos a unas palabras registradas en 2 Ped. 3:13:

Pero hay nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según su promesa y en estos la justicia habrá de morar.”

Y de eso precisamente se nos habla y con referencia a nuestro futuro más inmediato, en las citadas palabras de Pedro sobre los nuevos cielos y una nueva tierra “que esperamos según su promesa” y que se corresponden al “nuevo cielo” y la “nueva tierra” de Rev. 21:1:

Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra; porque el cielo anterior y la tierra anterior habían pasado y el mar ya no existe.”

Por lo que preguntémonos: ¿Y cuáles son entonces, el “cielo” y “tierra” anteriores, así como “el mar” que habían pasado? Pues aquellos que huyeron de delante del “gran trono blanco” (Rev. 20:11) y que tienen que ver, con el actual sistema deficiente de gobernación de hechura humana (como “cielos”) y esta miserable sociedad de corrupción, maldad, vicio y violencia en la que nos esforzamos por sobrevivir (como “tierra”); y que también se menciona, como el conjunto de las masas turbulentas de la humanidad apartada de Dios (el “mar”) y de las que Pablo ya nos apuntó sus detestables actitudes en 2 Tim. 3:1-5 y que serán barridos todos ellos en la batalla de Armagedón, que precede al establecimiento del reino de Dios en manos de Cristo (Dan. 2:44-45). En su lugar, nos encontraremos (según Rev. 21:1) bajo un “nuevo cielo”, eso es, la nueva gobernación de hechura divina presidida por Cristo con sus colaboradores y en una “nueva tierra”, o lo que es lo mismo, con la nueva sociedad humana sobreviviente de la “gran tribulación” y en consecuencia, respetuosa y obediente a las disposiciones y propósitos de su Creador…… pues de no ser así, no habrían sobrevivido:

De modo que le dije inmediatamente: “Señor mío, tú eres el que sabe”. Y me dijo: “Estos son los que salen de la gran tribulación y han lavado sus ropas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. 15 Por eso están delante del trono de Dios (lo que significa que el Altísimo les ha concedido su beneplácito); y le están rindiendo servicio sagrado día y noche en su templo; y El que está sentado en el trono extenderá su tienda sobre ellos.” (Rev. 7:14-15). (Acotación nuestra).

En otras palabras: han ejercido fe en Jesús como su Rescatador y gozan así de una buena conciencia por su conducta recta; así que están en condición limpia y aprobada a los ojos de Jehová y del Cordero…… luego una “nueva tierra” de donde habrá desaparecido el tumultuoso y embravecido “mar” de la humanidad opuesta a Jehová y seguidora de los designios de Satanás (Isa. 57:20), que estamos viendo cada día a nuestro alrededor. Todo considerado y según entendemos nosotros, este es el significado que se debe aplicar a esa porción bíblica que comprende el Sal. 102:25-26 y nada que tenga que ver con el Universo material, como intenta hacernos creer el autor del que estamos hablando…… pero a todo eso ¿qué dice la segunda ley de la termodinámica?

En un sentido general, la segunda ley de la termodinámica afirma que las diferencias entre un sistema y sus alrededores tienden a igualarse; eso es, que las diferencias de presión, densidad y, particularmente, las diferencias de temperatura tienden a igualarse…… y lo cual significa, que un sistema aislado llegará a alcanzar una temperatura uniforme y consecuentemente dejará de funcionar. Teniendo en cuenta que una máquina térmica es aquella que provee de trabajo eficaz, gracias a la diferencia de temperaturas de dos cuerpos, cualquier máquina termodinámica requiere una diferencia de temperatura, pues ningún trabajo útil puede extraerse de un sistema aislado en equilibrio térmico, por lo que requerirá de la alimentación de energía desde el exterior. Luego puesto que la segunda ley de la termodinámica, requiere de la alimentación de energía del exterior para el correcto y continuo funcionamiento de cualquier máquina térmica (pongamos en este caso, el Universo, pues el principio sería el mismo), dicha segunda ley se usa a menudo como la razón por la cual no se puede crear una máquina de movimiento perpetuo…… y los científicos tienen razón, pues parten del hecho que el Universo vino a la existencia por medio de una singularidad, eso es, de una colosal explosión de energía y de la que aún se está beneficiando el cosmos; pero que en un momento dado dicha energía se acabará y sucediendo entonces, lo que el autor del artículo que estamos analizando nos ha explicado y que hemos reflejado al inicio de este escrito, en el sentido de que el Universo agotará su energía, se enfriará y todo signo de vida en él se extinguirá. Pero claro, una cosa es que eso lo digan los científicos (allá ellos con sus “inventos”) y otra muy distinta que lo diga un “teólogo” como es el caso que nos ocupa y que demuestra con ello la ignorancia que atesora acerca de Dios, porque veamos lo que nos dicen las Escrituras acerca de este Supremo Creador del Universo y de todo lo que este contiene:

Levanten los ojos a lo alto y vean ¿quién ha creado estas cosas? Es Aquel que saca el ejército de ellas aun por número, todas las cuales él llama aun por nombre. Debido a la abundancia de energía dinámica, porque él también es vigoroso en poder, ninguna de ellas falta.” (Isa. 40:26).

O lo que es lo mismo, la explicación de la fórmula matemática de Einstein y que se refleja con la siguiente ecuación: E=MC2, donde E es la energía liberada, M la diferencia de masa o incremento y C es la velocidad de la luz…… y esta formulación significa, que no solo la masa se puede transformar en energía y esta a su vez, se transforma en masa, sino que cuando en un proceso se pierde masa, esta no desaparece sin más, sino que se transforma en energía; por lo que según dicha fórmula, una pequeña cantidad de masa, libera gran cantidad de energía, pues la masa multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado, resulta en una cantidad de energía extremadamente superior, en comparación con la masa transformada…… y siempre hasta donde nosotros hemos entendido, claro.

En todo caso, ahí tenemos reflejada en una simple fórmula matemática, la Excelsa e Inagotable fuente de energía “exterior” que hace que el majestuoso e imponente Universo que nuestros científicos apenas se acercan a comprender, exista y que continúe su existencia por una eternidad, para que como dice el Sal. 19:1, no cese de estar “declarando la gloria” de su Excelso Creador constantemente…… pero quede claro, que lo expuesto no pretende ser más que una mera reflexión personal de los autores de este blog y siendo el que la lee, el que debe valorarla debidamente. Por lo que como siempre, querido lector, le recordamos que a usted le corresponde hacer su particular indagación y averiguar, la veracidad de lo que se le ha intentado explicar, tanto por una parte como por la otra…… o lo que es lo mismo, el saber de quién se puede usted fiar y de quién no, cuando alguien le habla de las Escrituras.

MABEL

EL MAR…… Y EL PREDICADOR Sr. DAVID DIAMOND.

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , on 13/11/2012 by Armando López Golart

Y ya les advertimos de entrada (por aquello de evitar malos entendidos), que no les estamos hablando de una melodía romántica a la forma de “La niña y el mar” del excelente cantante y compositor español (gallego para más señas) Juan Pardo, o de otras melodías sobre el tema: no, no, queridos amigos, nada de eso; a nosotros y con el “oído” que tenemos, como que no parece que nos haya llamado el Altísimo por el camino de crítica musical…… y muchísimo menos después de oír, lo que acabamos de oír y que nos ha dejado los oídos “zumbando”. Y es que continuando con esa incursión que nos propusimos hacer al mundo de los distintos “predicadores” o “evangelistas” pululantes por esos mundos de Dios, que con sus sermones y enseñanzas no hacen otra cosa más que engañar vilmente al personal, estaríamos hablando hoy de la afirmación de un personaje “mundialmente” conocido y especialmente por nuestros queridos amigos sudamericanos, pues dicho caballero emite su señal televisiva desde Puerto Rico y al parecer, con amplio seguimiento en toda Latinoamérica…… extremos que pueden comprobar, si acceden al video del que estamos hablando y en donde se halla el “cuerpo del delito” (eso es, la brutalidad con la que nos obsequia dicho predicador), buscando en You Tube por “David Diamond/2012 y el arrebatamiento” .

Decir de entrada, que dicho caballero defiende a capa y espada la “teoría del rapto” y que ya al inicio de dicha grabación, manifiesta su sorpresa por el hecho de que pueda haber alguien, en este caso unas personas a las que califica de “pseudo-apóstoles de la prosperidad” (ignoramos a quienes se refiere), que tenga la “osadía” de negar la veracidad de esta enseñanza, cuando según el Sr. Diamond estaríamos hablando de una de las doctrinas más difundidas actualmente…… pero que nos permitimos el atrevimiento de señalarle a dicho caballero y sin negarle el hecho que, efectivamente, estaríamos hablando de una enseñanza muy difundida en nuestros días, que la misma tiene aproximadamente unos doscientos años de existencia, lo que la hace relativamente reciente y por tanto, obviamente desconocida por los apóstoles de Jesús y los más directos seguidores de estos…… en consecuencia, no contenida en las Escrituras y por lo que nos encontraríamos ante una enseñanza totalmente falsa. Y que si dicho caballero nos permite la temeridad, dicha enseñanza también es negada desde este blog, por ejemplo y entre otros, en nuestro último artículo publicado el pasado día ocho del mes en curso, bajo el título “¿Qué ocurrirá con nosotros, en la ya cercana “Gran Tribulación”?”. Por lo que nos arrogamos la facultad de ponerle nosotros a él “entre la espada y la pared” (pues así se titula el programa desde el que hace sus prédicas), al rogarle que intente rebatir los argumentos bíblicos en los que apoyamos nuestro planteamiento opuesto a dicha enseñanza…… aunque a tenor de lo oído en boca de dicho “predicador”, dudamos mucho que tenga la altura suficiente de conocimiento bíblico requerido para ello, porque ¡cuidadito la que nos ha soltado el “nene”!

Aunque también sería justo decir, que apoyada dicha extravagante afirmación (al menos no la niega) por el caballero que con el Sr. Diamond comparte programa y que responde al nombre de “pastor” Arturo Norero (otro que tal baila, a tenor de sus afirmaciones)…… lo que nos hace pensar que tampoco se distingue dicho Sr. Norero, por un especial entendimiento del registro escritural. Es más y haciendo honor a la claridad con la que siempre se habla desde este blog, entendemos que no tienen ni el uno ni el otro, puñetera idea de lo que están hablando…… pero veamos con la que se nos han descolgado los Sres. Diamond y Norero. En el citado video, entre el minuto 4 y 5 de grabación y ante la pregunta (preparada de antemano, obviamente) a cargo del moderador del programa “¿Porque se escribe el Apocalipsis en “pasado”?”, el Sr. Diamond pasa a citar directamente de Rev. 21:1 para responder a dicha pregunta y en donde se lee lo siguiente:

Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra; porque el cielo anterior y la tierra anterior habían pasado y el mar ya no existe.”

Bien, veamos ahora la “magistral” interpretación que hace dicho caballero del texto en cuestión y apoyada por el silencio más absoluto del Sr. Norero y que no sabemos si se produce porque comparte dicha interpretación…… o porque se había quedado convertido en piedra al oírla; y que en todo caso, transcribimos literalmente del contenido de dicho video y en donde después de leer el citado pasaje, el Sr. Diamond dice algo parecido a esto:

¿De qué está hablando? En efecto, vivimos en un planeta que debería llamarse planeta agua y no planeta tierra, pues prácticamente estamos rodeados de mar; sin embargo en Apoc. 21:1 se describe una tierra nueva en dónde no hay mar…… ¿qué es lo que describe Juan?… un viaje al futuro prácticamente; por eso…

Y a partir de ese momento, nos pasa a anunciar un libro titulado “Historia del futuro” que, junto al programa de televisión en el que está hablando, así como en la página web a la que nos dirige, se habla del libro de Revelación como de una historia del futuro, porque para Dios, el futuro es historia…… y hay que reconocer que el juego de palabras está muy bien logrado. Pero volviendo al tema que nos ocupa, habría que entender y siempre según lo afirmado por dicho caballero, que lo que nos muestra Jehová a través de la Revelación dada a Juan por medio de su Hijo Jesucristo, es el mundo tal como será en un futuro: un mundo sin mares y océanos, o lo que es lo mismo, una tierra sin agua…… y salvajada que se topa con unas “pequeñas” objeciones, que a su vez nos llevan a enfrentarnos con una triste y grave realidad. En primer lugar, hablaremos de las citadas “pequeñas” objeciones, recordando por ejemplo, que cuando el Altísimo terminó su obra creativa, dijo lo siguiente:

Después de eso vio Dios todo lo que había hecho y, ¡mire!, era muy bueno. Y llegó a haber tarde y llegó a haber mañana, un día sexto.” (Gén. 1:31).

Luego ¿qué razón habría, para cambiar algo que ya en un principio, Dios había declarado como “muy bueno” y lo cual significaba, que era sencillamente perfecto? Porque además, si el primer hombre no hubiera transgredido el mandato divino, las cosas tal como fueron hechas, obviamente habrían continuado como habían sido creadas en un principio, pues fueron creadas a la medida y necesidades del hombre ¿o no es así? Pero es que por otra parte, la promesa del Altísimo en Hech. 3:20-21 es la siguiente:

“…… y para que él (Jehová) envíe al Cristo nombrado para ustedes, Jesús, 21 a quien el cielo, en verdad, tiene que retener dentro de sí hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo.” (Acotación nuestra).

Entonces lo que vemos en este pasaje es lo siguiente: a partir de la segunda venida de Jesucristo y momento en donde comienza el período de mil años o “reino de Dios”, es cuando se produce la “restauración de todas las cosas”; y todos sabemos que la palabra “restaurar”, significa el devolver algo a su condición original, eso es, exactamente igual a cómo era, pues de lo contrario no podríamos hablar de una “restauración”, sino de una remodelación de las cosas…… y no pequeña a tenor de lo que nos plantea dicho caballero. Pero es que se nos dice que dicha restauración implica a “todas las cosas” y lo que nos lleva a preguntarnos ¿de qué “cosas” estaríamos hablando? Obviamente de aquellas que existieron en tiempos de Adán antes del pecado y que, acordes a las necesidades estructurales del hombre, el Altísimo había creado y declarado como “muy buenas”; y entre las que estaban los mares y los océanos: en definitiva el agua…… pero es que yendo un poco más allá y según el pasaje transcrito, Jehová ya había hablado o comunicado “por boca de sus santos profetas de tiempo antiguoqué cosas serían las restauradas. Y prescindiendo que en algunos de nuestros anteriores artículos, ya hemos dado una amplia relación de las mismas, como por ejemplo en el titulado “¡Y el sapo se convirtió en un príncipe!” (09/04/12), veamos una de las que nuestro Creador nos cita, como que va a ser restaurada durante el milenio y que tiene directa relación con el agua:

“…… pues en el desierto habrán brotado aguas y torrentes en la llanura desértica. 7 Y el suelo abrasado por el calor se habrá puesto como un estanque (y todos sabemos lo que es un estanque) lleno de cañas; y el suelo sediento, como manantiales de agua. En el lugar de habitación de los chacales, un lugar de descanso para ellos, habrá hierba verde con cañas y papiros (lo cual requiere de abundantísima agua).” (Isa. 35:6-7). (Acotaciones nuestras).

Por lo que estaríamos hablando de una autentica transformación, eso es, el pasar de la actual grave carencia de agua dulce apta para el consumo humano que padecemos en nuestros días (al grado que se afirma que las próximas guerras, serán por el control de tan preciado y escaso líquido elemento), a una abundancia inimaginable del mismo por toda la tierra…… como era en un principio. Pero si esta fue una de las cosas prometidas por Jehová en “boca de sus profetas de tiempo antiguo” ¿cómo cuadraría esto, en un mundo sin mares ni océanos, cuando son estos la fuente primaria del agua dulce, imprescindible para toda forma de vida, al menos tal como esta se manifiesta en nuestro planeta? Y continuamos recordando, que Jehová prometió una restauración y no una remodelación y que es lo que habría, si Dios cambiara algo de su diseño original; pero veamos algo más:

Y ustedes, hijos de Sión, gocen y regocíjense en Jehová su Dios; porque de seguro les dará la lluvia de otoño en la medida correcta y hará bajar sobre ustedes un aguacero, lluvia de otoño y lluvia de primavera (eso es, ciclos perfectamente regulados e inalterables), como al principio.” (Joel 2:23). (Acotación nuestra).

Por lo tanto si eso y como nos dicen las Escrituras, era lo que había en un “principio”, esos es, ciclos de lluvias perfectamente regulados, eso es lo que tiene volver a existir si las cosas son “restauradas”…… ¿o no, Sres. Diamond y Norero? Pero es que además, el que continuarán existiendo mares y océanos como en la actualidad y desde que el mundo es mundo (y es que parece increíble el tener que estar hablando aún de tales cosas a estas alturas de la “película”), lo prueba otra profecía que hace referencia a la gobernación de Jesucristo durante el milenio o “reino de Dios”:

Ponte muy gozosa, oh hija de Sión. Grita en triunfo, oh hija de Jerusalén. ¡Mira! Tu rey mismo viene a ti. Es justo, sí, salvado; humilde y cabalga sobre un asno, aun sobre un animal plenamente desarrollado, hijo de una asna. 10 Y ciertamente cortaré de Efraín el carro de guerra y de Jerusalén el caballo. Y el arco de batalla tiene que ser cortado. Y él realmente hablará paz a las naciones; y su gobernación será de mar a mar y desde el Río (el Éufrates) hasta los cabos de la tierra.” (Zac. 9:9-10). (Acotación nuestra).

Luego ¿cómo se puede entender que la gobernación de Jesucristo, la mida Dios de “mar a mar”, si los tales dejaran de existir? ¿De qué, entonces, nos estaría hablando Jehová? Por otra parte ¿cómo podríamos estar hablando de ríos, sin la existencia de mares y origen de los mismos, cuando además todos ellos tienen la “rara” costumbre de desembocar en los tales mares? ¿Nos podrían explicar esos señores, cómo se “come” esto?

Y ya nos disculparán ustedes que insistamos en ello, pero es que el planteamiento presentado, como burrada no está nada mal; pero con todo y ya refiriéndonos a la triste realidad que habría detrás de semejante barbaridad, lo grave del asunto no está tanto en afirmar semejante salvajada (y que también), ni en que de los muchos que siguen a esos dos “genios” de la interpretación bíblica y que ya son como para darles de comer a parte (los que les siguen, pues ¡hay que ver hasta dónde llega el papanatismo!), ninguno se haya percatado de semejante fechoría…… sino en el significado de la afirmación realizada. Porque si esos “caballeros” (algo habrá que llamarles) y a los que el apóstol Pedro calificó de “falsos maestros” (2 Ped. 2:1), por tanto agentes de Satanás, no son capaces de entender el pasaje de Rev. 21:1 y lo que queda probado por la aplicación literal que hacen del mismo y que ha dado lugar a esa animalada que nos han “regalado”, la realidad es que no tiene ni la más remota idea de lo que dicen las Escrituras y en consecuencia, no conocen nada del Plan de Dios para con nosotros…… con lo que de entrada estarían mintiendo a los que les escuchan, en todo aquello que dicen y con el riesgo que ello comporta ante el Altísimo; porque engañar al personal en las cosas de Dios, es algo muy serio, a tenor de las palabras de Jesús:

Pero cualquiera que haga tropezar (o enseñe incorrectamente) a uno de estos pequeños que creen, mejor le sería que se le pusiera alrededor del cuello una piedra de molino como la que el asno hace girar y realmente fuera arrojado al mar.” (Mar. 9:42). (Acotación nuestra).

Porque una cosa es equivocarse en la aplicación de un texto bíblico y error en el que podemos incurrir todos (el mejor escribano comete un borrón ¡ya se sabe!) y otra muy distinta y como es el caso que nos ocupa, el afirmar algo que va contra toda lógica y sentido común y que además, no aguanta un mínimo contraste con el texto escritural. Pero como no saben realmente ni de qué hablan, se permiten el atrevimiento de hacer tan extravagantes interpretaciones, mostrando con ello que desconocen lo fundamental que tiene que saber toda persona que habla de Dios…… eso es, cual es el método apropiado para interpretar correctamente las Escrituras y algo que nos fue dicho hace más de 3.500 años; pero veámoslo:

Por lo cual le dijeron: “Hemos soñado un sueño y no hay intérprete con nosotros”. De modo que les dijo José: “¿No pertenecen a Dios las interpretaciones? Cuéntenmelo, por favor”.” (Gén. 40:8).

Entonces si las interpretaciones pertenecen a Dios y este nos habla a través de Su Palabra, es obvio que es en ellas en dónde tenemos que buscar el significado correcto de las cosas; de hecho es conocido por todos los que más o menos entienden de esto, que la Biblia se interpreta a sí misma…… luego lo que hay que hacer sencillamente, es leerla con mucha atención y luego razonar sobre lo leído, con lógica y sentido común. Al menos eso es lo que se hace en este blog y algo que nos ha funcionado muy bien, pues hasta el día de hoy y partiendo de un absoluto desconocimiento en Teología, Hermenéutica y ciencias afines, además de una total ignorancia en los idiomas originales en los que se escribieron distintas partes de la Biblia, hemos objetado muchas enseñanzas erróneas y disparatadas como la que hoy nos ocupa, sin que nadie por el momento haya podido rebatir nuestros argumentos…… al menos de manera razonable; veremos por tanto, si los Sres. Diamond y Norero son capaces de ello (aunque visto lo visto ¡algo “dificilillo” sí lo tienen!).

Pero hemos dicho que lo grave de la aplicación literal del pasaje de Rev. 21:1, está en la falta general de entendimiento en las Escrituras que subyace detrás de semejante tropelía, por parte de esos dos “genios” contemporáneos de la interpretación bíblica; porque si para esos señores y en el pasaje en cuestión, la afirmación sobre que “el mar ya no existe” resulta literal, obviamente también lo tienen que ser las referencias acerca de un “cambio” por otros “nuevos”, de los demás elementos que aparecen en el mismo, como son el “cielo” y la “tierra” mencionados…… pero resulta que en el contexto general de las Escrituras, no se nos habla para nada de algo parecido a una tierra y cielo literales, que tengan que ser “cambiados” por otros “nuevos”:

Isa. 45:18: “Porque esto es lo que ha dicho Jehová, el Creador de los cielos, Él, el Dios verdadero, el Formador de la tierra y el Hacedor de ella, Él, Aquel que la estableció firmemente, que no la creó sencillamente para nada, que la formó aun para ser habitada (luego no para ser destruida y sustituida por otra): “Yo soy Jehová y no hay ningún otro.” (Acotación nuestra).

Prov. 3:19: “Jehová mismo con sabiduría fundó la tierra. Afirmó sólidamente los cielos con discernimiento.”

Luego lo dicho: no vemos en esas palabras signo alguno de que ambos, cielo y tierra, tengan que ser cambiados, como si Jehová hubiera cometido algún error en su diseño y construcción (y que es lo que daría a entender el simple acto de cambiarlos), sino todo lo contrario, a tenor de lo que leemos en el siguiente pasaje:

Jer. 10:12: “Él es el Hacedor de la tierra por su poder, Aquel que firmemente estableció la tierra productiva por su sabiduría y Aquel que por su entendimiento extendió los cielos.”

Pero si esto es así (y fijo que lo es), probablemente se preguntarán ustedes de qué entonces, se nos habla en Rev. 21:1…… y puesto que la pregunta es oportuna, dejemos y tal como hemos mencionado, que sean las propias Escrituras las que se interpreten a sí mismas y así, evitaremos el meter la “gamba” como de forma tan estrepitosa han hecho esos dos señores. Porque ¿podrían ellos darnos una mínima explicación, de a qué se refiere la Biblia, cuando habla de “nuevos cielos”, de una “nueva tierra” y de un “mar” que ya no existe, más allá de la “golfada” que nos han soltado? Y como entendemos que ni por el forro son capaces de hacerlo, porque con su disparatada afirmación han demostrado ser unos auténticos ignorantes del texto escritural, permítannos que seamos nosotros los que demos dicha explicación. Porque es costumbre en este blog, cuando se rebate cualquier afirmación o enseñanza de otro autor, dar un planteamiento alternativo para que ustedes y como decía un famoso anuncio televisivo “Busquen, comparen y si encuentran algo mejor…… cómprenlo”; por lo que empezaremos y para ponernos en situación, leyendo de nuevo el pasaje de Rev. 21:1:

Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra; porque el cielo anterior y la tierra anterior habían pasado y el mar ya no existe.”

Tengamos en cuenta que la expresión “nuevos cielos y nueva tierra”, aparece solo cuatro veces en las Escrituras y en ninguno de esos lugares, tiene que ver con una tierra o cielos literales…… esos pasajes son los siguientes y por este orden: Isa. 65:17; 66:22; 2 Ped. 3:13 y Rev. 21:1. Y somos conscientes de que puede parecer una exageración, pero es que a juzgar por la interpretación tan disparatada que han hecho acerca del “mar que ya no existe”, estamos convencidos que los Sres. Diamond y Norero no tienen ni la más ligera aproximación, a la idea que se nos quiere transmitir con las palabras del pasaje que estamos analizando; ahora bien, si no es (y obviamente no lo es) lo que afirman esos señores ¿cómo podríamos entender esas palabras?

Fijémonos de entrada que en el texto en cuestión, mientras un “nuevo cielo” y una “nueva tierrasustituyen al cielo y tierra anteriores, el mar al que se hace referencia en dicho texto, no es sustituido sino que deja de existir. De ello se podría deducir, cosa que han hecho dichos caballeros y aplicando su particular y cavernícola lógica de tomar dicho texto de forma literal, que mares y océanos al no tener sustituto, pasarán a formar parte en el nuevo mundo, del baúl de los recuerdos. Y suponemos que eso es así, porque no se nos ocurre otra cosa que pueda justificar dicho disparatado planteamiento; ahora bien ¿nos permite la lógica y el sentido común, tomar ese pasaje de forma literal y llegar a semejante conclusión? Pues no, ya que ni la lógica, ni el sentido común, ni un mínimo conocimiento del registro bíblico, ni siquiera el más elemental sentido del ridículo, nos permite hacer eso; porque veamos.

Algo que sabemos todos aquellos que hablamos sobre las Escrituras o deberíamos de saber y como ya hemos mencionado (pero creemos oportuno el enfatizarlo), es que estas se interpretan a sí mismas y por lo tanto, no hay necesidad de que nosotros le estemos buscando los cinco pies al gato. Porque resulta que este pasaje de Rev. 21:1 y que hace referencia directa a las palabras de 2 Ped. 3:13, tiene estrecha relación con lo que se dice en Isa. 65:17…… y que siendo en donde por primera vez leemos semejante planteamiento, solo sería razonable pensar que dicha circunstancia nos marca ya una línea a seguir y de la que, lógicamente, dependería el significado de Rev. 21:1; por lo que veamos que se nos dice en ese pasaje de Isaías:

Porque, ¡miren!, voy a crear nuevos cielos y una nueva tierra; y las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón.”

Y a partir de ahí, la pregunta obligada sería ¿en qué contexto se cumplieron estas palabras? Pues en el momento en que el pueblo judío fue liberado de Babilonia y devuelto a su tierra de Israel…… y que hasta donde sabemos, Jehová en ese momento no creó otra tierra física con otros cielos literales; entonces ¿qué podrían significar estas palabras? Evidentemente nada que ver con una nueva creación literal, ya que cuando Jehová por boca de Isaías dijo esas palabras, según podemos leer en el capítulo 65 del libro que lleva el nombre de ese profeta, se centró concreta y exclusivamente en las condiciones que reinarían cuando los israelitas regresaran a su tierra natal; por ello en Isa. 65:17-19, leemos lo siguiente:

Porque, ¡miren!, voy a crear nuevos cielos y una nueva tierra; y las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón. 18 Pero alborócense y estén gozosos para siempre en lo que voy a crear. Porque, ¡miren!, voy a crear a Jerusalén una causa para gozo y a su pueblo una causa para alborozo. 19 Y ciertamente estaré gozoso en Jerusalén y me alborozaré en mi pueblo; y ya no se oirá más en ella el sonido de llanto ni el sonido de un lastimero clamor.”

Obviamente tenemos que admitir, que Isaías describió “condiciones” que serían mucho mejores que las que los judíos seguramente conocieron y vivieron mientras permanecían cautivos en Babilonia: predijo gozo, alborozo y felicidad. Ahora analicemos la expresión “nuevos cielos y una nueva tierra” a la luz de los hechos ocurridos, en la que tal como hemos mencionado, resulta ser la primera de las cuatro veces que aparece esta frase en la Biblia y teniendo los cuatro pasajes, una relación directa con nuestro futuro, ya que son proféticos.

El cumplimiento inicial de dicha expresión, relatado en Isa. 65 y como hemos mencionado, tuvo que ver con judíos de la antigüedad, quienes tal como este profeta había predicho con exactitud unos doscientos años antes, regresaron de su destierro por 70 años en Babilonia a su tierra natal y en donde restablecieron la adoración verdadera (Esd. 1:1-4; 3:1-4). Luego es obvio que regresaron a una tierra que se hallaba en este mismo planeta, la tierra de sus antepasados y no en otro “nuevo” planeta; este hecho puede ayudarnos a analizar lo que Isaías quiso decir por “nuevos cielos y una nueva tierra”. Pero que no tenemos necesidad de especular, pues tal y como hemos dicho, es la misma Biblia la que nos aclara lo que Isaías quiso decir, pues en las Escrituras la palabra “tierra” no siempre se refiere a nuestro globo terráqueo; por ejemplo el Sal. 96:1 dice literalmente: “Cante a Jehová, toda la tierra”, así como por su parte el Sal. 66:4, también literalmente dice: “¡Toda la tierra te adorará y cantará a ti! ¡Cantarán a tu nombre!

Sin embargo sabemos que nuestro planeta, eso es, la tierra firme y los inmensos océanos que esta contiene, no pueden ni adorar ni cantar…… es la gente que la habita, quien adora o canta; luego tanto el Sal. 96:1, como el Sal. 66:4 (en este caso, en la segunda parte del mismo), hacen expresa referencia a la gente de la tierra y siendo este, el sentido que se le da al término “tierra” en el pasaje de Isaías. Pero Isa. 65:17 también menciona “nuevos cielos”…… luego entonces y si aceptamos que la “nueva tierra” representaba en ese contexto, a una nueva sociedad de personas en el suelo natal de esos judíos ¿qué se entendería por “nuevos cielos”? Veamos lo que una reputada Enciclopedia Teológica (de McClintock y Strong), nos dice al respecto:

Cuando la palabra “cielo” se menciona en una visión profética, significa […] el conjunto de los poderes gobernantes […] que están por encima de sus súbditos y los gobiernan, tal como el cielo natural está por encima de la tierra y la gobierna.”

En cuanto a la expresión combinada “cielo y tierra”, dicha Enciclopedia explica lo siguiente:

En lenguaje profético, la expresión significa la condición política de personas de diferentes rangos. El cielo es la soberanía; la tierra son los súbditos: hombres que son gobernados por sus superiores.”

Y en línea perfectamente, con lo que se sobreentiende del relato de Isa. 65:17-19, pues cuando los judíos regresaron a su tierra natal, entraron en lo que podríamos considerar como un nuevo orden de cosas; tuvieron un nuevo cuerpo gobernante en el que Zorobabel, descendiente del rey David, era el gobernador y siendo Josué, por otra parte, el sumo sacerdote (Ageo 1:1; 12; 2:21)…… estos (y sus colaboradores) como gobierno, pasaron a constituir los “nuevos cielos”, pero ¿por encima de qué? Pues por encima de una “nueva tierra”, o sea, la nueva sociedad limpia de personas obedientes a Dios, que habían regresado a su tierra natal a fin de reconstruir Jerusalén y su templo, para restaurar la adoración verdadera a Jehová. Por tanto y en este sentido, es que verdaderamente hubo unos “nuevos cielos” y una “nueva tierra” simbólicos en el cumplimiento profético que vivieron los judíos en aquel tiempo.

Luego si en lógica correspondencia, en 2 Ped. 3:13 y en Rev. 21:1, los “nuevos cielos” hacen referencia como hemos visto, a una nueva forma de gobierno (en manos de Jesucristo, en este caso) y la “nueva tierra”, a una renovada sociedad humana (los sobrevivientes de la “gran tribulación”) obediente a su Creador ¿qué significaría en ese contexto “el mar” que deja de existir? Cualquier cosa, afirmamos nosotros, menos aquello que tenga que ver con la literalidad del término, pues veamos de nuevo como la Biblia se interpreta a sí misma y nos da la clave del asunto; en Jer. 50:41-42, por ejemplo, se compara el sonido de los ejércitos que atacaron Babilonia, con un mar que está bullicioso:

¡Miren! Un pueblo viene desde el norte; y una nación grande y reyes grandiosos mismos serán suscitados desde las partes más remotas de la tierra. 42 Arco y jabalina manejan. Son crueles y no mostrarán misericordia. El sonido de ellos es como el mar que está bullicioso y montarán sobre caballos; dispuestos en orden como un solo hombre para guerra contra ti, oh hija de Babilonia.”

Por lo que cuando se predijo que “el marsubiría sobre Babilonia, según Jer. 51:42 (algo dificilillo de producirse literalmente, como no fuera con un nuevo diluvio), debió referirse a la “inundación” figurativa de las tropas de ataque de medos y los persas mencionadas y de ninguna manera, a un mar literal: en primer lugar, por la diferencia de altura sobre el nivel del mar y en segundo lugar, porque no hay registros de la época que mencionen ninguna inundación literal sobre dicha ciudad; pero veamos que se nos dice en el pasaje de Jer. 51:41-42, refiriéndose a la citada Babilonia:

¡Oh, cómo ha sido tomada Sesac y cómo llega a ser capturada la Alabanza de toda la tierra! ¡Cómo ha llegado a ser Babilonia simplemente un objeto de pasmo entre las naciones! 42 El mar ha subido aun sobre Babilonia. Por la multitud de sus olas ha sido cubierta.”

Y dado que el mar no puede “tomar” ni “capturar” nada, es obvio que ese mar mencionado solo puede ser la referencia simbólica al poderoso ejército medo-persa y que en una sola noche, tomó Babilonia. Isaías, por otra parte, asemejó a las personas inicuas de la Tierra, o sea, las muchedumbres alejadas de Dios, al “mar que está siendo agitado” cuando dijo:

Pero los inicuos son como el mar que está siendo agitado, cuando no puede calmarse, cuyas aguas siguen arrojando alga marina y fango.” (Isa. 57:20).

En Rev. 17:1, como otro ejemplo más, se nos muestra a la “gran ramera” sentada sobre “muchas aguas”, mientras que en el versículo 15 del mismo capítulo, se nos explica que “las aguas” sobre las que está sentada Babilonia la Grande (la gran ramera) significan “pueblos y muchedumbres y naciones y lenguas”; Isaías de nuevo, por otra parte, también profetizó en cuanto a la simbólica “mujer” de Dios, Sión, diciendo:

Porque a ti se dirigirá la riqueza del mar; los recursos mismos de las naciones vendrán a ti.” (Isa. 60:1; 5).

Luego estas palabras que evidentemente relacionan la riqueza del “mar” con los recursos de las naciones, solo puede significar que muchas personas de entre las multitudes (semejantes a un mar) de esas naciones de la Tierra, se volverían hacia la adoración verdadera.

También Daniel describió cuatro “bestias” que salieron “del mar” y reveló que simbolizaban reyes o reinos políticos, lo cual evidencia que no estaba hablando de un mar literal, sino del simbólico “mar” de la humanidad (Dan. 7:2-3; 17; 23), ya que el mar literal no produce reyes o reinos ¿no es cierto? De manera similar, Juan habló de una “bestia salvaje que ascendía del mar”, o sea, de la extensa parte de la humanidad que está apartada de Dios; el que se mencione en dicho pasaje unas diademas y un trono, indicaría que esta bestia que sale del “mar” simboliza una organización política…… luego de forma evidente y clara, tiene que tener su origen en el “mar” simbólico de la humanidad y no en un mar literal de agua (Rev. 13:1-2). Y puesto que es el mismo Juan, el que en Rev. 21:1 nos dice que vio en visión el tiempo en que habría “un nuevo cielo y una nueva tierra” (que ya hemos visto cuál es su significado) y que en el mismo contexto, también nos habla de un “mar” que deja de existir, es obvio que lejos de referirse a un mar literal, se estaba refiriendo y al igual que en otras partes de su escrito, a un mar “figurativo” y que hace referencia, como hemos comentado, a las masas turbulentas de personas alejadas de Dios y que en un futuro ya cercano, serán destruidas en la “gran tribulación” y dejaran de existir, como consecuencia del juicio adverso que Jehová ejecutará sobre ellas.

Por eso, en dicho pasaje el mar citado no tiene sustituto, dado que al igual que el cielo y tierra “anteriores” (gobiernos imperfectos y una humanidad apartada de Dios, respectivamente), no es aprovechable y por lo tanto, destruido eternamente. Luego queridos amigos, dejen de preocuparse, que los que lleguen a vivir bajo esos “nuevos cielos y nueva tierra” prometidos, en donde la justicia tendrá su morada eterna (2 Ped. 3:13), podrán (o podremos) seguir disfrutando de los deliciosos productos que Jehová bondadosamente creó para nuestro disfrute en los mares, océanos y ríos, tales como diversas clases de peces, mariscos, etc. sin ningún tipo de problema…… y si nos lo permiten, les recomendamos la langosta con un poquitín de salsa picante canaria, que está realmente para “mojar” pan. Pero es que por otra parte y ya fuera de bromas, nos tendrían que explicar los Sres. Diamond y Norero, no solo a qué se refería Pedro, sino cuándo se producirá el evento futuro, señalado en las siguientes palabras:

Pero hay nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según su promesa y en estos la justicia habrá de morar.” (2 Ped. 3:13).

Porque no olvidemos, que en Rev. 21:1, se nos habla sencillamente de la visión dada a Juan con respecto del cumplimiento de las palabras de Pedro…… y palabras en las que vemos que se nos menciona que hay una “promesa” de por medio, obviamente que solo podía hacer Jehová y que de nuevo nos lleva a las palabras del propio Pedro en Hech. 3:20-21, pues ahí está localizada dicha promesa de Dios y pasaje que podríamos volver a leer:

“…… y para que él (Jehová) envíe al Cristo nombrado para ustedes, Jesús, 21 a quien el cielo, en verdad, tiene que retener dentro de sí hasta los tiempos de la restauración (esta es la promesa en cuestión) de todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo.” (Acotaciones nuestras).

Luego esa promesa divina de “restauración”, está directamente relacionada con las cosas “de que habló Dios por boca de sus profetas de tiempo antiguo” y que se producirán, cuando Él envíe de nuevo al Cristo y en el espacio de tiempo que este anunció como “el reino de Dios” o período de mil años en donde se producirá la “restauración de todas las cosas” y entre ellas el medio ambiente, como ya hemos señalado (recuerden aquello de los estanques llenos de cañas, etc. etc.); por lo que estaríamos hablando de la misma tierra que estamos habitando hoy y no una de nueva…… porque si se tuviera que empezar ya “restaurando” una “nueva tierra” ¡pues que quieren que les digamos, pero algo mal sí empezaríamos! Pero volviendo a los Sres. Diamond y Norero y de los que estamos hablando, les emplazamos públicamente a que nos expliquen, para cuando fijan ellos, la instalación de esos “nuevos cielos y nueva tierra” de los que se nos habla en Rev. 21:1, pues habría que suponer que si no tienen problema para interpretar lo del “mar” que ya no existe más, obviamente tendrían que saber también cuándo se producirá dicha cambio; y ya puestos a pedir, de qué manera se llevaría a cabo ese trasvase de personal, de una tierra a otra…… ¡a que no!

Bien, hasta aquí lo que queríamos decirles, al tiempo de señalarles que a partir de ese momento, ya es competencia personal de cada uno el averiguar quién les está diciendo la verdad y quién les está mintiendo ¡y no por nada en especial!…… “solo” por aquello de que la voluntad de Dios, es que cada uno llegue a un conocimiento exacto (pleno o completo, según versiones) de la verdad, por lo que ahí no tiene cabida la mentira y lo cual nos obliga, a ser muy selectivos en cuanto a creernos todo aquello que nos cuentan; pero veámoslo:

Esto es excelente y acepto a vista de nuestro Salvador, Dios, 4 cuya voluntad es que hombres de toda clase se salven y lleguen a un conocimiento exacto de la verdad.” (1 Tim.2:3-4).

Y lo que está claro como el agua, es que o bien los Sres. Diamond y Norero…… o en su caso, los autores de este blog, una de las dos partes y puesto que decimos cosas diametralmente opuestas, no les está contando la verdad acerca del propósito manifestado de Dios. Y eso es precisamente lo que les toca averiguar a ustedes, si es cierto que se interesan en las cosas de Jehová; por lo que no se olviden, como tantas veces les hemos señalado en nuestros artículos, que según Gál. 6:5 cada uno responderá de sí mismo ante su Creador…… y en dónde, obviamente, tendrá que ver mucho con el resultado final, el aprecio que ya ahora uno muestre por las cosas divinas.

MABEL

EL MISTERIO DEL “GRAN TRONO BLANCO”: ¿ANTES…… O DESPUÉS DEL MILENIO?

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , on 29/01/2012 by Armando López Golart

Y es que la inmensa mayoría de estudiosos que publican en Internet (sino todos) y que nos hablan acerca de este pasaje de Rev. 20:11 (y hasta donde hemos podido comprobar), de forma sorprendente llegan a una misma conclusión: colocar el momento de la aparición del “gran trono blanco” mencionado en dicho pasaje, al final del reino milenario y como continuación de la secuencia de la rebelión y posterior destrucción de Gog de Magog y de sus seguidores, así como del gran instigador de dicha rebelión, Satanás el Diablo…… también nos dicen algunos de ellos (casi la mayoría), que el ocupante de ese singular “trono” es el propio Jehová Dios. Pero claro, cuando uno contrasta dichas afirmaciones, con lo que realmente dicen las Escrituras acerca de ello y siempre que se sea un poco respetuoso con el texto sagrado (en este blog, presumimos de ello), se da cuenta que algo falla en ese planteamiento. Y puesto que es de todos conocida la opinión de los autores de esta página, en el sentido que los mejores “instrumentos” para entender la Biblia, son el leer correctamente y el razonar con lógica y sentido común sobre aquello que se lee, pues desde esta premisa es de la que partiremos para desentrañar el citado “misterio”; dicho lo cual, pasemos a analizar el contenido del citado pasaje:

Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. De delante de él huyeron la tierra y el cielo y no se halló lugar para ellos.”

Es evidente, por lo que sigue a continuación en los versos del 12 al 15, que aquí se nos está hablando de un juicio…… de un gran juicio; pero de entrada ¿dónde en las Escrituras, se nos menciona algo parecido a un “juicio” al final del reino milenario de Dios, como apuntan la inmensa mayoría de esos estudiosos que publican en la Red? Por otra parte, lo único que la Biblia nos cuenta acerca de lo que ocurre al término del período de mil años, lo tenemos en los cuatro versículos inmediatamente anteriores al citado y que son los que contribuyen a confundir al personal…… a partir de eso, el silencio más absoluto acerca de lo que ocurre después de finalizado el milenio; pero leámoslos:

Ahora bien, luego que hayan terminado los mil años, Satanás será soltado de su prisión 8 y saldrá a extraviar a aquellas naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, para reunirlos para la guerra. El número de estos es como la arena del mar. 9 Y avanzaron sobre la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada. Pero descendió fuego del cielo y los devoró. 10 Y el Diablo que los estaba extraviando fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde ya estaban tanto la bestia salvaje como el falso profeta; y serán atormentados (destruidos) día y noche para siempre jamás.” (Rev. 20:7-10). (Acotación nuestra).

Luego de lo que estaríamos hablando aquí, no sería de un juicio propiamente dicho, sino de una prueba que resulta en destrucción inmediata y eterna para aquellos que no la superan. No olvidemos, que los seres humanos y a raíz del pecado de nuestros primeros padres (Adán y Eva), al rechazar estos la soberanía de su Creador para someterse a la de Satanás, nacemos bajo la maldición del pecado heredado. Pero Jehová, en Su Justicia y Misericordia infinitas, tuvo en mente el permitir que cada miembro de la humanidad tuviera en su momento, la oportunidad de decidir por sí mismo (y no que alguien lo haga en su lugar, como ocurrió en el caso de Adán) a qué soberanía decide someterse. Por eso se guarda a Satanás por mil años…… para ser soltado cuando la humanidad haya alcanzado las mismas condiciones de perfección de las que gozaron nuestros primeros padres y poder decidir por sí misma, cómo responder a Satanás en su empeño por extraviar. Entonces queda claro que ese “gran trono blanco” para juicio y siempre partiendo, de lo que comúnmente entendemos por un juicio, no encaja en los acontecimientos que marcan el final del período milenario; entonces…… ¿cómo se resuelve el “misterio”?

Y es que tenemos dos errores fundamentales que cometen aquellos que defienden dicha teoría: el primero y como ya hemos apuntado brevemente, el pasar por alto que en las Escrituras no se nos da ninguna información de lo que ocurre a partir del momento en que Jesucristo devuelve a Jehová el control de la situación (1 Cor. 15:24-28) al final del milenio, pues el registro bíblico solo contempla los hechos que van desde la creación de Adán y Eva, hasta el momento en que Satanás es destruido…… más allá de esto (repetimos), el silencio más absoluto; por lo que nos encontramos con que nada de lo que digan las Escrituras, puede ser ubicado más allá de ese horizonte y por lo cual, todo lo escrito en la Biblia tiene que situarse dentro de los límites de esos dos sucesos mencionados.

El segundo error que incomprensiblemente cometen los que colocan la aparición del citado “gran trono blanco” al final del milenio, es dar por sentado que la narración del capítulo 20 de Revelación es correlativa, sin tener en cuenta su contexto y que una lectura cuidadosa del mismo, nos muestra que eso no puede ser así, porque vamos a ver: en el cap.19 y desde el verso 11 hasta el 21 y final de dicho capítulo, se nos habla de la batalla que libra Jesucristo en su segunda venida, conocida como la batalla de Armagedón, contra “la bestia” y el “falso profeta” (instrumentos de Satanás) y en donde en sus tres últimos versos (19-21), se nos dice lo siguiente:

Vi entonces a la Bestia y a los reyes de la tierra con sus ejércitos reunidos para entablar combate contra el que iba montado en el caballo (Jesucristo) y contra su ejército. 20 Pero la Bestia fue capturada y con ella el falso profeta, el que había realizado al servicio de la Bestia las señales con que seducía a los que habían aceptado la marca de la Bestia y a los que adoraban su imagen; los dos fueron arrojados vivos al lago del fuego que arde con azufre. 21 Los demás fueron exterminados por la espada que sale de la boca del que monta el caballo y todas las aves se hartaron de sus carnes.” (Acotación nuestra).

Y así termina, la narración de la batalla más importante y decisiva que la humanidad jamás haya peleado en toda la historia de la misma: la batalla de Armagedón…… pero continuemos. Los tres primeros versículos del siguiente capítulo 20, nos relatan a grandes rasgos el aprisionamiento de Satanás, para a continuación y ya una vez restablecida la calma, continuar con la siguiente secuencia registrada en el versículo 4:

Y vi tronos y hubo quienes se sentaron en ellos y se les dio poder para juzgar. Sí, vi las almas de los que fueron ejecutados con hacha por el testimonio que dieron de Jesús y por hablar acerca de Dios y los que no habían adorado ni a la bestia salvaje ni a su imagen y que no habían recibido la marca sobre la frente ni sobre la mano. Y llegaron a vivir y reinaron con el Cristo por mil años.”

Dado que los versículos 5 y 6, solo nos dan características de los que se sientan en esos tronos, nos centraremos en ese verso 4 y pasaje, en donde vemos lo que podría considerarse como la toma de posesión de sus respectivos tronos, de aquellos que han sido considerados “dignos” (Rev. 3:4) del privilegio de gobernar junto a Jesucristo durante el período milenario, ya que después de informarnos la razón de tan alto galardón (fueron ejecutados con hacha “por el testimonio” que dieron de Jesús, entre otra cosas), se nos dice de ellos que “reinaron con el Cristo por mil años”. Luego siendo esto así, en este preciso instante estaríamos situados en el mismísimo momento en que da inicio el reino de mil años de Dios. Sin embargo, hay que notar que en este cuadro, nos falta algo…… pero prosigamos.

Y ahora llegamos, a los siguientes cuatro versículos, del 7 al 10 y causantes de ese misterioso desaguisado, porque ¿qué pintan esos cuatro textos ahí y que de repente, nos trasladan al final de los mil años? Porque de ser eso así y eso es al menos, lo que interpretan la inmensa mayoría de los “entendidos” en la materia, nos encontraríamos con el siguiente despropósito: un libro (la Biblia) que gira en torno a una idea o tema central, como es el reino de Dios y motivo principal de la venida de Jesús a la tierra (Luc. 4:43), al tiempo que marco en donde se tiene que llevar a cabo “la restauración de todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo” (Hech. 3:21)…… no nos dice absolutamente nada de ello. Porque la realidad, es que ese pasaje nos traslada del momento de inicio del reino milenario, al final del mismo y con lo que nos quedamos sin saber, qué es lo que va a ocurrir durante el espacio de tiempo (mil años) más esperado por la humanidad y como hemos dicho, tema central de las Escrituras…… realmente un auténtico e incomprensible despropósito.

Y toda esa patulea de diplomados en teología y “genios” de la interpretación bíblica, que así mismos se erigen como Hijos de Dios y por tanto, supuestamente poseedores del “espíritu de la verdad” del que presumen (Juan 16:13), aceptan dicho planteamiento como correcto y en una clara manifestación de no saber ni por dónde les sopla el aire en este asunto…… y en muchos otros, nos imaginamos. Es más, en un intento de poder cuadrar lo que según ellos tiene que ocurrir después del milenio, pues no olvidemos que ese pasaje trasladaría todo lo que a continuación le sigue, al final del mismo, se inventan las más disparatadas teorías; vean la “sapiencia” de uno de esos “entendidos”, leyendo el siguiente comentario:

Antes del juicio del gran trono blanco sé declara en Apocalipsis 20:11: «huyeron el cielo y la tierra; y ningún lugar se encontró para ellos». Cumplida la carrera de la historia humana, se destruye la antigua creación, como se expresa en Apocalipsis 21:1: «el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más». 2 Pedro 3:10-12 se refiere a este acontecimiento y describe la dramática destrucción con estas palabras: «Los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas» (y. 10). En el versículo siguiente declara: «todas estas cosas han de ser deshechas» (v. 11); y en el versículo 12 estos conceptos se combinan cuando dice: «los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán». Debido a la destrucción de la tierra y el cielo actuales, parece que el juicio del gran trono blanco se realiza en el espacio.”

Y ya nos perdonarán ustedes el exceso, queridos lectores ¡pero es que hay que ser animal, para decir semejante salvajada! Sin embargo, esto lo pueden leer tal cual, en la página “http://seminarioabierto.com” y en el estudio 51 “El juicio del Gran Trono Blanco” por Lewis Sperry Chafer y bajo el subtema “La destrucción de los cielos y la tierra”.

Ahora bien y volviendo al camino de lo sensato ¿existe una explicación coherente y lógica del porqué de ese pasaje, que está en un lugar en donde aparentemente no debiera de estar? Obviamente sí, cuando uno lee con atención y procura razonar con lógica y sentido común sobre aquello que ha leído, tanto del pasaje en cuestión…… como de su contexto, pues es ahí donde está la clave del asunto. Porque todo nos indica que nos encontramos ante lo que podríamos considerar, como un paréntesis aclaratorio de algo que se ha producido en la porción del capítulo 19 mencionada y que quizás se nos ha pasado por alto, pero hecho que tendrá su repercusión al término de dicho período de mil años; y es que por medio de ese paréntesis, Jehová nos estaría explicando la razón del porque Satanás no fue destruido en la batalla de Armagedón, al igual que lo fueron la “bestia salvaje” y el “falso profeta”. Y es que de no existir ese paréntesis aclaratorio, sería del todo incomprensible para nosotros, el entender que Jehová destruyera todo el montaje satánico en la citada batalla y no lo hiciera con el verdadero instigador del mismo, eso es, el propio Satanás…… y esta es la razón, por la cual se intercalan esos cuatro versos: para explicarnos el porqué de la actitud de Jehová con ese maligno personaje y que es guardado para un propósito determinado. Averiguada la importante razón de la existencia de esa información, vemos que después de ese controvertido pasaje, de nuevo volvemos a la secuencia lógica del relato, eso es, pasando del verso 6 al 11 y en donde nos situamos en el mismo lugar de donde habíamos partido: al inicio del Milenio.

¿Y qué vemos allí, en ese versículo 11? Pues el detalle que, recordarán ustedes, echábamos en falta en el relato de los versículos del 4 al 6: el trono del que tenía que presidir entre los sentados en los restantes tronos citados en dicho pasaje; pero recordémoslo:

Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. De delante de él huyeron la tierra y el cielo y no se halló lugar para ellos.” (Verso 11).

Notemos el hecho, que es de delante de la presencia del personaje en cuestión, que huyen tanto el cielo como la tierra y no de la presencia de los sentados en los restantes tronos y lo cual nos hace pensar, que estamos ante un personaje notabilísimo. Y recordemos, pues es importantísimo para una correcta comprensión de lo que estamos hablando, que aún estamos en el mismísimo inicio del milenio y en la toma de posesión de los distintos miembros que conformarán dicho gobierno, de sus respectivos asientos y que por lo tanto, aún no se había dado inicio a ningún tipo de actividad correspondiente a dicho período de tiempo…… y que ya hemos señalado que dicha actividad tiene que ver, con “la restauración de todas las cosas de las que habló Jehová por boca de sus profetas de tiempo antiguo”. Pero averigüemos quién es el que está sentado en dicho majestuoso trono y de lo que pocas dudas puede haber al respecto, cuando se atiende debidamente la información que las Escrituras nos dan: el excelso personaje en cuestión es Jesucristo y no Jehová, como apuntan algunos; veamos las pruebas de ello, por ejemplo, en Hechos 17:30-31, en donde leemos lo siguiente:

Cierto, Dios ha pasado por alto los tiempos de tal ignorancia; sin embargo, ahora está diciéndole a la humanidad que todos en todas partes se arrepientan. 31 Porque ha fijado un día en que se propone juzgar la tierra habitada con justicia por un varón a quien ha nombrado y ha proporcionado a todos los hombres una garantía con haberlo resucitado de entre los muertos.”

Bien, leído esto, no nos queda ninguna duda que el varón que recibe tan alta responsabilidad de “juzgar la tierra habitada”, evidentemente es Jesucristo. Circunstancia esta, que ya había apuntado el propio Jesús, en Juan 5:22:

Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha encargado todo el juicio al Hijo.”

Por otra parte, también el apóstol Pablo, tenía eso perfectamente entendido, según sus palabras registradas en 2 Tim. 4:1:

Te requiero delante de Dios y de Cristo Jesús, quien ha de juzgar a los vivos y a los muertos…….”

Luego, puesto que estamos hablando de un trono desde el que se va a impartir juicio, no queda la menor duda de quién tomara asiento en dicho trono: el glorificado Jesucristo. Y dado que Cristo reina por mil años y que al término de los cuales, entrega de vuelta dicho reino a su Padre Celestial (1 Cor.15:24), este pasaje de Rev. 20:11, no puede situarse el final del Milenio sino al principio del mismo…… pues de lo contrario, Jesucristo no tendría tiempo ni de sentarse en ese trono, coloquialmente hablando; pero veamos algunas pruebas de que ello es así y para lo cual, leeremos de nuevo, el texto en cuestión:

Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. De delante de él huyeron la tierra y el cielo y no se halló lugar para ellos.”

Ahora bien, preguntémonos ¿qué es lo que realmente huyó, de delante del trono y del que estaba sentado en él? ¿El cielo y la tierra literales? Evidentemente no, al menos cuando dejamos que la Biblia se explique a sí misma; y para ello, acudiremos a unas palabras registradas en 2 Ped. 3:13:

Pero hay nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según su promesa y en estos la justicia habrá de morar.”

Es altamente revelador, que las cuatro únicas veces que aparece esta expresión “nuevos cielos y nueva tierra” en el registro bíblico, su significado siempre es el mismo: el “cielo” representa soberanía o gobierno, mientras la “tierra” representa a súbditos bajo ese gobierno, eso es, hombres que son gobernados por sus superiores. Por ello, tomemos como punto de referencia el pasaje de Isa. 65:17 y en donde aparece por primera vez dicha expresión, cuyo relato sienta el precedente a partir del cual, se debe entender el significado de “nuevos cielos y nueva tierra”:

Porque, ¡miren!, voy a crear nuevos cielos y una nueva tierra; y las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón.”

Dado que estas palabras fueron escritas unos 700 años a.E.C. y no hay registro alguno de esa época ni posterior que nos hable de un cataclismo tal, que hubiera cambiado los cielos y tierra físicos, evidentemente Jehová se estaba refiriendo a otra cosa…… ¿pero cuál cosa? Para averiguarlo, leamos ahora los dos versículos siguientes, el 18 y el 19:

Pero alborócense y estén gozosos para siempre en lo que voy a crear. Porque, ¡miren!, voy a crear a Jerusalén una causa para gozo y a su pueblo una causa para alborozo. 19 Y ciertamente estaré gozoso en Jerusalén y me alborozaré en mi pueblo; y ya no se oirá más en ella el sonido de llanto ni el sonido de un lastimero clamor.”

Luego de lo que se nos está hablando aquí, no es de un cambio de elementos físicos literales, sino de un cambio de circunstancias personales, lo cual se llevó a efecto cuando los judíos regresaron a su tierra natal, después de su exilio de 70 años en Babilonia y pasaron a vivir en lo que se podía considerar un nuevo orden o sistema de cosas. Tuvieron un nuevo cuerpo de gobierno siendo Zorobabel, descendiente del rey David, el gobernador y Josué, el sumo sacerdote (Ageo 1:1, 12; 2:21; Zac. 6:11). Estos y sus lógicos colaboradores, constituyeron los “nuevos cielos” prometidos, pero ¿por encima de qué? Pues esos nuevos cielos estaban por encima de una “nueva tierra”, o sea, la nueva sociedad limpia de personas que habían regresado a su antiguo país de procedencia, a fin de reconstruir Jerusalén y su templo para restablecimiento de la adoración pura a Jehová y que estaban en sujeción a esos “nuevos cielos”. Por tanto, verdaderamente hubo unos “nuevos cielos y una nueva tierra” en cumplimiento de la promesa de Jehová, en lo que vivieron los judíos en aquel tiempo y distintos, de los “cielos” anteriores (el idolátrico gobierno babilónico) y de la “tierra” anterior (la pagana y extraña tierra de Babilonia) que por espacio de 70 años (Jer. 25:11), tuvieron que soportar.

Y de eso precisamente se nos habla, con referencia a nuestro futuro más inmediato, en las ya citadas palabras de 2 Ped. 3:13 sobre los “nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según su promesa” y que se corresponden al “nuevo cielo” y la “nueva tierra” de Rev. 21:1:

Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra; porque el cielo anterior y la tierra anterior habían pasado y el mar ya no existe.”

Ahora bien ¿y cuáles son entonces, el “cielo” y “tierraanteriores, así como “el mar” que habían pasado? Pues aquellos que huyeron de delante del “gran trono blanco” y que tienen que ver, con el actual sistema de deficiente gobernación de hechura humana (como “cielos”) y esta miserable sociedad de corrupción, maldad, vicio y violencia en la que nos esforzamos por sobrevivir (como “tierra”); y que también se menciona, como el conjunto de las masas turbulentas de la humanidad apartada de Dios (el “mar”) y de las que Pablo ya nos apuntó sus detestables actitudes en 2 Tim. 3:1-5 y que serán barridos ambos, por el establecimiento del reino de Dios en manos de Cristo (Dan. 2:44-45). En su lugar, nos encontraremos (según Rev. 21:1) bajo un “nuevo cielo”, eso es, la nueva gobernación de hechura divina presidida por Cristo con sus colaboradores y en una “nueva tierra”, o lo que es lo mismo, con la nueva sociedad humana sobreviviente de la “gran tribulación” y en consecuencia, respetuosa y obediente a las disposiciones y propósitos de su Creador…… pues de no ser así, no habrían sobrevivido:

De modo que le dije inmediatamente: “Señor mío, tú eres el que sabe”. Y me dijo: “Estos son los que salen de la gran tribulación y han lavado sus ropas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. 15 Por eso están delante del trono de Dios; y le están rindiendo servicio sagrado día y noche en su templo; y El que está sentado en el trono extenderá su tienda sobre ellos.” (Rev. 7:14-15).

En otras palabras: han ejercido fe en Jesús como su Rescatador y gozan así de una buena conciencia por su conducta recta; así que están en condición limpia y aprobada a los ojos de Jehová y del Cordero…… luego una tierra de donde habrá desaparecido el tumultuoso y embravecido “mar” de la humanidad opuesta a Jehová y seguidora de los designios de Satanás (Isa. 57:20). Todo considerado y viendo que el momento del cambio de los “nuevos cielos y la nueva tierra” por aquellos que huyen de delante del “gran trono blanco”, corresponde al momento de la instauración del reino milenario, entendemos que nos encontramos ya dentro de ese período y en el preciso momento de su inicio y no al final de él, como incomprensiblemente afirman algunos al colocar dicho pasaje de Rev. 20:11, al término de los mil años; ¿y ahora qué?…… pues ahora hay que empezar a trabajar, pues notemos lo que ve Juan a continuación de la aparición del “gran trono blanco” y del que en él está sentado:

Y vi a los muertos, los grandes y los pequeños, de pie delante del trono y se abrieron rollos. Pero se abrió otro rollo; es el rollo de la vida. Y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los rollos según sus hechos. 13 Y el mar entregó los muertos que había en él y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos y fueron juzgados individualmente según sus hechos. 14 Y la muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Esto significa la muerte segunda: el lago de fuego. 15 Además, cualquiera a quien no se halló escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.” (Rev. 20:12-15).

Luego lo que se deduce inevitablemente de este pasaje, es que una vez recién iniciado el período milenario y con todo dispuesto, empieza y de forma progresiva, lo que podríamos considerar como la segunda resurrección y cuyos participantes se irán añadiendo a la “gran muchedumbre” sobreviviente de la pasada “gran tribulación” (Rev. 7:9; 14), con lo que se da inicio a una ingente y titánica labor, que evidentemente requiere de mucho tiempo y que comentaremos más adelante. Pero ahora recordemos que en Hech. 17:31, se nos dice que Jehová “ha fijado un día en que se propone juzgar la tierra habitada”; entonces ¿de qué se nos está hablando aquí? Pues exactamente del milenio o período de tiempo, durante el cual se va a llevar a cabo, la parte más importante y última del Excelso Plan de Jehová para “la restauración de todas las cosas” (Hech. 3:21). Para entender esto, retrocedamos hasta los tiempos de nuestro primer antepasado Adán y veamos la advertencia que el Creador le hizo:

Y también impuso Jehová Dios este mandato al hombre: “De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho. 17 Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás.”

Y aunque todos conocemos la “tontería” que cometió Adán y así nos luce el pelo, lo cierto es que no murió en el mismo día literal en que pecó, ya que de ser así, no hubiera podido dejar descendencia; y aunque solo se conocen por nombre tres de sus hijos (Caín, Abel y Set), el registro bíblico nos habla de lo siguiente:

Y los días de Adán después de engendrar a Set (luego ya hacía mucho tiempo que habían sido expulsados de Edén, a causa del pecado) llegaron a ser ochocientos años. Entretanto, llegó a ser padre de hijos e hijas.” (Gén. 5:4). (Acotación nuestra).

En total y según el registro bíblico, Adán vivió 930 años:

De modo que todos los días de Adán que él vivió ascendieron a novecientos treinta años y murió.” (Gén. 5:5).

Entonces ¿qué ocurrió? ¿Acaso se olvidó Jehová de cumplir su sentencia? No, si tomamos en cuenta la advertencia que en su día, citando del Sal. 90:4, nos hizo el apóstol Pedro:

Sin embargo, no vayan a dejar que este hecho en particular se les escape, amados, que un día es para con Jehová como mil años y mil años como un día.” (2 Ped. 3:8).

Entonces y según esta regla de Jehová, Adán murió dentro del “día” que pecó y ajustándose por tanto dicho suceso, perfectamente a la advertencia divina. Y debería ser mediante esta regla, que deberíamos de entender que el “un día” fijado por Jehová en Hech. 17:31, consta de mil años y que coincide con el reinado milenario de Jesucristo. Ya aceptado esto, consideremos cual va a ser el cometido de ese gobierno del reino de Dios, compuesto de reyes y sacerdotes, con relación a los mencionados sobrevivientes y a las personas que gradualmente, vayan siendo resucitadas…… todos ellos en condición de súbditos de ese reino. Recordemos que según Rev. 20:12, se nos dice lo siguiente:

“.….. y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los rollos según sus hechos.”

Pero uno, que ha oído las barbaridades que se enseñan por ahí, acerca del juicio a los que participan de la segunda resurrección y a partir de la disparatada interpretación de Juan 5:28-29, podría pensar lo siguiente: ¿Se reducirá ese juzgar a decirle a una persona resucitada: “Ud. fulanito, como en su vida anterior, hizo el mal, ¡hala!, al lago de fuego”, o quizás: “Pero como Ud. sotanito, hizo el bien, venga para la vida eterna” y ya rizando el rizo: “Y Ud. menganito, como la cosa se quedó en ni fu ni fa, pues en fin, haremos un poco la vista gorda, que por algo somos buenos y venga, también a la vida eterna”? Y aunque es evidente el tono jocoso empleado y rogamos sepan disculparnos la licencia, también es cierto que sería una buena caricatura de las muchas barbaridades sin fundamento bíblico que se van enseñando acerca de este tema, por esos “genios” diplomados en Teología y enseñanzas afines.

Pero resulta que afortunadamente, la cosa es más seria y razonable que todo eso, siempre a la luz de las escrituras, pues en primer lugar, es muy dudoso el que a una persona resucitada se la pueda someter a juicio, por lo que “hizo” estando en vida y a partir de lo que nos dice la Biblia:

Porque el salario que el pecado paga es muerte……” (Rom. 6:23).

Por lo cual deberíamos concluir, que al morir, uno ha saldado su deuda…… al menos, eso parece deducirse del caso de Adán y al que no le fue exigido nada más, que la vida que tenía en ese momento como pago por su error; pero como nosotros nunca hacemos una afirmación que no podamos probar con su correspondiente apoyo bíblico, lean lo siguiente:

Porque el que ha muerto, ha sido absuelto (“justificado”, “liberado”, “redimido” o “libertado”, según versiones) del pecado.” (Rom. 6:7). (Acotación nuestra).

Y eso no significa, que de lo que se nos absuelve es sencillamente del pecado Adánico (que nos ha venido impuesto) y no de nuestras personales malas acciones mientras estábamos vivos y por las cuales, ser juzgados en algún lugar o momento del futuro. Eso no puede ser así, dado que las tales son el resultado directo de la imperfección heredada como consecuencia del primer pecado, luego consecuencia lógica del mismo. Y que eso es cierto, nos lo prueban las palabras de Pablo y que es un claro alegato en defensa de la veracidad de nuestra afirmación; veamos el pasaje en cuestión:

Pues bien sé yo que nada bueno habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, 19 puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero. 20 Y, si hago lo que no quiero, no soy yo quien lo obra, sino el pecado que habita en mí. 21 Descubro, pues, esta ley: aun queriendo hacer el bien, es el mal el que se me presenta.” (Rom. 7:18-21).

Luego claramente se deduce de estas palabras, que toda mala acción (de la índole que sea) es clara consecuencia de la imperfección causada por el pecado heredado. Y cierto es que no todos, afortunadamente, vamos por ahí matando gente, extorsionando, secuestrando u otras lindezas por el estilo como hacen algunos; pero también es cierto, que no todos nos hemos formado como personas en iguales circunstancias, ni tenido las mismas oportunidades en la vida. Como decía el genial filósofo y ensayista español, D. José Ortega y Gasset “El hombre es él…… y sus circunstancias” o como lo podríamos traducir, el hombre lejos de crear las circunstancias, es sencillamente víctima de las mismas. Y es que cuando uno ha nacido en una nación en continuo conflicto bélico, por ejemplo, lo más normal para él desde su tierna infancia, es ir con un fusil por ahí matando gente y procurando a la vez no ser matado…… y esa es toda la historia. No es cuestión por tanto, de que uno sea más bueno o más malo, con referencia a otros, sino de las circunstancias en las que cada uno se ha ido formando y que en la inmensa mayoría de los casos, nos han venido impuestas. Y de ninguna manera significa esta reflexión, el que estamos intentando justificar lo injustificable, sino esbozar lo que bien pudiera ser el punto de vista de nuestro Creador, a tenor de Su Predisposición con respecto de su creación humana y siempre a la luz de Sus Palabras:

Vengan, pues y enderecemos los asuntos entre nosotros, dice Jehová. Aunque los pecados de ustedes resulten ser como escarlata, se les hará blancos justamente como la nieve; aunque sean rojos como tela de carmesí, llegarán a ser aun como la lana. 19 Si ustedes muestran buena disposición y de veras escuchan, comerán lo bueno de la tierra. 20 Pero si rehúsan y realmente son rebeldes, por una espada serán comidos; porque la mismísima boca de Jehová lo ha hablado.” (Isa. 1:18-20).

Dicho esto y volviendo al pasaje de Rom. 6:7, razonablemente entendemos que con la muerte uno cancela totalmente su deuda y por eso después de esta, uno no puede ser de nuevo sometido a juicio por los actos cometidos durante su vida y por los que como hemos visto, ya ha pagado. Contrario, por lo tanto, a lo que absurdamente afirman una inmensa mayoría y basándose en una disparatada interpretación de Dan. 12:2 y Juan 5:28-29; por eso se nos dice lo siguiente, en Rev. 20:12:

Y vi a los muertos, los grandes y los pequeños, de pie delante del trono y se abrieron rollos. Pero se abrió otro rollo; es el rollo de la vida. Y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los rollos según sus hechos.”

Analicemos este pasaje brevemente: en él se nos muestra que se abrirán rollos divinos, o libros con nueva información y que se juzgará a los muertos resucitados de acuerdo con las cosas escritas en esos rollos y según sus hechos, es decir, según su obediencia o desobediencia a esas nuevas instrucciones divinas y siempre a partir de su nueva condición (bien sea como sobreviviente o resucitado), pues ya hemos visto que no pueden ser juzgados por sus hechos en su vida anterior. Y por lo tanto, las personas que irán siendo resucitadas, así como la “grande muchedumbre” que sobrevivirá a la “gran tribulación” ya tan cercana, tendrán que ir ajustando sus conductas a la nueva información que en forma de provisiones espirituales, gradualmente Jehová irá poniendo a disposición de ellos para liberarlos de los nocivos efectos del pecado y con ello, de la muerte subsiguiente; notemos que en Rev. 7:17, se nos dice así:

Porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a los manantiales de las aguas de la vida. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos.”

Luego esos manantiales de “aguas de vida”, tendrán que ver con nueva información dadora de vida (los rollos que se abren) y que administrada de forma conveniente por el gobierno del reino de Dios, gradualmente irá sanando a las personas tanto física, como moral y espiritualmente, hasta llevarlas a la perfección…… como pueden ver, realmente una ingente y titánica labor, como hemos señalado con anterioridad. Y todo esto, repetimos, nada tiene que ver con la disparatada idea que algunos tienen de Daniel 12:2 y Juan 5:28-29, en el sentido de una primera resurrección para vida de los justos y al cabo de los mil años, una segunda para condenación o destrucción eterna de los injustos, por sus malos actos cometidos en vida…… eso es sencillamente un disparate y no saber uno de lo que está hablando. No obstante y para una mayor consideración de este tema, pueden dirigirse a uno de nuestros anteriores artículos “El Reino y la esperanza de la resurrección” de 13 de Febrero de 2010.

Ahora bien ¿y cómo acaba ese largo “día” de juicio de mil años? Pues en un rotundo y fantástico éxito del que está sentado en el “gran trono blanco” y de sus ayudantes que se sientan en los otros tronos subordinados, en su comisión de “restauración de todas las cosas” (Hech. 3:21), tal como les fue encomendada por el Supremo y Excelso Soberano sobre todo el Universo, nuestro Dios Jehová. Veamos el resultado: la tierra luce con deslumbrante esplendor, siendo la paz el común denominador entre todo ser vivo que habita sobre ella…… y el hombre, la más espectacular creación de Dios sobre toda la tierra, ha sido llevado a una completa perfección como la que en su día disfrutaron Adán y Eva; luego ya estamos en los últimos instantes de los mil años concedidos para tan espectacular logro. Pero ahora, tiene que acontecer algo que, como de pasada y aviso para navegantes, se nos informó más de mil años atrás, cuando leíamos un maravilloso conjunto de libritos como un todo, llamado La Biblia y en donde en el último de ellos, se nos decía lo siguiente:

Cuando se terminen los mil años, será Satanás soltado de su prisión 8 y saldrá a seducir a las naciones de los cuatro extremos de la tierra, a Gog y a Magog y a reunirlos para la guerra, numerosos como la arena del mar.” (Rev. 20:7-8).

Cómo hará Satanás para entrampar a gente de todas las naciones, que “numerosos como la arena del mar” le seguirán en ese tiempo, no lo sabemos dado que la Biblia no nos habla de ello. Pero lo que sí sabemos o al menos eso es lo que nos imaginamos, es que los que estarán entre esos rebeldes, serán aquellos que habiendo disfrutado egoístamente de las provisiones que resultarán en beneficios físicos y medio ambientales que progresivamente se irán produciendo durante el transcurso de los mil años, habrán hecho caso omiso de las espirituales y tan necesarias para “estar firmes contra las maquinaciones del Diablo” (Efe. 6:10). Estos y al igual que Adán y Eva en su momento, fracasarán estrepitosamente en cuanto a superar la prueba final a la que será sometida la humanidad y acarreándose con ello destrucción eterna inmediata. Sin embargo, aquellos que valoren sobre todas las demás, dichas provisiones espirituales y hagan el oportuno uso y acopio de ellas, superarán dicha prueba y serán por ello, de nuevo reconocidos como Hijos perfectos de Él y con la perspectiva de continuar viviendo por una eternidad sin nada que les cause disturbio. Es en este momento, cuando en armonía con 1 Cor. 15:24-28, Jesucristo, cabalmente cumplida la misión encomendada, entrega el reino de mil años a su Padre Celestial, cuando ya todo enemigo ha sido subyugado (incluida la muerte), eso es, un mundo perfecto y sin mácula, en definitiva, un paraíso como en los tiempos de Adán y Eva.

Pero claro, estamos hablando de una moneda que tiene dos caras, puesto que hemos visto que hay dos opiniones opuestas acerca de un mismo asunto; y debido a ello, quizás usted querido lector, se pregunte como puede estar seguro de que las cosas son como se las contamos nosotros y no, como se las cuentan esos “genios” de la interpretación bíblica mencionados. Y lo cual nos parece una actitud razonable por su parte y por lo que nos permitimos sugerirle algo: ponga en práctica un método que nosotros siempre usamos, para averiguar si determinada idea o enseñanza es fiable o no; y que consiste en el sencillo proceso de desarrollar la citada enseñanza hasta sus últimas consecuencias…… y ver en que acaba. O sea, pregúntese por un momento, querido amigo que nos lee, lo siguiente: ¿Qué ocurriría, si realmente el “gran trono blanco” de Rev. 20:11, apareciera al término de los mil años del reino de Dios y no al principio de ellos? Pues que si usted sigue nuestro consejo de razonar con lógica y sentido común, acerca de aquello que lee, tendría que aceptar que todo lo que está escrito a continuación de dicho pasaje de Rev. 20:11, inevitablemente también ocurre después del reinado milenario de Cristo y con lo que nos encontraríamos con lo siguiente:

Que cuando “baja” Jehová para extender “su tienda” sobre la humanidad y según leemos en Rev. 21:3-4, se encuentra con que la tierra y después de mil años de gobierno mesiánico, continua siendo un desastre, eso es, un valle de lágrimas, clamor y dolor, además con la muerte aun dando guerra por ahí y que según Pablo, ya Jesucristo había reducido a la nada para cuando devuelve el reino a su Padre; sin embargo y a tenor del planteamiento de esos “genios” de la interpretación bíblica, no parece que Pablo tuviera su mejor momento el día que escribió eso, porque…… vea, vea:

Con eso, oí una voz fuerte desde el trono decir: “¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad y él residirá con ellos y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos. 4 Y limpiará (obviamente tiene que hacerlo Jehová) toda lágrima de sus ojos y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores (supuestamente las que han existido durante el milenio) han pasado.” (Rev. 21:3-4). (Acotaciones nuestras).

Luego y si como dichos “entendidos” nos dicen, los acontecimientos que se relatan en Rev. 21 tienen su cumplimiento después de finalizado el milenio (pues se producen a continuación de la aparición del “gran trono blanco”), resulta que para cuando Jehová toma las riendas del asunto y según nos dice la propia Biblia, se encuentra con un fracaso total del gobierno milenario, porque continúan existiendo en la Tierra y que el propio Jehová tiene que limpiar, lágrimas, clamor, dolor, muerte y lo cual hace tomar al Creador y para remediar tal fracaso, la siguiente decisión:

Y Aquel que estaba sentado en el trono dijo: “¡Mira!, voy a hacer nuevas todas las cosas.” (Rev. 21:5).

O sea que Jehová y después de mil años de gobierno teocrático a cargo de Jesucristo y asociados, viendo cómo está el “percal”, de nuevo tiene que cambiar radicalmente todas las cosas, como hizo mil años atrás al destruir a todos los gobiernos humanos y establecer el suyo propio (como hemos leído) y haciéndolas otra vez nuevas, porque se tiene que suponer que durante ese reinado milenario y visto el resultado, se han hecho mal, tirando a peor…… de lo contrario ¿qué necesidad habría de cambiarlas? Y es que fíjense en cómo Jehová se encontraría el “patio”, según Rev. 21: 8, si el planteamiento que esos señores nos hacen fuera cierto:

Pero en cuanto a los cobardes y los que no tienen fe y los que son repugnantes en su suciedad y asesinos y fornicadores y los que practican espiritismo, e idólatras y todos los mentirosos, su porción será en el lago que arde con fuego y azufre. Esto significa la muerte segunda.”

Entonces, si esto es lo que hay después del reinado milenario de Cristo, una ingente colección de cobardes, repugnantes, asesinos, fornicadores, espiritistas, idólatras, mentirosos…… en fin, lo mejorcito de cada casa y que Jehová se tiene que “cargar”, ello nos lleva por lógica a preguntarnos lo siguiente: ¿Pero qué han hecho entonces, Jesucristo y compañía durante esos mil años? ¿No habíamos quedado y según Pablo, que para cuando Cristo entrega el reino a su Padre Celestial, le entrega un mundo perfecto en todos sus extremos? Y claro, esta última pregunta nos lleva inevitablemente a la siguiente conclusión: o Pablo nos mintió y con él la propia Biblia, o esos señores que enseñan semejante salvajada (la aparición del “gran trono blanco” para después del milenio), no tienen ni puñetera idea de lo que realmente dicen las Escrituras. Y no sabemos, querido amigo, por cuál de las dos opciones se decantará usted, pero nosotros…… lo tenemos clarísimo.

MABEL

CUANDO EL ABSURDO SUPERA LOS LÍMITES.

Posted in Uncategorized with tags , , , , on 01/08/2010 by Armando López Golart

Y es que cuando lo creíamos tener todo más o menos visto, en cuanto a disparates publicados en Internet acerca de las Escrituras, nos hemos encontrado con un artículo que nos ha dejado estupefactos. Tanto es así, que lo hemos tenido que leer varias veces para convencernos de que efectivamente, decía aquello que nosotros estábamos entendiendo que decía. El artículo en cuestión y del que recomendamos su lectura, aunque solo sea para que se den cuenta de hasta dónde puede llegar el absurdo, viene firmado por el Dr. Javier Rivas Martínez y titulado: “La nueva creación de Dios (cielos nuevos y tierra nueva)” (24/07/10). Y ahora permítannos una pequeña reflexión: en lo personal, para nosotros y dicho sea con todo respeto, como si a ese señor la da por decir que llueve “hacia arriba”, ya que es muy dueño de afirmar lo que le parezca. Lo que ocurre, es que cuando estamos hablando de la Biblia, cualquier cosa que se diga acerca de su contenido y que proceda además de una persona, que se identifica como “erudito y maestro bíblico” (según aparece en su blog, como pié de una de sus fotos), la cosa ya es un poco más seria. Porque tiene que ver con el transmitir algún tipo de enseñanza y eso ya es harina de otro costal, dado que lo que está haciendo dicho caballero con sus afirmaciones, es sencillamente impartir enseñanza. Y como ustedes ya saben, porque así lo hemos manifestado desde un principio, nuestro blog está creado con la finalidad de desenmascarar las falsas enseñanzas y consecuentemente a los que las imparten, o sea, a los falsos maestros (2 Ped. 2:1). Y es obvio que el Sr. Rivas Martínez, es un falso maestro…… y disculpen que seamos tan francos en nuestras afirmaciones, pero es que dicho caballero da toda la sensación de no tener ni idea de lo que dice la Biblia, es más, después de lo que acabamos de leer, estamos casi convencidos de ello. O sea, que pasemos a analizar algo de lo que en dicho artículo se menciona y juzguen ustedes mismos (los párrafos han sido transcritos tal cual, luego no somos responsables de las faltas de ortografía); de entrada y para darnos una idea de por dónde va la cosa, leamos Rev. 21:1:

Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra; porque el cielo anterior y la tierra anterior habían pasado y el mar ya no existe.”

Y ahora, fíjense en la interpretación tan particular que hace de la parte final de dicho pasaje:

«Y el mar ya no existía más», significa que la nueva creación no contará con océanos, con mares literales, habiendo sidos éstos eliminados como parte de la antigua creación, y porque esta fuente de inumerables y variadas riquezas dejará de tener una importancia vital. El mar continurá existiendo en el Reino Milenario (léase Ez. 47:8, que es un verso escatológico-milenario).

Ha quedado claro ¿no? O sea, según él y para después del milenio (eso parece deducirse), los mares y océanos, puesto que ya no serán necesarios, suponemos que porque ya habrán cumplido su función de guardar los muertos que hay en ellos y consecuentemente ya no harán falta, entonces desaparecerán: serán eliminados, porque dejarán de tener “una importancia vital”. Miren que hemos leído burradas, pero como esta les aseguramos que no; porque ese caballero, que afirma ser médico, luego se supone que tendrá estudios universitarios (a pesar de todo, nos negamos a creer que el título se lo hayan regalado en una tómbola), habrá estudiado algo acerca de lo que conocemos como “el ciclo del agua”. Y dicho sea a grandes rasgos, ya que tampoco somos expertos en la materia, parece ser que si no existieran mares y océanos, dicho ciclo se iría a hacer puñetas (rogamos sepan disculpar tan vulgar expresión) y nos quedaríamos sin agua para beber. Porque claro, sin mares y océanos y hasta donde nosotros sabemos, no habría evaporación de sus aguas y por tanto, condensación en forma de nubes; consecuentemente, tampoco su distribución tierras adentro y posterior caída en forma de agua o nieve, transformada en hielo a grandes alturas y con su posterior deshielo, con lo que lógicamente entonces, tampoco habría lagos, ríos, manantiales, depósitos de aguas subterráneas o acuíferos y que son en última instancia, abastecimientos de agua dulce .….. en fin, que de ser las cosas como las afirma esta “quintaesencia” de la interpretación bíblica, ya nos vemos a todos bebiendo Coca-Cola. Sin embargo y para información de ese “licenciado”, nos permitimos señalarle que, dada la forma que tiene de manifestarse la vida en este rincón del Universo, llamado planeta Tierra, sin agua no hay vida…… así de simple.

Es cierto que nosotros y a diferencia de ese caballero, no disponemos de estudios superiores, pero nuestro sentido común, lógica y capacidad de razonar, así como la necesaria capacidad de leer correctamente, nos dicen que esa afirmación es un disparate como un piano y que no resiste un mínimo análisis bíblico. Porque veamos: la opinión de Jehová, al término de su obra creativa y que culminó con la aparición en la escena terrestre de la primera pareja humana, fue la siguiente:

Después de eso vio Dios todo lo que había hecho y, ¡mire!, era muy bueno. Y llegó a haber tarde y llegó a haber mañana, un día sexto.” (Gén. 1:31).

Luego vemos que Su creación le satisfacía plenamente, ahora bien…… ¿había mares y océanos formando parte de esa creación y que mereció la aprobación de su Creador? Sí, según Gén. 1:20-23:

Y Dios pasó a decir: “Enjambren las aguas un enjambre de almas vivientes y vuelen criaturas voladoras por encima de la tierra sobre la faz de la expansión de los cielos”. 21 Y Dios procedió a crear los grandes monstruos marinos y toda alma viviente que se mueve, los cuales las aguas enjambraron según sus géneros y toda criatura voladora alada según su género. Y llegó a ver Dios que era bueno. 22 Con eso los bendijo Dios y dijo: “Sean fructíferos y háganse muchos y llenen las aguas en las cuencas de los mares y háganse muchas las criaturas voladoras en la tierra”. 23 Y llegó a haber tarde y llegó a haber mañana, un día quinto.”

Luego los mares y océanos, con su sobreabundante diversidad de vida y especies de todo tipo, no se formaron como consecuencia del Diluvio del tiempo de Noé, cuando “…… fueron rotos todos los manantiales de la vasta profundidad acuosa y las compuertas de los cielos fueron abiertas.” (Gén. 7:11b), sino que se crearon antes y como parte de la perfecta creación de Dios. Quizás aumentaron en algo su tamaño, o se formaron algunos lagos que no existían con anterioridad (la fisonomía de la tierra, evidentemente cambió por el peso del agua acumulada) pero en esencia, los mares y océanos como tales, formaban parte del propósito creativo de Jehová y que recordemos, fue considerado como de “muy bueno”. Luego ¿por qué tendría Jehová que rectificar parte de su creación? ¿No nos muestra el pasaje citado, que Él mismo la había bendecido? Por otra parte, tenemos que la Tierra tiene que permanecer para siempre:

Tu fidelidad es para generación tras generación. Has fijado sólidamente la tierra, para que siga subsistiendo (Sal. 119:90).

Luego ¿por qué no los mares y océanos, que en definitiva son parte esencial de la Tierra y de la vida como la conocemos? Otra cosa sería, el que Jehová devolviera algunas de esas aguas a su posición original a modo de dosel envolvente para la tierra, como era en un principio y creando un efecto invernadero, manteniendo así una temperatura agradable en toda su superficie; pero de entrada no hay razón para que rectifique parte de su creación, quitando mares y océanos. No olvidemos las palabras de Isa. 45:18:

Porque esto es lo que ha dicho Jehová, el Creador de los cielos, Él, el Dios verdadero, el Formador de la tierra y el Hacedor de ella, Él, Aquel que la estableció firmemente, que no la creó sencillamente para nada, que la formó aun para ser habitada: “Yo soy Jehová y no hay ningún otro.”

Y si la creó para ser habitada, con mares y océanos incluidos y además, le pareció “muy bueno” ¿qué razón habría para eliminarlos? ¿Cuál sería el beneficio para la tierra y sus habitantes? Es más ¿de dónde saca dicho caballero tan disparatada idea? Lo que ocurre aparentemente, es que ese señor no tiene ni idea de qué significa el pasaje de Rev. 21:1 y de ahí su extravagante interpretación.

Porque ¿podría dicho caballero darnos una mínima explicación, de a qué se refiere la Biblia, cuando habla de nuevos cielos y de una nueva tierra? Tengamos en cuenta que la expresión “nuevos cielos y nueva tierra”, aparece solo cuatro veces en las Escrituras y en ninguno de esos lugares, tiene que ver con los cielos o tierra literales. Esos pasajes son los siguientes: Isa. 65:17; 66:22-24; 2 Ped. 3:13 y Rev. 21:1. Y somos conscientes de que puede parecer una exageración, pero es que a juzgar por la interpretación tan disparatada que ha hecho acerca del “mar que ya no existe”, estamos convencidos que no tiene ni la más ligera idea de lo que significa dicho pasaje de Rev. 21:1. Entonces ¿cómo podríamos entender esas palabras?; leamos de nuevo el texto en cuestión:

Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra; porque el cielo anterior y la tierra anterior habían pasado y el mar ya no existe.”

Fijémonos de entrada, que mientras el nuevo cielo y nueva tierra, sustituyen al cielo y tierra anteriores, el mar al que se hace referencia, no es sustituido sino que deja de existir. De ello se podría deducir, que el Dr. Rivas y aplicando su particular lógica de tomar dicho texto de forma literal, afirme que mares y océanos al no tener sustitutos, pasarán a formar parte en el nuevo mundo, del baúl de los recuerdos. Y suponemos que es así, porque no se nos ocurre otra cosa que pueda justificar dicho planteamiento; ahora bien ¿nos permite la lógica y el sentido común, tomar ese pasaje de forma literal y llegar a semejante conclusión? Pues no, ni la lógica, ni el sentido común, ni el más elemental conocimiento del registro bíblico nos permiten hacer eso.

Veamos: algo que todos sabemos o deberíamos de saber, es que la Biblia se interpreta a sí misma y que por lo tanto, no hay necesidad de que nosotros le busquemos cinco pies al gato. Ese pasaje de Rev. 21:1 y que hace referencia directa a las palabras de 2 Pedro 3:13, tiene que ver con lo que se dice en Isa. 65:17:

Porque, ¡miren!, voy a crear nuevos cielos y una nueva tierra; y las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón.”

¿Y en qué contexto fueron pronunciadas estas palabras? Pues en el momento en que el pueblo judío fue liberado de Babilonia y devuelto a su tierra de Israel. Y hasta donde sabemos, Jehová en ese momento, literalmente no creó otra tierra con otros cielos ¿no es cierto? Entonces ¿qué significaban estas palabras? Evidentemente nada que ver con algo literal, ya que cuando Isaías predijo esa restauración, como podemos leer en el capítulo 65 del libro que lleva su nombre, se centró concretamente en las condiciones que reinarían cuando los israelitas regresaran a su tierra natal; en Isa. 65:17-19, leemos lo siguiente:

Porque, ¡miren!, voy a crear nuevos cielos y una nueva tierra; y las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón. 18 Pero alborócense y estén gozosos para siempre en lo que voy a crear. Porque, ¡miren!, voy a crear a Jerusalén una causa para gozo y a su pueblo una causa para alborozo. 19 Y ciertamente estaré gozoso en Jerusalén y me alborozaré en mi pueblo; y ya no se oirá más en ella el sonido de llanto ni el sonido de un lastimero clamor.”

Tenemos que admitir que Isaías describió condiciones que serían mucho mejores que las que los judíos seguramente conocieron y vivieron mientras permanecían cautivos en Babilonia: predijo gozo y alborozo. Ahora analicemos la expresión “nuevos cielos y una nueva tierra” y que es la primera de las cuatro veces que aparece esta frase en la Biblia y teniendo los cuatro pasajes una relación directa con nuestro futuro, ya que son proféticos.

El cumplimiento inicial de Isa. 65:17-19 tuvo que ver con los judíos de la antigüedad, quienes, como Isaías había predicho con exactitud unos doscientos años antes, regresaron a su tierra natal y en donde restablecieron la adoración verdadera (Esd. 1:1-4; 3:1-4). Luego es obvio que regresaron a una tierra que se hallaba en este mismo planeta, la tierra de sus antepasados y no en otro lugar del universo; este hecho puede ayudarnos a analizar lo que Isaías quiso decir por “nuevos cielos y una nueva tierra”. Pero no tenemos que especularlo, tal y como hemos dicho, porque la misma Biblia aclara lo que Isaías quiso decir, pues en la Biblia, la palabra “tierra” no siempre se refiere a nuestro globo terráqueo; por ejemplo, Sal. 96:1 dice literalmente: “Cante a Jehová, toda la tierra”; por su parte el Sal. 66:4, también literalmente dice:

¡Toda la tierra te adorará y cantará a ti! ¡Cantarán a tu nombre!

Sin embargo, sabemos que nuestro planeta, la tierra firme y los inmensos océanos que contiene, no pueden ni adorar ni cantar…… es la gente quien adora o canta; luego tanto el Sal. 96:1, como el Sal. 66:4, se refieren a la gente de la tierra y siendo este, el sentido que se le da al término “tierra” en el pasaje de Isaías. Pero Isa. 65:17 también menciona “nuevos cielos”; luego entonces y si “la tierra” representaba en ese contexto a una nueva sociedad de personas en el suelo natal de los judíos ¿qué se entendería por “nuevos cielos”? Una reputada Enciclopedia Teológica (de McClintock y Strong), dice lo siguiente:

Cuando la palabra cielo se menciona en una visión profética, significa […] el conjunto de los poderes gobernantes […] que están por encima de sus súbditos y los gobiernan, tal como el cielo natural está por encima de la tierra y la gobierna.”

En cuanto a la expresión combinada “cielo y tierra”, dicha Enciclopedia explica que “en lenguaje profético, la expresión significa la condición política de personas de diferentes rangos. El cielo es la soberanía; la tierra son los súbditos: hombres que son gobernados por sus superiores.” Y en línea perfectamente, con lo que se sobreentiende del relato de Isa. 65:17-19.

Cuando los judíos regresaron a su tierra natal, entraron en lo que podríamos considerar como un nuevo orden de cosas; tuvieron un nuevo cuerpo gobernante en el que Zorobabel, descendiente del rey David, era el gobernador y siendo Josué, por otra parte, el sumo sacerdote (Ageo 1:1; 12; 2:21). Estos (y sus colaboradores), como gobierno, pasaron a constituir los “nuevos cielos”, pero ¿por encima de qué? Pues por encima de una “nueva tierra”, o sea, la nueva sociedad limpia de personas obedientes a Dios, que habían regresado a su tierra natal a fin de reconstruir Jerusalén y su templo para reiniciar la adoración verdadera a Jehová. Por tanto y en este plano, verdaderamente hubo unos “nuevos cielos” y “una nueva tierra” en el cumplimiento que vivieron los judíos en aquel tiempo; no obstante y para una información más precisa y documentada, les recomendamos un excelente artículo de Apologista Mario Olcese, que con el título “Nuevos cielos y nueva Tierra: ¿Qué significa realmente?”,se publicó el 28/01/2010.

Luego si en Rev. 21:1, los “nuevos cielos” hacen referencia a una nueva forma de gobierno y la “nueva tierra”, a una renovada sociedad humana, ¿qué significaría en ese contexto “el mar” que deja de existir? Veamos: en Jer. 50:42, se compara el sonido de los que atacaron Babilonia con “el mar que está bullicioso”; por consiguiente, cuando predijo que “el mar” subiría sobre Babilonia, debió referirse a la “inundación” figurativa, de tropas de ataque bajo los medos y los persas y de ninguna manera, a un mar literal:

El mar (“las aguas”, según versiones) ha subido aun sobre Babilonia. Por la multitud de sus olas ha sido cubierta.” (Jer. 51:42). (Acotación nuestra).

Isaías, por otra parte, asemejó a las personas inicuas de la Tierra, o sea, las masas alejadas de Dios, al “mar que está siendo agitado” cuando dijo:

Pero los inicuos son como el mar que está siendo agitado, cuando no puede calmarse, cuyas aguas siguen arrojando alga marina y fango.” (Isa. 57:20).

En Rev. 17:1, como otro ejemplo más, se nos muestra a la “gran ramera” sentada sobre “muchas aguas”, mientras que en el versículo 15, se dice que las “aguas” sobre las que está sentada Babilonia la Grande (la gran ramera) significan “pueblos y muchedumbres y naciones y lenguas”; Isaías también profetizó en cuanto a la simbólica “mujer” de Dios, Sión, diciendo:

Porque a ti se dirigirá la riqueza del mar; los recursos mismos de las naciones vendrán a ti.” (Isa. 60:1; 5).

Luego estas palabras que evidentemente relacionan el mar con los recursos de las naciones, significan que muchas personas de entre las multitudes (semejantes a un mar) de esas naciones de la Tierra, se volverían hacia la adoración verdadera.

También Daniel describió cuatro “bestias” que salieron “del mar” y reveló que simbolizaban reyes o reinos políticos, lo cual evidencia que no estaba hablando de un mar literal, sino que salieron de entre la humanidad (Dan. 7:2-3; 17; 23), ya que el mar literal no produce reyes o reinos ¿no es cierto? De manera similar, Juan habló de una “bestia salvaje que ascendía del mar”, o sea, de la extensa parte de la humanidad que está separada de Dios; el que se mencione en ese pasaje unas diademas y un trono, indicaría que esta bestia que sale del “mar” simboliza una organización política, luego de forma evidente, tiene que tener su origen en el mar simbólico de la humanidad y no en un mar literal (Rev. 13:1-2). Y puesto que es el mismo Juan, el que en Rev. 21:1 nos dice que vio en visión el tiempo en que habría “un nuevo cielo y una nueva tierra” (que ya hemos visto cuál es su significado) y en el mismo contexto, nos habla de un “mar” que deja de existir, es obvio que lejos de referirse a un mar literal, se refiere a un mar figurado y que hace referencia como hemos comentado, a las masas turbulentas de personas alejadas de Dios y que en un futuro ya cercano, serán barridas y dejaran de existir, como consecuencia del juicio que Jehová ejecutará sobre ellas. Por eso, en dicho pasaje el “mar” citado, no tiene sustituto dado que al igual que el cielo y tierra “anteriores” (gobiernos imperfectos y humanidad desobediente), no es aprovechable y por lo tanto, destruido eternamente. Luego queridos amigos, dejen de preocuparse, que los que puedan o podamos, llegar a vivir bajo esos “nuevos cielos y nueva tierra”, en donde la justicia tendrá su morada eterna (2 Ped. 3:13), podrán seguir disfrutando de los deliciosos productos que Jehová bondadosamente creó para nuestro disfrute en los mares, océanos y ríos, tales como diversas clases de pescados, mariscos, etc. sin ningún tipo de problema…… y si nos lo permiten, les recomendamos la langosta con un poquitín de salsa picante que está deliciosa. Fuera ya de bromas y aclarado convenientemente Rev. 21:1, continuemos con otro argumento estrafalario que nos plantea el Sr. Rivas Martínez y que tiene que ver con su especial cronología del libro de Revelación.

Según dicho autor afirma en ese mismo artículo objeto de análisis y refiriéndose al relato de Revelación “hay una perfecta y clara hilación cronológica entre un acontecimiento y otro”. Luego según él y en una secuencia continuada (párrafo 2 de su artículo), los hechos se suceden de esta manera: el cap. 19 de Revelación, termina con la venida y victoria de Jesucristo y por tanto, la eliminación de la bestia y el falso profeta (versos 19-21). El cap. 20 se inicia con el apresamiento de Satanás en cadenas y posterior lanzamiento al abismo, por mil años (versos 1-3); luego, le sigue la toma de posesión de sus tronos de aquellos que con Cristo han de gobernar en el milenio y que prefigura la instauración del reino milenario aquí en la Tierra (versos 4-6). Y ahora prestemos atención: como secuencia cronológica a seguir a continuación, tan entendido caballero nos coloca los versículos del 7 al 10 y que dicen así:

Ahora bien, luego que hayan terminado los mil años, Satanás será soltado de su prisión 8 y saldrá a extraviar a aquellas naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, para reunirlos para la guerra. El número de estos es como la arena del mar. 9 Y avanzaron sobre la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada. Pero descendió fuego del cielo y los devoró. 10 Y el Diablo que los estaba extraviando fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde ya estaban tanto la bestia salvaje como el falso profeta; y serán atormentados día y noche para siempre jamás.”

Luego seguidamente y siempre según su sorprendente interpretación, o sea, transcurridos ya esos mil años, aparecería el Gran Trono Blanco (verso 11) y posteriormente de forma correlativa, todo el resto de acontecimientos que le siguen y que analizaremos más adelante. De momento pausemos aquí y veamos qué es lo que acaba de ocurrir, casi sin darnos cuenta.

Tengamos presente en primer lugar, que el Reino de Dios es el instrumento o suceso más importante dentro del propósito restaurador de Jehová; tanto es así, que es el tema central alrededor del que se mueven las Escrituras y acorde con ello, veamos para qué, básicamente, fue enviado Jesús y según sus propias palabras:

Pero él les dijo: “También a otras ciudades tengo que declarar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado.” (Luc. 4:43).

Ese reino, tiene que ver con un espacio de tiempo de mil años que será presidido por Jesucristo como Rey y un número de gobernantes asociados, que el propio Jesús en su momento, calificó como de “rebaño pequeño” (Luc. 12:32). Y tiempo durante el cual se supone, se debe de llevar a cabo “la restauración de todas las cosas” de Hech. 3:21 (para eso regresa Jesucristo según el propio texto), lo que implicaría sin lugar a dudas, la realización de los hechos más asombrosos y espectaculares jamás vividos por el ser humano en toda su historia. Repetimos entonces la idea: el reino de Dios y que se extiende por mil años en el tiempo, es el tema alrededor del que gira toda la Escritura; sin embargo y debido a esa disparatada interpretación cronológica del “ínclito” Dr. Rivas, que parece no enterarse de la película, tan crucial acontecimiento desaparece prácticamente de la Biblia, ya que de forma sorprendente, no se nos dice nada de la labor que lleva a cabo dicho reino durante ese milenio. Porque aunque no se lo crean, dicho señor ha conseguido que de un plumazo, desaparezca del registro bíblico del libro de Revelación, cualquier referencia a la actividad desarrollada por ese reino de Cristo aquí en la Tierra durante esos mil años…… y que se dice pronto.

Y por si dudan de ello, recapitulemos y veamos: nos dice ese caballero en su artículo, que después de la instauración de ese reino (Rev. 20: 4-6), ya nos trasladamos y en virtud de los siguientes versículos del 7 al 10, al término de los mil años y a seguir lógicamente, con el soltado de Satanás, la rebelión de Gog, la aparición del Gran Trono Blanco, la instauración de los nuevos cielos y la nueva tierra, etc., etc. Esa es la secuencia cronológica de los hechos, según tan preclaro entendido en el arte de la interpretación bíblica y con lo cual nos encontramos, que desde Rev. 20:7 hasta 22:21 (y final de las Escrituras), todo lo que ocurre ya es posterior al período del reino milenario de Cristo. Ahora bien, ¿nos podría responder el Sr. Rivas, qué pasa entonces, en esos mil años transcurridos entre los versículos 6 y 7? ¿Por qué no nos cuenta, qué sucesos ocurren durante ese espacio de tiempo de duración del reinado milenario? ¿Es que son sucesos intrascendentes, durante un espacio de tiempo intrascendente de mil años de duración y por lo tanto, no hace falta señalarlos? ¿Pero…… no es ese período de mil años del reinado de Cristo, el tema central de las Escrituras, a la vez que la comisión principal de Jesús durante su estancia aquí en la Tierra y el período de tiempo, en que han de ser restauradas todas las cosas, para beneficio de la humanidad? Entonces ¿por qué no se nos habla nada de ello? ¿Por qué de pronto la Biblia, silencia cualquier actividad llevada a cabo por dicho reino, durante esos mil años que separan, repetimos, el versículo 6 del 7? ¿Ustedes entienden eso como algo lógico? Y es que lógico en sí mismo, claro que no lo es.

Lo que sí se produce, es la consecuencia lógica de la ignorancia en materia bíblica por parte de ese señor que sencillamente no sabe dónde tiene su mano derecha, en ese terreno. Y es que por si no lo sabe, el registro escrito de la Biblia abarca desde el inicio de la Creación, hasta ese momento en que al final de los mil años de gobierno Teocrático por Cristo, Satanás es soltado e intenta de nuevo extraviar a la humanidad, Jehová interviene personalmente y aquél es destruido para siempre, junto a los que le han seguido…… punto, se acabó. Todo, absolutamente todo lo que está registrado en la Biblia, ocurre dentro del espacio de tiempo delimitado por esos dos acontecimientos. Luego la Biblia no nos habla absolutamente nada, pero absolutamente nada, de acontecimientos a producirse después de Rev. 20:7-10, repetimos, absolutamente nada. Luego entonces, ¿qué hacemos con el contenido de Rev. 20:11, hasta 22:21 y que el Sr. Rivas, nos coloca para después del milenio? Pero es que eso, evidentemente “no pue zé y ademá e impozible” (traducido: “no puede ser y además es imposible”), que diría el castizo y famoso torero español “Guerrita”.

Y nuestra afirmación queda respaldada por las situaciones tan raras e incomprensibles, esperpénticas diríamos, que se producirían de seguir el disparatado “orden” cronológico que el Dr. Rivas propone. Por ejemplo, él coloca los “nuevos cielos y nueva tierra” (Rev. 21:1) y en virtud de Rev. 20:7-10, según su “lógica” cronología, después de finalizado dicho reinado milenario y nos dice lo siguiente, en el cuarto párrafo y en referencia a Rev. 21:1:

“…… Indudablemente este «cambio» se refiere a una «nueva creación», porque el apóstol Juan «vio un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más»

Y permítannos enfatizar el asunto: nos está hablando de algo que ocurre después de finalizado el milenio; pero siendo esto así ¿se puede saber entonces, qué hicieron durante el milenio, Jesucristo y sus gobernantes asociados? Porque según el registro bíblico cronológico del Sr. Rivas, es inmediatamente después de instaurados los “nuevos cielos y nueva tierra” y que a su vez, no lo olvidemos, son establecidos después (párrafo 2) de finalizado el milenio y de efectuarse el juicio del Gran Trono Blanco (Rev. 20:11-15), que se producen lo acontecimientos de Rev. 21:1-4:

Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra; porque el cielo anterior y la tierra anterior habían pasado, y el mar ya no existe. 2 Vi también la santa ciudad, la Nueva Jerusalén, que descendía del cielo desde Dios y preparada como una novia adornada para su esposo. 3 Con eso, oí una voz fuerte desde el trono decir: “¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad y él residirá con ellos y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos. 4 Y limpiará toda lágrima de sus ojos y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado.” (Rev. 21:3-4).

O sea, que durante dicho reino milenario, han continuado existiendo la muerte, el llanto, el lamento, el dolor…… Porque claro, si Jehová los quita después de terminado el milenio, significa que durante el tal, esas cosas han continuado existiendo como hasta ahora ¿o no es eso así? Pero no se crean que los despropósitos, como consecuencia de tan “sagaz y clarividente interpretación”, se acaban ahí. Nada de eso, porque vean lo que nos dicen lo siguientes versículos 5 al 8 de ese cap. 21 de Revelación y recuerden que, según este “genio” de la interpretación bíblica, estamos situados ya, después del milenio:

Y Aquel que estaba sentado en el trono dijo: “¡Mira!, voy a hacer nuevas todas las cosas”. También, dice: “Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas”. 6 Y me dijo: “¡Han acontecido! Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. A cualquiera que tenga sed le daré de la fuente del agua de la vida gratis. 7 Cualquiera que venza heredará estas cosas y yo seré su Dios y él será mi hijo. 8 Pero en cuanto a los cobardes y los que no tienen fe y los que son repugnantes en su suciedad y asesinos y fornicadores y los que practican espiritismo, e idólatras y todos los mentirosos, su porción será en el lago que arde con fuego y azufre. Esto significa la muerte segunda.

O sea, que después de transcurridos los tan cacareados y esperados mil años del Reino de Dios, al final tiene que venir el que está sentado en el trono (suponemos que Jehová), a enmendar las cosas y haciéndolas todas nuevas, porque el milenio aparentemente ha sido un fracaso, un tiempo perdido, ya que según el versículo 8, aún continúa habiendo en la tierra y después de mil años de gobierno teocrático por Cristo, gente sin fe, repugnantes, asesinos, fornicadores, espiritistas, idólatras y mentirosos…… en fin, todo un exitazo. Y conste que todo lo que hemos mencionado, es la secuencia cronológica de los hechos, según nos la presenta el Dr. Rivas y no nada que nos hayamos inventado nosotros. Pero que esto no puede ser tal como nos lo pinta el Sr. Rivas, nos lo muestra Pablo en 1 Cor. 15:24-26:

En seguida, el fin, cuando él entrega el reino a su Dios y Padre, cuando haya reducido a nada todo gobierno y toda autoridad y poder. 25 Porque él tiene que reinar hasta que Dios haya puesto a todos los enemigos debajo de sus pies. 26 Como el último enemigo, la muerte ha de ser reducida a nada.

Luego lo que entendemos aquí, es que en el momento de acabar su reinado y que dura mil años, Jesucristo tiene que haber eliminado ya a todos los enemigos, muerte incluida, restauradas todas las cosas y convertida la tierra en un paraíso, siendo solo entonces, que entrega de nuevo el reino a su Dios y Padre. Pero si para cuando Cristo entrega el reino al fin de su reinado de mil años, todos los enemigos ya tienen que haber sido vencidos, puestos a sus pies y la tierra convertida en un paraíso ¿qué pintaría ahí, que Jehová después del milenio, aún tuviera que ir limpiando lágrimas, llanto, dolor y sobre todo, la muerte? Y es que el planteamiento del Dr. Rivas es un disparate de tal calibre, que no hay por donde cogerlo. Es cierto que en su penúltimo párrafo, nos dice lo siguiente:

La antigua creación será «renovada» en la Era Milenaria, y los cielos nuevos y la tierra nueva, «santificada» (2 P. 3:10-13).” (Negritas nuestras).

Pero es que resulta que peor nos lo pone, porque entonces ¿en qué quedamos? ¿No es siguiendo su orden cronológico, que ha quedado claro que es después de esos mil años de gobierno de Cristo, cuando Jehová aún tiene que ir limpiando lágrimas, dolor, llanto, muerte, teniendo que hacer nuevas todas las cosas y teniendo que lidiar con asesinos, fornicadores, idólatras, etc., etc.? Luego ¿qué creación es la que ha sido renovada durante esa Era Milenaria? Y por otra parte ¿que “nuevos cielos y nueva tierra” son santificados durante esa Era Milenaria, si según su propio orden cronológico, es después de ese milenio y después del juicio del Trono Blanco, que aparecen esos “nuevos cielos y nueva tierra”? Repetimos: eso según su orden cronológico, por lo tanto, si alguien lo entiende, que por favor nos lo explique.

Y es que semejante animalada, solo es el resultado de no tener ni idea de lo que se está diciendo. Y sinceramente, lo que más nos sorprende, no es el hecho en sí de que dicho personaje no se haya dado cuenta de las disparatadas consecuencias que se producen, a partir de su particular visión cronológica de las cosas, sino del hecho, de que Mario Olcese haya sido capaz de colgar semejante esperpento en su blog, sin darse cuenta de tales incongruencias ¿o es que a Mario le parece razonable el orden cronológico que plantea el Sr. Rivas? En fin, nos atrevemos a sugerir, que no estaría de más que se pronunciara al respecto y se posicionara, para beneficio de aquellos (muchísimos) que le leen. Porque si estamos hablando de una enseñanza falsa, tiene que salir a la palestra a rebatirla y si por el contrario somos nosotros los equivocados, nos tiene que rectificar adecuadamente. Todo para beneficio espiritual de aquellos que le siguen. Luego callado, no entendemos que pueda quedarse, máxime teniendo en cuenta que sus blogs son un referente en la Red.

La pregunta es cómo se puede enmendar semejante entuerto, porque esto, repetimos, es lo que sale del orden cronológico establecido por tan “brillante” erudito y maestro bíblico (así se hace llamar, recordemos, según su blog), pero que ha montado una de “agárrate y no te menees”, que es demasiado. No obstante, vamos a ver si nosotros podemos ayudarles a verlo claro y para ello ¿por qué no prueban, cuando lean el capítulo 20 de Revelación, de omitir los versículos del 7 al 10? Tómenlos como si fueran un inciso que se hace al iniciarse el milenio, con la toma de posesión de aquellos designados para gobernar con Cristo, para advertirnos por anticipado, de lo que pasará al cabo de los mil años después de ser abismado Satanás. O sea, como si fuera un simple acotamiento, que nada tiene que ver con lo que está ocurriendo o se está contando, sino de algo a ocurrir aún en un futuro. Y verán como todo cuadra perfectamente: Jesucristo y sus fuerzas angelicales, derrotan a la bestia y al falso profeta y destruyéndolos en el lago de fuego o muerte eterna y dando a sus destruidos seguidores como alimento a las aves carroñeras de los cielos (Rev. 19:19-21). A continuación y ya en Rev. 20, Satanás es encadenado y abismado (versos 1-3). Seguidamente y limpiado el ambiente, se produce la toma de posesión de sus respectivos tronos de los que junto a Cristo han de gobernar (versos 4-6).

A ello le sigue (verso 11), la impresionante manifestación del Gran Trono Blanco y del que en él está sentado, que preside dicho gobierno teocrático y que evidentemente es Jesucristo, porque es en quién Jehová ha delegado el juicio:

Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha encargado todo el juicio al Hijo.” (Juan 5:22).

También se nos habla de esta circunstancia en Hech. 17:31:

Porque ha fijado un día en que se propone juzgar la tierra habitada con justicia por un varón a quien ha nombrado y ha proporcionado a todos los hombres una garantía con haberlo resucitado de entre los muertos.”

Luego el que ocupa ese Trono y por tanto, preside sobre los otros tronos menores, no puede ser otro que Jesucristo y puesto que él es el Rey durante el período milenario, ese trono sobre el que está sentado, no puede aparecer al final de esos mil años. Ya establecido dicho gobierno, se inicia el milenio de la siguiente manera: “…… de delante de él huyeron la tierra y el cielo y no se halló lugar para ellos.” Y ahora, analicemos este pasaje.

Según lo considerado anteriormente en Isa. 65:17, los cielos hacen referencia a gobiernos, luego al establecerse dicho gobierno teocrático, lo que hace es sustituir a los anteriores gobiernos mundanos, mediante destruirlos:

Y en los días de aquellos reyes el Dios del cielo establecerá un reino que nunca será reducido a ruinas. Y el reino mismo no será pasado a ningún otro pueblo. Triturará y pondrá fin a todos estos reinos y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos.” (Dan. 2:44).

Entonces ya tendríamos aquí, un “nuevo cielo” que ha sustituido a otro, pero siguiendo tal paralelismo ¿qué hay de “la tierra”? Porque si bien podemos admitir que la pecadora sociedad actual será destruida en la “gran tribulación” de Mat. 24:21-22 y desaparecerá como “tierra”, recordemos que tiene que ser sustituida por otra “nueva tierra”, luego…… ¿de dónde la sacamos? Pues de las personas que sobreviven a esa gran tribulación, siendo el libro de Revelación en donde se nos confirma tal extremo:

Después de estas cosas vi y, ¡miren!, una gran muchedumbre, que ningún hombre podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos de largas ropas blancas; y había ramas de palmera en sus manos. 10 ……… 13 Y en respuesta, uno de los ancianos me dijo: “Estos que están vestidos de la larga ropa blanca, ¿quiénes son y de dónde vinieron?”. 14 De modo que le dije inmediatamente: “Señor mío, tú eres el que sabe”. Y me dijo: “Estos son los que salen de la gran tribulación y han lavado sus ropas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.” (Rev. 7:9-14).

Luego ya tenemos aquí la “nueva tierra” o nueva sociedad de personas obedientes al Creador y que se convierten en los primeros súbditos de ese gobierno del reino. Entonces vemos unos nuevos cielos y una nueva tierra, que han desplazado a los viejos y para los que “no se halló lugar”, significando dicha expresión, que no siendo aprovechables, sencillamente fueron destruidos eternamente…… así de simple y sencillo.

Entonces ¿qué viene a continuación? Pues fijado ya este principio, sucede el hecho más espectacular de todos los tiempos: la progresiva resurrección de todas aquellas personas que en su día fallecieron y que están en la memoria de nuestro Creador. En consecuencia y para tal acontecimiento, se abren nuevos rollos o libros de instrucciones (suponemos), tanto para la restauración física, como mental, emocional y sobre todo espiritual, de las personas y sobre cuya base, serán juzgadas las mismas al final del milenio. También es abierto un libro de la vida y en el que serán inscritos los nombres de aquellos que superen dicho juicio (versos 12-15). No que allí se ejecute un juicio propiamente dicho y a la usanza de lo que entendemos generalmente por un juicio, sino que según el aprovechamiento que de tales instrucciones haga cada uno durante ese período de tiempo, podrá o no, superar la última prueba a la que será sometida la humanidad (y de la que ya hemos hablado), ya alcanzada la total perfección a la manera de Adán y Eva. Porque habrá algunos, que aunque aprovechándose de los beneficios materiales impartidos por ese reino milenario, desatenderán los espirituales y que son precisamente aquellos que nos pueden ayudar a superar la prueba final. Esas personas, que serán engañadas por Satanás al igual que Adán y Eva lo fueron y numerosas “como la arena del mar”, son aquellas cuyos nombres no son escritos en el libro o rollo de la vida y son echadas en el “lago de fuego”.

Y de esa prueba final, es de la que se nos habla anticipadamente y a modo de advertencia para que no desaprovechemos el tiempo, en los versículos del 7 al 10 y a modo de aviso para navegantes; aquellos que sí superen dicha prueba, pues nada, continuarán viviendo eternamente en paz y felicidad y sin nada que les perturbe. Es en ese sentido que su resurrección, habrá sido para vida, mientras que para los otros, que no superan la prueba, habrá sido una resurrección para condenación (Juan 5:28-29); y todo estará en función, de cómo cada uno aproveche su nueva oportunidad. Sin olvidar por supuesto, que durante dicho período milenario, se dará la oportuna atención a las condiciones medio ambientales, restaurándose bosques, recuperándose la limpieza de tierra, mares, océanos, lagos, ríos, manantiales y descontaminándolos a todos ellos; se restaurará la protectora y actualmente maltrecha capa de ozono y en fin, devolviendo el planeta Tierra a un perfecto equilibrio ecológico y convirtiéndolo en un Paraíso. Y todo eso, es lo que se va a hacer durante esos mil años de gobierno del Reino de Dios aquí en la Tierra.

Y eso es a grandes rasgos, lo que nosotros consideramos una cronología aceptable de los hechos y que no crea situaciones absurdas y disparatadas como las que hemos considerado anteriormente. Y todo, producido por no saber aplicar la cuarta de las capacidades que nosotros siempre propugnamos: el saber leer correctamente. Porque cuando uno tiene sentido común, lógica, capacidad de razonar y sabe además leer correctamente, se da cuenta en seguida, que esos textos de Rev. 20:7-10, no tienen nada que ver en el contexto en que están colocados. Porque lo único que hacen, como hemos visto y si queremos incluirlos como parte del mismo relato, es distorsionar el sentido lógico del contexto general del relato en cuestión; luego por sentido común, lógica y un mínimo razonamiento, habrá que pensar que significan otra cosa y por lo tanto hay que descontextualizarlos, o sea, no tomarlos en cuenta en ese contexto, como parte integrante de ese relato que estamos considerando: sencillamente y de forma puntual, se refieren a otra cosa. Y es que entre otras cosas, saber leer, es esto.

Ahora bien, ya restablecida la importancia que tiene el reinado milenario y habiéndolo dotado nuevamente de contenido, amén del protagonismo que debe de tener, como instrumento principal de Jehová para beneficio de la humanidad, solo nos queda una pregunta que plantear…… ¿le parece a usted más razonable el resultado de nuestra visión cronológica, que la apuntada por el Dr. Rivas o por el contrario, entiende como más correcta la de él? Y para llegar a la respuesta apropiada, nada más aconsejable que mediante su propio ejemplar de las Escrituras, personalmente compare ambos puntos de vista y sacando las oportunas conclusiones, decida por cuál de ellas decantarse…… porque recuerde que nosotros, también nos podemos equivocar.

MABEL