Archivo para muerte

TIC-TAC, TIC-TAC, TIC-TAC…

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , , on 17/05/2015 by Armando López Golart

bd7bb64a2da28da791a026f2ba88f6b1_articleOnomatopeya del sonido que siempre ha estado asociada con el paso del tiempo, que salía de aquellos aparatosos despertadores de nuestra juventud y que si uno se ponía en plan filósofo, nos recordaba lo efímero de la existencia del hombre sobre la tierra y lo cual, todo hay que decirlo, tampoco es que fuera un recordatorio como para “tirar cohetes”; porque sus connotaciones más bien eran tendentes a recordarnos la dramática situación del condenado a muerte que sabe que va a morir y al que no le han dicho ni el día ni la hora, pero que sabe que eso va a suceder…… pero que dejando la parte filosófica a un lado y poniéndose ya en plan práctico, lo que también le recordaba a uno era que tenía que levantarse para ir a “currar” y ganarse las “habichuelas”, como todo hijo de vecino. Es cierto, por otra parte y retomando ya la parte seria del asunto, que si bien no estamos literalmente en una cárcel y privados de libertad como el reo de muerte al que hemos hecho mención, no es menos cierto que la “cárcel” de nuestro propio cuerpo y en su proceso de envejecimiento, con las limitaciones que ello lleva aparejadas, es señal inequívoca de que el tiempo se nos acaba…… así ha sido, al menos, desde que el mundo es mundo.

Pero dicho lo cual ¿qué es el “tiempo”? Ello explicado por profanos en la materia y que solo hablamos a partir del razonamiento lógico sobre lo que conocemos, como resulta ser en el caso de los autores de este blog, el “tiempo” es un elemento intangible (“dimensión física” lo llaman los entendidos) cuyo efecto es universal, pues todo lo que existe y ocurre lo hace dentro de esa corriente temporal: cuando decimos que una estrella tiene una “edad” de 4.000 millones de años o que la luz generada en la galaxia Andrómeda tarda 2,000.000 de años en llegar hasta nosotros, estamos hablando de “tiempo”; o cuando medimos la velocidad de la luz, cuantificada en 300.000 kms./segundo (realmente 299.792,458), o la distancia que nos separa de otro punto al que pretendemos llegar, más que de distancia o velocidad, estamos hablando inexorablemente de “tiempo”…… ahora bien ¿es cierto que todo lo que existe y como hemos afirmado en este párrafo, está sujeto al férreo dominio de ese fenómeno llamado “tiempo”? Veamos una información pasada por alto por el común de los científicos y que si bien son capaces de explicarnos científicamente qué es el “tiempo”, resulta que niegan el origen de este…… información esta que es crucial para entender todo lo que nos rodea y que se halla en una brevísima, a la par que grandiosa, declaración:

En el principio Dios creó los cielos y la tierra.” (Gén. 1:1).

Y entendiendo por “cielos”, al universo contemplado y todo lo que hay en él, material o inmaterial e incluyendo en este apartado de “inmaterial” y aunque quizás no sea muy “científico”, cosas como el propio “tiempo”, el electromagnetismo o la gravedad, la energía, etc. etc., pero que en todo caso rigen con majestuosidad en dicho universo. Luego partiendo de la inconmensurable grandeza dentro de su sencillez, de la declaración señalada, nos encontramos con que el “tiempo” fue creado…… por lo tanto, es obvio que dicha dimensión no existía antes de ser llevada a la existencia (valga la redundancia), por lo que su Creador tendría que ser de rango infinitamente superior, eso es, sin principio ni final y eso es lo que se nos dice en la Biblia, libro este que pasa por ser el más leído en el mundo y que inicia, precisamente, con la mencionada declaración; dicho lo cual, veamos qué es lo que se nos dice en ese libro acerca de la intemporalidad de dicho Creador:

Antes que los montes fueran engendrados y nacieran la tierra y el mundo (éste como sinónimo de “universo”), desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres Dios.” (Sal. 90:2). (Acotación nuestra).

De hecho, el concepto “eternidad” no puede ser entendido sin la presencia de un ser sin principio ni fin, por tanto anterior a todo lo creado…… incluido el “tiempo”, por supuesto; medición del cual y a partir de instrumentos rudimentarios como relojes de sol, de arena, etc., fue adquiriendo más notoriedad a medida que el ser humano iba progresando en sus conocimientos y también, porque no, necesidades, para llegar al momento en que prácticamente somos esclavos de este, eso es, del tiempo y no del ser humano (que también, para desgracia de este y como nos recuerda Ecle. 8:9). Es justo reconocer, por otra parte, que también hemos sacado beneficios de ello, es decir, de medir el tiempo (que no dominarlo y que ya es harina de otro costal), circunstancia solo enturbiada por el hecho de que lo corto de nuestras vidas hace que las queramos vivir con intensidad, lo que a su vez nos lleva a querer hacer muchas cosas en poco tiempo y lo que implica el estar luchando constantemente en contra de este; de tal suerte que la exclamación “¡no tengo tiempo!” es de uso cotidiano en el día a día de cualquier persona…… y con una agravante: cuanto más viejo se hace uno, más rápido parece pasar el “desgracio” y con lo que aumenta la angustia del “personal”. Todo considerado, quizás lo que se pudiera llegar a concluir es que el “tiempo” es una maldición para el hombre y el peor enemigo de este; y es que otra característica puñetera del “tiempo” es que es unidireccional (siempre va hacia delante) y constante (no se detiene), por lo que aquello de si “pudiera volver atrás en el tiempo” no haría esto, lo otro o lo de más allá, o quizás aquello de “si pudiera parar el tiempo” y que tantos enamorados habrán dicho en algún momento, es tarea imposible para el ser humano…… ¿se acuerdan de aquel bolero del genial cantante y compositor mejicano, Roberto Cantoral, titulada “El reloj” y que empezaba diciendo: “Reloj, no marques las horas…”?…… pues eso.

Y es que parar el tiempo, ha sido el deseo inalcanzado del ser humano en su fallido intento de no enfrentarse al negro e insoslayable futuro que tiene ante sí: nacer, crecer, envejecer y finalmente morir, todo ello en medio de incontables sufrimientos, penas y privaciones de todo tipo que hacen para el común de los mortales un verdadero infierno el transitar por este bien llamado “valle de lágrimas”…… ya a partir de tan estimulante y “animadora” disertación que les hemos hecho sobre el “tiempo” y sus fatales consecuencias, entendemos perfectamente el que uno esté barajando entre si cortarse las venas o ahorcarse en el “ficus” que tiene en el porche de su casa (que mancha menos, eso sí), pero ¡quieto ahí “parao”, que no cunda el pánico, porque la cosa tiene arreglo! Sí, sí, lo que están oyendo: la cosa sí tiene arreglo; y tanto es ello así, que dicho “enemigo” (el “tiempo”) puede pasar a convertirse en nuestro aliado más fiel, pues de hecho lo ha sido siempre y aunque dicha afirmación pueda sorprender, al grado que las personas bien informadas estamos como locas para que pase el “tiempo” lo más rápido posible…… ¡no, no, no que estemos locas de remate las personas que esperamos eso!, sino “como locas”, eso es, con gran impaciencia para que este transcurra lo más rápido posible y ello, por los beneficios que traerá consigo y de los que se nos da una primera perspectiva en el siguiente pasaje:

“…… y para que él (Jehová) envíe al Cristo nombrado para ustedes, Jesús, 21 a quien el cielo, en verdad, tiene que retener dentro de sí hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo.” (Hech. 3:20-21). (Acotación nuestra).

Noten, que ese “tiempo” por venir, tiene que ver con el regreso del Hijo de Dios para tomar el poder del reino milenario…… luego todo lo hablado por Dios en boca de “sus santos profetas de tiempo antiguo” tiene que llevarse a cabo dentro de ese período de “tiempo” y del que se nos explica, que es durante el mismo en donde se lleva a cabo la “restauración de todas las cosas”; pero ¿de qué cosas, son las que hablaron dichos profetas por encargo divino y que puedan hacer del “tiempo”, nuestro más preciado aliado? Pues tanto como esto, con respecto de las actuales limitaciones físicas:

En aquel tiempo (eso es, a partir del momento en que Jesucristo tome posesión del gobierno del reino de Dios) los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos mismos de los sordos serán destapados. 6 En aquel tiempo el cojo trepará justamente como lo hace el ciervo y la lengua del mudo clamará con alegría…” (Isa. 35:5-6a). (Acotación nuestra).

En cuanto al recobro de nuestro entorno medioambiental, incluyendo los parajes más extremos, se lee como sigue:

“… pues en el desierto habrán brotado aguas y torrentes en la llanura desértica. 7 Y el suelo abrasado por el calor se habrá puesto como un estanque lleno de cañas; y el suelo sediento, como manantiales de agua. En el lugar de habitación de los chacales, un lugar de descanso para ellos, habrá hierba verde con cañas y papiros.” (Isa. 35:6b-7).

Veamos, por otra parte, que nos dijeron esos “profetas de tiempo antiguo” y voceros del Dios Altísimo, acerca de la vejez, que tanto nos limita y antesala de la muerte:

Que su carne se haga más fresca que en la juventud; que vuelva a los días de su vigor juvenil.” (Job 33:25).

O lo que es lo mismo, que la persona anciana y decrépita retroceda en el “tiempo” en lo físico y sea devuelta a los momentos de su máximo esplendor juvenil, tanto en lozanía como en vigor; pero veamos más de lo que se nos dijo por boca de esos “profetas de tiempo antiguo” y ello para el momento en que, como hemos leído en Hech. 3:20-21 Cristo regresara a la tierra, con relación a lo que Jehová hará con la muerte en ese período de mil años de gobernación divina:

Él realmente se tragará a la muerte para siempre y el Señor Soberano Jehová ciertamente limpiará las lágrimas de todo rostro (causadas fundamentalmente por el dolor ante dicho suceso). Y el oprobio de su pueblo quitará de toda la tierra, porque Jehová mismo lo ha hablado.” (Isa. 25:8). (Acotación nuestra).

Y cumplimiento cabal de ese “tragarse la muerte”, que no sería posible si los muertos no volvieran a la vida:

Tus muertos vivirán. Cadáver mío… se levantarán. ¡Despierten y clamen gozosamente, residentes del polvo! Porque tu rocío es como el rocío de malvas y la tierra misma dejará que hasta los que están impotentes en la muerte caigan en nacimiento (eso es, que vuelvan a la vida mediante una resurrección).” (Isa. 26:19). (Acotación nuestra).

Todas estas cosas, absolutamente todas ellas, fueron dichas por Jehová Dios por “boca de sus santos profetas de tiempos antiguos” y por lo que si el pasaje de Hech. 3:20-21 que hemos leído no nos ha “colado un gol”, todas “esas cosas” tienen que ocurrir dentro del período de mil años del reino de Dios y ello a partir del momento en que es establecido el reino de Dios en la tierra (y no mil años después de dicho establecimiento, como disparatadamente afirma determinado “teólogo” de pizarrín que va suelto por ahí) y hecho que se produce, según dicho pasaje, con el tiempo del regreso de Jesucristo a la tierra…… luego la pregunta es obvia: ¿no estamos ante unas perspectivas deseables y que nos tendrían que hacer ver el “tiempo” que falta para que las tales se cumplan, como excesivamente largo? De hecho, lo que se nos dice con relación a los momentos que se nos avecinan, es lo siguiente:

Pero al comenzar a suceder estas cosas (eso es, los acontecimientos preliminares que anunciarían que el tiempo para dicha “restauración” prometida, lo estaríamos tocando ya con la punta de los dedos, es decir prácticamente inmediata), levántense erguidos y alcen la cabeza, porque su liberación se acerca.” (Luc. 21:28). (Acotación nuestra).

Ante tan espectacular promesa y puesto que la tal nos ha sido formulada por nuestro Creador, por tanto segurísima en su cumplimiento ¿no es cierto que ahora tal parezca que el tiempo que resta hasta el cumplimiento de la tal, parece haberse ralentizado? Porque esta es otra aparente vertiente de ese fenómeno llamado “tiempo”; y decimos “aparente” porque ahora de lo que estaríamos hablando no es tanto del “tiempo” y su transcurrir (que como hemos dicho es unidireccional e inmutable), sino de la forma que tenemos de percibirlo los seres humanos y según sea nuestra particular situación en un momento determinado: si es de felicidad, pedimos que se “pare el reloj” pues el “tiempo” parece haberse desbocado…… mientras que si la situación es de dificultad, parece haberse ralentizado en extremo, eso es, como si se hubiera quedado dormido. Luego dado que todo parece depender “del color del cristal con que se mira”, este es un buen barómetro con el que medir el grado de confianza y fe en las promesas divinas de cada cual, porque veamos:

En su momento (20/02/15) los autores de este blog nos atrevimos a apuntar como el punto de inflexión para la puesta en marcha de los siete últimos años del mundo como lo contemplamos, eso es, inmediatamente anteriores a la instalación del reino de Dios en la tierra, para el final del verano del año en curso y lo que nos lleva a Septiembre/Octubre, como el inicio de la profética “semana 70” de Dan. 9:27 (semana de años) y en dónde explicábamos el orden de cómo ocurrirán las cosas: aparición del personaje “anticristo” y hecho delatado por la firma de un tratado de paz por siete años que este establecerá “entre los muchos”, eso es, entre Israel y sus vecinos árabes; también al unísono, aparecen unos poderosísimos enviados de Jehová identificados como los “dos testigos” (Rev. 11:3) y que darán inicio a la predicación mundial anunciada por Jesús en Mat. 24:14 (nada que ver con la ya centenaria “pachanga dominguera” de los TJ), con una duración de 1.260 días o tres años y medio (la primera mitad de la semana mencionada), para cerrar la última parte de esta semana de años (los restantes tres años y medio) con la “gran tribulación” que acabará con aquellos que no hayan hecho caso a lo ofertado en esa predicación (2 Tes. 1:6-9) en la que se alcanzará al mundo entero…… eso es, a grandes rasgos, lo que afirmábamos va a ocurrir y planteamiento en el que nos ratificábamos en artículos posteriores (14/03/15 / 26/03/15 / 04/04/15 / 16/04/15 o 01/05/15).

Planteamiento que no ha sido rebatido por ninguno de esos líderes religiosos, pastores o predicadores que van intoxicando con lo del “arrebatamiento” y zarandajas por el estilo, reuniendo a su alrededor a una multitud ignorante en su inmensa mayoría (independientemente de la buena disposición que tengan de corazón, así como de su calidad como personas, de las que no dudamos) o, en su defecto, personajes que desde la intimidad de su despacho y presumiendo de “expertos” en teología (Apologista Mario Olcese es un ejemplo de ello), van produciendo disparatados videos en los que afirman, por ejemplo y como es en el caso del personaje citado, que el paraíso no será restaurado en el reino de Dios, sino a partir del término de este, eso es, finalizados ya los mil años; no solo no explicándonos para qué sirven entonces esos mil años de prolongación del sufrimiento humano, así como el porqué de una Biblia girando totalmente alrededor de tan magno evento como única esperanza de la humanidad y con un Jesús enviado con la única finalidad de predicar las bondades de dicho reino (Luc. 4:43), sino que además, contradiciendo lo dicho por el mismísimo Hijo de Dios en el sentido de que “reino” era equivalente a “paraíso” y viceversa, tal como se afirma en Luc. 23:43. Pero como a dicho “caballero” lo voy a poner en posición de “firmes” en mi próximo artículo (lo haré a título personal, pues no le permito que me toque “la moral” ni al lucero del alba ¡y es que uno es muy suyo, qué quieren ustedes que les diga!), dejaremos el tema de ese “mercachifle” de la teología y volveremos a donde estábamos, eso es, que nuestro planteamiento de un inmediato inicio de ese período de tiempo profetizado por el bueno de Daniel, no ha sido objetado por nadie y por lo que parece que ha sido dado como bueno.

No obstante a dónde queremos ir a parar, es al hecho de que ese artículo inicial y seguido por otros en el mismo sentido, se publicó en el mes de Febrero del año en curso, por lo que quedaban aún por delante en ese momento y de ser cierta nuestra tesis, entre siete y ocho meses para que ya viéramos “cosas”…… cuando el caso ahora es que ya estamos y en el momento de publicar estas líneas, a solo cuatro meses (cinco a lo más) para que se organice “la mundial” con esa gran predicación que marcará el inicio de los siete últimos años del mundo como lo conocemos y a ser seguidos, de manera inmediata, por el establecimiento en la tierra del tan ansiado, por muchos, reino de Dios en manos de Jesucristo. Es en este sentido, que en el transcurso de este escrito les hemos señalado que realmente el “tiempo” ha corrido siempre a favor del hombre, pues desde la pérdida de la perfección por el pecado de Adán y con ello el inicio de los problemas de la humanidad que hoy plagan a la humanidad y ya enumerados, lo que el “tiempo” ha estado haciendo es acercándonos cada día más al momento en que de nuevo recuperaremos el rol que Jehová en un principio se propuso para el hombre y que como acabamos de señalar, momento que está al caer; pero veamos como en las Escrituras ya se nos muestra que el “tiempo” nunca ha sido nuestro enemigo, sino nuestro mejor aliado:

Ahora bien, sabemos que Dios hace que todas sus obras (el “tiempo” incluido) cooperen juntas para el bien de los que aman a Dios, los que son llamados según su propósito.” (Rom. 8:28). (Acotación nuestra).

Entonces y dado que ya hemos señalado que el “tiempo” pasa rápido o lento en función de las expectativas personales de cada uno, la pregunta es la siguiente: ¿cómo de corto o largo se le hace a usted ese reducido espacio de “tiempo” que queda pendiente para el cumplimiento de la promesa divina de “restauración” y siempre en el bien entendido, de que aquí “los mendas” no hayamos metido “la gamba” hasta el corvejón en nuestra predicción?

Porque si para usted el “tiempo” continúa pasando con la monotonía que nos tiene acostumbrados (algunos prefiriendo incluso que no fuera tan rápido el llegar de ese momento y que “haberlos haylos”), ello significa que poca o ninguna confianza tiene en ese maravilloso futuro que se nos promete…… si por el contrario, el “tiempo” para usted parece haberse ralentizado en su discurrir hacia ese momento tan esperado ¡enhorabuena, porque usted muestra tener firmemente agarrada la esperanza del reino de Dios y sus promesas!

MABEL

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¡…… Y ES QUE HAY PREGUNTAS QUE MERECEN “PALOS”!

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , on 07/05/2015 by Armando López Golart

preguntas-extrañas1Porque claro, resulta que cuando uno pregunta, o bien lo hace para aprender y lo que es muy loable, o bien lo que espera es que mediante dicha pregunta se despierte la capacidad de razonamiento del preguntado y con ello enseñarle algo, lo que también es igual de loable…… lo que no puede ser, es preguntar cosas cuando uno ignora las razones que están envueltas en ellas y por lo que nos encontramos, sencillamente, ante un preguntar solo por preguntar. Pero veamos a qué viene este comentario: una buena amiga de este blog y a colación de un artículo que habíamos acabado de publicar (01/05/15), en el que aludíamos a Apologista Mario Olcese y personaje de referencia en la introducción que acaban de leer, nos remitió un correo informándonos de ciertas preguntas que el tal personaje planteaba a los Testigos de Jehová y mediante las cuales estos pudieran probar la veracidad de su doctrinas más representativas…… preguntas que ustedes pueden encontrar en el artículo publicado por dicho “caballero” en su blog de cabecera y en fecha también del 01/05/15.

Dado que es obvio que nuestra buena amiga lo que pretendía con ello, es ver cómo responderíamos nosotros a las mismas y desde un punto de vista estrictamente bíblico, en nuestro deseo de complacerla pasamos a visitar dicho blog para ver de qué iba la cosa y efectivamente, en el artículo perteneciente a la fecha que les hemos señalado nos encontramos con las 35 preguntas de las que se nos habían hablado y en las que en cada una, se requería de un texto demostrativo que avalara determinada enseñanza…… y obviamente dando por sentado desde la parte “preguntante”, que el tal no existe, pues de lo contrario dicha exigencia no tendría sentido. Después a un breve análisis, llegamos a la conclusión que solo podíamos responder a parte de esas preguntas y que sí tenían una componente bíblica, pues el resto tenía que ver con “interpretaciones” más bien sicodélicas de las Escrituras que esos señores (los TJ) hacen para defender algunas de sus doctrinas fundamentales, pero del todo indefendibles desde el punto de vista del contexto escritural ¡vamos, que no hay texto o pasaje bíblico que las avale! Dicho lo cual, veamos qué respuesta tienen esas preguntas presentadas por el “teólogo” Mario Olcese y que, paradójicamente, tienen como objeto el cuestionar puntos que verdaderamente son defendibles bíblicamente…… y lo que prueba la supina ignorancia en cuanto al contenido escritural por parte del que las formula, pues queda claro que desconoce la existencia de los textos que prueban las cuestiones que él está poniendo en entredicho.

Por otra parte y antes de iniciar dicho análisis, lo que habría que señalarse de entrada es que no toda cuestión planteada puede ser respondida satisfactoriamente mediante un solo texto bíblico, pues hay que tener en cuenta los contextos, pues estos son los que complementan y añaden solidez al pasaje del que se trate. Luego lo que nosotros haremos, es presentar argumentos apoyados por determinados textos bíblicos y que en conjunto, den una respuesta razonable a la pregunta formulada…… excusamos decir, por tanto, que exigir respuestas concretas partiendo de textos concretos y que es lo que se nos propone, solo habla de un manifiesto analfabetismo bíblico por parte del “preguntador” y como resulta ser, repetimos, en el caso del personaje que nos ocupa; apuntado lo cual, entremos en materia y veamos la primera de esas preguntas:

1.- Un texto bíblico que pruebe que habrá una resurrección multitudinaria en el milenio.

De entrada habría que señalar, que para recibir respuestas adecuadas a lo que se pregunta, hay que empezar por saber preguntar y que tampoco parece ser el caso, pues esta pregunta ya de principio resulta confusa, pues no sabemos si lo que se intenta averiguar es si la resurrección señalada será “multitudinaria”, o si bien lo que se quiere saber es si la tal se producirá “durante” el tiempo abarcado por el reino de Dios, eso es, dentro del período milenial. Sin embargo, sí hay un pasaje que nos muestra ambos extremos, eso es, que dicha resurrección será multitudinaria y que se produce durante el período milenial; veámoslo:

Pero las naciones se airaron y vino tu propia ira y el tiempo señalado para que los muertos sean juzgados, para dar su galardón a tus esclavos los profetas y a los santos, a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes y para causar la ruina de los que están arruinando la tierra.” (Rev. 11:18).

Entonces que estamos ante una resurrección multitudinaria queda claro por el hecho de que se nos dice que estamos ante el tiempo “señalado” para que los muertos reciban su correspondiente retribución (premio o castigo, según sea el caso), lo que implica la resurrección de todos los muertos desde que el mundo es mundo a menos, eso sí, que algunos se queden sin dicha retribución y lo cual no tendría sentido en un Dios de “justicia” y término que significa el dar a cada uno aquello que se merece. Y que será dentro del período milenial, queda claro por el marco de circunstancias en el que se procede a dar dicha retribución, eso es, en el momento en que Jehová Dios y por medio de Su Hijo Jesucristo, trae el juicio a la tierra por medio de la instauración del reino de Dios (Dan. 2:44); en todo caso y en apoyo del primer supuesto, que dicha resurrección será multitudinaria, veamos también el siguiente pasaje:

No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas (o sea, todas aquellas personas que están en el recuerdo de Dios) oirán su voz 29 y saldrán…” (Juan 5:28-29). (Acotación nuestra).

Luego si “todos” los muertos desde que el mundo existe, “oirán su voz” (lo que significa que serán llamados por nombre) y “saldrán”, es obvio lo multitudinario de dicho evento; veamos ahora como reforzamos el segundo supuesto, eso es, que dicha resurrección ocurre “durante” el milenio, en esta ocasión con el siguiente texto:

Jesús le dijo: “Tu hermano se levantará”. 24 Marta le dijo: “Yo sé que se levantará en la resurrección en el último día.” (Juan 11:23-24).

Es obvio, que ese pasaje precisa de un contexto que avale el sentido que le pretendemos dar y por lo cual, la pregunta ahora tendría que ver con qué se entiende por “el último día” del que nos habló la buena de Marta; expresión que, en todo caso, Jesús no discutió como el momento en que efectivamente se llevaría a cabo dicha resurrección de carácter general…… y respuesta que encontramos en Hech. 3:20-21:

“…… y para que él (Jehová Dios) envíe al Cristo nombrado para ustedes, Jesús, 21 a quien el cielo, en verdad, tiene que retener dentro de sí hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo.” (Acotación nuestra).

Puesto que el regreso de Jesucristo se relaciona con “los tiempos de la restauración de todas las cosas”, eso es, el devolver una situación, cosa u objeto a su estado inicial (en este caso, a la humanidad a los tiempos de Adán y Eva antes del pecado), es obvio que desde el punto de vista bíblico “el último día” señalado por Marta es consustancial con el período de tiempo del reinado de Jesucristo sobre la tierra y dentro del cual, se llevarán a cabo “todas las cosas que habló Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo” y entre las que figura la siguiente:

Él realmente se tragará a la muerte para siempre y el Señor Soberano Jehová ciertamente limpiará las lágrimas de todo rostro. Y el oprobio de su pueblo quitará de toda la tierra, porque Jehová mismo lo ha hablado.” (Isa. 25:8).

Y que ello tiene que ver, no solo con el eliminar la muerte de sobre la tierra, sino también con el restaurar a la vida a los muertos en una resurrección, queda patente en el siguiente profético pasaje y cuyo contenido se incluye también entre esas “cosas” que el Altísimo prometió al ser humano que serían restauradas, por medio de sus profetas:

Tus muertos vivirán. Cadáver mío… se levantarán. ¡Despierten y clamen gozosamente, residentes del polvo! Porque tu rocío es como el rocío de malvas y la tierra misma dejará que hasta los que están impotentes en la muerte caigan en nacimiento (eso es, vuelvan a la vida).” (Isa. 26:19). (Acotación nuestra).

Pero siendo evidente que de lo que se nos está hablando es de una resurrección, resulta que eso no es lo que está en discusión, sino que lo que se discute es el espacio temporal dentro del cual se produce esta; porque claro, lo que el Sr. Olcese y autor de las preguntas objeto de análisis pone en cuestión, no es la existencia de otra resurrección (aparte de la “primera” resurrección de Rev. 20:6) y que a partir de ahora en adelante y para no liarnos, sencillamente mencionaremos como la resurrección de los muertos, sino el hecho de que la misma y según su peculiar manera de entender las Escrituras, ocurre ya pasados o fuera ya del ámbito de los mil años del reinado de Cristo y ello en función de una más que estrafalaria interpretación de Rev. 20:12-13…… sin embargo, lo que nosotros afirmamos es que lo que se nos dice en las Escrituras acerca de dicha resurrección, es que esta ocurre durante el período milenario. No obstante y si bien es cierto que los pasajes mencionados hasta el momento nos hablan de una resurrección, no es menos cierto que en sí mismos tampoco son demasiado explícitos o contundentes en señalar el tiempo en que la tal se lleva a efecto…… y aquí aparece de nuevo el contexto salvador, pues veamos lo que se lee en Isa. 25:7 y texto anterior al que hace un momento hemos hecho referencia:

Y en esta montaña (eso es, en el ámbito de influencia de dicha “montaña”) él ciertamente se tragará la cara de la envoltura que está envuelta sobre todos los pueblos y la obra tejida que está entretejida sobre todas las naciones.” (Acotación nuestra).

No siendo esa “envoltura” y esa “obra tejida”, más que una alusión a la muerte que como envoltura tejida constriñe al ser humano y de la que se nos habla en el verso 8 que, repetimos, ya hemos leído; ahora bien…… ¿qué es esa “montaña” dentro de cuyo contexto la muerte será reducida a nada, mediante la resurrección y como hemos comprobado en el también leído Isa. 26:19? Para responder a esta pregunta, nos tenemos que trasladar a la profecía de Daniel y en donde se lee esto:

Y en los días de aquellos reyes el Dios del cielo establecerá un reino que nunca será reducido a ruinas. Y el reino mismo no será pasado a ningún otro pueblo. Triturará y pondrá fin a todos estos reinos (los actuales) y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos; 45 puesto que contemplaste que de la montaña una piedra fue cortada, no por manos y que trituró el hierro, el cobre, el barro moldeado, la plata y el oro. El magnífico Dios mismo ha hecho saber al rey lo que ha de ocurrir después de esto. Y el sueño es confiable y la interpretación de él es digna de confianza.” (Dan. 2:44-45). (Acotación nuestra).

Y puesto que ya unos versos antes, concretamente en el 35, se nos ha explicado que esa “piedra” cortada que dio contra la imagen y la desmenuzó, llegó a ser una “gran montaña” que llenó toda la tierra, solo se puede concluir que la “montaña” en la que los muertos serán devueltos a la vida y de la que se nos habla en Isa. 25:7, no es otra cosa que el reino de Dios en manos de Jesucristo…… luego ahora sí, blanco y en botella: la resurrección de los muertos se lleva a término dentro del período de tiempo de mil años del reino de Dios. Por lo tanto y resumiendo la cuestión, la respuesta a esa primera pregunta es la siguiente: si bien no hay un texto concreto que pueda responderla de manera explícita y contundente, si lo hace el conjunto del contexto escritural y que nos señala de manera incontestable que, efectivamente, estaríamos ante una resurrección multitudinaria que se llevará a cabo de manera progresiva durante el milenio…… establecido lo cual, vayamos a la segunda pregunta:

2.- Un texto bíblico que pruebe que los impíos que no conocieron a Dios serán resucitados en el milenio para tener una oportunidad para conocer a Dios.

Partiendo de lo ya considerado hasta el momento, esta respuesta sí se puede dar con un solo texto del todo concluyente, eso es, Hech. 24:15 y que se vierte de la siguiente manera en distintas versiones:

TNM: “…… y tengo esperanza en cuanto a Dios, esperanza que estos mismos también abrigan, de que va a haber resurrección así de justos como de injustos.”

BJ: “…… y tengo en Dios la misma esperanza que éstos tienen, de que habrá una resurrección, tanto de los justos como de los pecadores.”

BLP: “Mantengo la esperanza, que comparten también mis oponentes, de que Dios hará resucitar tanto a los buenos como a los malos.”

LBLA: “…… teniendo la misma esperanza en Dios que éstos también abrigan, de que ciertamente habrá una resurrección tanto de los justos como de los impíos.”

TLA: “Yo creo que Dios hará que los muertos vuelvan a vivir, no importa que hayan sido buenos o malos. Y también los que me acusan creen lo mismo.”

Aclarar que todas aquellas versiones que usan el término “impíos”, añaden una acotación a pie de página que corrige dicho término, por “injustos”. Pero claro, de lo que nos habla el Sr. Olcese es de aquellos “impíos que no conocieron a Dios” y por lo que se podría repreguntar en el sentido de, sobre qué base si uno no conoce ni a oído hablar de Dios, puede ser calificado de “impío” y que a lo largo de la historia de la humanidad, habrá seguramente, miles de millones de personas en esta situación; no olvidemos que el sentido primario del término “impío”, es la falta de respeto a las normas sagradas y lo que implica el no respetar al propio Dios Altísimo…… pero ¿cómo se puede respetar aquello que no se conoce y ser culpado por ello? Para resolver esta cuestión, tenemos unas palabras de Jesús que pueden ser tomadas como un principio y que nos dan a entender que no hay culpa, si hay desconocimiento; pero veámoslas:

Y Jesús dijo: “Para este juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, queden ciegos” (estaba hablando en sentido espiritual, luego en lo relacionado a conocer o no, las cosas de Dios). 40 Aquellos de los fariseos (dirigentes religiosos de Israel, en los tiempos de Jesús) que estaban con él oyeron estas cosas y le dijeron: “Nosotros no somos ciegos también ¿verdad?” (a diferencia del pueblo al que esos personajes consideraban “malditos”, por no conocer la Ley de Dios y de la que ellos eran maestros). 41 Jesús les dijo: “Si fueran ciegos (eso es, que no “vieran” o no “conocieran”), no tendrían pecado. Pero ahora ustedes dicen: “Vemos”. Luego su pecado permanece (eso es: puesto que “conocían” las cosas de Dios, pero no las obedecían, eran hallados culpables).” (Juan 9:39-41). (Acotaciones nuestras).

Luego según este principio, se puede entender que es peor el desobedecer teniendo conocimiento de lo desobedecido, que actuar mal desde el punto de vista de Dios, pero desconociendo lo que Este demanda de uno; luego las personas que a lo largo de su vida no han tenido conocimiento de las exigencias de nuestro Creador (ni siquiera de la existencia de Este en su calidad de Dios verdadero y que es de lo que se trata), no pueden ser halladas culpables de transgresión consciente, por tanto calificadas de “impías” y, consecuentemente, el ser rechazadas por ello de participar en la resurrección de los muertos…… dicho lo cual, queda claro que el pasaje de Hech. 24:15 mencionado, responde perfectamente a la pregunta analizada; por lo que vayamos a la siguiente:

3.- Un texto bíblico que pruebe que los impíos incorregibles e impenitentes nunca resucitarán sino que permanecerán eternamente inconscientes en sus tumbas o sepulcros.

Pregunta que puede ser respondida también con un solo pasaje, en este caso con el de Judas 5-7:

Deseo recordarles, a pesar de que saben todas las cosas de una vez para siempre, que Jehová, aunque salvó a un pueblo de la tierra de Egipto, después (o “de una vez para siempre”, según nota a pie de página en algunas traducciones) destruyó (o redujo a la nada y que es muy distinto a sufrir la muerte causada por el pecado heredado que experimentamos los seres humanos) a los que no mostraron fe. 6 Y a los ángeles que no guardaron su posición original, sino que abandonaron su propio y debido lugar de habitación, los ha reservado con cadenas sempiternas bajo densa oscuridad para el juicio del gran día. 7 Así también Sodoma y Gomorra y las ciudades circunvecinas, después que ellas de la misma manera como los anteriores hubieron cometido fornicación con exceso, he ido en pos de carne para uso contranatural, son puestas delante de nosotros como ejemplo amonestador al sufrir el castigo judicial de fuego eterno (o destrucción eterna).” (Acotaciones nuestras).

Porque si ello no fuera así, eso es, que aquellos destruidos por un juicio adverso directo por parte de Jehová Dios, como los muertos en el diluvio del día de Noé, o los rebeldes Coré, Datán y Abiram (y seguidores de estos) de los días de Moisés, o los moradores de Sodoma y Gomorra, no hubieran sido objeto del castigo de destrucción eterna ¿de qué “ejemplo amonestador” estaríamos hablando, si al final resultara que fueran también resucitados y, como los demás, con la opción de alcanzar la vida eterna? Luego parece quedar claro que la “muerte” es una cosa de la que hay retorno (por medio de la resurrección), mientras que no hay retorno posible de la destrucción a manos de Jehová, pues el juicio divino es eterno…… de ahí las palabras registradas en Hebr. 10:31:

Es cosa horrenda caer en las manos del Dios vivo.”

Pero podríamos añadir a lo dicho y por aquello de dejar la cosa bien sentada, unas palabras dichas por el apóstol Pablo y referidas a unas personas que se enfrentaron en su momento y con feroz contumacia con aquellos que tenían a su cargo el difundir el mensaje de Jesús, oponiéndose con ello a la voluntad divina de que dicho mensaje fuera divulgado:

Esto toma en cuenta que es justo por parte de Dios pagar con tribulación a los que les causan tribulación (eso es, que intentaban evitar por todo medio la divulgación del mensaje divino, llegando para ello incluso a la violencia física contra aquellos que tenían a su cargo dicha tarea), 7 pero, a ustedes que sufren la tribulación, con alivio juntamente con nosotros al tiempo de la revelación del Señor Jesús desde el cielo con sus poderosos ángeles 8 en fuego llameante, al traer él venganza sobre los que no conocen (pues rehusaron hacerlo) a Dios y sobre los que no obedecen (pues con violencia se resistieron a ello) las buenas nuevas acerca de nuestro Señor Jesús. 9 Estos mismos (eso es, las personas opositoras que vivieron en los tiempos de la labor apostólica y aquellas que en un futuro, harán lo mismo que ellas) sufrirán el castigo judicial de destrucción eterna (luego de la que no hay resurrección posible) de delante del Señor y de la gloria de su fuerza.” (2 Tes. 1:6-9). (Acotaciones nuestras).

Entonces la pregunta es inevitable ¿sería lógico y a tenor de lo que acabamos de leer, que esas personas que en el primer siglo persiguieron a muerte a los legítimos representantes de Dios, fueran resucitadas y con la perspectiva de alcanzar también la vida eterna, codo con codo con aquellas a las que masacraron? Ahí dejamos la pregunta y dicho lo cual continuaremos con nuestro análisis, pero obviando las preguntas 4 a la 14, pues estas y como hemos señalado al principio, tienen que ver con doctrinas de los TJ apoyadas en “sicodélicas” interpretaciones de distintos pasajes bíblicos y que no tienen sentido alguno…… por lo tanto, veamos ahora la pregunta que sigue:

15.- Un texto bíblico que pruebe que en el milenio no habrá muerte.

Pues en este caso y por aquello de que para que falte, más vale que sobre, señalaremos tres de ellos:

Él realmente se tragará a la muerte para siempre y el Señor Soberano Jehová ciertamente limpiará las lágrimas de todo rostro. Y el oprobio de su pueblo quitará de toda la tierra, porque Jehová mismo lo ha hablado. (Isa. 25:8).

Veamos otro:

Con eso, oí una voz fuerte desde el trono decir: “¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad y él residirá con ellos y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos. 4 Y limpiará toda lágrima de sus ojos y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado”.” (Rev. 21:3-4).

Ahora bien, si uno está en “la luna de Valencia” y que en España dicha expresión se usa para significar el estar fuera de lugar, eso es, más perdido “que un pato dentro de un garaje” y como es el caso del Sr. Olcese en cuestiones bíblicas ¡pues qué quieren que les digamos, como no sea que a partir de ahí cualquier cosa se puede esperar de semejante personaje! Y es que en una muestra de su capacidad “teológica” dicho “caballero” afirma que los capítulos de Rev. 20 al 22 aplican para terminado el milenio y por lo tanto, el pasaje señalado tiene un cumplimiento post milenial…… partiendo de ahí, ni mención del “cacao” mental que se monta el hombre y que resulta en los disparates que publica. En todo caso y prescindiendo de que en nuestro artículo del 01/05/15 mencionado al inicio de este escrito, ya exponíamos las razones por las que dicha forma de pensar no es más que una solemne majadería, veamos otro pasaje que reafirma nuestro planteamiento en el sentido de que la muerte como tal, es erradicada durante el reinado de mil años de Cristo y que encontramos en 1 Cor. 15:24-26, en donde se lee como sigue:

En seguida, el fin (del milenio, obviamente), cuando él (Jesucristo) entrega el reino a su Dios y Padre, cuando haya reducido a nada todo gobierno y toda autoridad y poder. 25 Porque él tiene que reinar hasta que Dios haya puesto a todos los enemigos debajo de sus pies. 26 Como el último enemigo, la muerte ha de ser reducida a nada.” (Acotaciones nuestras).

Y eso solo puede ocurrir cuando la resurrección haya llegado a su fin, pues mientras exista un solo muerto sin ser devuelto a la vida, la muerte continuará prevaleciendo como un poderoso enemigo del reino de Dios; de ahí y dado que la resurrección será progresiva y requerirá de buena parte del tiempo del reinado de Cristo, que se nos diga que la muerte es “el último enemigo” en ser derrotado…… y si este pasaje leído nos sitúa en el preciso momento en que Jesucristo ya terminada su tarea “entrega el reino” de retorno a su Padre Celestial que se lo encomendó (vs. 27-28), ello solo puede significar que la resurrección de los muertos es anterior a ese retornar del reino a Dios, lo que sitúa dicha resurrección durante el reinado de Cristo y no después de terminado este, como de forma totalmente disparatada enseña Apologista; dicho lo cual, continuemos con la siguiente pregunta:

16.- Un texto bíblico que pruebe que el milenio será el paraíso recobrado.

Pues por ejemplo, uno tan conocido como puede ser Luc. 23:42-43:

Y pasó a decir: “Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino”. 43 Y él le dijo: “Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el Paraíso”.”

Y prescindiendo que este pasaje también coloca la resurrección de los muertos dentro del reino de Dios, pues esto es lo que el malhechor estaba demandando de Jesús, eso es, el ser resucitado cuando éste llegara en su reino, lo que vemos en el mismo es el paralelismo que establece el propio Hijo de Dios entre “reino” y “paraíso”…… porque noten que las palabras del malhechor fueron “cuando entres en tú reino” y lo que le respondió Jesús fue “estarás conmigo en el paraíso”. No perdamos de vista el hecho que la expresión griega “pa·rá·dei·sos” que hoy se traduce “paraíso” en español y en clara referencia al “jardín de Edén” (Gén. 2:15), en la época de Jesús y según algunos estudiosos, se usaba para referirse al lugar en donde los hijos de Dios vivirían en paz y felicidad, hasta que llegara el momento final en el que uno tendría que decidir sobre su propio futuro, en clara referencia al momento señalado en Rev. 20:7-10.

Luego palabras del propio Hijo de Dios, que establecen una total equivalencia entre el “reino de Dios” y el “paraíso en la tierra”, como las dos caras de una misma moneda…… y puesto que no es arriesgado afirmar, que algo más sabría Jesús del asunto que el “enteradillo” del Sr. Olcese, el pasaje en cuestión prueba sin la menor duda que el paraíso será instaurado en la tierra durante el milenio; dicho lo cual y por las razones ya aludidas, saltamos hasta la pregunta 20 y en la que se nos demanda lo siguiente:

20.- Un texto bíblico de prueba de que Jesús dio a conocer el nombre de Dios a todo el mundo que lo escuchaba durante su ministerio.

Texto que encontramos en esta ocasión en Juan 17:26 y de nuevo, en una afirmación del propio Hijo de Dios:

Y yo les he dado a conocer tú nombre y lo daré a conocer (luego persistió en la tarea de continuar dando a conocer dicho nombre), para que el amor con que me amaste esté en ellos y yo en unión con ellos.” (Acotación nuestra).

Por otra parte, también tenemos el relato que nos muestra cómo enseñó Jesús a orar a sus seguidores:

Ustedes, pues, tienen que orar de esta manera: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tú nombre…”.”

Y mal se puede santificar un nombre si este no se conoce; pero es que resulta que el escritor del libro “A los Hebreos” y citando del profético Sal. 22:22, en directa aplicación a Jesús, escribió lo siguiente:

“…… como dice: “Declararé tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré con canción”.” (Hebr. 2:12).

Por lo que si todos estamos de acuerdo que Jesús cumplió todas y cada una de las profecías con él relacionadas, es obvio que también cumplió con esta y por lo que tuvo que enseñar el nombre de su Padre Celestial a sus seguidores; nombre que él conocía perfectamente y que transmitió a sus apóstoles, los cuales lo transmitieron a su vez, a sus más inmediatos seguidores…… y es que no nos imaginamos a todo un Hijo de Dios, como a Esteban, o Felipe, o Bernabé y tantos otros que alcanzaron dicha condición, que no tuvieran un conocimiento exacto de cuál era el verdadero nombre de su Padre Celestial.

Ya otra cosa es que en tiempos posteriores y debido a estúpidas supersticiones por parte de los dirigentes religiosos de Israel sobre dicho nombre, este fuera poco a poco restringido del uso cotidiano y con el tiempo acabara perdiéndose; con el resultado de que lo que hoy nos ha llegado hasta nosotros son las variantes gráficas Jehovah y Yahveh (Jehová y Yavé en español) y partiendo del llamado “tetragrámaton” que se compone de las siguientes consonantes: YHWH…… y este es el nombre de Dios. Pero dado que el hebreo se escribía sin vocales, a ver ahora y casi 2.000 años después, quién es “el guapo” que acierta con la vocales que darían forma fonética a las tales y que nos acercaran, más o menos, a la pronunciación correcta del nombre de Dios…… pero en todo caso y ateniéndonos a la pregunta en sí misma, es evidente que el nombre de Dios, se pronunciara como se pronunciara y sonara como sonara, sí fue dado a conocer durante el primer siglo a los seguidores de Jesús; dicho lo cual, pasemos a otra pregunta de las contestables:

23.- Un Texto bíblico de prueba que nos diga que Abraham, David, Moisés, y otros insignes hombres del llamado Antiguo Testamento que fueron paradigmas de la fe tienen una esperanza de vivir como súbditos del reino.

En este caso tenemos que volver y por aquello de centrar la situación, a las dos resurrecciones de las que se nos habla en las Escrituras: la “primera” de Rev. 20:6 en la que solo participan los que tienen que reinar con Cristo y que hemos dicho, se produce dentro de este sistema de cosas, pues ellos pelean la batalla de Armagedón (Rev. 17:14) y que es el episodio con el que concluye este sistema de cosas…… y una “segunda” resurrección, a la que nosotros y como ya hemos señalado, sencillamente la identificamos como la resurrección de los muertos, que ya hemos visto que se produce durante el período de tiempo del reino de mil años de Dios y en la que aparecen progresivamente aquellos que, sumándose a los sobrevivientes de la “gran tribulación” (Rev. 7:9; 14), conformarán el conjunto de los súbditos de dicho reino.

Resurrección ésta en la que van apareciendo esos notables del AT mencionados por el Sr. Olcese (entre muchísimos otros patriarcas), por lo que se convertirán en súbditos del reino de Dios…… obviamente en puestos de altísima relevancia dentro del organigrama de dicha gobernación divina y como corresponde a su prestigio ante el Creador, pero en sujeción al poder superior, o sea, en súbditos al fin y al cabo. Pero claro, lo que el personaje en cuestión defiende es que dichos personajes también reinarán con Cristo y para lo cual, tendrían que participar de la “primera” resurrección, pues esto es lo que leemos en las Escrituras:

Feliz y santo es cualquiera que tiene parte en la primera resurrección; sobre estos (los que participan de esta resurrección) la muerte segunda no tiene autoridad (eso es, que se les concede la inmortalidad), sino que serán sacerdotes de Dios y del Cristo y reinarán con él por los mil años.” (Rev. 20:6). (Acotaciones nuestras).

El problema con el que se encuentra el Sr. Olcese para mantener semejante disparate, está en que solo pueden heredar el reino en condición de inmortales reyes y sacerdotes, aquellos que tengan la condición de Hijos de Dios y que no es el caso entre los notables del AT, si nos atenemos a lo dicho por Pablo en Rom. 8:29:

“…… porque a los que dio su primer reconocimiento, también los predeterminó para que fueran hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos.”

Lo que leemos entonces, es que el primer Hijo de Dios fue Jesucristo y después aparecieron otros que fueron hechos a la imagen del original (eso es, a la imagen de éste) y lo que convierte a ese original como el “modelo” a partir del cual seguirían otros, que serían reconocidos como hermanos suyos y lo que permite que Jesucristo sea el primero o “el primogénito entre muchos hermanos”; y siendo el caso que la condición de Hijo de Dios le fue reconocida a Jesús en el momento de su bautismo (Mat. 3:16-17), resulta que si los Abraham y compañía en su momento ya hubieran sido reconocidos como tales por Dios (requisito “sine qua non” para reinar con Cristo, recordemos) y que es lo que nos propone Apologista…… ¿cómo puñetas podría ser Jesucristo, de manera alguna el “primogénito” de entre muchos hermanos”? A lo dicho, habría que añadirle otra cuestión de no menos enjundia y que encontramos en el Sal. 45:16, en donde leemos las siguientes palabras proféticas dirigidas de Jesucristo:

En lugar de tus antepasados llegará a haber tus hijos, a quienes nombrarás príncipes en toda la tierra.”

Analicemos ahora la cuestión y partiendo de un dato que es incontrovertible: esos personajes del AT, efectivamente, fueron antepasados de Jesús; entonces y sabiendo que los que reinarán con Cristo ya se levantan en la “primera” resurrección, con la condición de inmortales reyes y sacerdotes, posición solo inferior a la del Soberano sobre todo el Universo, Jehová Dios ¿qué necesidad tienen de ser “nombrados” algo, en este caso príncipes…… siendo además dicho título, de rango en extremo inferior a la excelsa posición que ostentan a partir del mismo momento de su resurrección? Luego es obvio que los que reciben dicho nombramiento, son esos antepasados del mencionado salmo y que se corresponden con destacados personajes del AT como los citados, que reciben ensalzadas posiciones como sub-gobernantes en la tierra, pero en su condición de mortales súbditos, destacados eso sí, pero mortales súbditos al fin y al cabo, siempre en directa sujeción a los reyes del gobierno del reino encabezados por Jesucristo; dicho lo cual, continuemos con la siguiente pregunta:

24.- Un Texto bíblico de prueba de que el día del juicio durará mil años.

En primer lugar, decir que lo que el Sr. Olcese tendría que tener en cuenta antes de meter la “gamba” y como nos tiene acostumbrados, es que la expresión “día” en terminología bíblica, solo se refiere a un espacio de tiempo de duración desconocida y que solo el contexto en la que se encuentra determina su duración; por ejemplo, ya hemos visto que “el día final” mencionado por la hermana del difunto Lázaro y en clara referencia al reino de Dios, tiene una duración de mil años…… por el contrario, cuando hablamos del “día de Jehová” en Sof. 1:14 y otros pasajes relacionados con dicho evento apocalíptico, tiene que ver con los tres años y medio últimos de la profética “70 semana” de Dan. 9:27, en el que Dios actúa en contra de aquellos que han rechazado la oportunidad de acogerse al reino y ofertada en los primeros tres años y medio de dicha “semana 70” mediante la gran predicación de Mat. 24:14, como se nos explica en 2 Tes. 1:6-10.

Por otra parte, que la expresión “día” solo adquiere una connotación temporal determinada cuando el contexto lo define, queda claro si consideramos una situación tipo: por ejemplo, cuando se menciona en las Escrituras “en los días de Sedequías”, bien podemos estar hablando de la duración del reinado de este personaje y con lo que tendríamos una duración determinada, o bien de un suceso puntual ocurrido durante el reinado de dicho personaje y por lo que ya estaríamos hablando de un espacio de tiempo de distinta duración; sin embargo, la expresión “en los días de…” no pierde su validez en ningún momento, merced al contexto que aclara de qué estamos hablando…… pero veamos otro ejemplo:

“En los días de Samgar hijo de Anat, en los días de Jael, no había tránsito en los senderos y los viajantes de veredas viajaban por senderos indirectos.” (Jue. 5:6).

En este contexto, la expresión “en los días” se usa para señalar que cuando vivían esas personas, no había tránsito alguno por esos senderos y se usaban vías alternativas; pero veamos la misma expresión “en los días” con un significado distinto:

Así fue sojuzgado Madián delante de los hijos de Israel y ya no volvieron a levantar la cabeza; y la tierra no tuvo más disturbio por cuarenta años en los días de Gedeón.” (Jue. 8:28).

Porque aquí lo que el contexto nos señala, es de un hecho concreto que ocurrió en “los días” de Gedeón, eso es, mientras ejerció como juez de Israel, hubo un espacio de tiempo de cuarenta años de paz…… de nuevo espacios de tiempo de distinta duración, que sin embargo se describen con la misma expresión: “en los días de…” y dejando que sea el contexto el que nos aclare el tiempo abarcado en cada momento por dicha expresión. Por otra parte, tenemos que “un día” para Jehová es como mil años y mil años como “un día” (2 Ped. 3:8) y sin embargo, cada “día” creativo y según el contexto escritural, abarcó un período de tiempo de 7.000 años; entonces queda claro que el término “día” como elemento temporal, solo adquiere un valor determinado cuando se coloca en su contexto. Por lo tanto, si tomamos como el “día” de juicio lo relatado en Rev. 20:12-13, ese “día” tiene una duración de mil años; sin embargo, si por “día” de juicio entendemos lo relatado en Sof. 1:14, nos encontramos con un “día” de tres años y medio y, así sigan ustedes calculando…… pero dicho esto, continuemos con la siguiente pregunta:

29.- Un Texto bíblico que nos pruebe de que Cristo hizo un nuevo pacto con una minoría de sus seguidores llamados los 144,000 ungidos.

Para aclarar este punto, empecemos por el principio (no se asusten, que no va la cosa por donde ustedes piensan, eso es, que les van “a dar la uvas” leyendo este artículo), en este caso por saber cómo fue la elección de los apóstoles…… y que el mero hecho de hablar de “elección”, ya significa que de entre muchos fueron elegidos unos pocos y como fue realmente el caso, pues en el momento en que se produjo dicha elección ya Jesús tenía muchos seguidores o discípulos; pero veamos cómo fue la historia, según lo relatado en el pasaje de Luc. 6:12-13:

En el transcurso de aquellos días él salió a la montaña a orar y pasó toda la noche en oración a Dios (obviamente, en demanda de ayuda para hacer la elección correcta). 13 Pero cuando se hizo de día (y ya con las cosas claras) llamó a sí a sus discípulos y escogió a doce de entre ellos (eso es, de entre los muchos discípulos que tenía, solo doce fueron los agraciados), a los cuales también dio el nombre de “apóstoles”.” (Acotaciones nuestras).

Ahora bien ¿cómo sabemos, que Jesús tenía “muchos” discípulos? Pues porque eso es lo que se nos dice cuatro versículos más adelante, eso es, en el 17:

Y bajó con ellos (con los doce) y se apostó en un lugar llano y había una gran muchedumbre de sus discípulos (probablemente no todos los que tenía, sino solo los de esa zona) y una gran multitud del pueblo de toda Judea y de Jerusalén y del país marítimo de Tiro y Sidón, que vinieron a oírle y a ser sanados de sus enfermedades.” (Acotaciones nuestras).

Noten la distinción que se hace en dicho pasaje entre los que eran discípulos de Jesús y aquellos que no lo eran, que son identificados como gente “del pueblo”; en todo caso, a lo que queremos llegar es que con la ayuda de esos doce ayudantes directos y que fueron directamente enviados por Jesús a predicar, el número de sus discípulos en general aumentaría significativamente, merced a los prodigios que se les permitió llevar a cabo a estos enviados:

A estos doce Jesús los envió, dándoles estas órdenes: “No se vayan por el camino de las naciones y no entren en ciudad samaritana; 6 sino, más bien, vayan continuamente a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Al ir, prediquen, diciendo: ‘El reino de los cielos se ha acercado’. 8 Curen enfermos, levanten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios. Recibieron gratis; den gratis”.”

Es solo natural, entonces, que dichas demostraciones de poder llevaran a aumentar considerablemente el número de discípulos del Hijo de Dios…… sin embargo, veamos qué nos cuentan las Escrituras, acerca de con cuantos estableció Jesús un nuevo pacto:

Sin embargo, ustedes son los que con constancia han continuado conmigo en mis pruebas; 29 y yo hago un pacto con ustedes, así como mi Padre ha hecho un pacto conmigo, para un reino, 30 para que coman y beban a mi mesa en mi reino y se sienten sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.” (Luc. 22:28-30).

Entonces, si para ese momento ya Judas había salido de la escena, el “nuevo pacto” para un reino fue establecido solo con once personas, eso es, una ínfima cantidad si se compara con la inmensa cantidad de discípulos que por ese entonces tenía y ya prácticamente finalizado su ministerio, el Hijo de Dios…… y lo de “nuevo pacto” no es algo que se nos ocurre a nosotros, sino que es lo que anunció el mismísimo Jehová Dios en su momento y que recordemos, ya había establecido un pacto con el pueblo de Israel (Éxo. 19:5-6) en las llanuras del desierto del Sinaí; pero veamos cómo fue anunciado dicho “nuevo pacto”:

¡Mira! Vienen días, es la expresión de Jehová y ciertamente celebraré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto; 32 no uno como el pacto que celebré con sus antepasados en el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, el cual pacto mío ellos mismos quebrantaron, aunque yo mismo los poseía como dueño marital, es la expresión de Jehová.

33 Porque este es el pacto que celebraré con la casa de Israel después de aquellos días, es la expresión de Jehová: Ciertamente pondré mi ley dentro de ellos y en su corazón la escribiré. Y ciertamente llegaré a ser su Dios y ellos mismos llegarán a ser mi pueblo.” (Jer. 31:31-33).

Entonces la pregunta sería y dado que el anterior pacto fue establecido con Moisés como mediador ¿por medio de quién “después de aquellos días”, celebró Jehová el nuevo pacto con el pueblo de Israel? Pues obviamente por medio de Jesús y teniendo como participantes del mismo a sus once apóstoles fieles y que, validado dicho pacto en el momento en que recibieron el bautismo en espíritu santo que los reconoció como Hijo de Dios, continuaron su apostolado y recogiendo a aquellos que tendrían que acompañarles en su reinar al lado de Jesucristo y que las Escrituras cifran en un total de 144.000 miembros…… a menos eso sí, que estas nos mientan y Rev. 14:1-4 no diga, lo que indudablemente dice. Luego en conclusión y ciñéndonos a la pregunta analizada, sí es cierto que el Hijo de Dios estableció un “nuevo pacto” con una ínfima minoría de sus seguidores, que al final de los tiempos han de llegar a conformar un “grupeto” de 144.000 componentes con Jesucristo al frente…… eso es lo que nos dicen las Escrituras ¡y lo demás son gaitas!

Dicho lo cual y esperando con nuestras respuestas haber complacido a nuestra buena amiga, nos permitimos el atrevimiento de pedirle a ella o a cualquiera de las personas que han leído este escrito, el siguiente favor: dado que este “genio” de la teología defiende que el contenido de los capítulos del 20 al 22 de Revelación (o Apocalipsis) ocurre después de acabado el milenio, exíjanle al Sr. Olcese que en uno de sus videos responda a la siguiente cuestión: ¿Qué ocurre entonces, en la tierra, durante los mil años del reino de Dios”? Ya que no nos responde a nosotros porque lo tenemos “acogotado”, eso es y usando un símil boxístico (muy de moda después del “combate del siglo”), que lo tenemos contra las cuerdas y encima muy “calladito”, al menos que lo haga a otras personas con el ánimo de mostrarles las excelencias de sus “enseñanzas; y es que si bien y como hemos señalado en el titular de este escrito, hay preguntas “que merecen palos”, hay otras que merecen ser contestadas para defender uno sus tesis y como es la que hemos planteado…… ya otra cosa, es que no se tenga la capacidad para ello y como es en el caso que nos ocupa, porque el planteamiento que sostiene la idea de que Rev. 20-22 tiene su cumplimiento terminado ya el reino de Dios, no es más es una verdadera salvajada ¡qué quieren ustedes que les digamos!

MABEL

LA MUERTE Y LA RESURRECCIÓN. (Parte 2)

Posted in Uncategorized with tags , , , , , on 26/02/2015 by Armando López Golart

10673537-mujer-de-halloween-vestido-de-gotico-llorando-en-una-tumbaSe han adelantado otros argumentos en favor de la inmortalidad del alma, basadas en la Biblia, pero que no encuadran en la categoría de los pasajes citados arriba, sino más bien pretenden ser deducciones de principios bíblicos. Puede ser provechoso examinar algunos de estos argumentos antes de seguir adelante.

No hay paz, dice mi Dios, para los impíos.” (Isaías 57:21).

Esta declaración se cita para probar que existe el tormento de los inicuos. Indudablemente no se necesita ningún argumento para mostrar que no sirve en absoluto para tal propósito. La declaración es verdadera, sin importar la teoría que se pueda tener referente al destino de los inicuos. Mientras los inicuos viven, ya sea en esta vida o después de la resurrección, no hay paz para ellos. Es imposible que puedan tener paz, sobre todo porque están esperando el tiempo en que serán objeto de la venganza judicial y devoradora de Dios. Pero esto no demuestra (como se pretende que lo hace) que son inmortales. Semejante idea queda totalmente excluida por los pasajes anteriormente citados.

La aparición de Moisés y Elías en el Monte de la Transfiguración

Por lo que respecta a Elías, está testificado que no vio la muerte, sino que fue trasladado o llevado corporalmente (2 Reyes 2:11). Su aparición, por lo tanto, no sería prueba de la existencia de espíritus incorpóreos. En cuanto a Moisés, si estuvo presente en forma corporal, previamente debió haber sido levantado de entre los muertos. Que él se manifestó en forma corporal es evidente por el hecho de que los discípulos, hombre mortales, lo vieron y lo reconocieron. Pero queda en duda si Moisés o Elías estuvieron literalmente presentes. El testimonio es que las cosas vistas fueron una “visión” (Mateo 17:9). Y por Hechos 12:9 aprendemos que la visión es lo opuesto a la realidad, esto es, algo visto a la manera de un sueño, algo aparentemente real, pero en realidad sólo mostrado en visión al espectador. La audibilidad de las voces no resuelve el asunto ni para un lado ni para el otro, porque en visión, como en un sueño, se pueden oír voces que no existen, salvo en los nervios auditivos del vidente.

En los sueños, la ilusión es el resultado de desorden funcional; en visión, es el resultado de la voluntad activa de Dios, que obra sobre la estructura auditiva del vidente que se halla en trance (ver Hechos 10:13; también el cántico de los seres vivientes del Apocalipsis y la voz de las “almas” bajo el “altar”). La presencia de Jesús (un personaje real) como uno de los tres tampoco contribuye mucho a hallar una solución, porque no habría ninguna imposibilidad en causar que Moisés y Elías aparecieran en visión a Jesús y conversaran con él. Es probable que Moisés y Elías hayan estado efectivamente presentes, pero el uso de la palabra “visión” desequilibra un poco el asunto. En ningún caso se puede interpretar la transfiguración como una prueba de la inmortalidad del alma. Fue sin duda una ilustración gráfica del reino, en cuanto representaba a Jesús en su poder y gloria consumados, exaltado sobre le ley (representada por Moisés) y los profetas (representados por Elías) y por lo tanto, elevado a la posición que los profetas señalan, cuando a la cabeza de la nación de Israel y de toda la tierra, él cumplirá la predicción de Moisés y el mandato de la voz celestial: “A él oiréis en todas las cosas que os hable.”(Hechos 3:22); “…… a él oíd.” (Mateo 17:5).

La resurrección

Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.” (Mateo 22:32). Si el creyente tradicionalista sacara una conclusión lógica de esta declaración, percibiría que en vez de probar la realidad de la inmortalidad del alma, establece indirectamente lo contrario. Reconoce la existencia de una clase de seres humanos que no están “vivos” sino “muertos.” ¿Quiénes son? Según la teoría popular, no hay “muertos” en lo que a la raza humana se refiere; todo ser humano vivirá para siempre. No puede sugerirse que significa “muertos” en el sentido moral porque esto queda expresamente excluido debido al tema que Jesús está tratando: la resurrección de los cuerpos muertos de la tierra (versículo 31).

Los saduceos negaban la resurrección. Cristo demostró la realidad de ella citando las palabras de Jehová registradas por Moisés: “Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.” ¿Cómo dedujo Jesús la resurrección de estas palabras? Afirmando que Dios no era el Dios de aquellos que estaban muertos en el sentido de estar extinguidos (ver Salmos 49:18-19). Pero, debido a que Dios se llamó a sí mismo el Dios de tres hombres que estaban muertos, Jesús razonó que Dios pensaba resucitarlos; porque Dios “llama las cosas que no son (pero que han de ser) como si fuesen.” (Romanos 4:17). Los saduceos entendieron la idea del argumento, lo cual los dejó callados.

Pero si, como se afirma por lo general, el significado de “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos” fuese que Abraham, Isaac y Jacob estaban vivos, entonces el argumento de Cristo para probar la realidad de la resurrección de los muertos queda destruido. Porque si se afirmara que Abraham, Isaac y Jacob estaban vivos, ¿cómo podría esto demostrar el propósito de Dios de resucitarlos? El argumento mismo requiere que estén muertos, a fin de ser partícipes de la resurrección. De este modo, el hecho de que están muertos en la ocasión en que Dios se llama Dios de ellos, implica que tiene el propósito de resucitarlos. Pero si se rechaza la realidad de que están muertos, como la rechaza la teología popular al decir que eran inmortales y que no podían morir, la idea principal del argumento de Cristo queda completamente destruida. Visto de la otra manera, el argumento es irresistible y nos explica por qué dejó a los saduceos callados; veamos otra cuestión:

Sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 18:10).

¿Cuáles ángeles? Los ángeles “de estos pequeños que creen.” (Mateo 18:6). Es costumbre identificar los términos “espíritus” y “ángeles” como sinónimos y creer que la expresión “sus ángeles” se refiere a los “pequeños” mismos; pero esta es una suposición en tan completo desacuerdo con el sentido del caso así como con el significado de las palabras, que no merece respuesta alguna. Los “pequeñitos” son aquellos que “reciben el reino de Dios como un niño” (Marcos 10:15) y “sus ángeles”, son los ángeles de Dios que supervisan los intereses de él: “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen.” (Salmos 34:7). “¿No son todos (los ángeles) espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación.” (Hebreos 1:14)? Esta es una buena razón para que procuremos “no despreciar a uno de estos pequeñitos”; pero si adoptamos la versión popular que hay sobre el asunto, entonces la razón se desvanece: “Mirad que no menospreciáis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus espíritus redimidos están en los cielos.” Esto encerraría una paradoja. No obstante, sin esto, la prueba de la inmortalidad del alma que algunos ven en este pasaje, no podría hallarse en parte alguna.

En el camino de la justicia está la vida; y en sus caminos no hay muerte.” (Proverbios 12:28).

Esto se cita algunas veces para probar que, en lo que respecta a los justos en todo caso, no existe ni siguiera extinción momentánea del ser. Si el pasaje demuestra esto, también establece lo inverso, es decir, que en el camino de la injusticia está la muerte; y que en sus caminos no hay vida. Las estipulaciones de una proposición afirmativa, tienen el mismo valor en una negativa. De ahí que si este pasaje prueba la inmortalidad literal de los justos, también prueba la mortalidad literal de los inicuos, lo cual es más de lo que aquellos que usan este argumento están dispuestos a aceptar. El pasaje corrobora la proposición de que la Biblia está contra la doctrina de la inmortalidad del alma.

Y no temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar.” (Mateo 10:28).

Este es el gran triunfo del defensor tradicionalista. El cree que aquí pisa terreno seguro y recita el pasaje con un énfasis que no pone al citar otros pasajes. Sin embargo, por lo general canta victoria demasiado pronto. Comienza a comentar antes de terminar de leer el versículo. Con regocijo pregunta por qué no se ha citado antes este pasaje y otras cosas por el estilo. Si le pedimos que continúe leyendo el versículo y no lo deje a medio terminar, no lo hace de muy buena gana; sin embargo, continúa leyendo aunque sea a regañadientes y tropieza con la parte final: “Temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.”

Al percibir instantáneamente el desastre que esta parte de la exhortación de Cristo produce en su teoría del alma inmortal e imperecedera, él sugiere que en este caso “destruir” significa “afligir” o “atormentar”. Pero esto carece de fundamento. En realidad, nunca un teórico en apuros ha aventurado una sugerencia más endeble que esta. En todos los casos en que se usa “apollumi” (la palabra griega traducida aquí como “destruir”), es imposible descubrir la menor insinuación de la idea de aflicción o tormento. Añadimos a continuación algunos ejemplos de la forma en que la palabra “apollumi” ha sido traducida en el Nuevo Testamento: “Herodes buscará al niño para matarlo.” (Mateo 2:13); “… tuvieron consejo contra Jesús para destruirle.” (Mateo 12:14); “… a los malos destruirá sin misericordia.” (Mateo 21:41); “… destruyó a aquellos homicidas.” (Mateo 22:7); “… persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás y que Jesús fuese muerto.” (Mateo 27:20); “… ¿has venido para destruirnos?” (Marcos 1:24); “… le echa en el fuego y en el agua para matarle.” (Marcos 9:22); “… y destruirá a los labradores.” (Marcos 12:9); “¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal? ¿Salvar la vida o quitarla?” (Lucas 6:9); “… el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres.” (Lucas 9:56); “… y vino el diluvio y los destruyó a todos.” (Lucas 17:27); “… llovió del cielo fuego y azufre y los destruyó a todos.” (Lucas 17:29); “… y los principales del pueblo procuraban matarle.” (Lucas 19:47); “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir.” (Juan 10:10); “No hagas que por la comida tuya se pierda.” (Romanos 14:15); “… destruiré la sabiduría de los sabios.” (1 Corintios 1:19); “… y perecieron por el destructor.” (1 Corintios 10:10); “… derribados, pero no destruidos.” (2 Corintios 4:9); “Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder.” (Santiago 4:12); “… después destruyó a los que no creyeron.” (Judas 5).

En todos estos casos, la palabra griega “apollumi” tiene un significado muy diferente de “afligir” o “atormentar”. El lector sólo tendrá que sustituir cualquiera de estas palabras en cualquiera de los pasajes citados para ver cuán ilógico sería semejante cambio. Si en todos los demás casos la palabra griega “apollumi” tiene su significado natural de destruir o matar ¿por qué se le debe asignar un significado especial en Mateo 10? Ninguna razón se puede dar fuera de la ya indicada, esto es, la de la necesidad de la teoría del creyente tradicionalista. Esta no es en absoluto una buena razón y, por lo tanto, la echamos a un lado y averiguamos lo que Jesús quiso decir al exhortar a sus discípulos así:

Y no temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.”

Contestamos que la “vida”, en abstracto, que es el equivalente de la palabra traducida “alma”, es indestructible. Pero la vida no es el hombre mismo ni le sirve de nada si no le es dada. El propósito de Dios es devolver la vida a aquellos que le obedecen y devolverla a perpetuidad. Esto constituye la esencia de la declaración que estamos considerando. No hemos de temer a aquellos que sólo pueden demoler el cuerpo corruptible del creyente, pero no pueden hacer nada para impedir que Dios le dé vida eterna en el futuro por medio de la resurrección. Hemos de temer a aquel que tiene poder para destruir tanto el cuerpo como el alma (vida) en la Gehena; es decir, en la retribución venidera por medio de una destructiva manifestación de fuego, que consumirá totalmente a los impíos delante del Señor. Hemos de temer a Dios, que tiene el poder de aniquilar completamente y que usará su poder sobre todos aquellos que sean indignos de la vida eterna. No hemos de temer a quiénes no pueden hacer más que apresurar la disolución a la cual estamos sujetos por causa de Adán.

Es Errónea la Creencia Popular sobre el Cielo y el Infierno

Esto se desprende como conclusión de lo ya expresado. Si los muertos están realmente muertos, en el sentido absoluto expuesto en este capítulo, naturalmente no pueden haber ido a ningún estado de recompensa o castigo, porque no están vivos para poder ir, ni mucho menos ser conscientes de dicha retribución y por lo que bien podríamos dejar el asunto aquí, como una conclusión inevitable de las premisas establecidas; pero su importancia justifica que continuemos con el tema. La creencia que estamos tratando no sólo es errónea al suponer que los muertos van a lugares tales como el popular cielo o infierno, inmediatamente después de la muerte, sino también al creer que en alguna ocasión vayan allí.

De acuerdo con la enseñanza religiosa actual, el lugar de la recompensa final es una región que se halla más allá de las estrellas, en el punto más remoto del universo de Dios “allende los dominios del tiempo y el espacio”. Las ideas que se presentan referentes a la naturaleza de este lugar son muy vagas. Toman su forma de conceptos terrenales. De ahí que se habla de “las llanuras de los cielos”. En estas “llanuras”, por lo general, se representa a los habitantes cantando un perpetuo himno de alabanza. Se supone que su número está constantemente aumentando con integrantes llegados de la tierra “acá abajo”. Un hombre muere y, según la idea tradicional, su alma liberada vuela con inconcebible rapidez a los dominios de lo alto, donde queda instalada sin peligro, en tanto sus amigos en la tierra se consuelan con la idea de que los muertos “no están perdidos, sino que se han ido antes que nosotros”. Los amigos consideran que ellos están mejor en aquella “feliz región”, allá lejos de lo que fueron en este valle de lágrimas.

Sin duda, si fuese cierto que se fueron a una tierra feliz, la sola idea de tal estado sería consoladora. Sea cierto o no, deberá parecer a toda mente reflexiva como un elemento extremadamente discordante el que los justos, después de disfrutar de años de felicidad celestial, tengan que dejar el lugar de su arrobamiento al llegar el día del juicio, descender a la tierra y volver a entrar en sus cuerpos para ser procesados ante el tribunal eterno. ¿Para qué se llevará a cabo este juicio “según sus obras”? Parece natural suponer que la admisión al cielo la primera vez es prueba de la idoneidad y aceptación de los que fueron admitidos, ¿por qué, entonces, el juicio posterior? En tal caso dicho juicio parece una burla. La misma observación se aplica a aquellos que se supone han ido al lugar de miseria.

¿Cuál es la solución para esta perturbadora incongruencia? Se puede hallar en el reconocimiento de que toda la idea de ir al cielo de la religión popular carece de fundamento. Esta ida al cielo es una especulación totalmente gratuita. No hay ni una sola promesa en la totalidad de las Escrituras que justifique tal esperanza. Sin duda hay frases que, para una mente previamente indoctrinada con tal idea, parecen favorecerla; por ejemplo, las usadas por Pedro: “… para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros.” (1 Pedro 1:4), de lo cual también tenemos una ilustración en las palabras de Cristo: “Porque vuestro galardón es grande en los cielos.” (Mateo 5:12); y sobre todo en su exhortación: “Haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen y donde ladrones no minan ni hurtan.” (Mateo 6:20).

Pero el apoyo que estas frases aparentemente proporcionan a la idea popular, desaparece totalmente cuando nos damos cuenta de que expresan un solo aspecto de la esperanza cristiana, su aspecto actual. La salvación de Dios no está ahora sobre la tierra; en verdad, todavía no es un hecho cumplido en ninguna parte, excepto en la persona de Cristo. Tan sólo existe en la mente divina como un propósito y, en detalle, ese propósito está especialmente relacionado con aquellos a los cuales Jehová, en su divina presciencia, considera como salvos y de quienes se dice que sus nombres están “escritos en el libro”, esto es, inscritos en el “libro de memoria delante de Él.” (Malaquías 3:16). Por lo tanto, el único lugar de recompensa en la actualidad, está en el cielo, adonde el ojo instintivamente se dirige como la fuente de su manifestación. Este es especialmente el caso cuando se toma en cuenta que Jesús, la promesa de esta recompensa y su germen mismo, está en el cielo. Estando él allí, el cual es nuestra vida, la herencia incontaminada está actualmente allí; porque existe en él en propósito, en garantía y en germen.

En la actualidad nuestra salvación no tiene ninguna clase de existencia en ninguna otra parte, sino que está en el cielo en reserva, eso es, “reservada en los cielos” como lo expresa Pedro. Cuando algo está reservado implica que cuando se necesite se sacará a luz. Y así es como Pedro habla en el mismo capítulo. Él dice que la salvación que está reservada en los cielos es una “gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado.” (1 Pedro 1:13). En capítulos posteriores, veremos que no se confiere sobre ninguno sino “cuando Jesucristo sea manifestado” y de quien se dice que “su recompensa viene con él.” (Isaías 40:10; Apocalipsis 22:12). Las frases mencionadas indican de manera general que la salvación procede del Señor; y como el Señor está en el cielo, procede del cielo; y como la salvación aún no se manifiesta, se puede decir correctamente que en la actualidad está en el cielo. Pero, sobre la pregunta específica de si los hombres van o no al cielo, la evidencia bíblica muestra terminantemente que a ningún hijo de la raza de Adán se le ofrece entrada a los santos e inaccesibles dominios donde mora Dios. Dios “habita en luz inaccesible” (1 Timoteo 6:16). Cristo declara enfáticamente:

Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.” (Juan 3:13).

En conformidad con esta declaración, no tenemos registro en las Escrituras de ninguno que haya entrado en el cielo. Elías fue quitado de la tierra; lo mismo se le ocurrió a Enoc, pero la declaración de Cristo nos prohíbe suponer que fueron llevados a “los cielos de los cielos”, los cuales son de Jehová (Salmos 115:16). La declaración de que fueron “al cielo”, no implica necesariamente que fueron a la morada del Altísimo. La palabra “cielo” se usa en sentido general para designar el firmamento que está arriba de nosotros, que sabemos es una ancha expansión, mientras que la expresión “los cielos de los cielos” se refiere a la región habitada por Dios. Si se preguntase ¿dónde está ese lugar?, la respuesta sería: nadie lo sabe; porque no hay ningún testimonio sobre el tema, aparte del de Cristo, que demuestra que ellos no fueron al cielo referido por él.

Y en especial es cierto que no hay evidencia en las Escrituras de ningún muerto que haya ido al cielo. El texto bíblico expresa todo lo contrario: que los muertos están en sus sepulcros, sin saber nada, sin sentir nada, esperando aquel llamado que los sacará del olvido por medio de la resurrección. De David se afirma específicamente que no se trasladó al cielo, lo que en los sermones fúnebres se afirma de toda alma justa. Y recuérdese que David era un hombre conforme al corazón de Dios y en consecuencia, seguramente habría sido recibido en el cielo al morir, si tal creencia fuese cierta. Pedro dice:

Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David que murió y fue sepultado y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy…Porque David no subió a los cielos.” (Hechos 2:29; 34)

Esto es suficientemente claro. Pero si Ud. dice que Pedro está hablando del cuerpo de David, entonces eso demuestra que Pedro reconocía que el cuerpo de David era David mismo y la vida que salió de él era la propiedad de Dios, la cual volvía a su Dueño. También Pablo habla de la “grande nube de testigos” que han fallecido, los fieles santos de la antigüedad, de quienes se supone que están delante del trono de Dios, heredando las promesas. Y nos dice:

Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.” (Hebreos 11:39-40).

Consultemos ahora en las Escrituras aquellos casos en los cuales se ofrece consuelo con respecto a los muertos. Ud. conoce las doctrinas en las cuales los maestros religiosos de hoy en día hacen hincapié con tan peculiar urgencia, cuando tienen que disertar sobre los que han muerto, tal como en los sermones fúnebres, con el objeto de “aprovechar la ocasión”. Encontrará un gran contraste entre éstos y los casos bíblicos de consuelo referentes a los muertos. Cuando Marta le dijo a Jesús que Lázaro estaba muerto, él no respondió que Lázaro estaba mejor donde ahora estaba, sino que lo que dijo fue esto: “Tu hermano resucitará.” (Juan 11:23).

Cuando la muerte se había llevado a algunos de los creyentes tesalonicenses, los sobrevivientes, que evidentemente habían contado con vivir hasta la venida del Señor, quedaron muy entristecidos. En tal circunstancia, Pablo escribe escribió para consolarlos. Si un maestro de hoy en día hubiese tenido la obligación de decir unas palabras, ¿qué es lo que habría expresado? ¿Quizás algo parecido a esto?: “Deben regocijarse, amigos míos, por los que han muerto, porque se han marchado a la gloria. Están libres de las aflicciones y penurias de esta vida y han avanzado a una bienaventuranza que nunca podrían experimentar en este valle de lágrimas. Uds. demuestran egoísmo al lamentarse; más bien debieran estar contentos de que ellos hayan alcanzado el cielo de eterno descanso.”

Pero, ¿qué dice Pablo? ¿Les dice que sus amigos están felices en el cielo? Esto era la ocasión para decirlo si fuese cierto; pero no, pues sus palabras son estas:

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron con él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor, que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” (1 Tesalonicenses 4:13-18).

La segunda venida de Cristo y la resurrección son los acontecimientos a los cuales Pablo les indica que dirijan su mente en busca de consuelo. Si fuese cierto que los justos van a su recompensa inmediatamente después de morir, ciertamente Pablo habría ofrecido tal consuelo en vez de referirse al remoto y (según la opinión tradicional), comparativamente, poco atractivo acontecimiento de la resurrección. El que no lo haya hecho, es prueba circunstancial de que no es cierto. La tierra que habitamos es el escenario en el cual se manifestará la gran salvación de Jehová. Aquí, después de la resurrección, se conferirá la recompensa y se disfrutará de ella. No hay ninguna verdad más claramente establecida que esta mediante el lenguaje específico del testimonio bíblico. El Antiguo y el Nuevo Testamento concuerdan. Salomón declara:

Ciertamente el justo será recompensado en la tierra.” (Proverbios 11:31).

Cristo dice esto:

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.” (Mateo 5:5)

En Salmos 37:9-11, el Espíritu hablando a través de David, dice lo siguiente:

Porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra. Pues de aquí a poco no existirá el malo; observarás su lugar y no estará allí. Pero los mansos heredarán la tierra y se recrearán con abundancia de paz.”

Se puede sacar alguna confirmación de la siguiente promesa a Cristo, de la cual su pueblo es coheredero con él:

Te daré por herencia las naciones y como posesión tuya los confines de la tierra.” (Salmos 2:8)

Al celebrar la cercana posesión de esta gran herencia, se hace referencia a los “redimidos” mediante el siguiente cántico:

Y cantan una canción nueva y dicen: “Eres digno de tomar el rollo y de abrir sus sellos, porque fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios personas de toda tribu y lengua y pueblo y nación, 10 e hiciste que fueran un reino y sacerdotes para nuestro Dios, y han de reinar sobre la tierra”.” (Apocalipsis 5:9-10)

Y el fin de la actual dispensación se anuncia con estas palabras:

Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 11:15)

Finalmente, el ángel del Dios Altísimo, al anunciar al profeta la misma consumación de cosas, dice:

“… y que el reino, el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno; y todos los dominios le servirán y obedecerán.” (Daniel 7:27)

No es necesario el profundizar en el tema específico de estos pasajes de la Escritura en cuanto al reino de Dios, el cual será considerado más adelante, pues es suficiente señalar que los textos citados claramente demuestran que es sobre la tierra donde hemos de esperar el cumplimiento del programa divino de acontecimientos, tan claramente revelado en las Escrituras de verdad y que dará como resultado “gloria a Dios en las alturas y en la tierra, paz y buena voluntad para con los hombres.” (Luc. 2:14).

El Destino de los Inicuos

Si buscamos información sobre esta cuestión en los sistemas religiosos actuales, vemos que se nos habla de un insondable abismo de fuego, lleno de espíritus malignos de forma horrible, en el cual están reservados los más refinados tormentos para aquellos que disgustaron a Dios, mientras se hallaban en su estado mortal. En el primer plano de este espeluznante cuadro, veremos maldicientes demonios burlándose de los condenados: hombres y mujeres retorciéndose las manos en eterna desesperación; y un fustigante océano de tinieblas, fuego y horrible confusión, expandiéndose por todos lados y bajando hasta la más grande profundidad. ¡Se nos dirá que Dios, en sus eternos consejos de sabiduría y misericordia, ha decretado este espantoso triunfo de la maldad!

Pero ¿creemos realmente eso? Y es que hay ciertas verdades elementales, que por una lógica casi intuitiva, excluyen la posibilidad de que esto sea cierto. Si Dios es el Ser misericordioso de orden, justicia y armonía que enseñan las Escrituras ¿cómo es posible que, con toda su presciencia y omnipotencia, amén de su justicia y misericordia, permita que las nueve décimas partes de la raza humana lleguen a existir sin tener otro destino que el de la tortura? Por lo que en lugar de creer semejante doctrina, no son pocos los que rechazan la Biblia del todo y aún más allá, eliminan a Dios de entre sus creencias buscando refugio en las tranquilas pero tristes doctrinas del racionalismo. Muchos son impulsados a esto al no saber, desafortunadamente, que la Biblia no es responsable de tal doctrina, pues esta no es otra cosa que una ficción pagana. Debiera saberse, para el consuelo de todos los que han quedado perplejos ante tan terrible dogma y que sin embargo han vacilado en renunciar a él (por temor a verse también obligados a dejar de lado la Palabra de Dios), que semejante doctrina es completamente contraria a las Escrituras y angustiosamente espantosa.

Toda la enseñanza de la Biblia con respecto al destino de los inicuos está resumido en tres palabras en Salmos 37:20: “Los impíos perecerán”; Pablo explica esto en Romanos 6:23: “La paga del pecado es muerte”. La muerte, la extinción de la existencia, es el resultado predeterminado de una vida pecaminosa: “El que siembra para su carne, de la carne segará corrupción.” (Gálatas 6:8). Que segar corrupción es equivalente a la muerte, es evidente a tenor de lo leído en Romanos 8:13: “Si vivís conforme a la carne, moriréis”…… o lo que es lo mismo, la corrupción produce la muerte, de modo que la una es equivalente a la otra.

Sin embargo, la cuestión es que tanto los justos como los inicuos mueren; por lo cual, se argumenta que debe haber alguna otra muerte aparte de la muerte física. La respuesta es que la muerte que todos los hombres experimentan no es una muerte judicial; no es la muerte final que sufrirán aquellos que sean responsables ante el juicio. La muerte ordinaria sólo pone fin a la vida mortal de un hombre, pues habrá una segunda muerte, final y destructiva. Cuando aparezca Cristo, los injustos se habrán de presentar para el proceso judicial y su sentencia de que, después de recibir el castigo que merezcan, serán destruidos en muerte, por segunda vez, por medio de una agencia violenta y divinamente gobernada. A esto se refiere Jesús cuando dice:

Todo el que (en la vida actual) quiera salvar su vida, la perderá (en la resurrección, en la segunda muerte); y todo el que pierda su vida por cause de mí y del evangelio, la salvará.” (Marcos 8:35).

Toda la enseñanza de la Escritura está en armonía con este tema, pues esto es lo que leemos en Malaquías 4:1:

Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.”

También en 2 Tesalonicenses 1:9:

“… los cuales sufrirán la pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.”

El Espíritu de Dios, hablando por medio de Salomón en los Proverbios, usa el siguiente lenguaje:

Como pasa el torbellino, así el malo no permanece; mas el justo permanece para siempre.” (Proverbios 10:25).

Y además, esto es lo que se lee en Proverbios 2:22:

Más los impíos serán cortados de la tierra y los prevaricadores, serán de ella desarraigados.”

David emplea la siguiente figura para el mismo propósito:

Más los impíos perecerán y los enemigos de Jehová, como la grasa de los carneros serán consumidos; se disiparán como el humo.” (Salmos 37:20).

Y leemos en Salmos 49:6; 11-14; 16-20:

Los que confían en sus bienes y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan (……) Su íntimo pensamiento es que sus casas serán eternas, y sus habitaciones para generación y generación; dan sus nombres a sus tierras. Mas el hombre no permanecerá en honra; es semejante a las bestias que perecen. Este su camino es locura; con todo, sus descendientes se complacen en el dicho de ellos. Como a rebaños que son conducidos al Seol, la muerte los pastoreará, y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana; se consumirá su buen parecer, y el Seol será su morada (……) No temas cuando se enriquece alguno, cuando aumenta la gloria de su casa; porque cuando muera no llevará nada, ni descenderá tras él su gloria. Aunque mientras viva, llame dichosa a su alma, y sea loado cuando prospere, entrará en la generación de sus padres, y nunca más verá la luz. El hombre que está en honra y no entiende, semejante es a las bestias que perecen.”

De su estado final, leemos en Isaías 26:14:

Muertos son, no vivirán; han fallecido, no resucitarán; porque los castigaste, y destruiste, y deshiciste todo su recuerdo.”

La enseñanza de estos pasajes se explica por sí sola; está expresada con una claridad de lenguaje que no deja lugar a mayor comentario. Es la doctrina expresada por Salomón cuando dice: “El nombre de los impíos se pudrirá.” (Proverbios 10:7). Los inicuos, que son una ofensa para Dios y una aflicción para ellos mismos y de ninguna utilidad para nadie, finalmente serán consignados al olvido, donde su nombre mismo desaparecerá. No escapan al castigo, pero de este y de aquellos pasajes que parecen favorecer la doctrina popular, trataremos en el siguiente capítulo.

El Infierno

Pero antes de continuar, permítanme la siguiente aclaración: el concepto bíblico del infierno está basado en la versión tradicional de la Biblia inglesa, la del rey Jaime, también llamada la Versión Autorizada de 1611. En esta versión, tanto la palabra hebrea “sheol”, en el Antiguo Testamento, como la palabra griega “hades” en el Nuevo, son frecuentemente representadas por el equivalente inglés de la palabra española “infierno”. En la versión Reina-Valera de 1960, esta traducción ha desaparecido y las palabras originales arriba mencionadas son casi siempre vertidas “Seol” y “Hades”, respectivamente. Sin embargo, se estima que el análisis que sigue puede ser de mucha utilidad para el lector de la Biblia castellana, ayudándolo a entender qué representan las palabras “Seol” y “Hades” que aparecen en la Biblia castellana moderna; dicho lo cual, prosigamos con el estudio.

Porque tal vez al lector le parezca que la palabra “infierno,” según se emplea en la Biblia, presenta un obstáculo para las opiniones adelantadas en este capítulo. Si la palabra hebrea o griega original encerrara la idea que para la mente popular representa la forma castellana (“infierno”), la creencia popular sería demostrable, porque la palabra aparece con bastante frecuencia en la Biblia y se usa en relación con el destino de los inicuos. Pero las palabras originales no encierran la idea que popularmente se asocia con el término españolizado “infierno”. No tienen afinidad con el uso moderno que se les da. No se requiere que uno sea un erudito para entender esto. Un debido conocimiento de la Biblia proporcionará convicción sobre este tema, aunque la convicción indudablemente se refuerza con un conocimiento del griego o hebreo original. Por ejemplo, ¿qué puede decir el creyente tradicionalista de lo siguiente?:

Y (Mesec y Tubal y toda su multitud) ¿no yacerán con los fuertes de los incircuncisos que cayeron, los cuales descendieron al Seol (infierno) con sus armas de guerra y sus espadas puestas debajo de sus cabezas?.” (Ezequiel 32:27).

¿Es acaso necesario preguntar, si las almas inmortales de los hombres llevan consigo espadas y revólveres cuando descienden al infierno? Esto podrá parecer irreverente, pero muestra la naturaleza de este pasaje. El infierno de la Biblia es un lugar al cual los aparejos militares pueden acompañar a su dueño. La naturaleza y localidad de este infierno puede conocerse por una declaración que se halla sólo cuatro versículos antes del pasaje recién citado:

Allí está Asiria con toda su multitud; en derredor de él están sus sepulcros; todos ellos cayeron muertos a espada. Sus sepulcros fueron puestos a los lados de la fosa, y su gente está por los alrededores de su sepulcro.” (Ezequiel 32:22-23).

Las referencias señalan el modo oriental de sepulcro, en el cual se usaba una fosa o cueva como entierro: los cuerpos de los muertos se depositaban en nichos labrados en el muro. Como signo de honor militar, los soldados eran enterrados con sus armas y sus espadas eran puestas debajo de sus cabezas. Eso es, descendían al Seol (infierno) con sus armas de guerra.

Se verá que el Seol, o el infierno, es el sepulcro. Esto es obvio, por lo menos en lo que al Antiguo Testamento se refiere. La palabra original es “sheol”, que no significa más que un lugar oculto o cubierto. Por lo tanto, es una designación apropiada para el sepulcro, en el cual un hombre queda oculto para siempre de la vista. Todo uso de la palabra Seol (infierno) en el Antiguo Testamento, caerá dentro de esta explicación general. Con respecto al Nuevo Testamento, existe la misma sencillez y ausencia de dificultad. Por supuesto, la palabra original es diferente, ya que es griega en vez de hebrea; en griego en casi todos los casos es “hades”. Que “hades” es el equivalente griego del “sheol” hebreo, queda demostrado porque se le emplea como un equivalente de ella en la traducción griega de las Escrituras hebreas llamada la Septuaginta o “Versión de los setenta”; y también en el uso que le dan los escritores del Nuevo Testamento cuando citan versículos del Antiguo, donde aparece la palabra hebrea “sheol”.

Por ejemplo, en la profecía de David acerca de la resurrección de Cristo, citada por Pedro el día de Pentecostés, la palabra en hebreo es Seol y en griego es Hades. Compare Salmos 16:10, “Porque no dejarás mi alma en el Seol”, con Hechos 2:27, “Porque no dejarás mi alma en el Hades”. En este caso las palabras Seol y Hades simplemente significan el sepulcro, en vista de lo cual entendemos la idea principal del argumento de Pedro. Entendido como el infierno popular, no viene al caso en absoluto; porque la resurrección del cuerpo no tiene ninguna relación con la liberación de una supuesta alma inmortal del abismo de la superstición popular. Una consideración similar surge en 1 Corintios 15:55: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro (griego hades), tu victoria?”. Esta es la exclamación de los justos en referencia a la resurrección, como cualquiera puede ver al examinar el contexto. Nuestros traductores, percibiendo esto, han vertido la palabra griega “hades” como “sepulcro.”

Gehena

Hay otra palabra traducida como “infierno” en la Biblia Reina-Valera de 1960, que no se refiere al sepulcro, pero que tampoco apoya la creencia tradicional. Esta palabra es “gehena”. Aparece en los siguientes pasajes: Mateo 5:22, 29-30; Mateo 10:28; Mateo 18:9; Mateo 23:15, 33; Marcos 9:43, 45, 47; Lucas 12:5; Santiago 3:6. En realidad, la palabra no se debió traducir. Es un nombre propio y como todos los otros nombres propios, sólo se debió transliterar. Es un compuesto griego que significa “el valle de Hinóm”. Calmet, en su Diccionario Bíblico, la define del siguiente modo:

GEHENA o valle de Hinóm (ver Josué 15:8; 2 Reyes 23:10), un valle contiguo a Jerusalén, a través del cual pasaban los límites sureños de la tribu de Benjamín.”

En tiempos antiguos el valle se usaba para la adoración del dios pagano Moloc, al cual Israel, lamentablemente mal guiado, ofrecía sus hijos en holocausto. Josías, en su celo contra la idolatría, dejó el valle a merced de la contaminación y lo designó como repositorio de la mugre de la ciudad. Se convirtió en el receptáculo de la basura en general y recibía los cadáveres de hombres y bestias. Para consumir la basura e impedir la pestilencia, en él se mantenía fuego ardiendo perpetuamente. En los días de Jesús, la mayor marca de ignominia que el consejo de los judíos pudiera infligir era ordenar que un hombre fuese echado al Gehena. En una de las profecías de Jeremías acerca de la restauración judía, la aniquilación de este valle del deshonor se predice en las siguientes palabras:

Y todo el valle de los cuerpos muertos y de la ceniza y todas las llanuras hasta el arroyo de Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los caballos, al oriente, será santo a Jehová.” (Jeremías 31:40).

Este es el Gehena al cual los rechazados han de ser arrojados en el día del juicio. Que se haya traducido como “infierno,” y de este modo haya favorecido al engaño popular, es sencillamente debido a la opinión de los traductores de que el antiguo Gehena era una representación del infierno en el que ellos creían. No hay base verdadera para esta suposición. Es la suposición sobre la cual están basadas las observaciones de Calmet, a pesar de su conocimiento del tema. Pertenecía a la escuela tradicionalista y cometió el común error tradicional de suponer que el punto de vista popular sobre el infierno era verdadero. Que primero se demuestre la realidad del infierno popular antes de que se use Gehena en el argumento. Si es una representación de algo, debe interpretarse como una representación del juicio revelado, más bien que de uno imaginado. Y el “infierno” popular es simple imaginación, basada en especulaciones paganas sobre los acontecimientos futuros. El juicio revelado está en verdad relacionado con el lugar llamado Gehena y es uno que tomará la misma forma del Gehena antiguo en lo que respecta a circunstancia y resultado.

Y saldrán (los que vengan a adorar en Jerusalén en la época futura) y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará y serán abominables a todo hombre.” (Isaías 66:24).

El lector puede observar una similitud entre estas palabras y las de Cristo en Marcos 9:48: “… donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga.” Estas palabras se citan frecuentemente para apoyar la idea de tormentos eternos, pero en realidad los desmienten. En primer lugar, debe admitirse que el gusano que no muere y el fuego que nunca se apaga son expresiones simbólicas. El gusano es un agente de corrupción que termina en la muerte. Por lo tanto, cuando se dice que su acción es inevitable, debe entenderse como indicación de que la destrucción se llevará a cabo sin remedio. La expresión no significa gusanos inmortales o fuego absolutamente inextinguible.
Un sentido limitado para una expresión aparentemente absoluta se encuentra frecuentemente en las Escrituras. En Jeremías 7:20, Jehová dice que su ira se derramaría sobre Jerusalén y sus habitantes y “se encenderán y no se apagarán”. También dice en Jeremías 17:27: “Yo haré descender fuego en sus puertas y consumirá los palacios de Jerusalén y no se apagará”. Esto no significa que el fuego no se iba a apagar nunca, sino que no había de apagarse sino hasta que hubiera cumplido su propósito. Se encendió un fuego en Jerusalén y sólo se apagó cuando la ciudad se hubo quemado hasta los mismos cimientos, del mismo modo a como se apaga una hoguera cuando agota la leña que la mantiene. Así también la ira de Dios ardió contra Israel, hasta que los eliminó del país, alejándolos de su vista; pero Isaías habla de un tiempo cuando la ira de Dios cesará en la destrucción del enemigo:

Porque todavía un rato muy corto… y la denunciación se habrá acabado y mi cólera, al desgastarse ellos.” (Isaías 10:25).

El mismo principio está ilustrado en el capítulo 21 de Ezequiel, versículos 3-5, donde Jehová declara que su espada saldrá de su vaina contra toda carne y no se envainará más. No es necesario decir que en la consumación del propósito de Dios, su amorosa bondad triunfará sobre la manifestación de su ira, el objeto de la cual es la extirpación del mal. En el sentido absoluto, pues, su espada de venganza volverá a su vaina, pero no antes de cumplir su propósito. De manera que el gusano que devora al inicuo desaparecerá cuando el último enemigo, la muerte, sea destruido y el fuego que consume sus restos podridos morirá con el combustible que lo alimenta; pero en relación con los inicuos mismos, el gusano no muere y el fuego no se apaga. Las expresiones se tomaron del Gehena, donde la llama y los gusanos se mantenían gracias a las acumulaciones pútridas del valle.
Castigo Eterno

La declaración en Mateo 25:46 pareciera estar más en favor de la doctrina popular, pero no es así cuando se examina: “E irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna”. Incluso interpretándolo como aparece en la versión castellana, este pasaje no define la naturaleza del castigo que ha de caer sobre los inicuos, sino que sólo afirma su perpetuidad. Su naturaleza se describe en todas partes como muerte y destrucción. ¿Por qué se debe llamar a esto “aionion” (traducido “eterno”)? “Aionion” es la forma adjetival de “aion” o época y expresa la idea: “de la época”. Entendido de esta manera, la declaración sólo demuestra que en la resurrección los inicuos serán castigados con el castigo característico de la época del advenimiento de Cristo, que Pablo describe como de “eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.” (2 Tesalonicenses 1:9). Los justos reciben la vida característica de la misma dispensación, una vida que Pablo declara que es inmortal (1 Corintios 15:53).

Es costumbre citar, en apoyo de los tormentos eternos, una declaración del Apocalipsis: “Serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 14:11; 20:10). A primera vista, esta forma de lenguaje parece apoyar la idea popular, pero no debemos quedar satisfechos con sólo mirarla superficialmente, porque la declaración forma parte de una visión simbólica y que ha de interpretarse simbólicamente en armonía con el principio de interpretación suministrado en la visión. Si el tormento apocalíptico “por los siglos de los siglos” fuera literal, entonces la bestia, la mujer con la copa de oro y el cordero de los siete cuernos y siete ojos, también serían literales. ¿Está el creyente tradicionalista dispuesto a reconocer esto? Sin duda, Cristo no tiene la forma de un cordero de siete cuernos, ni la de un hombre con un espada en la boca; sin duda, la falsa iglesia no es una prostituta literal, ni el perseguidor de la iglesia es un jabalí del bosque. Si estos son simbólicos, las cosas que se dicen de ellos también son simbólicas, y el tormento (o pena judicial, porque esta es la idea de la palabra griega “basanizo”) “por los siglos”, es el símbolo del triunfo completo, irresistible y final del juicio destructor de Dios sobre las cosas representadas.

Al no encontrar evidencia en las Escrituras, el creyente tradicionalista busca refugio entre los antiguos egipcios, los persas, fenicios, escitas, druidos, asirios, romanos, griegos y entre los más sabios y más célebres filósofos de que hay constancia. Toda esta gente, paganos supersticiosos e ignorantes de cada país; fundadores de la sabiduría de este mundo, que es necedad ante Dios (1 Cor. 1:20), pues todos estos creían en la inmortalidad del alma y por lo tanto, se supone que la inmortalidad del alma es verdadera.

¡Lógica extraordinaria! Uno pensaría que la opinión del ignorante supersticioso en favor de la inmortalidad del alma, indicaría que la probabilidad de que sea verdadera es más bien negativa que positiva. La Biblia no estima muy altamente a nuestros antepasados con respecto a sus opiniones y procedimientos en asuntos religiosos. Pablo habla del período anterior a la predicación del evangelio (refiriéndose a las naciones gentiles), como “los tiempos de la ignorancia” (Hechos 17:30). De la sabiduría que los hombres han desarrollado para sí mismos, a través del razonamiento de los más sabios y más célebres filósofos, él dice: “¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?”…… “Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios.” (1 Corintios 1:20; 3:19). Los hombres sabios debieran preferir estar del lado de Pablo.

Conclusiones

Pero muchos que una vez fueron tradicionalistas están perdiendo su tradición y están empezando a ver que la enseñanza de la Biblia es una cosa y la religión popular, es otra. El siguiente extracto de una obra publicada en América “La Teología de la Biblia”, por el juez Halsted, ilustra esto:

El reverendo Dr. Teodoro Clapp, en su autobiografía, dice que había predicado en Nueva Orleans un ferviente sermón acerca del castigo eterno; y que después del sermón, el juez W., el cual, dice él, era un eminente erudito, que había estudiado para el ministerio pero que había abandonado su propósito porque no pudo hallar la doctrina del castigo eterno y otros dogmas afines, le pidió que preparara una lista de textos en hebreo o griego en los cuales se basaba para tal doctrina. Entonces el doctor hizo un detallado recuento de sus estudios en procura de textos para entregar al juez; empezó con el Antiguo Testamento en hebreo, y prosiguió su estudio durante aquel año y el siguiente; pero fue incapaz de hallar allí ni siquiera una alusión a algún sufrimiento después de la muerte; en el diccionario del idioma hebreo no pudo discernir ni una palabra que se refiriera al infierno, o a algún lugar de castigo en un estado futuro; no pudo hallar ni un solo pasaje bíblico, en forma o en fraseología, que ofreciera amenazas de castigo más allá de la sepultura; y para su asombro final, resultó que los más conocidos eruditos tradicionalistas estaban perfectamente familiarizados con estos hechos.

Se vio obligado a confesarle al juez que no podía presentar ningún texto hebreo; pero que aún tenía plena confianza en que el Nuevo Testamento suministraría lo que él había buscado sin éxito en Moisés y los profetas; prosiguió su estudio del Nuevo Testamento griego durante ocho años; el resultado fue que no pudo nombrar ni una porción de él, desde el primer versículo de Mateo hasta el último de Apocalipsis, el cual, bien interpretado, afirmara que una porción del género humano sería eternamente atormentada. El doctor concluyó diciendo que era un hecho importante y sumamente instructivo que hubiera sido llevado a su actual criterio (repudio del dogma popular) sólo por la Biblia: un criterio que se opone a todos los prejuicios de su vida anterior, de precepto paternal, de escuela, seminario teológico y casta profesional.”

Sí, la Biblia y los seminarios teológicos están en desacuerdo sobre este importante tema. Los seminarios alumbran el futuro de los inicuos con un espeluznante horror, que los dignos del género humano aún ahora sienten que es un gran obstáculo para la satisfacción de las esperanzas de los justos. ¿Cómo podrá haber gozo y alegría perfectos, sabiendo que reina fiera desesperación entre millones de atormentados en otro lugar? La Biblia nos da un futuro glorioso, no estropeado por semejante mancha. Presenta un futuro libre del mal, un futuro de gloria y gozo eterno para los justos y de aniquilación para todos los indignos del género humano…… un futuro en el cual la sabiduría de Dios, combinará la gloria de Su Nombre con la mayor felicidad de todos los sobrevivientes de la raza humana.

Learsi

LA MUERTE Y LA RESURRECCIÓN. (Parte 1)

Posted in Uncategorized with tags , , , , on 24/02/2015 by Armando López Golart

10673537-mujer-de-halloween-vestido-de-gotico-llorando-en-una-tumbaLo que van a leer ustedes a continuación, es una genial colaboración de un buen amigo de este blog, Israel González (Puerto Rico), en donde desarrolla de forma clara y entendible las razones del por qué la muerte no es ese trance “definitivo” e irreparable que nos separa abruptamente de nuestros seres queridos e inundando con ello nuestro corazón de inmenso dolor y desesperación; dicho escrito nos ayuda a ver tan traumático suceso desde un punto de vista más racional, sobre todo menos adulterado por las creencias al uso y situación que los actuales dirigentes religiosos de la cristiandad, han sido incapaces de aclarar y reconducir. Dicho esto señalar, que por la extensión de tan interesante e instructivo artículo (un tema de tal importancia y complejidad, requiere de una explicación exhaustiva y detallada), así como por el formato de nuestro blog, lo hemos fraccionado en dos partes; por lo que sin más y deseando que lo disfruten, a la par de que les sirva de consuelo y esperanza ante dicha ocurrencia si han pasado o, están pasando por ella, ahí les dejamos con el excelente planteamiento de nuestro buen amigo Israel González, titulado:

 

La Muerte y la Resurrección (Parte 1)

Introducción

El Estado de los Muertos: Inconscientes Hasta la Resurrección

Si la cristiandad está extraviada en cuanto a la naturaleza del hombre, lógicamente se deduce que también estará extraviada en cuanto al estado de los muertos, referente a lo cual su teoría ocupa un lugar prominente en la teología actual. Examinemos ahora este tema a la luz de los hechos y del testimonio de las Escrituras.

La muerte es el hecho más importante en la experiencia humana, pues su ocurrencia es universal e inevitable; tarde o temprano, su tenebrosa sombra entristece todo hogar, porque ¿quién no ha sentido su mano férrea? ¿Quién no ha contemplado a un ser querido empalidecido y anquilosado por su soplo desolador? El niño lozano con toda su balbuceante inocencia y cautivadoras maneras; el compañero de la juventud, rosado, saludable y alegre; la amada esposa, el leal esposo, el amigo fiel y confiable: ¿cuál de ellos no ha sido arrancado de nuestro lado por la terrible mano de este enemigo despiadado e indiscriminado? Un día los hemos visto con ojos brillantes, semblante radiante, cuerpo vigoroso y les hemos oído pronunciar vivamente palabras de amistad e inteligencia; para una próxima vez verlos vemos estirados en el féretro, quietos, fríos, inmóviles, pálidos……en definitiva, muertos.

¿Qué diremos de estas cosas? La muerte trae aflicción a los vivos, pues los agobia con un dolor que rehúsa ser consolado. No es por nosotros mismos que nos afligimos, ya que nos alegraría saber que aún estaban vivos, aunque estuvieran muy lejos y nos fuera imposible comunicarnos con ellos. No; es porque están muertos que se nos apena el corazón. Y lo que nos lleva a considerar la relación de esto con la teología popular de nuestros días; porque si la muerte no fuera más que un mero cambio de estado y no una destrucción del ser, ¿por qué toda esta angustia por aquellos que se han ido? Obviamente no puede ser motivo de las incertidumbres “más allá de la sepultura”, porque nuestro pesar es tan agudo por aquellos que se cree han ido al cielo, como por aquellos de los cuales se tienen dudas; y es que las lágrimas fluyen tanto por los buenos como por los malos y quizás, si mucho se apura, con más pena para estos…… luego aquí hay algo contradictorio en la teoría popular. Si en verdad nuestros amigos se han ido a la “gloria”, deberíamos sentirnos tan agradecidos como lo hacemos cuando reciben honores “acá abajo”; pero resulta que no lo estamos y si ello es así ¿por qué es así? La evidencia justificará la respuesta, pues la fuerza del instinto natural no puede ser vencida por la ficción teológica: los hombres prácticamente nunca creerán que la muerte es el comienzo de la vida, cuando ven que esta es la extinción de todo aquello que alguna vez conocieron o palparon estando en vida.

Si los muertos no están muertos, sino que se han ido a una vida mejor; si están “alabando a Dios entre los redimidos de arriba”, entonces están vivos y, por lo tanto, sólo han cambiado un lugar de morada temporal por un lugar de morada eterna: sencillamente han salido del cuerpo para ir al cielo o al infierno, según sea el caso. La palabra “muerte” en su significado original, no tendría pues, aplicación al hombre, porque habría perdido el significado que normalmente se le da y por lo que ya no sería más la antítesis de la “vida”. Ya no significaría más la cesación de la existencia viviente (su significado fundamental) sino que sólo significaría un cambio de situación; “¿muere un hombre? ¡No, imposible! Puede salir del cuerpo para ir a otro lugar de habitación, pero no puede morir”; esta es la opinión popular (el fallo de la sabiduría del mundo), la tenaz creencia del mundo religioso.

Por lo que investigaremos si hay algo en la enseñanza de las Sagradas Escrituras o en el testimonio de la naturaleza, que respalde esta creencia; y descubriremos que no sólo hay completa ausencia de respaldo a tal idea, sino que más bien al contrario, hay abundante evidencia que muestra que la muerte invade el ser de un hombre y le borra de la existencia, de tal suerte que en la muerte se halla tan completamente inconsciente como si nunca hubiese vivido. Que el lector retenga en suspenso su juicio al respecto, pues encontrará que lo que viene a continuación justificará esta afirmación, aunque parezca aterradora al principio.

¿Qué es la Muerte?

Primero, consideremos por un momento la idea primordial expresada en la palabra muerte y que no es otra cosa que lo opuesto a la vida. Conocemos la vida como un asunto de positiva experiencia y siendo que la idea de la muerte se deriva de esta experiencia, pues la muerte es la palabra que describe la interrupción, negación, o detención de dicha capacidad de experimentar. Ya sea que el término vida se utilice literal o figuradamente, ya sea que se aplique a una criatura o a una institución, la muerte no es más que lo opuesto de la vida: en definitiva, significa la ausencia o partida de la vida. Por lo tanto, a fin de entender la muerte en relación con nuestra actual investigación, es necesario que tengamos un concepto preciso de la vida. No podemos entender la vida en sentido metafísico, pero esto no es un impedimento para nuestra investigación; porque la dificultad en este sentido no es mayor ni menor que en el caso de los animales y en el caso de los animales la gente no profesa hallar ninguna dificultad en reconciliar el misterio de la vida con el hecho de la muerte real.

Dejando la metafísica a un lado, sólo necesitamos preguntarnos: “¿Qué es la vida según se conoce experimentalmente?”. La respuesta de la verdad literal dice que es el resultado conjunto de los procesos orgánicos que se desarrollan dentro de la estructura humana: la respiración, circulación de la sangre, digestión, pues los pulmones, el corazón y el estómago funcionan en conjunto para generar y sostener la vida e impartir actividad a las diversas facultades de las cuales estamos compuestos. Fuera de este laborioso organismo la vida no existe, ya sea en lo que concierne al hombre como a las bestias. Si se golpea el cerebro, sobreviene la inconsciencia; si se quita el aire, se produce el sofocamiento; si se corta el suministro de alimentos, sobreviene el hambre con efecto fatal. Estos hechos, que todo el mundo conoce, demuestran que la vida depende del organismo. Muestran que la vida humana, con sus misteriosos fenómenos del pensamiento y sentimiento, es el producto de la complicada maquinaria de la cual estamos hechos. Esa maquinaria, en completa y armoniosa acción, es una suficiente explicación de la vida que ahora tenemos. En ella y por medio de ella, existimos.

Ahora bien, a pesar del prejuicio que el lector tenga contra esta presentación del asunto, no puede dejar de reconocer esto: que hubo un tiempo cuando no existíamos. Este importante hecho muestra la posibilidad de la inexistencia en relación con el hombre. La pregunta es: ¿volverá a sobrevenir ese estado de inexistencia? Esta es una sencilla cuestión de experiencia, sobre la cual ¡ay! la experiencia habla con tanta claridad…; por lo que en vista de que la existencia humana depende de la función del material orgánico, la inexistencia sobreviene debido a la interrupción de esa función. Por experiencia sabemos que esta interrupción efectivamente ocurre y que como consecuencia de ella, el hombre muere. La muerte viene sobre él y deshace lo que el nacimiento hizo por él. Uno le dio la existencia…… la otra se la quita. El decreto divino “polvo eres y al polvo volverás”, se realiza inexorablemente en la experiencia de todo hombre. En el transcurso de la naturaleza, su ser desaparece de la creación y todas sus cualidades su sumergen en la muerte por la simple sencilla razón de que el organismo que las desarrolla, también detiene sus funciones.

Estos son los hechos desde un punto de vista razonable y coherente. Pero cuando escudriñamos las Escrituras, es asombroso lo fundamentado que se vuelve el caso. Cuando las Escrituras hablan de la muerte de alguien, no emplean la fraseología de los religiosos modernos. Las Escrituras no dicen que los justos se han “ido a recibir su galardón”, o que se han “ido a rendir su cuenta final”, o que han “emprendido vuelo a un mundo mejor”; ni dicen, que los inicuos se han “ido a comparecer ante el tribunal de Dios para responder por sus malas acciones”. El lenguaje bíblico declara expresamente una doctrina contraria: por ejemplo, la muerte de Abraham, el padre de los fieles, se halla registrada así:

Y exhaló el espíritu y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de años, y fue unido a su pueblo.” (Génesis 25:8).

Así también el caso de Isaac:

Y exhaló Isaac el espíritu, y murió, y fue recogido a su pueblo.” (Génesis 35:29).

Así también Jacob:

Y cuando acabó Jacob de dar mandamientos a sus hijos, encogió sus pies en la cama, y expiró, y fue reunido con sus padres.” (Génesis 49:33).

De José sólo se dice:

Y murió José a la edad de ciento diez años; y lo embalsamaron, y fue puesto en un ataúd en Egipto.” (Génesis 50:26).

Así en el caso de Moisés:

Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová. Y lo enterró en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de Bet-peor; y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy.” (Deuteronomio 34:5-6).

Y así también hallaremos en los casos de Josué (Josué 24:29), Samuel (1 Samuel 25:1), David (1 Reyes 2:1-2, 10; Hechos 2:29-34), Salomón (1 Reyes 11:43); y de todos aquellos cuya muerte se halla registrada en las Escrituras. Nunca se dice que se han ido a alguna otra parte; simplemente se menciona que mueren, que entregan su vida y que vuelven a la tierra. Pablo adopta el mismo estilo de lenguaje cuando habla de la generación de los justos que han muerto; estas son sus palabras:

Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos.” (Hebreos 11:13).

Cuando Jesús habló de la muerte de Lázaro, reconoció el hecho en su sentido más claro:

Jesús les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; más voy para despertarle. Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto.” (Juan 11:11-14).

Cuando Lucas describe la muerte de Esteban, no cae en ninguno de los elevados éxtasis tan generalizados en la literatura religiosa moderna. Sencillamente dice: “Y habiendo dicho esto, durmió.” (Hechos 7:60). Cuando Pablo tiene ocasión de referirse a los cristianos fallecidos, no habla de ellos como que se hallan ante el trono de Dios, pues las palabras que emplea están en armonía con aquellas ya citadas:

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.” (1 Tesalonicenses 4:13).

No hay excepciones a estos casos en el texto bíblico. Todas las alusiones bíblicas al tema de la muerte son tan diferentes al sentimiento moderno cómo es posible concebir: la Biblia habla de la muerte como el término de la vida y nunca, como el comienzo de otra existencia. Ni una sola vez nos habla de algún muerto que haya ido al cielo. Ni una sola vez se representa a los muertos como si estuviesen conscientes, excepto por un permisible lenguaje poético (Isaías 14:4), o para propósitos de parábolas (Lucas 16:19-31). Siempre son descritos en términos que armonizan con la experiencia: en la tierra de tinieblas, silencio e inconsciencia. Salomón dice:

Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.” (Eclesiastés 9:10).

Job, angustiado por la acumulada calamidad, maldijo el día de su nacimiento y deseó haber muerto cuando niño; y fijémonos en lo que dice acerca de cuál habría sido la consecuencia:

Pues ahora estaría yo muerto, y reposaría; dormiría, y entonces tendría descanso, con los reyes y consejeros de la tierra, que reedifican para sí ruinas (tumbas); o con los príncipes que poseían el oro, que llenaban de plata sus casas. ¿Por qué no fui escondido como abortivo, como los pequeñitos que nunca vieron la luz? Allí los impíos dejan de perturbar, y allí descansan los de agotadas fuerzas. Allí también reposan los cautivos; no oyen la voz del capataz. Allí están el chico y el grande, y el siervo libre de su señor.” (Job 3:13-19).

Job también hace la siguiente declaración, que junto con la recién citada, debiera ser bien considerada por aquellos que creen que los bebés van al cielo cuando mueren:
¿Por qué me sacaste de la matriz? Hubiera yo expirado y ningún ojo me habría visto. Fuera como si nunca hubiera existido.” (Job 10:18).

El salmista alude de paso al estado de los muertos en las siguientes expresivas palabras:

Abandonado entre los muertos, como los pasados a espada que yacen en el sepulcro, de quienes no te acuerdas ya, y que fueron arrebatados de tu mano… Manifestarás tus maravillas a los muertos? ¿Se levantarán los muertos para alabarte? ¿Será contada en el sepulcro tu misericordia? ¿o tu verdad en el Abadón? ¿Serán reconocidas en las tinieblas tus maravillas, y tu justicia en la tierra del olvido?” (Salmos 88:5, 10-12).

Estas preguntas están contestadas en una breve pero enfática declaración que aparece en Salmos 115:17:

No alabarán los muertos a JAH, ni cuantos descienden al silencio.”

Y el salmista da patética expresión a su propia creencia acerca de la naturaleza fugaz del hombre, en las siguientes palabras, que tienen relación directa con el estado de los muertos:

He aquí, diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti; ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive… Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor. No calles ante mis lágrimas; porque forastero soy para ti, y advenedizo, como todos mis padres. Déjame, y tomaré fuerzas, antes que vaya y perezca.” (Salmos 39:5, 12-13).

Por otra parte, de nuevo David dice en Salmos 146:2: “Alabaré a Jehová en mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras viva”; claramente implicando con ello que de acuerdo con su creencia, dejaría de vivir y alabar a Jehová cuando aconteciera la muerte.

¿Están Conscientes los Muertos?

Además de estas indicaciones generales de la naturaleza destructiva de la muerte como una extinción del ser, hay otras declaraciones en la Escrituras que específicamente niegan que los muertos tengan conciencia alguna; por ejemplo, esta:

Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.” (Eclesiastés 9:5-6).

Con cuánta frecuencia oímos comentar acerca de los muertos: “Pues, bien. ¡Ahora lo sabe todo!” ¿Qué diremos a eso? Si las palabras de Salomón tienen significado, entonces tal comentario es, precisamente, lo opuesto a la verdad. ¿Qué puede ser más explícito?: “Los muertos nada saben.” Ciertamente sería una maravillosa proeza de la exégesis que lograra que esto signifique: “Los muertos todo lo saben.” Además, cuán común es creer que después de la muerte, los muertos amarán y servirán a Dios con mayor devoción en el cielo, porque se deshicieron de la traba de este cuerpo mortal; o que le maldecirán con ardiente odio en el infierno, por la misma razón…… o que, en realidad, su amor se habrá perfeccionado y su odio intensificado; precisamente frente a la declaración de Salomón que expresa todo lo contrario: “Su amor y su odio y su envidia fenecieron ya”. David, por otra parte, es igualmente categórico en este punto, pues esto es lo que él dice:

No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación. Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos.” (Salmos 146:3-4).

También esto otro:

En la muerte no hay memoria de ti; en el Seol, ¿quién te alabará?” (Salmos 6:5).

Ezequías, rey de Israel, da testimonio similar. Había estado “enfermo de muerte” y al recuperarse compuso un cántico de alabanza a Dios, en el cual dio la siguiente explicación de su agradecimiento:

Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad. El que vive, el que vive, éste te dará alabanza, como yo hoy.” (Isaías 38:18-19).

Este conjunto de testimonios de las Escrituras debe ser concluyente para aquellos que consideran importante la autoridad de las Escrituras. Si el veredicto de las Escrituras tiene algún peso, el estado de los muertos ya no debe ser más un asunto discutible. La Biblia resuelve la cuestión en contra de toda la especulación filosófica. Enseña que la muerte es un eclipse total del ser, eso es, un arrasamiento completo de nuestro yo consciente en relación con el universo de Dios. Esto no lesionará los sentimientos de aquellos que se rigen por la sabiduría que inculcan las Escrituras. Los tales se inclinarán ante la respuesta de Dios, cualquiera que esta sea. Harían esto aun si la respuesta fuera más difícil de aceptar que lo que es en este caso, que en lugar de ser difícil de aceptar, concuerda con nuestra experiencia y nuestros instintos…… mejor aún: libera de la oscuridad, toda la doctrina de la Biblia.

Por lo que la Biblia establece la doctrina de la resurrección sobre el firme cimiento de la necesidad. Porque desde el punto de vista de ella, la vida futura sólo se puede alcanzar por medio de resurrección; mientras que desde el punto de vista popular, la vida futura es una evolución natural a partir de la presente y no es afectada de ninguna manera por la resurrección del cuerpo. En verdad es difícil ver siquiera alguna utilidad en la resurrección, si aceptamos la idea popular; porque si un hombre recibe su recompensa cuando viene la muerte y disfruta de toda la felicidad celestial que su naturaleza es capaz de disfrutar, parece incongruente que, después de cierto tiempo, se vea obligado a dejar las regiones celestiales para reunirse con su cuerpo en la tierra, cuando se supone que tiene mucha más capacidad de gozar de la vida eterna sin ese cuerpo. La resurrección está fuera de lugar en semejante sistema; y en consecuencia encontramos que, hoy en día, muchos la están abandonando y en vano tratan de elaborar explicaciones para negar la doctrina del Nuevo Testamento respecto a la resurrección física.

He citado muchos pasajes para demostrar la realidad de la muerte y la consiguiente inconsciencia de los que están muertos. Esos pasajes no son ambiguos; más bien son claros, sencillos y comprensibles. Ahora bien, si las declaraciones positivas que hacen fueran presentadas en la forma de interrogaciones a cualquier maestro religioso moderno, o a cualquiera de los inteligentes que hay en su rebaño ¿estarían sus respuestas en armonía con aquellas declaraciones? Veamos. Supongamos que preguntamos: ¿Saben algo los muertos? ¿Cuál sería la respuesta? “Oh, sí, saben muchísimo más que los que viven”. O si preguntáramos: ¿Perecen los pensamientos de un hombre, cuando este va al sepulcro? La respuesta instantánea sería, según las palabras de un “reverendo” caballero, en su sermón fúnebre: “Oh, cuánto nos regocijamos sabiendo que la muerte, aunque pueda cerrar nuestra historia mortal, no es la terminación de nuestra existencia, ni siquiera es la suspensión de la conciencia”; o también: ¿Hay memoria de Dios en la muerte? “Oh, sí, los justos muertos lo conocen más perfectamente y lo aman más completamente que cuando estaban en la tierra”. O estas otras preguntas: ¿Alaban los muertos al Señor? “Ciertamente, si son redimidos, se unen en el cántico de Moisés y el Cordero ante el trono”. ¿Se extinguen los bebés, cuando mueren, como si nunca hubiesen existido? “¡No! ¡No perecen los pensamientos! Van al cielo y llegan a ser ángeles en la presencia de Dios”.

De este modo, en cada caso la creencia popular sobre los muertos es exactamente contraria a las explícitas declaraciones de las Escrituras. Es una creencia totalmente desprovista de fundamento. Se opone a toda verdad, tanto natural como revelada. No es difícil, mediante un cuidadoso razonamiento, exponer la falacia de los argumentos “naturales” sobre los cuales está fundada. Ahora miraremos algunas de las razones bíblicas que por lo general se proponen en su favor. Esas razones están basadas en ciertos pasajes que ocurren en su mayor parte en el Nuevo Testamento. Para comenzar, se podrá observar que, aunque presentan superficialmente un aparente apoyo a la creencia popular, ninguno de ellos afirma esa creencia. La evidencia que se supone contienen es solamente deducción; esto es, hacen ciertas declaraciones que se supone implican la doctrina que se procura probar, pero no proclaman la doctrina en sí misma. Es importante tomar nota de este hecho general antes de comenzar, pues conviene saber que en toda la Biblia no hay ni una sola promesa de ir al cielo al morir y ni una sola declaración de que el hombre tiene un alma inmortal, sino de una futura resurrección de los muertos aquí en la Tierra; y que toda la supuesta evidencia contenida en la Biblia en favor de estas doctrinas es tan ambigua que su significado puede ser puesto en duda.

Esto es importante, porque el testimonio en favor del criterio opuesto (el expuesto en el presente capítulo) es tan claro y explícito que no puede ser echado a un lado sin cometer la más flagrante violación a las leyes fundamentales del lenguaje. Esta consideración sugiere este importante principio de la interpretación bíblica: que el testimonio simple debe guiarnos en el entendimiento de lo que puede ser oscuro. Debemos deducir nuestros principios fundamentales a partir de enseñanzas que no pueden ser malentendidas y que armonizan todas las dificultades que surjan. Sería una locura fundar un dogma en un pasaje que por su imprecisión es susceptible de dos interpretaciones, especialmente si ese dogma está en oposición a las inequívocas declaraciones de la Palabra de Dios en otros lugares de la Biblia. Apliquemos por un momento este principio a los pasajes que son citados para justificar la teoría popular.

El Ladrón en la Cruz

El primero es la respuesta de Cristo al ladrón sobre la cruz:

De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lucas 23:43).

Se considera que esto establece inmediatamente la idea común; pero veamos. El meollo del argumento gira sobre la fecha de su cumplimiento. Ahora bien, aquel día Jesús no estuvo en el paraíso, según el sentido popular, porque le dice a María después de su resurrección:

No me toques, porque aún no he subido a mi Padre.” (Juan 20:17).

Jesús no estuvo en el cielo por lo menos durante tres días después de su promesa al ladrón. ¿Dónde estuvo? La respuesta es, en el sepulcro. Sí, pero su alma, pregunta uno, ¿dónde estuvo? Dejemos que Pedro conteste:

Su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.” (Hechos 2:31).

Él, o “su alma”, que es equivalente a “él mismo”, estuvo en el sepulcro o “Hades” (porque las palabras son sinónimos en su uso bíblico, como pronto veremos), esperando la intervención del Padre desde lo alto, para que lo libertara de las ligaduras de la muerte. La conclusión es que la promesa de Cristo al ladrón no tiene valor alguno como prueba de que los muertos van al cielo, por cuanto no su cumplió en el sentido que hubiéramos esperado porque Cristo mismo no fue allí en el momento de su muerte. Pero ¿se cumplió la promesa del Señor? Consideremos la petición del ladrón. Es evidente que en su mente no abrigaba la esperanza de ir al cielo. No dijo: “Señor, acuérdate de mí ahora que estás a punto de ir a tu reino”, sino “Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. Estaba pensando en la venida del Señor, no en su partida; la consideraba como un acontecimiento futuro y su deseo era que el Señor se acordara de él cuando se cumpliera ese acontecimiento futuro: “cuando vengas en tu reino”. Más adelante diremos algo acerca de esta “venida”. Por lo pronto, es suficiente dirigir la atención a la petición del ladrón, porque provee una pista para encontrar el significado de la respuesta de Cristo. Hay buena razón para los argumentos de aquellos que dicen que la respuesta de Cristo se lee más adecuadamente colocando la palabra “que” después de la palabra “hoy”: “De cierto te digo hoy que estarás conmigo en el paraíso”. (Nota del traductor: la palabra “que” está ausente del texto griego original de la respuesta del Señor; el traductor de la Biblia la agrega donde le parece más lógico para completar el sentido de la oración según las reglas de la gramática castellana). Pero de todos modos, las palabras no tienen el significado que les atribuyen aquellos que las citan para respaldar la idea popular.

El Rico y Lázaro

El relato del rico y Lázaro (Lucas 16:19-31) es el principal baluarte de la creencia popular. Se presenta con gran confianza cada vez que ésta es atacada. Sin embargo, un poco de reflexión revelará que es inadecuado para el propósito para el cual se utiliza. En primer lugar debemos darnos cuenta, si podemos, de la naturaleza del pasaje de las Escrituras que se cita. Si es una narración literal (esto es, un relato de cosas que efectivamente sucedieron, dado por Cristo como una guía para nuestro entendimiento del estado “incorpóreo”), entonces es perfectamente legítimo presentarla para refutar el punto de vista expuesto en este capítulo. Pero en ese caso no sólo desbarataría este punto de vista, sino que también desbarataría la creencia popular y establecería la idea que abrigaban los fariseos, a quienes estaba dirigida la parábola; porque al investigar se descubrirá que es la tradición de los fariseos la que forma la base de la parábola: una tradición que choca con la teoría popular del estado de los muertos en muchos puntos. Mire los detalles de la parábola; vea cuán incompatibles son con la teoría popular. El hombre rico alzó sus ojos, estando en tormentos y vio de lejos a Abraham y a Lázaro en su seno; entonces él, dando voces, dijo:

Padre Abraham, ten misericordia de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua.” (Lucas 16:24).

¿Permite la teología popular que los inicuos que están en el infierno vean a los justos que están en el cielo? ¿O admite la posibilidad de que haya conversación entre los ocupantes de ambos lugares? ¿Tiene el alma inmortal puntas de dedos, lengua y otros miembros materiales sobre los cuales el agua tendría un efecto refrescante? Abraham negó la petición del hombre rico, añadiendo como razón suplementaria:

Una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros no pueden.”

¿Es una sima un obstáculo para el tránsito de un alma inmaterial? El hombre rico le pidió a Abraham que enviara a Lázaro donde sus cinco hermanos para que les testificara, a fin de que no vinieran ellos también al mismo lugar de tormento; pero Abraham contestó:

Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.”

¿Qué necesidad habría, de acuerdo a la idea popular, de que alguno se levantara de los muertos, en vista de que un espíritu comisionado de las “vastas profundidades” habría sido suficiente para comunicar la amonestación? Toda la narración se rodea de un aire de tangibilidad que es incompatible con la noción común del estado de los muertos. Además, piense en el cielo y el infierno donde estarían al alcance de la vista unos y otros y que habría conversación entre ambos lugares. Si insistimos en considerar el relato como una narración literal, tendremos que aceptar todos estos detalles, que están en completo desacuerdo con la teoría popular.

¿Es literal la narración? Aun los creyentes tradicionalistas se refieren a ella como una parábola, lo que indudablemente es. Como parábola no tiene nada que ver con el asunto en disputa. Fue dirigida a los fariseos para reforzar la lección de que en el debido tiempo los poderosos y los ricos serían abatidos y los pobres serían exaltados; y que si los hombres no querían guiarse por el testimonio de Moisés y los profetas, los milagros (aun el levantamiento de un muerto) no podrían conmoverlos. La parábola no pretende enseñar el estado particular de los muertos que literalmente expresa: trata enteramente sobre la lección que se quería transmitir. Una parábola no enseña lo que literalmente dice: enseña algo aparte de sí misma, de otro modo no sería parábola. Podría argumentarse que todas las parábolas tienen su fundamento en la verdad. Así es, pero no expresan necesariamente cosas que son posibles. En las Escrituras se hallarán parábolas donde los árboles hablan, el cardo va en procura de alianzas matrimoniales y los cadáveres se levantan de sus tumbas para salir a recibir a otros cadáveres recién llegados (Jueces 9:8; 2 Reyes 14:9; Isaías 14:9-11).

La parábola del hombre rico y Lázaro está fundada en la verdad pero no necesariamente es un relato literal. Que los muertos hablaran fue necesario para el propósito de la parábola y no sorprendería a los fariseos a los cuales fue dirigida, porque, en verdad, incorpora la creencia de ellos. Esto es evidente por el tratado sobre el Hades escrito por Josefo (siendo él mismo un fariseo), que puede hallarse al final de sus obras recopiladas y en el cual el lector encontrará una descripción del “seno de Abraham” y el lago ardiente en “una parte inconclusa del mundo”. Hallará que la creencia de los fariseos (reflejada en la parábola de Jesús) es algo muy diferente de la creencia popular en el cielo más allá del firmamento, y en el infierno como un abismo en las partes oscuras y vertiginosas del universo. Un cuidadoso examen de esta creencia convencerá al lector de la gran diferencia entre la teoría judía incorporada en la parábola del rico y Lázaro, y la comúnmente aceptada doctrina de ir al cielo y al infierno.

Puede preguntarse por qué Cristo empleó parabólicamente una creencia que era ficticia, dándole de este modo su aparente aprobación. La respuesta es que Cristo no pretendía enseñar esta creencia en sí, sino sólo utilizarla para presentar el testimonio de un hombre muerto. Quería imprimir en sus oyentes la lección expresada en las últimas palabras de Abraham: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos”; y no podría haber hecho esto en ninguna forma más convincente que por medio de una parábola basada en la propia teoría de ellos sobre el estado de los muertos, según la cual los muertos estaban conscientes y por lo tanto capaces de conversar sobre el tema que él deseaba presentar. Esto no implicaba su aprobación de la teoría, así como tampoco su alusión a “Belcebú” expresaba su reconocimiento de la existencia real de aquel dios pagano (Mateo 12:27; 2 Reyes 1:2-3).

Cuando Cristo tiene ocasión de hablar claramente acerca de los muertos, sus palabras están en armonía con la verdad. Examinemos el caso de Lázaro: Jesús dijo primeramente a sus discípulos: “Nuestro amigo Lázaro duerme”. Pero cuando los discípulos entendieron sus palabras en forma literal, se nos dice: “Entonces Jesús les dijo claramente (indicando que la palabra “duerme” no era clara ni literal): Lázaro ha muerto.” (Juan 11:14); “el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.” (Juan 11:25), eso es, por medio de la resurrección, porque al mismo tiempo dijo, “Yo soy la resurrección y la vida.”; también había afirmado lo siguiente:

“…… vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” (Juan 5:28-29).

Es en estas claras palabras de Cristo donde hemos de buscar la verdadera idea del Hijo de Dios sobre el tema de la muerte y no en un discurso parabólico, dirigido a sus enemigos para el propósito de confusión y condenación y no de instrucción. En verdad sería extraño que una doctrina tan importante como la conciencia de los muertos en el cielo y en el infierno tuviera que depender de una parábola. A aquellos que insisten en la parábola para este propósito se les debe preguntar qué haremos con el testimonio ya presentado en prueba de la realidad de la muerte: ¿Vamos a considerar superior una parábola y desechar el testimonio claro? ¿Vamos a torcer y violar lo que está claro para hacerlo concordar con lo que pensamos que significa aquello que es reconocidamente oscuro? ¿No es más bien lo opuesto el curso de la verdadera sabiduría, determinando y resolviendo aquello que es incierto por medio de aquello que es inequívoco? Si se arguyera, como ya se ha hecho, que era poco probable que Cristo perpetuara el error y encubriera la verdad en un asunto tan importante como el que se implica en la parábola empleada, es suficiente citar lo siguiente en réplica:
Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? El respondiendo les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. Porque a cualquiera que tiene, se le dará y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas.” (Mateo 13:10-13).

O esto otro:

A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.” (Lucas 8:10).

El siguiente argumento bíblico en favor de la teoría popular se presenta, por lo general, con un aire de gran confianza: “¿Acaso no vio Juan en la isla de Patmos (dice el triunfante preguntador), a los redimidos de todo linaje y lengua y pueblo y nación, que se hallaban delante del trono de Dios dándole gloria?; ¿Quiénes son éstos, si los justos no van al cielo al morir?”. Por lo general estiman que este argumento es abrumador…… pero un momento, amigo: localicemos el primer versículo del capítulo cuarto de Apocalipsis y veamos lo que encontramos ahí:

Y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas.”

Luego las escenas que Juan presenció, eran representaciones de cosas que iban a ser en un tiempo futuro y, por lo tanto, cuando vio una gran multitud alabando, lo que contempló fue la asamblea de los resucitados tal como será en la segunda venida; pero continuemos.

La Oración de Esteban

Luego viene la petición pronunciada por Esteban en el momento de su muerte: “Señor Jesús, recibe mi espíritu” (Hechos 7:59). Se afirma que esto significa que Esteban esperaba que el Señor recibiera su alma inmortal. Que este no puede ser el significado de esas palabras, queda de manifiesto al considerar la doctrina bíblica del espíritu. El “pneuma”, espíritu o aliento, no era el mismo Esteban; era tan sólo el principio o energía que le daba vida, así como da vida a todos los otros hombres y animales. Este principio no constituye al hombre o al animal. Es necesario para darles existencia, pero no pertenece a ellos, excepto durante el corto período de su existencia. El espíritu de Esteban no era Esteban, aunque era esencial para su existencia. Esteban se componía de esa combinación de poder y organismo, bíblicamente definida como “espíritu, alma y cuerpo” (1 Tesalonicenses 5:23). Su espíritu, como una abstracción, era de Dios y procedía de Él, como ocurre con los espíritus de toda carne. De este modo, leemos en Job 33:4: “El espíritu de Dios me hizo y el soplo del Omnipotente me dio vida”. De ahí que se dice:

“Si él (Dios) pusiese sobre el hombre su corazón y recogiese así su espíritu y su aliento, toda carne perecería juntamente y el hombre volvería al polvo.” (Job 34:14-15).

El espíritu es indispensable como la base de un hombre viviente, compuesto de organismo corporal. Es el principio de vida de todas las criaturas vivientes. Cuando este principio de vida, que emana de Dios, se retira, vuelve a su dueño original y el ser creado deja de existir. Esta es la idea expresada en las palabras de Salomón:

Y el polvo vuelva a la tierra, como era y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.” (Eclesiastés 12:7).

Pero podría preguntarse ¿por qué Esteban habría de estar preocupado por su espíritu en este sentido? Bien, debe recordarse que Esteban anhelaba una reanudación de la vida en la resurrección. Esta era su esperanza. Esperaba recuperar la vida. En consecuencia, al llegar a la muerte, la confió a la custodia del Salvador hasta aquel día; y como la narración añade, “durmió”. Si la personalidad de Esteban correspondiera al espíritu de Esteban y no al Esteban corporal, entonces este pasaje demostraría que el espíritu durmió…… y esto es precisamente lo que niegan, aquellos que citan este pasaje.

La Redención del Cuerpo

Ahora llegamos a las palabras de Pablo: “Pero confiamos y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo y presentes al Señor” (2 Corintios 5:8). A primera vista, esto parece expresar la idea popular; pero examinémoslo. Los intérpretes tradicionales entienden que por esto, Pablo quiso expresar el deseo de salir del cuerpo e ir adonde Cristo en el cielo. Si esto fuera la ausencia del cuerpo que Pablo deseaba, sin duda el pasaje representaría una prueba del punto de vista mencionado; pero, ¿era la ausencia del cuerpo lo que Pablo deseaba? El contexto contesta la pregunta definiendo exactamente la idea que estaba presente en la mente de Pablo. No deseaba estar separado de la existencia corporal, porque dice en el mismo capítulo:

Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial…porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.” (Versículos 2 y 4).

Lo que Pablo deseaba, entonces, era liberarse de la carga de un cuerpo pecaminoso e imperfecto y obtener el cuerpo incorruptible de la resurrección; como lo expresa en Romanos 8:23:

Nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”

Pues bien ¿cuándo ocurre esta redención del cuerpo? No al morir, porque al morir el cuerpo pasa por un proceso precisamente opuesto al de “redención”. Entra en servidumbre y destrucción. Se corrompe y se desmenuza en la tierra; no es sino hasta la resurrección a la venida del Señor, que es levantado a incorrupción. Sólo entonces estaremos “presentes al Señor”. El testimonio del apóstol es:

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” (1 Tesalonicenses 4:16-17).

Esta ausencia del cuerpo corruptible es sinónimo, en el pasaje citado, de presencia ante el Señor, ya que en el caso de los aceptados, la carne y la sangre se transformarán entonces en la naturaleza incorruptible con la cual los santos han de ser investidos. Pablo dice: “La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios” (1 Corintios 15:50). Siendo este el caso, bien podía él desear estar ausente de la carne y la sangre. Pero esto no fue suficiente; fue necesario añadir su deseo de estar presente con el Señor, porque no todos los que mueran obtendrán el honor de tener existencia incorruptible en su presencia. Muchos estarán “ausentes del cuerpo” para siempre jamás; es decir, quedarán sin cuerpo (sin existencia) al ser absorbidos por la segunda muerte. Sólo aquellos que sean aceptados en el juicio estarán “ausentes del cuerpo y presentes al Señor” en la gloria de la naturaleza incorruptible.

Partir y Estar con Cristo

Ahora debemos considerar el versículo 23 del primer capítulo de Filipenses:

Estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor.”

Como en el caso anterior, esto también pareciera, a primera vista, dar expresión a la idea que la teología popular le achaca a Pablo. Pero en realidad no representa lo que parece representar. La expresión no enseña que Pablo estaría con Cristo tan pronto como muriera. Sería necesario mostrar en otras partes de la Palabra de Dios que cuando un hombre muere comparece ante Cristo, para que este pasaje pudiera ser utilizado con esa idea. Tal como está, solamente expresa cierta secuencia de acontecimientos, sin indicar si hay o no un intervalo entre ellos. Primero, morir; luego, estar con Cristo; pero si esto ocurre inmediatamente después de morir, o algún tiempo después de morir, no hay nada en el versículo que lo indique. La pregunta es, entonces, ¿de qué dispone el sistema cristiano como el medio para que una persona muerta se presente ante Cristo? La respuesta que toda investigación bíblica dará a esta pregunta es: la resurrección. Pareciera que dos cosas tan distantes no podrían ser reunidas, como se halla en las palabras de Pablo; pero debe recordarse que el asunto se describe desde el punto de vista de la persona que muere. Pues bien, si los muertos “nada saben”, como lo declaran las Escrituras (Eclesiastés 9:5), se desprende que morir y estar con Cristo, a la persona que muere le parecerán acontecimientos de secuencia instantánea y, por lo tanto, es perfectamente natural que estén encadenados de la manera en que Pablo lo hace aquí.

Pablo invariablemente señala el regreso de Cristo como el momento en que estará presente con Cristo. Por ejemplo, en 1 Tesalonicenses 4:17, ya citado, después de describir la venida de Cristo, la resurrección de los muertos y la transformación de los vivos, el apóstol dice: “Y así estaremos siempre con el Señor”. En 2 Corintios 4:14, dice: “El que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús y nos presentará juntamente con vosotros”. También Juan dice: “Cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.” (1 Juan 3:2). Por esta razón, Pablo nos dice en la misma epístola en la cual se hallan las palabras disputadas, que él se esforzaba por “si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos” (Filipenses 3:11). En ningún caso expresa la esperanza de estar con el Señor antes de la venida de Cristo y la resurrección.

Asumiendo que esto está aclarado, tenemos que armonizar este entendimiento del texto con la necesidad del contexto. Si se preguntase en qué sentido la muerte sería “ganancia” para Pablo (Filipenses 1:21), la respuesta se halla en la palabras de Cristo: “Todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.” (Lucas 9:24). Pablo estaba a punto de ser decapitado; esta es la muerte a la cual se refiere en el contexto. En consecuencia, de una manera especial, él sería afectado por la promesa de Cristo: “Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida.” (Apocalipsis 2:10). La pregunta respecto a cuándo se daría esta corona, queda aclarada por la declaración de Pablo en 2 Timoteo 4:8:

Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día (el día de la manifestación de Cristo y su reino, según el primer versículo); y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.”

Era “ganancia” morir, también, porque Pablo estaría de este modo liberado de todas las privaciones y persecuciones enumeradas en 2 Corintios 11:23-28 y dormiría apaciblemente en Cristo.

(Fin de la primera parte).

¿MANTIENE USTED…… UNA “ACTITUD DE ESPERA” EN DIOS?

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , , on 15/04/2014 by Armando López Golart

esperar-en-diosUno de los muchos contrastes que percibimos entre las personas a nuestro alrededor, es que mientras unas se derrumban cuando se encaran a intensas dificultades, hay las otras que pasando por igual dolorosa experiencia o incluso hasta por peores circunstancias, asumen la situación adversa con una gran entereza; y tal parece que ello las fortalece para afrontar futuras penalidades, por lo que se podría afirmar que han sacado una consecuencia positiva, partiendo de una circunstancia negativa. De manera similar, mientras hay personas que hasta reniegan de la existencia misma de Dios cuando son sometidas a dificultades prolongadas, cuando no le acusan directamente de ser el causante de sus desdichas, hay las otras que pasan por pruebas severas con una fe inquebrantable en el Dios Todopoderoso…… luego la pregunta sería ¿por qué esta diferencia?

Pues porque las primeras se amargan y pierden la fe, probablemente debido a que se consideran demasiado importantes (solo piensan en sí mismas y por lo que evitan ver lo que está envuelto en la situación) y no reconocen que son generalmente los propios errores de uno los que provocan la mayoría de situaciones adversas por las que están atravesando, pues somos humanos imperfectos que vivimos bajo pecado, en un mundo que pasa por alto las leyes de Dios y ello, lógicamente, tiene sus consecuencias…… una de ellas y dicho sea de paso, lo difícil que resulta ser una persona que tenga una “actitud de espera” en Jehová Dios ante semejante entorno; por otra parte, incorrectamente le atribuyen al Altísimo las cosas malas de las cuales los hombres son los únicos responsables y con lo que no aprenden nada provechoso de las dificultades en las que se ven metidos…… y siendo el caso que después de que experimentan alivio de las mismas, generalmente se olvidan del asunto y quizás reflejen aún características o actitudes más indeseables que las anteriores y lo que las lleva a cometer peores errores. Sin embargo las segundas y para que eso no les suceda, hacen un esfuerzo por sobreponerse a sus problemas y beneficiarse de todo aquello que pueda acontecerles en este mundo plagado de maldad, eso es, sacar de ello una lección práctica y positiva, para lo que se necesita tener una perspectiva correcta de lo que está implicado en el asunto. Ahora bien, alguien podría preguntarse cuál es la fórmula “magistral” para conseguir mantener esta actitud ante la adversidad: y se requiere, sencillamente, el que tengamos un punto de vista correcto en cuanto a las causas del porqué del sufrimiento humano; y ello nos lleva a un libro bíblico frecuentemente pasado por alto por el “respetable” y que es precisamente un libro de lamentos, pues de hecho se le conoce con el descriptivo nombre de Lamentaciones y que nos ayuda a poner esta cuestión que nos planteamos, en la perspectiva correcta.

El libro, escrito por el profeta Jeremías después de la destrucción de Jerusalén y su templo por Nabucodonosor y sus habitantes deportados a Babilonia, contiene cinco poemas en los que se expresa lamento por la terrible destrucción que le sobrevino a Jerusalén a manos de los babilonios; en el tercer poema y en el que nos vamos a centrar, el profeta Jeremías, llevado por el espíritu de Dios, desahoga sus sentimientos intensos y aunque habla en primera persona, habría que entender que lo que está haciendo es “personificar” el sentir de la entera nación hebrea ante dicha catástrofe, eso es, el sentir de la nación rebelde de Israel, representada en la figura de un “hombre físicamente capacitado” (Lam. 3:1-18). Sin embargo y en un plano personal, aunque Jeremías también sufrió junto con la entera nación dicha calamidad, no permitió que la amargura hiciera presa en él y de ahí el sabio y estimulante consejo que vamos a leer; pues desplegando un punto de vista positivo del asunto, esperaba con esperanza el tiempo en que el favor de Dios estaría de nuevo con su pueblo y por lo que aceptó lo que le ocurrió a la nación, como lo que realmente era: una justa ejecución del juicio divino, por los continuados actos de rebelión del pueblo judío por casi 700 años. La esperanza de una liberación futura, repetimos y de un revertir en la situación, sustentó a Jeremías y como queda patente de sus palabras, que hoy nos tienen que servir de estímulo a los que las leemos:

Acuérdate de mí aflicción y de mi estado sin hogar, del ajenjo y de la planta venenosa. 20 Sin falta se acordará tu alma y se inclinará sobre mí. 21 Esto es lo que traeré de vuelta a mi corazón. Por eso mostraré una actitud de espera.” (Lam. 3:19, 21).

Jeremías no permitió que la amargura inundara su corazón, sino que lo que puso en este o trajo “de vuelta” al mismo, fue la esperanza de una próxima restauración y de ahí que decidiera mostrar una “actitud de espera” en su Dios. Y es que no había ninguna duda en la mente de Jeremías, que Jehová con el tiempo miraría con misericordia a Su pueblo arrepentido, aunque es cierto que habían sido sumamente humillados en una derrota sangrante…… pero Jehová descendería (por decirlo de alguna manera), de su alta posición en el cielo para recuperarlos de su estado degradado; con esto presente, Jeremías podía consolar su corazón y esperar con paciencia hasta que Jehová actuara a favor de Su pueblo arrepentido. Así que, cuando estemos pasando por una experiencia angustiosa, no deberíamos perder la esperanza, sino que debemos tener presente el hecho de que las pruebas tienen un comienzo y también tienen un final (recuerden ese dicho tan famoso de que “no hay mal que cien años dure…… ni cuerpo que lo aguante”) y que Jehová tiene el poder de reconducir las cosas, al grado que nos puede recuperar incluso hasta de la misma muerte (Hech. 24:15); y es que el Altísimo nunca permitirá que sus siervos fieles sufran indefinidamente junto con las personas que, desobedientemente, no están atentas a Su Palabra. Por esa razón, deberíamos mantener una confiada “actitud de espera” como decidió hacer Jeremías, aguardando con paciencia hasta que Jehová traiga alivio seguro y definitivo; y es que el mismo hecho de que como especie todavía estemos con vida, debería darnos razón para tener esperanza e idea que subyace en las palabras del profeta en cuestión, referidas a la nación de Israel:

Son los hechos de bondad amorosa de Jehová el que no nos hayamos acabado, porque sus misericordias ciertamente no terminan. 23 Son nuevas cada mañana. Es abundante tu fidelidad. 24 Jehová es la parte que me corresponde -ha dicho mi alma-, por eso mostraré una actitud de espera por él.” (Lam. 3:22-24).

Es cierto que en el tiempo de Jeremías la ciudad de Jerusalén con su templo y la tierra de Judá fueron desoladas, siendo muchos los israelitas que perecieron en aquella masacre; pero aun así, hubo muchos sobrevivientes y lo que le dio a Jeremías la seguridad de que Jehová Dios continuaría mostrándole misericordia a su pueblo. Porque si no fuera por la bondad amorosa de Dios y el interés compasivo hacia su pueblo en un futuro, no habría habido ninguna necesidad de dejar sobrevivientes entre los israelitas; de igual manera, Jehová podía haber acabado con Adán y Eva y acabar ahí la cuestión…… pero el Altísimo mostró bondad inmerecida a la humanidad, al permitir que ellos tuvieran descendencia antes de morir y lo que significa que para dicha descendencia tenía un propósito distinto al de la muerte. Así como en el caso de Israel que estamos analizando, de igual modo sus expresiones de misericordia continuarían fluyendo hacia esta descendencia (nosotros) y serían renovadas “cada mañana”, pues el hecho de que la fidelidad de Jehová es abundante nos asegura que se puede depender de sus misericordias, pues estas serían constantes y nunca débiles e ineficaces. Por otra lado y volviendo al Israel antiguo, dado que Este permaneció como la parte que le “correspondía” a su pueblo (a modo de herencia), había buena razón para que ellos continuaran a la espera de un cambio sustancial en las difíciles circunstancias en las que Él había permitido que se hallaran debido a su infidelidad; ahora bien, hemos visto que Jeremías es reincidente en la expresión “actitud de espera” y lo que nos lleva a preguntarnos lo siguiente: ¿qué debería de “caracterizar” a tal espera? Y siendo esto lo que el libro de Lamentaciones nos contesta:

Bueno es Jehová al que espera en él (o que confía en Él), al alma que sigue buscándolo (a pesar de la adversidad del momento). 26 Bueno es que uno espere, aun callado, la salvación de Jehová. 27 Bueno le es al hombre físicamente capacitado llevar el yugo durante su juventud. 28 Que se siente solitario y se quede callado, porque él le ha impuesto algo. 29 Que ponga su boca en el mismísimo polvo. Quizás exista una esperanza. 30 Que dé su mejilla al mismísimo que lo golpea. Que tenga su suficiencia de oprobio.” (Lam. 3:25-30). (Acotaciones nuestras).

Note que aún durante dicho tiempo de aflicción, uno debería continuar esperando en Dios con optimismo por alivio y acercarse más a él (buscarle), al tiempo que debería de ser paciente esperando calladamente o sin quejarse, hasta que el Todopoderoso haya traído la liberación o salvación de la circunstancia del que uno es víctima; por lo tanto, es muy beneficioso el que uno aprenda a sobreponerse de determinado sufrimiento, eso es, aprender a soporta la adversidad con entereza…… pero ¿por qué? Pues porque esto hará que sea mucho más fácil aguantar una posterior experiencia similar o mucho más dura, sin perder la esperanza; el saber que se ha enfrentado a otras dificultades anteriormente y ha salido con éxito de ellas con la ayuda de Dios, le dará una base para reafirmar su esperanza en Él.

Ahora bien, cuando una persona se ve sometida a un “yugo” de aflicción, esta no debería estar corriendo por todas partes expresando sus quejas y justificando su actitud, como intentó Job en su momento y dando a entender con ello, que uno no es merecedor de semejante sufrimiento (somos tendentes a justificarnos, en lugar de reconocer nuestros errores) y acabando, inevitablemente, por culpar a Dios de las desdichas de uno…… por lo que más bien lo que se debería de hacer y como señala Jeremías, es “sentarse solitario” o no alborotar contando a unos y a otros sus penares, sino permanecer callado. Dicho de manera figurada, debería postrarse con su boca en el mismísimo polvo y que no significa otra cosa que el que uno se somete humildemente a las pruebas que Dios ha permitido que experimente y espera con optimismo la liberación venidera. Porque si bien es cierto que el Altísimo con cosas malas no nos somete a prueba (Sant. 1:13), no es menos cierto que muchas veces permite dichas adversas circunstancias para disciplinarnos en justicia, como ocurrió en el caso de Israel.

Otro punto vital que debemos recordar cuando experimentemos una situación adversa, es que esta puede ser provocada por el hombre, provocada por errores propios o, en último extremo, provocada por la propia imperfección que caracteriza al ser humano. En el primer caso, tenemos el hecho de que Dios no aprueba las cosas que un tercero nos pueda causar a aquellos que confiamos en Él; sin embargo, si puede el Altísimo permitir que ciertas cosas nos aflijan en un momento determinado y por la directa acción del hombre en contra de uno, aun cuando no es de Su agrado el que esto suceda y tal como se nos muestra en las siguientes palabras del libro de Lamentaciones:

Porque Jehová no seguirá desechando hasta tiempo indefinido. 32 Porque aunque haya causado desconsuelo, también ciertamente mostrará misericordia conforme a la abundancia de su bondad amorosa. 33 Porque no de su propio corazón ha afligido ni desconsuela a los hijos de los hombres. 34 El aplastar debajo de los pies de uno a todos los prisioneros de la tierra, 35 el desviar el juicio de un hombre físicamente capacitado delante del rostro del Altísimo, 36 el torcer a un hombre en su causa judicial, no lo ha aprobado Jehová mismo.” (Lam. 3:31-36).

En el caso de los infieles israelitas, Jehová Dios les permitió sufrir una terrible experiencia a manos de los babilonios, pues los desechó hasta el grado de permitir que fueran llevados al exilio y Su propio templo destruido; no obstante, lo hizo con un buen propósito en mira, a saber, llevar a un arrepentimiento a los sobrevivientes y que les permitiera alcanzar de nuevo Su favor, pues de no haber actuado en la forma que lo hizo estos habrían seguido por el mismo derrotero que les llevó a ser castigados y quizás, con el tiempo, sin posibilidad ya de arrepentimiento alguno. Pero ello no significaba que los autores de dicha felonía, en este caso los babilonios, quedaran sin castigo por haber actuado contra el pueblo de Dios, según leemos a continuación:

Tú les devolverás un tratamiento, oh Jehová, conforme a la obra de sus manos. 65 Tú les darás la insolencia de corazón, tu maldición a ellos. 66 Seguirás tras ellos con cólera y los aniquilarás de debajo de los cielos de Jehová.” (Lam. 3:64-66).

Sin embargo, para con un resto del pueblo Jehová mostraría misericordia ya que no sintió ningún placer en castigarlos, ni fue el deseo de su corazón causarles desconsuelo y aflicción al entregarlos en manos de sus enemigos; Jehová no apoyó tampoco el terrible trato que estos dieron a su pueblo, pues Él no miraba con aprobación a aquellos hombres que oprimían a los prisioneros de guerra y a los que negaban sus derechos dados por Dios, como era en el caso de los babilonios. Por consiguiente, cuando alguien esté sometido a dificultades severas, generalmente provocadas por la maldad y egoísmo del hombre, no debe culpar a Dios por las mismas, pues el Altísimo no aprueba la opresión ni la violencia de este y siendo que al fin y al cabo, ellos tendrán que responderle por sus hechos malos (2 Tes. 1:6-9). No obstante y como ya hemos ido apuntando, los problemas pueden venir de otra parte, pues la gente pudiera causarse sufrimiento a sí misma por sus propios errores, pues de hecho fueron los propios israelitas quienes dieron la espalda a Jehová Dios, rechazando su cuidado protector…… por lo que Él y con justicia, los abandonó a manos de sus enemigos; de modo que no tenían base alguna para quejarse respecto a lo que les había sobrevenido y circunstancia que se enfatiza en la siguiente pregunta formulada por el profeta:

¿Cómo puede un hombre viviente entregarse a quejas, un hombre físicamente capacitado, a causa de su pecado?” (Lam. 3:39).

Como no hay razón alguna para quejarnos, cuando el problema está causado por nuestra propia impericia; por lo que en vez de quejarnos, deberíamos seguir el consejo dado a los israelitas, en el sentido que deberían de haber regresado a Jehová con arrepentimiento, apelando a su misericordia y como posteriormente así fue, pues esto es lo que leemos:

De veras escudriñemos nuestros caminos y explorémoslos y volvámonos, sí, hasta Jehová. 41 Levantemos nuestro corazón junto con las palmas de nuestras manos a Dios en los cielos: 42 Nosotros mismos hemos transgredido y nos hemos portado rebeldemente. Tú mismo no has perdonado.” (Lam. 3:40-42).

En efecto, no era tiempo para quejarse, sino un tiempo para que examinaran cuidadosamente sus caminos, su derrotero en la vida o conducta y para meditar en lo que ello había resultado; más bien que continuar en sus propios caminos para perjuicio propio, debían regresar a Jehová y obedecer sus mandatos de buena gana, pues con simples expresiones exteriores de arrepentimiento (el meramente levantar las palmas de las manos en oración) no era suficiente, sino que era necesario que se arrepintieran sinceramente de sus transgresiones dentro de su corazón…… y forma de actuar que nos aplica a todos. Así que, cuando se experimentan dificultades, lo que uno tiene que hacer es examinar su derrotero en la vida y preguntarse: ¿me he acarreado problemas yo mismo, debido a que paso por alto las normas divinas? Si así es, entonces no hay base para culpar al Altísimo sino que, más bien, deberíamos mostrar que nos hemos beneficiado de la justa disciplina recibida (Prov. 3:11-12), mediante abandonar el derrotero incorrecto y volvernos a Dios con arrepentimiento; y si por otra parte, nos hemos esforzado por llevar una vida recta y aun experimentamos aflicción causada por terceros, no debemos olvidar que Dios no aprueba lo que los inicuos hagan en contra de aquellos que deseamos servir a Dios y que en su momento les devolverá la “moneda” (Rom. 12:19)…… mientras tanto, deberíamos someternos humildemente a las difíciles circunstancias que estamos atravesando, esperando con paciencia y sin quejarnos hasta que Jehová Dios traiga alivio.

Pero ahora entraremos en otro apartado y que tiene que ver con el hecho de que no siempre las adversidades a las que tenemos que enfrentar, son producto de terceros o como consecuencia de nuestros propios errores, sino de algo a lo que no podemos poner remedio definitivo por nuestros propios medios; no olvidemos y este es el punto al que queríamos llegar, que ya llevando todo lo dicho hasta el momento a un nivel más general, eso es, a la humanidad como un todo, habría que aceptar que las cosas que le acontecen a esta tienen que ver con su imperfección, derivada del pecado del primer hombre y que finalmente resulta en la muerte del ser humano. Ahí tenemos, por ejemplo, enfermedades tremendas que se llevan la vida de personas queridas y sin tener en cuenta la edad que estas puedan tener y lo que nos sume en una situación de impotencia y desesperación profundas, que lleva a la persona a preguntarse cómo puede Dios permitir semejante cosa…… y cuando no, a culparle de ello. Y es que dado que el hombre no fue hecho para morir, la muerte de un ser humano y por milenios, continúa siendo un trauma brutal al que este no se ha podido acostumbrar; sin embargo y una vez más, ahí está de nuevo nuestro Creador para sacarnos “las castañas del fuego” de un hecho ante el que, como ya hemos señalado, estamos totalmente indefensos e impotentes y como resulta ser la muerte, pues esto es lo que leemos en las Escrituras y a modo de esperanzador mensaje:

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16).

Y esperanzador mensaje que nos estimula a “esperar en Jehová” para la solución a esta traumática ocurrencia que es la muerte y en definitiva del pecado, que es lo que la causa, pues el propósito divino es que gocemos de “vida eterna” y no el que tengamos que morir, de enfermedad grave o accidente mortal (pues ya las Escrituras -Ecl. 9:11- nos advierten de dicha posibilidad, al decirnos que “el tiempo y el suceso imprevisto les acaecen a todos”) en plena juventud; aunque, lamentablemente, sabemos de entrada que todos tenemos que pasar por ahí al final de nuestra trayectoria en esta tierra, como causa de la vejez y consecuente cese de nuestras fuerzas vitales, lo que nos lleva finalmente y en definitiva, a la muerte. Por lo que la vida y visto desde nuestra perspectiva, no es más que lo que conocemos hasta el momento, eso es, nacer, crecer, envejecer y todo ello en medio de sufrimientos, dolor y penalidades, para finalmente morir o dejar de existir como entes vivos, volviendo con ello al lugar del que fuimos sacados y según se nos señala en el libro sagrado:

Y a Adán dijo: “Porque escuchaste la voz de tu esposa y te pusiste a comer del árbol respecto del cual te di este mandato: “No debes comer de él”, maldito está el suelo por tu causa. Con dolor comerás su producto todos los días de tu vida. 18 Y espinos y cardos hará crecer para ti y tienes que comer la vegetación del campo. 19 Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas al suelo, porque de él fuiste tomado. Porque polvo eres y a polvo volverás.” (Gén. 3:17-19).

Porque antes de ser creado, Adán como ser vivo sencillamente no existía, pues los átomos que conformaron su cuerpo formaban en un principio parte del polvo de la tierra…… el mismo polvo que pisan nuestros pies a día de hoy; luego a lo que volvemos los seres humanos y sin más perspectiva ante nosotros, es a permanecer eternamente en esa inexistencia de la que provino el primer ser humano. Pero Jehová puso ante este la posibilidad de reconducir la situación, eso es, el recobrar la vida eterna, siempre y cuando el hombre “esperara en Él” y algo que no basta con afirmarlo, sino que hay que demostrarlo con hechos; porque recordemos que lo que hemos leído en el libro de Lamentaciones y en palabras de Jeremías, es algo parecido a esto:

De veras escudriñemos nuestros caminos (a la luz de las Escrituras) y explorémoslos y volvámonos, sí, hasta Jehová. 41 Levantemos nuestro corazón junto con las palmas de nuestras manos a Dios en los cielos; 42 Nosotros mismos hemos transgredido y nos hemos portado rebeldemente. Tú mismo no has perdonado.” (Lam. 3:41-42). (Acotación nuestra).

Si analizamos con atención este pasaje (y aunque ya hemos hablado de ello, lo repetimos para énfasis), notaremos que para conseguir el favor de Dios, uno tiene que escudriñar sus “caminos” y efectuar un volverse a Este, no con una actitud superficial (el equivalente a “levantar las palmas de las manos” en actitud suplicante a Jehová Dios) y como un mero formulismo, sino con un sincero deseo de corazón de cambiar en aquello que no le es del agrado a Este; porque si bien es cierto que nuestro Creador ha prometido que nos va a devolver a nuestros seres queridos mediante la resurrección, no es menos cierto que estaríamos hablando y en sentido figurado, de una moneda que tienen dos caras…… pero veamos un ejemplo de lo que pretendemos señalar: Imaginemos un caso extremo y como podría ser una familia que por un accidente mortal (el suceso imprevisto) o por una enfermedad incurable (consecuencia de la imperfección humana), pierde a uno de sus miembros en la flor de su juventud; bien, ya hemos dicho que Jehová Dios nos promete que va a revertir dicha situación, devolviéndonos a la persona en cuestión mediante la resurrección, pues esto es lo que nos dijo el propio Hijo de Dios:

No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz (o su nombre en la voz de Jesucristo, como en el caso de Lázaro) 29 y saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida, los que practicaron cosas viles a una resurrección de juicio.” (Juan 5:28-29). (Acotación nuestra).

Luego esa persona perdida en la flor de su juventud y mediante la resurrección, volverá a estar entre nosotros y podrá abrazar a sus padres y demás familiares, luego estaríamos hablando de una separación temporal y no definitiva…… pero esta, la resurrección de esa persona, es una de las dos caras de la moneda mencionada, luego veamos cual es la otra. Y esta otra tiene que ver con el esfuerzo que hagan los dolientes que lloran la muerte de la persona en cuestión, pues estos también tienen que poner de su parte para poder estar presentes en el momento de dicha resurrección y propiciar así, el encuentro entre ellos y su ser querido; pero para entender lo que está envuelto en el asunto, tenemos que averiguar cuando se producirá dicha resurrección y que dicho sea de paso, no se va a tardar.

Notemos que lo que nos dijo Jeremías, es que tiene que haber un “volverse” a Jehová y lo que implica el tener una relación con Él por el medio o conducto apropiado, eso es, adorándole como Este quiere que se haga y no como nosotros entendemos que hay que hacerlo; recordemos que los israelitas en el desierto y poco después de su liberación de la esclavitud en Egipto, celebraron “una fiesta a Jehová” (Éxo. 32:5) y que acabó con la muerte de más de tres mil personas, como castigo divino: sencillamente, no adoraron a Dios como este dice que hay que hacerlo, sino como ellos querían hacerlo, eso es, mediante la imagen de un becerro de oro. Hecho que nos señala y dado que “las cosas escritas en tiempo pasado, fueron escritas para nuestra instrucción” (Rom. 15:4), la imperiosa necesidad de adorar a Dios desde un posición correcta según Su punto de vista y lo que está estrechamente relacionado, con la clase de religión con la que cada uno se asocia; y forma de adoración, que Jesús dejó perfectamente delimitada:

No obstante, la hora viene y ahora es, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre con espíritu y con verdad, porque, en realidad, el Padre busca a los de esa clase para que lo adoren. 24 Dios es un Espíritu y los que lo adoran tienen que adorarlo con espíritu (eso es, sin utilización de imágenes) y con verdad.” (Juan 4:13-24). (Acotación nuestra).

Entonces si usted está asistiendo a una iglesia que tiene imágenes como “ayuda” para la adoración, usted sabe que ahí hay algo no funciona; o si las enseñanzas que le llegan de su iglesia, no se ajustan a lo dicho en las Escrituras, tiene que sospechar que algo está fallando ahí, pues según Jesús, solo la Palabra de Dios “es la verdad” (Juan 17:17). Por ello y cuando Jehová, mediante su Hijo Jesucristo nos dio la Revelación o Apocalipsis, ya nos advirtió acerca de la existencia de un imperio mundial de religión falsa que no tenía su aprobación y por lo que sería destruido, al tiempo que lo serían también sus seguidores y del que nos teníamos que apartar, mediante estas palabras:

Y oí otra voz procedente del cielo decir: “Sálganse de ella, pueblo mío, si no quieren participar con ella en sus pecados y si no quieren recibir parte de sus plagas”.” (Rev. 18:4).

Por lo que volviendo el ejemplo familiar antes citado, si bien la persona finada volverá a la vida en su momento, las personas envueltas en el asunto y si no hacen los arreglos necesarios para ello, no estarán presentes cuando se produzca dicha resurrección; y que por hacer los “arreglos necesarios”, se entiende la necesidad de averiguar si la religión en la que están asociadas tiene la aprobación de Dios o no…… y si es no, recuerden que Jeremías nos recomienda el “volvernos a Jehová” (Lam. 3:40). Pensemos que estamos a “puntito” de entrar en los siete últimos años del mundo como lo conocemos y que serán seguidos por el establecimiento del reino de Dios, periodo de tiempo en el que dará inicio la mencionada resurrección de los muertos; si además tenemos en cuenta que los tres años y medio últimos de ese cómputo de siete, serán ocupados por la llamada “gran tribulación” y en la que no habrá ya posibilidad de cambiar de “chip”, resulta que solo tenemos los primeros tres años y medio (y eso está al caer, repetimos) en los cuales se llevará a cabo la gran predicación anunciada en Mat. 24:14, como ayuda al “personal” para enderezar las respectivas relaciones con nuestro Supremo Hacedor.

Entonces, si uno es católico, TJ, adventista, mormón, bautista, etc. etc. etc., tiene que empezar a dar pasos en el sentido de averiguar si su forma de adoración tiene la aprobación de Dios y que de no ser así (y de hecho no lo es), no puede permanecer dentro de la misma ni un minuto más y prescindiendo de los muchos problemas que ello le cause, pues de lo contrario estaría oponiéndose a un mandato expreso dado por el propio Creador y en consecuencia, actuando en rebeldía contra Él; y aunque es cierto que esos “reajustes” en su forma de adoración, repetimos, conllevarán esfuerzo y sacrifico, no es menos cierto que si uno quiere volver a reunirse con sus seres queridos arrebatados por la muerte, tiene que hacer cambios en su forma de adorar a Dios, para que pueda realmente mantener una “actitud de espera” en Jehová con resultados de éxito, eso es, estar en el lugar adecuado en el momento oportuno.

Y que Este y como ya hemos señalado, devolverá a los muertos a la vida mediante la resurrección, es algo que no admite duda alguna puesto que “para con Dios, ninguna declaración será una imposibilidad” (Luc. 1:37)…… ya otra cosa, es que uno no pueda estar allí para disfrutar ese momento, por haber sido destruido en la “gran tribulación” al no obedecer el mandato divino de apartarse de la adoración falsa. Por lo tanto, ese tiempo sublime de la reunión con nuestros seres queridos que nos han sido arrebatados por la muerte, es cosa de dos: Jehová por una parte y nosotros por la otra…… y Él no fallará, luego ¿fallaremos nosotros, por no habernos atrevido a dar el paso de abandonar una forma de adoración que es falsa y que a Dios le repugna? Y con el agravante de que si usted que lee esto, está en esta situación de pertenencia a algún tipo de denominación religiosa de corte humano (repetimos la idea de que todas lo son), sepa que a partir de este momento tiene que darse por enterado y por ello, lo que tarde en tomar acción al respecto ya le “cuenta” como actitud de desobediencia hacia su Creador…… luego la cosa es muy seria.

En el bien entendido y ya se lo advertimos por adelantado y para que no se lleve a engaño, que no existe a día de hoy y dentro de la llamada “cristiandad”, denominación alguna que tenga la aprobación de Dios, aunque todas digan lo contrario, eso es, que cada una de ellas afirme ser la religión “verdadera”; pues ésta, la mencionada “cristiandad” y con todo su conjunto de distintas “iglesias” o formas de cultos (católicos, adventistas, testigos de Jehová, mormones, etc.), no es más que una parte del imperio mundial de religión falsa e identificado en las Escrituras como “Babilonia la Grande, la madre de las rameras” (Rev. 17:5) y del que nuestro Creador nos insta a salirnos de inmediato. Por lo tanto, si usted es una de las muchas personas que se encuentran en la situación que hemos usado como ejemplo, eso es, si llora la pérdida de un ser querido y desea volver a verlo pronto, lo prudente es que empiece a dar los pasos requeridos que le permitan mantener una “actitud de espera” en Jehová; y dado que, como hemos dicho, ese período de siete años por venir ya lo tenemos prácticamente encima, hágase a la idea de que ha emprendido un viaje hacia un destino que le llevará a encontrarse de nuevo con su ser querido, a la manera de aquél que toma un avión desde cualquier punto del planeta, para reunirse en el lado opuesto del mismo con alguien amado: sabe que si bien el trayecto es largo y duro en ocasiones, vale la pena hacerlo por lo que hay al final del este.

Y entendemos que el hacer uno ajustes en su forma de relacionarse con Dios (eso es, apartarse de la organización religiosa a la que se pertenece) no es nada fácil, pues los autores de este blog en su momento pasamos por ello al tener que decidir qué hacer, cuando nos dimos cuenta que la organización a la que pertenecíamos (TJ) no era “la verdadera” y según nos juraban y perjuraban su dirigentes. Pero como dice la leyenda que encabeza este artículo, si bien el “esperar en Dios” no es lo más fácil, si es lo más seguro…… por lo que ahora es usted, el que tiene que tomar una decisión.

MABEL

¿SEGURO, Sres. DIAMOND Y NORERO, QUE EXISTE UN LUGAR DE TORMENTO LLAMADO “INFIERNO”?

Posted in Uncategorized with tags , , , , , on 20/11/2012 by Armando López Golart

infierno-1600x12001Esta enseñanza, característica de la Iglesia Católica y que podríamos considerar como la asignatura pendiente de este blog, pues nunca habíamos tratado el tema y con la importancia que probablemente puede tener para muchas personas, es aquella que nos habla (y generalizando un poco) de un tenebroso lugar en donde supuestamente van a parar las “almas” de aquellos que, desobedientes a Dios, han muerto en pecado y por lo que no tienen cabida en el “cielo”. Por otra parte nos gustaría señalar, que si nos hemos decidido meternos en este “fregao”, ha sido debido a la indicación de una buena amiga que tenemos en el continente americano, que leyendo nuestro último escrito en el que hablábamos del Sr. David Diamond y su “coleguilla” el Sr. Arturo Norero, sobre su “genial” afirmación en el sentido que en un futuro los mares en la tierra serán eliminados por nuestro Creador, nos mandó un correo en el que nos decía lo siguiente:

Pues si esto os ha alborotado de tal manera, no sé lo que haréis si escucháis lo que cuentan esos señores acerca del infierno.”

Y nosotros, que como buenos “miuras” (toro bravo español y con muy mala “gaita”) solo necesitamos que nos muestren la capa para embestir como “idems”, ni cortos ni perezosos nos fuimos en busca del video de referencia, titulado “David Diamond – ¿Existe el infierno?” y “corroídos” por la curiosidad, nos dedicamos a visionarlo…… tras lo cual, concluimos que nuestra buena amiga se había quedado bastante corta en su valoración, porque estaríamos hablando de la disparatada “enseñanza” promulgada por dos sujetos indocumentados e ignorantes, que no tienen ni la más remota idea de lo que están diciendo. Y que además, tal parece ser que arteramente escogen aquellos textos en los que se halla aquella palabra clave que necesitan que se diga, para mantener su rocambolesco planteamiento…… e incluso presentando como reales, relatos escriturales que son totalmente ficticios, para tener algo con qué apoyar su disparatada afirmación y que nada tiene que ver (nos permitimos señalar) con lo que dicen las Escrituras sobre el tema. Es cierto que ignoramos, si dicha actitud mencionada es voluntariosa o producto de la supina ignorancia de esos “caballeros” acerca del contenido escritural…… y que sinceramente, no sabemos que sería peor; pero que en todo caso y como es costumbre en este blog, pasaremos a intentar probar la falsedad de las tales “enseñanzas”, así como la catadura moral e intelectual de esos dos “genios” de la interpretación bíblica.

Por lo que iniciaremos nuestra exposición (y que ya les “amenazamos” con que será extensa, debido a la seriedad del tema que estamos analizando, luego la cosa va para largo), haciendo referencia a algunas de las distintas y disparatadas afirmaciones que dichos caballeros nos hacen, como por ejemplo, al decirnos que ese lugar llamado “infierno” y lugar de tormento según ellos, a dónde supuestamente va una (también supuesta) parte “inmaterial” del ser humano, eso es, las “almas” de los pecadores impenitentes (mientras el cuerpo físico o mortal se descompone en la tierra o sepultura), es conocido en hebreo como “sche´óhl” (Seol, en español) y traducido al griego como “hái·des” (“Hades” en español), cuando la realidad es que los tales términos, hacen simple referencia a la sepultura común de la humanidad y al grado que algunas traducciones, transliteraran dichas expresiones como “reino de los muertos”, o “morada de los muertos”, o “lugar donde descansan los muertos”. Luego lo que está claro es que la afirmación de esos dos señores, como mínimo no se ajusta, no solo al texto escritural, sino tan siquiera al punto de vista general de una inmensa mayoría de traductores y por tanto, perfectamente discutible.

Porque el Sr. Diamond inicia su exposición afirmando que esa palabra hebrea “sche´óhl”, es la que mejor describe ese lugar “único” en todo el universo (y que ¡oh casualidad! nos lo han “clavao” en el mismo centro de nuestra tierra), eso es, un “infierno” de fuego para tormento eterno de las almas de los pecadores impenitentes y planteamiento que dicho caballero resume de la siguiente manera:

“…… en pocas palabras; el Seol o Hades es el receptáculo de las almas rebeldes, en la vida después de la muerte.”

Y en el bien entendido que dicho caballero ya nos ha dejado claro, que el cuerpo físico se queda en la tumba o sepulcro y en donde se descompone, mientras que su “alma” pecaminosa va camino a un lugar más profundo llamado “Seol”. E incongruente afirmación donde las haya, pues decir que después de la muerte “continúa” habiendo vida, ya tiene sus “bemoles”…… pero es que además dicha afirmación es falsa y por lo que ya nos disculparán ustedes el exceso, pero es que hay que ser “pollino” para hacer semejante aseveración, a la par que de un total incapaz el Sr. Norero, por no saltar como una ballesta ante semejante animalada de su compañero de fechorías; porque dicha afirmación, no solo significa que ambos “genios” de la interpretación bíblica, “gozan” de un claro desconocimiento del contenido escritural, sino que aún no se han enterado de lo que le dijo Jehová al primer hombre, cuando le advirtió sobre las consecuencias de desobedecerle:

Y también impuso Jehová Dios este mandato al hombre: “De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho. 17 Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás.” (Gén. 2:16-17).

Luego ¿qué podía significar en ese contexto, la expresión “morirás”? Pues obviamente lo contrario de estar vivo y que era lo único que conocía Adan; de hecho si ustedes buscan en cualquier diccionario, verán que el término “muerte” significa y en una primera acepción, la “Cesación o término de la vida.” Entonces cuando uno se muere, el común de los mortales entiende que uno deja de vivir, eso es, de existir como ser viviente. Pero dicho la cual, continuemos con el planteamiento que nos hacen esos “intelectuales”, en el sentido que exista un lugar parecido a un “infierno” de fuego, en donde residan las almas de los impíos en una situación de tormento perpetuo o eterno…… pero claro, para que eso fuera así, precisaríamos de cuatro hechos fundamentales: en primer lugar, que tanto esa palabra hebrea “Seol”, como la versión griega de la misma, eso es, “Hades”, realmente transmitan dicha idea; en segundo lugar, que la Biblia nos dé una mínima referencia de que el tal “infierno” exista en realidad; en tercer lugar, que el ser humano tenga una parte inmaterial o alma que se separe del cuerpo y susceptible de ir a ese lugar; y ya por último, que haya consciencia después de la muerte…… porque si no se dan esos cuatro requisitos, difícilmente puede ser creíble el planteamiento de dichos caballeros (y les continuamos advirtiendo, de que la cosa va para largo).

Por lo que empecemos por atender la primera cuestión planteada y que tiene que ver con si la palabra “Seol”, o su variante griega “Hades” (ya españolizadas ambas) “transmiten” la idea de un “infierno” o lugar ardiente de tormento en el centro de la tierra…… y supuesto destino de las “almas” pecadoras; para ello, veamos lo que se nos dice en cualquier diccionario bíblico que consultemos y que prácticamente vendría a ser, más o menos, lo que leemos en esta información extraída de “wikipedia.org”:

El término «hades» en la teología cristiana (y en el Nuevo Testamento Griego) es paralelo al hebreo sheol ( “tumba” o “pozo de suciedad”) y alude a la morada de los muertos. El concepto cristiano de infierno se parece más al Tártaro griego, una parte profunda y sombría del Hades usada como mazmorra de tormento y sufrimiento.” (Negritas nuestras).

Entonces vemos en primer lugar, que la idea primitiva transmitida por la palabra hebrea “sche´óhl” así como su homónima griega “hái·des” nada tenía que ver con algo relacionado con el fuego y muchísimo menos, como forma de tormento, sino con el sentido de “tumba” o sepulcro y también por el descriptivo nombre de “pozo de suciedad”. Es más, se nos habla de la palabra “infierno” como de un concepto “cristiano” del término y que tendría que ver más con la mitología griega, que con el punto de vista hebreo acerca del mismo (que no aceptaba de ninguna manera la idea de la vida después de la muerte), pues conocida es la gran influencia que la cultura griega acabó teniendo ya a finales del primer siglo después de Cristo sobre el primitivo cristianismo, con enseñanzas como la de la inmortalidad del alma y que partiendo de las ideas filosóficas griegas (básicamente de Platón, 428-347 a.C.), encontró su acomodo en el cristianismo actual; recordemos que fue este filósofo, que atribuyéndola a su maestro Sócrates, en la supuesta conversación que este mantuvo en su último día de vida, con los personajes Simmias y Cebes (y narrada por Fedón, también supuesto testigo presencial de la misma), sostuvo la idea de la inmortalidad del alma: veamos unas breves referencias a dicha conversación, en una de las obras de Platón, titulada precisamente “Fedón”:

El alma, (……) que se separa pura, sin arrastrar nada del cuerpo, (……) se va hacia lo que es semejante a ella, lo invisible, lo divino, inmortal y sabio, y al llegar allí está a su alcance ser feliz, apartada de errores, insensateces, terrores, (……) y de todos los demás males humanos, (……) para pasar de verdad el resto del tiempo en compañía de los dioses.” (Fedón, 80 d, e; 81 a.).

Luego es un absurdo lo que nos dice el Sr. Diamond a partir del minuto 4 de grabación, en el sentido que fueran los judíos los que tuvieron cierta “dificultad” para transmitir a los griegos, la idea de que la vida no acababa en la tumba (eso es, después de la muerte), cuando resulta que los hebreos jamás han tenido dicha creencia, sino que esta procedía de culturas mucho más antiguas que la hebrea y absorbida totalmente por la civilización griega…… ¡y que ya hay que ser cateto e ignorante, para afirmar semejante disparate! Ya otra cosa y como hemos comentado, sería el “cristianismo” de finales del primer siglo en adelante y que con la entrada de gentiles de origen griego, se contaminó de tal manera de dicha enseñanza pagana, que dio origen a una nueva orientación de las enseñanzas de Jesús…… pero el pueblo hebreo, como tal pueblo, nunca tuvo dicha creencia.

Porque es cierto que la primera traducción al griego de las escrituras hebreas fue la llamada “Septuaginta” y ordenada por Ptolomeo II (no IV, Sr. Diamond) Filadelfo y faraón de Egipto durante el período 285-246 a.d.C. y traducción que recibió dicho nombre en función de los sabios que intervinieron en la misma…… pero en realidad lo que se hizo, fue impregnar esa traducción al griego de las escrituras hebreas, del pensamiento egipcio y griego (y de culturas anteriores a estas, como hemos dicho) sobre la inmortalidad del alma y por lo tanto, muy anterior a dicha traducción; por lo que la palabra griega “hái·des” (“Hades”, en español) y a pesar de su lejano parentesco con el “Tártaro” de la mitología griega, resultó un término idóneo para ello…… y creencia egipcia, que queda gráficamente constatada por sus gigantescos monumentos funerarios como son las pirámides; pero veamos dos comentarios más de la citada obra de consulta:

El inframundo griego es un término general que se emplea para describir a los distintos reinos de la mitología griega que se creía estaban situados debajo de la tierra o más allá del horizonte. Entre estos reinos se incluyen los Campos Elíseos, las Islas de los Bienaventurados o Islas Elíseas, la morada de los muertos (que suele recibir el nombre de Hades) y el Tártaro.” (Negritas nuestras).

Pero lo que queda claro y según entendemos de esa transcripción, es que el “Tártaro” hacía referencia a una parte más profunda que el “Hades” y por tanto distinto a este…… y que si bien el “Tártaro” describía un lugar de tormento, este no tenía nada que ver con el propio “Hades” y por lo cual, obviamente, no estaríamos hablando de la misma cosa; por tanto y resumiendo, el concepto de un lugar de tormento no derivaba de la palabra hebrea para “Seol” y su homónima “Hades”, sino en todo caso y como ya hemos señalado, de la mitología griega, como nos muestra el siguiente comentario:

En la mitología griega, el Tártaro es tanto una deidad como un lugar del Inframundo, más profundo incluso que el Hades. En antiguas fuentes órficas y en las escuelas mistéricas es también la «cosa» ilimitada que existió primero, de la que nacieron la Luz y el Cosmos.” (Negritas nuestras).

Entonces estaríamos hablando de dos cosas totalmente distintas y en donde la versión griega de la palabra hebrea para “Seol”, eso es, “Hades”, solo transmitiría la idea original de la primera, como sepulcro común de la humanidad; y proviniendo la idea de un lugar de tormento o “infierno” situado en una parte más profunda de lo tierra (mucho más abajo del “Hades”), de la mitología griega a través de la palabra “Tártaro”, que nada en absoluto tenía que ver con el pensamiento hebreo para “Seol”. Por lo que resumiendo la cosa, podríamos decir que es falsa la afirmación que nos hacen dichos caballeros, en el sentido de que la palabra hebrea “sche´óhl” identifique un lugar único en el universo llamado “infierno”, para castigo o tormento eterno de las almas de los pecadores impenitentes…… por lo que esos señores, nos están mintiendo como bellacos y de lo que, obviamente, responderán ante Jehová.

Pero como desde este blog nos gusta dejar las cosas perfectamente clarificadas, entendemos que no basta con esas razonadas afirmaciones literarias (quizás se podrían presentar otras en sentido contrario) para dar fuerza a nuestra posición y por ello, pasaremos a la segunda cuestión planteada y que tiene que ver, en si realmente y desde la óptica de las Escrituras “existe” algo parecido a un “infierno” de fuego y lugar de tormento eterno que fuera conocido por los primeros patriarcas hebreos, pues de la palabra hebrea para “Seol” y según nos afirman dichos “genios” de la interpretación bíblica, se derivaría dicha idea…… recordemos que según el Sr. Diamond, dicha expresión hebrea “sche´óhl” identifica lo siguiente, a tenor de su afirmación textual transcrita del video en cuestión (minuto 4’25 de grabación en adelante) :

…… la palabra Seol, es la que más claramente describe a este lugar único en el universo ¡único! (……) esta palabra Seol se refiere a las profundidades de la tierra, pero no dónde va el cuerpo, sino dónde va lo inmaterial del ser humano, es decir el alma…… y más aún: el alma de los rebeldes en condenación

Y en donde a continuación entra en liza el “enteradillo” del Sr. Norero, para apoyar la salvaje afirmación del amigo Diamond, con una clase “magistral” en dónde nos cita de textos bíblicos en los que, presuntamente, el propio Jesucristo se refirió a ese citado “infierno” como lugar de tormento y reflejado en la palabra hebrea “sche´óhl”…… pero que ya después de acabar nuestro repaso a los cuatro puntos que les hemos señalado, es cuando le aclararemos esta cuestión a tan “entendido” y vehemente caballero; aunque nos permitimos el adelantarles a ustedes, que Jesús jamás hablo de ese “infierno” que nos están “vendiendo” esos dos ignorantes, que con un mínimo de sentido común y un poco de vergüenza torera, no dirían las burradas que dicen. Pero volvamos a la afirmación que nos acaba de hacer el Sr. Diamond sobre el significado de la palabra “sche´óhl” y que habríamos de imaginar que de ser las cosas como él nos las ha expuesto, los notables del AT obviamente tendrían que conocer de sobra que había detrás de dicho término, pues formaba parte de su idioma natural y de uso diario…… por lo tanto, veamos qué idea les transmitía a ellos dicha expresión; por ejemplo, al patriarca Jacob:

Gén 37:34-35: “Con eso, Jacob rasgó sus mantos y se puso saco sobre las caderas y se dio al duelo de su hijo por muchos días. 35 Y todos sus hijos y todas sus hijas siguieron levantándose para consolarlo, pero él siguió rehusando recibir consuelo y diciendo: “¡Porque en duelo bajaré a donde mi hijo, al Seol!”. Y su padre continuó llorándolo.”

Luego ¿habría que pensar, que lo que entendía Jacob sobre su hijo José, de quien le acababan de comunicar su muerte, era que este estaba siendo “atormentado” en un “infierno” de fuego y lugar al que él mismo estaba deseando ir, precisamente para liberarse del tremendo dolor que sentía en ese momento? Razonable no parece al menos y ello lo prueba, el hecho que algunas traducciones sustituyen la palabra “Seol” en este pasaje, por las expresiones “reunirme con él en el reino de los muertos” (BLP); o “hasta que descienda al *sepulcro para reunirme con mi hijo” y asterisco en la expresión “*sepulcro” que nos remite a la siguiente nota a pie de página “o Seol en hebreo” (NVI); o “hasta que vaya a reunirme con él entre los muertos” (DHH) y otras de igual tenor. Por otra parte cabría destacar, que las versiones que en ese pasaje transliteran la palabra “Seol” directamente del original, como la RV 1960 y RVC dan una referencia sobre la misma a pie de página, con la aclaración “Nombre hebreo, del lugar de los muertos”…… luego nada más lejos de la mente de Jacob y que algo más que los Sres. Diamond y Norero sabría del asunto, el que el “sche´óhl” fuera algo parecido a un “infierno “ de fuego o lugar de tormento, e idea o punto de vista (la del patriarca en cuestión), compartido por los actuales traductores bíblicos, como hemos comprobado.

Pero es que además, hay que tener en cuenta que según el bueno de Jacob, José ya estaba en el “Seol”…… sin embargo, sabemos que Jehová posteriormente bendijo al citado personaje abundantemente, lo que nos indicaría que no era un “alma rebelde en condenación” (como tampoco lo era obviamente Jacob y que sin embargo, también pensaba en bajar al Seol) según menciona ese espantajo intelectual que es el Sr. Diamond, por lo que no podía haber sido mandado al “infierno” para ser atormentado: luego el “Seol”, lugar donde se afirma que José estaba y a dónde también esperaba ir Jacob, según el pasaje citado, no puede ser lo que esos caballeros nos dicen que es; pero veamos otro pasaje para confirmar nuestro planteamiento y que nos habla de otro reconocido patriarca:

Job 14:13: “¡Oh que en el Seol me ocultaras, que me mantuvieras secreto hasta que tu cólera se volviera atrás, que me fijaras un límite de tiempo y te acordaras de mí!

Entonces ¿qué le estaba pidiendo el sufrido Job, al Altísimo? ¿Qué le mandara a un “infierno” o lugar de tormento eterno, peor por tanto que el que ya tenía en ese momento aquí en la tierra…… o más bien al contrario, ser ocultado en un lugar de descanso, apartado del “mundanal ruido” y que Jehová se acordara de él en el momento de la resurrección y en la que creían los hebreos? Porque hay que señalar que en este pasaje, mientras la RV 1960 transcribe la palabra “Seol” al igual que la versión que nosotros usamos por sistema en nuestros escritos (que es la TNM de los TJ), su versión hermana, la RVC la sustituye por la palabra “sepulcro” tal como hacen otras versiones; por ejemplo, la NVLH vierte el texto señalado con la siguiente acotación para la palabra “Seol”:

¡Oh, sí me escondieras en el Seol (región de los muertos), si me ocultaras hasta que Tu ira se pasara, si me pusieras un plazo y de mí te acordaras!

Por lo que de nuevo queda claro y digan lo que digan esos dos “enteraos”, que el “Seol” hebreo (y su sinónimo griego “Hades”), no es un “infierno” o lugar de tormento de fuego, sino el sepulcro común de la humanidad y algo situado (el susodicho “infierno”) más abajo de la posición de este…… que es lo que en su momento nos ha dicho el Sr. Diamond; sin embargo y de manera contraria, vean lo que nos dice Jehová:

Porque se ha encendido un fuego en mi cólera y arderá hasta el Seol, el lugar más bajo y consumirá la tierra y sus productos e incendiará los fundamentos de las montañas.” (Deut. 32:22).

Luego lo que habría que entender, razonando con lógica, es que si tal arrebato de justa furia del Altísimo y para enfatizar el máximo grado de indignación divina, se nos dice que llega hasta el “Seol”, es porque ya no hay otra lugar más allá de esas “latitudes” y con el que poder ser medido el gran enojo del Creador, eso es, que exista tal cosa como un “infierno” como lugar de tormento en las profundidades terrenas, mucho más abajo del citado “Seol”…… de lo contrario, Jehová no se habría expresado de la forma que lo hizo. Luego de todas todas y digan lo que digan esos dos analfabetos integrales en entendimiento bíblico (esperemos que la cosa no pase a mayores y llegue a otros aspectos), no hay nada parecido a un “infierno” de fuego, como lugar de tormento y situado más allá de la sepultura común de la humanidad, eso es, el “sche´óhl” en hebreo o “hái·des” en griego.

Pero vayamos ahora por la tercera cuestión planteada y que tiene que ver con que el ser humano tenga algo parecido a una cosa “inmaterial” que pueda ser separada del cuerpo cuando este muere y llamada “alma”. Porque el Sr. Diamond y con la completa aquiescencia del Sr. Norero, a la pregunta del moderador del programa sobre qué habría en este mismo momento en ese supuesto “infierno”, responde de forma categórica y enfática en el sentido de que lo que hay ahora mismo en el tal, son “almas”…… sin embargo, parece ser que la idea de Jehová no va por ahí, pues según Gén. 2:7 y en cuanto a lo que tiene que ver con la composición del ser humano, vean que se nos dice:

Y Jehová Dios procedió a formar al hombre del polvo del suelo y a soplar en sus narices el aliento de vida y el hombre vino a ser (no “a tener”, que es distinto) un alma viviente (literalmente “né·fesch” que significa “ser viviente”). (Acotaciones nuestras).

Y que otras versiones, de manera equivalente, como por ejemplo RVC vierten dicho pasaje de la siguiente manera:

Así el hombre se convirtió en un ser con vida (y que equivale a “ser viviente” y no “con alma”).”
Luego en todo caso, lo que vemos y nosotros afirmamos, según se desprende del registro escritural, es que el hombre en su conjunto es en sí mismo un “alma”; tengamos en cuenta que el uso dado en el contexto bíblico al término original en hebreo “né·fesch” (“psy·kje” en griego) para “alma”, muestra que dicha expresión se refería tanto a personas como a animales o en su defecto, a la vida que hay en ambos y que los convierte en “seres vivientes”. Por lo que en contraste directo con la pagana enseñanza griega ya mencionada, sobre un “alma” inmaterial, intangible, invisible e inmortal, las Escrituras contraponen que cuando “psy·kje” o “né·fesch” se utilizan con respecto a las criaturas terrestres, ambas se refieren a lo que es material, tangible, visible y mortal…… o lo que es lo mismo, a un “ser viviente” y que es lo que significa el término hebreo “né·fesch”.

Pero si nos hemos fijado, el Sr. Diamond nos ha dicho que en el “infierno” están las “almas” de aquellas personas que han pecado contra Jehová de manera impenitente, mientras que las “almas” de aquellos que no lo han hecho, descansarían provisionalmente en un lugar distinto, en lo que él identifica como “seno de Abraham” o “segundo paraíso” (en todo caso, otra chorrada más de ese “genio”) y que los separaría o distinguiría, del resto de los que estaban en el “infierno”…… y algo que no cuadra con lo que dice Jehová, pues con respecto de los hombres en general, esto es lo que hay escrito acerca del destino de cada cual y transcrito también en este caso, de la citada RVC:

A todos nos espera lo mismo. El mismo final tendrán los justos y los injustos, los buenos y los malos, los puros y los impuros, los que ofrecen sacrificios y los que no los ofrecen, los que hacen lo bueno y los que hacen lo malo, los que hacen juramentos y los que no los hacen. 3 Hay un mal en todo lo que se hace bajo el sol y es que a todos los mortales nos espera lo mismo y que durante toda nuestra vida tenemos el corazón lleno de maldad e insensatez y que al final acabamos entre los muertos.” (Ecle. 9:2-3).

Por lo que si al final y contrario a lo manifestado por esos dos ignorantes integrales, tanto pecadores como no pecadores, buenos y no tan buenos, acabamos por igualentre los muertos” (lógicamente en espera de la resurrección), es obvio que no existen esos dos lugares distintos para diferentes personas…… y por lo que la palabra “Seol”, no puede significar otra cosa que la fosa común de la humanidad en general. A tenor de lo cual, lo dicho por el Sr. Diamond y corroborado por el ignorante Sr. Norero (bíblicamente hablando, esperemos), en el sentido que los “malos” y a diferencia de los que no lo son tanto, van a un “infierno” de fuego para sufrir tormento y dramatizado por D. Arturo, al decir aquello tan tétrico del “castañetear” de los dientes y eso por una eternidad, etc. etc. etc. no deja de ser una estupidez como un piano y propia de analfabetos integrales en el conocimiento de las Escrituras…… pero es que Jehová continúa remachando el clavo y en línea con lo mencionado acerca del significado de las palabra “né·fesch” para “alma” nos dice lo siguiente:

Porque hay un suceso resultante respecto a los hijos de la humanidad y un suceso resultante respecto a la bestia y ellos tienen el mismo suceso resultante. Como muere el uno, así muere la otra; y todos tienen un solo espíritu, de modo que no hay superioridad del hombre sobre la bestia, porque todo es vanidad. 20 Todos van a un solo lugar. Del polvo han llegado a ser todos y todos vuelven al polvo.” (Ecle. 3:19-20).

Afirmación hecha por un personaje guiado por la sabiduría divina, como fue Salomón y en la que para nada se nos da a entender la existencia de un “infierno” a donde ser llevados los hombres “malos” para, conscientemente, ser atormentados por una eternidad. Contrario a esto, se nos dice que tanto hombre como animal, somos en esencia lo mismo y todos vamos al mismo sitio, eso es, al “polvo” o la “no existencia”; por lo que habría que sobreentender además, que si somos exactamente (y a tenor de esas palabras de Jehová), como los animales y que es universalmente reconocido, que no tienen nada parecido a un “alma” que se separe de su cuerpo cuando mueren y sobreviva a este, es que tampoco la tenemos nosotros, pues claramente nos dice nuestro Creador y que algo sabrá del tema (habría que suponer), que “no hay superioridad” del hombre sobre los animales o bestias salvajes…… y pasaje perfectamente en línea, con la sentencia que Jehová fijó para Adán:

Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas al suelo (o a la tierra), porque de él fuiste tomado. Porque polvo eres y a polvo volverás.” (Gén. 3:19). (Acotación nuestra).

Y todos estaremos de acuerdo en que si hay un ser humano que merecería estar en un lugar de tormento, después de montar la que montó, ese sería Adán…… sin embargo, la sentencia divina fue tan simple como esta: morir y ser devuelto al polvo de la tierra, eso es, destruido eternamente…… y punto pelota; porque preguntémonos ¿qué fue realmente lo que le ocurrió a Adan al morir? Pues ni más ni menos que esto:

Sale su espíritu, él vuelve a su suelo; en ese día de veras perecen sus pensamientos.” (Sal. 146:4).

Eso es, cuando el hombre muere, su espíritu o “fuerza de vida” recibida por el aliento divino (Gén. 2:7) regresa al Dios verdadero que lo dio y hombre vuelve al polvo…… eso es, al menos, lo que nos confirma el siguiente pasaje:

Entonces el polvo (refiriéndose al hombre) vuelve a la tierra justamente como sucedía que era y el espíritu mismo vuelve al Dios verdadero que lo dio.” (Ecle. 12:7). (Acotación nuestra).

Pero puesto que el Altísimo no aprovechó esta circunstancia para hablarnos de algo supuestamente inmaterial del ser humano parecido a un “alma” que separándose del cuerpo, pudiera ir a un lugar de tormento (solo nos habló de un espíritu que vuelve a Dios), solo cabría pensar que no existe nada inmaterial en el hombre a la forma de un “alma” (de la cual las Escrituras no nos hablan para nada) y que pudiera ir a un lugar tan estrambótico, como un “infierno” de fuego en un lugar, solo existente en la caótica y disparatada mente de esos señores. Porque no olvidemos un “pequeño” detalle que nos puede aclarar mucho las cosas, pero que precisamente por ser tan sencillo, no es tomado en cuenta por nadie y que es el siguiente: antes de ser creado el hombre por Dios, sencillamente no existía; luego Jehová tuvo que hacer una imagen de barro y soplar sobre ella aliento de vida y esa imagen cobró vida, convirtiéndose en un ser viviente y que es lo que significa la palabra hebrea “lené·fesch jai·yáh” o “criatura respiradora” y que tiene su raíz, en la expresión “né·fesch” (Gén. 2:7)…… cuando el hombre cae en el pecado, el proceso se invierte: Jehová retira su aliento de vida del hombre y por lo que este ya como simple materia, vuelve al polvo del que fue sacado o lo que es lo mismo, vuelve de nuevo a la no existencia. Todo lo que vaya más allá de este razonamiento, no dejan de ser más que historias para no dormir que se ha inventado el “cabrito” ese de Satanás para apartar al ser humano de su Creador y alejarlo por tanto de la salvación, al impartir falsas enseñanzas por medio de sujetos (como esos dos impresentables a los que nos estamos refiriendo) a los que Pedro calificó como de “falsos maestros” (2 Ped. 2:1)…… y con la satánica misión de introducir “sectas destructivas” eso es, diferentes grupos de personas con distintas y contradictorias enseñanzas, alejadas todas ellas del conocimiento de “la verdad” exigido por nuestro Creador (1 Tim. 2:4).

Dicho lo cual, entremos ya en la cuarta de las cuatro partes mencionadas al principio de este escrito y que tiene que ver con el averiguar si hay “consciencia” después de la muerte; porque recordemos que el Sr. Diamond y dando por buena la animalada de su compañero de fechorías, en el sentido que la ilustración o parábola del “hombre rico y Lázaro” (Luc. 16:19-31) era una historia “real” contada, para más inri, por el propio Hijo de Dios, aprovecha la circunstancia para, por una parte, confirmar la existencia del “infierno” y por otra y como veremos, sacar de dicha historia “real” datos para usar literalmente en favor de semejante salvajada…… sin embargo, lo que las Escrituras nos explican de Jesús y sobre su manera de enseñar a la gente, niega la literalidad de ese relato y por supuesto, la burrada que acaban de decir esos “caballeros”:

De manera que con muchas ilustraciones de ese tipo les hablaba la palabra, hasta el grado que podían escuchar. 34 Verdaderamente, sin ilustración no les hablaba, pero privadamente explicaba a sus discípulos todas las cosas.” (Mar. 4:33-34).

Entonces parece quedar claro que ese relato mencionado no era más que una simple ilustración o parábola, pues con el uso de las mismas era la manera en que enseñaba Jesús a sus oyentes y algo además, profetizado de antemano con respecto de este:

Todas estas cosas habló Jesús a las muchedumbres por ilustraciones. En verdad, sin ilustración no les hablaba; 35 para que se cumpliera lo que se habló por medio del profeta que dijo: “Abriré mi boca con ilustraciones, publicaré cosas escondidas desde la fundación”.” (Mat. 13:34-35).

¡Más claro agua ¿no?! Entonces y lejos de lo afirmado por esos dos ignorantes, no estaríamos hablando de una historia “real”, sino de una ilustración o parábola y cuya finalidad era la de transmitir una enseñanza moral, la que fuere en ese momento.
Pero volviendo a lo de la consciencia después de la muerte, vemos que el Sr. Diamond toma datos de esa historia “real” para “demostrarnos” que las “almas” de las personas tienen consciencia en ese “infierno”…… pero dado que ya parte de un supuesto falso, su planteamiento, lógicamente, se cae por su propia base: y es que según ese “genio” de la interpretación bíblica, puesto que el hombre rico de la historia en cuestión, pudo ver a Abrahán, ello significaría que en el “infierno” se puede ver y con lo que resultaría que hay consciencia después de la muerte. Además, puesto que el “hombre rico” de la ilustración, reconoció a Abrahán y dado que pudo calcular que este se encontraba lejos (siempre según el Sr. Diamond), es obvio que en ese lugar llamado “infierno”, se puede ver, reconocer y calcular; luego conclusión: todos los sentidos funcionan a la perfección en ese abismo de tormento, al que van las almas de los pecadores…… y es que ¡así de “borricos” (que diría el “mañico”) son esos dos personajes!; y rogando a tan nobles cuadrúpedos (nos referimos a los sufridos “borricos”, naturalmente) que no se sientan ofendidos por esta desafortunada comparación.

Y es que por otra parte, que el Seol/Hades es el sepulcro o tumba común de la humanidad, como la inmensa mayoría de traductores afirman que dicho término significa, nos lo aclara más si cabe lo que vamos a leer a continuación sobre el “Seol” y que niega tajantemente lo que nos dicen esos señores, en el sentido de que los que supuestamente allí van, están plenamente conscientes:

Todo lo que tu mano halle que hacer, hazlo con tu mismo poder, porque no hay trabajo, ni formación de proyectos, ni conocimiento, ni sabiduría en el Seol, el lugar adonde estás yendo.” (Ecle. 9:10).

Traducen literalmente “Seol” en este pasaje la TNM de los TJ, la LBLA, la RVR 1989, la BJ, la NBLH y la RV 1995, mientras que el resto lo vierte con su equivalentes “sepulcro”, o “tumba” o “reino de los muertos”, etc.

Resumiendo, que estaríamos hablando de lo mismo y por lo que no hay consciencia en el “Seol”, pues ese pasaje mencionado dice exactamente todo lo contrario de lo afirmado por esos señores y con lo que quedaría también claro, que es una solemne majadería el afirmar la existencia del “Seol” como un “infierno” o lugar de tormento para las almas pecadoras y sobre lo que esos dos “iluminados” han montado todo su esperpéntico “tinglao”. Por lo tanto y visto que las cuatro premisas requeridas para que ello pudiera ser así, dicen todo lo contrario de lo que esos señores afirman, la palabra hebrea “sche´óhl” o “Seol” en español, no puede representar otra cosa más que la sepultura común de la humanidad…… lo que significa que nuestro planteamiento es correcto, mientras que esos señores nos están mintiendo y no tienen ni idea de lo que dicen las Escrituras ¡porque cuidado con la “película” que se han montado los “nenes”!

Y que para mostrarles lo acertado de nuestra afirmación, en el sentido que esos señores no tienen ni puñetera idea de lo que hablan (se lo hemos prometido), pasaremos a analizar ahora la serie de textos que el Sr. Norero nos cita para “demostrar” al personal, que fue el propio Hijo de Dios el que nos habló del “infierno” como lugar de tormento y por lo que (según nos dice enfáticamente dicho caballero) negar la existencia del mismo, sería llamar mentiroso al propio Jesucristo. Y cosa que nosotros no hacemos, sino que con toda rotundidad decimos que Jesús jamás afirmo semejante necedad y que los que están mintiendo al enseñar la existencia de un “infierno” de tormento, son esos dos cretinos y a los que emplazamos públicamente, a que rebatan nuestros argumentos en contra de su disparatada afirmación; al tiempo que le recomendamos al Sr. Norero, que antes de apoyarse en un texto bíblico, se asegure un poco más de lo que el mismo realmente dice…… porque veamos, que en realidad, es lo que dicen esos pasajes “probatorios” por él mencionados:

Mat. 5:29-30: “Ahora bien, si ese ojo derecho tuyo te está haciendo tropezar, arráncalo y échalo de ti. Porque más provechoso te es que uno de tus miembros se pierda y no que todo tu cuerpo sea arrojado en el Gehena. 30 También, si tu mano derecha te está haciendo tropezar, córtala y échala de ti. Porque más provechoso te es que uno de tus miembros se pierda y no que todo tu cuerpo vaya a parar al Gehena.”

Mat. 10:28: “Y no se hagan temerosos de los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma; sino, más bien, teman al que puede destruir tanto el alma como el cuerpo en el Gehena.”

Mat. 23:15: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas!, porque atraviesan mar y tierra seca para hacer un solo prosélito y cuando este llega a serlo, lo hacen merecedor del Gehena dos veces más que ustedes.”

Mat. 23:33: “Serpientes, prole de víboras, ¿cómo habrán de huir del juicio del Gehena?

Luego ¿qué palabra leemos que pronunció Jesús: “infierno” o “Gehena”? Porque obviamente no son lo mismo, pues a diferencia de la palabra “Seol” que aparece hasta 65 veces en el texto escritural y siempre relacionada con la morada final de los muertos en general, esta última expresión y derivada del griego “gué·en·na”, aparece solo 12 veces en las Escrituras y que en algunas traducciones (como parece ser el caso de la que usan esos caballeros y que con toda probabilidad, será la RV 1960) se vierte como “infierno”. Pero es que resulta que dicha expresión “infierno” es traducida del latín “infernum” que a su vez, es el equivalente de las expresiones hebrea “sche´óhl” y griega “hái·des” y de las que ya hemos analizado su significado; por lo que esa expresión “infierno” en el sentido que la entienden esos señores, no cuadra para nada con aquello de lo que estaba hablando Jesús en esos pasajes.

Porque en dichos pasajes, tanto la TNM de los TJ que usamos en este blog, como la traducción La Palabra vierten directamente la palabra “Gehena”, mientras que cualquier otra traducción con referencias, como NVI, o la NBLH entre otras, al lado de la palabra “infierno” hay una acotación que dice “en griego, gehena”; y que la versión La Santa Biblia (versión Evaristo Martín Nieto), vierte como “el fuego” en clara alusión a ese lugar llamado “Gehena” y que conocían perfectamente los judíos a los que se dirigía Jesús en esos textos…… y que si conoce cualquier persona un poco versada en las Escrituras ¡cuánto más deberían de conocerlo, aquellos que como es el caso que nos ocupa, se arrogan la labor de enseñar a otros! Y que sin embargo en este caso, nos encontramos con unos sujetos que lo desconocen por completo y lo que les lleva a hacer el ridículo tan espantoso que estamos contemplando…… pero a todo ello ¿qué era el “Gehena”?

Pues resumiéndolo a una mínima expresión (bastante extenso es ya este escrito), estaríamos hablando de un vertedero cercano a Jerusalén, en un lugar conocido como el valle de Hinón y en el que había un fuego continuo mantenido con azufre, en donde junto a las basuras y otros desechos de la citada ciudad, para ser destruidos por quema, se echaban también los cadáveres de los malhechores ejecutados, que según la Ley Mosaica no merecían sepultura y que en la idea judía, ello significaba que Jehová no los tendría en cuenta en la resurrección que esperaba (y espera) ese pueblo…… por lo que echar a uno en ese fuego que ardía continuamente, tenía el simbolismo de destrucción eterna. Por eso Jesús pudo hacer referencia en Mar. 9:48, a que “donde su cresa no muere y el fuego no se apaga”, porque en ese quemadero y en aquellos rincones en los que el fuego no llegaba, se producía la repugnante visión de las cresas o gusanos que se alimentaban de productos orgánicos en descomposición (restos también de cadáveres) que lejos de desparecer, se reproducían continuamente; y al tiempo que el fuego no se apagaba, pues era mantenido artificialmente con azufre…… pero en todo caso, nada parecido a un lugar de tormento, pues los que eran arrojados en ese fuego, ya eran cadáveres. Por lo que Jesús nunca habló de algo parecido al “infierno” que esos dos indocumentados nos quieren vender y que ya en el colmo del paroxismo, el Sr. Norero nos sale con otro disparate, fruto de su estulticia y total ignorancia de lo que habla, en el sentido que también según el propio Hijo de Dios, dicho infierno había sido “creado para el diablo y sus demonios” y que para demostrar lo indemostrable y que en un claro desconocimiento del pasaje en cuestión, cita de Mat. 25:41:

Entonces dirá, a su vez, a los de su izquierda: “Váyanse de mí, ustedes que han sido maldecidos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles”.”

Bien, pero de nuevo nos tenemos que preguntar ¿de qué estaba hablando Jesús es ese pasaje? Pues Jesús estaba hablando y como aquellas personas que le estaban escuchando en esa ilustración conocida como “la de las ovejas y las cabras” entendían perfectamente, en clave del fuego como símbolo de destrucción eterna, porque ¿dónde en definitiva, se nos cuenta que fue echado el diablo y sus ángeles para su destrucción?; veámoslo, analizando un pasaje que tiene su cumplimiento al final de los mil años del reinado de Cristo:

Y el Diablo que los estaba extraviando fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde ya estaban tanto la bestia salvaje como el falso profeta; y serán atormentados día y noche para siempre jamás.” (Rev. 20:10).

Luego puesto que nos aparece un “lago de fuego” tendríamos que averiguar si estamos hablando de un literal lago de fuego y por tanto, literal “infierno” en el que el propio Satanás y demonios, en un momento dado también son arrojados…… o realmente se nos está diciendo otra cosa. Y para ello averiguarlo, puesto que sabemos que la Biblia se interpreta a sí misma, dejemos que sea esta la que hable y nos lo aclare; vamos a leer para ello, lo que se nos dice en Rev. 21:8:

Pero en cuanto a los cobardes y los que no tienen fe y los que son repugnantes en su suciedad y asesinos y fornicadores y los que practican espiritismo, e idólatras y todos los mentirosos, su porción será en el lago que arde con fuego y azufre. Esto (el citado lago de fuego) significa la muerte segunda.” (Acotación nuestra).

Entonces dicho “lago de fuego” y según el citado pasaje, nada tiene que ver con algo literal, sino que significa la muerte “segunda”, o muerte de la que ya no hay resurrección posible…… por tanto, estaríamos hablando de destrucción eterna; y siendo eso a lo que se refería Jesús, cuando se dirigía a aquellas personas que le escuchaban y que sí sabían de lo que se les estaba hablando, cuando se les hacía referencia al “Gehena”. Pero resulta que el Sr. Norero, recordémoslo, es el que con gran énfasis y vehemencia ha dicho que fue el propio Jesús, el que dijo que el “infierno” del que nos hablan esos dos indocumentados, había sido preparado para el diablo y sus demonios…… y por tanto, en una clara confirmación de la existencia del mismo. Pero nosotros le recordamos a dicho “caballero” que también fue el propio Jesucristo el que le dio la Revelación a Juan y en ella se nos dice y como hemos visto, que el juicio de fuego nada tiene que ver con un literal “infierno” de tormento, como el que nos quieren “vender” esos analfabetos integrales en cuestiones bíblicas, sino que significa la muerte “segunda” y de la que ya no hay resurrección: en definitiva y como ya hemos señalado, estaríamos hablando de destrucción eterna…… luego ¿nos podría explicar entonces tan “entendido” caballero, en cuál de esas dos afirmaciones, nos miente el Hijo de Dios? ¿O más bien tenemos que entender que esos dos “genios” de la interpretación bíblica, son los que no tienen ni puñetera idea de lo que dicen y nos están mintiendo como bellacos, en cada una de sus disparatadas afirmaciones?

Porque puesto que esa es la realidad, la conclusión a la que llegamos los autores de este blog, sobre el tema objeto de análisis, es que no existe nada parecido a un “infierno” de fuego en donde ser atormentadas unas hipotéticas “almas”, sino que cuando uno muere, sencillamente deja de existir como ser viviente, por tanto en la inconsciencia más absoluta, como si de un fuerte sueño se tratara (ver Mat. 11:11-14) y queda esperando en el “Seol” o sepulcro común de la humanidad, el momento en que será resucitado ya en el reino de Dios, donde su cuerpo será regenerado en perfección y en un entorno paradisíaco.

Y que esto no puede ser de otra manera, queda claro si razonamos de manera lógica y con sentido común: puesto que es obvio que Jehová cuando nos habla de los muertos, sabe de lo que nos habla, habría que pensar que si quedara vivo en el ser humano después de la muerte física de este, algo parecido un “alma inmaterial” susceptible de ser atormentada en un lugar llamado “Seol” y siempre según la esquizofrénica paranoia de esos dos ignorantes, Dios nos habría hablado de ello para, lógicamente, advertirnos del potencial peligro; sin embargo, en ningún lugar de las Escrituras encontramos que nuestro Creador nos diga algo al respecto y de manera clarificadora, que nos permitiera el no tener que estar a estas alturas de la “película” aún en esta confusa situación de si hay o no hay un “infierno” para el tormento de las “almas” pecadoras.

Pero en todo caso, la prueba definitiva de que no existe ningún tipo de vida en el ser humano, después de la muerte de este, ni en aspecto material o físico, ni en un hipotético caso de algo inmaterial (como la mencionada “alma”), lo tenemos en el mismo inicio del registro sagrado y en el asunto que se puso en cuestión por medio de Satanás, acerca de la afirmación del Creador, a la criatura creada; por lo que veamos que dijo Jehová y lo que contraargumento Satanás:

Gén. 2:17: “Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás.”

Y que ya hemos dicho, que ese “morir” significaba sencillamente lo contrario de “vivir”…… algo tan sencillo como esto, es cómo planteó la situación Jehová; sin embargo veamos ahora, lo que Satanás le dijo a Eva:

Gén. 3:4: “Ante esto, la serpiente (Satanás) dijo a la mujer: “Positivamente no morirán.” (Acotación nuestra).

Luego y dado que todos los días comprobamos que el ser humano sí muere ¿a quién le interesa mantener la idea de que realmente no acaba todo después de la muerte física, sino que la vida continua más allá de esta y en algo inmaterial como el “alma”? Pues al propio Satanás y de ahí la enseñanza falsa de la inmortalidad del “alma” promulgada ya por primitivas civilizaciones, con lugares de ultratumba y que en el caso del cristianismo, tiene su versión en el “infierno” de tormento como castigo de las “almas” pecadoras, así como la enseñanza de que dichas “almas” en el caso de los buenos, van al “cielo” y que en el caso de otras culturas, son parecidos sitios pero con distintos nombres. Por ello el porqué de los ancestrales y distintos ritos mortuorios, como las misas para las almas del purgatorio, o las oraciones por los muertos y otros distintos actos, según las distintas formas de religión existentes…… y toda esa parafernalia montada para el “alivio” de las “almas” de los muertos y a los que se supone aún vivos en otra dimensión. Y con lo que se perpetúa la idea satánica, de que la vida continúa después de la muerte física y con lo que resultaría, de ser ello así (que no lo es), que Satanás no le mintió a Eva, sino que fue Jehová el que le mintió a Adán…… ¡algo tan simple como esto, es alrededor de lo que gira todo el asunto! Entonces, la cuestión planteada es la siguiente: ¿a quién se cree usted? Si usted aún  cree en un alma inmortal que se separa del cuerpo en el momento de la muerte, está creyendo a Satanás; si por el contrario, usted cree que cuando uno muere, ahí se acaba todo hasta el momento de la resurrección, está creyendo a Jehová…… o sea ¡que usted mismo!

En fin, aquí tienen ustedes la información de cómo vemos nosotros las cosas (rogamos de nuevo, disculpen por la extensión del escrito) y a partir de lo cual, ya serán ustedes los que tengan la última palabra; pero dicho esto, permítannos una pequeña explicación a modo de disculpa. Y es que se habrán dado cuenta que nos hemos “despendolao” un poco en el tono en que nos hemos dirigido a esos señores, pero es nos parece que ya está bien de tanta chorrada y tan poca vergüenza; porque como siempre hemos dicho desde este blog, un error de interpretación en determinado texto y en consecuencia, una incorrecta aplicación del mismo, lo podemos cometer todos, pues todos nos equivocamos…… pero eso es una cosa y de lo que estaríamos hablando aquí sería de otra.

Porque y por poner un ejemplo, es costumbre en este blog, antes de usar un texto que “pinte” un poco conflictivo como apoyo de cualquier afirmación, contrastarlo en primer lugar con lo que nos dicen otras 14 distintas traducciones que están contenidas en el sitio http://www.biblegateway.com, más tres también accesibles por Internet, como son la versión RV 1989; la Biblia de Jerusalén y la versión católica Sagrada Escritura, así como la que tenemos en formato de libro en nuestra biblioteca personal La Santa Biblia (en versión de Evaristo Martín Nieto), para eliminar toda posibilidad de error de interpretación personal y saber qué realmente se nos quiere transmitir en el texto del que se trate. Pero es que además, dedicamos gran cantidad de tiempo a analizar los distintos contextos envueltos en el mismo, tanto el más inmediato del versículo en cuestión, así como su relación con el contexto general de las Escrituras, de tal forma que no sea un solo texto el que determine el sentido de cualquier planteamiento que podamos formular, sino el argumento global del texto escritural. Y todo ello, por el más elemental sentido de la prudencia y sobre todo, por el respeto debido a la Palabra de Dios…… y algo que es obvio, no han hecho esos “caballeros”.

Y es que si se hubieran tomado dicha “molestia”, habrían llegado a las mismas conclusiones a las que hemos llegado nosotros y a las que muy posiblemente llegarán ustedes, si hacen lo que siempre aconsejamos desde este blog: coger su ejemplar de las Escrituras y comprobar por ustedes mismos, si lo que les contamos se ajusta a lo que dice la Palabra de Dios…… o no. Pero como queda claro que esos señores no han actuado con la prudencia debida, sino más bien todo lo contrario, por eso le hemos calificado de impresentables para arriba, pues demuestran no tener ningún respeto por las cosas de Dios…… por lo que entendemos, que tampoco merecen nuestro respeto.

MABEL

¡Y EL SAPO SE CONVIRTIÓ EN UN PRÍNCIPE!

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , , on 09/04/2012 by Armando López Golart

Y quizás se estará preguntando, querido amigo o amiga que nos lee (solo por este sacrificio, ya se merece toda nuestra consideración), que es lo que ahora se nos ha metido entre ceja y ceja y que pueda ser representado apropiadamente por semejante titular; pero es que este título nos recuerda la secuencia de un cuento infantil, original de los hermanos Grimm (Jacob y Wilhelm), alemanes ellos y que adquirieron gran fama en su época, eso es, finales del siglo XVIII y principios del XIX como escritores de cuentos infantiles…… y secuencia que nos habla sencillamente de una “transformación” radical e instantánea de imagen y aspecto este, sobre el que va a centrarse nuestro artículo de hoy.

Y es que cuando el apóstol Pedro en la mañana del Pentecostés de 33 E.C., ya investido de la condición de Hijo adoptivo de Dios, se dirigía a la muchedumbre en el transcurso de su discurso inicial, dijo unas palabras que condensan (de forma más clara imposible), el verdadero propósito de Dios sobre la humanidad obediente y a tal grado, que jamás se había hecho un resumen tan sencillo y entendible, de lo que Jehová tiene preparado para aquellas personas que le sean leales:

Arrepiéntanse, por lo tanto y vuélvanse para que sean borrados sus pecados, para que vengan tiempos de refrigerio de parte de la persona de Jehová; 20 y para que él envíe al Cristo nombrado para ustedes, Jesús, 21 a quien el cielo, en verdad, tiene que retener dentro de sí hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo.” (Hech. 3:19-21).

Y es cierto que por boca de esos “profetas de tiempo antiguo”, Jehová nos anunció cosas realmente maravillosas y que pasaremos a exponer inmediatamente, aunque no sin antes hacer hincapié en el hecho, de que hay uno de esos logros que nuestro buen Dios hará por todos nosotros y que sin ser conocido por una inmensa mayoría, no solo nos parece realmente de los más significativos, sino el centro neurálgico sobre donde pivota en gran parte el proyecto del Altísimo…… y repetimos, desconocido casi por completo, entre la mayoría de los que se llaman “cristianos”.

De entrada tendríamos que señalar, que el que se nos hable de la “restauración de todas las cosas”, en esencia no es más que decirnos que Jehová devolverá dichas cosas a su estado primigenio u original, eso es, como estaban en tiempos de Adán y Eva antes de caer estos en el pecado…… y de los cuales se nos dice, que eran “perfectos” y que vivían en una tierra paradisíaca. Pero claro, resulta que el ser humano y distante en extremo de ese momento de máximo esplendor del primer hombre al ser creado (¡quién nos ha visto y quién nos ve!), desconocemos lo que realmente significa ser “perfecto” y muchísimo menos, lo que significa vivir en un mundo “paradisíaco”. Cierto es que algo podemos imaginarnos, pero siempre lejísimos de una realidad pasada, puesto que desde la actual posición de imperfección y embrutecimiento general del ser humano, no existen puntos de referencia fiables con los que poder establecer una correlación aproximada con la situación de aquellos días. Pero para ayudarnos a averiguar cómo estaba “el patio” en aquel tiempo, ahí están esos “profetas de tiempo antiguo” y por boca de los cuáles, habló nuestro Creador; y profetas que nos dan información de cómo será la tierra convertida en un “paraíso”…… o lo que es lo mismo, en un mundo en donde la paz y la verdadera justicia serán las constantes y no la excepción. Y feliz acontecimiento que se producirá dentro de un espacio de tiempo de mil años y que conocemos como “el reino de Dios” y por el que Jesús nos enseñó a pedir, en la famosa oración modelo que coloquialmente denominamos como “el padrenuestro” (Mat. 6:9-13); por lo tanto, veamos en primer lugar, que es lo que se va a hacer en ese “reino de Dios”, con el primer obstáculo que nos impide disfrutar de dicha paz, a saber, la guerra:

Sal. 46:9: “Hace cesar las guerras hasta la extremidad de la tierra. Quiebra el arco y verdaderamente corta en pedazos la lanza; quema los carruajes en el fuego.”

Miq. 4:3: “Y él ciertamente dictará el fallo entre muchos pueblos y enderezará los asuntos respecto a poderosas naciones lejanas. Y tendrán que batir sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas. No alzarán espada, nación contra nación, ni aprenderán más la guerra.”

Isa. 2:4: “Y él ciertamente dictará el fallo entre las naciones y enderezará los asuntos respecto a muchos pueblos. Y tendrán que batir sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra.”

Y palabras estas de Isaías, que figuran grabadas en un muro existente ante la fachada principal del edificio de la Naciones Unidas en Nueva York y que vendrían a resumir, el objetivo primario de esa organización. Cinceladas en 1945, por aquellos que fundaron dicha organización, durante décadas no se indicó la procedencia o autoría de la cita en cuestión y puesto que el objetivo de dicha iniciativa, era el trabajar en favor de la paz mundial, fácilmente podía ser atribuida a sus fundadores. Sin embargo, treinta años después (en 1975), se incorporó el nombre de Isaías al pie de dicha cita, como autor de la misma y así se puso de manifiesto, que esas palabras no tenían un origen moderno; de hecho, constituyen una profecía que escrita hace casi tres mil años, se encuentra en lo que hoy es el capítulo segundo del libro de Isaías, tal como hemos visto. Pero ya volviendo al tema que nos ocupa, es bien cierto que la ausencia de guerra no significa, que no haya otras cuestiones que perturben la paz de las personas; y siendo la cuestión, que lo que en realidad se nos promete es precisamente eso…… una tierra sumida en una paz total y verdadera:

Sal. 37:11: “Pero los mansos mismos poseerán la tierra y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz.”

Sal. 72:7: “En sus días el justo brotará y la abundancia de paz hasta que la luna ya no sea.”

Isa. 9:6: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; y el regir principesco vendrá a estar sobre su hombro. Y por nombre se le llamará Maravilloso Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”

Por lo que también será necesario, que se dirija la atención sobre otros aspectos, pues a tal grado tiene que ser un mundo de verdadera paz, que la misma será incluso extendida al reino animal y a la relación de este con el hombre; pero veamos lo que nos dice de ello, el citado profeta Isaías, uno de los “voceros” de nuestro Creador:

Isa. 11:6-8: “Y el lobo realmente morará por un tiempo con el cordero y el leopardo mismo se echará con el cabrito y el becerro y el leoncillo crinado y el animal bien alimentado todos juntos; y un simple muchachito será guía sobre ellos. 7 Y la vaca y la osa mismas pacerán; sus crías se echarán juntas. Y hasta el león comerá paja justamente como el toro. 8 Y el niño de pecho ciertamente jugará sobre el agujero de la cobra; y sobre la abertura para la luz de una culebra venenosa realmente pondrá su propia mano un niño destetado. 9 No harán ningún daño ni causarán ninguna ruina en toda mi santa montaña; porque la tierra ciertamente estará llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mismísimo mar.”

Y notemos la relación causa/efecto que establece dicho profeta y portavoz del Altísimo, entre ese fenómeno de la nueva actitud totalmente inofensiva de los animales salvajes más peligrosos para con el ser humano y el hecho de que la tierra “estará llena del conocimiento de Jehová”. Esto es lo que llevará incluso hasta a los animales más feroces y mortales que hoy conocemos, como por ejemplo un tigre o una víbora venenosa, ser como un simple juguete inofensivo en manos de un niño destetado. Y no nos negará, querido lector, que no deja de tener su atractivo el imaginarnos por un momento ya en esa tierra paradisíaca y ver a nuestro hijito de tierna edad, colgado de la melena de un imponente león, intentado montarse encima de él o quizás intentando esforzado y tozudo, sacar de su escondrijo a una culebra venenosa y metiendo su manecita en el mismo agujero de su guarida, sin que nos recorra por la espina dorsal un escalofrío de pánico ante las consecuencias de dichas acciones…… porque sencillamente, no existirá ningún peligro que nos haga temblar y por tanto, causa de alarma (cierto es, que quizás a la víbora en cuestión, maldita la gracia que le va a hacer que la manoseen ¡pero que quieren ustedes…… gajes de ser víbora!).

Luego veamos y tal como íbamos diciendo, en que otros aspectos sería necesario trabajar, para conseguir una paz plena; por ejemplo, es evidente que sería muy difícil gozar de esta paz a plenitud, si uno estuviera afectado por alguna enfermedad grave, defecto físico o por la misma vejez, que tantas limitaciones nos impone. Pero en este terreno no hay motivo de preocupación, pues eso será debidamente atendido por nuestro Creador y por lo que inmensos edificios como hospitales, residencias sanitarias, servicios de urgencias o consultorios médicos, con toda su carga de intranquilidad, serán cosas del pasado pues habrán desaparecido…… y con ellos, los profesionales de la medicina, tales como médicos, enfermeras, personal de farmacia, etc. (puesto que ya no serán necesarios), dado que una nueva situación habrá llegado a establecerse sobre toda la tierra:

Isa. 33:24: “Y ningún residente dirá: “Estoy enfermo”. La gente que more en la tierra constará de los que habrán sido perdonados por su error.”

Isa. 35:5-6: “En aquel tiempo, los ojos de los ciegos serán abiertos y los oídos mismos de los sordos serán destapados. 6 En aquel tiempo, el cojo trepará justamente como lo hace el ciervo y la lengua del mudo clamará con alegría.”

Luego habrán desaparecido de la escena también, los farragosos y antinaturales adminículos como las gafas, audífonos, muletas, prótesis de todo tipo para poder siquiera movernos, así como el lenguaje para sordomudos y todos, “instrumentos” de gran utilidad a día de hoy (ya se sabe…… del mal, el menos). Y es que todos disfrutaremos de un cuerpo perfecto que no sufrirá alteración alguna y por tanto, no precisará de cuidado médico alguno; pues gozaremos de unos ojos con una inigualable capacidad de visión y unos oídos capaces de captar hasta el más imperceptible de los sonidos, así como una agilidad en los movimientos que serán envidiados por el más ágil de los felinos…… y nuestras lenguas, usarán a plenitud todo su potencial para alabar y glorificar a nuestro Supremo Hacedor por tanta bondad, al igual como hizo el salmista:

Te elogiaré, porque de manera que inspira temor estoy maravillosamente hecho. Tus obras son maravillosas, como muy bien percibe mi alma.” (Sal. 139:14).

Pero quizás alguien se pregunte, como podrá ser posible disfrutar a cabalidad de esas bendiciones, aún con un cuerpo perfecto y de inalterable buen funcionamiento, en medio de una tierra azotada por una desertización galopante; sequías brutales; mares, ríos, lagos y otras diversas fuentes de agua contaminadas; la protectora capa de ozono mandada a hacer puñetas y el Sol haciendo el burro por ahí, que el día menos pensado nos puede “freir” a todos; los elementos de la “madre naturaleza” desatados e ingobernables, manifestándose en destructivos terremotos, espantosos tsunamis, brutales huracanes, tornados…… y tantos y tantos otros aspectos nocivos que escapan a nuestro control y que afectan directamente a nuestra seguridad y calidad de vida. Pero de nuevo, no se preocupe usted, que Jehová también tiene en cuenta esta circunstancia y por ello, llevará a efecto el siguiente arreglo:

Isa. 35:6-7: “…… pues en el desierto habrán brotado aguas y torrentes en la llanura desértica. 7 Y el suelo abrasado por el calor se habrá puesto como un estanque lleno de cañas; y el suelo sediento, como manantiales de agua. En el lugar de habitación de los chacales, un lugar de descanso para ellos, habrá hierba verde con cañas y papiros.”

Joel 2:23: “Y ustedes, hijos de Sión, gocen y regocíjense en Jehová su Dios; porque de seguro les dará la lluvia de otoño en la medida correcta y hará bajar sobre ustedes un aguacero, lluvia de otoño y lluvia de primavera (eso es, ciclos perfectamente regulados e inalterables), como al principio.” (Acotación nuestra).

Pero ¿qué hay del mencionado brutal descontrol de los elementos llamados naturales, que tantos daños y desgracias causan alrededor del mundo? Pues que serán también cosa del pasado, ya que la persona que nos gobernará en ese tiempo en nombre de Jehová, su Hijo Jesucristo, tendrá todo ello bajo su absoluto control; recordemos que ya en su momento y en un ínfimo reflejo de lo que será capaz de hacer con respecto a dichos devastadores elementos de la naturaleza, demostró su total poder sobre ellos…… pero veamos el relato que nos habla de esa experiencia, vivida en primera persona por los propios discípulos de Jesús:

Y en aquel día, al anochecer, les dijo: “Pasemos a la otra ribera”. 36 Por eso, después de haber despedido ellos a la muchedumbre, lo llevaron en la barca, tal como estaba y había con él otras barcas. 37 Ahora bien, estalló una grande y violenta tempestad de viento y las olas seguían lanzándose dentro de la barca, de modo que faltaba poco para que la barca se llenara. 38 Pero él estaba en la popa, durmiendo sobre una almohada. De modo que lo despertaron y le dijeron: “Maestro, ¿no te importa que estemos a punto de perecer?”. 39 Con eso, él se despertó y reprendió al viento y dijo al mar: “¡Silencio! ¡Calla!”…… y el viento se apaciguó y sobrevino una gran calma. 40 De modo que les dijo: “¿Por qué se acobardan? ¿Todavía no tienen fe?”. 41 Pero ellos sintieron un temor extraordinario y se decían unos a otros: “¿Quién realmente es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?” (Mar. 4:35-41).

Obviamente excusamos decir, por otra parte, que todos aquellos (entidades o individuos) que en aras de grandes ganancias explotan egoístamente y sin medida los recursos naturales del planeta, con la consiguiente secuela de contaminación medio ambiental y consecuente alteración de los ciclos naturales, acabando con ello con la fauna y la flora de nuestro entorno, serán eliminados:

Rev. 11:18: “…… y para causar la ruina de los que están arruinando la tierra.”

Y por otra parte, no pase cuidado, amigo que nos lee, que esa paz que Jehová nos ofrece no se verá ensombrecida por la falta de un trabajo remunerador y satisfaciente, de una vivienda apropiada o de carencia alguna de alimentos, con los que sustentar su vida y la de sus seres queridos; pues vea lo que se nos garantiza:

Isa. 65:21-22: “Y ciertamente edificarán casas y las ocuparán; y ciertamente plantarán viñas y comerán su fruto. 22 No edificarán y otro lo ocupará; no plantarán y otro lo comerá. Porque como los días de un árbol serán los días de mi pueblo; y la obra de sus propias manos mis escogidos usarán a grado cabal.”

Miq. 4:4: “Y realmente se sentarán, cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera y no habrá nadie que los haga temblar; porque la boca misma de Jehová de los ejércitos lo ha hablado.”

Sal. 72:16: “Llegará a haber abundancia de grano en la tierra; en la cima de las montañas habrá sobreabundancia.”

Isa. 25:6: “Y Jehová de los ejércitos ciertamente hará para todos los pueblos, en esta montaña (eso es, en su reino) un banquete de platos con mucho aceite, un banquete de vino mantenido sobre las heces, de platos con mucho aceite, llenos de médula (o sea, un banquete exquisito y permanente), de vino mantenido sobre las heces, filtrado (se sobreentiende además, que se hace referencia no solo al alimento físico o material, sino también al espiritual).” (Acotaciones nuestras).

Pero por otra parte, quizás se pregunte usted, querido amigo que nos lee ¿no sería lamentable que esas bendiciones se acabaran con la muerte de uno? Por supuesto que sí y por eso mismo al Altísimo (que “eztá en tó” que diría el castizo), no se le ha pasado por alto ese “pequeño” detalle y por ello la muerte también será eliminada:

Isa. 25:8: “Él realmente se tragará a la muerte para siempre y el Señor Soberano Jehová ciertamente limpiará las lágrimas de todo rostro. Y el oprobio de su pueblo quitará de toda la tierra, porque Jehová mismo lo ha hablado.”

Oseas 13:14: “De la mano del Seol los redimiré; de la muerte los recobraré. ¿Dónde están tus aguijones, oh Muerte? ¿Dónde está tu poder destructor, oh Seol? La compasión misma (hacia esos dos azotes) estará oculta de mis ojos.” (Acotación nuestra).

Luego entonces, ¡cuánto echaremos de menos en medio de tan felices circunstancias, a aquellos seres queridos que en su día perdimos en la muerte! ¿No es cierto, querido amigo que nos lee? ¡Pero un momento!…… recordemos que la esperanza del malhechor ejecutado al lado de Jesús, se basaba precisamente en la creencia de una “resurrección” futura, al formular la petición que le dirigió a este; entonces…… ¿sería razonable el pensar en que se produzca tan impactante milagro? Bueno, ciertamente ya se produjo en el pasado y no solo en la propia resurrección de Jesucristo, pues hasta donde sabemos del relato bíblico, tanto los profetas Elías como Eliseo, así como el apóstol Pedro y posteriormente Pablo, sin olvidarnos del propio Jesús, tuvieron que ver con el traer de nuevo a la vida a personas que en su momento habían muerto. Pues bien, en respuesta a la pregunta formulada, vemos que Jehová se propone llevar a cabo dicho milagro, pero en una escala sin precedentes y por lo que los lúgubres cementerios, panteones y sepulturas comunes, con su carga de dolor, lágrimas y amargura, también pasarán a ser cosa del pasado:

Dan. 12:2: “Y habrá muchos de los que están dormidos en el suelo de polvo que despertarán, estos a vida de duración indefinida y aquellos a oprobios y a aborrecimiento de duración indefinida.”

Juan 5:28-29: “No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz 29 y saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida, los que practicaron cosas viles a una resurrección de juicio.”

Hech. 24:15: “…… y tengo esperanza en cuanto a Dios, esperanza que estos mismos también abrigan, de que va a haber resurrección así de justos como de injustos.”

¡Maravilloso, ¿no?! Pues estas son solo parte de las cosas de las que habló Jehová “por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo” y que llevará a cabo mediante el gobierno de su Hijo Jesucristo y como hemos señalado, durante el período venidero del reino de mil años de Dios. Y que todo considerado, nos dan una leve idea de lo que quiso decir Jesús al malhechor que moría a su lado, cuando le prometió que estaría con él en un “paraíso”:

Y pasó a decir: “Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino”. 43 Y él le dijo: “Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el paraíso.” (Luc. 23:42-43).

Luego queda clara la asociación que estableció Jesús entre “su reino”, eso es, el período milenario y el “paraíso”, o lo que es lo mismo, una tierra que reflejará en grado inimaginable para nuestra limitada mente actual, todas esas bendiciones que hasta el momento hemos mencionado.

Pero como hemos dicho al principio de este artículo, hay un aspecto acerca de algo que Jehová hará también por nosotros, que siempre nos ha impresionado sobremanera y que es pasado por alto, cuando no completamente desconocido por la mayoría de las personas que afirman conocer la Biblia; y que si bien saben de todas o algunas de esas cosas que Jehová “restaurará” para el ser humano, probablemente desconozcan esta a la cual nos referimos y que es fundamental para que todo cuadre perfectamente. Porque con ser todo lo dicho algo que sobrepasa a la imaginación humana, como puede ser la resurrección de los muertos y que sin duda alguna, será la “estrella” de todo lo que hemos comentado que va a ocurrir en ese reino de Dios…… no es menos cierto que las resurrecciones a las que hemos hecho referencia (las únicas que conocemos), exceptuando la de Jesús, tenían una limitación: las personas que resucitaron, como por ejemplo Lázaro, volvieron a la vida tal cual eran antes de morir, eso es, con la misma edad y las mismas limitaciones físicas que tenía en ese momento. Entonces ¿qué hay por ejemplo, de las personas que sobrevivan a la “gran tribulación” (Rev. 7:14), ya con una edad “madurita”, pongamos entre los 60 u 80 años y franja en la que nos encontramos los dos autores de este blog (quizás por ello nuestra inquietud), con la consiguiente falta de fuerzas, reflejos, pelo y además, llenos de arrugas?…… porque si mucho nos apuran, hasta podríamos estar de acuerdo con el cretino que dijo la “chorrada” aquella de que “la arruga es bella”, ¡pero hombre, tantas…!

¡Pues hasta en eso, fíjense ustedes, ha pensado Jehová!…… y si no se lo creen, vean esa promesa de la que les hemos hablado, “perdida” en un libro que no se considera profético y al que no se le hace mucho caso (si acaso se le hace alguno, pues muchos “cristianos” no saben ni que exista tal libro), pero que en su capítulo 33 y hablando proféticamente de la venidera resurrección y en la que el personaje que en ese momento estaba hablando (en este caso, Elihú y que corregía a Job) creía firmemente, pronunció las siguientes palabras que son el complemento necesario para la citada resurrección y que como hemos señalado, echábamos en falta; y es que esas palabras, dan sentido y redondean el significado de la “restauración de todas las cosas” prometida por nuestro Creador:

Job 33:25: “Que su carne se haga más fresca que en la juventud; que vuelva a los días de su vigor juvenil.”

Y puesto que dicho personaje establece una directa relación entre la resurrección y ese mandato del Altísimo, ello nos lleva a pensar (algo que por demás, no solo se ajusta al tono de lo expuesto por los profetas, sino a la lógica y a la razón), que aquellas personas que sobrevivan a la “gran tribulación” final y por ello, entren con vida en el reino de Dios como súbditos del mismo, serán cambiados inmediatamente a cuerpos físicos perfectos y libres de tara alguna que recuerden a las cosas anteriores que Dios habría eliminado; así como ocurrirá con los que posteriormente y de forma progresiva irán resucitando durante el milenio y según vayan apareciendo sobre la tierra. Y por si acaso, ya nos apresuramos a señalar que dicha afirmación, no pasa de ser una mera especulación por nuestra parte y solo con el ánimo de señalar lo cercano que estamos ya de esos acontecimientos futuros…… aunque con visos de ser una realidad, como veremos en los próximos párrafos.

Porque piense por un momento, querido lector, lo que podría significar eso: imagínese por ejemplo, en el “día después” del Armagedón (batalla con la que concluye la “gran tribulación” y que da paso al reino de Dios), a una persona de 80 o 90 años y que sobreviva a dicho evento, que se ha ido a la cama aún impactado por lo que acaba de vivir, lleno de arrugas, encorvado por el peso de los años y los sufrimientos (que también ayudan lo suyo), víctima de la alopecia más vil, que a duras penas puede moverse y que para lo cual, quizás precise de muletas o bastón de apoyo…… y que se despierta al día siguiente, hecho un fornido mocetón de 1,90 o más de altura, lleno de vigor y abundante cabellera, todo músculo y bíceps, una piel fresca propia de la juventud y con la agilidad felina de una pantera saltarina; luego ¡et voila!…… ¡el sapo se transformó en un príncipe!

O en el caso de una mujer, que anciana y ya doblada por el peso de los años, sin apenas dientes y siendo prácticamente una arruga andante y que cuando se levanta de su cama en ese “día después”, el espejo le devuelve la imagen de una estupenda mujer joven, con una piel fresca, tersa y aterciopelada y sin el más mínimo rastro de arruga alguna; llena de vitalidad por otra parte y hermosa en todos sus aspectos…… ¡vamos, una de esas hembras de “rompe y rasga” y que tiran de espaldas al más pintado, como aquellas que incluso trastornaron a los propios ángeles de Dios! (Gén. 6:2). Luego por fin y en este caso también, una anciana decrépita se ha transformado milagrosamente, por obra y gracia de nuestro Creador, el Señor Soberano de todo el Universo, Jehová Dios, en una hermosa y escultural mujer, o lo que viene a ser lo mismo ¡la rana se convirtió en una bellísima princesa!…… y así, en todas y cada una de las personas que habitarán en ese nuevo mundo, en el que no podemos ni imaginarnos, por mucho que nos esforcemos y por más que se nos explique, las cosas que nuestro Buen Dios va a hacer por nosotros; con estas palabras mostraba el apóstol Pablo, la veracidad de nuestra afirmación:

Pero así como está escrito: “Ojo no ha visto, ni oído ha oído, ni se han concebido en el corazón del hombre las cosas que Dios ha preparado para los que lo aman.” (1 Cor. 2:9).

Y espacio de tiempo el milenio venidero, en donde se producirá la siguiente y maravillosa circunstancia, en clara manifestación de la bondad inmerecida de nuestro Supremo Hacedor:

Estás abriendo tu mano y satisfaciendo el deseo de toda cosa viviente.” (Sal. 145:16).

Luego no va a existir persona alguna en ese nuevo mundo, que abrigue ni la más mínima insatisfacción acerca de su cuerpo, entorno o cualquier otra circunstancia que le pudiera perturbar (aunque ya sabe usted ¡siempre los hay de quejicas!); pero veamos como el propio Jehová nos garantiza, que no habrá motivo para ello:

Y realmente sucederá que, antes que ellos clamen, yo mismo responderé; mientras todavía estén hablando, yo mismo oiré.” (Isa. 65:24).

Y es cierto que unos párrafos atrás y antes empezar a hablarles de cómo podrían ser cambiados inmediatamente nuestros cuerpos en el mismo momento de entrar en el reino de Dios (y algo que tenemos a la vuelta de la esquina), hemos hecho la salvedad de que en principio no era más que una mera especulación, porque lógicamente no tenemos la certeza de que los hechos sucedan con la inmediatez que hemos señalado y algo que explícitamente no nos dicen las Escrituras…… aunque eso sí, se infiere a través de la lógica y el sentido común. Porque, razonemos un poco: la vejez, con toda su carga de desagradables secuelas, no es más que el resultado o consecuencia directa del pecado heredado de nuestros primeros padres Adán y Eva ¿no es cierto?…… entonces, si Jesucristo murió por nuestro pecado, a aquellos que pasen con vida al nuevo orden de Dios, automáticamente les tiene que aplicar el beneficio de dicho sacrificio y por lo que las citadas secuelas, tendrían que ser borradas de inmediato. Y es que no se entendería un reino de Dios, con personas aún lastradas con las deficiencias propias de un pecado del que ya han sido perdonadas; y razonamiento que aplica exactamente igual a los que posteriormente vayan levantándose en la resurrección: uno no será resucitado tal como murió, por ejemplo, sin alguna de sus extremidades, o tetrapléjico, o con Alzheimer, o con síndrome de Down, o ciego, sordo o mudo…… sino que será resucitado totalmente restaurado; recordemos las palabras que hemos leído hace un momento en Isa. 33:24:

Y ningún residente dirá: “Estoy enfermo”. La gente que more en la tierra constará de los que habrán sido perdonados por su error (eso es, del pecado heredado).” (Acotación nuestra).

Por lo que entendemos nosotros, que también la vejez debería de ser eliminada y levantarse uno o una, en la resurrección, con un cuerpo rejuvenecido y en la plenitud de sus facultades, tanto físicas, mentales como emocionales. Tenemos por otra parte, el tono en el que está redactado el pasaje de Job 33:25 en algunas versiones bíblicas, eso es, como un mandato imperativo de parte del Altísimo, al traducir dicho verso de la siguiente manera:

Que su carne se haga más fresca que en la juventud; que vuelva a los días de su vigor juvenil.”

Por lo que teniendo en cuenta además, que esas palabras están directamente relacionadas con la resurrección, nuestra teoría no parece tan descabellada. Y es que de lo contrario, de mantenerse por largo tiempo dichas deficiencias físicas dentro de ese período del reino de Dios, porque la restauración prometida por nuestro Creador no fuera inmediata como nosotros hemos aventurado, sino que fuera llevada a cabo de manera progresiva o gradual a través del tiempo (tanto en los sobrevivientes de la “gran tribulación”, como en aquellos que posteriormente irán resucitando), sería difícil de conciliar dicha situación, con las palabras del propio Jehová en Isa. 65:17:

Porque, ¡miren!, voy a crear nuevos cielos (nuevo sistema de gobierno) y una nueva tierra (nueva sociedad humana); y las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón.” (Acotaciones nuestras).

Algo imposible de suceder, si a nuestro alrededor o en propia persona, se estuvieran viendo constantemente en dicha “nueva” tierra (y que en un principio ya no sería tan nueva, sino un reflejo de la anterior), secuelas del pecado heredado hasta que el último de los resucitados (lo cual probablemente nos llevaría casi al final del milenio), recobrara la perfección física en esos citados “nuevos cielos y nueva tierra” por venir, eso es, el período milenario del reino de Dios…… y de ser la prometida “restauración” (repetimos), no inmediata, sino progresiva en el tiempo. Porque pensemos en una persona que falleció faltándole las dos piernas, o los dos brazos, o una pierna y un brazo o solo una de las cuatro extremidades (y para saber que ello no es inusual, basta con solo seguir los Juegos Paralímpicos, cada cuatro años) o incluso una que en dichas circunstancias, sobrevive a la “gran tribulación” y entra con vida al nuevo mundo…… ¿cómo se va a solucionar ese problema? ¿Dejando que “con el tiempo”, se vayan desarrollando esos miembros o extremidades perdidas en su momento? Y por no citar a los que a causa de las guerras (el pan nuestro de cada día), actos de terrorismo o accidentes, han quedado brutalmente mutilados o completamente destrozados e irreconocibles sus cuerpos…… ¿no sería lo razonable esperar, que esas personas fueran restauradas completamente de inmediato? Y si eso es razonable con esos casos…… ¿por qué no con la vejez?

Cuestiones que parecen un tanto rebuscadas, si se quiere, pero que inevitablemente se van a producir, pues esas trágicas situaciones son las tenemos como parte del “paisaje” en el día a día y para las que nuestro Creador, obviamente, tiene la respuesta adecuada a cada situación…… nosotros solo estamos divagando un poco, en el sentido de cómo lo podría hacer y a partir de lo que desde nuestras limitaciones, entendemos como razonable…… y si alguien tiene otra ocurrencia, pues que la exponga y aprenderemos todos. Ya otra cosa será la restauración de la condición espiritual, puesto que esto ya es harina de otro costal y sobre la que habrá que trabajar un “poquito” más, a tenor de lo que se lee en Rev. 20:11-15…… pero claro, esa ya sería otra historia.

Y todo eso que le hemos explicado, querido amigo o amiga que nos lee, es lo que consideramos como un pírrico entrante de lo que entendemos va a ser el “paraíso” en el que se convertirá la tierra y del que Jesús le habló al malhechor que agonizaba a su lado…… y ya tan cercano. Ya otra cosa, es que usted se crea o no, todo lo contado y citando solo de pasajes bíblicos, por lo que podría considerarse que eso se lo han estado diciendo directamente esos personajes (los profetas) y “por boca de los que habló” nuestro Creador Jehová Dios, para explicarle a usted (entre otros, por supuesto), cuál es Su propósito con respecto a su persona y resto de la humanidad obediente; luego quién en última instancia le estaría dando esa información, querido lector, sería el mismísimo Jehová Dios…… lo cual da ciertas garantías ¿no cree? Pero que ello desgraciadamente no conlleva (no queremos pensar que este sea su caso), en que los llamados “cristianos” acepten como más creíbles esas palabras contenidas en el registro sagrado; pues si en algo se distingue el mundo de la llamada “cristiandad” (casi 2.100 millones de personas, en un maremágnum de denominaciones y credos distintos), es precisamente por su total desprecio al registro sagrado y en no creerse, en lógica consecuencia, ninguna de las advertencias o en su defecto, las promesas divinas (como es el caso) contenidas en el mismo. Y para muestra un botón: el propio pueblo judío y que tenía al Altísimo como su único Dios (recordemos que estaban en una relación de pacto con Él), no creyeron en Su propio Hijo Jesús (a pesar de las evidentes pruebas que dio de ser Hijo de Dios) y lo ejecutaron como un vulgar criminal…… ya partiendo de ahí (y de ahí partimos), cualquier cosa.

Pero tengamos en cuenta un aspecto importantísimo de la cuestión y que a la inmensa mayoría se les escapa: tanto si el ser humano en general se lo cree, como si no se lo cree, Jehová va a seguir adelante con Su propósito. Y por lo que mientras unos (los que no crean),van a ser destruidos en la “gran tribulación” final, habrá otros que, contemplando seriamente la posibilidad de que las cosas pueden resultar ser tal cual nosotros se las hemos transmitido de las Escrituras (pues esa ha sido simplemente nuestra labor, ya que no nos hemos inventado nada), comprueben personalmente dicha posibilidad en su propio ejemplar de las Escrituras y actúen en lógica consecuencia, serán los que se llevarán “el gato al agua” o lo que es lo mismo, se beneficiarán de dichas bendiciones futuras; a partir de ahí…… el “pescado” ya estará todo vendido.

MABEL