Archivo para fariseos

LA BIBLIA…… VS. LA TEOLOGÍA.

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , on 09/08/2013 by Armando López Golart

imagesCA108R95Cuando a usted se le presente un teólogo y pretenda explicarle lo que dice la Biblia, tenga por seguro que le mentirá; y cuando usted se asocia con una determinada denominación religiosa, la que sea, pero que en todo caso le dirán que se encuentra en “la verdadera fe”, eso es, que usted tiene la “inmensa fortuna” de estar asociado a la única forma de religión que Dios aprueba y que sus máximos dirigentes tienen sesudos estudios teológicos (y que son todas), recuerde que le están mintiendo. Y es que viendo cómo está “el percal”, eso es, las “genialidades” que nos cuentan aquellos entendidos en teología que más a mano tenemos y que son los que publican en Internet, no tenemos más remedio que pensar que cualquier parecido entre una cosa y la otra (la Biblia con la teología), no es más que una pura coincidencia…… ¡vamos, las mismas posibilidades que el que una sola vez en la vida compra un décimo de lotería por Navidad y se lleve el “Gordo”! Y ello tiene una razón de ser, que ya hay que se “corto” para no entenderla: la lotería y otras formas de apuestas no están hechas para que uno se haga rico, sino para que se haga rico el que las inventó…… y algo parecido ocurre con la teología.

Luego estaríamos ante el que podríamos considerar como el primero de los tres argumentos en el que sustentamos nuestra afirmación; porque en un mundo que “yace en el poder del inicuo” (Juan 5:19), o sea, totalmente en manos de Satanás, todo, absolutamente todo lo que resulta del mismo, es tendente a apartar al personal del más elemental entendimiento de la Palabra de Dios y en consecuencia, del ajustado y correcto actuar bajo las normas o “disposiciones reglamentarias” del Altísimo: y es que Satanás nunca pondrá a nuestra disposición nada, en este caso la teología, que nos ayude a entender correctamente el mensaje que Jehová Dios nos dejó puesto por escrito en ese libro conocido como la Biblia, pues su objetivo es totalmente el contrario, como quedó demostrado cuando probó tentar a Jesús en el desierto (Mat. 4:1-11), con pasajes bíblicos sacados de su contexto…… y si eso hizo con el Hijo de Dios ¡qué no hará con nosotros!

Cierto es que alguien podría objetar que los autores de este blog, no tenemos estudios superiores de ninguna clase y mucho menos en teología, por lo que no tenemos ninguna autoridad para pronunciarnos en este sentido y que por supuesto, vaya por delante, entendemos que es una afirmación muy arriesgada la que hacemos y que pondrá los pelos como escarpias a más de uno…… pero no es menos cierto que gozamos de una capacidad de usar la lógica y el sentido común bastante aceptable y que al parecer, es el único requisito demandado por el Altísimo para uno poder entender las Escrituras ¡hombre, eso y que Él te deje y de lo que hablaremos más adelante! Por lo que pasaremos al segundo argumento para defender nuestra posición y que tiene que ver con que la Biblia no se escribió para “teólogos”, sino para pastores, agricultores, pescadores, carpinteros, etc., en todo caso gente humilde y de escasos recursos intelectuales, que prescindiendo del hecho que todos sabían leer y escribir, al contrario que los pueblos de su alrededor, eran personas sin estudios superiores que en la época solo existían en Israel (y si es que existían) para las clases privilegiadas, como el sacerdocio o la realeza. De ahí que la Biblia sea una información de carácter personal, pues es lo más parecido a una carta que nuestro Creador nos envía a cada uno de nosotros, para explicarnos por qué estamos como estamos, lo que Él ha hecho y hará para ayudarnos a salir del atolladero en el que nos encontramos, lo que nosotros tenemos que hacer para conseguirlo y lo que finalmente nos espera…… lamentablemente, la inmensa mayoría de personas han dejado que sean otros los que les lean dicha “carta”, eso es, a los “teólogos” y a través de las distintas organizaciones religiosas con las que se asocian, pues están demasiado “ocupadas” en sus cosas del día a día como para dedicar tiempo a investigar acerca de Dios; por ello, con decir que “creen en Dios y sí mucho nos apuran, con asistir el domingo a la parroquia de turno, dejar que les lean un “sermoncito suave” por parte del cura, pastor, anciano o quien sea que dirija la reunión (no sea que se enfaden, no vuelvan y dejen de aportar sus diezmos o contribuciones “voluntarias”), se dan por satisfechas pues entienden que ya han “cumplido”.

Siendo por tanto esas mismas personas, las que se han metido en la guarida del lobo y nunca mejor dicho, pero con tal que les digan aquello que quieren oír, se dan por satisfechas; recordemos que ya en su momento, el apóstol Pablo advirtió que llegaría un período de tiempo en que las personas no soportarían la enseñanza saludable, sino que “de acuerdo con sus propios deseos, acumularán para sí mismos maestros para que les regalen los oídos y apartarán sus oídos de la verdad” (2 Tim. 4:3-4)…… y con ello, desviados a cuentos o enseñanzas falsas y en consecuencia, a la destrucción (2 Ped. 2:1). Pero es que tenemos un tercer argumento para sostener nuestra teoría acerca de que nada tiene que ver la teología con el entender las Escrituras, apoyado en unas palabras de Jesús y que hacen que no nos fiemos ni un pelo cuando alguien nos viene presumiendo de “teólogo” y sobre todo, si de cuando en cuando nos mete el diploma, título o como quieran llamarlo, en un primer plano de alguno de sus videos para que sepamos que él es un teólogo…… y con lo que automáticamente queda desautorizado por Dios para hablar acerca de Él, pues esto es lo que dijo Jesús dirigiéndose a su Padre Celestial:

En aquella misma hora se llenó de gran gozo en el espíritu santo y dijo: “Te alabo públicamente, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido cuidadosamente estas cosas de los sabios e intelectuales (siempre dentro del terreno de las Escrituras) y las has revelado a los pequeñuelos (o “los que son como niños”, según versiones). Sí, oh Padre, porque el hacerlo así vino a ser la manera aprobada por ti.” (Luc. 10:21). (Acotaciones nuestras).

Luego lo que aprendemos de este pasaje, son tres cosas fundamentales: , que entienden las Escrituras solo aquellos a quienes Jehová se lo permite; , que Este no les permite entenderlas, pues de forma expresa “esconde” dicho entendimiento de ellos, a los “sabios e intelectuales”, eso es, a los “teólogos” y , que dicho entendimiento solo está al alcance de aquellos que son como niños (eso es, humildes) y que fían en Jehová para conseguir ese vital entendimiento, pues no tienen otros recursos. Recordemos el ejemplo que nos da la historia, en el sentido de que lo que podríamos considerar como los primeros “teólogos” en la Ley de Dios, fueron los escribas, los fariseos y los saduceos; ello queda claro cuando leemos que en cierta ocasión estos acusaron a los apóstoles Jesús, de ser “iletrados y del vulgo” (Hech. 4:13) y con lo cual no querían decir que fueran analfabetos, sino que su educación era elemental y no la que se obtenía en las escuelas de estudios superiores rabínicas (más o menos, el equivalente de las cátedras de teología de nuestros tiempos) y puesto que “no conocían” la Ley de Dios como ellos la conocían, eran considerados como “malditos” por tan “ilustres” personajes (Juan 7:49)…… y siendo el resultado obtenido sobre el pueblo por parte de esos “entendidos” en la Ley y con el que se encontró Jesús al llegar, tan nefasto que no pudo menos que compadecerse de la situación espiritual en la que esos sujetos habían sumido al pueblo de Dios:

Al ver las muchedumbres, se compadeció de ellas, porque estaban desolladas y desparramadas como ovejas sin pastor.” (Mat. 9:36).

Y eso es con lo que de nuevo nos encontramos hoy en día, cuando uno hecha una mirada al estado espiritual de la llamada cristiandad y se da cuenta de que las personas, aunque se digan creyentes y acudan de cuando en cuando a sus parroquias respectivas, lo que menos les apetece es hablar de Dios…… y dando por buenas las palabras de Pablo, cuando profetizando acerca de los últimos tiempos, dijo de las personas que en ese tiempo vivirían, aquello de que “tendrán una forma de devoción piadosa, pero resultarán falsos a su poder” (2 Tim. 3:5), o lo que es lo mismo, afirmarán ser “cristianas” o seguidoras de Cristo, pero sin permitir que las enseñanzas de este influyan en sus vidas y todo, por la brutal confusión que ha creado esa casta que son los “teólogos”, acerca de las cosas de Dios. Porque nos encontramos con que la misma cristiandad está dividida en cientos de denominaciones distintas, con distintos credos, diferentes ritos y celebraciones y cada una con su propia estructura orgánica y distintos máximos representantes; por ejemplo, si bien la cabeza de la Iglesia Católica es el Papa de Roma, el de la Iglesia Anglicana lo es el rey o reina de Inglaterra. Si hablamos de la Iglesia Ortodoxa, esta está en realidad constituida por 15 iglesias autocéfalas, eso es, que solo reconocen el poder de su propia autoridad jerárquica y representadas cada una de ellas, respectivamente, por el Patriarca de Alejandría en su territorio, el de Antioquía en el suyo, el de Constantinopla ídem y así, hasta completar las quince; aunque eso sí, mantengan entre ellas cierta cohesión doctrinal y sacramental…… y así, suma y sigue y en todos lados en los que a uno se le ocurra mirar. En definitiva un auténtico caos, totalmente alejado de la admonición del apóstol Pablo que encontramos en 1 Cor. 1:10 y dirigida, por supuesto, a todos aquellos que se consideran seguidores de Cristo y de dónde deriva el término “cristiandad”:

Ahora los exhorto, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que todos hablen de acuerdo y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén aptamente unidos en la misma mente y en la misma forma de pensar.”

Luego el mismo parecido de un huevo con una castaña a lo que dijo dicho buen hombre, con lo que vemos hoy en día a nuestro alrededor…… por lo que si el bueno de Pablo levantara hoy la cabeza, si no le daba un “patatús” al ver la que está liada, sería de puro milagro; pero vayamos al fondo de la cuestión y preguntémonos quiénes son los máximos responsables de ese “cacao” que tenemos montado en este “valle de lágrimas” en el que intentamos sobrevivir y que, efectivamente, son justo los que ustedes se imaginan: ¡los teólogos! Ahora bien, dado que quizás haya alguno que al oír hablar de teología, responda aquello tan clásico del “¡Eso lo será tu padre……!”, creemos oportuno explicar el significado de ese “palabrejo” y para ello, acudiremos a lo que nos dice el diccionario de la RAE de la Lengua: “Ciencia que trata de Dios y de sus atributos y perfecciones.” Por lo que si esto es así y nos encontramos por todos lados con Institutos, Universidades, Seminarios y otros centros de enseñanza en donde se imparten estudios de teología ¿cómo se puede entender entonces y con tanto “teólogo” suelto por ahí, el brutal desbarajuste con el que nos encontramos en cuanto al entendimiento de la Palabra de ese mismo Dios, sobre el que afirman estudiar? ¿Cómo puede ser, por otra parte, que dos indocumentados como los autores de este blog y sin ningún tipo de preparación superior (solo el bachillerato y más bien “raspadito” ¡para qué nos vamos a engañar!), estemos publicando temas que desbaratan afirmaciones de “teólogos” eminentes y populares y a los que siguen miles de personas, demostrando que las mismas no son más que puros disparates y sin que puedan objetar a nuestros argumentos?

Solo se puede entender si lo que hemos leído en Luc. 10:21 es verdad y realmente es Jehová el que determina quién puede entender Su Palabra y quién no…… recordemos que hemos leído que de manera premeditada, es Éste el que “esconde” el conocimiento encerrado en las Escrituras a estos “entendidos” en la materia, mientras permite que la entendamos aquellos que sinceramente deseamos aprender y hablar de Él y que lo que menos nos importa es que se nos conozca a nosotros, pues no somos los importantes en esta “historia” y por lo que en nuestro blog, por ejemplo, no se ve imagen alguna de sus autores. Sin embargo en otros y publicados por dichos “personajes”, siempre están presentes fotografías del autor del que se trate y en diversas posturitas, así como una relación de sus “galones” (entiéndase títulos o diplomas) y que de cuando en cuando, algunos los sacan a pasear y nos los plantan ante la cámara que les graba, para que sepamos lo que son. Y que encima alguno hay por ahí que se pone “mono”, eso es, todo “trajeteado”, con corbata, pelo recién tenido para ocultar las canas, etc., para que, según propia afirmación, la gente “le crea más”…… y con lo que deja claro que se fía más de su apariencia personal (que tampoco es para tirar cohetes ¡qué quieren ustedes que les diagamos!), que de sus conocimientos “teológicos” para convencer a la “plebe”. Sin embargo, poco saben esos indocumentados que cuanto más presumen de sus títulos y a tenor de lo leído en Luc. 10:21, menos entendimiento tienen de las Escrituras…… o eso, o es que Jehová nos engaña ¡cómo ustedes prefieran!

Dicho lo cual, nos reafirmamos en nuestro planteamiento en el sentido de que nada tiene que ver el tener grandes conocimientos en teología, con el entender las Escrituras pues, como hemos dicho y para resumirlo, primero, la Biblia no fue escrita para los teólogos; segundo, nada de lo que produce este mundo dominado por Satanás, es tendente a ayudarnos a conocer mejor a Jehová, sino todo lo contrario y tercero, hemos visto como el Altísimo niega expresamente el conocimiento de Su Persona y propósitos, a los “sabios e intelectuales” y se lo “revela” a los humildes…… tres razones poderosísimas a tener en cuenta y a las pruebas nos remitimos; y es que vean lo que dice Pablo en 1 Cor. 1:19, haciendo referencia a unas proféticas palabras dichas por el propio Jehová:

Porque está escrito: “Haré perecer la sabiduría de los sabios y echaré a un lado la inteligencia de los intelectuales.”

Y que en la versión Traducción en lenguaje actual adquieren su máxima dimensión y resultando ser con ello mucho más explícitas, pues se resumen de la siguiente manera:

En la Biblia, Dios dice: “¡Dejaré confundidos a los que creen que saben mucho!” (1 Cor. 1:19).

Pues eso…

MABEL

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EL PECADO IMPERDONABLE.

Posted in Uncategorized with tags , , , , on 19/03/2010 by Armando López Golart

Según Jesús, existe un pecado para el que no hay perdón:

En verdad les digo que todas las cosas les serán perdonadas a los hijos de los hombres, no importa qué pecados y blasfemias cometan blasfemamente. 29 Sin embargo, cualquiera que blasfema contra el espíritu santo no tiene perdón jamás, sino que es culpable de pecado eterno.” (Mar. 3:28-29).

Luego lo que deberíamos entender de entrada, es que aquél o aquellos que en este sistema de cosas cometan dicho pecado, no recibirán la resurrección en el venidero y eso, solo es asunto de lógica.

La clase de pecado al que se hace referencia en la Biblia como imperdonable, no es simplemente de una categoría como el robar, el mentir o la inmoralidad sexual. Sin embargo, estas cosas son serias y que bien pueden envolver el pecado imperdonable cuando derivan en actitudes impenitentes y de imposible retorno. (Rev. 21:8). Y es que dicho pecado, no tiene tanto que ver con la acción cometida en sí, como con la motivación que lo produce. Porque el pecado imperdonable, es pecado deliberado contra la operación manifiesta del Espíritu de Dios y por lo tanto, lleva implícito el asunto de la motivación. Brota de un corazón que está alejado cabalmente y para siempre de Dios. (Mateo 12:34).

Los caudillos religiosos judíos que vinieron a Galilea para ver y oír a Jesucristo en una ocasión y habían entrado en consejo en cuanto a cómo podían destruirlo (Mat. 12:14), se estaban deslizando hacia ese terreno. En Galilea vieron como Jesús había curado a un hombre que no podía hablar, que estaba ciego y poseído de los demonios. En vez de reconocer el hecho obvio de que Jesús estaba ejecutando milagros por medio del Espíritu Santo de Dios, los fariseos maliciosamente lo acusaron de hacerlo por medio del poder de Satanás. Después de mostrar cuán equivocados estaban, Jesús dijo:

Toda suerte de pecado y blasfemia será perdonada a los hombres, pero la blasfemia contra el espíritu no será perdonada. Por ejemplo, a cualquiera que hable una palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; pero a cualquiera que hable contra el espíritu santo, no le será perdonado, no, ni en este sistema de cosas ni en el venidero.” (Mat. 12:31-32).

En lo que tocaba a estos caudillos religiosos, no se trataba simplemente de no estar convencidos por las enseñanzas y obras de Cristo. Las gentes de Corazín y Betsaida habían estado tan preocupadas con su modo de vivir que no habían aceptado a Jesús ni se habían arrepentido; sin embargo, nada parece indicar que no se beneficiarán de la misericordia de Dios y que tendrán una resurrección y una oportunidad futura de aprender el camino de la justicia (Mat. 11:20-24). Tampoco puede decirse que en el caso de los fariseos, fuera solo asunto de que blasfemaran y se opusieran a los adoradores verdaderos porque ignoraran la voluntad de Dios. Saulo de Tarso también había sido tal clase de hombre opositor, pero se le mostró misericordia y fue perdonado (1 Tim. 1:13-16). Pero por lo que vemos envuelto en el asunto, la cuestión de la motivación tal y como hemos dicho, era fundamental en ambas conductas. Mientras que la de Pablo era motivada por el celo hacia sus creencias, ya que él era judío y por tanto, sujeto a la ley dada por Jehová mediante Moisés, no parece ser así en el caso de los gobernantes judíos de la época. Veamos unas palabras de Pablo, hechas en su defensa y en ocasión de un tumulto originado por su presencia en el Templo en Jerusalén:

Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad a los pies de Gamaliel, instruido conforme al rigor de la Ley de nuestros antepasados, siendo celoso por Dios así como todos ustedes lo son este día. 4 Y perseguí de muerte este Camino, atando y entregando a las prisiones tanto a varones como a mujeres.” (Hech. 22:3-4).

Sin embargo, ¿qué había detrás de la actitud de los fariseos? Veamos:

Por consiguiente, los sacerdotes principales y los fariseos reunieron el Sanedrín y empezaron a decir: “¿Qué hemos de hacer, porque este hombre ejecuta muchas señales? 48 Si lo dejamos así, todos pondrán fe en él y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro lugar así como nuestra nación.” (Juan 11:47-48).

Por lo que vemos que a esas personas solo les importaba el no perder sus privilegios sobre una nación que ya consideraban suya y no como lo que realmente era, un pueblo propiedad de Jehová.

Luego se percibe, que estos caudillos religiosos tenían el corazón podrido hasta lo más recóndito y Jesús lo sabía. Diferente de lo que sucedía en el caso de la gente común, tenían considerable conocimiento de la Palabra de Dios. Ahora habían acabado de ver una demostración evidente del Espíritu de Dios en acción; sin embargo, rechazaron completamente lo que se había efectuado por espíritu o poder de Jehová y con blasfemia atribuyeron los milagros de Jesús al poder de Satanás. ¿Fue serio el pecado de ellos? Evidentemente sí y Jesús, “conociendo sus pensamientos” (Mat. 12:25), se dio cuenta de que deliberadamente y con los ojos bien abiertos a los hechos (no podían alegar ignorancia), estaban pecando contra el conocimiento de la operación del Espíritu Santo. Por ello indicó que eran “culpables de pecado eterno” (Mar. 3:29-30). Debido al contexto de esas palabras y tomando en cuenta el hecho de que más tarde Jesús dijo que muchos líderes religiosos de aquel tiempo iban rumbo a la destrucción eterna en el Gehena, parece que habían cometido el pecado imperdonable (Mat. 23:15; 33). Y su pecado era imperdonable, no debido a que Jehová no sea un Dios dispuesto a perdonar hasta el extremo (Isa. 1:18), sino a que ellos estaban más allá del arrepentimiento y más allá de la posibilidad de ser recuperados. Su pecado los dejaba en infidelidad total y absoluta en cuanto a la adoración verdadera de Jehová y ni aun en el sistema de cosas venidero, una persona culpable de tal pecado, podría ser perdonada (Mat. 12:32).

Ahora bien, ¿podría uno pecar contra el Espíritu Santo hoy día y en consecuencia, estar más allá de ser perdonado? Bien, en principio eso parece ser posible ya que una persona podría llegar a estar corrompida tan desesperadamente en la mente y el corazón que llevara el pecado al punto de pecar contra el Espíritu. ¿Y podría saber uno si se ha cometido el pecado imperdonable? Pues por la relación de esta clase de pecado, con lo que leemos en Hebr. 10:26:

Si practicamos el pecado voluntariosamente después de haber recibido el conocimiento exacto de la verdad, no queda ya sacrificio alguno por los pecados.”

De modo que hay práctica por una parte y acción deliberada o voluntariosa por la otra, en cuanto a esta forma de pecado. La persona peca con insensibilidad, plenamente consciente del hecho de que se opone directamente a la operación del Espíritu de Dios y Sus leyes justas. Y detrás de ello, necesariamente, tiene que haber una motivación, como hemos visto en el caso de Pablo o de los fariseos. Y aunque Pablo se dirigía con esas palabras, a personas que como él, habían sido ungidas mediante el derramamiento del Espíritu Santo (hoy hay infinidad que afirman serlo, aunque lo dudamos seriamente), no es preciso que el individuo tenga esta condición para cometer ese pecado. Recuerde que aquellos fariseos de los que cita la Biblia, no eran cristianos ungidos y no obstante según Jesús, cometieron el pecado imperdonable.

Además, todos somos hijos del pecado y necesitamos el sacrificio de rescate de Cristo para obtener perdón. Más “no queda ya sacrificio alguno por los pecados” para aquel que sabe eso y “que ha pisoteado al Hijo de Dios y que ha estimado como de valor ordinario la sangre” que él derramó. Ése “ha ultrajado con desdén el espíritu de bondad inmerecida.” (Heb. 10:29). Jamás se arrepentirá ni buscará humildemente el perdón de Dios por su pecado y rechazamiento del rescate de Cristo, pues su actitud de corazón ya está más allá del arrepentimiento. Pero hay que recordar un punto importante: en el caso de Jesús, él sabía los pensamientos más recónditos y la condición de corazón de los judíos y por eso pudo estar seguro de que habían pecado contra el Espíritu Santo. Sin embargo, los humanos imperfectos no podemos leer los corazones como Jehová y Jesús pueden hacerlo, de modo que no podemos determinar cuándo alguien ha llevado el pecado al punto de haber pecado contra el Espíritu (Mat. 12:25; Heb. 4:13). Eso le queda a la Suprema Potestad de Dios determinarlo.

Aun el hecho de que una persona haya cometido puntualmente un pecado grave, no quiere decir necesariamente que haya cometido el pecado imperdonable, pues aún hay opción al   arrepentimiento. En la congregación corintia primitiva un cristiano ungido tuvo que ser expulsado debido a su inmoralidad y  evidente falta de arrepentimiento; no obstante, es evidente que aquel hombre más tarde fue restablecido en la congregación, lo cual muestra que él no había pecado contra el espíritu santo (1 Cor. 5:1-5; 2 Cor. 2:6-8).

Sin embargo, el simple hecho de que es posible pecar contra el Espíritu Santo debe hacer que estemos alerta y dado que tenemos claro que un factor fundamental que envuelve dicho grave pecado es la motivación, deberíamos extremar nuestra precaución. Retomemos el ejemplo de Pablo, en agudo contraste con los fariseos de su día: mientras que el primero recondujo la situación, no así los segundos según palabras del propio Jesús; luego la pregunta es: ¿podríamos nosotros caer en esa trampa? Eso es evidente que sí, del mismo modo que lo hicieron aquellos fariseos con todos sus conocimientos de las escrituras…… y una derivada: ¿de qué forma podríamos hacerlo? Pues exactamente del mismo modo que ellos: resistiendo al Espíritu de Jehová, por ejemplo, en cuanto a no aceptar una enseñanza bíblicamente correcta pero discordante con lo que nosotros creemos, solo por el mero hecho de mantener nuestro prurito o ego en buen lugar.

Y lo que vamos a exponer a continuación, les rogamos que lo tomen como una mera hipótesis de una circunstancia que bien pudiera ser..…. o no. Tomemos como punto de partida el error de los fariseos citados: resistirse a la enseñanza de Jesús y a pesar de pruebas irrefutables, para mantener diversos privilegios propios de su condición y en cualquier caso, algo que consideraban de mucho más valor. Luego había algo que podían perder de aceptar dichas enseñanzas, fuere lo que fuere, pero que era prioritario en sus vidas. Luego uno podría preguntarse ¿en qué situación quedaría una persona que habiendo recibido una corrección mediante la Biblia, acerca de una enseñanza errónea por su parte, tercamente la rechazara sencillamente porque no quiere dar su brazo a torcer, porque piense que ello mermaría su reputación o prestigio público? Porque no es tanto el negarse a aceptar dicha corrección, como el motivo por el cual uno se resiste. Y eso ocurre mucho en Internet, en donde los debates son públicos y notorios; pero pongamos un ejemplo práctico: cierta persona publica determinada idea de cierto pasaje bíblico y al poco, recibe una corrección de otro internauta, que basándose en textos bíblicos correctamente interpretados, enseñan lo contrario.

Lo razonable sería y tomando ejemplo de Pablo, honestamente aceptar que uno está equivocado o en su defecto, demostrar que dicha corrección no es apropiada. Pero no; ni se refuta, porque sencillamente no se puede ya que es adecuada dicha corrección, ni se acepta, antes al contrario, se continúan publicando escritos en el mismo sentido como si no hubiera pasado nada. Y que quizás así podría ser el que no pasara nada, de no mediar un pequeño detalle: cuando una objeción viene avalada por textos bíblicos bien interpretados y consecuentemente bien aplicados, el que está objetando ya no es el internauta o persona en cuestión, sino el propio Jehová mediante su Palabra la Biblia y que ha usado un conducto adecuado (dicho internauta) en el momento apropiado, lo cual digamos que es un suponer. Luego la pregunta es la siguiente: si eso es así y todo apunta a que así es, ¿cómo queda aquella persona que tercamente se resiste a aceptar dicha corrección, por una absurda idea de posible menoscabo de su orgullo, ego, autoestima o como quieran llamarle? O a veces incluso, sencillamente por no querer aceptarlo por venir de quién viene y que también se da el caso. ¿En qué condición queda esa persona ante Jehová (no ante el que le ha presentado dicha objeción) que “escudriña los corazones” y ante el cual nada permanece oculto? Veamos cómo nos lo muestra Jer. 17:10:

Yo, Jehová, estoy escudriñando el corazón, examinando los riñones, aun para dar a cada uno conforme a sus caminos, conforme al fruto de sus tratos.”

Repetimos la pregunta: ¿Cómo quedará ante Jehová, que todo lo ve, aquella persona que tercamente rehúsa aceptar su corrección, prescindiendo del medio a través del cual la reciba? Porque nosotros no podemos ver su corazón, pero dicha persona sí sabe porque actúa de tal manera y sabe si su motivación es correcta o no…… y ahí dejamos la cuestión, para que cada uno medite y saque sus propias conclusiones acerca de si puede presentar ante Jehová un corazón limpio y honesto y, por supuesto, receptivo a su corrección. Porque en definitiva, para eso se nos dieron las Escrituras, para corregirnos y ayudarnos:

Y tus propios oídos oirán una palabra detrás de ti que diga: “Este es el camino. Anden en él”, en caso de que ustedes se fueran a la derecha o en caso de que se fueran a la izquierda.” (Isa. 30:21).

Y es entendible que siendo criaturas imperfectas, inconscientemente pecamos a diario; y si uno como consecuencia de un desliz, está herido en el corazón y verdaderamente arrepentido a causa de sus pecados, entonces eso es evidencia de que no ha cometido el pecado imperdonable. Pero si eso no es así y se mantiene una actitud de franca obstinación, probablemente, si no se ha cometido dicho pecado, quizás no se ande ya muy lejos de ello…… y repetimos, es una mera hipótesis. Pero de todas formas ¡cuán importante es, entonces, mantener un espíritu humilde, reconociendo nuestros errores y procurando el perdón de Dios! (1 Juan 1:9; Miq. 7:18). Y conscientes como somos de qué destrucción eterna es lo que les tocará a los que son “culpables de pecado eterno”, el pecado contra el Espíritu Santo, debemos esforzarnos por evitar hacer del pecado un hábito o negarnos a someter a la evidente operación corregidora del Espíritu de Dios.

MABEL