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¿SE CONTRADICE LA BIBLIA?…… ¿QUÉ OPINA USTED?

Posted in Uncategorized with tags , , , , on 27/05/2016 by Armando López Golart

imagen cambiadaPorque resulta que no son pocos los “estudiosos” que afirman que en esta aparecen serias contradicciones y convicción que repercute en que una inmensa mayoría de personas tiendan, consecuentemente, a restarle credibilidad al texto sagrado; ahora bien ¿estaríamos hablando realmente de contradicciones en el relato escritural…… o más bien de un escaso conocimiento bíblico por parte del que tal afirmación hace, aunando a ello una total falta de capacidad para leer con un mínimo de corrección? Obviamente estaríamos en la segunda tesitura, porque la Biblia no se puede contradecir al ser la Palabra escrita de Dios y de la que se nos asegura lo siguiente:

Toda Escritura es inspirada de Dios y provechosa para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas, para disciplinar en justicia, 17 para que el hombre de Dios sea enteramente competente y esté completamente equipado para toda buena obra.” (2Tim. 3:16-17).

Entonces y si ello es así, resulta que no fueron cosas que el hombre se inventó lo que está contenido en el texto escritural, sino las cosas que le fueron “dictadas” a este por el propio Creador mediante la operación de Su espíritu santo o fuerza activa; pero veamos ahora el pasaje de 2 Ped. 1:21 y en donde se nos confirma tal aseveración:

Porque la profecía no fue traída en ningún tiempo por la voluntad del hombre, sino que hombres hablaron de parte de Dios al ser llevados por espíritu santo.”

Por lo tanto, dada que lo capacidad interpretativa del hombre no tuvo nada que ver en la redacción del texto bíblico, sino que todo dependió del espíritu santo del Todopoderoso, tal texto no puede en modo alguno contener contradicción posible…… luego toda afirmación en este sentido y como ya hemos señalado, solo puede suponer por parte del que la formula una manifiesta incapacidad para entender lo que lee de las Escrituras, aparte de un supino desconocimiento del contexto escritural; pero veamos algunas de esas aparentes contradicciones, considerando en primer lugar lo que se lee en Isa. 45:18:

Porque esto es lo que ha dicho Jehová, el Creador de los cielos, Él, el Dios verdadero, el Formador de la tierra y el Hacedor de ella; Él, Aquel que la estableció firmemente, que no la creó sencillamente para nada, que la formó aun para ser habitada: “Yo soy Jehová, y no hay ningún otro.”

Y de esas palabras de ninguna manera se puede inferir, que en un momento dado el planeta Tierra pueda ser destruido y como señalan tantos catastrofistas sueltos por ahí, bien sea por el impacto de un asteroide, bien sea por una concatenación de explosiones nucleares, bien sea por el ocaso de la estrella de la que dependemos para sostener la vida en este “terruño” de nuestras entretelas o, por cualquier otra circunstancia que a uno se le ocurra aventurar; y para sostener este planteamiento de una tierra no finita, por tanto perdurable en el tiempo, veamos este consejo divino dirigido al ser humano:

Apártate de lo que es malo y haz lo que es bueno y por lo tanto reside (o “vive en la tierra”) hasta tiempo indefinido (o “para siempre”). 28 Porque Jehová es amador de la justicia y no dejará a los que le son leales.

Hasta tiempo indefinido (o “para siempre) ciertamente serán guardados; pero en cuanto a la prole de los inicuos, ésta en verdad será cortada.

29 Los justos mismos poseerán la tierra y residirán para siempre sobre ella.” (Sal. 37:27-29). (Acotaciones nuestras).

Palabras que no se cumplirían si el planeta y en algún momento determinado en la corriente del tiempo, pudiera ser destruido…… luego lo que significan esas palabras es que nuestro hogar planetario permanecerá para siempre y lo que presupone, aunque ello les parezca una barbaridad a algunos, que permanecerá habitable por toda una eternidad ya que eso es lo que se nos dice en el pasaje ya leído de Isa.45:18; de hecho, recordemos que la promesa de Dios a aquellos que le sean fieles, tiene que ver con el vivir eternamente:

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16).

Y si las perspectivas son las de vivir eternamente, es obvio que tenemos que tener también un hogar eterno donde poder hacerlo y que solo puede ser la tierra, según promesa divina:

En cuanto a los cielos, a Jehová pertenecen los cielos, pero la tierra (como morada del ser humano) se la ha dado a los hijos de los hombres.” (Sal. 115:16). (Acotación nuestra)

Bien, hasta aquí y visto lo visto, podríamos estar todos de acuerdo en que la tierra permanecerá para siempre…… el problema empieza para algunos “entendidos”, cuando leen las palabras que dijo Jesús en su momento:

En verdad les digo: Esta generación no pasará de ningún modo sin que todas las cosas sucedan. 33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras de ningún modo pasarán.” (Luc. 21:32-33).

A partir de ahí, ya tenemos la contradicción en marcha, pues esta afirmación tan diametralmente opuesta a lo que acabamos de exponer, la hizo una persona de una autoridad tan reputada como pudiera ser el Hijo de Dios…… y a la que se agarran como lapas muchos “entendidos” en las Escrituras, para mantener su planteamiento de una tierra destruida y como castigo divino a la humanidad, en un apocalipsis de ámbito planetario. Ahora bien: siendo cierto que las palabras que el Hijo de Dios pronunció fueran esas, lo que ya no está tan claro es que su significado fuera precisamente el que se les está dando, porque Jesús no pudo decir semejante barbaridad y que invalidaba de un plumazo todo lo dicho anteriormente por los profetas…… y que recordemos, fueron inspirados por el propio espíritu santo del Altísimo; luego ¿cuál sería entonces una explicación razonable a esta aparente contradicción y que los citados “apocalípticos” no han tenido en cuenta?

Pues sencillamente diciendo que lo que estaba haciendo Jesús en esa frase, era usar una figura retórica llamada hipérbole y que no es más es una exageración tan obvia que deja grabada una imagen inolvidable en la mente del que la está escuchando…… por ejemplo, cuando unos padres le dicen a su hijo: “¡Te he dicho un millón de veces que no hagas eso!” y aunque solo se lo hayan dicho uno docena de veces, están usando una hipérbole. O sea, que cuando Jesús dijo “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras de ningún modo pasarán”, la idea que estaba intentando transmitir a sus oyentes con el uso de esa hipérbole tenía que ver con el hecho de que, tan imposible era que los cielos (como morada permanente de Dios) y la tierra (como permanente morada del ser humano) “pasaran” y según lo que ellos ya conocían sobre el particular por los escritos que tenían en ese momento y de los que hemos citado, así de imposible sería también que pasaran sus palabras, eso es, que no se cumplieran.

Por lo tanto, la persona que se apoya en dicho pasaje para plantear una destrucción apocalíptica final del planeta como castigo divino, primero, no tiene ni idea del contexto escritural y, segundo, no sabe leer con un mínimo de corrección y ambas cosas fundamentales, para meterse uno en el “berenjenal” de intentar hablar a otros acerca de las cosas de Dios; pero una vez puestos, veamos otra aparente contradicción y leyendo en esta ocasión del pasaje de Sof. 1:14-18, en donde se nos hace una clara referencia a la llamada “gran tribulación” venidera:

El gran día de Jehová está cerca. Está cerca y hay un apresurarse muchísimo de él. El sonido del día de Jehová es amargo. Allí un hombre poderoso da un grito. 15 Ese día es día de furor, día de angustia y de zozobra, día de tempestad y de desolación, día de oscuridad y de tenebrosidad, día de nubes y de densas tinieblas, 16 día de cuerno y de señal de alarma, contra las ciudades fortificadas y contra las elevadas torres de las esquinas. 17 Y ciertamente causaré angustia a la humanidad y ciertamente andarán como ciegos, porque han pecado contra Jehová. Y su sangre realmente será derramada como polvo y sus entrañas como el estiércol. 18 Ni su plata ni su oro podrá librarlos en el día del furor de Jehová; sino que por el fuego de su celo toda la tierra será devorada, porque él hará un exterminio, realmente uno terrible, de todos los habitantes de la tierra.”

Bien…… eso es lo que se lee en la profecía de Sofonías y que, prescindiendo que tuvo un primer cumplimiento en el año 587 a.C. en la tierra de Judá, resulta que al igual como sucede en todas las grandes profecías apunta a un cumplimiento mayor en los últimos días del sistema de cosas y que son, precisamente, en los que nos encontramos inmersos nosotros; ahora bien, esa afirmación de que “todos los habitantes de la tierra” serán destruidos, eso es, que no habrá supervivientes de esa futura “gran tribulación” o “apocalipsis”, resulta que no pega “ni con cola” con lo que acerca del mismo período de tiempo se nos afirma en Rev. 7:9-14:

Después de estas cosas vi y, ¡miren!, una gran muchedumbre que ningún hombre podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos de largas ropas blancas; y había ramas de palmera en sus manos. 10 Y siguen clamando con voz fuerte, y dicen: “La salvación se la debemos a nuestro Dios, que está sentado en el trono y al Cordero” (……)

13 Y, en respuesta, uno de los ancianos me dijo: “Estos que están vestidos de la larga ropa blanca, ¿quiénes son y de dónde vinieron?”. 14 De modo que le dije inmediatamente: “Señor mío, tú eres el que sabe”. Y me dijo: “Estos son los que salen de la gran tribulación (eso es, que sobreviven a esta) y han lavado sus ropas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”.” (Acotación nuestra).

Luego lo que tenemos, es que mientras Sofonías nos dice que la destrucción de los hombres en el “apocalipsis” final será total, lo que a Juan le fue mostrado en la Revelación es que una “gran muchedumbre” (versículo 9) sobreviviría a dicho “apocalipsis” o “gran tribulación”…… luego ¿cómo se puede resolver esta flagrante “contradicción”? Pues sencillamente atendiendo al contexto escritural e intentando averiguar primero, a quiénes se refiere Sofonías (en última instancia Jehová Dios) con la expresión “todos los habitantes de la tierra” y para lo cual, tenemos que reconsiderar cómo se van a distribuir esos siete últimos años del mundo tal como hoy lo conocemos (equivalentes a la profética “70 semana” de Dan. 9:25-27) y que será de la siguiente manera: tres años y medio primeros (o 1.260 días, según Rev. 11:3) en los que se llevará a cabo la predicación mundial anunciada por Jesús en Mat. 24:14 (luego nada que ver con la llevada a cabo por los Testigos de Jehová u otros grupos y que nos vienen dando la “matraca” por décadas), seguidos por los restantes tres años y medio en donde se llevará acabo lo que se denomina la “gran tribulación” (o “apocalipsis”) y en donde se castigará a aquellos que hayan rehusado aceptar las condiciones del reino de Dios; pero veamos cómo se nos explica eso en 2 Tes. 1:6-9:

Esto toma en cuenta que es justo por parte de Dios pagar con tribulación a los que les causan tribulación, 7 pero, a ustedes que sufren la tribulación, con alivio juntamente con nosotros al tiempo de la revelación del Señor Jesús desde el cielo con sus poderosos ángeles 8 en fuego llameante, al traer él venganza sobre los que no conocen (porque han rehusado hacerlo) a Dios y sobre los que no obedecen (más bien al contrario, se oponen a ello) las buenas nuevas acerca de nuestro Señor Jesús (eso es, las que se predicarán durante esos primeros tres años y medio). 9 Estos mismos sufrirán el castigo judicial de destrucción eterna de delante del Señor y de la gloria de su fuerza.” (Acotaciones nuestras).

Eso ocurrirá, insistimos, en la segunda mitad de esa profética “semana 70” y periodo de tiempo que abarca la “gran tribulación” y coloquialmente denominada por muchos, la “apocalipsis final”; lo que está en juego entonces y a tenor de lo leído, es sencillamente si uno desea cambiar de forma de vida, eso es, el tomar partido por el nuevo mundo a instaurarse (el reino de Dios) o, por el contrario, permanecer sujeto a este injusto sistema en el que se encuentra cómodo, pues las cosas le van bien…… luego es a este tipo de personas que pretenden perpetuar el mundo tal cual lo conocemos, aquellas a las que se hace referencia en Sof. 1:18 como “todos los hombres de la tierra”. Porque aquellos que esperamos heredar ese reino de Dios con la condición de súbditos, pues confiamos en Sus promesas, tenemos muy en cuenta las palabras que dijo en su momento Jesús:

Si ustedes fueran parte del mundo, el mundo le tendría afecto a lo que es suyo. Ahora bien, porque ustedes no son parte del mundo, sino que yo los he escogido del mundo, a causa de esto el mundo los odia.” (Juan 15:19).

Ello implica el que, si bien físicamente estamos en este mundo como también era en el caso de los apóstoles y resto de seguidores de Jesús del I siglo, no participamos de sus asuntos (eso es lo que significa el no ser “parte del mundo”) porque no nos sentimos allegados a él; a modo de ilustración, imaginemos a la persona que siendo española se va a vivir a EE.UU. por un tiempo, pero que al no ser ciudadano de ese país no participa de sus elecciones ni de nada que tenga que ver con la gobernabilidad de ese país (bien sea en la política, sindicatos, patronatos, organizaciones de cualquier índole, etc.) pues es un “extranjero”…… pero circunstancia que no le exime del cumplimento de las leyes de dicho país. De hecho, el escritor de la carta “A los Hebreos” (se supone que fue el apóstol Pablo) y hablando de distinguidos personajes del AT, dijo lo siguiente sobre ellos y reflejando el especial sentir de aquellas personas de las que hablaba, acerca del particular posicionamiento que estas asumían con relación al mundo en el que vivían:

En fe murieron todos estos, aunque no consiguieron el cumplimiento de las promesas (eso es, de una nueva tierra sin pecado o reino de Dios), pero las vieron desde lejos y las acogieron y declararon públicamente que eran extraños y residentes temporales en la tierra.” (Hebr. 11:13).(Acotación nuestra).

Con lo que se nos quiere decir que no se sentían identificados con la tierra que pisaban, al igual que los seguidores de Cristo no nos identificamos con el sistema de cosas actual y por ello anhelamos la nueva tierra por venir y de la que ya nos consideramos ciudadanos; es por eso que Jehová Dios no nos incluye en ese “todos los habitantes de la tierra” mencionados en Sof. 1:18 y que serán destruidos durante “el día de la ira de Jehová” o “gran tribulación”, pues en esplíritu ya somos pobladores de esa nueva tierra…… siendo esta la explicación de la aparente contradicción existente entre Sof. 1:18 y Rev. 7:14 y que queda claro que no es tal, cuando uno conoce el contexto de las Escrituras. Y si quieren complementar esta información, les sugerimos la lectura de un corto artículo que hemos encontrado de un tal Oscar Morales, caballero al que no tenemos el placer de conocer (pero que escribe muy bien), titulado “Errores y contradicciones en la Biblia” de fecha 31/10/14; dicho lo cual, continuemos con lo que íbamos.

Porque los desatinos resulta que no acaban con lo que les acabamos de contar, sino que se extienden mucho más allá al haber algunos “entendidos” del texto sagrado y que se identifican como “ungidos” o Hijos de Dios, que afirman que no todo lo dicho en la Biblia puede ser considerado como “Palabra de Dios” y contraviniendo flagrantemente con ello, lo afirmado por Pablo en 2 Tim. 3:16-17 y de lo que algo ya hemos comentado:

Toda Escritura es inspirada de Dios y provechosa para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas, para disciplinar en justicia, 17 para que el hombre de Dios sea enteramente competente y esté completamente equipado para toda buena obra.”

Eso es, que todo lo contenido en las Escrituras y sin excepción, ha sido inspirado por Dios; pero veamos el abracadabrante razonamiento que hacen esos supuestos “ungidos” para sustentar semejante disparate:

Sin duda alguna en la Biblia podemos encontrar la palabra de Dios, y su mensaje salvador para la humanidad. Sin embargo, la Biblia entera no es la palabra de Dios, puesto que hay palabras que provienen del diablo mismo, y de reyes y autoridades civiles y religiosas impíos.”

Decir de entrada que quién ha escrito eso o, en su caso, quiénes compartan dicha línea de razonamiento, no tienen ni la más remota idea de lo que se traen entre manos, porque veamos: siendo cierto la afirmado, en el sentido de que en la Biblia hay expresiones atribuidas a Satanás o en su defecto, a personajes que ningún afecto sentían por Jehová Dios como el Faraón de Egipto, o los mismos líderes religiosos de Su pueblo Israel que incluso asesinaron a Su propio Hijo, la pregunta a formular sería la siguiente: ¿qué ver tendrá, la gimnasia con la magnesia o, lo que es lo mismo, qué tiene que ver una cosa con la otra? Porque lo que hemos leído en el pasaje de 2 Tim. 3:16-17 es que “toda” la Escritura es “inspirada” por Dios y lo que significa, que si bien es cierto que en la Biblia hay expresiones que no pueden ser atribuidas al Altísimo, no es menos cierto que las tales fueron colocadas en ella por expreso deseo de Este y con un claro objetivo en mira, como se nos es explicado en ese mismo pasaje de 2 Tim. 3:16-1…… por ejemplo, el enseñarnos la diferencia entre una actitud correcta, en el caso de Jesús y una de incorrecta, en el caso de Satanás y por aquello de tomar de los dos ejemplos más extremos.

Por otra parte, razonemos lo siguiente: ¿cómo podríamos entender la decadente situación del ser humano sobre la tierra y que se reduce a nacer, crecer, envejecer y finalmente morir y todo ello sufriendo penalidades, a menos que se nos hubiera contado con “pelos y señales” el origen de esta situación y que encontramos ya al mismo principio de las Escrituras? (Gén, 3:1-24). Partamos de la base que ese libro de Génesis fue escrito por un personaje que vivió más de 2.500 años después del suceso que originó esa hecatombe en la humanidad; luego prescindiendo de que algo de información le hubiera podido haber llegado a Moisés por vía oral, eso es, a través de leyendas transmitidas de generación en generación, lo que está claro es que un relato tan minuciosamente detallado de los hechos que llevaron a la caída del primer hombre (conversaciones incluidas), solo se entiende por la intervención divina en el asunto……eso es y en armonía con 2 Tim. 3:16 ya leído, la directa acción del espíritu santo de Jehová Dios, “inspirando” o transmitiendo a Moisés la información que nuestro Creador creyó oportuna se pusiera por escrito y para general conocimiento del “personal”, acerca de lo sucedido.

¿O cómo se podría explicar y para enfatizar la idea temática de hoy, que partiendo de solo ocho personas que hablaban una misma lengua (Noé y su familia), hoy en día se calcule entre 3.000 y 5.000 las distintas lenguas existentes sobre la tierra, a menos que se nos contara el episodio de la “torre de Babel” y que no fue más que el castigo divino a un acto de brutal rebelión del ser humano en contra su Creador y que perdura hasta nuestros días? ¿O cómo podríamos entender la profecía y que tiene a Israel como eje vertebrador, si no se nos hubiera explicado con todo detalle la historia de este pueblo y en la que está incluida el enfrentamiento de Moisés con el Faraón de Egipto y en el que se nos señala la altanería del personaje, en su menosprecio al Dios Todopoderoso y causa fundamental del castigo de las “diez plagas”? Y así, en todos los casos que se nos explican en las Escrituras y que resultan ser veraces hasta el extremo; tan veraces y fiables, que no solo se nos cuenta en ellas las despectivas palabras o malas acciones de personas que no destacaron precisamente por su buena relación con Jehová Dios, sino también de negativos sucesos en los que incurrieron siervos fieles a Éste como fue, por ejemplo, en el caso de David con Bat-seba (2 Sam. 11:1-27), o como fue en el caso del apóstol Pedro que negó por tres veces al mismísimo Hijo de Dios (Mat. 26:69-75)…… ¡y anda que no tuvieron “miga” ambos casos!

En todo caso y siendo obvio que toda esa información contenida en las Escrituras, que nos ha permitido entender muchas cosas que de lo contrario desconoceríamos, nos ha sido transmitida por deseo expreso de nuestro Creador, es del todo increíble el que haya quienes tengan el atrevimiento de afirmar que “no todo” el contenido bíblico es la Palabra de Dios y con lo cual, lo que prácticamente nos vienen a decir esos personajes es que Satanás también participó en su redacción y colocando en ella aquello que a él le interesaba…… ¡y que ya hay que ser majadero para apuntar siquiera semejante posibilidad! Sin embargo, eso es lo que hacen aquellos que se llaman a sí mismos “ungidos” y que son peores que una “plaga malaya”; por lo que si se le acerca en la calle una de esas personas, o contacta usted con ella por Internet y ya empieza por presentarse como “ungida”, no se crea nada más de lo que le diga, pues de entrada ya le ha “colado” la primera mentira.

Porque resulta que con la muerte de los apóstoles de Jesús y de los más directos seguidores de estos (Juan 17:20), desaparecieron de sobre la tierra ese tipo de personas y por lo que no hay entre nosotros, a día de hoy, “ungidos” o Hijos de Dios enviados por el Altísimo…… porque de lo contrario, de haber hoy día esa clase de personas sobre la tierra, no se entendería lo que se nos dice en Rev. 11:3-6 y que está aún en un futuro:

Y haré que mis dos testigos (un “resto ungido” aún por aparecer, según Rev. 6:9-11 y enviado a la manera de los apóstoles) profeticen mil doscientos sesenta días vestidos de saco”. 4 Estos son simbolizados por los dos olivos y los dos candelabros y están de pie delante del Señor de la tierra (……).

6 Estos (los tales enviados) tienen la autoridad para cerrar el cielo de modo que no caiga lluvia durante los días de su profetizar y tienen autoridad sobre las aguas para tornarlas en sangre y para herir la tierra con toda clase de plaga cuantas veces deseen.” (Acotaciones nuestras).

¿Reconoce usted, amigo lector, en alguno de esos supuestos “ungidos” o pretendidos “enviados” de Dios actuales, tal autoridad o poder? Pues eso: si no la tienen (¡y no la tienen!), o es que ni son “ungidos” y por tanto, tampoco “enviados” del Altísimo, o es que Éste y algo totalmente impensable, nos ha “tomado el pelo” en la Revelación…… ¡usted mismo!

MABEL

¿QUÉ CREE USTED QUE ES MÁS FÁCIL: ENTENDER LAS ESCRITURAS…… O RESUCITAR UN MUERTO?

Posted in Uncategorized with tags , , , , , on 15/05/2016 by Armando López Golart

descargaY no piensen que se nos han “cruzado los cables” al hacer esta pregunta, pues lo único que pretendemos es resaltar el hecho de que al leer los Sagrados Escritos (vulgo La Biblia), hay un montón de cosas que normalmente nos pasan desapercibidas; y que si bien es cierto que no alteran la comprensión de lo fundamental del mensaje recibido, no es menos cierto que nos privan el disfrutar de aquello a lo que Pablo, en una profunda reflexión, calificó de la siguiente manera:

¡Oh la profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán inescrutables son sus juicios e ininvestigables sus caminos!” (Rom. 11:33).

Sin tener eso en mente, es cierto que la pregunta tal pudiera parecer como muy rebuscada y fuera de lugar, pues el común de la gente concordaría en que mientras lo primero es perfectamente accesible, ya que tal parece que las Escrituras las entiende hasta “el tonto del pueblo”, lo segundo (eso es, el resucitar a un muerto), no pasa de ser una simple quimera. Lo cierto, por otra parte, es que estamos ante algo que se nos cuenta en la Biblia y que se nos dice que pasó fundamentalmente en tiempos de Jesús…… pero no deja de ser menos cierto, en contraste, que de hecho no hay constancia de que en siglos posteriores se repitiera dicho fenómeno que, incluso para la ciencia más avanzada, representa un logro totalmente inalcanzable. Luego todo lleva a perpetuar la idea generalizada de que la Biblia no es más que un libro de mitos y que cuando uno muere, ahí se acaba todo y se nos haya contado, lo que se nos haya contado…… conclusión lógica: mientras que entender las Escrituras es accesible a cualquiera, resucitar a un muerto está fuera del alcance del ser humano.

De hecho, con lo que nos hemos encontrado a lo largo de la historia es con una gran cantidad de personajes que, creyéndose “tocados” por el dedo divino, por tanto elevados a la categoría de “ungidos” (el equivalente a ser considerado uno como un Hijos de Dios) y con toda la autoridad moral que supuestamente ello les concede ante el “personal”, han afirmado y continúan afirmando entenderla plenamente, creando alrededor de dicha idea el fenómeno que se ha dado en llamar “la religión verdadera” (Testigos de Jehová, entre otras muchas). Y que sin el concurso de la cual, faltaría más, el resto de mortales que no estamos “tocados” por el dedo de Dios no tendríamos acceso al conocimiento del propósito divino y por lo que estaríamos apartados del favor del Dios Altísimo…… luego o te arrimas al “pilón” y echas mano a la cartera (la contribución “voluntaria”, diezmo o como quieran llamarle y que en cualquier organización religiosa que se precie, no falta), o te pierdes “la fiesta”.

Tan es esto así, que dentro de la llamada “cristiandad” y heredera según se afirma, de las prístinas enseñanzas del Hijo de Dios, hay más de 30.000 denominaciones diferentes más o menos populosas, con doctrinas distintas, líderes distintos, ritos distintos, celebraciones distintas, etc. aunque, eso sí, con un común denominador en todas ellas y como les acabamos de señalar: todos sus líderes “se forran” y viven como “reyes” ya en este sistema de cosas, con el dinero de sus afiliados; y ello sin contar con aquellos que van por libre, eso es, que dicen no militar en denominación alguna y que solo publican sus particulares “enseñanzas” por Internet…… todo este “pandemónium”, montado a partir de un mismo punto neurálgico y que es la Biblia. Lo que vendría a poner en tela de juicio la afirmación de que esta es fácil de entender para una clase “privilegiada” (todas esas personas supuestamente “ungidas”), máxime cuando lo que se lee en las Escrituras es lo siguiente:

Ahora los exhorto, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que todos hablen de acuerdo y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén aptamente unidos en la misma mente y en la misma forma de pensar.” (1 Cor. 1:10).

Queda claro entonces que algo está fallando aquí; porque lo que muestra la realidad es que si reunimos en una sala a un católico, un adventista, un mormón, un pentecostal, un evangélico, un metodista, un anglicano o un ortodoxo (por citar algunas de las organizaciones de más raigambre dentro del cristianismo) y les damos una Biblia para que se pongan de acuerdo en algún punto, al final ocurre como con los dos gatos encerrados en una habitación para ver cuál de los dos es el que gana: abres la puerta pasado un tiempo y solo encuentras los dos rabos…… es decir, que ninguno de esos contertulios se pondría de acuerdo con los restantes y partiendo todos, insistimos, de un punto en común: la Biblia.

Llegados a esta situación y visto lo visto, resulta que la pregunta inicial ya no es tan estrambótica como parece a simple vista y que tiene, además, una respuesta que para muchos será sorprendente: es tan difícil (o tan fácil, según se mire), el entender las Escrituras, como el resucitar a un muerto…… porque algo a lo que pocos han prestado atención, es al hecho de que tanto para una cosa como para la otra, se precisa del poder del espíritu santo que proviene de Dios; veamos al respecto, lo relatado acerca del momento en que Jesús envió a sus doce apóstoles a predicar:

De manera que mandó llamar a sus doce discípulos y les dio autoridad (o un poder sobrehumano procedente de Dios y que ellos no tenían) sobre espíritus inmundos, para expulsarlos y para curar toda suerte de dolencia y toda suerte de mal (……).

5 A estos doce Jesús los envió, dándoles estas órdenes: “No se vayan por el camino de las naciones y no entren en ciudad samaritana; 6 sino, más bien, vayan continuamente a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Al ir, prediquen, diciendo: “El reino de los cielos se ha acercado”. 8 Curen enfermos, levanten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios. Recibieron gratis (dicho poder), den gratis”.” (Mat. 10:1-8). (Acotaciones nuestras).

Ha quedado meridianamente claro, entonces, que la capacidad de resucitar muertos estaba intrínsecamente relacionada con el poder que habían recibido de Jehová Dios esos enviados y que identificamos como el “espíritu santo” o fuerza activa que proviene de Este; pero veamos ahora cómo la historia se repite, en lo tocante a algo aparentemente menos complicado como pueda ser la comprensión de la Palabra de Dios y reflejado esto, en unas palabras que les dijo Jesús a sus apóstoles poco antes de su muerte y tomadas en este caso de la versión BLP:

Tendría que deciros muchas cosas más, pero no podríais entenderlas ahora (eso es, partiendo de la limitada capacidad de comprensión humana respecto de las cosas divinas). 13 Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará para que podáis entender la verdad completa. No hablará por su propia cuenta, sino que dirá únicamente lo que ha oído y os anunciará las cosas que han de suceder.” (Juan 16:12-13). (Acotación nuestra).

Todo parece indicar, leído lo leído, que esas personas tan próximas a Jesús y enseñadas por él (no pasemos por alto este detalle), en su estado natural y sin el concurso del espíritu santo de Dios, estaban totalmente inhabilitadas para poder entender a cabalidad los propósitos de Este; de hecho, lo que Jesús les había dicho instantes antes y reflejado en el versículo 7 de ese mismo capítulo 16 de Juan, confirma lo que les estamos diciendo en el sentido de que sin la operación del espíritu santo en uno, este uno no puede entender las Escrituras:

No obstante, les digo la verdad: Es para provecho de ustedes por lo que me voy. Porque si no me voy, el ayudante (el espíritu santo de Jehová Dios) de ninguna manera vendrá a ustedes; pero si sigo mi camino, lo enviaré a ustedes.” (Juan 16:7). (Acotación nuestra).

¿Y qué haría dicho “ayudante” en esas personas a las que sería enviado? Pues algo que Jesús ya les había aclarado momentos antes y registrado en Juan 14:26:

Más el ayudante, el espíritu santo, que el Padre enviará en mi nombre, ese les enseñará todas las cosas (las que ellos no podían entender sin dicha ayuda) y les hará recordar todas las cosas que les he dicho.” (Acotación nuestra).

Pero sin duda alguna, que esto es tal cual se lo explicamos, queda refrendado por unas palabras que Jesús en su momento dijo en una oración dirigida a su Padre Celestial y que nos explicaría el porqué de tanta confusión actual, en lo referente al entendimiento correcto del contenido bíblico y en donde nos encontramos de todo (menos coherencia), dentro de ese “maremágnum” de creencias que resulta ser “la cristiandad”…… pero veamos esas interesantes palabras:

En aquella misma hora se llenó de gran gozo en el espíritu santo y dijo: “Te alabo públicamente, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido cuidadosamente estas cosas de los sabios e intelectuales y las has revelado a los pequeñuelos (o “a los que son como niños”). Sí, oh Padre, porque el hacerlo así vino a ser la manera aprobada por ti”.” (Acotación nuestra).

Luego lo que se deduce de esas palabras, es que el entender correctamente las Escrituras o no, está totalmente supeditado a que Jehová Dios se lo permita a uno…… y si algo queda claro en nuestros días y visto lo visto, tal parece que se lo permite a unos pocos, muy pocos para ser más exactos; pero ¿por qué a unos pocos sí y a una inmensa mayoría no? Y es que no podemos sustraernos al hecho de que la Biblia fue escrita para ser leída por el hombre y con el propósito de traer consuelo y esperanza a este, lo que haría del entenderla la condición sine qua non para conseguir dicho objetivo; pero veamos qué se nos dice en la misma al respecto:

Porque todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.” (Rom. 15:4).

Algo imposible de conseguir, si resulta que la Biblia no se puede entender por una inmensa mayoría y lo que nos lleva a la cuestión de fondo: ¿por qué si Dios dio Su Palabra de forma escrita para conseguir esos fines, resulta que es Él mismo el que obstaculiza su entendimiento a muchos, según lo leído en Luc. 10:21? La respuesta a esta pregunta la tenemos en los versículos que siguen al que acabamos de leer en Rom. 15:4, eso es, el 5 y 6, en donde se nos explica lo que resulta ser la clave para que a uno se le permita entender las Escrituras y con ello sacar el debido provecho; pero leamos esos versos 5 y 6:

Ahora, que el Dios que suministra aguante y consuelo les conceda tener entre sí la misma actitud mental que tuvo Cristo Jesús, 6 para que, de común acuerdo, con una sola boca (eso es, dando todos el mismo mensaje) glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.” (Acotación nuestra).

Y dado que esas personas a las que hemos aludido (bien sean líderes de organizaciones religiosas o “teólogos” que vayan por libre), no cumplen con el requisito exigido en ese verso 6, eso es, el de hablar “con una sola boca” o, dicho de otra manera, todos hablando de acuerdo y enseñando lo mismo, ello solo puede significar que no tienen la misma actitud mental del Hijo de Dios y que se nos señala en el pasaje de Fil. 2:5-11:

Mantengan en ustedes esta actitud mental que también hubo en Cristo Jesús, 6 quien, aunque existía en la forma de Dios (eso es, tenía condición divina al no ser engendrado por un hombre, sino por el propio Dios), no dio consideración a una usurpación, a saber, que debiera ser igual a Dios. 7 No: antes bien, se despojó a sí mismo y tomó la forma de un esclavo y llegó a estar en la semejanza de los hombres. 8 Más que eso, al hallarse a manera de hombre, se humilló y se hizo obediente hasta la muerte, sí, muerte en un madero de tormento. 9 Por esta misma razón, también, Dios lo ensalzó a un puesto superior y bondadosamente le dio el nombre que está por encima de todo otro nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, de los que están sobre la tierra y de los que están debajo del suelo; 11 y reconozca abiertamente toda lengua que Jesucristo es Señor para la gloria de Dios el Padre.” (Acotación nuestra).

Ahora bien ¿de qué manera, esas personas a las que nos referimos no manifiestan la “actitud mental” que caracterizó a Jesús? Veamos para entender esa cuestión, lo que dice de sí mismo uno de esos incapacitados personajes, en este caso el “teólogo” Apologista Mario Olcese y cuyas palabras reflejan exactamente la misma línea de razonamiento de todos esos “mandangas” que a sí mismos se reconocen como “ungidos” o Hijos de Dios:

Yo soy un UNGIDO del Señor, y nadie debe o puede tocarme a mí, o a usted, si en verdad es un cristiano, sin tener luego que pagar un precio muy caro. Yo me considero un UNGIDO del Señor, y si usted no se considera así, entonces usted no ha entendido lo que significa ser un cristiano o un ungido.” (Negritas nuestras).

Noten que el argumento “de peso” es sencillamente que él se cree ser un “ungido”…… y si uno duda de ello, es porque no ha entendido de qué va la “película”; veamos ahora esto otro:

Ahora bien, “Ungidos con el Espíritu Santo” resalta otras bendiciones colaterales que Dios nos añade cuando nos entrega el Espíritu Santo, PERO LO MÁS IMPORTANTE ES QUE NOS GUÍA A LA VERDAD (Ver Juan 16:13). NADIE PUEDE SER GUIADO A LA VERDAD SIN EL ESPÍRITU OBRANDO EN ÉL.” (Negritas nuestras).

Con lo que subliminalmente nos está diciendo que tiene un plus de autoridad en conocimiento escritural que el resto de la gente no tiene; o esto otro:

Al contrario, soy un hombre muy feliz y dichoso, ya que por fin tengo la libertad que no gozan ellos para escribir y tener mi sitio web donde puedo exponer mis creencias personales y mis “descubrimientos” bíblicos según me lo revela el Espíritu de Dios. Sólo el Espíritu de Dios nos guía a la verdad.” (Negritas nuestras).

Bien, con estas u otras palabras parecidas (todos están cortados con el mismo “patrón”), lo que estos señores supuestamente “ungidos” nos vienen a decir es que son Hijos de Dios y parten de la “autoridad” que dicha condición les concede para enseñar a otros, pues se reconocen directamente guiados por el espíritu de Dios y con lo que nos encontramos, volviendo a lo de la correcta actitud mental desplegada por Jesús, con lo siguiente: Jesús era Hijo de Dios y se rebajó a la condición de hombre, mientras que esos personajes son hombres y se ensalzan a la condición de Hijos de Dios; por otra parte, mientras Jesús esperó que fuera su Padre Celestial el que lo “ensalzara” a una posición de privilegio, esos personajes se ensalzan a sí mismos y diciéndole por tanto a Jehová Dios de forma altanera, lo que Este tiene que hacer con respecto a ellos…… eso es, “reconocerlos” como hijos suyos, dado que ellos ya se han autoproclamado como tales. Es por esta presuntuosa y altanera actitud, que en armonía con lo dicho en las Escrituras el Altísimo no les permite entender su palabra escrita:

Porque Jehová es alto y, no obstante, al humilde lo ve; pero al altanero lo conoce solo de distancia.” (Sal. 138:6).

Eso es, que no tiene la más mínima relación con los altaneros o presuntuosos; pero claro, en este pasaje se nos habla también de los “humildes” y que según el pasaje leído de Luc. 10:21, es a los que el Dios Altísimo “revela” el sentido de su palabra y algo que ya ocurrió en su momento…… véanlo:

Y él (Jesús) procedió a decirles: “A ustedes (a los fieles y sinceros seguidores de este) se les ha dado el secreto sagrado del reino de Dios, más a los de afuera (a los que despreciaban las enseñanzas del Hijo de Dios) todas las cosas ocurren en ilustraciones, 12 para que, aunque estén mirando, miren y sin embargo no vean y, aunque estén oyendo, oigan y sin embargo no capten el sentido de ello, ni nunca se vuelvan y se les dé perdón”.” (Mar. 4:11-12). (Acotaciones nuestras).

Partiendo de aquí, la pregunta obligada es ¿y quiénes son, esos a los que se les permite captar el sentido correcto de las Escritura? Pues por ejemplo, sin ir más lejos, a todos los lectores de este blog y que están totalmente de acuerdo con lo que en el mismo se publica…… y a partir de ahí es cuando a usted que nos está leyendo por primera vez, se le ponen los pelos como “escarpias” y razona aquello tan manido de ¡“Ya están aquí los “enteradillos” de turno, afirmando que solo ellos entienden las Escrituras…… todos son iguales”! Pero “quieto parao” querido amigo, pues nosotros no hemos dicho esto; porque los autores de este blog (Manuel Bel Bordes y Armando López Golart) y a diferencia de los personajes señalados, jamás hemos dicho que seamos “ungidos”, sino que hemos afirmado por activa y por pasiva es exactamente todo lo contrario, eso es, que nosotros no somos “ungidos” o cosa que se le parezca y por lo que no tenemos más relevancia que usted que nos está leyendo. Solo somos y como consta en alguno de nuestros escritos, personas sencillas, sin estudios superiores de ninguna clase (uno un excelente carpintero –mi compañero y maestro “Manolo”– y aquí el “menda” –Armando y responsable de todo lo que se publica– un simple camionero en toda su vida), que por años nos ha apasionado el estudio de las Escrituras (muchos de ellos como miembros activos de la secta Testigos de Jehová) y que como nos sorprendía la falta de concordancia entre lo que leíamos en estas, con lo que otros nos “enseñaban” que estas decían, un día nos plantamos, les mandamos a hacer puñetas a todos y nos decidimos a denunciar dicha situación…… y esa es toda la historia.

Por otra parte, nunca hemos presentado nuestros planteamientos como “enseñanzas” y contrario a lo que hacen los personajes de los que hemos hablado, sean lideres representantes de alguna denominación religiosa dentro de la “cristiandad” o vayan por libre, como es el caso del que les hemos citado, Apologista Mario Olcese y que no deja de ser uno más entre tanto “zumbao” que se cree Hijo de Dios…… es más: cuando usted entra en nuestro blog y lee en nuestra entradilla de presentación los motivos que nos inspiraron a publicar en Internet, verá nuestra clara afirmación en el sentido de que nunca ha sido nuestra pretensión “el enseñar ni crear doctrina”, sino sencillamente el contrastar lo dicho por algunos “entendidos” en la materia, con aquello que dicen las Escrituras y cuestión que siempre nos había “chirriado”, pues había y hay en algunos casos un desfase brutal. Súmele a ello, querido y suspicaz lector, el hecho de que en muchos de nuestros escritos hemos señalado que la responsabilidad de decidir con qué quedarse de nuestras opiniones publicadas, está en la persona que nos lee, pues nosotros “ni quitamos ni ponemos rey” sino que solo constatamos una situación de flagrante contradicción entre lo que uno lee de algunos autores bíblicos u organización religiosa, con lo que de ello se nos dice en la Biblia…… a partir de ahí, lo que haga cada uno de nuestros lectores con dicha información, ya es asunto suyo.

Por ejemplo, querido lector y que aún continúa con la “mosca detrás de la oreja”, eso es, no demasiado “convencidillo” de que estemos nosotros entre aquellos pocos a los que se les permite entender las Escrituras, ahí tiene lo que acaba de leer en este artículo: primero vea si alguien le ha hablado jamás de ello y luego contraste por sí mismo si lo dicho se ajusta o no, a lo que usted lee en el texto escritural; por nuestra parte continuamos afirmando que, a menos que intervenga el espíritu santo de Dios, la misma dificultad entraña el entender correctamente la Biblia, que el resucitar un muerto: es imposible hacerlo. Recuerde que los apóstoles hicieron las dos cosas y, ambas, con la imprescindible ayuda del espíritu santo de Jehová Dios; y como dicho lo dicho, todo parece indicar que nosotros tenemos la razón en lo que estamos proponiendo, ello significaría y para aclarar las dudas que aún le puedan quedar, que a nosotros y a diferencia de la inmensa mayoría sí parece que se nos permite el entender correctamente las Escrituras…… ¿o no? ¿Qué opina usted?

MABEL

UNA CUESTIÓN INTERESANTE.

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , on 04/04/2015 by Armando López Golart

imagesAunque como en algunas ocasiones hemos comentado, no atendemos correos de forma personalizada, pues nuestra edad ya no nos permite tanto “trajín” (bastante tenemos con publicar y no siempre con la cadencia que sería deseable), ello no quita el que agradezcamos la gentileza de aquellos que tiene a bien el mandarnos los suyos, ya que los tales nos ayudan a plantearnos cuestiones que de no ser así, quizás ni se nos pasarían por la cabeza; ejemplo de ello lo tenemos, en un correo que hemos recibido de uno de nuestros asiduos lectores y que se identifica con el seudónimo de “Centinela”, en el que nos propone la siguiente cuestión:

Hola, siempre disfruto sus contenidos, tengo una pregunta ¿hubo algun hecho astrofisico en el pentecostes del 33? algun eclipse solar o alguna luna de “sangre” digo esto por el texto que uso Pedro de Joel.(Hechos 2:16-20) . . . Por el contrario, esto es lo que se dijo por medio del profeta Joel: 17 ‘“Y en los últimos días —dice Dios— derramaré algo de mi espíritu sobre toda clase de carne, y sus hijos y sus hijas profetizarán, y sus jóvenes verán visiones y sus viejos soñarán sueños; 18 y aun sobre mis esclavos y sobre mis esclavas derramaré algo de mi espíritu en aquellos días, y profetizarán. 19 Y daré portentos presagiosos en el cielo arriba y señales en la tierra abajo, sangre y fuego y neblina de humo; 20 el sol será convertido en oscuridad y la luna en sangre antes que llegue el grande e ilustre día de YHWH.”

Este es el contenido de dicho correo, que como tenemos por costumbre y por aquello de mantener la objetividad más escrupulosa, transcribimos tal cual nos llegó; recalcado este punto, metámonos “en harina” y veamos lo que se puede resumir del mismo. En dicho correo se nos formula una pregunta y que tiene su razón de ser, en la aplicación por parte del apóstol Pedro del pasaje de Joel 2:28-32…… de ahí que se pregunte nuestro amigo si, en cumplimiento de dicha profecía, en el siglo I de nuestra era ocurrieron fenómenos en los cielos físicos como los que se nos mencionan en el libro de Joel; y para averiguar tal cosa, nada mejor que acudir a lo que se nos relata por parte de aquellos contemporáneos de Jesús que vivieron, desde su aparición como el Mesías prometido, hasta los dramáticos sucesos que estuvieron envueltos en el proceso que llevó a la muerte de este, como son los autores de los distintos evangelios. Veamos, por tanto, qué nos dicen dichos personajes, en este caso Mateo, Marcos y Lucas, acerca de lo que ocurrió en ese momento y que sintetizando el contenido de dichos evangelios, se podría resumir diciendo que lo más cercano a un fenómeno astrofísico y por responder a lo que nos pregunta nuestro amigo “Centinela”, fue una oscuridad que sobrevino por espacio de tres horas previa a la muerte de Jesús y un terremoto en el mismo momento de expirar este, así como que la cortina del templo se rasgó en dos partes y eventos que el evangelista Mateo nos relata de la siguiente manera:

Desde la hora sexta (las doce del mediodía) en adelante cayó sobre toda la tierra una oscuridad, hasta la hora nona (las tres de la tarde). 46 Cerca de la hora nona Jesús clamó con voz fuerte y dijo: “É·li, É·li, ¿lá·ma sa·baj·thá·ni?”, esto es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. 47 Al oír esto, algunos de los que estaban parados allí empezaron a decir: “A Elías llama este”. 48 E inmediatamente uno de ellos corrió y, tomando una esponja, la empapó en vino agrio y poniéndola en una caña, se puso a darle de beber. 49 Pero los demás dijeron: “¡Déjalo! Veamos si Elías viene a salvarlo”. Otro hombre tomó una lanza y le traspasó el costado, y salió sangre y agua. 50 De nuevo clamó Jesús con voz fuerte y cedió su espíritu (o murió).

51 Y, ¡mire!, la cortina del santuario se rasgó en dos, de arriba abajo y la tierra tembló y las masas rocosas se hendieron. 52 Y las tumbas conmemorativas se abrieron y muchos cuerpos de los santos que se habían dormido fueron levantados 53 (y algunas personas, saliendo de entre las tumbas conmemorativas después que él fue levantado, entraron en la ciudad santa) y se hicieron visibles a mucha gente. 54 Pero el oficial del ejército y los que con él vigilaban a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que sucedían, tuvieron muchísimo miedo y dijeron: “Ciertamente este era Hijo de Dios”.” (Mat. 27:45-54). (Acotaciones nuestras).

Quedándonos entonces con lo relatado, lo más parecido a un fenómeno astrofísico lo tenemos en la oscuridad que por espacio de tres horas dominó sobre Jerusalén y que a nuestro entender, no tenía las trazas de ser un eclipse de Sol (no se entiende dicho fenómeno en fase de Luna llena y que es como se encuentra nuestro satélite en el tiempo de la Pascua Judía), como no fue natural el rasgamiento del cortinaje del templo, o en su caso el terremoto tan “oportuno” en el mismo momento de morir Jesús y de otras cosas que ocurrieron aunque no se nos especifiquen, pero que sí quedan denunciadas por la actitud del oficial romano que “al ver el terremoto y las cosas que sucedían” entró en temor. Luego pasaron otras cosas aparte de la repentina oscuridad, así como el terremoto y en el bien entendido que dicho oficial aún no se había enterado en ese momento, de lo ocurrido con los cortinajes del templo…… sin embargo, él señala a “otras cosas” pero que no nos son reseñadas por los evangelistas (entre estas “otras cosas” y según las crónicas seglares de la época, podría estar una inusual y fuerte tormenta de arena que incluso tornó el color blanquecino de la Luna en rojizo, claro está, desde el punto de vista del espectador); por lo que todo parece indicar una directa intervención sobrenatural en el asunto por parte de Jehová y algo que bien se podría deducir de lo que leemos en la profecía de Amos:

Y en aquel día tiene que ocurrir —es la expresión del Señor Soberano Jehová— que ciertamente haré que el sol se ponga en pleno mediodía (y que es exactamente lo que ocurrió); y ciertamente causaré oscuridad para la tierra en un día brillante.” (Amos 9:9). (Acotación nuestra).

Por lo tanto y volviendo a la cuestión planteada por nuestro amigo “Centinela”, nada parece indicar en el relato sagrado (los escritos seglares tampoco parecen hacer referencia a ello) que hubiera habido fenómenos astrofísicos dignos de mención, que se pudieran relacionar con un cumplimiento de la profecía de Joel en toda su extensión durante el tiempo del ministerio de Jesús y que señalara a lo ocurrido en el Pentecostés de 33 E.C; luego…… ¿por qué cito Pedro de la profecía de Joel? Porque no podemos perder de vista el hecho de que los elementos contenidos en la profecía de Joel, tenían que ver con sucesos que “señalarían” o enfocarían la atención del “personal” a un tiempo determinado posterior a los ocurridos en el primer siglo…… pero leamos dicha profecía:

Y después de eso tiene que ocurrir que derramaré mi espíritu sobre toda clase de carne y sus hijos y sus hijas ciertamente profetizarán. En cuanto a sus viejos, sueños soñarán. En cuanto a sus jóvenes, visiones verán. 29 Y aun sobre los siervos y sobre las siervas derramaré en aquellos días mi espíritu.

30 Y ciertamente daré portentos presagiosos en los cielos y en la tierra, sangre y fuego y columnas de humo. 31 El sol mismo será convertido en oscuridad y la luna en sangre, antes de la venida del día de Jehová, grande e inspirador de temor. 32 Y tiene que ocurrir que todo el que invoque el nombre de Jehová escapará salvo…….”

Y dado que lo que sí sabemos, es que esos días en los que Pedro hizo referencia a la profecía de Joel (¡nada menos que 50 días después de la muerte de Jesús!), nada tenían que ver con “la venida del día de Jehová, grande inspirador de temor” y que hace referencia a la futura “gran tribulación” de Rev. 7:14, lo que queda claro es que esos versos 30-32 aún quedaban en el futuro y que queda constatado por lo que se nos dice en el sentido de que esos fenómenos astrofísicos suceden “antes” de la venida del definitivo día de juicio divino y que aún no ha llegado, por lo que no pudieron ocurrir en tiempos de Jesús…… fenómenos y que como señales claras de que algo “gordo” está por ocurrir, ya sí los estamos observando en nuestros días y de los que hemos hablado en nuestro artículo del 20/02/15, entre otros. Pero para responder a la pregunta formulada en el sentido de por qué Pedro hizo referencia a la profecía de Joel, tenemos que retrotraernos en el tiempo hasta ese momento del Pentecostés de 33 E. C. y ya después de haber recibido el bautismo en espíritu santo los apóstoles (Hech. 1:4-5), para ver lo que estaba ocurriendo y que pudo provocar la alusión del apóstol a la profecía de Joel:

Y lenguas como de fuego se les hicieron visibles y fueron distribuidas en derredor y una se asentó sobre cada uno de ellos; 4 y todos se llenaron de espíritu santo y comenzaron a hablar en lenguas diferentes, así como el espíritu les concedía expresarse.

5 Sucedía que moraban en Jerusalén judíos, varones reverentes, de toda nación de las que hay bajo el cielo. 6 De modo que, cuando este sonido ocurrió, la multitud se juntó y se azoraron, porque cada uno los oía hablar en su propio lenguaje. 7 En verdad, estaban pasmados y empezaron a admirarse y a decir: “Pues miren, todos estos que están hablando son galileos, ¿verdad? 8 Y sin embargo, ¿cómo es que oímos, cada uno de nosotros, nuestro propio lenguaje en que nacimos? 9 Partos y medos y elamitas y los habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, de Ponto y del distrito de Asia 10 y de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las partes de Libia, que está hacia Cirene y residentes temporales procedentes de Roma, tanto judíos como prosélitos, 11 cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestras lenguas acerca de las cosas magníficas de Dios”. 12 Sí, todos estaban pasmados y perplejos y se decían unos a otros: “¿Qué querrá decir esto?”. 13 Sin embargo, otros se mofaban de ellos y decían: “Están llenos de vino dulce (eso es, borrachos)”. (Hech. 2:3-13). (Acotación nuestra).

Ante ese panorama, bien se podría contemplar la posibilidad de que la intención de Pedro, al hacer referencia a la profecía de Joel en ese momento, no tuviera más intención que la de mostrar la intervención divina en dicho espectacular suceso (luego nada que ver con un estado de embriaguez, como se les atribuyó) y lo que podríamos entender como un primer cumplimiento de la primera parte de dicha profecía, aunque de alcance “reducido” (pues pocas fueron las personas beneficiadas con dicho derramamiento de espíritu santo y contrario a lo que se afirma en Joel) y que comprende lo dicho en los versículos 28-29, aunque Pedro la mencionara al completo, eso es, añadiendo de forma gratuita lo relativo a las señales astrofísicas de los versos 30-32 y que no se cumplieron en ese tiempo…… al menos, hasta dónde nosotros sabemos ¡claro!

Sin embargo, lo que sí tenemos en las Escrituras son unas palabras de Jesús que bien pudieran probar que, efectivamente, durante su ministerio no ocurrió nada de lo afirmado en Joel 2:30-31, eso es, un sol convertido en oscuridad o la luna en sangre como señales para identificar un momento determinado en la corriente del tiempo y que encontramos en Mat. 16:1-4, en dónde se lee como sigue:

Aquí se le acercaron los fariseos y saduceos y, para tentarlo, le pidieron que les mostrara alguna señal del cielo. 2 En respuesta, él les dijo: “Al anochecer ustedes acostumbran decir: “Habrá buen tiempo, porque el cielo está rojo encendido”; 3 y a la mañana: “Hoy habrá tiempo invernal y lluvioso, porque el cielo está rojo encendido, pero de aspecto sombrío”. Saben interpretar la apariencia del cielo, pero las señales de los tiempos no las pueden interpretar. 4 Una generación inicua y adúltera sigue buscando una señal, pero no se le dará señal alguna sino la señal de Jonás”. Con eso se fue, dejándolos atrás.”

Es cierto que lo que realmente se le pedía a Jesús es que hiciera algún “milagro” que le identificara como enviado de Dios, cuando la realidad es que las “señales de los tiempos” a las que se refería Jesús, precisamente tenían que ver con su propia presencia y las obras poderosas que llevaba a cabo, más que suficientes para identificarlo como el Mesías enviado por Jehová Dios; sin embargo, lo sustancial del asunto es que el Hijo de Dios afirmó que a aquella “generación adultera” no le sería dada otra señal que identificara los tiempos en los que se encontraban…… contrario a lo que ocurre en el caso actual, en donde Joel profetizó señales en el Sol, la Luna y las estrellas “antes de la venida del día de Jehová, grande e inspirador de temor” y que nos anunciarían dónde estamos situados en la corriente del tiempo aquellos que esperamos en Dios. En todo caso, fue el propio Jesús el que mencionó que cuando “viéramos” dichas señales (las actuales), teníamos que entender que nuestra liberación estaba “cerca”…… luego hay que presuponer que lo que nos quería dar a entender el Hijo de Dios, era que teníamos que estar al tanto de “señales” que alertarían de sucesos a ocurrir en un futuro cercano a su realización.

Por lo tanto, parece quedar claro que la profecía de Joel 2:28-32 tuvo un parcial y limitado cumplimiento en los tiempos posteriores a Jesús (el derramamiento de espíritu santo ocurrió 50 días después de la muerte de este) de su primera parte, que implica a los versos 28-29 y ya para un futuro más lejano en el tiempo (en nuestros días), el cumplimiento total y pleno de dicha profecía, ya con un derramamiento de dicho espíritu de Dios descomunal y jamás visto en la tierra, pero necesario para el cumplimiento cabal de Mat. 24:14, eso es, de la gran y última predicación a nivel mundial:

Y estas buenas nuevas del reino se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

La razón de tan descomunal derramamiento de espíritu divino (y a diferencia del primer siglo, en el que solo unos pocos disfrutaron del privilegio de ser receptores del mismo), adquiere su razón de ser cuando analizamos los pormenores de dicha predicación anunciada por Jesús; uno de los cuales tiene que ver con el hecho de que estamos hablando de un proceso de predicación a escala mundial y que tiene que ser terminado en un plazo de 1.260 días o tres años y medio, por un pequeño resto de poderosos personajes enviados por Dios a la manera de los apóstoles y de los que se nos habla en Rev. 11:3-6:

Y haré que mis dos testigos (desconocemos si estamos ante un número real, pero en todo caso, estaríamos hablando de un número ínfimo de personas enviadas) profeticen mil doscientos sesenta días vestidos de saco”. 4 Estos son simbolizados por los dos olivos y los dos candelabros y están de pie delante del Señor de la tierra.

5 Y si alguien quiere hacerles daño, de la boca de ellos sale fuego y devora a sus enemigos; y si alguien quisiera hacerles daño, tiene que ser muerto de esta manera (lo que parece indicar capacidad de autodefensa, similar a lo relatado en 2 Rey. 1:9-14). 6 Estos tienen la autoridad para cerrar el cielo de modo que no caiga lluvia durante los días de su profetizar y tienen autoridad sobre las aguas para tornarlas en sangre y para herir la tierra con toda clase de plaga cuantas veces deseen.” (Acotaciones nuestras).

Por lo que si estamos hablando de un reducido grupo de personas enviadas ¿para qué tan gran derramamiento de espíritu santo, señalado en Joel 2:28-29? Pues porque se nos está sugiriendo en las Escrituras que toda aquélla persona que acepte o crea en el mensaje de esos enviados, tiene que tomar acción y a su vez, emprender la tarea de divulgación de dicho mensaje y en una clara actitud de colaboración con esos personajes enviados por Jehová Dios…… y así, sucesivamente y en una especie de reacción “dominó”, hasta abarcar la tierra entera en dicho corto espacio de tiempo; colaboradores que a su vez y sin distinción de sexo, raza o edad, también les será concedido dicho espíritu santo para capacitarlos en el desempeño de su papel en dicha obra de divulgación. De ahí, que en la profecía de Joel se afirme que dicho espíritu de poder será derramado sobre “toda clase de carne” y que permitirá a las personas implicadas, no solo el hablar en lenguas (aspecto fundamental si se quiere trasmitir un mensaje), sino también el poder sanar a personas o realizar cualquier obra poderosa lejos del alcance del común de los mortales, que sirva de “acreditación” como enviadas por Jesucristo (en última instancia por Jehová Dios), en el desempeño de su comisión…… y circunstancia de la razonable necesidad de dicha “acreditación”, que ya dejó clara el Hijo de Dios en unas palabras dirigidas a sus más inmediatos seguidores del I siglo, pero extensibles, lógicamente, a todos aquellos que le representarían en un futuro lejano:

Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen las buenas nuevas a toda la creación (en el caso que nos ocupa y según Rev. 14:6-7, del establecimiento definitivo del reino de Dios en la tierra). 16 El que crea y sea bautizado (en nuestro caso, que reciba dicho espíritu de poder en cumplimiento de la profecía de Joel) será salvo, más el que no crea será condenado. 17 Además, estas señales acompañarán a los que crean: Mediante el uso de mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas, 18 con las manos tomarán serpientes (probablemente signifique el tener poder sobre los animales dañinos) y si beben algo mortífero no les hará ningún daño. Pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán”.

19 Entonces el Señor Jesús, después de haberles hablado, fue tomado arriba al cielo y se sentó a la diestra de Dios. 20 Por consiguiente, ellos salieron y predicaron por todas partes, mientras el Señor obraba con ellos y apoyaba el mensaje por las señales que acompañaban a este (a modo acreditativo de su condición de enviados divinos).” (Mar. 16:15-20). (Acotaciones nuestras).

Que la mencionada actitud de colaboración con esos enviados de Jesús, será necesaria para poder acceder al reino de Dios en calidad de súbdito del mismo, queda palmariamente reflejada en lo que se conoce como “la parábola de las ovejas y las cabras” y expuesta en Mat. 25:31-4o, en donde la ayuda prestada a esos “hermanos míos más pequeños” (“más pequeños” en el sentido de que son los últimos en recibir la condición de Hijos de Dios) y que son esas poderosas personas por aparecer, tiene su consecuente recompensa y expresada en el versículo 34, cuando se les dice “hereden el reino preparado para ustedes, desde la fundación del mundo”; noten que dichas palabras no son dirigidas a los “hermanos más pequeños” de Jesucristo y que han de reinar con él, sino a aquellos que con la ayuda del espíritu santo les han prestado su colaboración y que como premio, se les concede el ser los primeros súbditos del reino de Dios y a los que se irán añadiendo aquellos que, de forma progresiva, serán resucitados posteriormente. Sin embargo y a partir del verso 41 hasta el 46, se nos explica lo que reciben aquellos que, no solo han denegado dicha ayuda en forma de colaboración, sino que con dicha actitud han obstaculizado la difusión de dicho mensaje (Mat. 12:30) y que no es otra cosa que la destrucción eterna; de hecho, Pablo añade a dicha circunstancia cuando en 2 Tes. 1:6-9 dice lo siguiente:

Esto toma en cuenta que es justo por parte de Dios pagar con tribulación a los que les causan tribulación, 7 pero a ustedes que sufren la tribulación, con alivio juntamente con nosotros al tiempo de la revelación del Señor Jesús desde el cielo con sus poderosos ángeles 8 en fuego llameante, al traer él venganza sobre los que no conocen (porque no han querido) a Dios y sobre los que no obedecen (en una muestra de flagrante desprecio a la misericordia divina) las buenas nuevas acerca de nuestro Señor Jesús. 9 Estos mismos sufrirán el castigo judicial de destrucción eterna de delante del Señor y de la gloria de su fuerza, 10 al tiempo en que él viene para ser glorificado con relación a sus santos y para ser considerado en aquel día con admiración con relación a todos los que han ejercido fe, porque el testimonio que dimos fue recibido con fe entre ustedes.” (Acotaciones nuestras).

Aclarados esos puntos (reconocemos que nos hemos salido un poco del tema inicial), volvemos a la pregunta planteada por nuestro amigo “Centinela” y cuya respuesta es que no se produjeron en el primer siglo los fenómenos astrofísicos anunciados en Joel 2:30-31 como señales anunciadoras de la inminente venida del Mesías (eso es lo que se “cocía” en esos tiempos, según Luc. 3:15), entre otras cosas, porque no hacía falta; y no hacía falta porque dicha llegada estaba claramente señalada en la corriente del tiempo, pues en la profecía de las “70 semanas” de Dan. 9:24-27, el momento de dicha aparición estaba perfectamente establecido:

Y debes saber y tener la perspicacia de que desde la salida de la palabra de restaurar y reedificar a Jerusalén hasta Mesías el Caudillo, habrá siete semanas, también sesenta y dos semanas…” (Dan. 9:25).

Aparición del Mesías anunciado que se produjo en el momento en que fue bautizado y reconocido por Jehová Dios como Su Hijo amado (Mat. 3:16-17) e inició su ministerio, momento en que concluyeron las 69 semanas de años decretadas (7+62=69), a partir de “la salida de la palabra de restaurar y reedificar Jerusalén”; y suceso, según los entendidos en la materia, que ocurrió a primeros del vigésimo año del reinado de Artajerjes en el año 455 a. E.C. y lo que nos lleva, restándole a esos 483 años de dicho período de semanas (69 semanas x 7 años cada una=483 años), los 455 que faltaban para entrar en la era actual, al año 28 del siglo I de nuestra era. Pero dado que en ese momento no existía el año cero, hay que sumar a esa cantidad de 28 años dicho año cero y lo que nos lleva al año 29 de la era actual…… año en el que aparece el Mesías (más o menos la cosa va por ahí) y con lo que se termina dicho período profético de 69 semanas de años; lo que significa, que el ministerio de Jesús así como los sucesos que siguieron a continuación, ocurrieron ya fuera de dicho cómputo de semanas y dentro ya, por tanto, de “los tiempos de las naciones” (Luc. 21:24) anunciados por Jesús, que no de la 70 semana de Dan. 9:27 y que aún quedaba en el futuro lejano:

Y después de las sesenta y dos semanas (luego ya fuera de dicho período de tiempo) Mesías será cortado, con nada para sí.” (Dan. 9:26 a). (Acotación nuestra).

Con lo que y retomando el hilo de lo que estábamos diciendo, no se precisaban más señales para aquellos tiempos, pues el evento más significativo en ese momento y que era la aparición del Hijo de Dios, estaba perfectamente delimitado en la corriente del tiempo en la profecía de Daniel…… lo que significa que la profecía de Joel (sobre todo en su segunda parte) tenía que ver con otra cosa más lejana en el tiempo; que ello es así, queda confirmado por el hecho de que fue el propio Jesús el que citó de dicha profecía de Joel, cuando respondía a la pregunta de sus discípulos en el sentido de que señales identificarían el momento de su futuro regreso a la tierra:

También, habrá señales en el sol y en la luna y en las estrellas; y sobre la tierra angustia de naciones, por no conocer la salida a causa del bramido del mar y de su agitación, 26 mientras que los hombres desmayan por el temor y la expectación de las cosas que vienen sobre la tierra habitada, porque los poderes de los cielos serán sacudidos. 27 Y entonces verán al Hijo del hombre viniendo en una nube con poder y gran gloria.” (Luc. 21:25-27).

Por lo que si fue el propio Jesús el que coloco el cumplimiento de esa parte de la profecía de Joel en un futuro (v. 30-31), es obvio que no pudo tener un cumplimiento en sus días; añade más peso a lo citado, el hecho de que dicho cumplimiento se nos propone en Rev. 6:12 como parte de las cosas que “tenían que suceder” (Rev. 1:1) en un futuro lejano en el tiempo, nada menos que con la apertura del sexto sello. Mención aparte merecería la circunstancia que esos eventos astrofísicos mencionados por Joel, tenían que coincidir en el tiempo, según Lucas, con una situación tan caótica en la tierra que los seres humanos “desmayarían por el temor y la expectación” de las cosas que se les venían encima y algo que coincide con lo que está ocurriendo desde hace muchas décadas y que queda reflejado en una de las expresiones más “familiares” en nuestro entorno cotidiano (al menos por estos lares patrios) y ante el futuro más inmediato, que es aquello de “¡no sé a dónde iremos a parar!”

No queremos pasar por alto, unas significativas palabras de Jesús y en clara alusión a estos tumultuosos tiempos por los que ha transitado la humanidad (prácticamente desde la I Guerra Mundial), en donde se nos da una pista de dónde nos hallamos situados en la corriente del tiempo; vean lo que leemos en Mat. 24:29-30:

Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días el sol será oscurecido, la luna no dará su luz y las estrellas caerán del cielo y los poderes de los cielos serán sacudidos. 30 Y entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces todas las tribus de la tierra se golpearán en lamento y verán al Hijo del hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria.”

Luego si no nos equivocamos en nuestra apreciación, Jesús colocó el cumplimiento de la profecía de Joel para después de un tiempo de gran conflictividad o “tribulación” para el ser humano; luego su ya hemos identificado dicho tiempo y si estamos viendo en nuestros días el cumplimiento de la segunda parte de dicha profecía (las señales astrofísicas), es que estamos ya al término de estos tiempos de “tribulación” y solo nos resta el cumplimiento de Joel 2:28-29, eso es, el derramamiento sin igual del espíritu santo de Dios sobre la tierra y que se cumple en el momento en que inicia la “70 semana” de Dan. 9:27 y última del mundo tal como lo conocemos (para más información al respecto, se pueden dirigir a nuestro artículo del 26/03/15).

Siendo por tanto lo que nosotros entendemos y ya para redondear la respuesta a nuestro amigo “Centinela”, que en el primer siglo solo se cumplió la primera parte de la profecía de Joel (v. 29-28) y ello de forma restringida, siendo ahora en nuestros días cuando estamos viviendo el cumplimiento de la segunda parte de la misma (v. 30-31) y que tendrá su culminación el 28 de Septiembre del año en curso, con la aparición de la cuarta y última de las “lunas de sangre” de la tétrada, coincidentes y al igual que el eclipse solar del pasado 20 de Marzo, con fiestas de significado relumbrón para el pueblo de Israel…… ya a partir de ahí…

MABEL

LOS “NACIDOS DE NUEVO”…… O EL “CUENTO DE LA LECHERA”.

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , , on 02/12/2013 by Armando López Golart

dibujo_cuento_de_la_lechera1Una de las peculiaridades de este blog y que así se mantendrá mientras un servidor (Armando López Golart y uno de los dos creadores del “invento”) lleve el timón del mismo, es que no nos solemos “arrugar” ante nadie y de ahí que nos hayamos enfrentado a reputados teólogos o autores de prestigio dentro del campo de lo religioso en Internet y de los que aún, en algunos casos, esperamos respuesta a nuestros requerimientos de aclaración sobre algunas cuestiones de diversa índole. Y es que como en este blog tenemos por bandera el deseo de aprender, no nos “asusta” el que alguien nos rectifique (más bien lo agradeceríamos), ya que ello contribuiría a que aprendiéramos algo más de lo poco que sabemos; de ahí el desparpajo que tenemos cuando nos postulamos sobre cualquier tema, pues sería una bendición el que alguien bien documentado nos señalara algún error que hayamos podido cometer, bien sea en la interpretación de un pasaje bíblico, bien sea en su aplicación, pues ello nos llevaría a aprender más de Dios y que en definitiva, es el objetivo que perseguimos. Claro, partiendo de esta posición, comprenderán ustedes y ya personalizando la cosa, que me haya visto sorprendido por el correo que he recibido de un tal “rubeto” y en el que, transcrito tal cual ha sido recibido y como tenemos por costumbre en este blog (solo he añadido “negritas” para subrayar las partes más “jugosas”), se puede leer como sigue:

-rubeto commented on RESPONDIENDO AL Sr. FÉLIX GUTTMANN-

me parecio interesante la fprma en que exponen su punto de vista pero para mi como cristiano nacido de nuevo lavado con la sangre del coredero y tratando de caminar en santidad, alimentando el espiritu mas que la carne lo menos que meresco es: o ser levantado para no ver destruccion o ser resucitado para vida eterna. Ud sr armando deberia ver su corazon por que lo que yo puedo discernir es una gran falta de humildad ya es suficiente la batalla contra nuestra carne como para ver la cantidad de orgullo y soberbia que ud se carga, eso habla de su falta de humildad los terminos que utiliza contra el sr guttmann solo me pueden llevar a un resultado. SOBERBIA Y ALTIVEZ DE ESPIRITU. no se diga de ignorancia.”

O sea, queridos amigos, que ahí tenemos a una persona que se ha creído el “cuento” que le han contado en la organización a la que probablemente pertenece (no creo que ande por libre), en el sentido de que cuando uno es bautizado en agua y en el nombre de Jesucristo, ya es inmediatamente reconocido como Hijo de Dios, por tanto hecho hermano de Cristo y consecuentemente heredero con este del reino de Dios, en calidad de inmortal rey y sacerdote…… o sea, que le han contado el “cuento de la lechera” y encima se lo ha creído. Y siendo el caso que tal parece ser, que dicho caballero entiende que ello le da un plus de autoridad y se cree con el derecho de ir prejuzgando la actitud de aquellos que no decimos lo que él entiende como correcto de cualquier tema (de hecho parece ser que me califica de ignorante), en este caso, del crédito que me merece a mí el Sr. Félix Guttmann y por lo que pasa a tachar mi actitud para con este, de soberbia y altiva en las respuestas que en su momento le di al caballero en cuestión.

De entrada, decirle a ese comunicante y que se presenta con el seudónimo de “rubeto”, que su opinión sobre el particular no le ha sido requerida y por lo que a lo máximo que podría llegar es a poner en cuestión y si hubiera motivo para ello, el contenido de las respuestas dadas en el tema al que hace referencia, en el sentido de lo acertado o desacertado de ellas y siempre con relación a lo que se me preguntaba……ir más allá de ese terreno, entrando a opinar sobre mi personal forma de ser o actuar, entiendo que es algo gratuito. Sin embargo y como ustedes pueden ver, aunque afirma reconocer como interesante la exposición que hago en el artículo de referencia, el tal “rubeto” me pone a “caldo” al atribuirme lo que él entiende como una actitud “soberbia y altiva” en mi respuesta al ínclito personaje de Félix Guttmann, cuando lo que yo hice (siempre según yo entiendo) fue responder en el mismo tono que me fueron efectuadas las preguntas y algo que todo el que lo desee puede comprobar, leyendo el artículo en cuestión y publicado el 05/03/10 bajo el título Respondiendo al Sr. Félix Guttmann.

Pero es que resulta y algo que por lo visto se le pasa por alto al amigo “rubeto”, que en este blog tenemos como objetivo el desenmascarar a tanto “fantasma” que anda suelto por ahí y que se las dan de “entendidos” en las Escrituras y con ello engañando al “personal”, pero que son capaces de afirmar cosas tan disparatadas (y como hace el Sr. Guttmann) acerca de las mismas, como que estas defienden la idea de que en el cielo existen familias que se reproducen al igual que aquí en la Tierra, o sea, mediante la unión sexual de un miembro del género masculino y otro del género femenino; o que la Torre de Babel era una rampa de lanzamiento de naves espaciales; o que al finalizar el reinado milenario de Cristo, este y en lugar de devolvérselo al que se lo había confiado, o sea Jehová Dios, se lo transfiere a su antepasado el rey David, para que (imagino) continúe reinando en su lugar; o afirmando que antes de la creación de Adán y Eva, la tierra ya estaba poblada por una ingente cantidad de personas…… ¡vamos: que ya teníamos “overbooking”!

Pues bien, si estos son los postulados que defiende el tal “rubeto”, a juzgar por la defensa tan encendida que hace del autor en cuestión, me permito el señalarle que de entrada y desde mi punto de vista, lo que tendría que hacer es identificarse y no esconderse detrás de un seudónimo cuando pasa a criticar actitudes personales y como es el caso que nos ocupa, lo cual le deja a uno en la indefensión más absoluta; pero dicho lo cual y ya metidos “en harina”, pues ya tanto me dan “ocho como ochenta”, veamos algunos errores en los que cae el amigo “rubeto” en el correo en cuestión. Porque en el mismo se identifica y transcribo literalmente de su correo, como “cristiano nacido de nuevo” y lo que significa y como acabo de señalar, que dicho caballero es de los que se cree “ungido” o Hijos de Dios, por tanto hermano de Jesucristo y en consecuencia, heredero con este del reino de Dios en calidad de inmortal rey y sacerdote…… en definitiva, que no tiene ni puñetera idea de lo que habla. Porque una cosa es el sentimiento personal e íntimo de sentirse uno poseedor de dicha condición de Hijo de Dios y que bajo determinadas circunstancias, se podría hasta entender, pero otra muy distinta el que no se haya hecho una comprobación exhaustiva de las Escrituras para comprobar si, efectivamente, ello pudiera ser posible; de hecho, una inmensa mayoría de llamados cristianos se creen “ungidos” o “nacidos de nuevo”, bien porque le hayan “comido el tarro” los dirigentes de la organización religiosa con la que se asocian, bien por su falta de equilibrio emocional, o por cualquier otra circunstancia que se le quiera añadir, pero que en definitiva todo se reduce a lo mismo: una total carencia de fundamentos bíblicos.

Porque claro, dicha afirmación de ser un “nacido de nuevo” y con todo lo que ello implica, como primera providencia nos llevaría a preguntarle al Sr. “rubeto”, quién y con qué autoridad le “bautizó” a él con el espíritu santo, pues solo ese bautismo es el que transmite dicha condición de “nacido de nuevo” (no siendo este el caso del bautismo en agua), dado que a día de hoy nadie ostenta dicha autoridad o poder para llevarlo a cabo…… es más, ni siquiera existe hoy alguien autorizado a bautizar en agua en “el nombre de Jesucristo”, pues ninguna de la denominaciones religiosas que actualmente practican dicho ritual y que son todas las de la llamada “cristiandad”, cuentan con el favor de Dios y algo que explicamos en este blog, en nuestro anterior escrito del 27/11/13, bajo el título ¡Sálganse de ella, pueblo mío!. Y es que lo que lo primero que habría de tomarse en consideración, es a qué se le llama el ser un “nacido de nuevo” y algo que Jesús dejó claramente establecido cuando, hablando con un tal Nicodemo, le dijo lo siguiente:

En respuesta, Jesús le dijo: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. 4 Nicodemo le dijo: “¿Cómo puede nacer el hombre cuando es viejo? No puede entrar en la matriz de su madre por segunda vez y nacer ¿verdad?”. 5 Jesús contestó: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”.” (Juan 3:3-5).

O sea, que de lo que estaba hablando Jesucristo en cuanto al “nacer de nuevo” y contrario a la expectativa de Nicodemo, tenía que ver con el participar de dos bautismos distintos; de tal manera, que si uno no ha participado de los dos bautismos, eso es, por una parte del bautismo de agua o “bautismo de Juan” y por otra, del bautismo en espíritu santo y que solo podía administrar Jesucristo, según nos reveló Juan “el bautizante” y como veremos a continuación, no se puede considerar uno como un “nacido de nuevo” o lo que es lo mismo, un Hijo de Dios y por tanto heredero del reino junto a Cristo. No obstante, me permito el atrevimiento de exponerle al amigo “rubeto”, en qué me fundamento para hacer semejante afirmación: partamos para ello de la base de que el bautismo en agua era una práctica totalmente desconocida por la nación de Israel, hasta el momento en que apareció en escena Juan “el bautizante” (de ahí el sobrenombre) y afirmó lo siguiente:

Ni siquiera yo lo conocía, pero El Mismo que me envió a bautizar en agua me dijo: “Sobre quienquiera que veas el espíritu descender y permanecer, este es el que bautiza en espíritu santo”. 34 Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.” (Juan 1:33-34).

Luego Juan se identifica como aquél que fue enviado por el Altísimo para efectuar una clase de bautismo (en agua), pero también nos dice que detrás de él viene otro, que administrará otra forma de bautismo (este ya, en espíritu santo). Entonces lo que tenemos ahí, es a dos distintos personajes “autorizados” directamente por Jehová Dios (detalle este importantísimo) para llevar a cabo dos bautismos totalmente diferentes entre sí, tanto en ritual como en contenido: pues mientras el primero (mediante inmersión en agua) no era más que la manifestación pública del arrepentimiento de los pecados de uno y arreglar con ello, su personal situación con Dios (Luc. 3:3), el segundo (mediante imposición de manos) hacía de uno un Hijo de Dios y recibiendo con ello los poderes que eran consustanciales con dicha condición; y algo constatado por lo que pudieron hacer todos aquellos que accedieron a la misma…… y con el añadido de que ambos eran impartidos por personas “autorizadas” expresamente por Jehová: Juan para el primero y Jesús para el segundo. Y lo que nos lleva a razonar, con referencia al primer bautismo, que no tendría sentido el que Jehová mandara a Juan expresamente a bautizar en agua, si dicha práctica bautismal ya se hubiera estado llevando a cabo en Israel de forma ritual; por lo que hay que suponer, que fue en Juan que inició dicho “primer” bautismo en agua y de ahí, que el tal fuera conocido como “el bautismo de Juan” (Luc. 7:29)…… no olvidemos y en contra de lo que muchos piensan, que Jesús y mientras estuvo en la tierra, impartía también el bautismo en agua o “bautismo de Juan”, pues según propia afirmación, no podía bautizar en “espíritu santo” sino hasta después de su muerte:

No obstante, les digo la verdad: Es para provecho de ustedes por lo que me voy. Porque si no me voy, el ayudante (el espíritu santo con el que poco después serían bautizados) de ninguna manera vendrá a ustedes; pero si sigo mi camino, lo enviaré a ustedes.” (Juan 16:7). (Acotación mía).

Por lo tanto, antes de la muerte de Jesús y desde Juan “el bautizante” (Mat. 11:12) en adelante, no existía otro bautismo que el de agua, pues recordemos y en línea con lo que estoy afirmando, que posteriormente y antes de su ascensión a los cielos, las instrucciones que dio a sus apóstoles, fueron las siguientes:

Y estando reunido con ellos, les dio las órdenes: “No se retiren de Jerusalén, sino sigan esperando lo que el Padre ha prometido, acerca de lo cual oyeron de mí; 5 porque Juan, en verdad, bautizó con agua, pero ustedes (luego a diferencia de otros) serán bautizados en espíritu santo no muchos días después de esto”.” (Hech. 1:4-5). (Acotación mía).

Por lo que hay que concluir que, obviamente, estamos hablando de dos bautismos totalmente diferentes y siendo el que acababa de anunciar Jesucristo, el “segundo” bautismo mencionado en Juan 3:5; y bautismo que inició su andadura en el Pentecostés de 33 E.C., cuando fue derramado sobre los apóstoles y que conllevó a que los tales fueran reconocidos como Hijos de Dios y con ello, recibiendo los poderes “acreditativos” inherentes a dicha condición…… y poderes que fueron los mismos que Jesús desplegó durante su estancia en la tierra: levantar muertos, expulsar demonios, sanar enfermos, restaurar inválidos, etc. etc. etc. Pero veamos como Jesús ya señaló de antemano, que dicho bautismo en espíritu santo lo que haría es convertir a sus apóstoles en Hijos de Dios y por tanto, en “hermanos” suyos y algo que no podía conseguir en modo alguno el “bautismo de Juan” o bautismo de agua:

Jesús le dijo: “Deja de colgarte de mí. Porque todavía no he ascendido al Padre. Pero ponte en camino a mis hermanos y diles: Asciendo a mi Padre y Padre de ustedes y a mi Dios y Dios de ustedes”.” (Juan 20:17).

Por lo que ya tenemos en escena a los primeros doce “nacidos de nuevo”, pues reunían el requisito exigido por Jesús, eso es, habían recibido el bautismo en agua de Juan en su momento y el bautismo en espíritu santo de Cristo y que este, en función de la autoridad que le había sido concedida (Mat. 28:18), derramó sobre ellos en el citado día de Pentecostés de 33 E.C. (más adelante hizo lo mismo con Pablo); ahora bien: ¿quiénes fueron los siguientes en reunir este “segundo” bautismo y que los convertía también en “nacidos de nuevo” o Hijos de Dios de pleno derecho y dotados por tanto, de los asombrosos poderes que dicha condición llevaba inherentes y a modo de “tarjeta de presentación”? Pues aquellos que lo recibieron directamente de manos de los apóstoles (y de Pablo, posteriormente) y que eran a los que Jesucristo y en función de la autoridad recibida (Mat. 28:18), había autorizado a impartirlo y acto que se escenificaba con el ritual de la imposición de manos…… y es que mientras que el bautismo en agua mediante en inmersión, no tenía más trascendencia que el ser la declaración pública del arrepentimiento de uno por sus pecados y acto que dependía de la voluntad del bautizado de someterse al mismo o no, el bautismo en espíritu santo dependía directamente de Dios y autoridad que Este delegó en Su Hijo Jesucristo como acabamos de señalar, de concederlo o no y con ello, el que uno adquiriera la condición de Hijo Suyo, eso es, “ungido” o “nacido de nuevo”; pero veamos cómo nos explica esto Pablo, según lo vierte la Traducción en Lenguaje Actual:

Pero eso no es todo. Aun cuando los dos hijos de Rebeca eran de nuestro antepasado Isaac, Dios eligió sólo a uno de ellos para formar su pueblo. 11 Antes de nacer, ninguno de los niños había hecho nada, ni bueno ni malo. Sin embargo, Dios le dijo a Rebeca que el mayor serviría al menor. 12 Con esto Dios demostró que él elige a quien él quiere, de acuerdo con su plan. Así que la elección de Dios no depende de lo que hagamos (o en su defecto, de lo que emocionalmente sintamos o creamos ser). 13 Como dice la Biblia: “Preferí a Jacob y no a Esaú”.” (Rom. 9:10-13). (Acotación mía).

Entonces queda entendido que el ser un “nacido de nuevo” no depende de nuestro personal punto de vista o convicción interna sobre el asunto, ni del esfuerzo que hagamos para conseguirlo, sino y como dice el pasaje consultado, de que Jehová le elija a uno (Gál. 4:6-7); y algo que al amigo “rubeto” se le pasa por alto y lo que no hace más que confirmar mi opinión, en el sentido de que dicho caballero no tiene muy claro por dónde le sopla el aire en la referido al contenido escritural, De ahí y que como tantos otros, caiga en el error de ajustar lo que este dice a su personal forma de entender las cosas (puesto que cree ser un “nacido de nuevo”, eso es lo que debe de decir el contenido escritural) y no que sea su punto de vista el que se ajuste a lo que realmente dice el registro escrito, en el sentido de si uno puede, o no puede, ser hoy un “nacido de nuevo” o Hijo de Dios…… y siendo lo que el texto escritural nos dice, que a día de hoy no puede existir dicha clase de personas. Porque lo que nos dicen las Escrituras, según el libro de Hechos de los Apóstoles y en donde se nos habla de cómo funcionaba la congregación cristiana del I siglo, es que solo los apóstoles tenían la “autoridad” para impartir el bautismo en espíritu santo, delegada directamente en ellos por el propio Jesucristo y bautismo que era el que otorgaba la condición de Hijo de Dios al que lo recibiera; sin embargo, aquellos que lo habían recibido de manos de los apóstoles y si bien adquirían la misma condición de Hijos de Dios y con poderes similares a aquellos, ya no podían bautizar a otros en espíritu santo, eso es, no podían transmitir a otros dicha condición de Hijos del Supremo…… un claro ejemplo de que ello es así, lo tenemos en el relato de Hech. 8:4-21:

No obstante, los que habían sido esparcidos iban por la tierra declarando las buenas nuevas de la palabra. 5 Felipe, uno de estos, bajó a la ciudad de Samaria y se puso a predicarles al Cristo. 6 Las muchedumbres prestaban atención de común acuerdo a las cosas que Felipe decía, mientras escuchaban y miraban las señales que él ejecutaba. 7 Porque había muchos que tenían espíritus inmundos y estos clamaban con voz fuerte y salían. Además, muchos paralíticos y cojos fueron curados. 8 De modo que llegó a haber mucho gozo en aquella ciudad.

9 Ahora bien, en la ciudad había cierto varón, Simón por nombre que, antes de esto, había estado practicando artes mágicas y asombrando a la nación de Samaria, mientras decía que él mismo era alguien grande. 10 Y todos ellos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención y decían: “Este hombre es el Poder de Dios, que puede llamarse Grande”. 11 De modo que le prestaban atención porque los había asombrado durante mucho tiempo con sus artes mágicas. 12 Pero cuando creyeron a Felipe, que estaba declarando las buenas nuevas del reino de Dios y del nombre de Jesucristo, procedieron a bautizarse, tanto varones como mujeres. 13 Simón mismo también se hizo creyente y, después de bautizarse, atendía constantemente a Felipe; y quedaba asombrado al contemplar las señales y grandes obras poderosas que se efectuaban (por mano de Felipe; eso es, el propio Simón estaba asombrado de lo que podía hacer el tal Felipe y que él, habiendo sido bautizado por este, no podía hacer).

14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había aceptado la palabra de Dios, les despacharon a Pedro y a Juan; 15 y estos (Pedro y Juan) bajaron y oraron para que recibieran espíritu santo. 16 Porque todavía no había caído sobre ninguno de ellos, sino que solo habían sido bautizados (obviamente en agua) en el nombre del Señor Jesús. 17 Entonces se pusieron a imponerles las manos (ritual para el bautismo en espíritu santo) y ellos empezaron a recibir espíritu santo.

18 Ahora bien, cuando Simón vio que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el espíritu (luego no por parte de Felipe, pues de lo contrario no se tendrían que haber desplazado Pedro y Juan a Samaria para impartir dicho bautismo en espíritu), les ofreció dinero, 19 diciendo: “Denme a mí también esta autoridad (luego es obvio que Felipe no la tenía, pues de no ser así, el tal Simón se la habría pedido a este, pues era con el que tenía más estrecha relación; de hecho, a Pedro y a Juan no los conocía de nada), para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba espíritu santo”. 20 Pero Pedro le dijo: “Perezca tu plata contigo, porque pensaste conseguir posesión de la dádiva gratuita de Dios mediante dinero. 21 No tienes tú ni parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto a vista de Dios”.” (Acotaciones mías).

Y puesto que un caso parecido ocurrió con Pablo (Hech. 19:1-7), es perfectamente entendible que solo aquellos que habían recibido directamente de Jesucristo dicho bautismo en espíritu santo podían impartírselo a otros, mientras que los que lo habían recibido de manos de los apóstoles, si bien adquirían y al igual que estos la condición de Hijos de Dios o “nacidos de nuevo” a una diferente esperanza de vida, así como los poderes que dicha condición llevaba inherentes, ya no podían transferírselo a otros…… porque esto es lo que nos dicen las Escrituras ¿o no es así, amigo “rubeto”? Por lo tanto, ello nos lleva a una conclusión lógica y de sentido común: con la muerte del último apóstol, se acabó la posibilidad de acceder al bautismo en espíritu santo y con ello, el que uno pudiera reunir el requisito dado por Jesús en su momento y que debían de atesorar aquellos que aspiraran a reinar con él, eso es, el de contar con los dos bautismos mencionados en Juan 3:5 y tema sobre el que hemos publicado bastante en este blog. Ello nos tiene que llevar a razonar, en consecuencia, que a día de hoy no puede existir nadie “nacido de nuevo”, o “ungido” o “Hijo de Dios” (términos sinónimos) y por tanto, co-participes con Cristo del gobierno del reino de Dios, en calidad de inmortales reyes y sacerdotes…… y lo que se diga en sentido contrario, por parte de quién sea, no es más y como hemos dicho, que una nueva versión del “cuento de la lechera”; porque recordemos las palabras de Jesús en el citado pasaje y que no admiten discusión alguna:

Jesús contestó: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca del agua (el bautismo de Juan) y del espíritu (el bautismo de Cristo), no puede entrar en el reino de Dios.” (Acotaciones mías).

Obviamente, está claro que no podían entrar formar parte del gobierno de dicho reino, en calidad de inmortales reyes y sacerdotes para el Dios Altísimo y el Cristo, aquellos que no hubieran participado de los dos bautismos (Rev. 20:6)…… por lo que repito la pregunta, al autor del correo que he recibido, el tal “rubeto”: ¿Quién y con qué autoridad, le bautizó a él en espíritu santo y que le diera la condición de “nacido de nuevo”? Es más, ¿quién y con qué autoridad, le bautizó en agua en “el nombre de Jesucristo” (Hech. 10:48), siendo como es el caso de que no existe actualmente en la tierra organización religiosa alguna que tenga el favor de Dios y por tanto, que pueda hacer uso del mismo? Es más ¿dónde están esos poderes que dicha condición de “nacido de nuevo” y según las Escrituras, lleva aparejados…… o se cree al amigo “rubeto” que con su palabra de ser lo que afirma ser, es suficiente?

Pero dicho lo cual y ya que viene a cuento, puesto que en dicho correo se me habla de soberbia y altanería (obviamente la mía, según apunta el amigo “rubeto”), me permitirá dicho caballero que le haga una pequeña observación: y la tal tiene que ver con la soberbia y altanería que él mismo manifiesta, cuando después de relatarnos los esfuerzos que hace para, supuestamente, mantener dicha fantasiosa e inexistente condición de “nacido de nuevo”, nos dice lo siguiente y a lo que me permito hacer algún resalte en “negrita”:

“……y tratando de caminar en santidad, alimentando el espíritu más que la carne, lo menos que merezco es: o ser levantado para no ver destrucción o ser resucitado para vida eterna.” (Corrección ortográfica mía).

¡Fíjense ustedes…… y yo “con esos pelos”, pues en mi “soberbia y altanería” pensaba que el que determina lo que nos meremos o no, es Jehová Dios y no uno mismo! Es más, apoyándome en dicha congénita “soberbia y altanería” y que según dicho caballero es lo que me caracteriza, siempre he pensado que no nos merecemos nada, sino que lo que tenemos, eso es, el poder beneficiarnos del sacrificio de Su Hijo Jesucristo, es por la infinita bondad y misericordia inmerecidas que el Dios Altísimo nos tuvo desde el principio:

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16).

Yo, sin ir más lejos y por aquello de enfatizar en asunto, en mi “soberbia y altanería” no creo merecerme nada por pasarme muchísimas horas al día ante el ordenador, bien sea analizando información, o contrastando textos bíblicos, o escribiendo los artículos o respondiendo a preguntas que se me formulan, sencillamente para que otros se puedan beneficiar de lo que buenamente voy aprendiendo acerca de Dios…… y jugándome además el “físico”, en el sentido de que en un momento determinado y como es el caso que ahora nos ocupa, salga alguien que intente ponerme la cara “colorada”; más bien lo que siempre he tenido presente y quizás de ahí, la “soberbia y altanería” de la que supuestamente soy poseedor, son la palabras que dijo Jesús en su momento a los apóstoles y que entiendo nos aplican a todos por igual, de nuevo tomadas de la Traducción en Lenguaje Actual:

De modo que, cuando ustedes hayan hecho todo lo que Dios les ordena, no esperen que él les dé las gracias. Más bien, piensen: “Nosotros somos sólo sirvientes; no hemos hecho más que cumplir con nuestra obligación.” (Luc. 17:10).

Sin embargo, hete aquí que nos sale ese caballero dándome lecciones de “humildad” y diciéndonos que “lo menos” que puede darle Dios a él, por su “personal esfuerzo y merecimiento”, es el reinar con Su Hijo Jesucristo en el reino venidero, ya que el hombre se considera a sí mismo como un “nacido de nuevo” o Hijo de Dios. Aunque tal parece, que Jehová no se ha enterado aún de que le ha “aumentado la familia”, pues no le ha hecho depositario de los grandes poderes que a modo de acreditación, según las Escrituras y si estas no nos mienten, son inherentes a dicha condición de Hijo de Dios o “nacido de nuevo”; pero en todo caso, amigo “rubeto”…… ¡lo que usted diga, oiga!

Armando López Golart

EL “PARÁ…”…… ¿QUEEEÉ?

Posted in Uncategorized with tags , , , , , on 22/09/2012 by Armando López Golart

¿A qué les suena a ustedes la expresión “paráclito”, aparte de “a chino”? Y ya les advertimos de entrada, que no estaríamos hablando de algún tipo de virus maligno, ni del último fichaje del Real Madrid ni nada parecido, sino de algo relacionado con un correo que hace unos pocos días recibíamos de una amable seguidora de nuestro blog y en el que nos formulaba una interesante pregunta, pues incidía en un tema muy útil (a la vez que de rabiosa actualidad) para las personas que quizás sin demasiada experiencia en esas lides, se dirigen por primera vez a la Biblia para aprender de su Creador y que se encuentran ante una barrera aparentemente infranqueable…… pero veamos la pregunta en cuestión (realmente son dos) y que es la segunda parte de la misma, la que ha dado pie a este artículo:

Armando, si el Espíritu Santo es la fuerza activa de Dios ¿qué papel juega con los de la “gran muchedumbre”? Porque también a ese Santo Espíritu se le denomina como el “consolador”, luego…… ¿es solo “consolador” de los ungidos?

Y es que uno de los problemas más complejos con los que se encuentran aquellos que se esfuerzan en aprender directamente de las Escrituras, está precisamente en las propias traducciones que de las mismas existen, dado que en la mayoría de ellas se usan unas expresiones, cuando no un tanto arcaicas, si por lo menos tendentes a la confusión por lo desusado de las mismas y que tal parece que están puestas adrede, para que uno no se entere de que va la cosa y acabe por desistir de su loable empeño. Eso cuando no se produce una estrafalaria traducción de algunos pasajes determinados y que contradicen flagrantemente el contexto escritural, con lo que ya se acaba de rematar la “faena” en cuanto a desorientar definitivamente al personal…… y no estaríamos hablando versiones de dudosa calidad, que también, sino de reputadas traducciones como pueda ser, por ejemplo, la versión RVR 1960 y usada como referente por la mayoría de autores bíblicos; sin embargo, veamos un error garrafal en la traducción del pasaje de Rev. 5:8-10, por ejemplo, e impensable en una versión de semejante prestigio:

Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; 9 y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; 10 y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes y reinaremos sobre la tierra.”

Luego según leemos en la citada versión, fueron los “cuatros seres vivientes” y los “24 ancianos” (prominentes personajes celestiales del entorno más inmediato del Altísimo), los que fueron redimidos, los que fueron hechos reyes y sacerdotes y los que reinarían sobre la tierra y que como animalada interpretativa (y ya nos disculparán ustedes el exceso), no está nada mal…… y los “expertos” que usan la citada versión a diario, tocando el violón y sin enterarse de qué va la película. Sin embargo, veamos ahora como vierten el resto de traducciones dicho pasaje y que nosotros transliteraremos de la versión TNM de los Testigos de Jehová y que para nosotros, es sin duda alguna la más clara en su lenguaje o forma de expresarse…… la interpretación personal que hagan luego de su contenido dichos señores, ya es otra historia:

Y cuando tomó el rollo, las cuatro criaturas vivientes y los veinticuatro ancianos cayeron delante del Cordero, cada uno teniendo un arpa y tazones de oro que estaban llenos de incienso y el incienso significa las oraciones de los santos. 9 Y cantan una canción nueva y dicen: “Eres digno de tomar el rollo y de abrir sus sellos, porque fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios personas (luego no fueron ellos los comprados o redimidos, sino otros) de toda tribu y lengua y pueblo y nación, 10 e hiciste que fueran (luego otros y no ellos, fueron “hechos”) un reino y sacerdotes para nuestro Dios y han de reinar (no ellos, sino otros) sobre la tierra”.” (Acotaciones nuestras).

Entonces es evidente que estamos ante algo totalmente contradictorio, pues se nos dicen dos cosas diametralmente opuestas; ahora bien…… ¿qué idea pretendemos transmitir con este ejemplo? Pues que la mayor parte del fracaso de muchas personas en su intento por leer las Escrituras…… y entenderlas, por supuesto, es imputable a los distintos traductores de las distintas versiones existentes en el mercado y por lo que el primer reto al que uno se enfrenta, tiene que ver sin duda alguna con el hacer una buena elección de la traducción bíblica que se propone adquirir. Y si para muestra basta un botón, valga decir que una de las razones por las que nuestros artículos son fácilmente entendibles para quienes nos leen, radica básicamente en el hecho que los textos que transcribimos (ingente cantidad de ellos) no presentan ninguna dificultad de comprensión para dichos lectores, pues son fácilmente entendibles incluso para personas poco avezadas en la lectura bíblica…… y siendo el caso que la versión que usamos como base o referente en nuestros escritos, eso es, de la que transcribimos directamente dichos textos, es la mencionada TNM de los TJ y que sorprendentemente, no suele tener demasiada buena prensa; sin embargo, aún es el momento en que alguien nos haya podido reprobar, que uno solo de los innumerables textos usados en nuestras publicaciones esté incorrectamente interpretado (como ocurre en el caso de la RVR 1960) y consecuentemente, por nosotros mal aplicado. Y dicho lo cual, volvamos al correo en cuestión y del que les señalamos que si bien responderemos (o al menos lo intentaremos) a ambas preguntas, es la orientación dada a la segunda de ellas y como ya hemos apuntado, la que da pie a este escrito; por ello, lo fraccionaremos en dos partes y siendo el caso que en la primera de esas dos preguntas, se nos dice lo siguiente:

Armando, si el Espíritu Santo es la fuerza activa de Dios ¿qué papel juega con los de la “gran muchedumbre”?

Pues bien, según nuestra personal opinión, en principio ninguno dado que como nuestra comunicante bien menciona, el Espíritu Santo no es más que la fuerza activa de Dios y que proyectada hacia cualquier parte del Universo, lleva a cabo cualquier propósito de Este. Y es que ese mismo espíritu es el que actuó sobre Sansón y le dio una descomunal fuerza (Jue. 14:6), pero también el que actuó sobre Saúl y lo movió a ejercer de profeta (1 Sam. 10:10); o el que actuando sobre Salomón, le dio una inmensa sabiduría (1 Rey. 3:10-14). Y ya en última instancia, el que llevó a los apóstoles de Jesús, así como a otros de sus seguidores del primer siglo, a realizar obras poderosísimas y lejos del alcance del ser humano normal…… desde el sanar enfermos, hasta el levantar muertos y pasando por el tener poder sobre los mismos demonios. Pero en todos esos ejemplos, así como en otros que no se han mencionado, vemos una constante y es que estaríamos hablando de personas que de una manera u otra, tenían una comisión divina encomendada y por lo que recibieron el poder necesario en cada caso (y a modo de “credencial” que identificaba al individuo como siervo de Jehová) para llevarla a cabo…… y que se sepa, la “gran muchedumbre” de Rev. 7:9 no tiene asignada, al menos de momento, ninguna comisión en especial y que requiriera de esa fuerza o poder; recordemos lo que un Jesús ya resucitado, les dijo a sus apóstoles:

Les dijo: “No les pertenece a ustedes adquirir el conocimiento de los tiempos o sazones que el Padre ha colocado en su propia jurisdicción; 8 pero recibirán poder cuando el espíritu santo llegue sobre ustedes; y serán testigos de mí tanto en Jerusalén como en toda Judea y en Samaria y hasta la parte más distante de la tierra.” (Hech.1:7-8).

Luego lo que en realidad ocurría es que el Espíritu Santo o fuerza activa de Jehová, actuaba a través de todas esas personas mencionadas, para llevar a cabo semejantes y respectivos logros mencionados (Hech. 19:11). Sin embargo, no es menos cierto que se especula con la posibilidad de que la profecía de Joel 2:28-29, tenga un mayor cumplimiento en un futuro del que tuvo en el primer siglo (Hech. 2:14-18) y se extienda también a los miembros de esa “gran muchedumbre”. Lo que significaría, que todos aquellos que acepten el mensaje de la predicación final de Mat. 24:14 (iniciada por el pequeño resto de “ungidos” por aparecer, según Rev. 6:9-11; 11:3-6) y que irán conformando el grueso de la “gran muchedumbre” que sobrevive a la “gran tribulación” de Rev. 7:9; 14, también vayan recibiendo y a medida que se vayan incorporando como colaboradores en la citada predicación, parte de esos poderes desplegados por los “dos testigos” (o resto por aparecer), como señal “acreditativa” de estar al servicio del Altísimo…… pero que en todo caso y aun siendo una perspectiva que parece bastante verosímil, la circunstancia que desde este blog no se ha profundizado sobre este tema, nos aconseja prudentemente el continuar considerándolo como una mera especulación.
Pero especulación que ofrece una derivada muy significativa y que tiene que ver con el hecho constatado que desde primer siglo en adelante, dejaron de producirse esas demostraciones de poder divino…… y eso hasta el día de hoy; circunstancia que pone en tela de juicio la presunta condición de “ungidos” o Hijos adoptivos de Dios que muchos se arrogan en la actualidad, pero que sorprendentemente no pueden desarrollar los poderes que dicha condición siempre ha llevado inherentes, según se desprende de las palabras de Jesucristo en Mar. 16:17-18; y palabras que salvo algunas excepciones, son aceptadas como parte de las Escrituras por la inmensa mayoría de los traductores bíblicos:

Además, estas señales acompañarán a los que crean: Mediante el uso de mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas 18 y con las manos tomarán serpientes; y si beben algo mortífero no les hará ningún daño. Pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán.”

Y es que aparte de que estas palabras pudieran haber sido pronunciadas por Jesús…… o no (algunos traductores, repetimos, las ponen en tela de juicio), está la fuerza de los hechos que a lo largo de la historia bíblica, muestran y sin lugar a duda alguna, que toda persona comisionada por el Altísimo para llevar a cabo una tarea de servicio divino, fue dotada del correspondiente poder para efectuarla y que a la vez y a modo de “credencial”, certificaba que ésta estaba comisionada directamente por Dios y según se muestra con toda claridad, en este caso en la versión TLA (Traducción en Lenguaje Actual):

Y los discípulos, por su parte, salieron a anunciar por todas partes las buenas noticias del reino. El Señor Jesús los acompañaba y los ayudaba por medio de señales milagrosas; y así Dios demostraba que los discípulos predicaban el mensaje verdadero (en definitiva, que Le estaban representando). Amén.” (Mar. 16:20). (Acotación nuestra).

Por lo que estaríamos, en el caso de esos supuestos “ungidos” de la actualidad, no ante verdaderos Hijos adoptivos de Dios, sino ante verdaderos farsantes y embaucadores…… de lo contrario, que nos muestren su “credencial” como comisionados por Dios, porque con su simple afirmación no nos basta. Pero vayamos ahora a la segunda parte del mencionado correo (razón de ser de este artículo) y en donde se nos plantea la siguiente cuestión:

Porque también a ese Santo Espíritu que se le denomina como el “consolador”, luego…… ¿es solo “consolador” de los ungidos?” (Negritas nuestras).

Y es que en llegando ahí y como diría D. Quijote a su fiel escudero “con la Iglesia hemos “topao”, amigo Sancho”; porque cuando uno oye (o lee) expresiones tales como “consolador”, o “abogado”, o “defensor”, o “intercesor”, o “alentador”, o “consejero”, o “abogado defensor”…… ¿qué es lo primero que le viene a la mente? ¿Qué idea le sugiere cada una de esas expresiones, o con qué tipo de actividad asocia las tales? Obviamente y desde el punto de vista actual, son significados que tienen connotaciones muy distintas entre sí y que nos comunican distintas acciones a llevar a cabo e implícitas en cada una de ellas y que no acaban de encajar muchas de estas con el verdadero sentido que exigen los diferentes pasaje bíblicos en las que están siendo utilizadas, llevando al principiante al despiste más absoluto…… y ya ni hablemos cuando se nos menta la susodicha palabra “paráclito”, momento en el cual uno ya se teme lo peor y poniéndose a la defensiva, empieza a barruntar eso tan castizo de “tú padre, por si acaso”. Pues bien, las mencionadas son distintas expresiones usadas por distintas versiones bíblicas, por ejemplo y básicamente, en los pasajes de Juan 14:16; 26; 15:26 y que obviamente llevan a la confusión (por si acaso hubiera poca), como parece ocurrir en el caso de nuestra amable comunicante y que si entendemos bien, lo que nos está preguntando es si solo serán consolados los “ungidos” y no el resto del personal…… cuando es el caso que Jesús en esos pasajes citados no quiso decir nada (ni siquiera lo dio a entender) que tuviera que ver con la consolación de personas y según entendemos dicho concepto en la actualidad, sino que dijo algo muy distinto: esto que van a leer, es lo que se ajusta correctamente a la idea que él pretendía transmitir a sus seguidores y a los que en breve tendría que abandonar, en esos textos señalados:

Juan 14:16: “…… y yo pediré al Padre y él les dará otro ayudante que esté con ustedes para siempre.”

Juan 14:26: “Mientras permanecía con ustedes les he hablado estas cosas. 26 Más el ayudante, el espíritu santo que el Padre enviará en mi nombre, ese les enseñará todas las cosas y les hará recordar todas las cosas que les he dicho.”

Juan 15:26: “Cuando llegue el ayudante que yo enviaré a ustedes del Padre, el espíritu de la verdad, que procede del Padre, ese dará testimonio acerca de mí.”

Luego ¿a qué queda mejor y sobre todo, más entendible de esta manera? Porque es cierto que el sentido primario de la expresión “parakletos” que aparece en los manuscritos más antiguos en griego y que se vierte al español como “paráclito”, permite el uso indistinto de las diversas expresiones antes señaladas…… pero claro, dentro de un cierto orden y que estaría condicionado por el contexto en que se encuentra la citada expresión “paráclito” y que también tiene la connotación de “ayudador”. Y es obvio por lo registrado en Juan 14:26, que el espíritu santo actuaría como “ayudante” (no como “intercesor” o en su defecto “consolador”, por poner un ejemplo) en sustitución de Jesucristo y colaborando en la comisión recibida por los apóstoles, por medio de enseñarles y hacerles recordar las cosas explicadas con anterioridad por este…… y por lo que el término “ayudante”, parece ser el más correcto para ser usado en ese contexto en particular. Pero dejando eso aparte y volviendo a la pregunta formulada en el correo que estamos atendiendo, resulta que de nuevo nos topamos con la misma cuestión con la que nos hemos encontrado en la primera pregunta a la que hemos dado respuesta: necesitaban este apoyo aquellas personas a las que se les había encomendado una tarea divina y a las que el Espíritu Santo acudía en socorro, para “ayudarles” a llevarla a cabo con éxito…… y siendo esas personas, aquellas que habían sido “ungidas” con el espíritu de adopción como Hijos de Dios.

Por lo tanto, la respuesta a nuestra amable comunicante, es que solo los “ungidos” reciben tal “ayuda”, que no “consuelo” y siempre teniendo muy presente la actual connotación que se le da a dicha palabra…… y todo este “cacao”, provocado por el incorrecto uso de determinado término en un lugar que no le corresponde. Y es que si nuestra comunicante hubiera tenido la oportunidad de leer en primera instancia, una traducción que usara palabras o definiciones actuales de uso cotidiano y sobre todo, ajustadas a su contexto, como por ejemplo es la TNM de los TJ y para nosotros, la más impecable en este aspecto…… y conste que no nos llevamos ninguna comisión (siempre los hay de mal pensados), seguramente no estaríamos ahora hablando de esto, pues ella habría entendido de inmediato lo que se le estaba explicando. Por ello, queridos amigos, la necesidad de buscar una traducción que use un lenguaje actualizado y que lejos de confundirnos, nos ayude a avanzar en nuestro objetivo de alcanzar un mayor conocimiento de la Palabra de Dios…… y en el bien entendido que lo que expresamos en este escrito, no deja de ser más que nuestra personal opinión sobre el tema tratado. Por lo tanto, ahora les toca a ustedes hacer su propia investigación sobre el particular y sacar las oportunas conclusiones; porque ya saben…… nosotros, también nos podemos equivocar.

MABEL

UNA MARAVILLA LLAMADA “HECHOS DE LOS APÓSTOLES”. (2)

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , on 24/11/2011 by Armando López Golart

(Segunda parte y última)

Dejamos la primera parte de esta consideración, en el reducido espacio de tiempo en que el llamado “cuerpo de Cristo” (aquellos que con Cristo han de gobernar en el reino de Dios) estaba aún solo formado por los doce apóstoles, a pesar de que numerosos creyentes se iban añadiendo a las filas de los seguidores de Jesús y en un intento de demostrar, que nada tenían que ver las palabras de Pedro en Hech. 2:38, en el sentido de que los distintos nuevos creyentes fueran añadidos al selecto grupo mencionado, mediante el bautismo en agua y a ser seguido por el “ungimiento” como Hijo de Dios, planteamiento que sostiene Apologista Mario Olcese junto a otros muchos. Y cerramos dicho artículo, mencionando la importancia que tiene en este asunto y para una correcta comprensión del mismo, el mandato que Jesús dio a sus apóstoles momentos antes de ser elevado al cielo, a la presencia de su Padre Celestial; veamos pues, dicho mandato:

Y Jesús se acercó y les habló, diciendo: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y sobre la tierra. 19 Vayan, por lo tanto y hagan discípulos de gente de todas las naciones, bautizándolos “en mi nombre.” (Mat. 28:18-19).

Y permítannos un inciso, para decirles que ya sabemos que esa fórmula bautismal no es la que se registra en las traducciones que tenemos actualmente a nuestro alcance de dicho pasaje y que nos hablan de un bautismo “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Pero a nuestro entender y de acuerdo con el registro escritural, de ninguna manera se ajusta a la que originalmente se usó, sino que tuvo que ser añadida posteriormente (luego es fraudulenta), pues los bautismos de los que se nos hacen referencia en el libro de “Hechos de los Apóstoles”, fueron todos realizados “en el nombre de Jesucristo” (Hech. 2:38; 8:16; 10:48). Y puesto que estaríamos hablando de un expreso mandato de este a sus apóstoles, no podemos pensar que solo unos pocos días después de ser recibido, ya fuera violentado por sus más inmediatos seguidores, sino que tenemos que entender que eso y no otra cosa, es lo que realmente mandó Jesucristo que se hiciera; y extremo del que tienen más extensa información, en nuestro artículo “El bautismo ¿en nombre de quién?…” (15/03/10).

Pero hecha esta aclaración, volvamos al tema que nos ocupa y analicemos el mandato dado por Jesucristo y dónde en función de la “autoridad” que le había sido conferida, envía a sus apóstoles a “bautizar”…… pero algo que ya habían estado haciendo, desde que empezaron a seguir a Jesús:

Ahora bien, cuando el Señor se dio cuenta de que los fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan 2 (aunque, en realidad, Jesús mismo en ningún caso bautizaba, sino sus discípulos), 3 salió de Judea y partió otra vez para Galilea.” (Juan 4:1-3).

Y sin profundizar mucho en el tema (había también la comisión de hacer discípulos) convendrán con nosotros que no tendría demasiado sentido, el que se les ordenara hacer, aquello que ya venían haciendo y lo cual nos lleva pensar, que detrás de ese mandato había algo más; porque veamos: cuando Juan el Bautista, fue enviado por Jehová a bautizar, se le dijo lo siguiente, por parte del Altísimo:

Ni siquiera yo lo conocía, pero El Mismo que me envió a bautizar en agua me dijo: ‘Sobre quienquiera que veas el espíritu descender y permanecer, este es el que bautiza en espíritu santo.” (Juan 1:33).

Luego lo que vemos, es que al tema del bautismo en agua, para perdón de pecados (Luc. 3:3; Hech. 2:38), se le añadía una novedad: el bautismo en espíritu santo y que según Juan nos dice, solo Jesús podía llevar a cabo…… pero no hay registro alguno de que Jesús, durante su estancia aquí en la tierra, bautizara a alguien en espíritu santo, pues para poder impartir dicho bautismo, primero tenía que morir y algo que él mismo manifestó:

No obstante, les digo la verdad: Es para provecho de ustedes por lo que me voy. Porque si no me voy, el ayudante de ninguna manera vendrá a ustedes; pero si sigo mi camino, lo enviaré a ustedes.” (Juan 16:7).

Y ayudante que no era más que el poder que recibirían al ser bautizados en espíritu, según se nos dice en Luc. 24:45-49:

Entonces les abrió la mente por completo para que captaran el significado de las Escrituras 46 y les dijo: “De esta manera está escrito que el Cristo sufriría y se levantaría de entre los muertos al tercer día 47 y sobre la base de su nombre se predicaría arrepentimiento para perdón de pecados en todas las naciones… comenzando desde Jerusalén, 48 ustedes han de ser testigos de estas cosas. 49 Y, ¡miren!, envío sobre ustedes lo que está prometido por mi Padre (el reconocimiento como Hijos de Dios). Ustedes, sin embargo, permanezcan en la ciudad hasta que lleguen a estar revestidos de poder desde lo alto”.” (Acotación nuestra).

Recordemos que después de ser resucitado, Jesús se dirigió ya a sus apóstoles llamándolos “hermanos” (Juan 20:17), pero cuyo reconocimiento oficial como tales, por decirlo de alguna manera, aun no se había sustanciado y que tardó aún unos días. Pero volviendo a lo que comentábamos, Jesús ya en su momento había insinuado la circunstancia de que “algo nuevo” se añadiría al bautismo en agua, conocido hasta el momento, cuando en una conversación con un tal Nicodemo, gobernante de los judíos y por tanto, miembro del Sanedrín, le dijo lo siguiente:

Jesús contestó: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que ha nacido de la carne, carne es, y lo que ha nacido del espíritu, espíritu es. 7 No te maravilles a causa de que te dije: Ustedes tienen que nacer otra vez.” (Juan 3:5-7).

Y si el nacer del agua, entendemos que significaba el ser “bautizado” en agua, es evidente que el nacer del espíritu implicaría el ser “bautizado” en espíritu santo y lo que le daría a uno, según Jesús, el derecho de gobernar junto a él en el reino de Dios. A todo eso no podemos olvidar, que el objetivo de la primera venida de Cristo tenía que ver, precisamente, con el reunir a aquellos que en un futuro tendrían que reinar con él…… y bautismo en espíritu que según palabras del propio Jehová, como hemos visto en la declaración de Juan el Bautista, solo Jesús podía llevar a cabo, mediante su sacrifico redentor. Y tenemos que considerar, que mientras que el nacer del agua, tenía que ver solo con el hacerse seguidor de Jesucristo, el nacer del espíritu, tenía que ver con el ser “reconocido” (y que es muy distinto) como Hijo adoptivo de Dios, luego dos cosas totalmente diferentes y separadas una de lo otra…… con lo que tenemos que si bien uno podía perfectamente ser bautizado en agua y hacerse seguidor de Cristo, podía también perfectamente no ser bautizado en espíritu y por tanto, no ser reconocido como un Hijo de Dios y con lo que nos encontraríamos con la siguiente situación: mientras que todos los bautizados en espíritu y por tanto, reconocidos como Hijos de Dios, tenían que haber sido previamente bautizados en agua, como seguidores de Jesucristo, no todos los seguidores de Cristo y bautizados en agua, tenían que ser necesariamente bautizados en espíritu santo y reconocidos como Hijos del Altísimo…… por lo tanto y como hemos señalado, dos cosas totalmente distintas la una de la otra y circunstancia que se observa, en el relato del libro de Hechos que estamos considerando.

Ahora bien ¿cuándo se produjo el primer bautismo en espíritu santo? Realmente el primero y único en su forma (eso es, inmediatamente después de salir del agua) se produjo cuando Jesús se bautizó, pues fue en el mismo momento de emerger del líquido elemento, cuando recibió dicho espíritu santo directamente de Dios, que lo reconoció como Hijo Suyo y que, dicho sea de paso, ya nos colocaba el modelo de lo que significaba el ser bautizado con espíritu santo, o sea, el ser reconocido uno como Hijo de Dios:

Después que Jesús fue bautizado, inmediatamente salió del agua; y, ¡mire!, los cielos se abrieron y él vio descender como paloma el espíritu de Dios que venía sobre él. 17 ¡Mire! También hubo una voz desde los cielos que decía: “Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado”.” (Mar. 3:16-17).

Pero repetimos que no hay constancia bíblica de otro bautismo semejante, pues el segundo bautismo en espíritu y para idéntico reconocimiento como Hijos de Dios, de aquellos que participaron de él, ocurrió el Pentecostés de 33 de E.C., cuando también de manera visible, fue derramado el espíritu santo sobre los doce apóstoles (bautizados en agua, mucho tiempo antes), representado por sendas llamas de fuego y que ya reconocidos en su nueva condición de Hijos de Dios, fueron investidos de los mismos poderes sobrenaturales que tenía Jesús…… entre ellos, la autoridad para bautizar en espíritu santo, eso es, el poder transmitir la unción como Hijo de Dios a otros, así como Jesucristo lo había hecho con ellos. Y cosa que se llevó a cabo sobre aquellas personas a las que dichos apóstoles impusieron las manos, forma también visible que establecía a la vista de terceros, el vínculo de unión existente entre esos que recibían la imposición de manos y los apóstoles que realizaban tal imposición…… y la de todos ellos con Jesucristo; no olvidemos las palabras de Jesús:

Hago petición, no respecto a estos solamente, sino también respecto a los que pongan fe en mí mediante la palabra de ellos; 21 para que todos ellos sean uno, así como tú, Padre, estás en unión conmigo y yo estoy en unión contigo, que ellos también estén en unión con nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.” (Juan 17:20-21).

Y con lo que daría inicio, la incorporación a ese “cuerpo de Cristo” citado al principio, de nuevos elementos reconocidos también como Hijos por el Altísimo…… y siendo los primeros en formar parte de esos miembros añadidos y con los que daría comienzo el mencionado aumento, los siete varones seleccionados a raíz de un problema surgido dentro de la congregación cristiana:

Por eso, hermanos, búsquense siete varones acreditados de entre ustedes, llenos de espíritu y de sabiduría, para que los nombremos sobre este asunto necesario; 4 pero nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra”. 5 Y lo que se habló fue grato a toda la multitud y seleccionaron a Esteban, varón lleno de fe y de espíritu santo y a Felipe y a Prócoro y a Nicanor y a Timón y a Parmenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía; 6 y los colocaron delante de los apóstoles y, después de haber orado, estos les impusieron las manos.” (Hech. 6:33-6).

Y fue en ese instante cuando recibieron el “bautismo” del espíritu y por tanto, reconocidos como Hijos de Dios (y lo cual nos indica que el resto de seguidores y como dejamos claro en la primera parte de nuestro artículo, no lo eran), lo cual se puso de manifiesto por las obras poderosas que empezaron a realizar a partir de ese momento y que no podían realizar antes de esa imposición de manos, así como tampoco podían hacerlo aquellos que a diferencia de ellos, no recibieron la imposición de manos; y siendo el primero del que se nos habla en las Escrituras (aparte de los apóstoles) como ya también realizando obras poderosas, uno de esos siete varones, en concreto Esteban, de quién se nos dice lo siguiente:

Ahora bien, Esteban, lleno de gracia y de poder, ejecutaba grandes portentos presagiosos y señales entre el pueblo.” (Hech. 6:8).

Y circunstancia que derivó en su ejecución y que le llevó a ser conocido como el primer mártir de la era cristiana. El siguiente del que se nos habla como también hacedor de obras poderosas, es Felipe, otro de los siete varones mencionados y que a causa de la persecución que se levantó en contra de los seguidores de Jesucristo, tuvo que huir de Jerusalén y del que se nos cuenta como sigue:

No obstante, los que habían sido esparcidos iban por la tierra declarando las buenas nuevas de la palabra. 5 Felipe, uno de estos, bajó a la ciudad de Samaria y se puso a predicarles al Cristo. 6 Las muchedumbres prestaban atención de común acuerdo a las cosas que Felipe decía, mientras escuchaban y miraban las señales que él ejecutaba. 7 Porque había muchos que tenían espíritus inmundos y estos clamaban con voz fuerte y salían. Además, muchos paralíticos y cojos fueron curados. 8 De modo que llegó a haber mucho gozo en aquella ciudad.” (Hech. 8:4-8).

Y a partir de ese relato, ya se empieza a notar algo que distinguía o diferenciaba a esas personas de los doce apóstoles, así como del propio Pablo poco después: si bien podían desarrollar los poderes inherentes al espíritu de adopción como Hijos de Dios y que habían recibido a través de la imposición de manos por parte de los apóstoles nombrados directamente por Jesucristo, lo que queda claro es que ya no tenían la capacidad de poder transmitírselo a otros, como entendemos del siguiente relato y continuando con el tal Felipe, según los versículos del 9 al 17:

Ahora bien, en la ciudad había cierto varón, Simón por nombre, que, antes de esto, había estado practicando artes mágicas y asombrando a la nación de Samaria, mientras decía que él mismo era alguien grande. 10 Y todos ellos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención y decían: “Este hombre es el Poder de Dios, que puede llamarse Grande”. 11 De modo que le prestaban atención porque los había asombrado durante mucho tiempo con sus artes mágicas.

12 Pero cuando creyeron a Felipe, que estaba declarando las buenas nuevas del reino de Dios y del nombre de Jesucristo, procedieron a bautizarse, tanto varones como mujeres. 13 Simón mismo también se hizo creyente y, después de bautizarse, atendía constantemente a Felipe; y quedaba asombrado al contemplar las señales y grandes obras poderosas que se efectuaban.

14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había aceptado la palabra de Dios, les despacharon a Pedro y a Juan; 15 y estos bajaron y oraron para que recibieran espíritu santo. 16 Porque todavía no había caído sobre ninguno de ellos, sino que solo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. 17 Entonces se pusieron a imponerles las manos y ellos empezaron a recibir espíritu santo.”

Luego lo que queda claro, es que esos samaritanos, aunque bautizados correctamente en el nombre de Jesucristo no recibieron dicha “unción” o reconocimiento como Hijos de Dios, en el momento de ser bautizados en agua y de manera automática e inmediata, sino hasta tiempo después, cuando les fueron impuestas la manos por los apóstoles y lo cual, en primer lugar, tumba de golpe la enseñanza del Sr. Olcese sobre un bautismo automático en espíritu inmediato al bautismo en agua, porque eso no es lo que el libro de “Hechos de los Apóstoles” nos cuenta…… y en segundo lugar, puesto que las Escrituras no se contradicen, que la personal e interesada interpretación que le da dicho caballero a Hech. 2:38 (para apoyar su absurda enseñanza), una vez más es totalmente errónea y nos demuestra, por si quedaba lugar a alguna duda, su nulo entendimiento del contenido escritural.

En otro orden de cosas, lo que uno fácilmente podría razonar, es ¡qué cosas! no tendría que haber hecho Felipe en cuanto a obras poderosas, que no solo la gente apartó su atención del tal Simón y al que consideraban, recordemos, como “el Poder de Dios”, sino que este mismo se hizo creyente y se bautizó en el nombre de Jesucristo. Sin embargo y como ha quedado claro, Felipe no tenía, a diferencia de los apóstoles, la autoridad de impartir el bautismo en espíritu y que conllevaba la condición de Hijo de Dios, así como los poderes sobrenaturales que dicha condición llevaba asociados…… y algo que certifican los siguientes versículos 18 y 19:

Ahora bien, cuando Simón vio que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el espíritu, les ofreció dinero, 19 diciendo: “Denme a mí también esta autoridad, para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba espíritu santo”.

Fíjense que el tal Simón, no pedía la autoridad de realizar las mismas obras poderosas que realizaba Felipe, sino que pedía algo más y que Felipe obviamente no podía darle: la capacidad de poder impartir dicho Espíritu Santo a otros y con lo que dejaba a las claras sus aviesas y perversas intenciones, a lo que Pedro respondió contundentemente.

Por otra parte, el hecho de que se lo pidiera a Pedro y a Juan, en principio unos extraños para él, en lugar de hacerlo a Felipe con quién razonablemente le uniría una más estrecha relación (Hech. 8:13), no solo nos indicaría de nuevo la imposibilidad de Felipe de poderlo impartir, sino el hecho de que solo por medio de los apóstoles, o sea, de aquellas personas directamente elegidas por Jesucristo (Pablo también lo fue), era posible su transmisión y tal como apunta el versículo 18. Luego el razonamiento lógico, considerado todo lo considerado, sería el de que lejos de ser uno ya reconocido como Hijo de Dios en el momento posterior a su inmersión en el bautismo en agua, mediante recibir en ese momento de forma automática e inmediata dicho bautismo en espíritu, tal como afirma el Sr. Olcese y compañía, el tal bautismo solo podía ser impartido directa y únicamente por los apóstoles de Jesús, mediante la imposición de manos y previa petición a Jehová, mediante oración…… luego Hech. 2:38, repetimos, nos tiene que querer decir una cosa distinta de la que nos pretende hacer creer D. Mario Olcese y acerca de lo cual, ya dimos nuestra versión en la primera parte publicada de esta serie de dos artículos.

Y que solo los apóstoles tenían dicha autoridad de bautizar en espíritu y transmitiendo por tanto, la unción como Hijo de Dios y que dicha unción no se recibía como consecuencia directa del bautismo en agua, nos queda reafirmado por un suceso que tiene como protagonista al también apóstol Pablo y ocurrido unos veinte años después de los hechos citados:

En el transcurso de los sucesos, mientras Apolos estaba en Corinto, Pablo pasó por las partes del interior y bajó a Éfeso y halló a algunos discípulos; 2 y les dijo: “¿Recibieron espíritu santo cuando se hicieron creyentes?”. Ellos le dijeron: “¡Si nunca hemos oído si hay o no espíritu santo!”. 3 Y él dijo: “Entonces, ¿en qué fueron bautizados?”. Dijeron: “En el bautismo de Juan”. 4 Pablo dijo: “Juan bautizó con el bautismo en símbolo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyeran en el que había de venir después de él, es decir, en Jesús”. 5 Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús. 6 Y cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el espíritu santo y empezaron a hablar en lenguas y a profetizar.” (Hech. 19:1-6).

Y lo que observamos de ese relato, es que aunque ya bautizados correctamente por el apóstol Pablo en agua y en el nombre de Jesucristo, solo la posterior intervención de este (un apóstol) mediante la imposición de manos, propició el que se recibiera el bautismo en espíritu que les otorgó la condición de Hijos de Dios…… porque vemos en el relato en cuestión, que aunque bautizados correctamente, fue solo cuando les fueron impuestas las manos por parte de Pablo, que “vino sobre ellos el espíritu santo y empezaron” a desarrollar los poderes que este llevaba implícitos. Entonces notamos que veinte años después de los anteriores acontecimientos citados, se continuaba con el mismo proceso: solo se adquiría la condición de Hijo de Dios, si uno, previo bautismo en agua como seguidor de Cristo, recibía la imposición de manos (eso es, el bautismo en espíritu) por parte de un apóstol de Jesucristo y con lo que recibía el poder, ya como Hijo de Dios, para llevar a cabo las mismas obras poderosas que en su día realizó Jesús…… de ninguna manera se recibía dicho reconocimiento y poder subsiguiente, solo por ser bautizado en agua y como, según el registro de Hechos considerado en la primera parte de esta serie de dos artículos, fue la situación de la mayoría.

¿Y a dónde queremos ir a parar con todo esto? Pues que de ninguna manera y según se nos cuenta en ese clarificador relato del libro de “Hechos de los Apóstoles”, para nada tenía que ver el bautismo en agua, con el reconocimiento de uno como Hijo de Dios si, como dijo Jesús (Juan 3:5), no iba acompañado del “otro” bautismo, eso es, el del espíritu y que solo podían efectuar aquellos en quienes Jesús después de su muerte, delegó la responsabilidad de impartirlo y que fueron nombrados apóstoles directamente por él. Lo cual nos lleva a determinar que la afirmación de Apologista Mario Olcese y tantos otros, de algo parecido a un bautismo por espíritu, inmediato y de manera automática después del bautismo en agua y en una aparente relación causa/efecto que haga de uno, un Hijo de Dios, es totalmente falsa pues no se ajusta al relato del libro citado. Y relato que no es más que la historia de los inicios de la congregación cristiana y que nos explica, cómo se produjeron las cosas desde el primer momento y como continuaron posteriormente…… y algo que tiene sus lógicas y derivadas consecuencias, que de nuevo pone en entredicho algunas afirmaciones vertidas por el Sr. Olcese; pero veamos esas consecuencias:

En primer lugar, todo lo que hemos leído del citado libro, nos lleva a la conclusión de que aquella obra de selección de personas, mediante el nacimiento por espíritu y obra delegada por Jesucristo en sus apóstoles, razonablemente tendría que llegar a su fin con la muerte de estos. No podemos olvidar, que fue a los apóstoles a los que se dio la comisión de ir a bautizar en su nombre, eso es, el impartir el bautismo en espíritu santo y que hacía de uno un Hijo de Dios, luego a la muerte de estos, tal comisión se acabó; porque sus seguidores, o sea, aquellos que recibieron a través de ellos dicho bautismo por espíritu, si bien estaban dotados de los poderes que este otorgaba y estaban autorizados a bautizar en agua en el nombre de Jesucristo y por tanto, aumentar el número de seguidores de este, no lo estaban para bautizar en espíritu y transmitir los poderes que este llevaba inherentes (ambos casos reflejados en el ejemplo relatado de Felipe). Y que estaban autorizados a bautizar en agua en el nombre de Jesucristo, queda claro según el siguiente pasaje:

Hago petición, no respecto a estos solamente (los apóstoles), sino también respecto a los que pongan fe en mí (los que recibieron la imposición de manos) mediante la palabra de ellos (eso es, de los apóstoles).” (Juan 17:20). (Acotaciones nuestras).

O sea, la petición, solo tenía que ver con los apóstoles y con aquellos que pusieran fe en él, a través de la palabra de ellos (los Esteban, Felipe, Bernabé, etc.) y que mediante las obras poderosas que efectuaban, mostraban la unidad o participación con Jesucristo y probaban que realmente este había sido enviado por el Altísimo…… y con nadie más, pues Jesús no extendió dicha participación más allá de esa, digámosle y para entendernos, “segunda generación” de seguidores. Luego cuando la última de esas personas de “segunda generación” desapareció con la muerte, desapareció de sobre la faz de la tierra dicho poder del espíritu y con ello, la autoridad de bautizar en agua en el nombre de Jesucristo y de poder añadir a más personas, al grupo de seguidores cristianos; y dando inicio con ello, a la brutal apostasía de la que nos hablaron tanto Pablo como Juan y que para finales del segundo siglo, más o menos, había borrado de sobre la tierra cualquier vestigio de la verdadera enseñanza del evangelio predicado por Jesús…… y así, hasta el día de hoy.

Entonces la conclusión de todo lo considerado, es que actualmente no hay nadie que pueda arrogarse el ser considerado un “ungido” o Hijo de Dios, pues no hay nadie con la autoridad de bautizar en espíritu como tenían los apóstoles y por supuesto, no existe nada parecido a un bautismo en agua y cuya consecuencia inmediata sea el reconocimiento automático de uno como Hijo de Dios…… es más, ni siquiera nadie con la autoridad reconocida por Dios, de bautizar en agua en nombre de Jesucristo y algo que ya pusimos en cuestión, en el artículo “Los problemas de la falsa religión” (07/09/11). Luego es obvio que el Sr. Olcese no tiene ni idea de lo que se nos dice en Hech. 2:38 y una vez más, mete la pata al interpretar un texto de manera interesada y puesta dicha interpretación en cuestión, por el entero registro del citado libro “Hechos de los Apóstoles”. Porque el verdadero propósito de nuestro Creador, no es el de tener un mundo poblado por reyes y sacerdotes (y que es a lo que nos lleva la esperpéntica enseñanza de los Sres. Olcese, Rivas y compañía), sino el de hacer una “restauración” (o sea, el devolver las cosas a su estado original), según palabras del propio apóstol Pedro y que obviamente, no se podía contradecir así mismo:

Arrepiéntanse, por lo tanto y vuélvanse para que sean borrados sus pecados, para que vengan tiempos de refrigerio de parte de la persona de Jehová 20 y para que él envíe al Cristo nombrado para ustedes, Jesús, 21 a quien el cielo, en verdad, tiene que retener dentro de sí hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo.” (Hech. 3:19-21).

¿Y de qué cosas “habló Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo”? Pues de cosas como estas:

Sal. 37:11: “Pero los mansos mismos poseerán la tierra y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz.”

Isa. 11:6-9: “Y el lobo realmente morará por un tiempo con el cordero y el leopardo mismo se echará con el cabrito y el becerro y el leoncillo crinado y el animal bien alimentado todos juntos; y un simple muchachito será guía sobre ellos. 7 Y la vaca y la osa mismas pacerán; sus crías se echarán juntas. Y hasta el león comerá paja justamente como el toro. 8 Y el niño de pecho ciertamente jugará sobre el agujero de la cobra; y sobre la abertura para la luz de una culebra venenosa realmente pondrá su propia mano un niño destetado. 9 No harán ningún daño ni causarán ninguna ruina en toda mi santa montaña; porque la tierra ciertamente estará llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mismísimo mar.”

Job 33:25: “Que su carne se haga más fresca que en la juventud; que vuelva a los días de su vigor juvenil.”

Isa. 35: 5-7: “En aquel tiempo los ojos de los ciegos serán abiertos y los oídos mismos de los sordos serán destapados. 6 En aquel tiempo el cojo trepará justamente como lo hace el ciervo y la lengua del mudo clamará con alegría. Pues en el desierto habrán brotado aguas y torrentes en la llanura desértica. 7 Y el suelo abrasado por el calor se habrá puesto como un estanque lleno de cañas; y el suelo sediento, como manantiales de agua. En el lugar de habitación de los chacales, un lugar de descanso para ellos, habrá hierba verde con cañas y papiros.”

Luego de la restauración que estaríamos hablando, es la de volver a una situación idéntica a la que en un tiempo gozaron Adán y Eva, eso es, la de una inmensa paz, no solo entre los hombres, sino entre los mismos animales y a su vez, de la relación de estos con el hombre, así como de la restauración tanto física, como mental y espiritual del mismo, durante el periodo milenario, pues es ahí y durante ese espacio de tiempo, en donde se produce dicha restauración y algo que no sería posible de ser cierta la enseñanza del Sr. Olcese y compañía, que nos pretenden hacer creer, que tanto los santos del AT, como todos los seguidores de Jesucristo, incluidos los sobrevivientes de la “gran tribulación” de Rev. 7:14, serán reyes y sacerdotes en ese reino milenario y algo en lo que se repite constante y erróneamente (en un artículo el pasado día 23 y en un video el día 22 de este mes de Noviembre); pero claro, de ser eso como afirma dicho caballero, ello nos llevaría a una tierra llena de perfectos Hijos de Dios, como reyes y sacerdotes…… pero sin súbditos a quién gobernar, lo cual plantea un “pequeño” problema.

Y “problemilla” que echaría por tierra el propósito de Jehová, eso es, lo que “hablo por boca de sus profetas”, porque veamos: según Rev. 20:6, esos personajes que han de reinar con Cristo en el reino de Dios y por espacio de mil años, participan de una primera resurrección en la que ya se les concede la inmortalidad, pues “la muerte segunda no tiene autoridad sobre ellos” y lo cual significa, que resucitan como perfectos e inmortales Hijos de Dios, por lo que ya no necesitan de esos “arreglillos” que necesitamos el común de los mortales…… por lo que lógicamente se generan alguna preguntas, como por ejemplo ¿quiénes son entonces, esos ciegos, sordos, mudos o inválidos, sobre los que llevar a cabo la citada restauración profetizada por Isaías y profeta, recordémoslo, por medio de quién también habló Jehová? O quizás preguntarnos ¿sobre quiénes reinarán y extenderán los beneficios de su labor sacerdotal, esos gobernantes con Cristo, si no hay nadie sobre quién reinar, pues todos los vivientes en la tierra son reyes y si por otra parte, todos los citados ya son ellos mismos sacerdotes? O mucho más importante ¿qué cosas entonces, tienen que ocurrir durante ese milenio y lo que nos llevaría por extensión, a preguntarnos para qué el Altísimo ha preparado dicho espacio de tiempo de mil años…… con qué propósito lo ha hecho? Y para añadirle más pimienta a la cosa ¿a quienes saldrá a extraviar Satanás al final del milenio? ¿Quiénes son esos que “numerosos como los granos de la arena del mar” le siguen para ser destruidos (Rev. 20:9), si resulta que en la tierra solo hay perfectos e inmortales Hijos de Dios? ¿O es que hay que contemplar la posibilidad de que haya Hijos de Dios, que se levanten de nuevo en contra de la soberanía del Altísimo y que Este, a pesar de haberlos hecho inmortales, tenga que reconsiderar la situación y “cargárselos” otra vez? Y pongamos la guinda al pastel y preguntémosle al Sr. Olcese, si por un momento se le ha ocurrido plantearse las disparatadas consecuencias de su esperpéntica enseñanza.

Porque esas serían las rocambolescas consecuencias con las que nos toparíamos, de ser las cosas como nos las presenta el citado caballero y aquellos que junto a él, apoyan el planteamiento en cuestión y enseñanza que como hemos dicho, sustentan con el pasaje de Hech. 3:28…… en una clara muestra de que no se enteran de que va la película, pues para nada puede decir dicho texto y a tenor de todo lo considerado, lo que ellos interpretan que dice. Luego todos esos señores, con D, Mario Olcese al frente, interpretan de forma incorrecta un pasaje bíblico (y como tiene por costumbre dicho caballero), ajustándolo no a lo que dice el contexto escritural, sino a sus particulares intereses y que tienen que ver, con su visionario deseo de ser reyes en el nuevo orden de cosas, próximo a establecerse y “gobernar sobre muchas ciudades” y en una más que nefasta interpretación de la idea que Jesús pretendía resaltar, con la conocida como “parábola de la minas” (Luc. 19:11-27). Y es que es curioso, que todos esos supuestos “ungidos” solo hablan de las cosas o prebendas que supuestamente recibirán y nunca de la posición de servicio para la que se les escoge, eso es, para actuar en favor de otros:

Más Jesús, habiéndolos llamado a sí, les dijo: “Ustedes saben que los que parecen gobernar a las naciones se enseñorean de ellas y sus grandes ejercen autoridad sobre ellas. 43 No es así entre ustedes; antes bien, el que quiera llegar a ser grande entre ustedes tiene que ser ministro (esclavo, o el que sirve a los demás) de ustedes, 44 y el que quiera ser el primero entre ustedes tiene que ser el esclavo de todos. 45 Porque aun el Hijo del hombre no vino para que se le ministrara, sino para ministrar (o servir) y para dar su alma en rescate en cambio por muchos”.” (Mar. 10:42-45). (Acotaciones nuestras).

Y palabras con las que Jesús les mostró a sus elegidos (los verdaderos y no a esta basura que nos rodea), la verdadera razón por la que tenían que ocupar lugares de prominencia: para ponerse al servicio de los demás y que no son otros, que aquellos que sobrevivirán a la “gran tribulación” de Rev. 7:14, así como aquellos que a partir de ese momento irán resucitando y que de forma progresiva, tienen que ser llevados a la perfección por esos gobernantes, reyes y sacerdotes de Jehová y al servicio de la humanidad obediente, pero aún imperfecta, como queda claro en las siguientes palabras:

Por eso están delante del trono de Dios; y le están rindiendo servicio sagrado día y noche en su templo; y El que está sentado en el trono extenderá su tienda (en señal de aprobación) sobre ellos. 16 Ya no tendrán hambre ni tendrán más sed, ni los batirá el sol ni ningún calor abrasador, 17 porque el Cordero (y con él, sus hermanos), que está en medio del trono, los pastoreará y los guiará a fuentes de aguas de vida. Y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos.” (Rev. 7:15-17). (Acotaciones nuestras).

Luego estamos hablando de una progresiva labor de ayuda, cuyo objetivo tiene que ver con llevar al ser humano a la perfección y algo de lo que nunca hablan esos supuestos “ungidos”, pues su atención solo se dirige al hecho de tener poder, prominencia y dominar sobre “muchas ciudades” y con lo que han hecho del reino un fin en sí mismo, para disfrute personal y no de lo que realmente es, o sea, un medio o instrumento que Jehová usa para la consecución de Su Propósito: restaurar a la humanidad a su primitiva condición de perfección…… olvidándose por tanto, que el Altísimo no ha montado la “fiesta” para que ellos sean reyes, sino para que estén a nuestro servicio y cumplir con el propósito para el cual son elegidos por Dios, aquellos que con Cristo han de reinar: ayudarnos a los curritos de a pie, a alcanzar dicha perfección y capacitarnos para enfrentar la última prueba, cuando al final de los mil años, sea de nuevo soltado Satanás (Rev. 20:7-10); o sea, que la “fiesta” se ha montado para nosotros y no para ellos…… luego el objetivo final del Altísimo somos nosotros y no ellos.

Y esa, queridos lectores, es la gran importancia que tiene el libro de “Hechos de los Apóstoles”, pues nos enseña las cosas tal como sucedieron en un principio, como continuaron después y estableciendo en consecuencia, una lógica y razonable línea a seguir, que nos lleva a concluir cuál es el verdadero propósito del Creador con respecto de su máxima creación terrestre, el ser humano…… y lejos totalmente, de la simpleza interpretativa, a la vez que interesada, que esos “entendidos” hacen del relato en cuestión. Y ahora ya sí, es cuando ustedes tienen que comprobar si lo que les hemos contado se ajusta a lo dicho en esa maravilla que es el citado libro de “Hechos de los Apóstoles”…… o no.

MABEL

UNA MARAVILLA LLAMADA “HECHOS DE LOS APÓSTOLES”. (1)

Posted in Uncategorized with tags , , , , , on 17/11/2011 by Armando López Golart

(Primera parte)

Y es que sin lugar a dudas, este es uno de los libros más interesantes de toda la Biblia, pues nos muestra con absoluta claridad cuál es el propósito de Dios con respecto de Su máxima creación terrestre (el ser humano) y que dicho sea de paso, derrumba un montón de falsas enseñanzas, pues nos cuenta cuales fueron los inicios de la primitiva congregación cristiana y con lo que solo añadiéndole un poco de imaginación, nos permite sacar conclusiones acerca de cómo, razonablemente, continuarán desarrollándose las cosas en el futuro, con respecto de aquellos que esperamos en Él. No olvidemos las palabras de uno de los más prolíficos escritores bíblicos y sin duda alguna, con diferencia el más profundo…… el apóstol Pablo:

Toda Escritura es inspirada de Dios y provechosa para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas, para disciplinar en justicia, 17 para que el hombre de Dios sea enteramente competente y esté completamente equipado para toda buena obra.” (2 Tim. 3:16-17).

Luego teniendo en mente esos objetivos señalados, el ser “enseñados” y por tanto, el poder en su momento “rectificar” cosas como por ejemplo, enseñanzas falsas, veamos cómo podemos desmontar una de las tales y que tiene que ver con la extendida creencia, de que cuando uno se bautiza en agua mediante inmersión y en el nombre de Jesucristo, de forma inmediata y automática, ya pasa a ser reconocido como Hijo adoptivo de Dios, por tanto hermano de Jesucristo y en consecuencia, heredero con él del reino de Dios en calidad de rey y sacerdote. Y como ya sabrán ustedes, queridos lectores, a través de nuestros artículos y si nos leen con cierta frecuencia, uno de los autores que más se significa con dicha enseñanza, es Apologista Mario Olcese y con el que mantenemos algún que otro “debatillo” sobre el particular; sin embargo desearíamos matizar, que aunque personalicemos en el Sr. Olcese, realmente nos estamos dirigiendo a todos aquellos que comparten la misma idea y que son legión, pues nos salen “ungidos” o Hijos de Dios, hasta de debajo de los adoquines y cuando la realidad nos muestra que a día de hoy, no existe (de momento al menos) persona alguna que pueda acreditar dicha condición…… que afirmen serlo, un montón, cierto es, pero que lo puedan demostrar, ni uno solo.

El citado caballero, por ejemplo, ya en la portada de sus blogs y en lo que afirma ser su credo o creencias generales, vemos que en uno de esos puntos fundamentales de su fe, nos dice lo siguiente:

6.- Creemos que somos miembros de la iglesia de Dios, y coherederos con Cristo de la herencia de la vida eterna en el reino porque somos también ungidos e hijos del Padre Eterno por adopción.” (Negritas nuestras).

Y obviamente dicho caballero, así como el resto de los citados supuestos “ungidos” y que como ellos, tampoco puede demostrar su condición de tal, afirma haber recibido dicha adopción como Hijo de Dios (no hay otra manera), mediante la fórmula que ya le hemos detallado, o sea, bautismo por inmersión y en el nombre de Jesucristo, con automático reconocimiento como Hijo adoptado por el Altísimo…… pero aquí ya de entrada surge una “pequeña” cuestión y que es la siguiente: ¿Quién actualmente, tiene la autoridad de bautizar en el nombre de Jesucristo, para que dicho bautismo tenga la aprobación del Creador y Este conceda por tanto, dicha adopción? Porque ¿dónde en las Escrituras, se nos dice algo semejante? Y concordarán con nosotros, que no es un asunto de menor importancia para las personas creyentes y tema respecto del cual, hace unos días publicamos un artículo titulado “Pero…… ¿y quién nos bautiza?” (02/11/11) y sin que hasta el momento se nos haya rebatido dicho planteamiento, por parte de alguno de esos auto-nombrados “ungidos”.

Es más, el propio Sr. Olcese y a pesar de las muchas veces que le hemos señalado su error sobre dicha cuestión, continua ratificándose pertinazmente en el mismo sentido, en esta ocasión en un video dirigido a los Testigos de Jehová y publicado el 11/11/11, bajo el título “Paradoja: todos los Testigos de Jehová han sido bautizados en el nombre de Jesucristo, pero no todos pueden entrar en la Iglesia” y en el que usa como base para apoyar su idea, el pasaje de Hech. 2:38-47, lo cual nos devuelve al tema que deseamos tratar y que es el siguiente: ¿Defiende el libro de “Hechos de los Apóstoles”, semejante idea de un reconocimiento inmediato como Hijo de Dios, a seguir al bautismo en agua y estableciéndose así, una relación causa/efecto? Y lo cual nos lleva a otra pregunta crucial y de gran importancia en el tema que nos ocupa, porque marcaría una tendencia: ¿Eran todos los bautizados en esos tiempos iniciales de la congragación cristiana, adoptados como Hijos de Dios y por tanto añadidos a la “iglesia”, según el sentido que le da el caballero en cuestión al verso 38 de dicho pasaje, en el video en citado? Y por aquello de ponernos en situación, veamos que nos dice el escritor del libro citado, el médico Lucas, en las palabras iniciales de un primer escrito, esto es, el evangelio que lleva su nombre:

Puesto que muchos han emprendido la recopilación de una declaración de los hechos que entre nosotros están plenamente acreditados, 2 así como nos los entregaron los que desde el principio llegaron a ser testigos oculares y servidores del mensaje, 3 yo también, porque he investigado todas las cosas desde el comienzo con exactitud, resolví escribírtelas en orden lógico, excelentísimo Teófilo, 4 para que conozcas plenamente la certeza de las cosas que se te han enseñado oralmente.” (Luc. 1:1-4).

Luego puesto que deberíamos de suponer, que en la escritura del citado libro de “Hechos de los Apóstoles”, dicho autor hubiera mantenido con todas las cosas referidas en el mismo, la misma pulcra actitud de investigar con exactitud y con el debido orden, que desplegó en la composición de su evangelio, tendríamos que considerar dicha información como fiable y por lo tanto, desde esta premisa será de la que partiremos para averiguar si dicha enseñanza del ungimiento automático como Hijo de Dios, es cierta o no y si eso de que todos los nuevos creyentes eran añadidos al “cuerpo de Cristo”, fue lo que ocurrió realmente en los inicios de la congregación cristiana del primer siglo…… o no. De entrada, ya tenemos que decir al respecto, que en su día publicamos un artículo titulado “No es eso, Sr. Olcese…… no es eso” (14/09/10) y en el que señalábamos que dicha posibilidad era negada tajantemente por las Escrituras y tomando como referencia, el propio libro de “Hechos de los Apóstoles”; no obstante, profundizaremos un poco más en dicho tema, ya que puede dar bastante más de sí. Y puesto que los defensores de la citada teoría, basan buena parte de su defensa precisamente en el pasaje de Hech. 2:38-47, vamos a analizarlo con detenimiento y ver que sacamos en claro. Leamos en primer lugar, lo que se nos dice en ese versículo 38 y texto clave sobre el que se sostiene la citada teoría:

Pedro les dijo: “Arrepiéntanse y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados y recibirán la dádiva gratuita del espíritu santo.”

Sin embargo y para empezar a entendernos, deberíamos aclarar primero que fue primero, si el huevo o la gallina, o sea y aplicando este principio al tema que nos ocupa, si el don o la dádiva gratuita, era el espíritu santo en sí mismo, o era el espíritu santo el que concedía un don o una dádiva gratuita al que lo recibía y que es algo muy distinto. Y partiendo de la base que por Espíritu Santo se entiende la fuerza activa de Jehová (Gén. 1:2), a tenor de cómo está redactado el texto en cuestión, deberíamos de entender que aquellos que se bautizaran recibirían una dádiva o don gratuito proveniente del espíritu santo, en definitiva de Jehová. No olvidemos que en todas las ocasiones en que fue derramado el espíritu o fuerza activa del Creador sobre alguien, se ponía de manifiesto dicha circunstancia, a través de los actos o logros realizados por el que lo recibía; veamos un ejemplo de ello, en el caso de Sansón:

Entonces el espíritu de Jehová entró en operación sobre él, de modo que él desgarró al león en dos, tal como uno desgarra un cabrito en dos y no había absolutamente nada en su mano. Y él no informó a su padre ni a su madre lo que había hecho.” (Jue. 14:6).

El mismo pasaje, se vierte por la versión Traducción en lenguaje actual, de la siguiente y más entendible manera:

Pero el espíritu de Dios actuó sobre Sansón y le dio una gran fuerza. Entonces Sansón tomó al león entre sus manos y lo despedazó como si fuera un cabrito. Pero no les dijo a sus padres lo que había sucedido.”

Luego la “dádiva” en este caso, fue la gran fuerza de la que fue dotado Sansón, por medio del espíritu de Jehová y no el espíritu en sí mismo y que por otra parte, se puede manifestar de diversas maneras. Dicho esto, recordemos que solo unas pocas horas antes del hecho al que estamos haciendo referencia, sobre los doce apóstoles se había derramado el Espíritu Santo y lo que les confirió la condición de Hijos adoptivos de Dios y por lo tanto, la capacidad de manifestar los mismos poderes que en su momento desarrolló el propio Jesús; luego ¿a qué se refería Pedro, cuando afirmó que aquellos que se bautizaran, recibirían la “dádiva gratuita” del espíritu santo? ¿Acaso que recibirían después de su inmersión en agua, lo mismo que ellos recibieron, o sea, el “ungimiento” como Hijos de Dios? Y ya sin tener en cuenta que los apóstoles recibieron dicha “unción”, años después de su bautismo en agua, no parece razonable que las cosas fueran como nos las pretende hacer creer el Sr Olcese, pues de ser así, esos primeros bautizados habrían recibido también los poderes que dicho espíritu santo llevaba inherentes y esto no ocurrió, por ejemplo, en el caso de los primeros 3.000 (v. 41) que haciéndose eco de la exhortación del apóstol Pedro, procedieron a bautizarse; de hecho, en el versículo 43 y ya después de ocurridos estos hechos, aún podemos leer lo siguiente:

En realidad, empezó a sobrevenirle temor a toda alma y muchos portentos presagiosos y señales, ocurrían mediante los apóstoles.”

Luego aparentemente, nadie de entre esos tres mil nuevos creyentes bautizados y a tenor de dicho pasaje, podía llevar a cabo portentos presagiosos, sino que continuaban siendo los doce apóstoles los únicos que podían hacerlo, pues de lo contrario no se nos señalaría expresamente a estos (los apóstoles) como hacedores de los mismos y lo cual nos demuestra, de manera obvia, que solo ellos tenían esa capacidad…… entonces, razonablemente, la “dádiva gratuita” del espíritu santo que recibieron aquellos 3.000 que se bautizaron, no era el “ungimiento” como Hijos de Dios, pues si ellos no podían desarrollar los poderes que el citado “ungimiento” llevaba inherentes, obviamente no habían recibido el mismo espíritu santo que recibieron los apóstoles…… luego con esas palabras citadas, se nos tiene que querer decir otra cosa. Pero continuemos buscando pruebas de que esto fue así, como nosotros afirmamos y siempre a tenor de lo que nos dice el autor del libro de Hechos; por ejemplo, vemos que algún tiempo después de los citados acontecimientos y a raíz de la curación milagrosa de una persona aquejada de una invalidez congénita (Hech. 3:1-10), el apóstol Pedro pronunció un nuevo discurso y con el siguiente resultado:

Sin embargo, muchos de los que habían escuchado el discurso creyeron y el número de los varones, llegó a ser como de cinco mil.” (Hech. 4:4).

No que de golpe se añadieran cinco mil personas más, al grupo de seguidores de Jesucristo, sino que muchos de entre los que habían escuchado el citado discurso, se hicieron creyentes y elevaron el número de los que ya habían creído con anterioridad (antes y después de la muerte de Jesús, queremos suponer), a un total aproximado de unas cinco mil personas. Pero como consecuencia de ese discurso, también se produjo la detención de Pedro y Juan, que fueron llevados ante los gobernantes del pueblo (v. 5-7) y que inmediatamente después de ser puestos en libertad, se reunieron con un número indeterminado del resto de creyentes, para explicarles lo que había ocurrido y elevando conjuntamente un ruego a Jehová, en el sentido de que se les permitiera el “seguir hablando Su palabra” (v. 29-30)…… y siendo esto lo que ocurrió a continuación:

Y cuando hubieron hecho ruego, el lugar donde estaban reunidos fue sacudido; y todos sin excepción quedaron llenos del espíritu santo y hablaban la palabra de Dios con denuedo.” (v. 31).

Entonces la pregunta sería la siguiente: si las personas que en ese momento estaban allí reunidas y según nos afirma el Sr. Olcese, ya hubieran recibido el espíritu de adopción como Hijos de Dios en el momento de ser bautizados en agua ¿por qué razón, fue de nuevo derramado Espíritu Santo sobre ellos…… si ya lo tenían? La respuesta parece ser obvia cuando leemos con atención el pasaje y vemos que la consecuencia inmediata de ese derramamiento, fue el que continuaran “hablando lo palabra de Dios” y por lo que se debe entender que ese ser “sacudido” el lugar, no fue más que una manifestación tangible de la aprobación del Altísimo, como respuesta a la petición recibida…… en consecuencia y en perfecta armonía con la solicitud formulada, todos fueron fortalecidos por el espíritu para seguir dando adelanto a la obra, tal como nos muestra el citado texto en su parte final, cuando nos dice que la reacción inmediata después de haber recibido dicho espíritu, fue el que continuaran hablando “la palabra de Dios con denuedo”…… y siendo eso, todo lo que se nos dice, no parece razonable el aventurar algo más.

Porque que ello es así, queda confirmado por el hecho de que después de este suceso, continuaban siendo solo los apóstoles, los que tenían el poder de llevar a cabo obras milagrosas, según leemos a continuación:

Además, con gran poder, los apóstoles continuaron dando el testimonio acerca de la resurrección del Señor Jesús; y sobre todos ellos había bondad inmerecida en gran medida.” (v. 33).

Más adelante y después de un incidente con cierto varón, por nombre Ananías, junto con Safira su esposa (Hech. 5:1-11), veamos que se nos dice en los versos subsiguientes, esto es, del 12 al 14:

Además, mediante las manos de los apóstoles continuaron efectuándose muchas señales y portentos presagiosos entre el pueblo; y todos estaban de común acuerdo en la columnata de Salomón. 13 Cierto, ni uno solo de los demás tenía ánimo para unirse a ellos; sin embargo, el pueblo los elogiaba. 14 Más aún, siguieron añadiéndose creyentes en el Señor, multitudes de varones así como de mujeres.”

Luego vemos que aunque que el número de seguidores de Jesucristo, iba en continuo aumento, los apóstoles continuaban siendo los únicos que tenían el poder, como Hijos adoptados de Dios, de realizar “señales y portentos presagiosos”, a excepción del resto de creyentes (cuantioso ya, si los números no nos fallan) que no habían sido adoptados como tales y lo cual queda probado por el hecho constatado, de que no podían realizar dichos prodigios, como queda claro en los siguientes versos del 15 al 16:

“…… de modo que sacaban a los enfermos hasta a los caminos anchos y los ponían allí sobre camitas y camillas, para que, al pasar Pedro (o cualquier otro apóstol), por lo menos su sombra cayera sobre alguno de ellos. 16 También, la multitud de las ciudades alrededor de Jerusalén siguió concurriendo, cargando a los enfermos y a los que eran perturbados por espíritus inmundos y todos sin excepción eran curados.” (Acotación nuestra).

Y es que si todos los creyentes bautizados, tal como afirma D. Mario, hubieran sido adoptados como Hijos de Dios, razonablemente habrían desarrollado los mismos poderes sobrenaturales que los apóstoles y no se tendría que haber llegado al extremo mencionado en el citado pasaje. Porque si todos los que se iban añadiendo a los ya numerosos creyentes, hubieran desarrollado las mismas capacidades sobrenaturales que los apóstoles, consecuencia directa de su nueva condición de Hijos adoptivos de Dios, fácilmente habrían cubierto una gran área de territorio de Israel y los habitantes de las ciudades “alrededor de Jerusalén”, no habrían tenido la necesidad de desplazar a sus enfermos hasta esa ciudad, en busca de los apóstoles de Jesús para que efectuaran las citadas curaciones milagrosas. Y un detalle adicional para reforzar la idea que nosotros exponemos, tiene que ver con el hecho de que las iras de los gobernantes del pueblo judío y en un momento de máxima tensión, se dirigieron hacia los doce apóstoles…… y sobre nadie más:

Pero el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, la entonces existente secta de los saduceos, se levantaron llenos de celos 18 y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en el lugar público de custodia.” (Versos 17-18).

Luego siendo las cosas así, como nos deja perfectamente establecido el escritor Lucas, de nuevo nos formulamos la pregunta que nos hemos hecho al principio, en cuanto a Hech. 2:38: ¿Cuál era entonces, esa “dádiva gratuita” del espíritu santo, prometida por el apóstol Pedro? Y puesto que ya hemos visto que no podía ser le “unción” como Hijos adoptivos del Altísimo, pues esos creyentes y a diferencia de los doce apóstoles, no podían desarrollar los poderes que dicha “unción” llevaba implícitos, obviamente tendríamos que estar hablando de otra cosa, pero…… ¿cuál cosa? Y a nosotros solo se nos ocurre una posibilidad y entiéndanla, por favor, como una simple hipótesis de trabajo y por tanto, susceptible de ser corregida; veamos: recordemos que en un momento de su estancia aquí en la tierra, Jesús, hablando como representante de su Padre Celestial, rechazó al pueblo judío de la relación que este mantenía con Jehová, con las siguientes palabras:

Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que son enviados a ella…, ¡cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne sus pollitos debajo de sus alas! Pero ustedes no lo quisieron. 38 ¡Miren! Su casa se les deja abandonada a ustedes. 39 Porque les digo: No me verán de ningún modo de aquí en adelante hasta que digan: “¡Bendito es el que viene en el nombre de Jehová!” (Mat. 23:37-39).

Y lo que constituía un claro caso de abandono por parte del Altísimo (obviamente temporal, a tenor del versículo 39), de aquellos que en un momento fueron su pueblo aquí en la tierra, por haber rechazado estos a su vez, a Su Enviado, precisamente Jesús, Su Hijo. Pero claro, de entre esa rebelde e inicua generación (Mat. 16:4), hubo personas que sí lo aceptaron y se hicieron sus seguidores, tanto antes de su muerte como después de lo misma y como ya hemos mencionado…… luego lo que probablemente recibieron esas personas, como “dádiva gratuita” y mediante su arrepentimiento y conversión a Jesucristo, fue la aceptación de nuevo por parte del Creador, ya en su condición de miembros individuales de ese pueblo y beneficiarios por tanto, del sacrificio de rescate de Jesús. Que eso pudiera ser así, parecen indicarlo las palabras de Pablo en Rom. 3:23-26:

Porque todos han pecado y no alcanzan a la gloria de Dios 24 y es como dádiva gratuita que por su bondad inmerecida se les está declarando justos mediante la liberación por el rescate pagado por Cristo Jesús. 25 Dios lo presentó como ofrenda para propiciación (o para favorecer) mediante fe en su sangre. Esto fue con el fin de exhibir su propia justicia, porque estaba perdonando los pecados que habían ocurrido en el pasado mientras Dios estaba ejerciendo longanimidad; 26 para exhibir su propia justicia en esta época presente, para que él sea justo hasta al declarar justo al hombre que tiene fe en Jesús.” (Acotación nuestra).

Luego lo que observamos en este pasaje, es que la “dádiva gratuita” consistía, no en el mero derramamiento del espíritu santo en sí mismo, sino en el ser declarados justos, mediante la fe en el sacrificio redentor de Jesucristo; y es que el recibir espíritu santo en sí mismo, si no tiene una repercusión inmediata en uno, no permitiría entender el porqué de su derramamiento. Entonces vemos que lo que se destaca, no es el derramamiento del espíritu del Altísimo sobre uno, como un fin en sí mismo, sino los efectos resultantes del citado derramamiento del espíritu de Jehová, sobre el individuo en cuestión y que en el caso citado, sería el ser aceptados de nuevo, a una relación de favor con el Altísimo.

Y si bien es cierto, como ya les hemos apuntado, que consideramos nuestra conclusión como una mera posibilidad (bastante ajustada entendemos, a los hechos que se nos cuentan), lo que sí queda meridianamente claro, es que esos creyentes que se iban añadiendo no tenían el espíritu de adopción como Hijos de Dios, o sea, el mismo espíritu que tenían los doce apóstoles, lo cual queda probado por el hecho de que ellos no podían llevar a cabo “señales y portentos presagiosos”, a diferencia de los citados personajes, que en su condición de Hijos de Dios, si podían realizarlos. Entonces de lo que hemos visto hasta el momento, podemos concluir en primer lugar, que solo los doce apóstoles de Jesús fueron reconocidos como Hijos adoptivos de Dios, de entre una numerosa cantidad de creyentes o seguidores de Jesucristo (Luc. 6:13) y que por lo tanto y como segunda conclusión, que el bautismo no convertía en Hijos de Dios de forma automática a los nuevos bautizados, en total discrepancia con la disparatada afirmación de Apologista Mario Olcese (y otros muchos)…… luego nos encontramos y ya como tercera conclusión, con el hecho de que Lucas nos habla de dos grupos claramente diferenciados, entre la multitud de seguidores de Jesucristo: el de aquellos que si tenían dicha “unción” o reconocimiento divino (los doce apóstoles, aún de momento) y el de aquellos que no la tenían (el numeroso grupo restante), pero que sin embargo gozaban también de la aprobación de Jehová, como seguidores de Su Hijo Jesucristo…… y eso es lo que se deduce de lo que nos explica en el libro de “Hechos de los Apóstoles”.

Pero resulta que lo que el Sr. Olcese nos dice, es que los nuevos creyentes eran añadidos a la iglesia o “cuerpo de Cristo” (según él) y lo que les daba la condición de “salvos”, citando de Hech. 2:47 y siendo de nuevo, la traducción que dicho caballero parece usar, la versión RVR 1960, una de las pocas que usa la expresión “iglesia” en ese texto, pues la mayoría de las otras versiones traducen dicho pasaje de la siguiente manera: “añadía al número de ellos”, o “añadía a la comunidad”, o “crecer la comunidad con el número de ellos”, o “agregaba a esa comunidad cristiana” o “el grupo de seguidores se iba haciendo más grande” y así por el estilo; incluso la propio versión RV 1989, lo vierte de la siguiente manera: “…… Y el Señor añadía diariamente a su número……”, o sea, todas transmitiendo la idea de un grupo que se va ampliando, pero sin hacer ninguna concreción. La TNM de los Testigos de Jehová, parece ser la que más se ajusta al sentido correcto del mensaje transmitido, al sustituir la palabra “iglesia” en todos los textos en donde aparece, por la de “congregación” y que es lo que realmente significa la expresión griega “ek-kle-sí-a”, derivada de la palabra hebrea “qa-hál”, que viene de una raíz cuyo significado es “convocar” o “congregar” (Núm. 20:8; Deut. 4:10); y expresión frecuentemente usada en el AT, con relación a un cuerpo organizado y sin ningún tipo de connotación, que dirija la atención a algo de origen divino, como pueda ser un cuerpo de “ungidos”. Vemos que se encuentra en expresiones tales, como por ejemplo, “la congregación de Israel” (Lev. 16:17; Jos. 8:35; 1 Rey. 8:14), o “la congregación del Dios verdadero” (Neh. 13:1) o “la congregación de Jehová” (Deut. 23:2-3; Miq. 2:5).

Por ello, la expresión hebrea “qa-hál”, se usa en el AT, para designar diferentes tipos de convocatorias humanas: con fines religiosos (Deut. 9:10; 18:16; 1 Rey. 8:65; Sal. 22:25; 107:32); para tratar asuntos civiles (1 Rey. 12:3) y hasta para la guerra (1 Sam. 17:47; Ezeq. 16:40). En el libro de Eclesiastés, se identifica a Salomón como “el congregador” usando la palabra hebrea “qo-hé-leth” (Ecl. 1:1, 12), derivada de la primera…… y estableciendo así, la citada traducción, una idea clara de la división existente entre lo que era el conjunto de los creyentes, o sea, la congregación en general, con el significado de la expresión “cuerpo de Cristo” (algo que era desconocido en el AT) y que hacía referencia a la congregación en particular, compuesta por aquellos que habían sido “ungidos” como Hijos de Dios y que repetimos, en ese espacio de tiempo del libro de Hechos que hemos abarcado, aún estaba compuesta únicamente por los doce apóstoles de Jesucristo, mientras que el resto de los seguidores de este y como hemos visto, se contaban por miles.

Entonces vemos que los que se iban bautizando, obviamente eran añadidos al grupo de los que ya eran seguidores de Jesús, como hemos dicho, tanto de antes como de después de la muerte de este; porque no olvidemos que Jesús durante su ministerio terrestre, ya tenía una gran cantidad de seguidores, algunos de los cuales se nos citan por nombre en las Escrituras, como los mismos doce apóstoles, escogidos por Jesús de entre otros muchos de sus anónimos seguidores (Luc. 6:13; Juan 6:70), o como la familia de Lázaro, o el propio José de Arimatea, entre otros y que como es obvio, no habían recibido el Espíritu Santo (y que era el que daba la adopción como Hijo de Dios), pues Jesús aún no había muerto y por lo tanto, no estaba en disposición de poder derramarlo, según el mismo afirmó:

No obstante, les digo la verdad: Es para provecho de ustedes por lo que me voy. Porque si no me voy, el ayudante de ninguna manera vendrá a ustedes; pero si sigo mi camino, lo enviaré a ustedes.” (Juan 16:7).

Por lo tanto, el tal “ayudante” no estaba aún disponible…… no obstante, esas personas eran creyentes y seguidores aceptados tanto por Jesús, como por su Padre Celestial. Sin embargo, el Sr. Olcese y en una nueva triquiñuela tendente a confundir al personal (y algo muy característico en él), cita de ese texto de Hech. 2:47 de la versión RVR 1960, que dice así:

“…… alabando a Dios y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”

Y decimos “triquiñuela” tendente a confundir y con el objetivo de llevar el agua a su molino, aunque sea alterando la verdad, porque le da a esa expresión “iglesia” un contenido que no se contempla en el texto en cuestión. Y es que mediante una frase personal (que no está incluida en el texto mencionado) que añade a continuación del texto citado, altera el sentido del mismo, al hacer como de pasada y como quién no quiere la cosa, el siguiente tendencioso comentario: “…… fueron añadidos a la iglesia, que no es otra cosa que el cuerpo de Cristo” y con lo cual está mintiendo, porque el libro de Hechos no nos dice nada de esto. Y es que cuando hablamos de la Palabra de Jehová, tenemos que tener muy en cuanta, que es lo que esta nos quiere decir en cada momento determinado y no usar algunas expresiones, torpemente traducidas por la versión de turno, para favorecer determinada idea personal y como es el caso; porque una cosa es la “iglesia” en general, que como hemos señalado no es más que una congregación de personas unidas por una misma fe, o con un mismo propósito en mira, circunstancia que ya hemos señalado y de acuerdo a como nos define dicha expresión, el diccionario de la RAE de la Lengua: “Congregación de los fieles cristianos en virtud del bautismo” y otra muy distinta, pero que muy distinta, el “cuerpo de Cristo”, que hace específica referencia (y expresión que no existía en el AT) a aquellos que conforman el grupo de seguidores de Jesucristo que han sido “ungidos” por el Espíritu Santo y adoptados como Hijos de Dios. Y que como hemos podido ver en el registro del libro de “Hechos de los Apóstoles” y hasta dónde hemos considerado, dicho “cuerpo” lo conformaban solo los doce apóstoles elegidos por Jesús y siendo la inmensa mayoría restante, de la que por cierto, en un tiempo pasado también habían formado parte los doce apóstoles, simplemente seguidores de Jesucristo, que no tenían dicha unción y por lo tanto, no formaban parte de ese “cuerpo” y extremo, repetimos, que se nos relata en el libro citado, tal y como hemos podido comprobar.

No olvidemos que en el mismo diccionario citado, de la palabra “cuerpo” se nos hace una distinta definición y que nada tiene que ver con la expresión “iglesia”: “Aquello que tiene extensión limitada, perceptible por los sentidos.” Y aunque el Sr. Olcese acompañe su argumento con la frase “eso lo voy a repetir una y mil veces”, refiriéndose al hecho de que los que se iban bautizando, se iban añadiendo al “cuerpo de Cristo”, no hace de ello una verdad, sino que una vez más deja constancia de que no tiene demasiada idea de lo que la Biblia nos quiere decir en determinados contextos. Porque hasta ese momento del que estamos haciendo referencia y según se desprende del relato del libro de Hechos, solo los doce apóstoles, podían realizar actos poderosos al igual que Jesús, en agudo contraste con una gran mayoría restante de sus seguidores, que compartían creencia y asociación con ellos, pero que sin embargo no tenían el poder para llevarlos a cabo…… luego no tenían la condición o unción de Hijos de Dios y que no por ello, repetimos, eran menos seguidores de Jesucristo que los apóstoles.

Es cierto, sin embargo y eso lo destaca el Sr. Olcese, que el texto citado añade la coletilla de que se añadía a la iglesia “a los que tenían que ser salvos” o “se iban salvando”, según traducciones. Y todos sabemos, que los que son considerados “salvos”, son solo aquellos que toman parte de la primera resurrección (Rev. 20:6) y que ya se levantan en inmortalidad, pues “la muerte segunda, no tiene autoridad sobre ellos” y que aplica únicamente a los integrantes de lo que conocemos como el “cuerpo de Cristo”; y lo cual nos llevaría a tener que dar la razón al Sr Olcese, en el sentido de que los nuevos creyentes eran añadidos a ese cuerpo…… si no fuera por una aclaración que nos hace el mismo apóstol Pedro y que obviamente D. Mario y de forma artera, pasa por alto:

Y con muchas otras palabras dio testimonio cabal y siguió exhortándolos, diciendo: “Sálvense de esta generación torcida.” (Hech. 2:40).

O como vierte la propia RVC (Reina Valera Contemporánea) “Pónganse a salvo de esta generación perversa.” Luego parece claro que la cuestión de la que se trataba, era la de separarse de aquella “generación” que rechazó al Hijo de Dios y que, condenada por Jehová, llegó a su fin en el año 70 E.C., cuando no solo Jerusalén, sino todo el sistema de cosas judío fue destruido y que como pueblo, desapareció de sobre la faz de la tierra. No olvidemos que esa generación era en extremo culpable ante la justicia divina, pues habían sido espectadores de primerísima fila de los portentos y obras milagrosas que mediante el poder de Dios se habían realizado entre ellos y sin embargo, cuando les fue ofrecida la oportunidad de hablar a favor de la vida del Hijo de Dios, habían pedido con vehemencia la muerte de Jesús:

Entonces, tomando la palabra, el gobernador les dijo: “¿A cuál de los dos quieren que les ponga en libertad?”. Ellos dijeron: “A Barrabás”. 22 Pilato les dijo: “Entonces, ¿qué haré con Jesús, el llamado Cristo?”. Todos dijeron: “¡Al madero con él!”. 23 Él dijo: “Pues, ¿qué mal ha hecho?”. Pero ellos siguieron clamando más y más: “¡Al madero con él!”.

24 Viendo que no lograba nada, sino, más bien, que se levantaba un alboroto, Pilato cogió agua y se lavó las manos delante de la muchedumbre y dijo: “Soy inocente de la sangre de este hombre. Ustedes mismos tienen que atender a ello”. 25 Ante eso, todo el pueblo dijo en respuesta: “Venga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos” (Mat. 27:21-25).

Y eso fue precisamente lo que ocurrió…… luego no se “salvaron” de la ira divina, sino que solo fueron “salvos” o se salvaron y en total armonía con la palabras de Pedro, aquellos fieles seguidores de Jesucristo que haciendo caso a sus palabras (Luc. 21:20-24), abandonaron Jerusalén en el momento oportuno. Entonces lo que hemos aprendido de lo considerado hasta el momento y contrario a las afirmaciones del Sr. Olcese, es que en primer lugar, los nuevos creyentes eran sencillamente añadidos al grupo de creyentes o seguidores de Jesús en general, sin más y no al grupo de los que conformaban en ese tiempo lo que podríamos considerar como el embrión del “cuerpo de Cristo” (en ese momento, repetimos, estaba compuesto solo por los doce apóstoles), o sea, los “ungidos” o adoptados por Dios como Hijos Suyos; en segundo lugar y como lógica consecuencia de lo que acabamos de señalar, que de ninguna manera el bautismo en agua implicaba reconocimiento alguno del que participaba de él, como Hijo de Dios…… y en tercer lugar, que ya en los mismos inicios de la primitiva congregación cristiana y algo de lo que discrepa fuertemente el Sr. Olcese, se empezaban a perfilar dos grupos de distintas características y perfectamente delimitados, estando el primero de ellos compuesto por aquellos que tenían la “unción” como Hijos de Dios (los menos) y que en consecuencia estaban en posesión de los mismos poderes sobrenaturales que en su momento detentó Jesús y otro grupo (mucho más numeroso) compuesto de aquellos que siendo también seguidores de Jesucristo, no habían recibido dicha “unción” y que por ello, no solo les era imposible el manifestar dichos poderes, sino que además, no participarían de esa primera resurrección que se nos cita en Rev. 20:6 y que de ser así, significaría un fuerte correctivo a las enseñanzas difundidas por el Sr. Olcese…… pero es que eso y no otra cosa, es lo que se nos explica en el libro de “Hechos de los Apóstoles”.

Y lo cual se entiende más claramente, cuando se pasa a considerar el mandato que Jesús les dio a sus apóstoles, según Mat. 28:18-19, momentos antes de ascender al cielo a la presencia de su Padre Celestial, para ofrecer el precio redentor de su sangre y con ello, poder derramar el “bautismo” del espíritu santo sobre sus doce apóstoles y lo que les conferiría la condición de Hijos adoptivos de Dios. Y palabras, a las que entendemos se ha prestado muy poca atención y en dónde quizás, este la clave del asunto…… pero esto y si nos lo permiten, se lo contaremos en el siguiente artículo.

MABEL