Archivo para diciembre, 2013

¿SE HA PREGUNTADO USTED ALGUNA VEZ…… CUÁN CERCA ESTAMOS DEL CUMPLIMIENTO DE DAN. 9:27?

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , on 29/12/2013 by Armando López Golart

de-donde-eran-adan-y-evaCuestión esta de primerísima importancia, ya que en ese momento dará inicio el acontecimiento más esperado por millones de personas, pues culminará dicho evento con la aparición de un ser que traerá la paz y la justicia en la tierra y lo que comportará la destrucción del “mundo” o sistema de cosas, tal como lo conocemos a día de hoy: el islam espera a su Mahdi, los judíos al “Ungido” de Jehová y los cristianos, el regreso de su “Salvador” Jesucristo y que, aunque parezca imposible y si no entramos en más detalles, estaríamos hablando de prácticamente lo mismo (Mat. 12:21)…… pero puesto que nosotros somos cristianos o lo que es lo mismo, nos identificamos como seguidores de Jesucristo, no podemos por menos que hablar en clave cristiana y lo que nos llevará a apoyar nuestro planteamiento en las páginas de la Biblia.

Es cierto, por otra parte, que la inmensa mayoría de denominaciones de la llamada cristiandad han soslayado la pregunta que da pie a este escrito, diciendo que lo que hay que hacer es seguir las pisadas de Cristo, eso es, vivir una vida piadosa basada en la conducta ejemplar de este y cuando tenga que venir lo esperado…… pues eso: ya vendrá. Obviamente, dicha respuesta y que no nos aclara nada, sirve para enmascarar el hecho de que no tienen ni la más remota idea de cuándo se va a producir dicha venida o regreso del personaje en cuestión y que nos solvente, no solo nuestros problemas, sino los de la entera humanidad, pues más dolor, amargura y quebranto de los que existen actualmente en el mundo, ya parece que exceden a lo que es asumible por el ser humano. Es más, yendo un poquitín más lejos, resulta que para algunas organizaciones de la cristiandad (TJ por ejemplo) esa semana 70 de Dan. 9:27, ya aconteció en el primer siglo y por lo que es imposible que la esperen para nuestros días.

Por lo que los autores de este blog, nos hemos estado cuestionando si sería posible que las Escrituras nos dieran una clave que nos aproximara al cuándo de dicho esperado cumplimiento y que contribuya a fortalecer nuestra esperanza, algo que no consigue esa constante cantinela de que “cuando tenga que venir, ya vendrá” y por lo que solo nos queda esperar…… porque claro, resulta que las Escrituras nos dicen lo siguiente:

Porque todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras, tengamos esperanza.” (Rom. 15:4).

Entonces la fuente de nuestra esperanza, tiene que ver con la instrucción que mediante las Escrituras recibimos y que nos lleva a la “demostración evidente de realidades aunque no se contemplen” (Hebr. 11:1) y por lo que entendemos desde este blog, que la Biblia debería de darnos alguna información al respecto, pues no en balde dijo Jesús aquello de “manténganse alerta, pues no saben en qué día viene su Señor” (Mat. 24:42)…… siendo el caso de que una cosa es que no lo sepamos, pero otra muy distinta el que no hagamos todo lo posible para averiguarlo y lo cual estaría relacionado con el estar “alerta”, eso es, debidamente informados de dónde estamos situados en la corriente del tiempo. No pasemos por alto, el hecho de que Daniel pudo averiguar por adelantado el momento en que los judíos serían liberados de la esclavitud en Babilonia, según se nos relata en el libro que lleva el nombre de dicho profeta, gracias a una investigación personal de las profecías bíblicas con las que contaban en ese momento y que hablaban de dicha cuestión:

“…… en el primer año de reinar él, yo mismo, Daniel, discerní por los libros el número de los años acerca de los cuales la palabra de Jehová había ocurrido a Jeremías el profeta, para cumplir las devastaciones de Jerusalén, a saber, setenta años.” (Dan. 9:2).

Luego es obvio que este pudo poner en antecedentes a sus compatriotas, del momento ya cercano de su liberación, mediante una investigación cuidadosa de los escritos que en ese tiempo obraban en su poder y permitir con ello, que cada uno tomara con tiempo su propia decisión (abandonar Babilonia y regresar a Jerusalén o no hacerlo) y por tanto, empezar a arreglar las cosas para ello y con todo lo que eso significaba de empezar a establecer distancias o romper lazos, con aquél sistema de cosas alejado del Dios Altísimo. Y sin pretender ser tan exactos como Daniel, la cuestión que nos planteamos es si en las Escrituras actuales tenemos información fiable que nos indique para cuándo nos tenemos que preparar para afrontar dichos tiempos e iniciar con ello nuestro distanciamiento de la sociedad en la que estamos inmersos (aquellos que aún no lo hayan hecho, por supuesto), con todas sus perniciosas y repugnantes prácticas.

Porque imagínese por un momento, querido amigo que nos lee, que alguien le dijera que para dentro de 6 meses (por decir algo) va a producirse un acontecimiento que marcará el inicio de los siete últimos años de este embrutecido sistema mundial, a ser seguido por el reino de Dios y con ello, la total liberación de todos los males que nos aquejan a los seres humanos, muerte incluida…… ¿cómo se sentiría usted en cuanto a su esperanza? ¿No es cierto que se vería mucho más fortalecida, lo que le llevaría a “erguir y alzar su cabeza” (Luc. 21:28), pues ya tendría la “certeza” de que su liberación de este inicuo sistema de cosas y destinado a ser barrido por completo, está a la vuelta de la esquina pues ya tiene fecha? Pues eso es lo que vamos a intentar averiguar en este escrito, dado que entendemos que dicha información tiene que encontrarse en un sitio u otro de las Escrituras, pues Jehová nunca hace nada sin advertir antes a sus siervos de cuándo y cómo va a actuar (Amós 3:7); de hecho, tenemos registrada en los escritos sagrados la profecía de las 70 semanas de Dan. 9:24-27 y en dónde se nos da la siguiente información:

“Hay setenta semanas que han sido determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para poner fin a la transgresión, para acabar con el pecado, para hacer expiación por el error, para introducir la justicia para tiempos indefinidos, para imprimir un sello sobre visión y profeta y para ungir el Santo de los Santos (eso es, para el establecimiento del reino de Dios). 25 Y debes saber y tener la perspicacia, que desde la salida de la palabra de restaurar y reedificar a Jerusalén hasta Mesías el Caudillo, habrá siete semanas, también sesenta y dos semanas (eso es, las 70 semanas determinadas estaban divididas en tres partes: 7+62+1=70, no necesariamente correlativas). Ella (Jerusalén) volverá y será realmente reedificada, con plaza pública y foso, pero en los aprietos de los tiempos.

26 Y después de las sesenta y dos semanas Mesías será cortado, con nada para sí. Y a la ciudad y al lugar santo, el pueblo de un caudillo que viene los arruinará. Y el fin del tal será por la inundación. Y hasta el fin habrá guerra; lo que está decidido es desolaciones.

27 Y él tiene que mantener el pacto en vigor para los muchos por una semana; y a la mitad de la semana hará que cesen el sacrificio y la ofrenda de dádiva. Y sobre el ala de cosas repugnantes habrá el que cause desolación; y hasta un exterminio, la misma cosa que se ha decidido irá derramándose también sobre el que yace desolado.” (Acotaciones nuestras).

Pero siendo cierto que con dicha profecía se hacía de Israel el reloj profético de Jehová, no es menos cierto que parece no encajar en nuestro intento de averiguar en dónde nos encontramos en la corriente del tiempo y que nos tiene que llevar a discernir, precisamente, cuando se cumple ese versículo 27 que tiene que ver con el inicio de dicha 70 semana o, cómo ya hemos señalado, de los últimos 7 años del mundo tal como lo conocemos. Sí se nos dice en cambio, que ese período de tiempo se dividirá de la siguiente manera: tres años y medio en que los genuinos seguidores actuales de Jesucristo y que aunque parezca extraño “haberlos ahílos”, dirigidos por un “resto ungido” por aparecer (Rev. 6:9-11), estaremos llevando a cabo la predicación de Mat. 24:14 anunciando el establecimiento del reino de Dios (Rev. 14:6-7), e invitando a las personas a “subirse al carro” y con ello acceder al mismo en calidad de súbditos; acabada dicha predicación a los 1260 días de su inicio (Rev. 11:3), será seguida por los restantes tres años y medio en que se producirá la “gran tribulación” o “día de la ira -o furor- de Dios” (Rev. 7:14; Sof. 1:14-18). En ella y mientras los que acepten dicho ofrecimiento serán ocultados o protegidos milagrosamente (Isa. 26:20; Sof. 2:2-3; Salmo 91) del castigo al que será sometida la humanidad desobediente, pues dicho furor no va dirigido contra los miembros que aceptarán de buena gana la proposición divina de formar parte del numeroso grupo de los súbditos del reino en manos de Cristo (Rev. 7:9; 14), sino contra los que la hayan rechazado, por lo que estos serán los que recibirán el “justo” castigo divino, pues es contra ellos con quién Jehová está indignado:

Esto toma en cuenta que es justo por parte de Dios, pagar con tribulación a los que les causan tribulación, 7 pero, a ustedes que sufren la tribulación (eso es, a los que son fieles seguidores de Cristo), con alivio juntamente con nosotros al tiempo de la revelación del Señor Jesús desde el cielo con sus poderosos ángeles 8 en fuego llameante, al traer él venganza sobre los que no conocen a Dios (obviamente porque no han querido) y sobre los que no obedecen (luego las conocen) las buenas nuevas acerca de nuestro Señor Jesús. 9 Estos mismos sufrirán el castigo judicial de destrucción eterna de delante del Señor y de la gloria de su fuerza.” (2 Tes. 1:6-9). (Acotaciones nuestras).

Y retomando el punto en donde estábamos, si hemos dicho que esta profecía de Dan. 9:24-27 en principio no nos encaja en nuestra búsqueda, es porque si bien esta nos habla del cómo inicia y del que ocurre en el espacio de tiempo de esos 7 últimos años, no nos explica en qué momento estamos ahora situados en la corriente del tiempo, eso es, si cerca o lejos del cumplimiento de dicho evento; pues habrán observado del relato de Daniel, que la semana 69 se cierra con la muerte de Jesús y momento en el que se abre un “paréntesis” temporal y al que Jesús llamó “los tiempos señalados de las naciones”:

“…… y caerán a filo de espada y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por las naciones, hasta que se cumplan los tiempos señalados de las naciones (o “gentiles” según versiones).” (Luc. 21:24). (Acotación nuestra).

Tiempo que parece ser que ya se ha cerrado, como les mostraremos a continuación, aunque los hechos de la semana 70 aún estén por producirse: sin embargo y aunque no lo parezca, estas palabras de Jesús nos abren dos vías de investigación por las que intentar averiguar cuándo llegará ese evento tan esperado, el cual marcará el tiempo para la puesta en marcha del juicio divino; y que para que el resultado de esta investigación fuera creíble, tendrían que confluir dichas dos líneas de investigación en el mismo punto…… aunque solo fuera por cumplir con aquella máxima bíblica que nos dice que por boca “de dos o tres testigos, se establezca todo asunto” (Mat. 18:16), en este caso, por dos razonamientos convergentes en su resolución final; con esa premisa en mente, empecemos por la primera línea de investigación y veamos si esos tiempos de las naciones, efectivamente se han terminado y qué significa ello para nosotros.

Porque esas palabras del Hijo de Dios, registradas en Luc. 21:24 y que tienen estrecha relación con la profecía de Daniel mencionada, iniciaron con la destrucción en el año 70 E.C. de Jerusalén y tuvieron su máxima expresión en el año 135 E.C., con la expulsión total del pueblo judío de su territorio Israel, como consecuencia del último intento de los judíos de lograr la independencia del Imperio Romano; e intento de rebelión liderado por Simón bar Kojba (que asumió el título de “el Mesías”) y evento que, conocido como “La Rebelión de Bar Kojba”, está históricamente documentado y universalmente reconocido como el hecho que determinó la Diáspora (o dispersión) del pueblo judío por todo el mundo de manera definitiva. Recordemos y a título de anécdota, que la tierra donde éste evento ocurrió era en ese entonces conocida como la provincia romana de Judea, por lo que no existe mención alguna en las Escrituras ni documento seglar de la época, en el sentido de que en esa zona existiera algún lugar llamado “Palestina” antes de ése tiempo; y si ese nombre salió a la palestra, fue causado por el “rebote” que se cogió el emperador romano Adriano con la nación judía por sus constantes amotinamientos, por lo que “ni corto ni perezoso” decidió eliminar el nombre de Israel y de Judá de la faz de la tierra, para que no hubiera más memoria del país que pertenecía a aquél pueblo rebelde.

Expulsó de ella a sus habitantes naturales (los judíos) y determinó severos castigos si alguno regresaba a la misma; y su empeño de borrar todo recuerdo de esa nación de la historia, le llevó a incluso cambiar el nombre de aquella provincia romana, por lo que al hombre se le ocurrió acudir a la historia antigua con el objetivo de hallar un nombre que pudiera ser apropiado para ella: y se enteró entonces, que en su momento un pueblo extinto que era desconocido en tiempos romanos, recordado como “los filisteos”, habitó una vez en esa área y siendo además enemigos irreconciliables de los israelitas y…… ¡eureka, je l’ai troubé!, exclamó exultante el romano (nos imaginamos que lo diría en latín, claro). Por lo tanto y según las crónicas de la época, el emperador en cuestión se sacó de la manga el nuevo nombre “Filistina” (y que posteriormente pasó a llamarse por su nombre actual “Palestina”), a sabiendas de que con ese nombre metería “el dedo en el ojo” a los judíos, pues como antiguos rivales eran odiados por estos.

Fue de esta manera que la nación de Israel y en cumplimiento de la advertencia de Dios (Lev. 26:31-33), desapareció como nación y su tierra paso a estar por siglos, pisoteada bajo la dominación de “las naciones”. El emperador Adriano hizo esto con el propósito concreto de eliminar todo vestigio de la memoria de la historia judía y con lo que los antiguos romanos, así como las generaciones subsiguientes hasta llegar a los modernos “palestinos” y en connivencia de las naciones árabes de alrededor, han escenificado el cumplimiento de la profecía escritural que declara lo siguiente:

Contra tu pueblo astutamente continúan su habla confidencial; y conspiran contra aquellos a quienes ocultas. 4 Han dicho: “Vengan y raigámoslos para que no sean nación, para que el nombre de Israel no sea recordado más”.” (Salmo 83:3-4).

Lo que hace de esto que acabamos de relatarles y que no parece ser más que la simple explicación de un suceso aparentemente “sin importancia” del pasado, se convierta en el punto focal que nos hablaría de la inminente venida del momento que estamos esperando, o sea, esos siete últimos años del mundo como lo conocemos y de lo que ya les hemos hablado, pues veamos qué se nos dice en las Escrituras acerca de la en su momento extinta nación de Israel y que nos permitirá empezar a cuadrar el círculo; para ello, accederemos a una profecía que encontramos en Isa. 68:8-9 y transcrita de la versión NTV:

¿Acaso alguien ha visto algo tan extraño como esto? ¿Quién ha oído hablar de algo así? ¿Acaso ha nacido una nación en un solo día? ¿Acaso ha surgido un país en un solo instante? Pero para cuando le comiencen los dolores de parto a Jerusalén, a ya habrán nacido sus hijos. 9 ¿Llevaría yo a esta nación al punto de nacer, para después no dejar que naciera? -pregunta el Señor-. ¡No! Nunca impediría que naciera esta nación- dice su Dios-.”

No olvidemos que Israel como nación había nacido siglos antes en el desierto de Sinaí, o sea antes de que se escribieran dichas palabras, por lo que en las mismas se nos tiene que estar hablando de un acontecimiento futuro o “segundo” nacimiento de Israel como ente nacional. Y cumplimiento de la profecía en cuestión, que tuvo su momento álgido un 14 de Mayo de 1.948, cuando fue declarado el estado de Israel como nación independiente, lo que nos lleva a unas importantísimas palabras de Jesús y dichas en el contexto de las señales que habrían de preceder a su segunda venida (Mat. 24:3), que no han sido precisamente bien interpretadas por muchos y relacionadas con el hecho de que, según hemos visto en la profecía de Daniel, el reloj profético de Jehová es Israel:

Ahora bien, aprendan de la higuera como ilustración este punto: Luego que su rama nueva se pone tierna y brota hojas, ustedes saben que el verano está cerca. 33 Así mismo también ustedes, cuando vean todas estas cosas, sepan que él está cerca (luego se estaba refiriendo a su segunda venida), a las puertas. 34 En verdad les digo que de ningún modo pasará esta generación (se supone que la que vivía en ese inicial rebrotar del pueblo de Dios en 1.948 y que aún está viva) hasta que sucedan todas estas cosas. 35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras de ningún modo pasarán.” (Mat. 24:32-35). (Acotaciones nuestras).

Permítannos un pequeño inciso, para señalar un dato curioso y que de ser así, añadiría fuerza a nuestro planteamiento: la mayoría de cronologías bíblicas coinciden en un dato significativo, pues nos dicen que el patriarca Abrahán nació en el año 1.948 después de la creación de Adán y personaje con el que virtualmente nació el pueblo de Israel, pues nos dice la Escritura que este pueblo salió “de los lomos de Abrahán” (Hebr. 7:5), en función del pacto que Jehová estableció con él…… y “casualmente” la nación de Israel “renació” precisamente en el año 1.948 E.C.; bien, ahí lo dejamos como una simple anécdota.

Volviendo a donde estábamos, no olvidemos que en su momento Jesús y en varias ocasiones prefiguró a Israel a una higuera, básicamente en el episodio conocido como de la parábola de la “higuera que no daba fruto” (Luc. 13:6-9), por lo que es evidente que nos encontraríamos ante el cumplimiento de la profecía de Isa. 68:8-9 que acabamos de mencionar, en el sentido de que la “higuera” rebrotaría y evento del que como hemos visto, Jesús relaciona con aquella generación que habría contemplado el cumplimiento de ese profético rebrotar, al decir que de “ninguna manera” pasaría ésta, hasta ver el cumplimiento completo de todas las cosas por él mencionadas en la señal dada. Y tomando como referencia siempre al contexto bíblico y que a nuestro entender, para algo está, vemos que este nos señala que la vida de una generación y desde el punto de vista de Dios, se extiende por unos 70 u 80 años aproximadamente (Sal. 90:10)…… por ejemplo, uno de los autores de este blog ya cuenta con esos 80 años señalados y lo que quiere decir, que para cuando ocurrió ese suceso de la nueva aparición de Israel como nación, tenía 15 años y por lo que forma parte de esa generación que no puede pasar (a menos que Jesús nos mintiera, o que nosotros nos equivoquemos al aplicar Mat. 24:32-35), hasta que ocurran “todas las cosas”.

Es cierto que ese tema de la “generación” susodicha, los TJ lo han desvirtuado en gran manera con la cantidad de errores que han cometido a lo largo de su corta historia; pero no es menos cierto que el error lo han cometido al adelantarse en más de cien años al cumplimiento de la profecía en su conjunto y de ahí que les hayan fallado “tantos palos”…… pero la realidad, es la realidad y esta nos muestra que Jesús dijo esas palabras con referencia al rebrotar de la “higuera” Israel y ello ocurrió en el 1.948 de nuestra Era, como está claramente constatado en los organismos oficiales pertinentes y por lo que esa tiene que ser la “generación” aludida. Por lo que la pregunta es la siguiente: si estamos en lo cierto y no hay que descartar dicha posibilidad (algún día se han de cumplir esas palabras de Jesús) ¿cuánto nos faltaría para el inicio de dicha semana 70 de Dan. 9:27 y partiendo de la base, que esos siete años son los que cierran el ciclo de 6.000 de historia del ser humano sobre la tierra? Obviamente, un cortísimo espacio de tiempo.

Bien, aparentemente resuelta la primera vía o línea de investigación que nos hemos propuesto y que nos puede dar acceso a la consecución de nuestro empeño, metámonos en la segunda, eso es, cuán adentrados estamos en la corriente del tiempo según la cronología bíblica y cuyo resultado nos tendría que cuadrar con el que acabamos de exponer; veamos por tanto, esta segunda opción que tenemos a mano y apoyándonos en unos datos por todos reconocidos y que nos llevan al mismo momento de la creación, eso es, al libro de Génesis. Porque todos sabemos o deberíamos de saber, que según dicho registro todo lo que existe se creó en unos espacios de tiempo llamados “días” y que el registro escritural divide en siete; de ellos se nos dice que los seis primeros de esos períodos corresponden al propio acto de la creación y siendo el séptimo de ellos, el destinado por Jehová Dios a “descansar” de su obra creativa, es decir, que a partir de ese momento ya Dios cesó de crear cosas:

Después de eso vio Dios todo lo que había hecho y, ¡mire!, era muy bueno. Y llegó a haber tarde y llegó a haber mañana, un día sexto.

2 Así quedaron terminados los cielos y la tierra y todo su ejército (eso es, la creación material como un todo). 2 Y para el día séptimo Dios vio terminada su obra que había hecho y procedió a descansar en el día séptimo de toda su obra que había hecho.” (Gén. 1:31; 2:1-2). (Acotación nuestra).

También sabemos por la información bíblica y ahí está la clave de la cuestión, que dichos espacios de tiempo creativo llamados días, constaban de 7.000 años cada uno y partiendo de la siguiente afirmación, pues otra cosa que sabemos, es que la obra creativa terminó con la creación del ser humano, eso es, de Adán y Eva…… luego si tenemos su genealogía, podemos averiguar el número de años que han pasado desde el momento de su creación, hasta nuestros días y conociendo así, si en realidad los citados “días creativos” constaron de 7.000 años cada uno, o no: para eso nos apoyamos en el hecho de que Jehová es un Dios de orden (1 Cor. 14:33), por lo que cada uno de esos espacios de tiempo que Él denomina “días” tuvieron que tener la misma duración, sea esta la que sea. Y es que si ello fuera así y el período de descanso de Dios, razonablemente, fuera un “día” también de 7.000 años y sabiendo de cierto que los últimos mil son los dedicados al reino milenial de Cristo, tenemos que colocarnos en los siete años antes de llegar al años 6.000 de la creación de Adán, eso es, en el año 5.993 desde la creación del primer ser humano hasta nuestros días, pues tenemos que encajar los últimos siete años de la semana 70 de Dan. 9:27 y que preceden al inicio del séptimo milenio o reinado de Cristo; y momento en el que tienen que empezar los sucesos que llevarán al fin del estado de cosas como lo hemos conocido siempre…… de ahí la importancia, de averiguar dónde estamos situados en este momento en la corriente del tiempo.

A partir de ahí, tenemos distintas cronologías, como la de los judíos actuales y que nos sitúan a día de hoy, en Diciembre del año 5.774 a. E.C. desde la creación del primer ser humano, eso es, que para el cumplimiento de los 6.000 años aún nos restarían 226…… lo que significaría que las palabras de Jesús en Mat. 24:32-35, acerca de la generación que “no pasaría” a partir del “rebrote” de la simbólica “higuera” (Israel), no tendrían demasiado sentido; si a ello le sumamos que el judaísmo ortodoxo no acepta el NT, pues no creen en Jesús como el Mesías de Jehová, es obvio que su cronología (al no tener en cuenta el factor Jesús) no puede ser tomada en consideración. Pero es que además, concurre la circunstancia de que posteriores revisiones a dicha cronología por parte de reputados rabinos, muestran cierta deficiencia en la misma y por lo que se pasa a situar la creación de Adán para el 3.983 a.E.C. y lo cual ya “afina” un poco más la cosa, pues la acerca más a las cronologías más verosímiles hasta el momento.

Tenemos por ejemplo, la llamada “Cronología de Ussher” del siglo XVII, formulada por James Ussher (enero 1581 a 21 marzo 1656), Arzobispo anglicano del Condado de Armagh (Irlanda del Norte) y que fijó la creación de Adán sobre el año 4.004 a.E.C. También tenemos la cronología de los TJ, probablemente la más usada, que sitúa dicho evento creativo para el 4.026 a.E.C. y por lo que parece que se desfasa en unos 22 años; pero dado que para su desarrollo han usado como uno de sus puntos de referencia la caída de Jerusalén ante Nabucodonosor, según ellos en el 607 y siendo que los estudios más avanzados la colocan en el año 587 a.E.C., lo que hay que hacer es quitar esa diferencia de 20 años a esa fecha del 4026 y con lo que nos quedamos con 4.006 años para la creación de Adán y por tanto, en la práctica idéntica a la anterior. Pero por otra parte, también tenemos un bloque de otras cronologías que nos lo fían un poco más largo, como la del monje benedictino conocido como Beda el Venerable (672 a 735) y que situó dicha creación para 3952 a.E.C.; o la del contemporáneo del Arzobispo Ussher, Joseph Justus Scaliger que la situó en 3949 a. C. y que es anterior a la del eclesiástico inglés y erudito rabínico, John Lightfoot (marzo de 1602 a diciembre de 1675) y que la situó un poco más lejana en el tiempo, al apuntar que la creación comenzó el año 3929 a.E.C.

Ante ese panorama y dado que dicen que en el centro está la virtud, entre las que nos sitúan dicho evento creativo sobre el año 4.004/6 a.C. y las que nos lo colocan sobre los 50 o 70 años antes y como acabamos de ver, nos quedamos con la fecha de 3.983 a.C. mencionada en primer lugar y empezar a trabajar a partir de ella, dado que nos parece la más razonable. Porque si usamos las dos primeras (partiendo la diferencia) y sumamos 4.005+2013, ello nos situaría en el año 6018 y dado que como les hemos dicho, la fecha para el inicio de la profética semana 70 de Dan. 9:27 (siete años) tendría que ser el 5.993 después de la creación del primer hombre para cuadrar el sexto milenio de descanso para Jehová, a ser seguido del séptimo para el reino de Dios, resulta que en principio y dado que aún no ha iniciado dicha semana de años (7), resulta que ya nos hemos pasado 25 años (6.018+7= 6.025) del momento en que dicha profecía de Daniel tenía que haberse cumplido. Y si por el contrario tomáramos la segunda opción, también partiendo la diferencia y con lo que nos quedaríamos con el año 3.960 para la creación de Adán, nos encontraríamos que 3.960+2013 nos llevan al año 5.973 desde la creación, eso es, que a la generación señalada por Jesús, le quedarían aún 20 años (y ya descontados los 7 de Dan. 9:27) para ver el final de “estas cosas”…… lo que nos llevaría a una generación de 100 años y eso no es lo que nos dicen las Escrituras, pues entendemos nosotros que estas nos están dando pistas de por dónde va la cosa ¿o alguien podría explicarnos, porqué Dios nos da el dato de una generación como de entre 70 a 80 años, teniendo en cuenta que en Palabra de Dios, la Biblia, hasta una simple tilde tiene su debida importancia? ¿Sería entendible en un Dios de orden, una cantidad puesta a “ojo de buen cubero”?

Y siendo el caso planteado, más o menos lo que les ocurre a los TJ, cuando colocan el final de este sistema de cosas para el año 2.034 (última “genialidad”), pues acorralados por sus disparatados errores en las fechas de la venida del juicio de Dios, ya lo sitúan ¡46 años después del año 6.000!, eso es, 25 que ya llevan de desfase en este finalizado 2.013 y como hemos visto, más los 21 que faltan hasta el año 2.034, que dan el total de 46 años. Porque claro, o creemos en las Escrituras o no creemos en ellas…… y si creemos en ellas, estos son los cálculos que estas nos permiten hacer para “nuestra instrucción” (Rom. 15:4; ahora bien ¿qué ocurre si nos quedamos con la fecha de 3.983 para el momento de la creación de Adán? Pues que 3.983+2.013=5.996…… pero aunque los números son mucho más razonables, alguien podría objetar que tampoco se ajusta a la fecha deseada, pues solo faltarían 4 para el año 6.000, cuando en realidad nos tendrían que faltar 7 para poder alojar la semana 70 de Dan. 9:27, eso es, siete años; pero a diferencia de los anteriores cálculos, tal inconveniente es fácilmente solventable, porque hay que tener en cuenta lo del año 0 (pues la cronología pasa de -1 a +1 sin año de transición) y año que tendríamos que restar a los 2.013 actuales, contados a partir de Cristo, con lo que la suma sería 3.983+2.012=5.995 y lo que nos reduciría la cuestión a solo 2 años de desfase…… y ahí es ya donde entramos en el verdadero meollo de la cuestión.

Porque si han estado atentos y no se han mareado con tanto número, habrán percibido que todas las cronologías parten de la creación de Adán como inicio del día de descanso de Jehová y momento preciso en que inicia la cuenta atrás de los 6.000 primeros años del citado día sabático de Dios, cuando eso no es cierto: porque Jehová no inició su día de descanso, sino hasta después de haber creado a Eva y por lo que tenemos ahí unos años “bailando”, pues no sabemos cuánto tiempo después de haber creado a Adán, se llevó a cabo la creación de la mujer (última creación divina) y momento en el que realmente inició el Altísimo su día de “descanso”; pero veamos que nos dice la Biblia al respecto:

Ahora bien, Jehová Dios estaba formando del suelo toda bestia salvaje del campo y toda criatura voladora de los cielos y empezó a traerlas al hombre para ver lo que llamaría a cada una; y lo que el hombre la llamaba, a cada alma viviente, ese era su nombre. 20 De modo que el hombre iba dando nombres a todos los animales domésticos y a las criaturas voladoras de los cielos y a toda bestia salvaje del campo, pero para el hombre no se halló ayudante como complemento de él. 21 Por lo tanto Jehová Dios hizo caer un sueño profundo sobre el hombre y, mientras este dormía, tomó una de sus costillas y entonces cerró la carne sobre su lugar. 22 Y Jehová Dios procedió a construir de la costilla que había tomado del hombre una mujer y a traerla al hombre.” (Gén. 2:19-22).

Luego dado que el poner nombre a los animales implicaba cierto grado de observación sobre sus comportamientos (los nombres eran descriptivos), habría que pensar que se necesitaría algún tiempo para llevar adelante dicha tarea, aunque no sabemos cuántas especies había en el jardín de Edén y por lo tanto, lo dilatado de dicho espacio temporal; pero el caso es que en un momento del transcurso del mismo, Adán se dio cuenta de que mientras los animales se podían reproducir mediante la unión de un macho con una hembra, él no tenía “una ayudante” que le complementara para esa función y de ahí, que Jehová la trajera hasta él a una mujer…… en todo caso, estaríamos hablando de cierto lapsus temporal en el que el hombre estuvo sin compañía humana en el citado jardín y del que ignoramos su duración. Por otra parte, hay algunos que dicen que también contaría el tiempo existente entre que fueron aparejados y que estuvieron en el jardín sin tener descendencia y que a nuestro entender sería mínimo, pues veamos: como seres humanos perfectos, cuando fueron creados ya estaban físicamente dotados para engendrar hijos, eso es, que no había necesidad de un proceso de desarrollamiento físico hasta alcanzar la edad adulta para tal cometido; pero es que además, la orden de Jehová fue “sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra” y lo que implicaría el tomar acción en acatar la orden divina.

Pero ello significaría que antes de que pudieran engendrar un hijo ya se cometió el pecado (que de ser así, habría nacido perfecto, no nos olvidemos de ese “pequeño” detalle) y circunstancia que nos lleva a razonar que la estancia de Eva en el paraíso fue efímera, pues no le dio tiempo de concebir dentro del jardín de Dios, pues el primer hijo se concibió fuera ya de este. Por lo que ese tiempo de unos dos años que quedan en punta (no se puede descartar la posibilidad que fuera un poco más de tiempo) de la cuenta que hemos realizado, son fácilmente absorbibles, pues fueron los que el primer hombre permaneció sin compañía en dicho entorno; no olvidemos que éste había sido preparado para vivir eternamente y las cosas, probablemente en ese contexto, se sucedían con menos rapidez de la que actualmente le damos nosotros, en nuestro intento de “aprovechar” los pocos años de vida que tenemos por delante y lo que nos lleva a vivir muy “deprisa”…… en todo caso y como en la línea de investigación anterior, estaríamos hablando de un corto espacio de tiempo existente para el cumplimiento de Dan. 9:27.

Bien, siendo que parece ser que las dos líneas de investigación emprendidas nos conducen a un mismo punto, eso es, a la existencia de un cortísimo plazo de tiempo para el cumplimiento de dicha profecía…… ¡aquí lo dejamos nosotros! Sí, sí, ya sabemos que nos dirán que en definitiva tampoco les hemos aclarado gran cosa con respecto de la fecha concreta del acontecimiento mencionado…… pero es que sencillamente no la sabemos. Pero lo que sí hemos hecho, es poner a su alcance unas claves que suelen pasar desapercibidas para el común de los mortales que leen las Escrituras y que al igual que a nosotros, esperamos les muevan a ustedes a investigar, primero, si lo que les hemos contado se ajusta a la realidad de los hechos conocidos y, segundo y siempre en el bien entendido de que nuestro error y en el caso de haberlo, haya sido mínimo, a sacar sus propias conclusiones en cuán cerca estamos ya de nuestra salvación y que inicia en esa decisiva profética semana 70 de Dan. 9:27…… y, obviamente, prepararse para ello. Nosotros, por si acaso y por aquello de que “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”…… ¡pues eso, que ya nos estamos poniendo en situación!

MABEL

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LA NUEVA “GAMBERRADA” DE APOLOGISTA MARIO OLCESE.

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , on 22/12/2013 by Armando López Golart

38242_mSi usted, querido amigo que nos lee y como tantos otros, se ha visto sorprendido últimamente por la ausencia de escritos en esta página, criticando las “gansadas” que Apologista Mario Olcese suele contar por artículos o videos publicados (con alguna rara excepción y oportunamente señalada por el autor material de los temas escritos en este blog, u séase aquí el menda -Armando López Golart- y servidor de ustedes o, en su defecto y como suele llamarme D. Mario, “el españolillo matador”), no crea que ha sido debido al buen hacer de dicho caballero y que me haya llevado a estar de acuerdo con sus postulados, sino que ha sido fruto del hecho que ya he dado a ese señor por amortizado, eso es, que ha sido tan brutal el descenso de su popularidad y pérdida de prestigio en la Red, que ha dejado de ser un referente entre las páginas que publican artículos bíblicos…… entonces ¡para qué perder el tiempo ¿no creen?! Prueba de ello, es que desde hace bastante ídem, dicho autor “malvive” en YouTube, mediante insulsos y repetitivos temas en contra de los TJ, actividad que hasta los tontos de pueblo en España y cuando no tienen nada mejor que hacer…… ¡pues haaala! a meterse con los TJ.

Claro, el problema de dicho caballero, ignorante del contenido escritural hasta las mismísimas “cachas”, es que usando las flagrantes contradicciones de la Sociedad Wachtower pretende aclarar puntos de la Biblia y con ello, impartir enseñanzas a todas luces equivocadas; por ejemplo: es cierto que hay un gran desbarajuste de entendimiento entre lo que los TJ afirman acerca de su clase “ungida”, con relación a los de su clase de las “otras ovejas” y tema del que últimamente ha estado tratando ese señor. Pero ello no significa en modo alguno, que el reino de Dios y según las Escrituras, no se componga por una parte, de una “clase” dirigente o gobernante compuesta de 144.000 miembros que acompañará a Jesucristo en dicho gobernar (Rev. 14:1 vs. Sal. 2:5-6) y por otra, de una “clase” diferente que serán los súbditos o gobernados por los primeros (Rev. 7:9; 14) y por tanto, de distinta condición que estos …… en definitiva “dos clases” y que son los dos distintos y únicos grupos de personas en los que se divide un reino a la usanza y como siempre se ha entendido: una minoría gobernante, que ejerce su condición de tal sobre una inmensa mayoría que es gobernada y a los que se conoce como “súbditos” del reino en cuestión.

Ahora bien, puesto que los TJ cometen ese error de aplicación (que no de interpretación y que no es lo mismo), ya que se adjudican a sí mismos una profecía aún por cumplirse y en la que se han adelantado por más de cien años; de ahí que les fallen tanto los números, pues la realidad es que actualmente no existe “ungido” alguno sobre la tierra (Apologista y por mucho que “chifle” tampoco lo es), ni persona alguna que se pueda identificar como miembro de la “gran muchedumbre”. Pero D. Mario y basándose en ese error mayúsculo de los mencionados TJ, ya entiende y así lo enseña, que lo de las dos “clases” ni siquiera se menciona en la Biblia y lo que me lleva a mí, a formular aquella pregunta tan clásica de “¡Qué ver tendrá, el regaliz con el tocino!”; y es que en definitiva lo que ocurre, es que nos encontramos ante una nueva demostración de la presbicia escritural del caballero en cuestión, u séase, que no tiene ni puñetera idea de lo que habla…… a menos eso sí, que nos pueda explicar de manera razonable, de cuántos grupos se hace mención en Rev. 7:4; 9 y en donde a Juan, en una visión, se le muestra el reino y a los que del mismo formarán parte.

Pero como resulta que no hay dos sin tres, el amigo Mario y siguiendo en su habitual línea de “aciertos”, se ha descolgado con una afirmación de aquellas que hacen época ¡vamos, que el hombre “sa pasao siete pueblos”! qué diría nuestro amigo el castizo, cuando en el video publicado el pasado día 13 del corriente mes de Diciembre bajo el título de “CRISTO FUE HECHO SEMEJANTE EN TODO A SUS PAISANOS (Hb.2:17)…¡PERO LA WT DICE QUE NO!” afirmó sin lugar a duda alguna que Jesucristo no era un hombre perfecto…… sí, sí, han leído ustedes bien: Jesús no era un hombre “perfecto” y por lo que obviamente, su cuerpo era tan imperfecto como el de sus seguidores y según propias palabras de D. Mario, que pueden oír en dicha grabación desde el minuto 4’55 al 5’45. Claro, cuando uno que como un servidor no se considera un “ungido” o Hijo de Dios, como sí afirma serlo el personaje en cuestión y por tanto, guiado por el espíritu santo…… ¡ah, que ustedes no sabían que ese “genio” de la teología se las da de ser un “ungido” y de recibir revelaciones directas del espíritu santo! ¡Vaya por Dios…… y yo con estos pelos y sin haberles informado! Pero no se preocupen que todo tiene arreglo y rápidamente les pongo en antecedentes para que se vayan poniendo al día, acerca de con quién se juegan “los cuartos”; y para que vean que no les miento, fíjense en lo que en su momento dijo dicho “caballero” y a poco de iniciar su andadura en Internet (posición que ha mantenido en el tiempo), eso es, el 07/09/2007 bajo el título “No toquéis a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas” y en donde en su párrafo 3, nos decía lo siguiente:

Yo soy un UNGIDO del Señor, y nadie debe o puede tocarme a mí, o a usted, si en verdad es un cristiano, sin tener luego que pagar un precio muy caro. Yo me considero un UNGIDO del Señor, y si usted no se considera así, entonces usted no ha entendido lo que significa ser un cristiano o un ungido.” (Negritas mías).

O esto otro, publicado el 29 de Marzo 2008 en un artículo que llevaba el título “¡Todos los bautizados somos “Cristos”!”:

Ahora bien, “Ungidos con el Espíritu Santo” resalta otras bendiciones colaterales que Dios nos añade cuando nos entrega el Espíritu Santo, PERO LO MÁS IMPORTANTE ES QUE NOS GUÍA A LA VERDAD (Ver Juan 16:13). NADIE PUEDE SER GUIADO A LA VERDAD SIN EL ESPÍRITU OBRANDO EN ÉL.” (Negritas mías).

Observen que habla en primera persona y lo que significa, que reconoce tener el espíritu santo operativo sobre él; de hecho unos meses antes, eso es, el 28/08/2007, en el tema “Consejos oportunos para miles de testigos de Jehová desanimados” y hablando de la liberación que había supuesto para él, el salirse de dicha secta (como, por otra parte, para cualquiera de los que hemos tenido la fortuna de haberlo conseguido), hacía la siguiente y presuntuosa afirmación:

Al contrario, soy un hombre muy feliz y dichoso, ya que por fin tengo la libertad que no gozan ellos para escribir y tener mi sitio web donde puedo exponer mis creencias personales y mis “descubrimientos” bíblicos según me lo revela el Espíritu de Dios. Sólo el Espíritu de Dios nos guía a la verdad.” (Negritas mías).

Aproximadamente un año después, el 30 de Marzo del 2008, publicaba el artículo “Mi llamado para anunciar el evangelio del reino” y en el que después de un primer párrafo “glorioso”, firmaba dicho artículo de la siguiente manera:

Su servidor,
Ing° Mario A Olcese (Apologista)
Embajador Plenipotenciario del Reino de Dios

Y fórmula que empleó también en varias cabeceras de artículos en esa época, como por ejemplo, en este escrito del 30/03/2008:

USTED DEBE SER APTO PARA EL REINO DE DIOS
Por Ing° Mario A Olcese (Apologista)
Embajador Plenipotenciario del Reino de Dios

Palabras que ahora ha traducido a música, pues solo hay que oír la banda sonora “hollywoodiense” con la que abre sus videos en YouTube y al más puro estilo de “mega estrella” del celeuloide; pues bien, esa es la “joyita” que con tanto énfasis afirma ser un Hijo de Dios y por tanto, “guiado” por el espíritu divino (Rom. 8:14) y que nos acaba de decir (quiero suponer que en una nueva “revelación” del espíritu santo de Dios) que Jesús no tenía un cuerpo perfecto. Y claro, uno que no se da tantas ínfulas como ese caballero, pues no me creo ser un Hijo de Dios, ni que el espíritu santo me susurre al oído secretos sagrados, ni nada que se le parezca (¡qué quieren ustedes, no todos hemos nacido “en la calle Mayor”, como el Sr. Olcese!), lo primero que se me ocurre ante tan “divina revelación” es preguntarme ¿para qué sirvió entonces, todo el “follón” montado alrededor de Jesús desde su nacimiento hasta su muerte, si resulta que este no tenía un cuerpo perfecto, sino imperfecto como tenemos todos y lo cual quiere decir, ni más no menos, que “cualquiera” hubiera podido dar su cuerpo como rescate por el resto de humanidad, o sea, habría podido conseguir el mismo resultado que él obtuvo y sin tanta “escandalera”? El problema está, en que eso no es lo que nos dicen las Escrituras, acerca de si un hombre con un cuerpo imperfecto y como D. Mario nos afirma que tuvo Jesús, podía haber rescatado a la humanidad del pecado:

“…… ni uno de ellos puede de manera alguna redimir siquiera a un hermano, ni dar a Dios un rescate por él (eso es, para uno mismo); 8 y el precio de redención del alma de ellos (de la humanidad) es tan precioso (o tan elevado) que ha cesado hasta tiempo indefinido (eso es, imposible de alcanzar), 9 para que todavía viva para siempre y no vea el hoyo.” (Sal. 49:7-9). (Acotaciones mías).

Luego lo que queda claro de estas palabras, es que el ser humano por sí mismo no podía proporcionar un “rescate” de la condena a muerte que nos transmitió el pecado heredado de Adán, lo nos lleva a preguntarnos ¿por qué eso así? y que solo tiene una respuesta: mientras que Adán era un ser “perfecto” y puesto que a partir de él, ya todos sus descendientes nacieron con la “tara” o “mancha” del pecado, eso es, en “imperfección”, era completamente imposible pagar el precio que se ajustara a la ley divina:

Pero si ocurre un accidente mortal, entonces tienes que dar alma por alma, 24 ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, 25 marca candente por marca candente, herida por herida, golpe por golpe.” (Éxo. 21:23-25).

O lo que es lo mismo, lo aportado en compensación por el perjuicio o daño causado, tenía que ser equivalente al objeto o valor sujeto a rescate, eso es, la vida “perfecta” que se perdió y a tenor de lo que leemos en 1 Tim. 2:5-6:

Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, un hombre, Cristo Jesús, 6 que se dio a sí mismo como rescate correspondiente (eso es, de igual valor a lo que se había perdido) por todos… de esto ha de darse testimonio a sus propios tiempos particulares.” (Acotación mía).

Ello nos llevaría a considerar qué es lo que se perdió con Adán y para lo cual, tenemos que retrotraernos al libro de Génesis y en donde en su capítulo uno y a partir del tercer día creativo en donde empezó ya propiamente la creación terrestre, la expresión divina al concluir el día tercero, cuarto y quinto fue “Y vio Dios que era bueno”. Sin embargo, al concluir el sexto día y en donde había sido creado el hombre, la expresión divina cambió sustancialmente, pues Jehová exclamó:

Después de eso vio Dios todo lo que había hecho y, ¡mire!, era muy bueno. Y llegó a haber tarde y llegó a haber mañana, un día sexto.”

Luego tendríamos que llegar a la conclusión, de que dicha exclamación en boca del Altísimo, no podía significar otra cosa que lo creado hasta ese momento era sencillamente “perfecto”…… incluido el cuerpo de Adán; de hecho, eso es lo que entendemos de Deut. 32:4:

La Roca, perfecta es su actividad, porque todos sus caminos son justicia. Dios de fidelidad, con quien no hay injusticia: justo y recto es él.”

Por lo que solo se puede concluir que Adán como ser humano creado por Dios, tenía un cuerpo sencillamente “perfecto”, tanto mental como físicamente y que no se deterioraba con el paso del tiempo, ya que Jehová lo había creado para vivir para siempre y funcionando como un reloj de precisión…… algo que solo la desobediencia a las normas establecidas por Su Creador podría alterar y, de ahí, la advertencia divina:

Y también impuso Jehová Dios este mandato al hombre: “De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho. 17 Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás”.” (Gén. 2:16-17).

Y todos sabemos que Adán no murió el mismo día que pecó y fue expulsado del Edén, sino que vivió hasta los 930 años y entretanto engendró “hijos e hijas” (Gén. 5:4-5)…… luego ¿qué había ocurrido? Pues que a partir del momento en que se cometió el pecado de desobediencia, para Jehová Adán ya estaba muerto, pues el cuerpo perfecto de este sufrió una alteración y a partir de la cual, empezó a deteriorarse progresivamente hasta acabar en la muerte y su regreso al lugar de donde había sido sacado, eso es, al polvo de la tierra y lo que significaba la muerte eterna: lo que conllevó que ese “deterioro” en el estado de perfección que en su momento disfrutó nuestro primer padre y que como consecuencia de la desobediencia, llevó a este a la muerte, es lo que Adán y al igual que un molde defectuoso, “transmitió” a sus descendientes y que conocemos como “imperfección”. Ello nos lleva a concluir que el “cuerpo” perfecto de Adán y preparado para vivir eternamente, es lo que se perdió y de ahí que su descendencia ya “imperfecta” no pudiera recuperar; de hecho, lo que se nos dice en Rom. 5:12 no es otra cosa que la que acabo de afirmar:

Por eso, así como por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo y la muerte mediante el pecado; y así la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos habían pecado (por la herencia recibida).” (Acotación mía).

Luego antes del pecado no existía la muerte ni la corrupción y derivadas ambas de la “imperfección” en la que sumió el pecado a la humanidad; pero volviendo al Sr. Olcese, vemos que para sostener su infumable afirmación en el sentido de que Jesús no tenía un cuerpo perfecto, usa el texto de Hebr. 2:17 para demostrar que Jesús era “en todo igual” a sus seguidores, texto que transcribiré de la misma traducción que usa el Sr. Olcese:

Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.” (RV 1960).

Ya después de citar Hebr. 4:15 y que analizaremos más adelante, pasa a apoyar su discurso en Rom. 8:3, en dónde leemos lo siguiente y que dicho caballero nos ofrece en distintas versiones, con el objetivo de “apuntalar” su disparata afirmación:

RV 1960: “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne.”

TLA: “Dios ha hecho lo que la ley de Moisés no era capaz de hacer, ni podría haber hecho, porque nadie puede controlar sus deseos de hacer lo malo. Dios envió a su propio Hijo, y lo envió tan débil como nosotros, los pecadores. Lo envió para que muriera por nuestros pecados. Así, por medio de él, Dios destruyó al pecado.”

LBLA: “Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne.”

BLP: “Es decir, lo que era imposible para la ley a causa de la debilidad humana, lo llevó a cabo Dios enviando a su propio Hijo que compartió nuestra condición pecadora y, a fin de eliminar el pecado, dictó sentencia condenatoria contra el pecado a través de su naturaleza mortal.”

NTV: “La ley de Moisés no podía salvarnos, porque nuestra naturaleza pecaminosa es débil. Así que Dios hizo lo que la ley no podía hacer. Él envió a su propio Hijo en un cuerpo como el que nosotros los pecadores tenemos; y en ese cuerpo, Dios declaró el fin del dominio que el pecado tenía sobre nosotros mediante la entrega de su Hijo como sacrificio por nuestros pecados.”

A partir de ahí y considerado todo lo leído, puesto que ninguno de sus seguidores a los que Jesús fue hecho “a semejanza” era perfecto, ese “genio” de la teología deduce que este no podía tener un cuerpo perfecto y a diferencia que sus apóstoles que eran “imperfectos” (y algo que ya les he señalado)…… pero claro, tenemos que tener en cuenta y como hemos visto, que la imperfección es causada por el pecado (Rom. 12:5) y que según el pasaje de Hebr. 4:15 que hemos citado, pero que no hemos transcrito, ésta era la condición de Jesús con respecto del pecado:

Porque no tenemos como sumo sacerdote a uno que no pueda condolerse de nuestras debilidades, sino a uno que ha sido probado en todo sentido igual que nosotros, pero sin pecado.”

Luego si no hay pecado, no hay imperfección, pues la línea que delimita entre la perfección y la imperfección es sencillamente el pecado: un hombre nacido en pecado (cualquiera de nosotros) es imperfecto, mientras que un hombre nacido sin pecado (Jesús) es un hombre perfecto y en el bien entendido de que “un hombre” es un “cuerpo” físico y todo lo que este contiene, bien sea de orden moral, espiritual, intelectual, etc.…… y es que no nos podemos sustraer a lo que leemos en Hebr. 7:26:

Porque tal sumo sacerdote nos era apropiado: leal, sin engaño, incontaminado, separado de los pecadores y llegado a ser más alto que los cielos.”

Entonces y puesto que Jesús no tenía pecado, no podía tener un cuerpo “imperfecto” y lo que nos lleva a pedirle al “genio” en cuestión, que antes de pronunciarse en cuanto al significado de un texto bíblico aprenda a leer, como mínimo, pues no se ha enterado de lo que ha leído; porque de entrada y algo que se puede encontrar en cualquier diccionario, es que la expresión “semejante” no significa “igual a…”, sino “parecido a…”. Por lo que cuando leemos en Rom. 8:3 y leemos eso de que Dios envió a Su Hijo “en semejanza de carne de pecado” se estaba refiriendo a la semejanza física (dos piernas, dos brazos, dos ojos, dos orejas, una nariz, pelo, etc. etc. etc.) y no en el sentido de que ese cuerpo fuera depositario del pecado y como nos aclara lejos de toda duda el pasaje ya leído de Hebr. 4:15, ya que en su engendramiento no intervino hombre alguno y que es el único que puede transmitir el pecado. Tengamos en cuenta que lo hace el organismo de la mujer es “moldear” o dar “forma” a esa fuerza vida que el varón ha introducido en su matriz mediante su esperma, mantenerla y finalmente, traerla al mundo dando a luz…… luego es el varón el que transmite el pecado y no la mujer, que lo único que hace y por decirlo de una manera que nos entendamos, es recibir en su cuerpo ese producto seminal ya contaminado por el pecado y gestionar el desarrollo del mismo; de ahí, lo que leemos en Luc. 1:34-35:

Pero María dijo al ángel: “¿Cómo será esto, puesto que no estoy teniendo coito con varón alguno?”. 35 En respuesta, el ángel le dijo: “Espíritu santo vendrá sobre ti y poder del Altísimo te cubrirá con su sombra (eso es, haría la función de varón). Por eso, también, lo que nace será llamado santo (o “limpio de pecado”), Hijo de Dios.” (Acotaciones mías).

Y decir que un Hijo engendrado directamente por el propio Jehová, era imperfecto, ya merece calificativos un tanto gruesos…… ¡y para que me voy a andar con rodeos, si ustedes ya conocen como me las gasto y saben lo que pienso: de burro para arriba, oigan! Ahora bien, para entender de qué va la “película” hay que investigar un poco y desde la óptica correcta, porque ¿cómo fue, que envió Dios a su hijo en la “semejanza de la carne pecaminosa”, cómo hemos leído en Rom. 8:3?…… pues cuando lo hizo nacer de una mujer y, supuestamente, de un varón, ya que según las propias Escrituras Jesús era hijo “según se opinaba” (Luc. 3:23) de José y así quedó reflejado en el libro de las genealogías de Israel. Luego a todos los efectos y ante la opinión del “personal”, puesto que Jesús había nacido de un varón (José) y una mujer (María) ambos imperfectos, el resultado solo podía ser un hijo imperfecto…… y al permitir Jehová eso con Su Hijo, es por lo que se puede decir que Este lo envió en la “semejanza” (por nacimiento) a carne pecaminosa. De hecho, hay un pasaje que no solo confirma este extremo, sino que añade detalles adicionales que nos ayudan a entender el caso y que encontramos en Fil. 2:5-8, en donde Pablo nos explica lo siguiente:

Mantengan en ustedes esta actitud mental que también hubo en Cristo Jesús, 6 quien, aunque existía en la forma de Dios (cómo Hijo de Dios, Jesús era un ser poderoso, tanto mental como físicamente), no dio consideración a una usurpación, a saber, que debiera ser igual a Dios (como sí hizo Adán). 7 No; antes bien, se despojó a sí mismo (o renunció a…) y tomó la forma de un esclavo y llegó a estar en la semejanza de los hombres. 8 Más que eso, al hallarse a manera de hombre, se humilló y se hizo obediente hasta la muerte, sí, muerte en un madero de tormento.” (Acotaciones mías).

El hecho de que se nos diga que Jesús existía “en la forma” de Dios, ya es suficiente para indicarnos que no era igual a cualquiera de sus contemporáneos, sino que allí había algo fuera de lo normal y que lo elevaba por encima de los seres imperfectos que le rodeaban: que ello era así, queda claro cuando se nos dice que “se despojó a sí mismo”, obviamente de algo que no tenían los demás (su condición divina), para poder llegar a estar en la “semejanza” de los hombres, eso es, en una aparente misma condición de pecador…… ¿y cuándo hizo Jesús esto? Pues sencillamente cuando acudió al bautismo; porque recordarán ustedes el intercambio de palabras habido en ese momento entre Jesús y Juan “el bautizante”:

Entonces Jesús vino de Galilea al Jordán a Juan, para ser bautizado por él. 14 Pero este trató de impedírselo, diciendo: “Yo soy el que necesito ser bautizado por ti…… ¿y vienes tú a mí?”. 15 En respuesta Jesús le dijo: “Deja que sea, esta vez, porque de esa manera nos es apropiado llevar a cabo todo lo que es justo”. Entonces él dejó de impedírselo.” (Mat. 3: 13-15).

Pero ¿por qué objetó Juan? Pues porque el bautismo de Juan, era un “bautismo de arrepentimiento” de pecados (Mar. 1:4) y que se sustanciaba en un simbólico acto público de inmersión en agua y en el que el participante reconocía su condición de pecador contra Jehová Dios; y Juan, que sabía quién era Jesús, estaba al tanto de que este no tenía pecado y al contrario que él, que sí había nacido de un hombre y una mujer que tenían pecado, por tanto imperfectos, por lo que no tenía por qué someterse al bautismo. Luego al presentarse públicamente a dicho bautismo, Jesús simbólicamente “se despojó a sí mismo” y ante los que contemplaban la escena, de su condición exenta de pecado, para asumir ante todos la condición humana en el sentido de que el “también” era pecador y lo que se escenificó mediante el someterse al bautismo de Juan…… luego ante la opinión pública, Jesús pasó a no ser más que uno de tantos y por tanto “semejante” a carne pecaminosa; de ahí que los fariseos cogieran un buen “rebote” en su momento y quisieran apedrearlo, porque “se había hecho igual a Dios”:

Otra vez los judíos alzaron piedras para apedrearlo. 32 Jesús les respondió: “Muchas obras excelentes les exhibí de parte del Padre. ¿Por cuál de esas obras me apedrean?”. 33 Los judíos le contestaron: “No por obra excelente te apedreamos, sino por blasfemia; sí, porque tú, aunque eres hombre, te haces a ti mismo un dios.” (Juan 10:31-33).

Ahora bien ¿qué se esperaba que ofreciera Jehová como rescate por el cuerpo perfecto que dilapidó Adán, sino que otro cuerpo perfecto y que el ser humano de ninguna manera podía ofrecer, pues todo descendiente a Adán nació con la mancha del pecado y por tanto, en cuerpos de imperfección? Recordarán lo que les hemos señalado al inicio de este escrito, en el sentido de como el Sal. 49:7-9 nos muestra que el ser humano no puede pagar un rescate por sí mismo, dado que lo que se exige es la ofrenda de un “cuerpo perfecto” y algo de lo que ningún ser humano dispone; lo que nos lleva a analizar de nuevo el pasaje de Rom. 8:3 y en el que como hemos dicho, básicamente se apoya esa “joya de la corona” de la interpretación bíblica que es Apologista Mario Olcese, cuando resulta que éste pasaje está diciendo todo lo contrario de lo que este afirma que dice, porque veamos que se nos cuenta en el mismo y tomado de la misma versión (NTV) que lo toma el “caballero” en cuestión:

La ley de Moisés no podía salvarnos, porque nuestra naturaleza pecaminosa es débil. Así que Dios hizo lo que la ley no podía hacer (eso es, suministrar un cuerpo perfecto con el que efectuar el rescate). Él envió a su propio Hijo en un cuerpo como el que nosotros los pecadores tenemos (pero “sin pecado”, según Hebr. 4:15 y circunstancia que cambia radicalmente la situación); y en ese cuerpo, Dios declaró el fin del dominio que el pecado tenía sobre nosotros, mediante la entrega de su Hijo como sacrificio por nuestros pecados (y algo que no hubiera sido posible, de ser Jesús un hombre con pecado, eso es, imperfecto como el resto).” (Acotaciones mías).

Pero antes de empezar a desarrollar dicho pasaje y en una nueva confirmación de que toda la obra de Jehová es “perfecta”, veamos qué es lo que se nos dice sobre la Ley que Dios dio al pueblo de Israel, con respecto de estos:

Mis decisiones judiciales deben poner por obra y mis estatutos deben guardar de modo que anden en ellos. Yo soy Jehová su Dios. 5 Y tienen que guardar mis estatutos y mis decisiones judiciales, los cuales, si el hombre los hace, entonces tendrá que vivir por medio de ellos. Yo soy Jehová.” (Lev. 18:4-5).

Entonces lo que se entiende de esas palabras, es que un hombre que fuera capaz de cumplir con la Ley de Dios dada por medio de Moisés, no tenía necesidad de ningún sacrificio propiciatorio añadido para continuar viviendo, pues eso es lo que leemos; sin embargo, Rom. 8:3 pone las cosas en su punto al decir que si bien la Ley “perfecta” de Dios no podía salvarnos, no era por defecto de esta, sino porque no había nadie que pudiera cumplirla…… de hecho, lo que Pablo afirmó, es que la ley fue “añadida para poner de manifiesto las transgresiones” (Gál. 3:19), eso es, que no podíamos cumplirla y por tanto nos hacíamos merecedores de muerte, a menos que hubiera una intervención de nuestro Creador; convendría recordar este respecto, que ya en su momento el Hijo de Dios dijo que él no había venido a destruir la ley, sino a “cumplirla” (Mat. 5:17) y algo que ningún ser humano podía hacer. De ahí, lo que nos continúa diciendo el pasaje de Rom. 8:3, en el sentido de que lo que la ley no podía hacer (no por culpa de la Ley en sí misma), lo hizo Jehová Dios al enviar a alguien “sin pecado”, luego un cuerpo perfecto, que fuera capaz de “cumplirla” y de ese modo propiciar un rescate “equivalente” a lo que se había perdido: un cuerpo perfecto, por un cuerpo perfecto; que eso es así, queda probado por lo que leemos en Heb. 10:5-10 y referido a Jesús:

Por eso, cuando entra en el mundo, él dice: “Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me preparaste un cuerpo. 6 No aprobaste holocaustos ni ofrenda por el pecado. 7 Entonces dije yo: ¡Mira! He venido (en el rollo del libro está escrito de mí) para hacer tu voluntad, oh Dios”. 8 Después de primero decir: “No quisiste ni aprobaste sacrificios ni ofrendas ni holocaustos ni ofrenda por el pecado” -sacrificios que se ofrecen según la Ley (eso es, sacrificios animales) – 9 entonces realmente dice: “¡Mira! He venido para hacer tu voluntad”. Elimina lo primero para establecer lo segundo. 10 Por dicha “voluntad” hemos sido santificados mediante el ofrecimiento del cuerpo de Jesucristo una vez para siempre.” (Acotación mía).

Luego no queda duda alguna que lo que nos rescató del pecado, fue la entrega del “cuerpo” perfecto de Jesús…… y es que si ese cuerpo no hubiera sido “perfecto” y correspondiente al que se perdió, ni Pablo podría haber escrito lo que escribió, ni el Sr. Olcese no se podría considerar ahora “salvo” mediante el sacrificio de Jesús. Porque recordemos, que según el propio Pablo y citando de Ecle. 7:20 “no hay justo, ni siquiera uno” (Rom. 3:10)…… y en el bien entendido que “justo” es equivalente a “perfecto”; que ello es así, lo tenemos expuesto en las siguientes palabras de Pablo:

Además, que por ley nadie es declarado justo para con Dios es evidente, porque “el justo vivirá a causa de la fe.” (Gál. 3:11).

Eso es, que a falta de un cuerpo perfecto que poder afrecer, nuestra fe en el sacrificio del cuerpo perfecto de Jesús es lo que nos da la condición de “justos” ante Dios y nos redime del pecado heredado; luego el nacimiento de Jesús, no fue simplemente un despliegue espectacular de poder divino, sino que sirvió para fines muy definidos: proveyó un ser humano “perfecto”, un “segundo” Adán (luego dos seres totalmente distintos al resto de la humanidad), alguien capaz de santificar el nombre de su Padre, borrar el oprobio que el primer ser humano perfecto había acarreado a ese nombre y así, probar lo falso del argumento de Satanás. Además Jesús, como hombre perfecto, suministraría una base legal (Éxo. 21:23) para rescatar a la humanidad obediente de las garras de los que hoy nos gobiernan como “reyes”, eso es, el pecado y la muerte; ahora bien ¿en qué sentido fue hecho Jesús “semejante” a sus hermanos, seres en ese momento “imperfectos” aquí en la tierra? Pues en el sentido de que siendo perfecto y por ello no sujeto a muerte, se ofreció a sufrir las mismas pruebas y penalidades a las que ellos posteriormente fueron sometidos y probados, llegando hasta el extremo de tener que dar la vida en defensa de su integridad a Dios, según nos vierte la NTV:

Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo él nunca pecó.” (Hebr. 4:15).

Entonces y para enfatizar la cosa, si bien Jesús y por no tener pecado, no tenía por qué enfrentar dichas pruebas, tal como hemos leído en Fil. 2:8 en el sentido de que “al hallarse a manera de hombre, se humilló y se hizo obediente hasta la muerte”, eso es, que hasta el grado extremo se sometió a la consecuencias de la condición imperfecta humana y no siendo merecedor de ello…… de ahí que el sentido de la justicia divina se viera satisfecho (Éxo. 21:23-25), pues un ser humano “perfecto” había muerto para recuperar lo que otro ser humano “perfecto” había perdido en su momento; no olvidemos y para dar más peso a esta idea, lo que se expone en Sant. 3:2:

Porque todos tropezamos muchas veces. Si alguno no tropieza en palabra, este es varón perfecto, capaz de refrenar también su cuerpo entero (o no incurrir en pecado).” (Acotación mía).

Y siendo esto es lo que se nos dice de Jesús, en 1 Ped. 2:21-22:

De hecho, ustedes fueron llamados a este curso, porque hasta Cristo sufrió por ustedes, dejándoles dechado (eso es, un modelo o ejemplo) para que sigan sus pasos con sumo cuidado y atención. 22 Él no cometió pecado, ni en su boca se halló engaño.” (Acotación mía).

Del cual, ya proféticamente se había dicho esto:
Y él hará su sepultura hasta con los inicuos y con la clase rica en su muerte, a pesar de que no había hecho violencia (no cometió ningún acto pecaminoso que requiriera el morir como un criminal) y no hubo engaño en su boca.” (Isa. 53:9). (Acotación mía)

Por lo que tenemos que estar hablando de un “cuerpo perfecto” en todos sus extremos, eso es, tanto en lo mental como en lo físico, a diferencia del resto de seres humanos y como nos decía un pasaje que ya hemos considerado, palabras que quizás se nos pasaron por alto y que recordaremos, transcrito de la versión BLP:

Un sumo sacerdote así era el que nosotros necesitábamos: santo, inocente, incontaminado, sin connivencia con los pecadores y encumbrado hasta lo más alto de los cielos. 27 No como los demás sumos sacerdotes que necesitan ofrecer sacrificios a diario, primero por sus propios pecados y después por los del pueblo. Jesús lo hizo una vez por todas ofreciéndose a sí mismo. 28 La ley de Moisés, en efecto, constituye sumos sacerdotes a personas frágiles, mientras que la palabra de Dios, confirmada con juramento y posterior a la ley, constituye al Hijo sacerdote perfecto para siempre.” (Hebr. 7:26-28).

O lo que es lo mismo, Jesús no solo no tenía que ofrecer sacrificio a su favor como un sumo sacerdote imperfecto, sino que él mismo se ofreció como sacrificio propiciatorio y que fue aceptado por Dios…… lo que prueba fuera de toda duda, que Jesús y desde que nació, fue un ser “perfecto” tanto en mente como en cuerpo y de ahí que su Padre Celestial lo aprobara:

Después que Jesús fue bautizado, inmediatamente salió del agua; y, ¡mire!, los cielos se abrieron y él (Juan “el bautizante”) vio descender como paloma el espíritu de Dios que venía sobre él (Jesús). 17 ¡Mire! También hubo una voz desde los cielos que decía: “Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado.” (Mat. 3:16-17). (Acotaciones mías).

A partir de ahí y teniendo en cuenta que lo que se nos dice de Jehová es que es de ojos “tan puros” que ni siquiera puede “ver” lo que es malo (Hab. 1:13), decir que Jesús no era un ser “perfecto”…… pues eso ¡que me parece una “perfecta” gamberrada!

Armando López Golart

EL RELATO DE DAVID Y GOLIAT…… ¿QUÉ “LECCIONES” PRÁCTICAS NOS TRANSMITE?

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , on 16/12/2013 by Armando López Golart

David-y-Goliat-1024x723Cuando Jesús estuvo aquí en la tierra, dijo unas palabras que pusieron sobre aviso a sus seguidores, acerca de lo que les esperaba si decidían seguirle, pues siendo cierto que los males que aquejan al mundo en general, son tantos como variados y a los que se tiene que enfrentar todo hijo de vecino en su día a día, no es menos cierto que adicional a esa tribulación propia del género humano en el vivir diario, el cristiano genuino carga con una persecución constante que busca socavar su fe e integridad al Dios verdadero…… y en un intento para “reciclarlo” en el defectuoso molde que voluntariamente acepta la inmensa mayoría de las personas, no solo de la llamada “cristiandad”, sino del resto de habitantes del planeta tierra y eso a lo que llamamos “sociedad”; pero veamos qué es lo que nos dijo Jesús:

Si el mundo los odia, saben que me ha odiado a mí antes que los odiara a ustedes. 19 Si ustedes fueran parte del mundo, el mundo le tendría afecto a lo que es suyo. Ahora bien, porque ustedes no son parte del mundo, sino que yo los he escogido del mundo, a causa de esto el mundo los odia.” (Juan 15:18-19).

Luego queda claro que es la condición de seguidor de Jesucristo y no otra cosa, la que lleva a uno a ser receptor directos del “odio” de las personas que nos rodean y que no comparten nuestra creencia; pero ¿y eso porque, si los que da tal manera nos identificamos, no nos metemos con nadie y cuando lo hacemos, es para darles una buena noticia procedente de Dios?…… pues por una cuestión muy simple: si una persona tiene la aprobación divina, porque se ajusta a sus directrices, es repelido u “odiado” por el mundo y por la razón que nos explicó el apóstol Pedro en su momento:

Porque no continúan (los seguidores de Cristo) corriendo con ellos en este derrotero al mismo bajo sumidero de disolución, ellos están perplejos y siguen hablando injuriosamente de ustedes.” (1 Ped. 4:4). (Acotación nuestra).

Lo que viene a significar, que debido a que la conducta del fiel seguidor de Jesucristo es correcta y “contrasta” escandalosamente con la que esa inmensa mayoría mencionada despliega (2 Tim. 3:1-5), ello les “retrata” y en lugar de hacer un cambio en sus modos o formas de actuar, recurren a descalificar al que hace lo correcto, por todo medio a su alcance y en un intento de “matar al mensajero”, como si este fuera el culpable de la situación creada. Pero séale sabido, querido amigo que nos lee, que no es su vecino del quinto o los miembros de su comunidad (familiares incluidos) los que le “odian” sino Satanás, como quedo claro en nuestro anterior artículo “El “desconocido” libro de Job” (09/12/13) y del que este es continuación e idea que avalan las siguientes palabras de Pablo:

Pónganse la armadura completa que proviene de Dios para que puedan estar firmes contra las maquinaciones del Diablo; 12 porque tenemos una lucha, no contra sangre y carne (eso es, no contra las personas que nos rodean y que en principio parecen ser las que nos atacan), sino contra los gobiernos, contra las autoridades, contra los gobernantes mundiales de esta oscuridad, contra las fuerzas espirituales inicuas en los lugares celestiales.” (Efe. 6:11-12). (Acotación nuestra).

Lo que ocurre es que ese opositor a Dios y dado que no nos puede atacar de frente, usa todo lo que de nuestro entorno tiene a mano (amigos, familiares, vecinos, etc.) para “alegrarnos” la vida y elementos a los que usa como títeres o instrumentos en su propósito desestabilizador, al igual como en su momento, uso a una serpiente (Gén. 3:1-5) para amargarles “la fiesta” a nuestros primeros padres. Por lo que mucho de lo que nos acontece a los que somos fieles seguidores de Jesucristo (por ende fieles a Jehová) y que nos causa perturbación, bien sea la pérdida de empleo, algo frecuentísimo en la actual situación económica del mundo, o incomprensivas dificultades en el ámbito familiar (Luc. 12:52-53) y cualquier otra cosa “rara” que nos ocurra, tiene como instigador preeminente al maligno personaje mencionado y en manos de quién, según afirmó Juan en su momento “yace el mundo entero” (1 Juan 5:19). En todo caso, la realidad es que nos enfrentamos y al igual que el David de la antigüedad, a nuestro “Goliat” particular y ser poderosísimo, ante el que en apariencia (y también como en el caso del pastor David) tenemos todas las de perder…… pero puesto que el pastor y contra todo pronóstico, de un “cantazo” venció al poderoso guerrero filisteo, no estaría de más investigar un poco y analizar las claves de dicha victoria, viendo que cosas podemos entresacar del relato en cuestión y en provecho de nuestra particular batalla, partiendo de la premisa que se nos da en Rom. 15:4:

Porque todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras, tengamos esperanza.”

Y es que de todos los relatos contenidos en las Escrituras, pocos han acabado calando tanto en la mente del “personal”, como la historia de David y Goliat y que se nos cuenta en capítulo 17 del primer libro de Samuel; y es que el tal relato ha trascendido el ámbito de lo religioso y siendo el caso que personas de las más diversas culturas y formas de religión en el mundo entero, han utilizado ese suceso ocurrido en el corazón de la Palestina antigua para ilustrar las luchas que cada día se producen entre el débil y el poderoso…… en todo caso, un relato que mantiene la esperanza a aquellos que tienen todas las de perder cuando se enfrentan a una fuerza superior y que les mantiene una mínima esperanza de sobreponerse al más grande; ahora bien ¿qué pasaría si todo lo que se nos ha contado de este relato, no fuera tan simplista como de entrada parece ser? Es más ¿qué pasaría si hubiera una razón lógica por la que David de un “cantazo” tumbó al “invencible” Goliat? Y lo que es más importante ¿qué sacamos en claro como enseñanza práctica, en cuanto a enfrentarnos a nuestro “Goliat” particular y en un intento de vencer en la pelea? Planteado lo cual, qué les parece si nos metemos “en harina” y empieza usted por leer en su personal ejemplar de las Escrituras el relato en cuestión (ya sabe, por aquello no tener que transcribir todo el capítulo de 1 Samuel y hacer de este escrito un artículo kilométrico); luego les invitamos que abran su ejemplar de las Escrituras por el primer libro de Samuel, colóquense en el capítulo 17 y vean lo que se nos relata…… ya una vez tomada conciencia de su contenido, analizaremos el mismo.

(……)

Bien, convencidos de que ya está usted y después de su lectura, en antecedentes de los hechos ocurridos, pasemos a analizarlos y a sacar algunas conclusiones sobre ellos: de entrada, el relato nos sitúa en los tiempos del Israel de Dios, aproximadamente allá por el año 1090 a.E.C. y bajo el reinado de Saúl; en esa ocasión el pueblo de Israel se enfrentaba a los filisteos y como se debería de esperar de siervos de Dios, aparentemente estaban preparados para afrontar dicha situación. Podemos imaginar la escena: por una parte, el ejército de Israel, armado y dispuesto para la batalla y a unos 1.500 metros de distancia, aproximadamente y justo enfrente de ellos, al ejército filisteo (v. 1-3); en ese momento el ejército filisteo no parecía muy diferente a cualquier otro ejército que Israel hubiese enfrentado y algo en lo que tenía cierta “experiencia”…… por lo que tal pudiera parecer que se trataba de una situación frecuente dentro de las circunstancias que se presentaban en esos tiempos y por lo que el pueblo de Dios, debiera de contar con la preparación y experiencia suficiente para superar el obstáculo. Pero hete aquí, que surgió un imprevisto que los tomó por sorpresa: de entre los componentes el ejército filisteo, salió un “tío” de prácticamente 3 metros de altura, con una armadura imponente y con un servidor delante de él, solo para llevarle el “escudo grande” que lo protegería de los dardos del enemigo ¡vamos, como un tanque “Panzer” a toda “pastilla” frente al “bravo” ejército de Israel!

Y encima poniéndose “chulo el gachó”, como diría nuestro amigo el castizo, pidiendo a alguien con agallas y con quién pelear, solventando así la cuestión por la vía rápida, sin excesivo derramamiento de sangre (v. 4-10); y práctica que según los historiadores era usual en esa época entre las naciones paganas (pero no así en Israel), ya que los ejércitos no eran partidarios de enfrentamientos que pudieran implicar grandes pérdidas de soldados, pues aunque vencieran en la batalla de que se tratare, quedaban debilitados numéricamente ante otros posibles rivales, además de que se quedaban sin los efectivos necesarios para mantener el orden dentro de los terrenos conquistados…… de hecho, la propuesta de Goliat en sí misma ya demuestra que dicha manera de actuar, bien pudiera ser cierta. Y “cachondeíto” que se mantuvo por espacio de cuarenta días (v. 16), mientras el “bravo y aguerrido” ejército israelí, “todo valor y audacia”, reaccionaba de la siguiente manera:

Cuando Saúl y todo Israel oyeron estas palabras del filisteo, entonces se aterrorizaron y tuvieron muchísimo miedo.” (v. 11).

La pregunta solo puede ser la siguiente ¿qué estaba ocurriendo ahí, para que Israel quedara tembloroso y agarrotado ante el desafío de un solo hombre, imponente eso sí, pero hombre al fin y al cabo, cuando dicha nación había ganado magníficas batallas con la ayuda directa de su Dios Jehová? Para entender qué tan lejos llegó esa decepcionante reacción, con respecto de lo que Dios les había prometido en Su Palabra en casos similares, vamos a compararla con Lev. 26: 3; 7-8 y Josué 23:9-11, en donde se lee esto:

Lev. 26: 3; 6-8: “Si continúan andando en mis estatutos y guardando mis mandamientos y de hecho los ponen por obra (……) Y yo ciertamente pondré paz en el país y ustedes verdaderamente se acostarán, sin que nadie los haga temblar; y ciertamente haré que deje de estar en el país la bestia salvaje dañina y una espada no pasará por la tierra de ustedes. 7 Y ustedes ciertamente correrán tras sus enemigos y ellos verdaderamente caerán delante de ustedes a espada. 8 Y cinco de ustedes ciertamente correrán tras cien y cien de ustedes correrán tras diez mil y sus enemigos verdaderamente caerán delante de ustedes a espada.”

Josué 23:9-10: “Y Jehová expulsará de delante de ustedes naciones grandes y poderosas -en cuanto a ustedes, ningún hombre ha quedado de pie delante de ustedes hasta el día de hoy- 10 Un solo hombre de ustedes correrá tras mil, porque Jehová su Dios es el que está peleando por ustedes, tal como les ha prometido.”

La promesa de Dios era clarísima: si caminaban con Él, solo uno de ellos iba a ser suficiente para perseguir a mil y cien de ellos, harían correr a diez mil de sus enemigos o lo que es lo mismo, serían prácticamente invencibles y palabras que también están entre las que fueron escritas para nuestra instrucción…… sin embargo, en el caso que nos ocupa, lo que vemos es exactamente lo contrario: ¡un solo filisteo “acoquinó” a todo el ejército de Israel! Luego ¿qué había ocurrido, para que Israel diera el lamentable espectáculo de permitir que fuera vituperado el nombre de su propio Dios, siendo incapaces de reaccionar ante tamaña afrenta? Pues sencillamente que se habían apartado de Jehová y en consecuencia, Este les había abandonado a ellos…… afortunadamente, se produjo un cambio en la situación, cuando apareció David en escena y que a diferencia de sus hermanos, parece ser que debido a su juventud, no formaba parte del ejército de Israel; pero no adelantemos acontecimientos y sigamos el relato con el debido orden.

Tengamos en cuenta que Israel ya había combatido en su momento contra hombres de gran tamaño y había salido vencedor, pero eso había tenido lugar en tiempos de Moisés y Josué (Num. 13:32-33); pero para esa generación esto era desconocido y por tanto, algo nuevo y desafiador, por lo que ¿podría la confianza en su Dios, superar el asombro y darles el valor suficiente para luchar? Lo razonable sería pensar que sí, pero la situación iba de sorpresa en sorpresa: no solo se enfrentaban a un individuo impresionante (un “Panzer” con patas), sino que además se les proponía una forma nueva de decidir una batalla, que aunque era común para las naciones paganas y como ya hemos señalado, no así para el pueblo de Jehová y lo que les tenía totalmente agarrotados ¡pues a ver quién era el “guapo” que se enfrentaba a esa bestia!…… y este es el desafío al que tenía que responder el ejército de Israel y que encontramos en los versos 8 al 11. El relato es claro y diáfano acerca del impacto que causó esta nueva situación en el completo pueblo de Dios representado en ese momento por el ejército de Saúl: se “aterrorizaron” y tuvieron “muchísimo” miedo. Es cierto que como seres humanos, estamos sujetos a todo tipo de emociones, como el miedo o la incertidumbre y si estas no se controlan de manera adecuada, eso es, teniendo plena confianza en el poder de Dios, estas pueden paralizarnos al grado de poner en riesgo no solo nuestra condición espiritual, sino que al mismo tiempo tal pasividad nos hace presa fácil de nuestro Goliat particular, Satanás el Diablo y algo que bien podríamos tomar como una primera lección que aprendemos de este relato…… porque no olvidemos que en las Escrituras leemos lo siguiente:

¿Te has mostrado desanimado en el día de la angustia? Tu poder será escaso.” (Prov. 24:10).

¿Se ha enfrentado usted a una prueba de tal envergadura, que le ha dejado perplejo y sin saber qué hacer? Entonces está experimentando el mismo sentir del ejército de Saúl; y es que cuando estamos conectados con el grupo de personas con las que compartimos la misma convicción en cuanto a la fe en las promesas de nuestro Creador y tenemos acceso a su consejo y apoyo, nos envalentonamos y nos sentimos preparados para la “pelea” (Efe. 6:12)…… pero cuando esta se lleva al terreno de lo individual, es decir, “al uno contra uno”, ¡qué difícil resulta seguir centrado ante las dificultades ¿verdad?! Pero continuemos con el relato que nos lleva a una serie de detalles que nos permitirán comprender a cabalidad el porqué del éxito de David, pues en los siguientes versículos, eso es, del 12 al 15 inclusive, se nos habla de una familia de siervos fieles y valientes al servicio de Dios y que era la familia de Jesé “el betlemita”; tanto él como sus hijos, entendían la responsabilidad de servir con valor en defender la soberanía de Dios y de ahí, que los tres hijos mayores se encontraran inmersos en el conflicto del que estamos hablando como soldados de Saúl, mientras que David, el más joven y probablemente por ello eximido de formar parte del ejército de Israel, atendía a las cuestiones de la casa, como era el cuidar de los rebaños de ovejas propiedad de su padre.

Entonces la Biblia revela algo que nos permite identificar la razón o propósito de esta prueba a la que se enfrentó Israel y que era consecuencia del desapego de Jehová a Su pueblo, dada la actitud alejada de Él por parte de la tal nación en ese momento. Y es que el que dicho filisteo siguiera presentándose temprano por la mañana y al atardecer y tomando su posición por cuarenta días (v. 16), nos permite deducir que Dios estaba permitiendo esta prueba a fin de refinar la fe del rey Saúl y de su ejército; recordemos que 40 días y 40 noches, fueron los designados por Jehová para la purificación de la tierra en el diluvio del día de Noé; por otra parte, 40 años fueron los designados para refinar a Moisés respecto de su comisión divina en Egipto y guiar al pueblo de Dios hacia la libertad; tenemos también los 40 años establecidos a vagar por un desierto “grande e inspirador de temor” (Deut. 8:15),como castigo a su falta de fe, al hacer más caso de los espías enviados a espiar la tierra de Canaán que a las animadoras palabras de Josué y Caleb…… y cuarenta días fueron los que Goliat estuvo dando la “matraca” al pueblo de Dios. Es cierto, que si bien tanto Saúl como su ejército no se habían paralizado por completo y a “trancas y barrancas” estaban haciendo frente a la situación, es obvio que ello era con más voluntad que acierto, ya que no tenía ningún resultado positivo y estaban perdiendo la partida; deducimos esto, por lo que leemos en el versículo 19, pues allí se nos dice que “Saúl y todos los demás hombres de Israel estaban en la llanura baja de Elah, peleando contra los filisteos”. Y es en ese contexto que se produce un hecho que tenía que cambiar las cosas, al entrar en escena el joven pastor que sí confiaba en Jehová y que por encargo que su padre, llevó provisiones a la línea de batalla para sus hermanos y al tiempo que se interesaba por la integridad física de estos…… y suceso que llevó al joven David, al marco de circunstancias en donde se produciría la epopeya más conocida del registro bíblico.

Ahora bien, en cuanto a que los israelitas estuvieran “peleando” contra los filisteos, no deja de ser un eufemismo, pues al estar aterrorizados y con miedo, peleaban de manera insegura e ineficiente y lo que es peor, sin el motivo apropiado, eso es, en defensa del nombre de su Dios y por ello, sin la convicción correcta de que como en otras grandes batallas libradas por Israel, Este no les fallaría. Pero el caso es que ese día 40 y completado el escarnio que Jehová permitió que le fuera infligido a Su pueblo, resulto ser diferente que los anteriores y que dio un giro copernicano a la situación; pero ¿cómo ocurrió? Veamos: resulta que el joven David, que se había desplazado al frente de batalla para saber de sus hermanos, mientras estaba hablando con estos presenció el desafió que de nuevo el filisteo Goliat lanzaba contra las filas del ejército del pueblo de Dios (v. 23); desafío que como llevaba ocurriendo por los 39 días anteriores, la respuesta continuó siendo la misma por parte del ejército israelí…… pero claro, David no era parte de esa organización paralizada por el miedo al hombre (Prov. 29:25), pues él tenía claras y bien definidas sus prioridades y obligaciones para con Dios. Y como muestra de verdadera sabiduría, primero escucho con atención el relato de los hechos acaecidos hasta ese momento, a fin de contar con suficiente información de tal manera que pudiese evaluar la situación y con ello, tomar una decisión correcta y ajustada a la misma (segunda lección para nosotros: una correcta evaluación de la prueba que estemos enfrentando y sus posibles alternativas, siempre desde el punto de vista de Dios, nos pueden llevar a tomar la decisión correcta para salir de ella) y que podemos leer en los versículos del 24 al 27, como siempre, ambos inclusives.

Las palabras de David en el verso 26, en el sentido de preguntarse quién era este filisteo incircunciso, para atreverse a desafiar con escarnio a las líneas de batalla del Dios vivo y sin que nadie le respondiera adecuadamente, demuestran sin lugar a duda alguna que David estaba indignado con la situación, básicamente con la actitud del ejército de Israel, empezando por el rey Saúl, pasando por sus hermanos y acabando por el último mozo de cuadras, pues ninguno tuvo las “agallas” suficientes para salir en defensa de Jehová…… y planteamiento del joven pastor que “molestó” a algunos. Porque veamos la iracunda reacción del hermano mayor de David que, atenazado por el miedo y probablemente, avergonzado de su cobarde actitud, en vez de reconsiderar esta, la tomó con su hermano menor poniéndolo “a caldo”:

Y Eliab su hermano mayor llegó a oír cuando él hablaba con los hombres y la cólera de Eliab se enardeció contra David, de modo que dijo: “¿Para qué has bajado? ¿Y a cargo de quién dejaste aquellas pocas ovejas allá atrás en el desierto (¡bonito momento para acordarse de las ovejas!)? Yo mismo conozco bien tu presuntuosidad y la maldad de tu corazón, porque has bajado con el propósito de ver la batalla (o lo que es lo mismo, ver el ridículo que estaban haciendo)”. 29 A esto David dijo: “¿Qué he hecho yo ahora? ¿No era solo una palabra?” (v. 28-29). (Acotaciones nuestras).

Obviamente, Eliab se dio por aludido en su cobardía y descargó su ira contra David su hermano, reprochándole el hecho de que hubiera abandonado al rebaño de ovejas ¡cómo si las ovejas fueran más importantes que la situación de Israel en ese momento, dejando ya aparte lo que dicha situación significaba de oprobio y ofensa al mismo Dios de Israel! El caso es, que tanto David como el ejército de Israel con su rey y comandantes al frente, vieron y escucharon las mismas cosas…… sin embargo, su respuesta ante la situación fue totalmente diferente: así que, mientras que el pueblo se quedaba viendo al problema y lo evaluaba de acuerdo a lo que habían visto y oído, David tenía en mente la Palabra de Dios y evaluó el problema en línea con dicha palabra. De ahí, que mientras el pueblo se justificaba diciendo “quiénes somos nosotros, en comparación con Goliat”, David se preguntaba “¡quién era ese Goliat, en comparación de Dios!”. Luego una tercera lección que aprendemos, es que no es tanto lo que vemos, sino el cómo evaluamos lo que vemos; por lo que la pregunta que tenemos que hacernos es ¿evaluamos como el pueblo de Israel, la aparente realidad de un asunto desde un punto de vista meramente humano, o evaluamos esta y como hizo David, desde el punto de vista de Dios y mediante el uso de Su Palabra la Biblia?

Note querido amigo, por otra parte, que no solo la intención de David fue mal interpretada, sino que además se le imputaron malos motivos y maldad en el corazón, lo cual no desmoralizó al joven pastor, pues él sabía que no es la opinión de otras personas lo que define al individuo, sino que es la opinión que Dios tiene de cada uno de nosotros lo que nos define ante Él (probable cuarta lección que nos transmite el relato). Por eso David siguió insistiendo en su exhortación, hasta que perturbo al entero campamento y sus palabras llegaron a oídos de Saúl el rey, por lo que este le mando traer ante su presencia; ahora bien ¿cómo plantearía el asunto David al monarca? Pues con convicción y claridad y sobre todo, por la vía rápida, veamos:

Y David procedió a decir a Saúl: “No se desplome en él (eso es, en Goliat) el corazón de hombre alguno. Tu siervo mismo irá y realmente peleará con este filisteo.” (v. 32). (Acotación nuestra).

Y aquí nos encontramos con otro rasgo desanimador a añadir a la oposición que David encontró en sus hermanos, proveniente en esta ocasión del que llevaba la delantera en “el pueblo de Dios”, pues Saúl descalifica a David por sus pocos años y por su poca experiencia en la vida militar…… pero ¿era cierto que David era “solo un muchacho” y sin experiencia en el combate? No parece ser así y aunque esta es la idea generalizada, si leemos lo que se nos dice en 1 Sam. 16:17-18:

De modo que Saúl dijo a sus siervos: “Provéanme, por favor, un hombre que toque bien y tienen que traérmelo”. 18 Y uno de los servidores procedió a contestar y decir: “¡Mira! He visto que un hijo de Jesé el “betlemita”, es diestro en tocar y es un hombre valiente y poderoso y hombre de guerra y persona que habla con inteligencia y hombre bien formado y Jehová está con él”.”

¿Qué ocurría entonces? Sencillamente que entre David y Saúl había la misma divergencia de puntos de vista, del mismo modo que la había entre David y el pueblo de Israel. En consecuencia, para Saúl, David era incapaz de pelear contra Goliat ¿la razón?…… los hechos físicos, eso es, la situación vista desde la perspectiva del ojo humano: David era un muchacho, aunque bien plantado y valiente, como lo acredita su enfrentamiento con animales de la talla de un león o de un oso y que, obviamente, no eran de “peluche”; pero en todo caso un simple pastor ante los ojos de Saúl, por lo que ¿cómo podría tener éste oportunidad alguna, contra el “Panzer” al que se tenía que enfrentar, un guerrero además experimentado y fuertemente armado como Goliat? Pero por el otro lado, David no solo creía que podía pelear contra Goliat, sino que sabía que tenía que hacerlo porque el nombre de Jehová estaba envuelto en el asunto, por lo que también estaba seguro que le ganaría, pues él sí confiaba en el poder de Dios y en las promesas contenidas en Su Palabra (y una posible quinta lección a aprender)…… entonces, el planteamiento de David, totalmente contrario al de Saúl, era el de ¿cómo podría tener Goliat, oportunidad alguna frente a Jehová?

Lo que nos muestra, que ambos, tanto Saúl como David, tenían razones lógicas para creer lo que creían: uno se apoyaba en razones físicas y razonables desde el punto de vista humano, mientras que el otro tenía poderosas razones espirituales…… así, mientras uno hacía una evaluación de los hechos físicos (armas, peso, experiencia, envergadura, etc.) y razonables desde el punto de vista del hombre, el otro partía de un punto de vista totalmente espiritual, eso es, confianza absoluta en las promesas de Dios (importante sexta lección a tener en cuenta, ante una prueba severa). De ahí que el uno estuviera aterrado y temblando de miedo (v. 11), mientras el otro, confiando en Jehová, estaba lleno de coraje y presto para la batalla…… y que el joven pastor se decantó por la opción correcta, lo podemos ver a continuación, según los v. 40-51: David procedió a tomar su cayado en la mano y a escogerse cinco piedras lisas del valle torrencial y a ponerlas en su bolsa de pastor que le servía de receptáculo y llevaba en la mano su honda. Notemos que cuando David se ofrece a pelear contra el filisteo, el rey Saúl comete otro error y que una vez más demuestra su falta de confianza en Jehová, pues insta a David a utilizar su propia espada y armadura. El pastor responde con argumentos de peso para negarse a llevarlas, afirmando que le pesaban demasiado, dado que pertenecían a un hombre de mayor envergadura que él y más que una protección, se convertían en un estorbo (v. 38-39); luego lo que queda claro que David ya había planeado un plan adecuado a sus posibilidades para derribar al rival que tenía enfrente y usando su propia estrategia, pues si bien en el cuerpo a cuerpo tenías las de perder, no así en un enfrentamiento a distancia…… por lo que se deshizo de lo que cargas superfluas que le estorbaban y eligió el arma que en sus manos era demoledora: la honda y con “munición” cuidosamente elegida, lo que demuestra que no actuó de forma improvisada, sino de manera muy meditada (séptima lección para nosotros).

Por otra parte, David como siempre hizo gala de una visión espiritual única y le deja ver de nuevo al rey, que Jehová le dará la victoria en esta ocasión debido a que el único móvil que tiene para pelear contra Goliat, es santificar el nombre de Dios; y cuestión que nos sirve como octava lección, en el sentido de que para superar las pruebas a las que nos tengamos que enfrentar, no se necesitan largos años de experiencia (como tenía Saúl con respecto de David), sino únicamente es necesaria una fe sólida en Dios y un conocimiento exacto o pleno de su voluntad (Col. 3:10). Uno pensaría que ante semejante demostración de fe y confianza en Jehová, lo razonable es que el corazón del rey despertara de su letargo y asumiera su papel como cabeza del pueblo de Dios y ser él quien limpiara el oprobio del nombre de Jehová; después de todo, él era el más alto de los israelitas por cerca de 30 cm, lo cual lo pondría bastante por encima de los 2 mts. (de ahí que a David la armadura de Saúl le fuera pesada y engorrosa) y altura más que suficiente para hacerlo un contendiente digno de Goliat…… pero no fue así, por lo que una vez más, Saúl deja ver que no es el cabeza apropiado para dirigir el pueblo de Dios (de hecho, David ya había sido ungido como su sustituto). Dicho sea de otra manera, que el sentido de responsabilidad para con Dios, no es requisito privativo de aquellos que disfrutan de reconocimiento teocrático, sino que la espiritualidad es posesión de los que ven a Jehová Dios y a Jesucristo como personas reales, a la vez que se esfuerzan por conocer y conformarse a la voluntad divina; pero veamos cómo transcurre el enfrentamiento entre ambos contendientes, según nos lo relatan los versículos del 41 al 47.

Goliat, al ver a su contrincante, empezó a despreciarlo porque resultaba que era la antítesis del guerrero con el que el filisteo imaginaba encontrarse y probablemente, algo que le desconcertó, siendo que además en apariencia David iba desarmado y de ahí, la pregunta que le hace: “¿Soy yo un perro, para que vengas a mí con cayados?” (v. 43). Y siendo esta la respuesta de David:

Tú vienes a mí con una espada y con una lanza y con una jabalina, pero yo voy a ti con el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de las líneas de batalla de Israel, a quien tú has desafiado con escarnio. 46 Este día Jehová te entregará en mi mano y yo, ciertamente, te derribaré y te quitaré la cabeza (……) 47 Y toda esta congregación sabrá que ni con espada ni con lanza salva Jehová, porque Jehová pertenece la batalla y él tiene que darlos a ustedes en nuestra mano”.” (v. 45-47).

Y ya todos ustedes conocen el resto de la historia, de cómo Goliat, un descomunal filisteo que hizo temblar a todo el pueblo de Israel por cuarenta días, fue vencido por un muchacho cuya única arma física era una honda y cinco piedras…… y de las que solo uso una, o sea que el “niño”, donde “ponía el ojo, metía la piedra”. No obstante, resaltemos y como una teórica novena lección para nosotros, que David no fue a esa batalla basándose en sus armas físicas ni en sus habilidades personales, sino como hemos leído en el verso 45 “en el nombre de Jehová de los ejércitos”. Efectivamente, Goliat estaba fuertemente armado y era muy fuerte ¿y qué?…… ¿es que acaso era más fuerte que Jehová de los ejércitos? Obviamente no, por lo que la cuestión y ya entrando en el terreno de cómo enfrenta el cristiano actual su “Goliat” particular, no es tanto si disponemos de los medios físicos para enfrentar una situación, sino más bien, en si confiamos en el poder o el arma infalible que en cualquier situación dificultosa que se nos presente, se pone a nuestra disposición y que se llama “Jehová de los ejércitos”. No olvidemos que el “Goliat” que nos quiere complicar la vida, no es otro que Satanás en su intento de presionarnos para que nos alejemos de nuestro Creador y para lo cual, usa todo lo que tiene a su alcance y consciente de su superioridad, sobre aquellos que no tienen como “arma” salvadora el poder de Dios:

El nombre de Jehová es una torre fuerte. A ella corre el justo y se le da protección.” (Prov. 18:10).

Es este un recurso que siempre nos está esperando: de hecho, estuvo ahí para el pueblo de Israel, todos los días que se pasaron temblando de miedo ante su Goliat particular; sin embargo, en vez de recurrir al mismo, buscaban la salvación una y otra vez en la “espada y la jabalina” (eso es, recursos humanos) y como esto no les “funcionaba” estaban aterrorizados. Y es que la oportunidad de vencer al Goliat al que nos enfrentamos los actuales seguidores de Jesucristo, eso es, a Satanás, radica en Jehová Dios (y por delegación, en Su Hijo) pues solo en Él hay verdadera seguridad y protección. Así que, o actuamos como David lo hizo, apoyándonos en la fuerza y poder de Dios, o buscamos seguridad en otro lado y que en este caso sería, el apoyarnos en la percepción humana de las cosas, así como el pueblo de Israel pretendía hacer en su momento, sin atender al consejo divino y que en Jer. 9:23-24, se nos resume de la siguiente manera:

Esto es lo que ha dicho Jehová: “No se gloríe el sabio a causa de su sabiduría y no se gloríe el poderoso a causa de su poderío. No se gloríe el rico a causa de sus riquezas. 24 Pero el que se gloría, gloríese a causa de esta misma cosa: de tener perspicacia y de tener conocimiento de mí, que yo soy Jehová. Aquel que ejerce bondad amorosa, derecho y justicia en la tierra; porque en estas cosas de veras me deleito”, es la expresión de Jehová.”

Y es que una vez que se encontró frente a frente con Goliat, David se encaró a lo que muchos se encaran al enfrentarse a una prueba severa, a saber, la presbicia espiritual y que les incapacita para enfocar los problemas que les afectan personalmente de la manera correcta, eso es, desde el punto de vista de Dios; y es que son capaces de verlos, entenderlos en los demás y hasta de dar consejo, pero cuando son ellos los implicados se “desenfocan” de tal manera que les impide acertar en el golpe o acción que les conduzca a la victoria. Fácilmente David podía haber perdido de vista su objetivo principal y haberse concentrado más en el escudero, pues después de todo este es el que iba delante con el escudo y mientras este estuviera de pie protegiendo al gigante con el tal, habría pocas probabilidades de acertar un golpe; además, justo antes de que David entrara en acción la prueba se puso más dura para él, pues recibió escarnio procedente del gigante y amenazas y ofensas en contra de su fe y tendente a desestabilizarlo. Aquí es donde el relato cobra una tremenda importancia para aquellos que estamos atravesando por una difícil prueba y lo que podríamos considerar como una décima lección a tener en cuenta, al ver la actitud de David en ese momento: este no se desestabilizó ante ese momento crítico de prueba, sino más bien al contrario, sabía quién era su verdadero enemigo e iba totalmente confiado en obtener una aplastante victoria sobre él y atribuyendo ésta al poder y a la grandeza de Dios y no a sus propias capacidades. Y por ello, enfoco toda su atención únicamente en Goliat y no en lo que este tenía a su alrededor: y es que nuestro enemigo no es el vecino del quinto, ni los miembros de nuestra comunidad, familiares incluidos, ni el guardia que injustamente nos pone una multa, por mucho que todo eso nos haga la “puñeta”…… nuestro enemigo es Satanás, pues este es el que mueve todos los hilos y siendo los demás, simples marionetas en sus manos, por lo que el “pedruscazo” se lo tenemos que soltar a él.

Porque mientras Goliat corría y arremetía contra David, éste “actuó” y no se quedó paralizado por el miedo, sino que reaccionó adecuadamente, lanzó el proyectil y logro dar en el blanco…… lo que significa, entre otras cosas, que tenía una grandísima habilidad con el arma que usó, en este caso una honda, pues en aquella mole en movimiento (circunstancia que complicaba la cosa) solo había un pequeño lugar desprotegido en dónde poder poner el proyectil y que era en la frente del gigante; ahora bien, la pregunta es la siguiente: ¿tenemos nosotros la suficiente habilidad para manejar el “arma” que Jehová y a modo de protección, ha colocado en nuestras manos, para que podamos salir airosos del enfrentamiento con nuestro particular Goliat y que no es otro que Satanás el Diablo y quien está realmente detrás de cualquier fechoría que se nos haga? Y es que si bien la armadura que Saúl le ofreció a David, junto con una pesada espada, se convertía en una carga para este y por lo tanto, más que en un sistema de protección se convertía en un estorbo para la pelea, el equipamiento que a modo de armadura Jehová nos proporciona, resulta que a medida que nos lo vamos colocando, más poderosos nos convertimos para enfrentar al Goliat de turno:

Estén firmes, por lo tanto, teniendo los lomos ceñidos con la verdad y teniendo puesta la coraza de la justicia 15 y teniendo calzados los pies con el equipo de las buenas nuevas de la paz. 16 Sobre todo, tomen el escudo grande de la fe, con el cual podrán apagar todos los proyectiles encendidos del inicuo. 17 También, acepten el yelmo de la salvación y la espada del espíritu, es decir, la palabra de Dios, 18 mientras que, con toda forma de oración y ruego, se ocupan en orar en toda ocasión en espíritu.” (Efe. 6:14-18).

Pero de eso, queridos amigos que nos leen, les hablaremos en otra ocasión analizando una por una cada parte de dicha “armadura” y que nos puede hacer invencibles ante Satanás, al igual como en su momento lo fue en joven pastor que, con una simple honda y en su zurrón, unas pocas piedras junto a un inmenso cargamento de confianza en Jehová su Dios, no solo quitó el oprobio de Israel, sino que nos enseñó que podemos salir victoriosos en nuestro particular enfrentamiento con el Goliat de nuestros días, eso es, Satanás el Diablo. Y siendo cierto que hemos señalado lo que nosotros entendemos como posibles lecciones prácticas, básicamente el que siempre tenemos que “tirar por elevación” cuando somos sometidos a prueba, eso es, no fijarnos tanto en quién nos mete el dedo en el ojo (hoy puede ser uno y mañana otro), sino en quién está detrás del que nos mete el dedo en el ojo (que siempre es el mismo) y con la misma finalidad con la que probó a Job, o sea, el apartarnos de la confianza en nuestro Dios y Creador Jehová, no es menos cierto que no es este uno de nuestros artículos más “gloriosos” y dada su complejidad; por ello les rogamos que nos ayuden con su “granito de arena” y se fijen, no tanto en aquello que les decimos en el mismo, sino más bien en aquello que pretendemos decirles…… y es que cada uno “da pa lo que da” ¡qué quieren ustedes que les digamos!

MABEL

EL “DESCONOCIDO” LIBRO DE JOB.

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , on 09/12/2013 by Armando López Golart

jobhuntUno de los libros “perdidos” de las Escrituras es el libro de Job, pues quizás es el menos mencionado por los autores bíblicos y por supuestísimo, el menos leído por el cristiano de a pie y para quién no tiene atractivo alguno, cuando resulta que en el mismo se encierra la clave del porqué la persona que desea servir a Dios y seguir los pasos de Su Hijo Jesucristo, el ejemplo o modelo perfecto (1 Ped. 2:21), lo tiene tan “crudo” para llevar a buen término dicho propósito. Y aunque todo el libro es bellísimo, por las interesantes conversaciones mantenidas entre cinco actores principales, eso es, Job por una parte, Elifaz el temanita, Bildad el suhita y Zofar el naamatita por otra y ya en una tercera, por el joven Elihú, la cosa cobra su máximo esplendor cuando interviene Jehová y pone las cosas en su sitio, llamando “al orden” a los cuatro primeros. Pero dicho lo cual, centrémonos en los dos primeros capítulos del citado libro y en dónde se encuentra el “meollo” de la cuestión que hoy nos ocupa, viendo en primer lugar lo que nos cuenta el relato acerca de quién era el personaje en cuestión:

Sucedió que en la tierra de Uz hubo un hombre cuyo nombre era Job; y aquel hombre resultó sin culpa y recto y temeroso de Dios y apartado del mal. 2 Y llegaron a nacerle siete hijos y tres hijas. 3 Y su ganado llegó a ser siete mil ovejas y tres mil camellos y quinientas yuntas de reses vacunas y quinientas asnas, junto con una servidumbre muy grande; y aquel hombre llegó a ser el más grande de todos los orientales.” (Job 1:1-3).

No obstante, esta idílica situación de hombre afortunado y tenedor de la aprobación divina, estaba por llegar a su fin debido a un suceso ocurrido en la región celestial y a la que el ser humano no tiene acceso, pero que nuestro Creador y en su bondad inmerecida pone a nuestro alcance, para que tengamos información de primera mano del porque nos ocurre lo que nos ocurre a aquellos que aplicamos en nuestras vidas el consejo divino. Y que muchos, por falta de dicha información (no porque esta no esté disponible y como acabamos de señalar, sino porque no se han preocupado de buscarla), se encuentran totalmente perplejos ante lo que les viene encima y como señaló el apóstol Pedro “como si algo extraño les sobreviniera” (1 Ped. 4:12), cuando eso es de lo que nos pone sobre aviso el registro escritural; dicho lo cual, continuemos con el relato de cómo se le complicó la vida al bueno de Job:

Ahora bien, llegó a ser el día en que los hijos del Dios verdadero entraban para tomar su puesto delante de Jehová (estaríamos hablando de una reunión asamblearia celestial) y hasta Satanás procedió a entrar allí mismo entre ellos.

7 Entonces Jehová dijo a Satanás: “¿De dónde vienes?”. Ante esto, Satanás contestó a Jehová y dijo: “De discurrir por la tierra y de andar por ella”. 8 Y Jehová pasó a decir a Satanás: “¿Has fijado tu corazón en mi siervo Job, que no hay ninguno como él en la tierra, un hombre sin culpa y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?”.

9 Ante esto, Satanás contestó a Jehová y dijo: “¿Ha temido Job a Dios por nada? 10 ¿No has puesto tú mismo un seto protector alrededor de él y alrededor de su casa y alrededor de todo lo que tiene en todo el derredor? La obra de sus manos has bendecido y su ganado mismo se ha extendido en la tierra. 11 Pero, para variar, sírvete alargar la mano y toca todo lo que tiene y ve si no te maldice en tu misma cara”.

12 Por consiguiente, Jehová dijo a Satanás: “¡Mira! Todo lo que tiene está en tu mano. ¡Solo que contra él mismo no alargues la mano!”. De manera que Satanás salió de ante la persona de Jehová.” (Job 1:6-12). (Acotación nuestra).

Lo que Satanás puso en cuestión, realmente, era que la fidelidad de Job hacia el Altísimo era debida, no a un deseo sincero del personaje en cuestión de agradar a Dios, sino a que este buen hombre se sentía “recompensado” por Jehová debido a su actitud de apego a las normas divinas; a partir de ahí y ya con el permiso divino, dicho siniestro personaje (Satanás, no Job ¡siempre hay algún despistadillo por ahí!) se puso en acción y eso es lo que se nos cuenta que ocurrió:

Y llegó un mensajero a Job y procedió a decir: “Las reses vacunas mismas estaban arando y las asnas pastando al lado de ellas 15 cuando vinieron los sabeos haciendo una incursión y tomándolas y a los servidores los derribaron a filo de espada; y yo logré escapar, yo solo, para informártelo”.
16 Mientras este todavía estaba hablando, llegó aquel y procedió a decir: “El mismísimo fuego de Dios cayó de los cielos y fue ardiendo entre las ovejas y los servidores y comiéndoselos; y yo logré escapar, yo solo, para informártelo”.

17 Mientras ese todavía estaba hablando, llegó otro y procedió a decir: “Los caldeos formaron tres partidas y fueron lanzándose contra los camellos y tomándolos y a los servidores los derribaron a filo de espada; y yo logré escapar, yo solo, para informártelo”.

18 Mientras este otro todavía estaba hablando, llegó otro más y procedió a decir: “Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito (ver versículos 4-5). 19 Y, ¡mira!, vino un gran viento de la región del desierto y se puso a golpear las cuatro esquinas de la casa, de manera que esta cayó sobre los jóvenes, y murieron. Y yo logré escapar, yo solo, para informártelo”.

20 Y Job procedió a levantarse y a rasgar su vestidura sin mangas y a cortarse el cabello de la cabeza y a caer en tierra e inclinarse 21 y decir: “Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. Jehová mismo ha dado y Jehová mismo ha quitado. Continúe siendo bendito el nombre de Jehová. 22 En todo esto Job no pecó, ni atribuyó nada impropio a Dios.” (Job 1:14-22). (Acotación nuestra).

Tengamos en cuenta la desesperación de Job en ese instante, dado que en un corto espacio de tiempo había recibido noticias que cambiaban radicalmente su vida en un antes y un después…… y lo que fácilmente le podría llevar y como así fue posteriormente, a pensar que puesto que él era justo, no había razón para que “Jehová” (esa era la percepción que Job tenía del asunto) se ensañara con él de esa manera; pero dado que a pesar de todo Job continuó manteniendo su integridad para con Dios, la cosa no se quedó ahí y por lo que volveremos a la región celestial y veamos que ocurrió a continuación:

Después llegó a ser el día en que los hijos del Dios verdadero entraban para tomar su puesto delante de Jehová y Satanás también procedió a entrar allí mismo entre ellos para tomar su puesto delante de Jehová.

2 Entonces Jehová dijo a Satanás: “¿Y tú, de dónde vienes?”. Ante esto, Satanás respondió a Jehová y dijo: “De discurrir por la tierra y de andar por ella”. 3 Y Jehová pasó a decir a Satanás: “¿Has fijado tu corazón en mi siervo Job, que no hay ninguno como él en la tierra, un hombre sin culpa y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Todavía está reteniendo firmemente su integridad, aunque tú me incitas contra él para que me lo trague sin causa”. 4 Pero Satanás respondió a Jehová y dijo: “Piel en el interés de piel y todo lo que el hombre tiene lo dará en el interés de su alma. 5 Para variar, sírvete alargar la mano y toca hasta su hueso y su carne y ve si no te maldice en tu misma cara”.

6 Por consiguiente, Jehová dijo a Satanás: “¡Allí está en tu mano! ¡Solo ten cuidado con su alma (o con “su vida”) misma!”. 7 De manera que Satanás salió de ante la persona de Jehová e hirió a Job con un divieso maligno desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. 8 Y él procedió a tomar para sí un fragmento de vasija de barro con el cual rasparse; y estaba sentado en medio de ceniza.

9 Finalmente su esposa le dijo: “¿Todavía estás reteniendo firmemente tu integridad? ¡Maldice a Dios y muere!”. 10 Pero él le dijo: “Como habla una de las mujeres insensatas, tú también hablas. ¿Aceptaremos solamente lo que es bueno de parte del Dios verdadero y no aceptaremos también lo que es malo?”. En todo esto Job no pecó con sus labios.” (Job 2:1-8). (Acotación nuestra).

Fijémonos y ello es de vital importancia para aquellos que somos fieles a Dios, que si bien Este autorizó a Satanás a tocar hasta el físico de Job, le puso una restricción y que tenía que ver con no ponerle frente a la muerte…… lo que significa, que si bien el Diablo puede usar todo lo que tenga a su alcance para “darnos el día”, eso es, para someternos a prueba y lo que incluye a familiares directos (vean como actuó la esposa de Job, en un momento tan delicado). Y siendo cierto que no se nos plaga con úlceras o diviesos malignos que afecten nuestro físico, como en el caso de Job, no es menos cierto que los sufrimientos por los que pasamos a través del tiempo nos afectan emocionalmente y de ahí a que nuestro organismo se resienta al cabo del tiempo…… pero en cualquier caso, no se le permite llegar al grado de probarnos enfrentándonos a la pérdida de la vida, como en el caso de aquellos que tienen que reinar con Cristo. Por lo que queda claro y siempre a nuestro entender, que Job prefiguró a aquellos que siendo seguidores de Cristo, tenemos la esperanza de acceder al reino de Dios como súbditos del mismo y no como reyes (algo imposible, según muchos “entendidos” en la materia), pues a estos sí le concedió Jehová a Satanás y a diferencia de los primeros, el que les pudiera probar hasta el grado de enfrentarlos a la muerte en su resistencia a no violar la voluntad divina; y algo que en su momento ya Jesús les señaló a sus más directos seguidores del primer siglo, con las siguientes palabras:

Simón, Simón, ¡mira! Satanás ha demandado tenerlos para zarandearlos como a trigo.” (Luc. 22:31).

Y que ello tenía que ser así, queda probado no solo por el trato que sufrió Jesús, sino por las palabras que este y en la Revelación a Juan, dijo acerca de aquellos que con él tenían que participar del gobierno del reino, en el sentido de que su aguante había de llegar hasta sufrir la misma muerte en defensa de su lealtad a Dios:

Al que venza, le concederé sentarse conmigo en mi trono, así como yo vencí y me senté con mi Padre en su trono.” (Rev. 3:21).

La pregunta, por tanto, sería ¿y cómo venció Jesús, para sentarse en el trono de Jehová? Pues sencillamente y como todos sabemos, aguantando hasta la misma muerte en un madero de ejecución; de hecho y en Rev. 20:4, a Juan se le muestran a aquellos que ocuparán los tronos del reino, como los que “fueron ejecutados con hacha (o “asesinados”, según versiones) por el testimonio que dieron de Jesús y por hablar acerca de Dios.”

De ahí que en palabras de Pablo y que sabía muy bien de lo que hablaba, leamos lo siguiente:

Porque si hemos sido unidos con él en la semejanza de su muerte (asesinados por su integridad), ciertamente también seremos unidos con él en la semejanza de su resurrección (eso es, en gloriosos cuerpos inmortales).” (Rom. 6:5). (Acotaciones nuestras).

Es cierto que hay algunos indoctos por ahí y que se las dan de “ungidos”, que afirman que con esas palabras tan claras y concretas, Pablo no quería señalar una igualdad de muerte con Jesús, sino otra cosa distinta; sin embargo, que lo que quería decir Pablo en sus palabras es exactamente lo que nosotros proponemos, queda claro cuando uno lee Fil. 3:10-11:

“…… a fin de conocerlo a él y el poder de su resurrección y una participación en sus sufrimientos, sometiéndome a una muerte como la de él (no tanto por la “forma” de ejecución, sino por la “razón” de la misma, eso es, una muerte de sacrificio o martirio, en defensa de su integridad a Dios), 11 para ver si de algún modo puedo alcanzar la resurrección más temprana (la de Rev. 20:6 y que solo sufriendo una muerte en sacrificio se puede acceder a ella, según palabras de Jesucristo ya leídas) de entre los muertos.” (Acotaciones nuestras).

Circunstancia esta y ya que viene de paso, que prueba la diferente exigencia que se les hace a aquellos a los que a nuestro entender, repetimos, prefiguró Job y que serían los súbditos del reino de Dios, con respecto de aquellos que gobernarían junto a Cristo en el mismo. Y la cual tendría que hacer reflexionar a aquellos que afirman que no existen dos “clases” de personas con dos distintas retribuciones (unos pocos que gobernarán, sobre unos muchos que serán gobernados), porque lo que vemos es exactamente lo contrario: mientras a los primeros Dios los entrega en manos del opositor para que los pruebe hasta la muerte (si no mueren asesinado por su fe, no heredan el reino en calidad de inmortales reyes y sacerdotes, según Rev. 20:4; 6), los segundos somos salvaguardados por Jehová y Satanás no puede tocarnos “un pelo” (de lo contrario ya no quedaríamos ni uno)…… y dándose la circunstancia de que todos, tanto los unos como los otros, son simplemente seguidores de Jesús. Y es que no hay diferencia alguna entre los Pedro, Juan, Pablo y compañía, con los que actualmente somos seguidores de Jesucristo, salvo en que ellos estuvieron en el lugar apropiado, en el momento oportuno y el resto nacimos años o siglos después de que dicha oportunidad de reinar con Cristo, fuera ofertada a la humanidad…… que ello es así, queda claro por el hecho de que el “resto ungido” por aparecer, prefigurado por los “dos testigos” de Rev. 11:3 y depositarios de grandísimos poderes, será escogido de entre los actuales seguidores del Hijo de Dios ¡más prueba que esta no creemos que haya!

Volviendo al tema central de este escrito y que tiene que ver con el relato de Job, lo que ha quedado claro es que todos seremos probados de una u otra forma por Satanás, en su intento de que nos apartemos de nuestra fe. Y aunque no se le permite, en nuestro caso, llegar al límite de enfrentarnos con la muerte, no es menos cierto que si nos somete a prueba es porque sabe que podemos sucumbir a la misma, pues de lo contrario no lo haría…… de ahí que, vez tras vez, lo intente de diversas maneras como lo hizo con el bueno de Job e incluso en el caso de Jesucristo (Luc. 4:13). En definitiva y dado que la prueba no podemos soslayarla, ello nos lleva a preguntarnos cómo hacer para aguantarla sin que esta se nos lleve por delante; veamos para ello, unas palabras de Pablo que nos animan a profundizar más en las Escrituras:

Porque todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado, fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras, tengamos esperanza.” (Rom. 15:4).

Luego la pregunta que nos podríamos plantear, es la siguiente: ¿hay en la Escrituras algún relato de “tiempo pasado”, que nos lleve a entender lo que hay que hacer para salir victoriosos en nuestro particular enfrentamiento, ante un rival tan poderoso como es Satanás? Por supuesto que lo hay, pues mientras en el relato de Job se nos enseña que nuestro enemigo tiene un límite impuesto por Jehová y lo que nos da cierto margen de maniobra, hay otro que nos habla de la táctica a usar en ese enfrentamiento y que, encontrándose en 1 Sam. 17:1-58, nos habla de lo que conocemos como la victoria de David contra Goliat; y relato que marcando un antes y un después en la historia de Israel, fue preservado en las Escrituras y como hemos leído en las palabras de Pablo, para “nuestra instrucción” si lo analizamos con el detenimiento requerido. Historia que va más allá de lo que siempre se nos ha contado, eso es, de la victoria del débil sobre el poderoso…… y va más allá, dado que lo que se nos cuenta es porqué el débil venció al poderoso; y es que desde luego, para hablarnos solo de la valentía de David, no creemos que el tal relato fuera guardado en el libro sagrado, por lo que algún sentido práctico y aplicativo debe de tener para nosotros a día de hoy.

Y es que si el caso de Job nos es extremadamente instructivo, igualmente este episodio de la vida de la nación de Israel y protagonizado por el pastor David, cuya enseñanza práctica trasciende al relato en sí mismo…… por ello, queridos amigos y dado que el tema tiene “tela”, le dedicaremos un capítulo aparte para tratarlo en profundidad; mientras tanto, recréense con esa joya que es el libro de Job y sáquenle el máximo provecho.

MABEL

HEBREOS 10:29……. VS. HECHOS 24:15.

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , on 06/12/2013 by Armando López Golart

53Hace unos días, ocurrieron dos sucesos con unas pocas horas de diferencia y que llamaron nuestra atención, pues los cuales nos mostraron una vez más cómo la Biblia es un todo armonioso y en el que todo encaja perfectamente, transmitiendo mensajes provechosos si realmente estamos alerta para captarlos y, obviamente, si hacemos caso de ellos: unas horas antes de que una pareja de TJ llamaran a nuestra puerta, una buena amiga de este blog nos había pedido que publicáramos algo sobre Hebr. 10:29 y en donde se lee como sigue:

¿De cuánto más severo castigo piensan ustedes que será considerado digno el que ha hollado al Hijo de Dios y que ha estimado como de valor ordinario (eso es, vulgar o como de poca estimación) la sangre del pacto por la cual fue santificado (el individuo en cuestión) y que ha ultrajado con desdén el espíritu de bondad inmerecida?” (Acotaciones nuestras).

De entrada, nos pareció un texto como de poco recorrido en sí mismo y al que difícilmente se le podía sacar jugo como para escribir todo un artículo sobre él, pues estas eran no eran más que unas palabras dirigidas a aquellos que tenían que reinar con Cristo y en relación a una personal actitud, poco acorde con su condición de poseedores del ungimiento como Hijos de Dios…… pero hete aquí, que unas pocas horas después y como hemos señalado, en su habitual ronda de predicación los TJ nos ofrecieron un pequeño tratado titulado “¿Será posible que los muertos vuelvan a vivir?” basado en el pasaje de Hech. 24:15 y en el que leemos esto:

“…… y tengo esperanza en cuanto a Dios, esperanza que estos mismos también abrigan, de que va a haber resurrección así de justos como de injustos.”

En llegando aquí, permítannos un pequeño paréntesis para decirles que si estas personas les ofrecen dicho folleto, se olviden de quiénes se lo han entregado y léalo con atención, pues eso es algo que interesa profundamente a cada uno de nosotros, porque ¿quién no tiene en su familia la “irreparable” pérdida de un ser querido, padre, madre, hijo, hija, nieto, abuelo, etc.? ¿Quién está, por otra parte, libre del suceso imprevisto (Ecle. 9:11) que puede acabar con la vida de uno “definitivamente”? Y fíjese bien, querido amigo que nos lee, en el “entrecomillado” de las palabras “irreparable” y “definitivamente”, pues dichos términos son válidos desde la perspectiva del ser humano, que no conoce alternativa alguna a ambos sucesos y siendo que los dos tienen que ver con el mismo común denominador: la muerte…… sin embargo, aquellos que conozcan algo de las Escrituras sabrán que estas nos hablan de personas que murieron y que incluso habiendo llegado ya al proceso de descomposición, como fue en el caso de Lázaro (Juan 11:39), volvieron a la vida mediante la resurrección y con ello, a estar de nuevo entre sus seres queridos y para gozo de todos. Pues bien, eso no fue más que lo que podríamos considerar como un pequeño “avance” de lo que ocurrirá dentro de poco en escala inimaginable en nuestros días y dado lo avanzado de los tiempos, en el momento del establecimiento del reino de Dios aquí en la tierra…… y siendo de eso, precisamente, de lo que se nos habla en el pasaje mencionado.

Dicho lo cual, retomemos el tema inicial en donde lo dejamos y veamos la posible relación existente entre ambos pasajes, si bien en principio no parece haber ninguna entre ellos, porque veamos: mientras Hebr. 10:29 está dirigido a los llamados “ungidos” del I siglo y personas que como “clase” se extinguieron, pues a partir de la muerte del último de los apóstoles en el año 99 E.C., dejaron de existir estos personajes sobre la tierra, Hech. 24:15 hace referencia a la resurrección que acontecerá durante el reinado milenario de Cristo con el común de los mortales que hasta ese momento hayan fallecido, eso es, un evento situado aún en el futuro…… por lo que la relación existente entre ambos, tal parece ser la del huevo a una castaña; pero cuando se “rasca” un poquito y se analizan detenidamente ambos pasajes, poco a poco va apareciendo una nítida relación entre dichos textos. Porque si en el primero se nos habla con relación de aquél “que ha hollado al Hijo de Dios y que ha estimado como de valor ordinario la sangre del pacto por la cual fue santificado”, eso es, que le llevó a uno a la condición de Hijo de Dios (en el caso de los primeros que siguieron a Jesús), no es menos cierto que dicha sangre fue también derramada en favor del resto de la humanidad:

Porque tanto amó Dios al mundo (eso es, al ser humano en general) que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16).

Pero para entender eso, tenemos que partir de un supuesto que pocos aceptan, siendo básicamente aquellos que a día de hoy se creen se “ungidos” o “nacidos de nuevo” y cuya equivalencia de términos es, en definitiva, el considerarse uno un Hijos de Dios, pues de aceptarla se les va a hacer puñetas el “tenderete”, eso es, que han de concluir en que ellos no son “ungidos” tal como afirman y claro…… ¡antes muertos que perder la vida! Porque partiendo del pasaje que acabamos de transcribir, queda claro que el sacrificio de Jesús era una dádiva inmerecida del Soberano de todo el Universo a su creación humana caída en el pecado y, por ello, con la muerte como única perspectiva secuencial; lo que ocurre es que en el Plan Divino de restauración del ser humano (Hech. 2:20-21), no solo figuraba la presencia de un rey y rescatador (Jesucristo) para dirigir dicha restauración por un espacio de tiempo de mil años y que conocemos como el “reino de Dios”, sino también unos corregentes con el tal y en calidad también de inmortales reyes y sacerdotes, a los que Jehová decidió hacerlos también Hijos Suyos y que según Rev. 14:1-5, componen la cantidad específica de 144.000 miembros (ver Sal. 2:1-6) y que solo podían entresacarse de genuinos seguidores de Jesús y a partir del momento en que este inició su comisión aquí en la tierra:

Entonces Pedro le dijo en respuesta: “¡Mira! Nosotros hemos dejado todas las cosas y te hemos seguido; ¿qué habrá para nosotros, realmente?”. 28 Jesús les dijo: “En verdad les digo: En la re-creación, cuando el Hijo del hombre se siente sobre su trono glorioso, ustedes los que me han seguido también se sentarán sobre doce tronos y juzgarán a las doce tribus de Israel.” (Mat. 19:27-28).

Es obvio que desde ese momento en adelante, siempre ha habido en la tierra personas que, como los autores de este blog y la inmensa mayoría de los que nos leen, nos hemos hecho seguidores de Jesucristo, pues aceptamos el sacrificio expiatorio de este y confiamos en el Plan de Redención de nuestro Creador, Jehová Dios; y siendo el caso de que solo los que así crean, serán los que formarán parte de la “gran muchedumbre” que sobrevivirá a la “gran tribulación” por venir sobre la tierra, a tenor de lo que leemos en Rev. 7:9; 13-15:

Después de estas cosas vi y, ¡miren!, una gran muchedumbre, que ningún hombre podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos de largas ropas blancas; y había ramas de palmera en sus manos. (……) 13 Y, en respuesta, uno de los ancianos me dijo: “Estos que están vestidos de la larga ropa blanca ¿quiénes son y de dónde vinieron?”. 14 De modo que le dije inmediatamente: “Señor mío, tú eres el que sabe”. Y me dijo: “Estos son los que salen de la gran tribulación (eso es, que sobreviven a ella) y han lavado sus ropas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero (eso es, que han ejercido fe en la sangre derramada de Cristo y en armonía con Juan 3:16). 15 Por eso están delante del trono de Dios; y le están rindiendo servicio sagrado día y noche en su templo; y El que está sentado en el trono extenderá su tienda sobre ellos”.” (Acotaciones nuestras).

Luego estamos hablando de personas que serán “seguidores” de Jesucristo, pero que por sobrevivir a la “gran tribulación” venidera, o sea, que pasan con vida al nuevo mundo o reino de Dios, no pueden, razonablemente, participar de la llamada “primera” resurrección y que es la que da la posibilidad de reinar con Cristo durante el milenio, en calidad de inmortal rey y sacerdote:

Feliz y santo es cualquiera que tiene parte en la primera resurrección; sobre estos la muerte segunda no tiene autoridad (lo cual significa la inmortalidad), sino que serán sacerdotes de Dios y del Cristo y reinarán con él por los mil años.” (Rev. 20:6). (Acotación nuestra).

Entonces estamos hablando de dichos sobreviviente, como de personas que tienen ante sí, la oportunidad de no morir jamás y que no son otra cosa más que, repetimos, genuinos seguidores de Jesucristo, como en su momento lo fueron los Juan, Pedro, Pablo, Santiago, Bernabé y tantos otros (luego no hay diferencia alguna entre ellos y nosotros), pero que a diferencia de esos personajes, dicha “gran muchedumbre” de personas no accederemos a reinar con Jesucristo en el período milenario del reino de Dios, sino que ocuparemos el lugar de súbditos del mismo…… pero entonces surge una pregunta ¿por qué ellos y nosotros no? Pues, sencillamente, porque esas personas se contaron entre las primeras que siguieron a Jesús y que a modo de “primicias” o primeros frutos de una gran cosecha (Rev. 14:4), empezaron a conformar el grupo de los 144.000 y que en llegarse a un determinado número cercano ya a dicha cantidad total y según voluntad divina, se acabó temporalmente dicha recolección y hecho que coincidió con la muerte del último apóstol (Juan) en el 99 E.C.; y que el caso es como se lo contamos, quedaría confirmado por lo que se nos explica en Rev. 6:9-11:

Y cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido degollados a causa de la palabra de Dios y a causa de la obra de testimonio que solían tener. 10 Y clamaban con voz fuerte y decían: “¿Hasta cuándo, Señor Soberano santo y verdadero, te abstienes de juzgar y de vengar nuestra sangre en los que moran en la tierra?”. 11 Y a cada uno de ellos se dio una larga ropa blanca; y se les dijo que descansaran por un poco de tiempo más, hasta que se completara también el número de sus coesclavos y de sus hermanos que estaban a punto de ser muertos como ellos también lo habían sido.”

Por lo tanto habría que entender que aún queda por completarse el número de los 144.000, con un pequeño resto por aparecer y que en Rev. 11:3, están prefigurados por los “dos testigos” y que dotados de grandísimos poderes (v. 5-6), por 1.260 días llevarán la delantera en la predicación anunciada por Jesús en Mat. 24:14 y apoyados en dicha asignación por aquellos que en un futuro conformarán la llamada “gran muchedumbre” y algo que queda claro en la conocida parábola de las “ovejas y las cabras”, pues en la mismas se nos señala que el premio o castigo, según proceda, tendrá que ver con la ayuda prestada, o no, a aquellos a los que Jesucristo califica como a sus “hermanos más pequeños”:

Entonces los justos le contestarán con las palabras: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed, y te dimos de beber? 38 ¿Cuándo te vimos extraño y te recibimos hospitalariamente, o desnudo, y te vestimos? 39 ¿Cuándo te vimos enfermo, o en prisión, y fuimos a ti?”. 40 Y en respuesta el rey les dirá: “En verdad les digo: Al grado que lo hicieron (o en su defecto “no lo hicieron”, según los versos 45-46) a uno de los más pequeños de estos hermanos míos, a mí me lo hicieron”.” (Acotación nuestra).

Es obvio, pues entra dentro de lo razonable, que dicho pequeño “resto” será sacado de entre los actuales seguidores de Jesucristo existentes hoy sobre la tierra y que de momento aún no han sido designados por Jehová Dios, pues de lo contrario ya habrían dado señales de vida, eso es, ya habrían manifestado los extraordinarios poderes de los que serán depositarios, al modo de los apóstoles o primeros seguidores de Jesús y habrían puesto en marcha la citada predicación, comisión para la que son elegidos; circunstancia que al no haberse producido, claramente nos indica que aún los tales personajes está en el futuro…… dicho lo cual, volvamos al nexo de unión entre Hebr. 10:29 y Hech. 24:15, señalados en el titular de este escrito. Porque como ya hemos dicho, el sacrificio de Jesús alcanza a todos sus seguidores, prescindiendo de que los primeros de ellos y por haber estado en el lugar adecuado, en el momento oportuno, disfruten de un privilegio que la inmensa mayoría de los demás no tenemos y por lo que no estaríamos hablando de un asunto de capacidad o mérito, sino simple y llanamente, de una mera cuestión de oportunidad: ellos estuvieron allí en ese momento y nosotros no, lo cual no les hace ni mejores ni peores seguidores de Jesucristo que nosotros; de hecho y repetimos para fijar la idea, ese pequeño “resto” por aparecer será escogido de entre los actuales seguidores de este. Pero la cuestión es que en Hebr. 10:29 se nos habla del castigo que recibirá aquél que “ha hollado al Hijo de Dios y que ha estimado como de valor ordinario la sangre del pacto por la cual fue santificado y que ha ultrajado con desdén el espíritu de bondad inmerecida” y prescindiendo del grupo al que pertenezca, eso es, del de los “elegidos” para ser reyes o del de aquellos que no lo seremos, puesto que todos podemos caer en dicho error.

El castigo, obviamente y ya volviendo a la “gran muchedumbre”, tienen que ver con la destrucción eterna del que da tal manera obre en conformidad con las palabras citadas, eso es, que no sobrevivirá a la “gran tribulación” y que en breve será derramada sobre la entera humanidad…… pero ¿cómo puede uno mostrar dicha actitud negativa mencionada en el pasaje de Hebr. 10:29, aunque no pertenezca a la clase de personas a las que fueron dirigidas dichas palabras? Porque lo que está claro es que la inmensa mayoría de las personas con las que nos encontramos en nuestro día a día (nos referimos a aquellas que se llaman cristianas), afirman creer en Dios y en Su Hijo, ser miembros de tal o cual denominación religiosa y por supuesto (¡faltaría más!), el ser buenas personas que se llevan bien con su prójimo, que no hacen mal a nadie, etc. etc. etc. y algo que desde este blog no ponemos en duda…… pero sin embargo, sorprendentemente, la realidad que contemplamos a nuestro alrededor y dentro de la misma cristiandad, nos muestra exactamente todo lo contrario y siendo ello un calco de lo que nos dijo Pablo en su momento, acerca de lo que caracterizaría al “personal” en los tiempos finales y lo que nos muestra, de todas, todas, que ya estamos muy adentrados en ellos:

Más sabe esto, que en los últimos días se presentarán tiempos críticos, difíciles de manejar. 2 Porque los hombres serán amadores de sí mismos, amadores del dinero, presumidos, altivos, blasfemos, desobedientes a los padres, desagradecidos, desleales, 3 sin tener cariño natural, no dispuestos a ningún acuerdo, calumniadores, sin autodominio, feroces, sin amor del bien, 4 traicioneros, testarudos, hinchados de orgullo, amadores de placeres más bien que amadores de Dios, 5 teniendo una forma de devoción piadosa, pero resultando falsos a su poder; y de estos apártate.” (2 Tim. 3:1-5).

Está clara, entonces, la directa relación establecida por Pablo entre los tiempos “críticos y difíciles de manejar” que caracterizarían a los “últimos días”, con la actitud desplegada por las personas en ese momento y de las cuales, dicho apóstol y entre los “piropos” expresados, nos dice algo muy a tener en cuenta: y es que las personas (obviamente se refiere a la cristiandad) tendrían “una forma de devoción piadosa”, pero que esta no tendrá efecto positivo en sus actos. O sea, que afirmarán creer en Dios y en el sacrificio de Jesucristo, pero que sus afectos personales estarían puestos “en el mundo” o lo que es lo mismo, en las cosas materiales y no en las promesas de Dios y que tienen como punto focal el sacrificio de Su Hijo Jesucristo y en el que hay que ejercer fe, para alcanzar el favor de Dios. Recordemos que cuando este estuvo en la tierra, una de sus advertencias tenía que ver con lo siguiente:

Si el mundo los odia, saben que me ha odiado a mí antes que los odiara a ustedes. 19 Si ustedes fueran parte del mundo, el mundo le tendría afecto a lo que es suyo. Ahora bien, porque ustedes no son parte del mundo, sino que yo los he escogido del mundo, a causa de esto el mundo los odia.” (Juan 15:18-19).

Ahora bien, si Jesús daba por sentado que sus seguidores “no eran” parte de este mundo y tal parece que era lo correcto, lo que tendríamos que averiguar es que significa el “no ser” parte del mundo y como dicha actitud, estaría relacionada con Hebr. 10:29, en el sentido de que al poner los valores mundanos por encima de los divinos, uno estaría considerando “como de valor ordinario la sangre del pacto” derramada por Cristo y lo que ello significaría de “ultraje desdeñoso” para con el espíritu de bondad inmerecida otorgado por el Altísimo en favor de uno; y uno de los pasajes que mejor define esta cuestión, es el que encontramos en 1 Juan 2:15-17:

No estén amando ni al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él; 16 porque todo lo que hay en el mundo -el deseo de la carne y el deseo de los ojos y la exhibición ostentosa del medio de vida de uno- no se origina del Padre, sino que se origina del mundo. 17 Además, el mundo va pasando y también su deseo, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”

Y para no cansarnos especificando una por una las cosas que están en el mundo, imagínese usted pasarse un día entero frente a un televisor e ir evaluando las imágenes que se le ofrecen (en cualquier programa que usted quiera sintonizar) y en donde todos verá lo mismo: incitación a la violencia, aceptación de normas inmorales como la homosexualidad, el aborto, las relaciones sexuales en cualquier momento y sin restricción alguna, es más, mostrando las aparentes bondades de dichas conductas al serle presentadas como acciones propias de una sociedad “madura” y avanzada. Súmenle a ello, la incitación a participar en elecciones de gobiernos (sean del color que sean), apoyar manifestaciones de protesta sobre cualquier tema o causa y todo ello dirigido a sostener el “chiringuito” del que viven un inmenso montón de personas y a las que lo que menos les preocupa es el bienestar de aquellos que les votan, sino su propio bienestar personal y sistema de cosas al que usted contribuye a mantener con su voto personal, por ende con sus impuestos…… y todos los “etcéteras” que usted le quiera añadir a lo dicho. Claro, cuando uno lee en las Escrituras que “el mundo entero yace en el poder del inicuo” (1 Juan 5:19), debería de entender que encontrarse “cómodo” dentro de una sociedad que propugna el aborto como un derecho personal e inalienable de la mujer; el matrimonio entre personas del mismo sexo como signo de progresía; así como el calificar las relaciones sexuales fuera del matrimonio y a tempranas edades, no como lo que son, eso es fornicación pura y dura sino como relaciones “prematrimoniales”, o al traumático adulterio como relaciones “consuetudinarias” (se cambian los términos descriptivos para que no suene tan mal), no es más que rechazar con “desdén” la sangre de Cristo que murió, precisamente, para cambiar dicha situación.

Por lo que las preguntas serían las siguientes: ¿Cómo responde usted cuando alguien la habla del propósito de Dios, de restaurar la humanidad a la perfección, en un mundo en el que no existirán el dolor, las lágrimas, la enfermedad, la vejez, ni siquiera la muerte que tanto dolor causa?¿Presta usted atención a ello, o simplemente y como hace el 99’99% de las personas llamadas “cristianas”, con eso tan clásico del “no me interesa” y avergonzándose quizás, de que le vean hablando de Dios con alguien? Es más ¿se encuentra usted cómodo dentro de la sociedad corrupta y degenerada en la que vive y sujeta a destrucción eterna, excusándose quizás en aquello de que usted no participa de ello? Porque claro, la realidad es que uno puede pecar tanto por acción…… como por omisión, eso es: uno puede no participar directamente de esas cosas que ofenden a Dios, pero sin embargo, no tomar una posición clara en la dirección contraria y que tiene que ver con el dejar a las claras, lejos de toda duda, de por quién toma uno partido y como, por ejemplo, lo hemos hecho los autores de este blog: si por las normas morales o principios de Dios o por las que dicta un mundo o sociedad corrompida hasta la médula, siempre a tenor de la siguientes palabras de Jesús:

El que no está de parte mía, contra mí está; y el que no recoge conmigo, desparrama.” (Mat. 12:30).

Luego vemos que no existe término medio y por lo que la pregunta que debería de hacerse uno es la siguiente: ¿Cómo me consideran mis vecinos: como una persona liberada, progresista, tolerante y “puesta al día” y de la que se complacen en asociarse, o más bien como un “pringao” que cree en todas esas “tonterías” que explica la Biblia y por ello le evitan? Si es lo primero, uno está siendo señalado por Hebr. 10:29 y por lo que tiene algo “dudosillo” el participar, bien sea como protagonista, bien sea como feliz espectador de primera fila en espera de sus deudos resucitados, de lo anunciado por Hech. 24:15:

“…… y tengo esperanza en cuanto a Dios, esperanza que estos mismos también abrigan, de que va a haber resurrección así de justos como de injustos.”

MABEL

LOS “NACIDOS DE NUEVO”…… O EL “CUENTO DE LA LECHERA”.

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , , on 02/12/2013 by Armando López Golart

dibujo_cuento_de_la_lechera1Una de las peculiaridades de este blog y que así se mantendrá mientras un servidor (Armando López Golart y uno de los dos creadores del “invento”) lleve el timón del mismo, es que no nos solemos “arrugar” ante nadie y de ahí que nos hayamos enfrentado a reputados teólogos o autores de prestigio dentro del campo de lo religioso en Internet y de los que aún, en algunos casos, esperamos respuesta a nuestros requerimientos de aclaración sobre algunas cuestiones de diversa índole. Y es que como en este blog tenemos por bandera el deseo de aprender, no nos “asusta” el que alguien nos rectifique (más bien lo agradeceríamos), ya que ello contribuiría a que aprendiéramos algo más de lo poco que sabemos; de ahí el desparpajo que tenemos cuando nos postulamos sobre cualquier tema, pues sería una bendición el que alguien bien documentado nos señalara algún error que hayamos podido cometer, bien sea en la interpretación de un pasaje bíblico, bien sea en su aplicación, pues ello nos llevaría a aprender más de Dios y que en definitiva, es el objetivo que perseguimos. Claro, partiendo de esta posición, comprenderán ustedes y ya personalizando la cosa, que me haya visto sorprendido por el correo que he recibido de un tal “rubeto” y en el que, transcrito tal cual ha sido recibido y como tenemos por costumbre en este blog (solo he añadido “negritas” para subrayar las partes más “jugosas”), se puede leer como sigue:

-rubeto commented on RESPONDIENDO AL Sr. FÉLIX GUTTMANN-

me parecio interesante la fprma en que exponen su punto de vista pero para mi como cristiano nacido de nuevo lavado con la sangre del coredero y tratando de caminar en santidad, alimentando el espiritu mas que la carne lo menos que meresco es: o ser levantado para no ver destruccion o ser resucitado para vida eterna. Ud sr armando deberia ver su corazon por que lo que yo puedo discernir es una gran falta de humildad ya es suficiente la batalla contra nuestra carne como para ver la cantidad de orgullo y soberbia que ud se carga, eso habla de su falta de humildad los terminos que utiliza contra el sr guttmann solo me pueden llevar a un resultado. SOBERBIA Y ALTIVEZ DE ESPIRITU. no se diga de ignorancia.”

O sea, queridos amigos, que ahí tenemos a una persona que se ha creído el “cuento” que le han contado en la organización a la que probablemente pertenece (no creo que ande por libre), en el sentido de que cuando uno es bautizado en agua y en el nombre de Jesucristo, ya es inmediatamente reconocido como Hijo de Dios, por tanto hecho hermano de Cristo y consecuentemente heredero con este del reino de Dios, en calidad de inmortal rey y sacerdote…… o sea, que le han contado el “cuento de la lechera” y encima se lo ha creído. Y siendo el caso que tal parece ser, que dicho caballero entiende que ello le da un plus de autoridad y se cree con el derecho de ir prejuzgando la actitud de aquellos que no decimos lo que él entiende como correcto de cualquier tema (de hecho parece ser que me califica de ignorante), en este caso, del crédito que me merece a mí el Sr. Félix Guttmann y por lo que pasa a tachar mi actitud para con este, de soberbia y altiva en las respuestas que en su momento le di al caballero en cuestión.

De entrada, decirle a ese comunicante y que se presenta con el seudónimo de “rubeto”, que su opinión sobre el particular no le ha sido requerida y por lo que a lo máximo que podría llegar es a poner en cuestión y si hubiera motivo para ello, el contenido de las respuestas dadas en el tema al que hace referencia, en el sentido de lo acertado o desacertado de ellas y siempre con relación a lo que se me preguntaba……ir más allá de ese terreno, entrando a opinar sobre mi personal forma de ser o actuar, entiendo que es algo gratuito. Sin embargo y como ustedes pueden ver, aunque afirma reconocer como interesante la exposición que hago en el artículo de referencia, el tal “rubeto” me pone a “caldo” al atribuirme lo que él entiende como una actitud “soberbia y altiva” en mi respuesta al ínclito personaje de Félix Guttmann, cuando lo que yo hice (siempre según yo entiendo) fue responder en el mismo tono que me fueron efectuadas las preguntas y algo que todo el que lo desee puede comprobar, leyendo el artículo en cuestión y publicado el 05/03/10 bajo el título Respondiendo al Sr. Félix Guttmann.

Pero es que resulta y algo que por lo visto se le pasa por alto al amigo “rubeto”, que en este blog tenemos como objetivo el desenmascarar a tanto “fantasma” que anda suelto por ahí y que se las dan de “entendidos” en las Escrituras y con ello engañando al “personal”, pero que son capaces de afirmar cosas tan disparatadas (y como hace el Sr. Guttmann) acerca de las mismas, como que estas defienden la idea de que en el cielo existen familias que se reproducen al igual que aquí en la Tierra, o sea, mediante la unión sexual de un miembro del género masculino y otro del género femenino; o que la Torre de Babel era una rampa de lanzamiento de naves espaciales; o que al finalizar el reinado milenario de Cristo, este y en lugar de devolvérselo al que se lo había confiado, o sea Jehová Dios, se lo transfiere a su antepasado el rey David, para que (imagino) continúe reinando en su lugar; o afirmando que antes de la creación de Adán y Eva, la tierra ya estaba poblada por una ingente cantidad de personas…… ¡vamos: que ya teníamos “overbooking”!

Pues bien, si estos son los postulados que defiende el tal “rubeto”, a juzgar por la defensa tan encendida que hace del autor en cuestión, me permito el señalarle que de entrada y desde mi punto de vista, lo que tendría que hacer es identificarse y no esconderse detrás de un seudónimo cuando pasa a criticar actitudes personales y como es el caso que nos ocupa, lo cual le deja a uno en la indefensión más absoluta; pero dicho lo cual y ya metidos “en harina”, pues ya tanto me dan “ocho como ochenta”, veamos algunos errores en los que cae el amigo “rubeto” en el correo en cuestión. Porque en el mismo se identifica y transcribo literalmente de su correo, como “cristiano nacido de nuevo” y lo que significa y como acabo de señalar, que dicho caballero es de los que se cree “ungido” o Hijos de Dios, por tanto hermano de Jesucristo y en consecuencia, heredero con este del reino de Dios en calidad de inmortal rey y sacerdote…… en definitiva, que no tiene ni puñetera idea de lo que habla. Porque una cosa es el sentimiento personal e íntimo de sentirse uno poseedor de dicha condición de Hijo de Dios y que bajo determinadas circunstancias, se podría hasta entender, pero otra muy distinta el que no se haya hecho una comprobación exhaustiva de las Escrituras para comprobar si, efectivamente, ello pudiera ser posible; de hecho, una inmensa mayoría de llamados cristianos se creen “ungidos” o “nacidos de nuevo”, bien porque le hayan “comido el tarro” los dirigentes de la organización religiosa con la que se asocian, bien por su falta de equilibrio emocional, o por cualquier otra circunstancia que se le quiera añadir, pero que en definitiva todo se reduce a lo mismo: una total carencia de fundamentos bíblicos.

Porque claro, dicha afirmación de ser un “nacido de nuevo” y con todo lo que ello implica, como primera providencia nos llevaría a preguntarle al Sr. “rubeto”, quién y con qué autoridad le “bautizó” a él con el espíritu santo, pues solo ese bautismo es el que transmite dicha condición de “nacido de nuevo” (no siendo este el caso del bautismo en agua), dado que a día de hoy nadie ostenta dicha autoridad o poder para llevarlo a cabo…… es más, ni siquiera existe hoy alguien autorizado a bautizar en agua en “el nombre de Jesucristo”, pues ninguna de la denominaciones religiosas que actualmente practican dicho ritual y que son todas las de la llamada “cristiandad”, cuentan con el favor de Dios y algo que explicamos en este blog, en nuestro anterior escrito del 27/11/13, bajo el título ¡Sálganse de ella, pueblo mío!. Y es que lo que lo primero que habría de tomarse en consideración, es a qué se le llama el ser un “nacido de nuevo” y algo que Jesús dejó claramente establecido cuando, hablando con un tal Nicodemo, le dijo lo siguiente:

En respuesta, Jesús le dijo: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. 4 Nicodemo le dijo: “¿Cómo puede nacer el hombre cuando es viejo? No puede entrar en la matriz de su madre por segunda vez y nacer ¿verdad?”. 5 Jesús contestó: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”.” (Juan 3:3-5).

O sea, que de lo que estaba hablando Jesucristo en cuanto al “nacer de nuevo” y contrario a la expectativa de Nicodemo, tenía que ver con el participar de dos bautismos distintos; de tal manera, que si uno no ha participado de los dos bautismos, eso es, por una parte del bautismo de agua o “bautismo de Juan” y por otra, del bautismo en espíritu santo y que solo podía administrar Jesucristo, según nos reveló Juan “el bautizante” y como veremos a continuación, no se puede considerar uno como un “nacido de nuevo” o lo que es lo mismo, un Hijo de Dios y por tanto heredero del reino junto a Cristo. No obstante, me permito el atrevimiento de exponerle al amigo “rubeto”, en qué me fundamento para hacer semejante afirmación: partamos para ello de la base de que el bautismo en agua era una práctica totalmente desconocida por la nación de Israel, hasta el momento en que apareció en escena Juan “el bautizante” (de ahí el sobrenombre) y afirmó lo siguiente:

Ni siquiera yo lo conocía, pero El Mismo que me envió a bautizar en agua me dijo: “Sobre quienquiera que veas el espíritu descender y permanecer, este es el que bautiza en espíritu santo”. 34 Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.” (Juan 1:33-34).

Luego Juan se identifica como aquél que fue enviado por el Altísimo para efectuar una clase de bautismo (en agua), pero también nos dice que detrás de él viene otro, que administrará otra forma de bautismo (este ya, en espíritu santo). Entonces lo que tenemos ahí, es a dos distintos personajes “autorizados” directamente por Jehová Dios (detalle este importantísimo) para llevar a cabo dos bautismos totalmente diferentes entre sí, tanto en ritual como en contenido: pues mientras el primero (mediante inmersión en agua) no era más que la manifestación pública del arrepentimiento de los pecados de uno y arreglar con ello, su personal situación con Dios (Luc. 3:3), el segundo (mediante imposición de manos) hacía de uno un Hijo de Dios y recibiendo con ello los poderes que eran consustanciales con dicha condición; y algo constatado por lo que pudieron hacer todos aquellos que accedieron a la misma…… y con el añadido de que ambos eran impartidos por personas “autorizadas” expresamente por Jehová: Juan para el primero y Jesús para el segundo. Y lo que nos lleva a razonar, con referencia al primer bautismo, que no tendría sentido el que Jehová mandara a Juan expresamente a bautizar en agua, si dicha práctica bautismal ya se hubiera estado llevando a cabo en Israel de forma ritual; por lo que hay que suponer, que fue en Juan que inició dicho “primer” bautismo en agua y de ahí, que el tal fuera conocido como “el bautismo de Juan” (Luc. 7:29)…… no olvidemos y en contra de lo que muchos piensan, que Jesús y mientras estuvo en la tierra, impartía también el bautismo en agua o “bautismo de Juan”, pues según propia afirmación, no podía bautizar en “espíritu santo” sino hasta después de su muerte:

No obstante, les digo la verdad: Es para provecho de ustedes por lo que me voy. Porque si no me voy, el ayudante (el espíritu santo con el que poco después serían bautizados) de ninguna manera vendrá a ustedes; pero si sigo mi camino, lo enviaré a ustedes.” (Juan 16:7). (Acotación mía).

Por lo tanto, antes de la muerte de Jesús y desde Juan “el bautizante” (Mat. 11:12) en adelante, no existía otro bautismo que el de agua, pues recordemos y en línea con lo que estoy afirmando, que posteriormente y antes de su ascensión a los cielos, las instrucciones que dio a sus apóstoles, fueron las siguientes:

Y estando reunido con ellos, les dio las órdenes: “No se retiren de Jerusalén, sino sigan esperando lo que el Padre ha prometido, acerca de lo cual oyeron de mí; 5 porque Juan, en verdad, bautizó con agua, pero ustedes (luego a diferencia de otros) serán bautizados en espíritu santo no muchos días después de esto”.” (Hech. 1:4-5). (Acotación mía).

Por lo que hay que concluir que, obviamente, estamos hablando de dos bautismos totalmente diferentes y siendo el que acababa de anunciar Jesucristo, el “segundo” bautismo mencionado en Juan 3:5; y bautismo que inició su andadura en el Pentecostés de 33 E.C., cuando fue derramado sobre los apóstoles y que conllevó a que los tales fueran reconocidos como Hijos de Dios y con ello, recibiendo los poderes “acreditativos” inherentes a dicha condición…… y poderes que fueron los mismos que Jesús desplegó durante su estancia en la tierra: levantar muertos, expulsar demonios, sanar enfermos, restaurar inválidos, etc. etc. etc. Pero veamos como Jesús ya señaló de antemano, que dicho bautismo en espíritu santo lo que haría es convertir a sus apóstoles en Hijos de Dios y por tanto, en “hermanos” suyos y algo que no podía conseguir en modo alguno el “bautismo de Juan” o bautismo de agua:

Jesús le dijo: “Deja de colgarte de mí. Porque todavía no he ascendido al Padre. Pero ponte en camino a mis hermanos y diles: Asciendo a mi Padre y Padre de ustedes y a mi Dios y Dios de ustedes”.” (Juan 20:17).

Por lo que ya tenemos en escena a los primeros doce “nacidos de nuevo”, pues reunían el requisito exigido por Jesús, eso es, habían recibido el bautismo en agua de Juan en su momento y el bautismo en espíritu santo de Cristo y que este, en función de la autoridad que le había sido concedida (Mat. 28:18), derramó sobre ellos en el citado día de Pentecostés de 33 E.C. (más adelante hizo lo mismo con Pablo); ahora bien: ¿quiénes fueron los siguientes en reunir este “segundo” bautismo y que los convertía también en “nacidos de nuevo” o Hijos de Dios de pleno derecho y dotados por tanto, de los asombrosos poderes que dicha condición llevaba inherentes y a modo de “tarjeta de presentación”? Pues aquellos que lo recibieron directamente de manos de los apóstoles (y de Pablo, posteriormente) y que eran a los que Jesucristo y en función de la autoridad recibida (Mat. 28:18), había autorizado a impartirlo y acto que se escenificaba con el ritual de la imposición de manos…… y es que mientras que el bautismo en agua mediante en inmersión, no tenía más trascendencia que el ser la declaración pública del arrepentimiento de uno por sus pecados y acto que dependía de la voluntad del bautizado de someterse al mismo o no, el bautismo en espíritu santo dependía directamente de Dios y autoridad que Este delegó en Su Hijo Jesucristo como acabamos de señalar, de concederlo o no y con ello, el que uno adquiriera la condición de Hijo Suyo, eso es, “ungido” o “nacido de nuevo”; pero veamos cómo nos explica esto Pablo, según lo vierte la Traducción en Lenguaje Actual:

Pero eso no es todo. Aun cuando los dos hijos de Rebeca eran de nuestro antepasado Isaac, Dios eligió sólo a uno de ellos para formar su pueblo. 11 Antes de nacer, ninguno de los niños había hecho nada, ni bueno ni malo. Sin embargo, Dios le dijo a Rebeca que el mayor serviría al menor. 12 Con esto Dios demostró que él elige a quien él quiere, de acuerdo con su plan. Así que la elección de Dios no depende de lo que hagamos (o en su defecto, de lo que emocionalmente sintamos o creamos ser). 13 Como dice la Biblia: “Preferí a Jacob y no a Esaú”.” (Rom. 9:10-13). (Acotación mía).

Entonces queda entendido que el ser un “nacido de nuevo” no depende de nuestro personal punto de vista o convicción interna sobre el asunto, ni del esfuerzo que hagamos para conseguirlo, sino y como dice el pasaje consultado, de que Jehová le elija a uno (Gál. 4:6-7); y algo que al amigo “rubeto” se le pasa por alto y lo que no hace más que confirmar mi opinión, en el sentido de que dicho caballero no tiene muy claro por dónde le sopla el aire en la referido al contenido escritural, De ahí y que como tantos otros, caiga en el error de ajustar lo que este dice a su personal forma de entender las cosas (puesto que cree ser un “nacido de nuevo”, eso es lo que debe de decir el contenido escritural) y no que sea su punto de vista el que se ajuste a lo que realmente dice el registro escrito, en el sentido de si uno puede, o no puede, ser hoy un “nacido de nuevo” o Hijo de Dios…… y siendo lo que el texto escritural nos dice, que a día de hoy no puede existir dicha clase de personas. Porque lo que nos dicen las Escrituras, según el libro de Hechos de los Apóstoles y en donde se nos habla de cómo funcionaba la congregación cristiana del I siglo, es que solo los apóstoles tenían la “autoridad” para impartir el bautismo en espíritu santo, delegada directamente en ellos por el propio Jesucristo y bautismo que era el que otorgaba la condición de Hijo de Dios al que lo recibiera; sin embargo, aquellos que lo habían recibido de manos de los apóstoles y si bien adquirían la misma condición de Hijos de Dios y con poderes similares a aquellos, ya no podían bautizar a otros en espíritu santo, eso es, no podían transmitir a otros dicha condición de Hijos del Supremo…… un claro ejemplo de que ello es así, lo tenemos en el relato de Hech. 8:4-21:

No obstante, los que habían sido esparcidos iban por la tierra declarando las buenas nuevas de la palabra. 5 Felipe, uno de estos, bajó a la ciudad de Samaria y se puso a predicarles al Cristo. 6 Las muchedumbres prestaban atención de común acuerdo a las cosas que Felipe decía, mientras escuchaban y miraban las señales que él ejecutaba. 7 Porque había muchos que tenían espíritus inmundos y estos clamaban con voz fuerte y salían. Además, muchos paralíticos y cojos fueron curados. 8 De modo que llegó a haber mucho gozo en aquella ciudad.

9 Ahora bien, en la ciudad había cierto varón, Simón por nombre que, antes de esto, había estado practicando artes mágicas y asombrando a la nación de Samaria, mientras decía que él mismo era alguien grande. 10 Y todos ellos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención y decían: “Este hombre es el Poder de Dios, que puede llamarse Grande”. 11 De modo que le prestaban atención porque los había asombrado durante mucho tiempo con sus artes mágicas. 12 Pero cuando creyeron a Felipe, que estaba declarando las buenas nuevas del reino de Dios y del nombre de Jesucristo, procedieron a bautizarse, tanto varones como mujeres. 13 Simón mismo también se hizo creyente y, después de bautizarse, atendía constantemente a Felipe; y quedaba asombrado al contemplar las señales y grandes obras poderosas que se efectuaban (por mano de Felipe; eso es, el propio Simón estaba asombrado de lo que podía hacer el tal Felipe y que él, habiendo sido bautizado por este, no podía hacer).

14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había aceptado la palabra de Dios, les despacharon a Pedro y a Juan; 15 y estos (Pedro y Juan) bajaron y oraron para que recibieran espíritu santo. 16 Porque todavía no había caído sobre ninguno de ellos, sino que solo habían sido bautizados (obviamente en agua) en el nombre del Señor Jesús. 17 Entonces se pusieron a imponerles las manos (ritual para el bautismo en espíritu santo) y ellos empezaron a recibir espíritu santo.

18 Ahora bien, cuando Simón vio que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el espíritu (luego no por parte de Felipe, pues de lo contrario no se tendrían que haber desplazado Pedro y Juan a Samaria para impartir dicho bautismo en espíritu), les ofreció dinero, 19 diciendo: “Denme a mí también esta autoridad (luego es obvio que Felipe no la tenía, pues de no ser así, el tal Simón se la habría pedido a este, pues era con el que tenía más estrecha relación; de hecho, a Pedro y a Juan no los conocía de nada), para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba espíritu santo”. 20 Pero Pedro le dijo: “Perezca tu plata contigo, porque pensaste conseguir posesión de la dádiva gratuita de Dios mediante dinero. 21 No tienes tú ni parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto a vista de Dios”.” (Acotaciones mías).

Y puesto que un caso parecido ocurrió con Pablo (Hech. 19:1-7), es perfectamente entendible que solo aquellos que habían recibido directamente de Jesucristo dicho bautismo en espíritu santo podían impartírselo a otros, mientras que los que lo habían recibido de manos de los apóstoles, si bien adquirían y al igual que estos la condición de Hijos de Dios o “nacidos de nuevo” a una diferente esperanza de vida, así como los poderes que dicha condición llevaba inherentes, ya no podían transferírselo a otros…… porque esto es lo que nos dicen las Escrituras ¿o no es así, amigo “rubeto”? Por lo tanto, ello nos lleva a una conclusión lógica y de sentido común: con la muerte del último apóstol, se acabó la posibilidad de acceder al bautismo en espíritu santo y con ello, el que uno pudiera reunir el requisito dado por Jesús en su momento y que debían de atesorar aquellos que aspiraran a reinar con él, eso es, el de contar con los dos bautismos mencionados en Juan 3:5 y tema sobre el que hemos publicado bastante en este blog. Ello nos tiene que llevar a razonar, en consecuencia, que a día de hoy no puede existir nadie “nacido de nuevo”, o “ungido” o “Hijo de Dios” (términos sinónimos) y por tanto, co-participes con Cristo del gobierno del reino de Dios, en calidad de inmortales reyes y sacerdotes…… y lo que se diga en sentido contrario, por parte de quién sea, no es más y como hemos dicho, que una nueva versión del “cuento de la lechera”; porque recordemos las palabras de Jesús en el citado pasaje y que no admiten discusión alguna:

Jesús contestó: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca del agua (el bautismo de Juan) y del espíritu (el bautismo de Cristo), no puede entrar en el reino de Dios.” (Acotaciones mías).

Obviamente, está claro que no podían entrar formar parte del gobierno de dicho reino, en calidad de inmortales reyes y sacerdotes para el Dios Altísimo y el Cristo, aquellos que no hubieran participado de los dos bautismos (Rev. 20:6)…… por lo que repito la pregunta, al autor del correo que he recibido, el tal “rubeto”: ¿Quién y con qué autoridad, le bautizó a él en espíritu santo y que le diera la condición de “nacido de nuevo”? Es más, ¿quién y con qué autoridad, le bautizó en agua en “el nombre de Jesucristo” (Hech. 10:48), siendo como es el caso de que no existe actualmente en la tierra organización religiosa alguna que tenga el favor de Dios y por tanto, que pueda hacer uso del mismo? Es más ¿dónde están esos poderes que dicha condición de “nacido de nuevo” y según las Escrituras, lleva aparejados…… o se cree al amigo “rubeto” que con su palabra de ser lo que afirma ser, es suficiente?

Pero dicho lo cual y ya que viene a cuento, puesto que en dicho correo se me habla de soberbia y altanería (obviamente la mía, según apunta el amigo “rubeto”), me permitirá dicho caballero que le haga una pequeña observación: y la tal tiene que ver con la soberbia y altanería que él mismo manifiesta, cuando después de relatarnos los esfuerzos que hace para, supuestamente, mantener dicha fantasiosa e inexistente condición de “nacido de nuevo”, nos dice lo siguiente y a lo que me permito hacer algún resalte en “negrita”:

“……y tratando de caminar en santidad, alimentando el espíritu más que la carne, lo menos que merezco es: o ser levantado para no ver destrucción o ser resucitado para vida eterna.” (Corrección ortográfica mía).

¡Fíjense ustedes…… y yo “con esos pelos”, pues en mi “soberbia y altanería” pensaba que el que determina lo que nos meremos o no, es Jehová Dios y no uno mismo! Es más, apoyándome en dicha congénita “soberbia y altanería” y que según dicho caballero es lo que me caracteriza, siempre he pensado que no nos merecemos nada, sino que lo que tenemos, eso es, el poder beneficiarnos del sacrificio de Su Hijo Jesucristo, es por la infinita bondad y misericordia inmerecidas que el Dios Altísimo nos tuvo desde el principio:

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16).

Yo, sin ir más lejos y por aquello de enfatizar en asunto, en mi “soberbia y altanería” no creo merecerme nada por pasarme muchísimas horas al día ante el ordenador, bien sea analizando información, o contrastando textos bíblicos, o escribiendo los artículos o respondiendo a preguntas que se me formulan, sencillamente para que otros se puedan beneficiar de lo que buenamente voy aprendiendo acerca de Dios…… y jugándome además el “físico”, en el sentido de que en un momento determinado y como es el caso que ahora nos ocupa, salga alguien que intente ponerme la cara “colorada”; más bien lo que siempre he tenido presente y quizás de ahí, la “soberbia y altanería” de la que supuestamente soy poseedor, son la palabras que dijo Jesús en su momento a los apóstoles y que entiendo nos aplican a todos por igual, de nuevo tomadas de la Traducción en Lenguaje Actual:

De modo que, cuando ustedes hayan hecho todo lo que Dios les ordena, no esperen que él les dé las gracias. Más bien, piensen: “Nosotros somos sólo sirvientes; no hemos hecho más que cumplir con nuestra obligación.” (Luc. 17:10).

Sin embargo, hete aquí que nos sale ese caballero dándome lecciones de “humildad” y diciéndonos que “lo menos” que puede darle Dios a él, por su “personal esfuerzo y merecimiento”, es el reinar con Su Hijo Jesucristo en el reino venidero, ya que el hombre se considera a sí mismo como un “nacido de nuevo” o Hijo de Dios. Aunque tal parece, que Jehová no se ha enterado aún de que le ha “aumentado la familia”, pues no le ha hecho depositario de los grandes poderes que a modo de acreditación, según las Escrituras y si estas no nos mienten, son inherentes a dicha condición de Hijo de Dios o “nacido de nuevo”; pero en todo caso, amigo “rubeto”…… ¡lo que usted diga, oiga!

Armando López Golart