Archivo para 29/01/2012

EL MISTERIO DEL “GRAN TRONO BLANCO”: ¿ANTES…… O DESPUÉS DEL MILENIO?

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , on 29/01/2012 by Armando López Golart

Y es que la inmensa mayoría de estudiosos que publican en Internet (sino todos) y que nos hablan acerca de este pasaje de Rev. 20:11 (y hasta donde hemos podido comprobar), de forma sorprendente llegan a una misma conclusión: colocar el momento de la aparición del “gran trono blanco” mencionado en dicho pasaje, al final del reino milenario y como continuación de la secuencia de la rebelión y posterior destrucción de Gog de Magog y de sus seguidores, así como del gran instigador de dicha rebelión, Satanás el Diablo…… también nos dicen algunos de ellos (casi la mayoría), que el ocupante de ese singular “trono” es el propio Jehová Dios. Pero claro, cuando uno contrasta dichas afirmaciones, con lo que realmente dicen las Escrituras acerca de ello y siempre que se sea un poco respetuoso con el texto sagrado (en este blog, presumimos de ello), se da cuenta que algo falla en ese planteamiento. Y puesto que es de todos conocida la opinión de los autores de esta página, en el sentido que los mejores “instrumentos” para entender la Biblia, son el leer correctamente y el razonar con lógica y sentido común sobre aquello que se lee, pues desde esta premisa es de la que partiremos para desentrañar el citado “misterio”; dicho lo cual, pasemos a analizar el contenido del citado pasaje:

Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. De delante de él huyeron la tierra y el cielo y no se halló lugar para ellos.”

Es evidente, por lo que sigue a continuación en los versos del 12 al 15, que aquí se nos está hablando de un juicio…… de un gran juicio; pero de entrada ¿dónde en las Escrituras, se nos menciona algo parecido a un “juicio” al final del reino milenario de Dios, como apuntan la inmensa mayoría de esos estudiosos que publican en la Red? Por otra parte, lo único que la Biblia nos cuenta acerca de lo que ocurre al término del período de mil años, lo tenemos en los cuatro versículos inmediatamente anteriores al citado y que son los que contribuyen a confundir al personal…… a partir de eso, el silencio más absoluto acerca de lo que ocurre después de finalizado el milenio; pero leámoslos:

Ahora bien, luego que hayan terminado los mil años, Satanás será soltado de su prisión 8 y saldrá a extraviar a aquellas naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, para reunirlos para la guerra. El número de estos es como la arena del mar. 9 Y avanzaron sobre la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada. Pero descendió fuego del cielo y los devoró. 10 Y el Diablo que los estaba extraviando fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde ya estaban tanto la bestia salvaje como el falso profeta; y serán atormentados (destruidos) día y noche para siempre jamás.” (Rev. 20:7-10). (Acotación nuestra).

Luego de lo que estaríamos hablando aquí, no sería de un juicio propiamente dicho, sino de una prueba que resulta en destrucción inmediata y eterna para aquellos que no la superan. No olvidemos, que los seres humanos y a raíz del pecado de nuestros primeros padres (Adán y Eva), al rechazar estos la soberanía de su Creador para someterse a la de Satanás, nacemos bajo la maldición del pecado heredado. Pero Jehová, en Su Justicia y Misericordia infinitas, tuvo en mente el permitir que cada miembro de la humanidad tuviera en su momento, la oportunidad de decidir por sí mismo (y no que alguien lo haga en su lugar, como ocurrió en el caso de Adán) a qué soberanía decide someterse. Por eso se guarda a Satanás por mil años…… para ser soltado cuando la humanidad haya alcanzado las mismas condiciones de perfección de las que gozaron nuestros primeros padres y poder decidir por sí misma, cómo responder a Satanás en su empeño por extraviar. Entonces queda claro que ese “gran trono blanco” para juicio y siempre partiendo, de lo que comúnmente entendemos por un juicio, no encaja en los acontecimientos que marcan el final del período milenario; entonces…… ¿cómo se resuelve el “misterio”?

Y es que tenemos dos errores fundamentales que cometen aquellos que defienden dicha teoría: el primero y como ya hemos apuntado brevemente, el pasar por alto que en las Escrituras no se nos da ninguna información de lo que ocurre a partir del momento en que Jesucristo devuelve a Jehová el control de la situación (1 Cor. 15:24-28) al final del milenio, pues el registro bíblico solo contempla los hechos que van desde la creación de Adán y Eva, hasta el momento en que Satanás es destruido…… más allá de esto (repetimos), el silencio más absoluto; por lo que nos encontramos con que nada de lo que digan las Escrituras, puede ser ubicado más allá de ese horizonte y por lo cual, todo lo escrito en la Biblia tiene que situarse dentro de los límites de esos dos sucesos mencionados.

El segundo error que incomprensiblemente cometen los que colocan la aparición del citado “gran trono blanco” al final del milenio, es dar por sentado que la narración del capítulo 20 de Revelación es correlativa, sin tener en cuenta su contexto y que una lectura cuidadosa del mismo, nos muestra que eso no puede ser así, porque vamos a ver: en el cap.19 y desde el verso 11 hasta el 21 y final de dicho capítulo, se nos habla de la batalla que libra Jesucristo en su segunda venida, conocida como la batalla de Armagedón, contra “la bestia” y el “falso profeta” (instrumentos de Satanás) y en donde en sus tres últimos versos (19-21), se nos dice lo siguiente:

Vi entonces a la Bestia y a los reyes de la tierra con sus ejércitos reunidos para entablar combate contra el que iba montado en el caballo (Jesucristo) y contra su ejército. 20 Pero la Bestia fue capturada y con ella el falso profeta, el que había realizado al servicio de la Bestia las señales con que seducía a los que habían aceptado la marca de la Bestia y a los que adoraban su imagen; los dos fueron arrojados vivos al lago del fuego que arde con azufre. 21 Los demás fueron exterminados por la espada que sale de la boca del que monta el caballo y todas las aves se hartaron de sus carnes.” (Acotación nuestra).

Y así termina, la narración de la batalla más importante y decisiva que la humanidad jamás haya peleado en toda la historia de la misma: la batalla de Armagedón…… pero continuemos. Los tres primeros versículos del siguiente capítulo 20, nos relatan a grandes rasgos el aprisionamiento de Satanás, para a continuación y ya una vez restablecida la calma, continuar con la siguiente secuencia registrada en el versículo 4:

Y vi tronos y hubo quienes se sentaron en ellos y se les dio poder para juzgar. Sí, vi las almas de los que fueron ejecutados con hacha por el testimonio que dieron de Jesús y por hablar acerca de Dios y los que no habían adorado ni a la bestia salvaje ni a su imagen y que no habían recibido la marca sobre la frente ni sobre la mano. Y llegaron a vivir y reinaron con el Cristo por mil años.”

Dado que los versículos 5 y 6, solo nos dan características de los que se sientan en esos tronos, nos centraremos en ese verso 4 y pasaje, en donde vemos lo que podría considerarse como la toma de posesión de sus respectivos tronos, de aquellos que han sido considerados “dignos” (Rev. 3:4) del privilegio de gobernar junto a Jesucristo durante el período milenario, ya que después de informarnos la razón de tan alto galardón (fueron ejecutados con hacha “por el testimonio” que dieron de Jesús, entre otra cosas), se nos dice de ellos que “reinaron con el Cristo por mil años”. Luego siendo esto así, en este preciso instante estaríamos situados en el mismísimo momento en que da inicio el reino de mil años de Dios. Sin embargo, hay que notar que en este cuadro, nos falta algo…… pero prosigamos.

Y ahora llegamos, a los siguientes cuatro versículos, del 7 al 10 y causantes de ese misterioso desaguisado, porque ¿qué pintan esos cuatro textos ahí y que de repente, nos trasladan al final de los mil años? Porque de ser eso así y eso es al menos, lo que interpretan la inmensa mayoría de los “entendidos” en la materia, nos encontraríamos con el siguiente despropósito: un libro (la Biblia) que gira en torno a una idea o tema central, como es el reino de Dios y motivo principal de la venida de Jesús a la tierra (Luc. 4:43), al tiempo que marco en donde se tiene que llevar a cabo “la restauración de todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo” (Hech. 3:21)…… no nos dice absolutamente nada de ello. Porque la realidad, es que ese pasaje nos traslada del momento de inicio del reino milenario, al final del mismo y con lo que nos quedamos sin saber, qué es lo que va a ocurrir durante el espacio de tiempo (mil años) más esperado por la humanidad y como hemos dicho, tema central de las Escrituras…… realmente un auténtico e incomprensible despropósito.

Y toda esa patulea de diplomados en teología y “genios” de la interpretación bíblica, que así mismos se erigen como Hijos de Dios y por tanto, supuestamente poseedores del “espíritu de la verdad” del que presumen (Juan 16:13), aceptan dicho planteamiento como correcto y en una clara manifestación de no saber ni por dónde les sopla el aire en este asunto…… y en muchos otros, nos imaginamos. Es más, en un intento de poder cuadrar lo que según ellos tiene que ocurrir después del milenio, pues no olvidemos que ese pasaje trasladaría todo lo que a continuación le sigue, al final del mismo, se inventan las más disparatadas teorías; vean la “sapiencia” de uno de esos “entendidos”, leyendo el siguiente comentario:

Antes del juicio del gran trono blanco sé declara en Apocalipsis 20:11: «huyeron el cielo y la tierra; y ningún lugar se encontró para ellos». Cumplida la carrera de la historia humana, se destruye la antigua creación, como se expresa en Apocalipsis 21:1: «el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más». 2 Pedro 3:10-12 se refiere a este acontecimiento y describe la dramática destrucción con estas palabras: «Los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas» (y. 10). En el versículo siguiente declara: «todas estas cosas han de ser deshechas» (v. 11); y en el versículo 12 estos conceptos se combinan cuando dice: «los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán». Debido a la destrucción de la tierra y el cielo actuales, parece que el juicio del gran trono blanco se realiza en el espacio.”

Y ya nos perdonarán ustedes el exceso, queridos lectores ¡pero es que hay que ser animal, para decir semejante salvajada! Sin embargo, esto lo pueden leer tal cual, en la página “http://seminarioabierto.com” y en el estudio 51 “El juicio del Gran Trono Blanco” por Lewis Sperry Chafer y bajo el subtema “La destrucción de los cielos y la tierra”.

Ahora bien y volviendo al camino de lo sensato ¿existe una explicación coherente y lógica del porqué de ese pasaje, que está en un lugar en donde aparentemente no debiera de estar? Obviamente sí, cuando uno lee con atención y procura razonar con lógica y sentido común sobre aquello que ha leído, tanto del pasaje en cuestión…… como de su contexto, pues es ahí donde está la clave del asunto. Porque todo nos indica que nos encontramos ante lo que podríamos considerar, como un paréntesis aclaratorio de algo que se ha producido en la porción del capítulo 19 mencionada y que quizás se nos ha pasado por alto, pero hecho que tendrá su repercusión al término de dicho período de mil años; y es que por medio de ese paréntesis, Jehová nos estaría explicando la razón del porque Satanás no fue destruido en la batalla de Armagedón, al igual que lo fueron la “bestia salvaje” y el “falso profeta”. Y es que de no existir ese paréntesis aclaratorio, sería del todo incomprensible para nosotros, el entender que Jehová destruyera todo el montaje satánico en la citada batalla y no lo hiciera con el verdadero instigador del mismo, eso es, el propio Satanás…… y esta es la razón, por la cual se intercalan esos cuatro versos: para explicarnos el porqué de la actitud de Jehová con ese maligno personaje y que es guardado para un propósito determinado. Averiguada la importante razón de la existencia de esa información, vemos que después de ese controvertido pasaje, de nuevo volvemos a la secuencia lógica del relato, eso es, pasando del verso 6 al 11 y en donde nos situamos en el mismo lugar de donde habíamos partido: al inicio del Milenio.

¿Y qué vemos allí, en ese versículo 11? Pues el detalle que, recordarán ustedes, echábamos en falta en el relato de los versículos del 4 al 6: el trono del que tenía que presidir entre los sentados en los restantes tronos citados en dicho pasaje; pero recordémoslo:

Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. De delante de él huyeron la tierra y el cielo y no se halló lugar para ellos.” (Verso 11).

Notemos el hecho, que es de delante de la presencia del personaje en cuestión, que huyen tanto el cielo como la tierra y no de la presencia de los sentados en los restantes tronos y lo cual nos hace pensar, que estamos ante un personaje notabilísimo. Y recordemos, pues es importantísimo para una correcta comprensión de lo que estamos hablando, que aún estamos en el mismísimo inicio del milenio y en la toma de posesión de los distintos miembros que conformarán dicho gobierno, de sus respectivos asientos y que por lo tanto, aún no se había dado inicio a ningún tipo de actividad correspondiente a dicho período de tiempo…… y que ya hemos señalado que dicha actividad tiene que ver, con “la restauración de todas las cosas de las que habló Jehová por boca de sus profetas de tiempo antiguo”. Pero averigüemos quién es el que está sentado en dicho majestuoso trono y de lo que pocas dudas puede haber al respecto, cuando se atiende debidamente la información que las Escrituras nos dan: el excelso personaje en cuestión es Jesucristo y no Jehová, como apuntan algunos; veamos las pruebas de ello, por ejemplo, en Hechos 17:30-31, en donde leemos lo siguiente:

Cierto, Dios ha pasado por alto los tiempos de tal ignorancia; sin embargo, ahora está diciéndole a la humanidad que todos en todas partes se arrepientan. 31 Porque ha fijado un día en que se propone juzgar la tierra habitada con justicia por un varón a quien ha nombrado y ha proporcionado a todos los hombres una garantía con haberlo resucitado de entre los muertos.”

Bien, leído esto, no nos queda ninguna duda que el varón que recibe tan alta responsabilidad de “juzgar la tierra habitada”, evidentemente es Jesucristo. Circunstancia esta, que ya había apuntado el propio Jesús, en Juan 5:22:

Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha encargado todo el juicio al Hijo.”

Por otra parte, también el apóstol Pablo, tenía eso perfectamente entendido, según sus palabras registradas en 2 Tim. 4:1:

Te requiero delante de Dios y de Cristo Jesús, quien ha de juzgar a los vivos y a los muertos…….”

Luego, puesto que estamos hablando de un trono desde el que se va a impartir juicio, no queda la menor duda de quién tomara asiento en dicho trono: el glorificado Jesucristo. Y dado que Cristo reina por mil años y que al término de los cuales, entrega de vuelta dicho reino a su Padre Celestial (1 Cor.15:24), este pasaje de Rev. 20:11, no puede situarse el final del Milenio sino al principio del mismo…… pues de lo contrario, Jesucristo no tendría tiempo ni de sentarse en ese trono, coloquialmente hablando; pero veamos algunas pruebas de que ello es así y para lo cual, leeremos de nuevo, el texto en cuestión:

Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. De delante de él huyeron la tierra y el cielo y no se halló lugar para ellos.”

Ahora bien, preguntémonos ¿qué es lo que realmente huyó, de delante del trono y del que estaba sentado en él? ¿El cielo y la tierra literales? Evidentemente no, al menos cuando dejamos que la Biblia se explique a sí misma; y para ello, acudiremos a unas palabras registradas en 2 Ped. 3:13:

Pero hay nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según su promesa y en estos la justicia habrá de morar.”

Es altamente revelador, que las cuatro únicas veces que aparece esta expresión “nuevos cielos y nueva tierra” en el registro bíblico, su significado siempre es el mismo: el “cielo” representa soberanía o gobierno, mientras la “tierra” representa a súbditos bajo ese gobierno, eso es, hombres que son gobernados por sus superiores. Por ello, tomemos como punto de referencia el pasaje de Isa. 65:17 y en donde aparece por primera vez dicha expresión, cuyo relato sienta el precedente a partir del cual, se debe entender el significado de “nuevos cielos y nueva tierra”:

Porque, ¡miren!, voy a crear nuevos cielos y una nueva tierra; y las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón.”

Dado que estas palabras fueron escritas unos 700 años a.E.C. y no hay registro alguno de esa época ni posterior que nos hable de un cataclismo tal, que hubiera cambiado los cielos y tierra físicos, evidentemente Jehová se estaba refiriendo a otra cosa…… ¿pero cuál cosa? Para averiguarlo, leamos ahora los dos versículos siguientes, el 18 y el 19:

Pero alborócense y estén gozosos para siempre en lo que voy a crear. Porque, ¡miren!, voy a crear a Jerusalén una causa para gozo y a su pueblo una causa para alborozo. 19 Y ciertamente estaré gozoso en Jerusalén y me alborozaré en mi pueblo; y ya no se oirá más en ella el sonido de llanto ni el sonido de un lastimero clamor.”

Luego de lo que se nos está hablando aquí, no es de un cambio de elementos físicos literales, sino de un cambio de circunstancias personales, lo cual se llevó a efecto cuando los judíos regresaron a su tierra natal, después de su exilio de 70 años en Babilonia y pasaron a vivir en lo que se podía considerar un nuevo orden o sistema de cosas. Tuvieron un nuevo cuerpo de gobierno siendo Zorobabel, descendiente del rey David, el gobernador y Josué, el sumo sacerdote (Ageo 1:1, 12; 2:21; Zac. 6:11). Estos y sus lógicos colaboradores, constituyeron los “nuevos cielos” prometidos, pero ¿por encima de qué? Pues esos nuevos cielos estaban por encima de una “nueva tierra”, o sea, la nueva sociedad limpia de personas que habían regresado a su antiguo país de procedencia, a fin de reconstruir Jerusalén y su templo para restablecimiento de la adoración pura a Jehová y que estaban en sujeción a esos “nuevos cielos”. Por tanto, verdaderamente hubo unos “nuevos cielos y una nueva tierra” en cumplimiento de la promesa de Jehová, en lo que vivieron los judíos en aquel tiempo y distintos, de los “cielos” anteriores (el idolátrico gobierno babilónico) y de la “tierra” anterior (la pagana y extraña tierra de Babilonia) que por espacio de 70 años (Jer. 25:11), tuvieron que soportar.

Y de eso precisamente se nos habla, con referencia a nuestro futuro más inmediato, en las ya citadas palabras de 2 Ped. 3:13 sobre los “nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según su promesa” y que se corresponden al “nuevo cielo” y la “nueva tierra” de Rev. 21:1:

Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra; porque el cielo anterior y la tierra anterior habían pasado y el mar ya no existe.”

Ahora bien ¿y cuáles son entonces, el “cielo” y “tierraanteriores, así como “el mar” que habían pasado? Pues aquellos que huyeron de delante del “gran trono blanco” y que tienen que ver, con el actual sistema de deficiente gobernación de hechura humana (como “cielos”) y esta miserable sociedad de corrupción, maldad, vicio y violencia en la que nos esforzamos por sobrevivir (como “tierra”); y que también se menciona, como el conjunto de las masas turbulentas de la humanidad apartada de Dios (el “mar”) y de las que Pablo ya nos apuntó sus detestables actitudes en 2 Tim. 3:1-5 y que serán barridos ambos, por el establecimiento del reino de Dios en manos de Cristo (Dan. 2:44-45). En su lugar, nos encontraremos (según Rev. 21:1) bajo un “nuevo cielo”, eso es, la nueva gobernación de hechura divina presidida por Cristo con sus colaboradores y en una “nueva tierra”, o lo que es lo mismo, con la nueva sociedad humana sobreviviente de la “gran tribulación” y en consecuencia, respetuosa y obediente a las disposiciones y propósitos de su Creador…… pues de no ser así, no habrían sobrevivido:

De modo que le dije inmediatamente: “Señor mío, tú eres el que sabe”. Y me dijo: “Estos son los que salen de la gran tribulación y han lavado sus ropas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. 15 Por eso están delante del trono de Dios; y le están rindiendo servicio sagrado día y noche en su templo; y El que está sentado en el trono extenderá su tienda sobre ellos.” (Rev. 7:14-15).

En otras palabras: han ejercido fe en Jesús como su Rescatador y gozan así de una buena conciencia por su conducta recta; así que están en condición limpia y aprobada a los ojos de Jehová y del Cordero…… luego una tierra de donde habrá desaparecido el tumultuoso y embravecido “mar” de la humanidad opuesta a Jehová y seguidora de los designios de Satanás (Isa. 57:20). Todo considerado y viendo que el momento del cambio de los “nuevos cielos y la nueva tierra” por aquellos que huyen de delante del “gran trono blanco”, corresponde al momento de la instauración del reino milenario, entendemos que nos encontramos ya dentro de ese período y en el preciso momento de su inicio y no al final de él, como incomprensiblemente afirman algunos al colocar dicho pasaje de Rev. 20:11, al término de los mil años; ¿y ahora qué?…… pues ahora hay que empezar a trabajar, pues notemos lo que ve Juan a continuación de la aparición del “gran trono blanco” y del que en él está sentado:

Y vi a los muertos, los grandes y los pequeños, de pie delante del trono y se abrieron rollos. Pero se abrió otro rollo; es el rollo de la vida. Y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los rollos según sus hechos. 13 Y el mar entregó los muertos que había en él y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos y fueron juzgados individualmente según sus hechos. 14 Y la muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Esto significa la muerte segunda: el lago de fuego. 15 Además, cualquiera a quien no se halló escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.” (Rev. 20:12-15).

Luego lo que se deduce inevitablemente de este pasaje, es que una vez recién iniciado el período milenario y con todo dispuesto, empieza y de forma progresiva, lo que podríamos considerar como la segunda resurrección y cuyos participantes se irán añadiendo a la “gran muchedumbre” sobreviviente de la pasada “gran tribulación” (Rev. 7:9; 14), con lo que se da inicio a una ingente y titánica labor, que evidentemente requiere de mucho tiempo y que comentaremos más adelante. Pero ahora recordemos que en Hech. 17:31, se nos dice que Jehová “ha fijado un día en que se propone juzgar la tierra habitada”; entonces ¿de qué se nos está hablando aquí? Pues exactamente del milenio o período de tiempo, durante el cual se va a llevar a cabo, la parte más importante y última del Excelso Plan de Jehová para “la restauración de todas las cosas” (Hech. 3:21). Para entender esto, retrocedamos hasta los tiempos de nuestro primer antepasado Adán y veamos la advertencia que el Creador le hizo:

Y también impuso Jehová Dios este mandato al hombre: “De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho. 17 Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás.”

Y aunque todos conocemos la “tontería” que cometió Adán y así nos luce el pelo, lo cierto es que no murió en el mismo día literal en que pecó, ya que de ser así, no hubiera podido dejar descendencia; y aunque solo se conocen por nombre tres de sus hijos (Caín, Abel y Set), el registro bíblico nos habla de lo siguiente:

Y los días de Adán después de engendrar a Set (luego ya hacía mucho tiempo que habían sido expulsados de Edén, a causa del pecado) llegaron a ser ochocientos años. Entretanto, llegó a ser padre de hijos e hijas.” (Gén. 5:4). (Acotación nuestra).

En total y según el registro bíblico, Adán vivió 930 años:

De modo que todos los días de Adán que él vivió ascendieron a novecientos treinta años y murió.” (Gén. 5:5).

Entonces ¿qué ocurrió? ¿Acaso se olvidó Jehová de cumplir su sentencia? No, si tomamos en cuenta la advertencia que en su día, citando del Sal. 90:4, nos hizo el apóstol Pedro:

Sin embargo, no vayan a dejar que este hecho en particular se les escape, amados, que un día es para con Jehová como mil años y mil años como un día.” (2 Ped. 3:8).

Entonces y según esta regla de Jehová, Adán murió dentro del “día” que pecó y ajustándose por tanto dicho suceso, perfectamente a la advertencia divina. Y debería ser mediante esta regla, que deberíamos de entender que el “un día” fijado por Jehová en Hech. 17:31, consta de mil años y que coincide con el reinado milenario de Jesucristo. Ya aceptado esto, consideremos cual va a ser el cometido de ese gobierno del reino de Dios, compuesto de reyes y sacerdotes, con relación a los mencionados sobrevivientes y a las personas que gradualmente, vayan siendo resucitadas…… todos ellos en condición de súbditos de ese reino. Recordemos que según Rev. 20:12, se nos dice lo siguiente:

“.….. y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los rollos según sus hechos.”

Pero uno, que ha oído las barbaridades que se enseñan por ahí, acerca del juicio a los que participan de la segunda resurrección y a partir de la disparatada interpretación de Juan 5:28-29, podría pensar lo siguiente: ¿Se reducirá ese juzgar a decirle a una persona resucitada: “Ud. fulanito, como en su vida anterior, hizo el mal, ¡hala!, al lago de fuego”, o quizás: “Pero como Ud. sotanito, hizo el bien, venga para la vida eterna” y ya rizando el rizo: “Y Ud. menganito, como la cosa se quedó en ni fu ni fa, pues en fin, haremos un poco la vista gorda, que por algo somos buenos y venga, también a la vida eterna”? Y aunque es evidente el tono jocoso empleado y rogamos sepan disculparnos la licencia, también es cierto que sería una buena caricatura de las muchas barbaridades sin fundamento bíblico que se van enseñando acerca de este tema, por esos “genios” diplomados en Teología y enseñanzas afines.

Pero resulta que afortunadamente, la cosa es más seria y razonable que todo eso, siempre a la luz de las escrituras, pues en primer lugar, es muy dudoso el que a una persona resucitada se la pueda someter a juicio, por lo que “hizo” estando en vida y a partir de lo que nos dice la Biblia:

Porque el salario que el pecado paga es muerte……” (Rom. 6:23).

Por lo cual deberíamos concluir, que al morir, uno ha saldado su deuda…… al menos, eso parece deducirse del caso de Adán y al que no le fue exigido nada más, que la vida que tenía en ese momento como pago por su error; pero como nosotros nunca hacemos una afirmación que no podamos probar con su correspondiente apoyo bíblico, lean lo siguiente:

Porque el que ha muerto, ha sido absuelto (“justificado”, “liberado”, “redimido” o “libertado”, según versiones) del pecado.” (Rom. 6:7). (Acotación nuestra).

Y eso no significa, que de lo que se nos absuelve es sencillamente del pecado Adánico (que nos ha venido impuesto) y no de nuestras personales malas acciones mientras estábamos vivos y por las cuales, ser juzgados en algún lugar o momento del futuro. Eso no puede ser así, dado que las tales son el resultado directo de la imperfección heredada como consecuencia del primer pecado, luego consecuencia lógica del mismo. Y que eso es cierto, nos lo prueban las palabras de Pablo y que es un claro alegato en defensa de la veracidad de nuestra afirmación; veamos el pasaje en cuestión:

Pues bien sé yo que nada bueno habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, 19 puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero. 20 Y, si hago lo que no quiero, no soy yo quien lo obra, sino el pecado que habita en mí. 21 Descubro, pues, esta ley: aun queriendo hacer el bien, es el mal el que se me presenta.” (Rom. 7:18-21).

Luego claramente se deduce de estas palabras, que toda mala acción (de la índole que sea) es clara consecuencia de la imperfección causada por el pecado heredado. Y cierto es que no todos, afortunadamente, vamos por ahí matando gente, extorsionando, secuestrando u otras lindezas por el estilo como hacen algunos; pero también es cierto, que no todos nos hemos formado como personas en iguales circunstancias, ni tenido las mismas oportunidades en la vida. Como decía el genial filósofo y ensayista español, D. José Ortega y Gasset “El hombre es él…… y sus circunstancias” o como lo podríamos traducir, el hombre lejos de crear las circunstancias, es sencillamente víctima de las mismas. Y es que cuando uno ha nacido en una nación en continuo conflicto bélico, por ejemplo, lo más normal para él desde su tierna infancia, es ir con un fusil por ahí matando gente y procurando a la vez no ser matado…… y esa es toda la historia. No es cuestión por tanto, de que uno sea más bueno o más malo, con referencia a otros, sino de las circunstancias en las que cada uno se ha ido formando y que en la inmensa mayoría de los casos, nos han venido impuestas. Y de ninguna manera significa esta reflexión, el que estamos intentando justificar lo injustificable, sino esbozar lo que bien pudiera ser el punto de vista de nuestro Creador, a tenor de Su Predisposición con respecto de su creación humana y siempre a la luz de Sus Palabras:

Vengan, pues y enderecemos los asuntos entre nosotros, dice Jehová. Aunque los pecados de ustedes resulten ser como escarlata, se les hará blancos justamente como la nieve; aunque sean rojos como tela de carmesí, llegarán a ser aun como la lana. 19 Si ustedes muestran buena disposición y de veras escuchan, comerán lo bueno de la tierra. 20 Pero si rehúsan y realmente son rebeldes, por una espada serán comidos; porque la mismísima boca de Jehová lo ha hablado.” (Isa. 1:18-20).

Dicho esto y volviendo al pasaje de Rom. 6:7, razonablemente entendemos que con la muerte uno cancela totalmente su deuda y por eso después de esta, uno no puede ser de nuevo sometido a juicio por los actos cometidos durante su vida y por los que como hemos visto, ya ha pagado. Contrario, por lo tanto, a lo que absurdamente afirman una inmensa mayoría y basándose en una disparatada interpretación de Dan. 12:2 y Juan 5:28-29; por eso se nos dice lo siguiente, en Rev. 20:12:

Y vi a los muertos, los grandes y los pequeños, de pie delante del trono y se abrieron rollos. Pero se abrió otro rollo; es el rollo de la vida. Y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los rollos según sus hechos.”

Analicemos este pasaje brevemente: en él se nos muestra que se abrirán rollos divinos, o libros con nueva información y que se juzgará a los muertos resucitados de acuerdo con las cosas escritas en esos rollos y según sus hechos, es decir, según su obediencia o desobediencia a esas nuevas instrucciones divinas y siempre a partir de su nueva condición (bien sea como sobreviviente o resucitado), pues ya hemos visto que no pueden ser juzgados por sus hechos en su vida anterior. Y por lo tanto, las personas que irán siendo resucitadas, así como la “grande muchedumbre” que sobrevivirá a la “gran tribulación” ya tan cercana, tendrán que ir ajustando sus conductas a la nueva información que en forma de provisiones espirituales, gradualmente Jehová irá poniendo a disposición de ellos para liberarlos de los nocivos efectos del pecado y con ello, de la muerte subsiguiente; notemos que en Rev. 7:17, se nos dice así:

Porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a los manantiales de las aguas de la vida. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos.”

Luego esos manantiales de “aguas de vida”, tendrán que ver con nueva información dadora de vida (los rollos que se abren) y que administrada de forma conveniente por el gobierno del reino de Dios, gradualmente irá sanando a las personas tanto física, como moral y espiritualmente, hasta llevarlas a la perfección…… como pueden ver, realmente una ingente y titánica labor, como hemos señalado con anterioridad. Y todo esto, repetimos, nada tiene que ver con la disparatada idea que algunos tienen de Daniel 12:2 y Juan 5:28-29, en el sentido de una primera resurrección para vida de los justos y al cabo de los mil años, una segunda para condenación o destrucción eterna de los injustos, por sus malos actos cometidos en vida…… eso es sencillamente un disparate y no saber uno de lo que está hablando. No obstante y para una mayor consideración de este tema, pueden dirigirse a uno de nuestros anteriores artículos “El Reino y la esperanza de la resurrección” de 13 de Febrero de 2010.

Ahora bien ¿y cómo acaba ese largo “día” de juicio de mil años? Pues en un rotundo y fantástico éxito del que está sentado en el “gran trono blanco” y de sus ayudantes que se sientan en los otros tronos subordinados, en su comisión de “restauración de todas las cosas” (Hech. 3:21), tal como les fue encomendada por el Supremo y Excelso Soberano sobre todo el Universo, nuestro Dios Jehová. Veamos el resultado: la tierra luce con deslumbrante esplendor, siendo la paz el común denominador entre todo ser vivo que habita sobre ella…… y el hombre, la más espectacular creación de Dios sobre toda la tierra, ha sido llevado a una completa perfección como la que en su día disfrutaron Adán y Eva; luego ya estamos en los últimos instantes de los mil años concedidos para tan espectacular logro. Pero ahora, tiene que acontecer algo que, como de pasada y aviso para navegantes, se nos informó más de mil años atrás, cuando leíamos un maravilloso conjunto de libritos como un todo, llamado La Biblia y en donde en el último de ellos, se nos decía lo siguiente:

Cuando se terminen los mil años, será Satanás soltado de su prisión 8 y saldrá a seducir a las naciones de los cuatro extremos de la tierra, a Gog y a Magog y a reunirlos para la guerra, numerosos como la arena del mar.” (Rev. 20:7-8).

Cómo hará Satanás para entrampar a gente de todas las naciones, que “numerosos como la arena del mar” le seguirán en ese tiempo, no lo sabemos dado que la Biblia no nos habla de ello. Pero lo que sí sabemos o al menos eso es lo que nos imaginamos, es que los que estarán entre esos rebeldes, serán aquellos que habiendo disfrutado egoístamente de las provisiones que resultarán en beneficios físicos y medio ambientales que progresivamente se irán produciendo durante el transcurso de los mil años, habrán hecho caso omiso de las espirituales y tan necesarias para “estar firmes contra las maquinaciones del Diablo” (Efe. 6:10). Estos y al igual que Adán y Eva en su momento, fracasarán estrepitosamente en cuanto a superar la prueba final a la que será sometida la humanidad y acarreándose con ello destrucción eterna inmediata. Sin embargo, aquellos que valoren sobre todas las demás, dichas provisiones espirituales y hagan el oportuno uso y acopio de ellas, superarán dicha prueba y serán por ello, de nuevo reconocidos como Hijos perfectos de Él y con la perspectiva de continuar viviendo por una eternidad sin nada que les cause disturbio. Es en este momento, cuando en armonía con 1 Cor. 15:24-28, Jesucristo, cabalmente cumplida la misión encomendada, entrega el reino de mil años a su Padre Celestial, cuando ya todo enemigo ha sido subyugado (incluida la muerte), eso es, un mundo perfecto y sin mácula, en definitiva, un paraíso como en los tiempos de Adán y Eva.

Pero claro, estamos hablando de una moneda que tiene dos caras, puesto que hemos visto que hay dos opiniones opuestas acerca de un mismo asunto; y debido a ello, quizás usted querido lector, se pregunte como puede estar seguro de que las cosas son como se las contamos nosotros y no, como se las cuentan esos “genios” de la interpretación bíblica mencionados. Y lo cual nos parece una actitud razonable por su parte y por lo que nos permitimos sugerirle algo: ponga en práctica un método que nosotros siempre usamos, para averiguar si determinada idea o enseñanza es fiable o no; y que consiste en el sencillo proceso de desarrollar la citada enseñanza hasta sus últimas consecuencias…… y ver en que acaba. O sea, pregúntese por un momento, querido amigo que nos lee, lo siguiente: ¿Qué ocurriría, si realmente el “gran trono blanco” de Rev. 20:11, apareciera al término de los mil años del reino de Dios y no al principio de ellos? Pues que si usted sigue nuestro consejo de razonar con lógica y sentido común, acerca de aquello que lee, tendría que aceptar que todo lo que está escrito a continuación de dicho pasaje de Rev. 20:11, inevitablemente también ocurre después del reinado milenario de Cristo y con lo que nos encontraríamos con lo siguiente:

Que cuando “baja” Jehová para extender “su tienda” sobre la humanidad y según leemos en Rev. 21:3-4, se encuentra con que la tierra y después de mil años de gobierno mesiánico, continua siendo un desastre, eso es, un valle de lágrimas, clamor y dolor, además con la muerte aun dando guerra por ahí y que según Pablo, ya Jesucristo había reducido a la nada para cuando devuelve el reino a su Padre; sin embargo y a tenor del planteamiento de esos “genios” de la interpretación bíblica, no parece que Pablo tuviera su mejor momento el día que escribió eso, porque…… vea, vea:

Con eso, oí una voz fuerte desde el trono decir: “¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad y él residirá con ellos y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos. 4 Y limpiará (obviamente tiene que hacerlo Jehová) toda lágrima de sus ojos y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores (supuestamente las que han existido durante el milenio) han pasado.” (Rev. 21:3-4). (Acotaciones nuestras).

Luego y si como dichos “entendidos” nos dicen, los acontecimientos que se relatan en Rev. 21 tienen su cumplimiento después de finalizado el milenio (pues se producen a continuación de la aparición del “gran trono blanco”), resulta que para cuando Jehová toma las riendas del asunto y según nos dice la propia Biblia, se encuentra con un fracaso total del gobierno milenario, porque continúan existiendo en la Tierra y que el propio Jehová tiene que limpiar, lágrimas, clamor, dolor, muerte y lo cual hace tomar al Creador y para remediar tal fracaso, la siguiente decisión:

Y Aquel que estaba sentado en el trono dijo: “¡Mira!, voy a hacer nuevas todas las cosas.” (Rev. 21:5).

O sea que Jehová y después de mil años de gobierno teocrático a cargo de Jesucristo y asociados, viendo cómo está el “percal”, de nuevo tiene que cambiar radicalmente todas las cosas, como hizo mil años atrás al destruir a todos los gobiernos humanos y establecer el suyo propio (como hemos leído) y haciéndolas otra vez nuevas, porque se tiene que suponer que durante ese reinado milenario y visto el resultado, se han hecho mal, tirando a peor…… de lo contrario ¿qué necesidad habría de cambiarlas? Y es que fíjense en cómo Jehová se encontraría el “patio”, según Rev. 21: 8, si el planteamiento que esos señores nos hacen fuera cierto:

Pero en cuanto a los cobardes y los que no tienen fe y los que son repugnantes en su suciedad y asesinos y fornicadores y los que practican espiritismo, e idólatras y todos los mentirosos, su porción será en el lago que arde con fuego y azufre. Esto significa la muerte segunda.”

Entonces, si esto es lo que hay después del reinado milenario de Cristo, una ingente colección de cobardes, repugnantes, asesinos, fornicadores, espiritistas, idólatras, mentirosos…… en fin, lo mejorcito de cada casa y que Jehová se tiene que “cargar”, ello nos lleva por lógica a preguntarnos lo siguiente: ¿Pero qué han hecho entonces, Jesucristo y compañía durante esos mil años? ¿No habíamos quedado y según Pablo, que para cuando Cristo entrega el reino a su Padre Celestial, le entrega un mundo perfecto en todos sus extremos? Y claro, esta última pregunta nos lleva inevitablemente a la siguiente conclusión: o Pablo nos mintió y con él la propia Biblia, o esos señores que enseñan semejante salvajada (la aparición del “gran trono blanco” para después del milenio), no tienen ni puñetera idea de lo que realmente dicen las Escrituras. Y no sabemos, querido amigo, por cuál de las dos opciones se decantará usted, pero nosotros…… lo tenemos clarísimo.

MABEL

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