Y DESPUÉS…… ¿QUÉ?

Los cielos están declarando la gloria de Dios; y de la obra de sus manos la expansión está informando.”  (Sal. 19:1).

Y es que el espectáculo del Universo es sencillamente conmovedor, majestuoso, incapaz de ser asimilado en toda su grandiosidad por la actualmente limitada mente humana y es que en realidad nos sobrepasan las cifras, porque veamos: vivimos en un planeta llamado Tierra, que orbita una estrella llamada Sol, que a su vez está situada en los arrabales de una galaxia conocida como Vía Láctea y que contiene a su vez, según datos recientes sobre su masa estimada, entre 300 mil y 400 mil millones de estrellas y cuyo diámetro establecido (el de la galaxia, por supuesto) se mueve entre los 100 mil y 150 mil años luz de distancia. Ello significa que si usted decidiera darse un garbeo por ahí y cruzarla de un extremo al otro, viajando a la velocidad de la luz (prácticamente 300.000 kms./segundo), tardaría entre 100.000 y 150.000 años en conseguir su objetivo. Y con la salvedad que no es ni mucho menos de las galaxias más grandes que existen, ya que solo una de nuestras vecinas, Andrómeda, se la considera que dobla en proporciones a la que nosotros pertenecemos. Sin embargo, Andrómeda, situada a 2.5 millones de años luz de distancia de nuestra Vía Láctea, se la puede ver a simple vista como un diminuto puntito borroso ubicado en la constelación que toma su nombre…… pero es que resulta que existen en el universo conocido, 170.000 millones de galaxias y algunas de ellas, monstruos que escapan a nuestra imaginación. Conozcamos a dos de las más significativas:

En 1885,  los astrónomos descubrieron una galaxia descomunal a la que se conoce como Markarian 348 (NGC 262 para los entendidos), cuyo diámetro calculado es de alrededor de 1.300.000 años luz y que cuenta con la estratosférica cantidad de aproximadamente 2.5 billones de estrellas (2,500.000.000.000). Sin embargo, hasta la inmensa Markarian 348 palidece de envidia al lado de la galaxia que sobre los años 90 del pasado siglo y situada en el centro de un cúmulo de galaxias llamado Abell 2029, fue considerada por los científicos como la mayor galaxia que jamás se hubiera visto, ya que se le supone un diámetro cercano a los 6 millones de años luz y alberga la prodigiosa cantidad de alrededor de 100 billones (100.000.000.000.000) de estrellas. Y todo esto, forma parte de un Universo en continua expansión y por tanto ampliando constantemente sus límites, a una velocidad cercana a la de la luz. Pero que según recientes investigaciones, publicadas el 03/07/2011 por la agencia de noticias rusa “rt.com” (en lengua española), el Universo podría estar mucho más densamente poblado de galaxias de lo que parece, cuando se observa desde la Tierra. Concluye el astrofísico, Sr. George F. Smoot y director de la citada investigación, diciendo que el Universo podría ser hasta 100 veces más grande de lo que hasta el momento se ha llegado alcanzar a ver, por medio de nuestros instrumentos de observación…… y recordemos que el límite del universo conocido hasta el momento se cifra en 14.000 millones de años luz de distancia de nosotros.

Y todo esto que le estamos contando (muy por encima) y que usted probablemente ya conoce, no tiene como finalidad el darle una clase magistral de astronomía, ni siquiera el razonarle la rigurosa veracidad del Salmo que da inicio a este escrito, sino el de plantear una cuestión y a modo de simple reflexión (ya que no pretendemos ir más allá), que dará cuerpo al tema central de este artículo que está leyendo. Y es que cuando una persona reflexiva y medianamente informada de lo que estamos hablando, en una noche oscura y completamente despejada, observa maravillada el imponente espectáculo de la creación celeste, no puede evitar el hacerse la siguiente pregunta: ¿por qué? O sea ¿por qué Jehová, un Dios de propósito, extiende su creación celeste visible en cientos de miles de millones de galaxias, por tanto, con ya un incalculable número de estrellas, así como una infinidad de planetas desiertos que rodean a muchísimas de esas estrellas? ¿Qué propósito podría haber, detrás de todo esto?

Es cierto que las Escrituras circunscriben su mensaje a todo lo ocurrido y por ocurrir en la historia del hombre, desde la creación de la Tierra hasta la conclusión del reino milenario en manos de Jesucristo  y en donde el ser humano habrá sido restaurado, así como su entorno, a las mismas condiciones de perfección de las que gozaron Adán y Eva antes del pecado. La Biblia nos habla que durante ese período de tiempo se producirán en la Tierra acontecimientos pasmosos, tales como la resurrección de los muertos, la total recuperación de la salud, la supresión de las guerras, la eliminación de la muerte…… en definitiva y como ya hemos dicho, se devolverá al ser humano y a su entorno vital (la Tierra), a las mismas condiciones de las que un día disfrutaron nuestros primeros padres, Adán y Eva. El apóstol Pedro y aludiendo a Jesucristo como el medio que Jehová usaría para la consecución de ese logro, lo expuso de la siguiente manera:

“……para que vengan tiempos de refrigerio de parte de la persona de Jehová 20 y para que él envíe al Cristo nombrado para ustedes, Jesús, 21 a quien el cielo, en verdad, tiene que retener dentro de sí hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo.” (Hech. 3:19-21).

Pero culminado este logro y con ello el final del milenio, cuando Jesucristo devuelve el reino a su Padre Celestial (1 Cor. 15:24-25), a partir de ahí ya no se nos dice nada más de lo que va a ocurrir con el hombre. Es cierto que hay quién dice que no es correcto ir más allá de lo que nuestro Creador ha puesto a nuestro alcance (lo necesario para nuestra salvación) y opinión de la que aún no hemos entendido su razón de ser. Porque no es menos cierto, que el Creador también nos ha dotado de una mente inquiridora para hacernos preguntas, así como de una curiosidad innata por conocer las respuestas a esas preguntas; entonces ¿qué habría de malo o incorrecto, en que uno especule un poco en las cosas de Jehová? No olvidemos, las palabras registradas en las Escrituras acerca de aquellos que, cercano el tiempo del fin, ocuparían su mente en asuntos relacionados con Dios:

En aquel tiempo los que estaban en temor de Jehová hablaron unos con otros, cada uno con su compañero y Jehová siguió prestando atención y escuchando. Y un libro de recuerdo empezó a ser escrito delante de él para los que estaban en temor de Jehová y para los que pensaban en su nombre.” (Mal. 3:16).

Luego si usted querido lector, se siente atraído por todo aquello que le hable de su Creador y nos sigue con asiduidad o en su defecto, a otras páginas que traten estos temas, probablemente su nombre figurará en ese libro de recuerdo.

Y es que de la tres preguntas fundamentales que el ser humano afronta desde la noche de los tiempos: quién somos, por qué somos y hacia dónde vamos, las dos primeras se nos contestan en la Biblia; luego solo es razonable pensar que la tercera también, pero que quizás no la hayamos buscado bien. Y eso es lo que vamos a intentar hacer en este escrito…… averiguar la respuesta a esa tercera cuestión: ¿hacia dónde vamos? Para empezar y repitiendo que esto no es más que una simple reflexión de cómo supuestamente podrían ser las cosas para el ser humano en un futuro aún lejano, acudiremos al siguiente texto:

Porque esto es lo que ha dicho Jehová, el Creador de los cielos, Él, el Dios verdadero, el Formador de la tierra y el Hacedor de ella. Él, Aquel que la estableció firmemente, que no la creó sencillamente para nada, que la formó aun para ser habitada: “Yo soy Jehová y no hay ningún otro”.” (Isa. 45:18).

O sea, que la Tierra fue formada para “ser habitada”…… y puesto que lo que se nos promete es vivir en un mundo paradisíaco, deberíamos de suponer que habitada hasta un grado cómodo y razonable; y es que no podemos olvidar, los dos hechos objetivos e incuestionables que la realidad nos plantea: que no solo nuestro planeta tiene una determinada capacidad ocupacional, sino que por otra parte, el ser humano está preparado para reproducirse. Luego teniendo en cuenta esos dos factores, el sentido común nos dice que llegará el momento en que la capacidad habitacional del globo terráqueo llegará a su fin. Porque imaginémonos por un momento la Tierra después de Armagedón y en donde, por un lado, tendremos a los integrantes de la “gran muchedumbre” de sobrevivientes de la gran tribulación “que ningún hombre podía contar” (Rev. 7:9; 14), entrando ya en el período milenario del reino; por otro lado, estará la incontable cantidad de personas que durante ese tiempo y de forma gradual, se irán levantando en la resurrección y a los que, lógicamente, habrá que ir sumando a aquellos que (se supone) vayan naciendo de entre ellos, tanto de los sobrevivientes mencionados, como de los resucitados o de la mezcla entre ambos.

La cuestión de fondo, todo considerado, es que indisputablemente llegará un tiempo en que la Tierra estará cabalmente llena de seres humanos y en ese momento…… ¿qué pasará? Es cierto que para el final de los mil años del reinado de Jesucristo, es liberado Satanás, que organiza su particular “botellón” en contra de Jehová y al que se suma una ingente cantidad de personas, el número de las cuales “es como la arena del mar” (Rev. 20:8b) y que hará que de nuevo se produzca una “limpia” entre los habitantes de la Tierra:

Ahora bien, luego que hayan terminado los mil años, Satanás será soltado de su prisión 8 y saldrá a extraviar a aquellas naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, para reunirlos para la guerra. El número de estos es como la arena del mar. 9 Y avanzaron sobre la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada. Pero descendió fuego del cielo y los devoró. 10 Y el Diablo que los estaba extraviando fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde ya estaban tanto la bestia salvaje como el falso profeta; y serán atormentados día y noche para siempre jamás.” (Rev. 20:7-10).

Bien, pero con relación al tema que nos ocupa, este hecho no será más que una circunstancia que retrasará un poco el punto al que queremos llegar; porque a partir de ese momento, la muerte habrá dejado de existir definitivamente y los seres humanos, lógicamente, continuarán reproduciéndose; luego sumados los dos factores, llegamos al momento en que la Tierra de nuevo se hallará en el límite razonable de su capacidad y lo que de nuevo nos lleva a la misma pregunta: ¿y en ese momento…… qué pasará? Porque lo que está claro es que tiene que pasar algo, ya que por una parte y como hemos dicho, tenemos un planeta con unas limitaciones físicas de espacio y que habrán llegado a ese límite ya mencionado y por otra parte, la continua capacidad reproductora del ser humano y con lo que ya tenemos en el cuadro dos hechos objetivos demostrados; luego es obvio que algo tiene que pasar…… ¿pero qué?

Nosotros recordamos que en nuestros días como miembros integrantes de la organización de los TJ, cuando planteabas ese cuestión a algún “anciano”, la respuesta era que llegado el momento oportuno, ya Jehová pondría fin a la capacidad del ser humano para reproducirse, eso es, cuando el planeta estuviera razonablemente lleno; y afirmación que ilustraban con el siguiente argumento: “a nadie se le ocurre poner más agua en un vaso, que la que cabe en él”…… y se quedaban tan anchos. Y conste que ese disparate no era una mera afirmación a título personal del anciano en cuestión, sino que esto está publicado y lo pueden leer, por ejemplo, en el  libro de esa organización “Razonamiento a partir de las Escrituras”, pág. 394 y en donde bajo el subtema “Si nadie morirá jamás en el Nuevo Orden de Dios, ¿cómo cabrá toda la gente en la Tierra?”, se dice lo siguiente:

Tenga presente que cuando Dios declaró su propósito para con la Tierra, él dijo: “Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra” (Gén. 1:28). Dios dio al hombre la facultad de procrearse y cuando Su propósito al respecto se cumpla, Él puede hacer que cese la procreación en la Tierra.”

Lo que no sabemos, es de dónde sacan los TJ este “sagaz” razonamiento de las Escrituras, porque nada hay en ellas que indique, que la capacidad reproductiva del ser humano vaya a ser eliminada en un momento determinado. Porque prescindiendo de que nuestro Creador ciertamente sí podría hacer esto, ya que para Dios “ninguna declaración será una imposibilidad” (Luc. 1:37), lo cierto es que no existe en las Escrituras ninguna declaración en ese sentido, sino más bien al contrario, ya que lo que vamos a leer a continuación, tal parece que señala en la dirección opuesta:

¡Miren! Los hijos son una herencia de parte de Jehová; el fruto del vientre es un galardón.” (Sal. 127:3).

Luego si estamos hablando de una herencia o un galardón, en definitiva de un regalo del Altísimo para los padres, no se entendería que de pronto lo retirara y precisamente, a una humanidad a la que ha reconciliado consigo mismo y por la que ha pagado un alto costo:

Pero todas las cosas vienen de Dios, que nos ha reconciliado consigo mediante Cristo y nos ha dado el ministerio de la reconciliación, 19 a saber, que Dios mediante Cristo estaba reconciliando consigo mismo a un mundo, no imputándoles sus ofensas y nos ha encomendado la palabra de la reconciliación. 20 Somos, por lo tanto, embajadores en sustitución de Cristo, como si Dios estuviera suplicando mediante nosotros. Como sustitutos por Cristo rogamos: “Reconcíliense con Dios”.” (2 Cor. 5:18-20).

Y no entremos ya en otras cuestiones de mucho más calado, como es el hecho de que el ser humano (básicamente la mujer), está emocionalmente preparado para la tarea de engendrar vida y luego mantenerla y desarrollarla, con todo lo que ello implica, tal como hemos señalado, en el plano de las emociones y los afectos. Luego la solución no parece ser tan simple, como “el cerrar el grifo”, dicho sea coloquialmente, sino que probablemente requeriría muchos cambios en la estructura tanto física, como mental, incluso espiritual del ser humano y lo cual hace de esa solución apuntada por los TJ, una verdadera “animalada”. Pero puesto que ustedes que nos van siguiendo, leyendo nuestros artículos, saben que nuestra máxima es la de que solo se puede averiguar la veracidad de determinado planteamiento, permitiendo el desarrollo del mismo, veamos entonces lo qué ocurriría, si aceptáramos el citado “razonamiento” de los TJ (y de otros muchos, que conste)  como verídico:

En primer lugar, tenemos el argumento que acabamos de citar y que no nos permite cuadrar el que Jehová retirara una bendición de tal calibre a aquellas personas a las que acaba de reconciliar consigo mismo y a un precio costosísimo, eso es, con la vida de Su propio hijo. Y es que se daría la paradójica situación, de que al final existirían en la Tierra personas que disfrutaron de la bendición de poder tener hijos y disfrutar de ellos (es lo que se llama formar una familia) , luego habrían recibido ese regalo o herencia de Jehová y personas que, teniendo iguales méritos, habrían sido discriminadas en cuanto a ello y nos referimos a las últimas generaciones de jóvenes que vivirían al final del máximo ocupacional del planeta y a los que por lo tanto, no les sería permitido engendrar más hijos…… con el sorprendente argumento de que “no caben más”. Y puesto que Dios no es parcial, sino que trata a los que le temen a todos por igual (Hech. 10:34), la cosa no tendría demasiado sentido.

Por otra parte, tenemos que de ser así las cosas y si Jehová tuviera que eliminar la capacidad de reproducción del ser humano, por razones de espacio material, se pondría en cuestión aquello de “La Roca, perfecta es su actividad……” de Deut. 32:4. Y es que tal parecería, que el proyecto de Jehová se habría visto detenido por un imprevisto problema de espacio y que para solventarlo, nuestro Creador tiene que rectificar sobre la marcha, eliminando algún rasgo característico de su creación y con el riesgo de las repercusiones colaterales ya comentadas…… dicho en otras palabras y para entendernos, una chapuza.

Y es que por otra parte, no se entendería que tan maravillosa capacidad con la que fueron dotados Adán y Eva de poderse reproducir (o sea, poder transmitir vida), así como el entorno en el que fue colocada dicha capacidad, tuviera un marco de desarrollo de unos pocos miles de años, o sea, el tiempo que tardara la Tierra en llenarse cabalmente. Pero es que además, tenemos la cuestión de fondo y que es de lo que estamos tratando: ¿cómo se podría entender la creación de tan vasto Universo, con esa maravilla creativa que es el ser humano, si esta queda reducida a una mínima expresión y confinada en un minúsculo planeta, perdido dentro de una de las cientos de miles de millones de galaxias que componen ese inconmensurable Universo?

Por lo tanto, la cosa solo tendría sentido, si  dentro del propósito del Altísimo se contemplara como objetivo final, la expansión del ser humano colonizando o poblando ese vasto universo; tengamos en cuenta que la primera comisión dada a Adán tenía que ver con “hacerse muchos y llenar la Tierra” (Gén. 1:28) y aunque no se dice nada de lo que tenía que seguir a continuación de cumplido ese objetivo, no parece lo más razonable que lo que siguiera, fuera el eliminar la capacidad reproductiva del ser humano y dejar las cosas ahí, por un simple problema de espacio, precisamente en medio de un universo cuasi infinito y en lo que si algo sobra, es precisamente sitio. Y por favor, que nadie entienda con ello que pretendemos enmendar la plana a nuestro Creador y decirle lo que tiene que hacer o no hacer: solo señalamos que no parece razonable en un Dios de lógica y sentido común y tomando como base las cosas que nos ha enseñado acerca de Él, el proceder de semejante manera.

Y es cierto que muchos podrán alegar en contra de nuestra propuesta, razones de estricta índole física, para que esta fuera plausible. Por ejemplo, la completa inhabitabilidad y sin ir más lejos, de los planetas de nuestro propio sistema solar y por otra parte, nos encontramos con la completa imposibilidad del ser humano en superar las brutales distancias que nos separan de las estrellas más próximas y dentro de nuestra propia galaxia…… cuanto más, si hablamos de extendernos más allá. Recordemos que solo intentar llegar a la vecina galaxia de Andrómeda, nos llevaría dos millones y medio de años viajando a la velocidad de la luz y cualquiera está de acuerdo en que eso está mucho más allá de lo asumible por el ser humano…… de momento, claro. Pero empecemos razonando el primer punto: la inhabitabilidad de los mundos que nos rodean.

Y para ello podríamos tomar a los dos más cercanos, como son  Marte o Venus. Es obvio que son dos planetas infernales y de imposibles características para la vida, pero…… ¿recuerda cómo según las Escrituras, estaba nuestro planeta al principio? Veámoslo:

Ahora bien, resultaba que la tierra se hallaba sin forma y desierta y había oscuridad sobre la superficie de la profundidad acuosa; y la fuerza activa de Dios se movía de un lado a otro sobre la superficie de las aguas.” (Gén. 1:2).

Luego en un principio, tampoco la Tierra tenía las condiciones óptimas para su habitabilidad, sino que tuvo que ser preparada por el Creador, cuando “la fuerza activa de Dios se movía de un lado a otro sobre la superficie de las aguas”. Una vez acondicionada, puso sobre ella a los primeros seres vivos materiales de su creación y dando así inicio, a la especie humana. Ahora pregúntese: ¿podría repetir ese mismo proceso Jehová en otros planetas, por ejemplo en Marte? ¿Podría dejarlo en iguales condiciones de habitabilidad, como en su momento dejó la Tierra y luego colocar algunas parejas traídas de la Tierra, para seguir con el proceso de aumento poblacional…… ya a nivel universal? ¿Podría o no podría llevar a cabo Jehová ese plan? No olvide que para un plan semejante, o sea, hacer habitable el planeta Marte, ya existen serios y costosos estudios científicos por parte del ser humano, ante la posibilidad de un futuro cataclismo en la Tierra, bien sea auto-provocado o por la altamente probable colisión con un asteroide y que obligara al ser humano a mudarse de “casa”. Luego si el ser humano, lastrado por sus limitaciones, ve viable el proyecto de primero colonizar y luego habitar en otro planeta a largo plazo ¿cuánta dificultad representaría ello, para el Creador del Universo y de las leyes que lo rigen? Pero entremos en el segundo obstáculo que nos encontramos: las infinitas distancias siderales.

Y es cierto que para superar esa barrera, ni contamos con la tecnología  necesaria para desplazarnos a esas distancias (y probablemente nunca la tendremos), ni por supuesto con la capacidad de vivir el tiempo necesario para afrontarla: la corta duración de su vida (70 u 80 años a lo sumo) le impiden al hombre superar las tremendas distancias siderales a las que hemos hecho referencia…… y lo cual sería cierto. Sin embargo, el problema entre las personas que pudieran objetar a nuestro planteamiento con estos argumentos, reside en que ven las cosas desde la perspectiva actual del ser humano, condicionado por sus actuales limitaciones…… pero es que nosotros estamos partiendo de otro supuesto: estamos hablando de un ser humano ya restaurado a la misma condición de perfección y capacidades de las que gozó Adán en su momento y en consecuencia, viviendo eternamente. Y añadámosle a ello, el hecho que desconocemos sus poderes (que evidentemente los poseía) porque ni siquiera tuvo tiempo para usarlos, ya que pecó antes de poderse estrenar y dejando por lo tanto, todo por hacer en lo relativo al propósito que Jehová tenía para su creación. Luego ignoramos de qué hubiera sido capaz, de haberse mantenido dentro de la senda de la obediencia a su Creador; pero lo que sí tenemos claro es que Adán tuvo que ser, como perfecto hijo de Dios y dentro de la creación material, un ser poderosísimo:

Mantengan en ustedes esta actitud mental que también hubo en Cristo Jesús, 6 quien, aunque existía en la forma de Dios, no dio consideración a una usurpación, a saber, que debiera ser igual a Dios. 7 No; antes bien, se despojó a sí mismo y tomó la forma de un esclavo y llegó a estar en la semejanza de los hombres.” (Fil. 2:5-7).

Luego si Jesús, como “segundo” Adán (1 Cor. 15:45) y rescate correspondiente por todos (1 Tim. 2:6), tenía que ser y en armonía con la justicia de Dios (Exo. 21:23-24), exactamente la réplica de Adán, este tuvo que ser, también como hijo de Dios, exactamente igual que Jesús. Luego también Adán llegó existir en la forma de un Dios, por lo tanto y dentro del mundo material, un ser poderosísimo y con grandes capacidades para dominar en el campo de lo material; tanto eso es así, que ni el mismo Satanás se atrevió a atacarle directamente, sino que usó la astucia y el engaño y eso a través de la mujer.

Por tanto y como hijos de Dios, tanto Jesús como Adán evidentemente tenían que ser seres poderosísimos; porque si bien, como hemos dicho, desconocemos los poderes que pudiera atesorar este (Adán) en su momento, si conocemos los de su homónimo Jesús y lo cual nos permite hacernos una idea de los poderes de los que habría sido dotado Adán para llevar a cabo su comisión. No olvidemos, lo que se nos dice acerca del hombre, como perfecta creación de Dios, en Heb. 2: 6-9:

Pero cierto testigo ha dado prueba en algún lugar, diciendo: “¿Qué es el hombre para que lo tengas presente, o el hijo del hombre para que cuides de él? 7 Lo hiciste un poco inferior a los ángeles; con gloria y honra lo coronaste y lo nombraste sobre las obras de tus manos. 8 Todas las cosas las sujetaste debajo de sus pies”. Porque al sujetar todas las cosas a él, no dejó Dios nada que no esté sujeto a él. Ahora, sin embargo, no vemos todavía todas las cosas sujetas a él; 9 pero contemplamos a Jesús, que había sido hecho un poco inferior a los ángeles, coronado de gloria y honra por haber sufrido la muerte, para que por la bondad inmerecida de Dios gustase la muerte por todo hombre.”

Luego si Jehová nombró al hombre, hecho solo “un poco inferior a los ángeles”, sobre las obras creativas de Sus manos y todas ellas fueron sujetadas, debajo de los pies de Adán, ello incluiría obviamente las obras creativas del Altísimo, más allá del ámbito de la creación terrestre. Luego no sería una necedad, el pensar que en el propósito de Dios, estuviera contemplada la dominación por parte del hombre del universo material existente, tanto conocido como desconocido hasta el momento. Nuestro planeta fue sencillamente el punto de partida de ese proyecto divino, truncado lamentablemente es sus inicios por el personaje Satanás, pero felizmente en vías de solución; luego cuando al final del reino milenario, las cosas vuelvan a su cauce, continuará avanzando dicho proyecto de Jehová y partiendo del punto en que lo dejó Adán. Y es que a nosotros siempre nos ha llamado la atención, un texto muy pasado por alto y que parece adquirir cierta relevancia, en este contexto en el que nos queremos situar:

Levanten los ojos a lo alto y vean. ¿Quién ha creado estas cosas? Es Aquel que saca el ejército de ellas aun por número, todas las cuales él llama aun por nombre. Debido a la abundancia de energía dinámica, porque él también es vigoroso en poder, ninguna de ellas falta.” (Isa. 40:26).

Ahora bien ¿qué pretendía decir Jehová con esas palabras? Es obvio que en el contexto en que fueron pronunciadas, tenían la intención de dar una dosis de ánimo a los judíos que en un futuro tendrían que pasar por el exilio en Babilonia, al manifestarles por medio de ellas, su grandeza y poder sin límites, expuestos en los cielos estrellados. No obstante, ese pasaje también podría contener un mensaje subliminal dirigido al hombre en general que, ocupado siempre en sus cosas, está permanentemente alejado del propósito de Dios y de Sus intereses. Algo parecido a como si Jehová nos quisiera recordar que, más allá de nuestras miserias y que nos absorben de continuo, existe ante nuestros ojos y extendiéndose por todo el Universo, una inmensa y eterna obra para la gloria y alabanza de Su Santo Nombre: una humanidad perfecta extendida hasta los confines del vasto Universo, como glorioso reconocimiento de la Majestad y Soberanía de su Supremo Hacedor, Jehová Dios.

Y planteamiento que va adquiriendo verosimilitud, a medida que uno razona desde la lógica y el sentido común; porque si Jehová no creó la Tierra “sencillamente para nada” sino que la formó, para“ser habitada” (Isa. 45:18), ¿qué razón habría, para que dicho argumento no se hiciera extensivo, al resto del Universo? Mucho más a favor de nuestro planteamiento, parece desprenderse de las siguientes palabras de Jehová:

Esto es lo que ha dicho Jehová: “Los cielos son mi trono y la tierra es el escabel de mis pies” (Isa. 66:1).

¿Y que nos quiere decir este texto? En primer lugar, deberíamos saber que un “escabel” y según el diccionario de la RAE, es una pequeña tarima que se solía usar para los tronos de los reyes cuando, debido a su altura y magnificencia, los pies del monarca en cuestión no podían apoyar en el suelo. Luego lo que se nos está diciendo es que Jehová, sentado en su excelso Trono, tiene a la Tierra como descansadero de sus pies y dado que eso no se puede tomar de forma literal, tenemos que buscarle el significado alegórico. Y para ello nos trasladaremos al principio de la creación y a unas palabras que Jehová dirigió a Adán:

Y también impuso Jehová Dios este mandato al hombre: “De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho. 17 Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás.” (Gén. 2:16-17).

Y este mandato, tenía que ver con la obediencia y a su vez la obediencia, tenía que ver con el respeto y reconocimiento de la Soberanía Divina; luego cuando la primera pareja pecó, hizo algo más que pecar: rechazó la Soberanía o el derecho a gobernar sobre sus criaturas de Jehová y sujetándose, por tanto, a la de Satanás. Si tuviéramos que resumir lo que ocurrió, podríamos decir que lo que hizo Jehová en Edén y puesto que no desea ser obedecido por obligación, fue colocar en las manos del ser humano (por aceptación) el derecho a ejercer Su propia soberanía.

Y cuestión que continúa en nuestros días y que no se solventará, tal como ya hemos dicho, hasta el final del reino milenario, en donde una humanidad de nuevo en perfección, será enfrentada por última y definitiva vez, a decidir bajo que soberanía desea permanecer: si bajo la de su hacedor, Jehová Dios, o bajo la del archienemigo de Este, Satanás el diablo. Aquellos que opten por la decisión correcta, recibirán la vida eterna como premio y aquellos que tomen la misma y equivocada decisión (los resultados lo corroboran) que en su día tomaron nuestros primeros padres (Adán y Eva), serán destruidos (Rev. 20:7-10).

Entonces lo que resultará de este último y definitivo enfrentamiento, será un planeta Tierra lleno de personas disfrutando de la vida eterna, por su decidido y firme apoyo a la Soberanía del Altísimo. Tal como si con su decisión, estuvieran sustentando el derecho a gobernar del propio Jehová; dicho de otra manera, Jehová apoya voluntariamente su derecho a gobernar (porque Él no necesita de eso) y por toda la eternidad, en la firme decisión de los habitantes de la Tierra, primer y último lugar en todo el Universo, en donde se puso en cuestión el legítimo derecho a gobernar de Su Soberano Hacedor. Por eso y por toda la eternidad, la Tierra será el escabel del Trono de Jehová, como un símbolo de su legítimo derecho a la gobernación universal. Y las generaciones venideras, que un día llenarán de vida todo el orbe universal, sabrán que en un pequeño planeta perdido en la inmensidad del espacio, personas defendieron con su vida el legítimo derecho de su Creador, a gobernar sobre su creación. Dicho en otros términos, Jehová bondadosamente concede a sus siervos terrestres, el que mediante su actitud, “legitimen” Su derecho a la Soberanía Universal…… es en ese sentido, que se les considera como el “escabel” o el punto en que se apoya Jehová, para ejercer esa gobernación universal desde Su Excelso Trono de Santidad.

Luego la respuesta a esa tercera pregunta que nos quedó pendiente al principio de este artículo, acerca de “a dónde vamos” es que la finalidad última de nuestra creación, como seres humanos, es la de poblar el entero universo, para mayor gloria y honra de nuestro Hacedor. Y aquí acaba la historia, tal como nosotros la entendemos y que bien podría ser así…… o no. Pero eso, querido lector, como siempre lo dejamos en sus manos, o sea, en su sagacidad y esfuerzo para comprender lo que nos dicen las Escrituras y captar el mensaje subyacente en ellas…… que de todo hay en la viña del Señor. Y nos permitimos repetir (por si acaso), que eso que acaban de leer no es más que una mera elucubración, desprovista totalmente de cualquier intencionalidad de establecer enseñanza alguna, que pueda tener explícito apoyo bíblico. Sencillamente nos hemos permitido el formular una teoría (más o menos bien desarrollada) acerca de un tema que lleva intrigándonos por mucho tiempo y que como posibilidad…… no está nada mal ¿no les parece?

MABEL

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: