CUANDO LA TIERRA ESTE LLENA DEL CONOCIMIENTO DE JEHOVÁ.

Imaginémonos por un momento a un artista, un escultor por ejemplo, que acaba de culminar una preciosa obra. El hombre considera, quizás con razón, que es una escultura muy buena, una verdadera obra maestra; pero lamentablemente y durante la noche, un rival suyo, celoso, la estropea. Es comprensible que el artista en cuestión se duela mucho al ver lo sucedido y que piense, cuán justo sería que el autor de semejante acto vandálico fuera castigado; y puede imaginarse, por otra parte, cuánto se esfuerza en restaurar su obra para que recobre su anterior belleza.

Pues bien, Jehová y al igual que el artista de la ilustración, realizó en su momento una obra maestra al preparar la Tierra y colocar en ella a la raza humana. Después de crear al hombre y la mujer, como cumbre de su obra maestra, Dios manifestó su complacencia diciendo que todo lo que había hecho en la Tierra era “muy bueno” (Gén. 1:31). Adán y Eva eran hijos de Dios y consecuentemente, Él los amaba: eran Su creación y había preparado un futuro feliz y glorioso para ellos:

Y Dios procedió a crear al hombre a su imagen, a la imagen de Dios lo creó; macho y hembra los creó. 28 Además, los bendijo Dios y les dijo Dios: “Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra y sojúzguenla y tengan en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y toda criatura viviente que se mueve sobre la tierra” (Gén. 1:27-28).

Jehová había colocado al hombre en un hermoso jardín o paraíso, diseñado y plantado por Él mismo y comisionando a la primera pareja humana a extender dicho paraíso de placer por todo el planeta y siendo el caso, que de haber mantenido lealtad a su Creador, habrían podido vivir eternamente en ese entorno y gozando además, de la perfección física, mental y espiritual de la que los había dotado Jehová (Gén. 2:17). Pero aun siendo cierto que un “enemigo” actuó, ya que fue Satanás el que los indujo a rebelarse y por ello, la perfecta y maravillosa creación de Dios resultó dañada, ciertamente no lo fue de forma irreparable.

Y aunque Dios decidió de forma inmediata hacer los pertinentes ajustes para reconducir la situación, lo cierto es que temporalmente esa vida perfecta de la que gozaba el hombre cambió radicalmente:

“Y a Adán dijo: “Porque escuchaste la voz de tu esposa y te pusiste a comer del árbol respecto del cual te di este mandato: “No debes comer de él”, maldito está el suelo por tu causa. Con dolor comerás su producto todos los días de tu vida. 18 Y espinos y cardos hará crecer para ti y tienes que comer la vegetación del campo. 19 Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas al suelo, porque de él fuiste tomado. Porque polvo eres y a polvo volverás.”

Tristemente y debido a su falta de aprecio, Adán perdió aquél hogar paradisíaco, quedó sujeto al sufrimiento, la enfermedad, a los estragos de la vejez y finalmente, a la muerte…… resumiendo, que la vida de la que en un día disfruto, nada tenía que ve con la que acabó viviendo: la primera, era la vida que “realmente lo es”, según nos menciona Pablo en 1 Tim. 6:19, pero la segunda no. Y es que a nuestra breve y atribulada existencia, no puede llamársele de ninguna manera “la vida que realmente lo es”, pues dista mucho del propósito original de Jehová: la vida que realmente lo es y que Dios desea para todos nosotros, es “vida eterna” en las mismas condiciones perfectas que disfrutaron Adán y Eva (Juan 3:16; Hech. 3:21).

Teniendo esto presente, pasemos ahora a considerar la importancia que para nosotros tiene el conocer esta información acerca de la persona y de los planes de Dios para con nosotros y con este propósito, ya Jesús nos habló acerca de la estrecha relación existente, entre la vida eterna y el conocimiento de Dios:

Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo.” (Juan 17:3).

Pero también es cierto, que dicho conocimiento conlleva una responsabilidad ante Jehová:

Por lo tanto, si uno sabe hacer lo que es correcto y sin embargo, no lo hace, es para él un pecado.” (Sant. 4:17).

Pero piense en las bendiciones que usted tendrá si adquiere y utiliza ese conocimiento para conseguir la vida eterna. En su Palabra (la Biblia), Jehová Dios nos da una hermosa descripción de cómo será la vida en esa Tierra paradisíaca que tan próxima está; por supuesto, no debe ser el deseo de una recompensa lo que nos lleve a servir a Dios y ajustarnos a sus preceptos, sino más bien, el amor que hacía a Él sentimos, por ser quién es. Amor que no se puede desarrollar, a menos que tengamos ese conocimiento de Él, dado que es una máxima ampliamente aceptada, que solo se ama aquello que se conoce y por ello, el primer y más grande mandamiento, según el propio Hijo de Dios, es el siguiente:

Jesús contestó: “El primero es: Oye, oh Israel, Jehová nuestro Dios es un solo Jehová, 30 y tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” (Mar. 12:29-30).

Además, algo que es muy importante saber, es que la vida no se gana sirviendo a Jehová: la vida eterna es un regalo de Dios:

Porque el salario que el pecado paga es muerte, pero el don que Dios da es vida eterna por Cristo Jesús nuestro Señor.” (Rom. 6:23).

Conviene que meditemos en esa vida, porque la esperanza del paraíso puesta ante nosotros, nos recuerda la clase de Dios que es Jehová, el amoroso “remunerador de los que le buscan solícitamente” (Heb. 11:6). Por ello, si mantenemos viva la esperanza en nuestra mente y corazón, nos costará muchísimo menos aguantar las dificultades que este mundo gobernado por Satanás nos impone:

La cólera de Jehová no se volverá atrás hasta que él haya llevado a cabo y hasta que haya realizado las ideas de su corazón. En la parte final de los días ustedes darán su consideración a ello con entendimiento.” (Jer. 23:20).

Y puesto que según todos los indicios, ya estamos en esa parte final de esos días, centremos nuestra atención seguidamente en la esperanza bíblica de vida eterna en el futuro Paraíso terrestre; ahora bien ¿cómo será la vida cuando la Tierra esté llena del conocimiento de Dios? (Isa. 11:9b).

Cuando se cumpla el tiempo determinado, Jehová Dios destruirá el actual sistema de cosas inicuo y que de acuerdo al calendario profético, vemos que el mundo se aproxima rápidamente a lo que la Biblia llama Har-Magedón, o Armagedón. Y aunque a algunas personas este término quizás les haga pensar en un holocausto nuclear provocado por naciones en guerra, nada tiene que ver con ello, pues como indica Rev. 16:14-16, Armagedón es “la guerra del gran día de Dios el Todopoderoso” y una guerra en la que participan “los reyes de toda la tierra habitada”, es decir, todas las naciones por una parte y el Hijo de Jehová Dios, su Rey designado Jesucristo, por la otra y que pronto entrarán en batalla y siendo el desenlace absolutamente seguro: todos los que se opongan al reino de Dios y que formen parte del sistema inicuo de Satanás, serán eliminados. (Rev. 19:11-20:3). Únicamente sobrevivirán los que se mantengan leales a Jehová (Sof. 2:3).

Pero imagínese que usted ha sobrevivido a ese cataclismo, lo cual sinceramente deseamos ¿no le mueve un poquitín la curiosidad por saber cómo será la vida en la Tierra, en el nuevo mundo (o “nueva tierra”) que Dios ha prometido? (2 Ped. 3:13). Y la verdad es que no hay razón para especular, pues la Biblia nos da una perspectiva por adelantado y lo que nos dice acerca de ello, es muy emocionante. De entrada y como ya hemos considerado, se inhabilitará a Satanás y sus demonios, es decir, serán encerrados en un abismo de inactividad durante el Reinado Milenario de Jesucristo; luego esas perversas criaturas ya no seguirán acechándonos, causando problemas y tratando de empujarnos a cometer actos de infidelidad contra Dios (Rev. 20:1-3).

Otra bendición de la que seremos receptores, es que también desaparecerá toda clase de enfermedad:

“Y ningún residente dirá: “Estoy enfermo”. La gente que more en la tierra constará de los que habrán sido perdonados por su error.” (Isa. 33:24).

Entonces los cojos podrán ponerse de pie, caminar, correr y saltar, pues tendrán piernas fuertes y sanas. Después de haber vivido durante años en un mundo de silencio, los sordos oirán los alegres sonidos de su entorno…… los ciegos se sobrecogerán al ver aparecer ante sus ojos un mundo de formas y colores de un hermoso entorno, totalmente distinto al que conocemos ahora, porque hasta el medio ambiente se beneficiará de la obra regeneradora de Dios mediante su Hijo Jesucristo:

En aquel tiempo los ojos de los ciegos serán abiertos y los oídos mismos de los sordos serán destapados. 6 En aquel tiempo el cojo trepará justamente como lo hace el ciervo y la lengua del mudo clamará con alegría. Pues en el desierto habrán brotado aguas y torrentes en la llanura desértica. 7 Y el suelo abrasado por el calor se habrá puesto como un estanque lleno de cañas; y el suelo sediento, como manantiales de agua. En el lugar de habitación de los chacales, un lugar de descanso para ellos, habrá hierba verde con cañas y papiros.” (Isa. 35:5-7).

Y más aún: ¡Por fin podrán contemplar el rostro de sus seres amados! Y puede que entonces se les nuble la vista momentáneamente, a causa de las lágrimas de alegría, pero esa…… ya es otra cuestión.

¡Imagínese! Ya no harán falta lentes, ni muletas, ni bastones, ni medicinas, ni clínicas dentales, ni hospitales; nunca más habrá depresión ni enfermedades emocionales que priven de felicidad a la gente, ni ningún niño estará enfermo. Incluso los estragos causados por la edad avanzada o vejez, desaparecerán:

Que su carne se haga más fresca que en la juventud; que vuelva a los días de su vigor juvenil.” (Job 33:25).

Estaremos más sanos y fuertes y en la plenitud de nuestra juventud. Todas las mañanas y tras una noche de sueño apacible y reparador, despertaremos con energías renovadas, llenos de vigor y con ganas de empezar un nuevo día de vida apasionante y de trabajo satisfactorio y remunerador.

Los supervivientes del Armagedón, junto con aquellas personas que vayan resucitando, tendrán mucho trabajo agradable que hacer, puesto que tendrán que reemprender la tarea que apenas inició Adán: convertir la Tierra en un paraíso. Se eliminará todo vestigio del viejo sistema contaminado y donde antes había barrios insalubres y tierra arruinada, habrá parques, huertos y frondosos bosques; además, todo el mundo dispondrá de una vivienda agradable, cómoda y a su gusto:

Y ciertamente edificarán casas y las ocuparán; y ciertamente plantarán viñas y comerán su fruto. 22 No edificarán y otro lo ocupará; no plantarán y otro lo comerá. Porque como los días de un árbol serán los días de mi pueblo; y la obra de sus propias manos mis escogidos usarán a grado cabal.” (Isa. 65:21-22).

Con el paso del tiempo, las zonas paradisíacas de la Tierra se extenderán y unirán gradualmente, hasta que todo el globo terráqueo alcance la elevada norma de belleza que el Creador fijó en el jardín de Edén. ¡Qué satisfacción dará participar en esa labor de restaurar la Tierra!

A diferencia de lo que ocurre actualmente y para no perjudicar el medio ambiente, todas las tareas se efectuarán siguiendo la dirección divina, por lo que el hombre estará en paz con los animales y ya no los matará sin piedad, al grado de casi acabar con especies enteras, sino que cuidará bien de ellos, pues habrá vuelto a asumir la administración responsable de la Tierra que en su momento fue delegada en Adán. Imagínese por un momento, ver comer juntos a lobos y corderos, leones y becerros; luego los animales salvajes, serán totalmente inofensivos para con los de su raza y lo que es más, no siendo ya un peligro para el ser humano:

Y el lobo realmente morará por un tiempo con el cordero, y el leopardo mismo se echará con el cabrito, y el becerro y el leoncillo crinado y el animal bien alimentado todos juntos; y un simple muchachito será guía sobre ellos. 7 Y la vaca y la osa mismas pacerán; sus crías se echarán juntas. Y hasta el león comerá paja justamente como el toro. 8 Y el niño de pecho ciertamente jugará sobre el agujero de la cobra; y sobre la abertura para la luz de una culebra venenosa realmente pondrá su propia mano un niño destetado.” (Isa. 11:6-8).

Ya no existirán hombres crueles y violentos que perturben la tranquilidad del nuevo mundo:

En cuanto a los inicuos, serán cortados de la mismísima tierra; y en cuanto a los traicioneros, serán arrancados de ella.” (Prov. 2:22).

El hambre, esa plaga silenciosa y silenciada, que a día de hoy tiene a más de 1.000 millones de personas al borde de la muerte por inanición, 1.000 millones de seres humanos y que se dice pronto, será cosa del pasado:

Llegará a haber abundancia de grano en la tierra; en la cima de las montañas habrá sobreabundancia.” (Sal. 72:16).

En Isa. 11:9, se nos explica el por qué no se hará daño alguno en todo el planeta:

La tierra ciertamente estará llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mismísimo mar”.

Estas palabras se refieren evidentemente a los seres humanos, pues los animales no pueden, obviamente, adquirir el “conocimiento de Jehová” y efectuar cambios, ya que no han sido creados con esa capacidad y se rigen por el instinto. Ahora bien, el conocimiento de nuestro Creador sí cambia a las personas y quizás usted, conozca a personas ya que han efectuado cambios en sus vidas al aplicar dicho conocimiento de Dios en sus vidas. De hecho, por todo el mundo hay miles de personas a las que las difíciles circunstancias por las que actualmente estamos enfrentando y que cumplen profecía, les ha hecho reflexionar acerca de este asunto e intentar adquirir ese conocimiento dador de vida del que nos habla Juan 17:3, mediante un estudio personal y concienzudo de las Escrituras y llevándolas a efectuar, como hemos señalado, cambios significativos en sus vidas. Algunas de ellas se asocian con algún tipo de organización religiosa, otras sin embargo no, pero en todas se manifiestan las palabras de Heb. 4:12:

Porque la palabra de Dios es viva y ejerce poder (“es eficaz”, según versiones) y es más aguda que toda espada de dos filos y penetra hasta dividir entre alma y espíritu y entre coyunturas y su tuétano y puede discernir pensamientos e intenciones del corazón.” (Acotación nuestra).

Lo cual también señala al tiempo en que todas las personas del mundo, no solo unos miles, se habrán despojado por completo de sus características agresivas o violentas y vivirán pacíficamente para siempre. Pero…… ¿qué hay de la muerte, ese implacable enemigo que siempre nos gana la partida?; veámoslo:

Él realmente se tragará a la muerte para siempre y el Señor Soberano Jehová ciertamente limpiará las lágrimas de todo rostro. Y el oprobio de su pueblo quitará de toda la tierra, porque Jehová mismo lo ha hablado.” (Isa. 25:8).

¿Se imagina qué maravilloso será, cuando la Tierra esté llena del conocimiento de Dios? Y es que bajo la dirección del Rey Jesucristo y sus corregentes asociados, se llevará a cabo un extenso programa educativo, en el que se usarán nuevos “rollos” y que seguramente serán nuevas instrucciones escritas procedentes de Dios para educar a los habitantes de la Tierra. (Rev. 20:12). La humanidad no aprenderá más la guerra, sino que la paz será la norma y todas las armas destructivas desaparecerán para siempre (Sal. 46:9), a la vez que a todos los componentes de esa nueva sociedad humana, se les enseñará a tratar a su prójimo con amor, respeto y dignidad. La humanidad llegará a ser una familia unida y jamás volverán a existir barreras divisivas que obstaculicen la unidad y la hermandad (Sal. 133:1-3). Ya nunca más nadie tendrá que cerrar con llave su casa por temor a los ladrones, porque la paz reinará en todo corazón, en todo hogar y en todo rincón de la Tierra (Miq. 4:4).

Por otra parte, durante ese milenio tendrá lugar el más maravilloso acontecimiento jamás experimentado por la humanidad: la resurrección de los muertos. Todos aquellos que estén en la memoria de Jehová, tanto justos como injustos, volverán a la vida y se les ofrecerá la oportunidad y la ayuda necesaria para poder alcanzar en un futuro y al final de los mil años, el derecho a la vida eterna. En lugar de oír informes de guerras, desastres y muerte, los bendecidos de Jehová recibirán maravillosas noticias sobre la resurrección y será sencillamente emocionante enterarse al debido tiempo de ellos, del regreso de hombres y mujeres fieles como Abel, Noé, Abrahán, Sara, Job, Moisés, Rahab, Rut, David, Daniel, Elías, Ester….. y tantos otros de los que hoy leemos en las Escrituras, que son ejemplos a seguir por nosotros. Cuántos detalles aclaratorios de hechos históricos interesantes conoceremos, cuando esos resucitados aporten sus vivencias sobre muchos de los relatos bíblicos y acerca de los cuales tenemos puntos oscuros; y a la vez, que tanto ellos como los justos que hayan muerto en tiempos anteriores a nuestra era, también querrán conocer detalles acerca de cómo fue el fin del sistema de Satanás y de cómo Jehová santificó su santo nombre y vindicó su soberanía…… y eso, usted podrá explicárselo personalmente si está allí.

Estos hombres y mujeres fieles, así como aquellos que sobrevivan a la “gran tribulación” (Mat. 24:21), serán de mucha ayuda durante esta segunda fase de la resurrección, cuando se vayan soltando de las cadenas de la muerte a miles de millones de “injustos”. La mayor parte de la humanidad jamás tuvo la oportunidad de conocer a Jehová, pues Satanás “cegó su mente” (2 Cor. 4:4), pero la obra del Diablo será desbaratada. Los injustos regresarán a una Tierra hermosa en la que reinará la paz y en la que personas bien organizadas (las que hemos citado), los recibirán para enseñarles acerca de Jehová y su Hijo reinante, Jesucristo. Cuando los miles de millones de resucitados lleguen a conocer y amar a su Creador, el conocimiento de Jehová llenará la Tierra de una manera sin precedentes.

¡Y cuánta alegría producirá la resurrección! Porque, ¿quién no ha sufrido a causa de la muerte, nuestro gran enemigo? Es más, ¿quién no se ha sentido destrozado cuando la enfermedad, la vejez, un accidente o algún acto violento se ha cobrado la vida de un ser querido y ha roto así el lazo de amor o amistad que le unía a esa persona? Imagínese, entonces, el júbilo que habrá en el paraíso cuando de forma progresiva vayan apareciendo personas y reuniéndose con los suyos. Madres y padres, hijos e hijas, amigos y parientes correrán a abrazarse, riendo y llorando de alegría…… ¿se ve usted allí, formando parte de ese comité de recepción).

¡¡Perfección!! ¿Se ha preguntado alguna vez, qué supondrá ser perfectos? Supondrá ni más ni menos que volver a vivir como vivían Adán y Eva antes de pecar contra Jehová Dios; supondrá volver a vivir “la vida que realmente lo es”, mencionada por Pablo, ya que los seres humanos perfectos se conformarán plenamente a las elevadas normas de Dios, tanto a nivel físico, como mental, emocional, moral y espiritual, es decir, en todo aspecto imaginable. ¿Quiere decir esto que todas las personas serán idénticas? En absoluto, ya que la misma creación de Jehová (los árboles, las flores y los animales), nos enseñan que a él le gusta la variedad. Los seres humanos perfectos tendrán personalidades, habilidades y talentos distintos y gozando todos ellos de la vida tal y como Dios se propuso en un principio. Rev. 20:5 dice:

Los demás de los muertos no llegaron a vivir sino hasta que se terminaron los mil años”.

Y evidentemente eso no significa que su resurrección acontezca al fin de los mil años, como erróneamente afirman algunos “maestros” de la Escrituras, sino que al igual que la gran muchedumbre de supervivientes del Armagedón, los resucitados no llegarán a vivir en el sentido pleno de la palabra, hasta que habiendo alcanzado la perfección, al final de los mil años consigan superar la última prueba…… pero veamos cómo será la cosa.

Al final de esos mil años, el objetivo se habrá cumplido y la humanidad habrá sido devuelta al mismo estado de perfección del que disfrutaron en su momento Adán y Eva. Entonces será cuando la humanidad perfecta se enfrentará a una última prueba, ya que al final del Milenio se soltará del abismo a Satanás y sus demonios por un tiempo breve y se les permitirá un último intento de apartar a la gente de Jehová (Rev. 20:7-10). Tendrán la oportunidad, al igual que nuestros primeros padres, de hacer uso de su libre albedrío y decidir a quién se deciden sujetar: si a Jehová o a su opositor Satanás. De forma lamentable y según nos cuenta el registro bíblico, muchas personas de nuevo antepondrán los deseos impropios al amor a Dios, pero esa rebelión será sofocada rápidamente: Jehová ejecutará de inmediato a todos aquellos rebeldes junto con Satanás y todos sus demonios, con lo cual habrán desaparecido para siempre todos los malhechores (Rev. 20:7-10).

Los que amen a Jehová Dios y vivan en la Tierra paradisíaca tendrán toda la eternidad por delante y de ninguna manera podemos siquiera, imaginar la felicidad que sentirán ¿será usted uno de ellos? Los logros del hombre perfecto en las artes, las ciencias o en cualquier otra disciplina, superarán por mucho a las mejores obras de los mayores maestros de este mundo decadente, lo cual no es de extrañar, pues la humanidad será perfecta y dispondrá de tiempo ilimitado y capacidades ilimitadas: imagínense lo que se podrá hacer siendo perfectos. Piense también en lo que usted y el resto de la humanidad aprenderán acerca de la creación de Jehová, desde los miles de millones de galaxias que hay en el universo hasta las minúsculas partículas subatómicas. Todo lo que logre el ser humano redundará en gloria y alabanza de nuestro amoroso Padre celestial, Jehová (Sal. 150:1-6). Por lo tanto, no pensemos que entonces la vida será aburrida, sino todo lo contrario: con el paso del tiempo será cada vez más interesante; recuerde que el conocimiento de Dios no tiene fin:

¡Oh la profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios e inescrutables sus caminos!” (Rom. 11:33).

Por lo tanto y por toda la eternidad, siempre habrá cosas que aprender y nuevos horizontes que explorar:

Todo lo ha hecho bello a su tiempo. Aun el tiempo indefinido ha puesto en el corazón de ellos, para que la humanidad nunca descubra la obra que el Dios verdadero ha hecho desde el comienzo hasta el fin.” (Ecl. 3:11).

Recuerdo en cierta ocasión y con motivo de un discurso público que tuve que dar, para poder transmitir el significado de este texto me inventé una ilustración (no sé si muy lograda, pero funcionó), a la que siempre cito como “La Teoría de las líneas convergentes y divergentes”. Como usted sabe, las líneas convergentes son aquellas que partiendo de puntos separados en el espacio, a medida que van avanzando se van acercando hasta converger (o encontrarse) en un mismo punto…… por el contrario, las líneas divergentes son aquellas que partiendo de un mismo punto, al avanzar en dicho espacio, se van separando cada vez más y teniendo ante sí por ello, un horizonte cada vez más amplio.

Pues bien, si aplicamos esta teoría al ser humano, nos encontramos con lo siguiente: cuando un hombre nace, tiene ante sí un inmenso espacio de tiempo y cosas por hacer, luego las líneas que delimitan su vida, por decirlo de alguna manera, se encuentran muy separadas. Pero a medida que va aumentando en años y su vida va pasando, dichas líneas se van acercando hasta que convergen en un solo punto, evidentemente en el momento de la muerte de esa persona y ahí se acaba todo. Sin embargo, cuando una persona conoce y entabla una relación con su Creador, parte de un punto cero ¿no es cierto? Y a medida que va progresando en esta relación, esas líneas imaginarias se van separando de tal manera, que cada pasito que vamos avanzando en el conocimiento de nuestro Creador, más separadas están las trayectorias de esas líneas y consecuentemente, más amplio es el horizonte que nos queda por explorar y más son las cosas que nos quedan por aprender de nuestro Dios. Luego usted, está caminando hacia el infinito o la vida eterna, como prefiera y cuanto más avance en su conocimiento de Jehová, muchísimo más le quedará por aprender: o sea, cuanto más avance usted, mucho más separadas le quedarán siempre las líneas y resultando que lo que tiene ante sí, ese infinito, es sencillamente el conocimiento de Jehová, inalcanzablemente alto para el ser humano. ¿Entiende la idea, verdad? Pero al continuar aprendiendo de Jehová Dios, usted seguirá viviendo, no solo por unos cuantos años, sino ¡para siempre! (Sal. 22:26). ¿Acaso un futuro dichoso en una Tierra paradisíaca, no merece todo el esfuerzo o los sacrificios que pueda hacer ?; por supuesto que sí. Pues bien, Jehová le ofrece la llave de ese magnífico futuro: el conocimiento de Dios…… ¿la utilizará usted?

Si ama a Jehová, hacer Su voluntad le será un placer:

En hacer tu voluntad, oh Dios mío, me he deleitado y tu ley está dentro de mis entrañas.” (Sal. 40:8). ¡Cuántas bendiciones experimentará al seguir ese camino! Si utiliza el conocimiento de Dios, no solo llegará a vivir en un futuro cercano “la vida que lo es realmente”, sino que podrá disfrutar de una vida más feliz incluso en este mundo turbulento, porque usted tendrá una esperanza real y verdadera, cimentada en la promesa de Dios “que no puede mentir” (Tito 1:2). Y las recompensas futuras son incalculables, pues el conocer a su Creador, es lo que le llevará a vida eterna; y ahora, más que nunca, es el tiempo favorable para actuar, por lo que es solo apropiado que se resuelva a vivir con arreglo a ese conocimiento de Dios. Demuestre su amor y lealtad a Jehová y honre Su Santo Nombre a pesar de cualquier dificultad y pruebe que Satanás es un mentiroso. A su vez, Jehová Dios, la Fuente de toda sabiduría y conocimiento verdaderos, se complacerá en usted desde lo más profundo de su corazón y le amará para siempre (Jer. 31:3; Sof. 3:17) y le otorgará Su bendición.

Ahora bien, todo considerado, la pregunta es la siguiente: ¿de verdad dedica usted el necesario tiempo y esfuerzo, para adquirir el verdadero conocimiento de Dios? En fin, si nos perdona la inmodestia, le diremos que en nuestra opinión y si usted, es una de esas personas que nos va leyendo asiduamente y sobre todo, haciendo caso a nuestro consejo de ir comprobando en su propia Biblia si lo que decimos es verdad, está en la dirección correcta.

MABEL

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