LA ORACIÓN.

Algo evidente en el ser humano, es que está hecho para comunicarse. Y cuando la comunicación trasciende del ámbito humano, en una forma más elevada de comunicación, o sea, cuando nos dirigimos a nuestro Creador, a eso se le llama oración. Tanto es así, que no hay organización religiosa en el mundo y ya sea, de la orientación que sea, que no tenga esa actividad como fundamento de su razón de ser; de hecho, las organizaciones religiosas han sido concebidas para, supuestamente, ayudarnos a alcanzar una buena relación con nuestro Creador, le den el nombre que le den. En todo caso, facilitarnos el medio para acceder a una fuente de ayuda superior y más elevada que el hombre y siendo el camino para ello, la oración…… y siendo esto así, lo razonable sería preguntarnos ¿qué es la oración?

Esta pregunta es muy interesante, dado que hemos dicho que es el instrumento que nos acerca a Dios, luego uno no puede menos que pensar, que como en todos los órdenes de la vida, habrá alguna fórmula apropiada para ello. Y puesto que es el único medio que tiene el ser humano para acercarse a su Creador, deberíamos de averiguar qué requisitos, si los hubiera, son necesarios para que nuestra oración tenga los resultados que deseamos, o sea, que sea escuchada. Por lo tanto y analizando debidamente la cuestión, nos daremos cuenta que en la inmensa mayoría de religiones, sean las llamadas “cristianas” o las llamadas “paganas” y todo, según desde el lado que uno se lo mire, la oración se circunscribe a una serie de frases repetitivas, escritas en algún “libro de oraciones” o devocionario y que se recitan de forma insulsa, monótona, monocorde.

Tan eso es así, que hasta lo que ha sido considerado como la oración modelo, dada por Jesús en el llamado Sermón del Monte (Mat. 6:9-13), se ha convertido en un mero instrumento repetitivo sin ningún sentido. Por ejemplo y dentro de la Iglesia Católica es costumbre, por lo menos lo era en mi juventud, que después del “sacramento” de la confesión, la penitencia impuesta para la remisión de los “pecadillos” de uno fuera la de rezar, por ejemplo, diez Padrenuestros, cinco Ave María y algún par de Credos. En eso quedo dicho modelo y lo que demuestra, que no se han enterado de lo que Jesús quiso enseñar, porque la Biblia o Palabra de Dios, no enseña para nada el uso de esta fórmula repetitiva, sino muy al contrario, fue criticada por el propio Hijo de Dios cuando estuvo aquí en la Tierra:

Mas al orar, no digas las mismas cosas repetidas veces, así como la gente de las naciones, porque ellos se imaginan que por su uso de muchas palabras se harán oír.” (Mat. 6:7).

Y es que lo que Jesús propuso a continuación, al enseñarnos como orar, era que nosotros y no otros, determináramos qué decirle a Dios, o sea, que de sus palabras no se puede deducir, que necesitemos de alguien que por medio de algún libro de oraciones o algo parecido, nos “guie” acerca de qué es apropiado o no, decirle a Dios. Pero ahora bien, dado que hay tanta “información” de cómo dirigirse al Altísimo…… ¿será que eso es muy complicado, lo de dirigirnos a Dios? ¿Cómo hacerlo? Veamos.

En el registro bíblico, tenemos ejemplos de cientos de oraciones que hombres que amaban a Dios, usaron para dirigirse a Él; el mismo Jesús, fue el máximo exponente y mayor ejemplo en esta cuestión. Ahora bien, ¿qué es lo que notamos ahí? ¿Un conjunto de frases repetidas monótonamente o por el contrario, palabras sinceras salidas de un corazón agradecido o dolido, según fuera el caso? Tomemos como ejemplo, la oración de dedicación del templo de Jerusalén, pronunciada por el rey Salomón y registrada en el libro de 2 Cró. 6:12-42 y que es una hermosa oración, de la que podemos tomar ejemplo, no de su extensión ya que eso depende de cada cual, pero sí como de unas palabras sinceras salidas de un corazón agradecido: eso, era una oración. Pero ¿le agradó al Altísimo esa manera de orar, o sea, de dirigirse a Él?…… veamos como respondió Jehová:

Ahora bien, tan pronto como Salomón acabó de orar, el fuego mismo bajó de los cielos y procedió a consumir la ofrenda quemada y los sacrificios y la gloria misma de Jehová llenó la casa. 2 Y los sacerdotes no pudieron entrar en la casa de Jehová porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová. 3 Y todos los hijos de Israel estuvieron de espectadores cuando el fuego bajó y la gloria de Jehová estuvo sobre la casa, e inmediatamente se inclinaron rostros a tierra sobre el pavimento y se postraron y dieron gracias a Jehová, “porque él es bueno, porque su bondad amorosa es hasta tiempo indefinido.”(2 Cró. 7:1-3).

Sí, a Jehová le agradó esa forma de orarle ¿va entendiendo, que es en realidad una oración, querido lector/a? Sin embargo, sí hay algunas cosas a tener en cuenta, pero veamos cómo nos lo explicó el escritor del libro de Hebreos:

Y sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que es galardonador de los que le buscan.” (Hebr. 11:6).

Si usted reúne esos requisitos, está en el buen camino para acceder ante el trono de bondad inmerecida de Jehová y establecer una buena relación con su Creador. Y en nuestro deseo de ayudarle, en el caso de que lo necesite, permítanos unos pequeños apuntes que esperamos que le sean útiles.

En primer lugar, recuerde que orar, es hablar humildemente con Dios y que hay que hacerlo con regularidad: vea el consejo inspirado del apóstol Pablo: “Orad constantemente.” (1 Tes. 5:17). ¿Por qué? Pues porque si lo hacemos así, nos sentiremos más allegados a Él, a la manera de un amigo muy querido, amigo que nunca te falla y que tanto en la alegría como en la tristeza, siempre está a tu lado…… y es que aunque Jehová es Infinito y Todopoderoso, escucha nuestras oraciones. Vea como el rey David, un hombre que lo conocía mucho, lo definió:

Oh Oidor de la oración, aun a ti vendrá gente de toda carne.” (Sal. 65:2).

Y fíjese que, aunque Jehová en innumerables ocasiones ha delegado en otros el llevar a cabo su voluntad, no es así en el caso de la oración, sino que es Él, quién oye su oración directamente, pues no tiene intermediarios. Otra cosa es, que tenga un mediador entre Él y nosotros y por medio de cuyo sacrificio, se nos hace accesible el llegar ante su presencia por decirlo así, pero eso es otro asunto; pues si bien Jesucristo, actuando de mediador, le permite acceder (figurativamente hablando, por supuesto) ante la presencia del Ser más Excelso del Universo, el que le tiene que contarle sus cosas a Jehová, es usted…… por lo que su oración, le llega directamente a Dios; por lo tanto ¿ora usted a Dios, regularmente? O mejor dicho ¿habla usted a diario con su Creador? Por otra parte y dado que la oración es parte de nuestra adoración y Jehová no comparte su Gloria con otros dioses, solo a Él deberíamos de dirigirnos; notemos cómo nos lo explica el propio Jehová:

“No debes hacerte una imagen tallada ni una forma parecida a cosa alguna que esté en los cielos arriba o que esté en la tierra debajo o que esté en las aguas debajo de la tierra. 5 No debes inclinarte ante ellas ni ser inducido a servirlas, porque yo Jehová tu Dios soy un Dios que exige devoción exclusiva……” (Exo. 20:4-5).

Por eso, nuestras oraciones, únicamente deben de dirigirse a Jehová Dios; observen que cuando Jesús estuvo en la Tierra, siempre oraba a su Padre, a nadie más. Luego nosotros y puesto que la oración forma parte de la adoración a Dios, hemos de hacer lo mismo, si tomamos a pecho, unas palabras que Jesús dirigió a un ser que pretendía apartarle de adorar a Dios:

Entonces Jesús le dijo: “¡Vete, Satanás! Porque está escrito: “Es a Jehová tu Dios a quien tienes que adorar y es solo a él a quien tienes que rendir servicio sagrado”.” (Mat. 4:10; 6:9.)

Ahora bien, requisito indispensable para que su oración sea acepta y llegue a donde tiene que llegar, es que debe de dirigir su oración a Jehová, siempre en el nombre de Jesucristo:

Ustedes no me escogieron a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los nombré para que vayan adelante y sigan llevando fruto y que su fruto permanezca; a fin de que sin importar qué le pidan al Padre en mi nombre, él se lo dé a ustedes.”

Así además, queremos indicar que respetamos la posición de Jesús y que tenemos fe en su sacrificio de rescate. (Juan 14:6; 1 Juan 2:1-2).

Luego lo que está claro, es que cuando oramos a Dios, debemos hablarle desde el corazón y no debemos recitar nuestras oraciones de memoria ni leerlas de un devocionario (Mat. 6:7-8). Sin embargo, lo que no es necesario es el adoptar alguna posición determinada, ya que podemos hacerlo de cualquiera y siempre que sea respetuosa, en cualquier momento y en cualquier lugar…… y es que Dios oye hasta las oraciones que hacemos en silencio, en lo más recóndito de nuestro corazón; veamos un ejemplo:

“Y sucedió que, mientras ella oraba prolongadamente delante de Jehová, Elí estaba observándole la boca. 13 En cuanto a Ana, ella estaba hablando en su corazón; solo sus labios temblaban y no se oía su voz.” (1 Sam. 1:12-13).

Y podríamos citar otro caso, en el que un siervo de Jehová, Nehemías y que estaba como copero al servicio del rey persa Artajerjes, quien un día y al verle, se dio cuenta de que Nehemías estaba cariacontecido, por lo que exigió respuesta acerca de lo qué le sucedía. Nehemías le reveló el motivo de su preocupación: el lamentable estado de Jerusalén y cuando el rey le preguntó qué intentaba conseguir, inmediatamente oró a Jehová en su corazón y solicitó permiso al rey para regresar y reedificar Jerusalén…… y su oración fue escuchada y el rey accedió a la petición formulada (Neh. 2:1-9). Y sería bueno también y al grado que nos sea posible, que hagamos nuestras oraciones personales en un lugar tranquilo y aislado de otras personas (Mar. 1:35)…… y no olvide nunca, que se está dirigiendo al Ser más Excelso y encumbrado del Universo: Jehová Dios. Pero ¿sobre qué asuntos puede usted orar?

Evidentemente sobre cualquier cosa que pudiera tener efecto en su amistad con Él (Fil. 4:6-7), pues la oración que Jesús nos dejó como modelo, nos muestra una pauta a seguir: debemos orar por ejemplo, a favor de la vindicación del nombre y el propósito de Jehová; también podemos pedirle que satisfaga nuestras necesidades materiales, que perdone nuestros pecados y que nos ayude a resistir las tentaciones (Mat. 6:9-13). Todas esas cosas las necesitamos, pero..…. ¿tiene usted en este momento, algún problema que le perturbe? Pues bien, ya tiene ahí un tema de conversación con su Creador; ahora bien, no permitamos que nuestras oraciones sean egoístas, pues solo debemos pedir cosas que estén en armonía con la voluntad de Dios (1 Juan 5:14). Por ejemplo, que le pidamos por nuestro sustento diario, al tiempo que hacemos todo lo posible por nuestra parte para conseguirlo, entra dentro de lo razonable…… pero el pedirle, por ejemplo, que nos toque la bonoloto o una lotería para aliviar nuestra economía y darnos cierto desahogo, pues que quiere que le digamos, pero no parece ser demasiado apropiado y acorde con su voluntad ¿no cree usted? Ahora bien ¿cuándo debemos orar? ¿Solo cuando necesitemos de su ayuda?

No necesariamente, pues usted puede orar siempre que su corazón le motive a dar gracias a Dios o a alabarlo (1 Cró. 29:10-13); no deje de orar tal y como le hemos dicho, cuando tenga problemas y su fe se vea sometida a prueba (Sal. 55:22; 120:1). Por otra parte, también sería apropiado y si el ambiente o circunstancias lo permiten, orar antes de las comidas (Mat. 14:19), pues recuerde que Jehová nos invita a que oremos “en toda ocasión” (Efe. 6:18). Sin embargo, no haga de ese tipo de oración un rito, o sea, que no pueda comer tranquilo si no lo ha llevado a cabo y como si le faltara algo, pero que su motivación, no sea fruto de un sincero agradecimiento a Jehová…… eso, no le valdría para nada.

Y si nos hemos equivocado gravemente o dicho de otra manera, hemos cometido un pecado grave, tenemos que orar sin falta y rogar a Jehová que nos muestre misericordia y nos perdone; no se retraiga de ello por el peso del pecado cometido, pues nunca olvide, que Dios está “listo para perdonar” (Sal. 86:5), siempre y cuando, le confesemos nuestros pecados y hagamos todo lo posible, por no volver a cometerlos:

Porque tú, oh Jehová, eres bueno y estás listo para perdonar; y la bondad amorosa para con todos los que te invocan es abundante.” (Prov. 28:13).

Pero ¿escucha Dios todas las oraciones, vengan de quién vengan? Vamos a ver, de entrada, Jehová solo escucha las oraciones de los justos (Prov. 15:29). Por lo tanto, para que Dios escuche sus oraciones, usted debe esforzarse al máximo por vivir en conformidad con Sus leyes y disposiciones reglamentarias expuestas en su Palabra y para ello, evidentemente, tiene que conocerlas (Prov. 28:9; 2:1-5) y lo cual implica un sincero esfuerzo, por aprender lo que se nos dice en Su Palabra, la Biblia…… y cuando ore, no se olvide nunca de a Quién se está dirigiendo, por lo tanto, debe hacerlo con humildad (Luc. 18:9-14). Por otra parte, sus obras tienen que respaldar lo que pide en oración; solo así demostrará que tiene fe y que ora con sinceridad por aquello que solicita…… solo entonces contestará Jehová sus oraciones (Hebr. 11:6).

Y en fin, querido amigo o amiga que nos lee, eso solo han sido unas pequeñas pinceladas de por dónde van las cosas, pero permítanos una pequeña observación: todo esto que usted ha leído, solo le será útil, si contrasta cada uno de los textos que le hemos citado, con la traducción de que disponga en este momento y se asegure, de que lo que le hemos explicado, es correcto y se ajusta a lo escrito en la Biblia. De otro modo y prescindiendo de que le haya gustado lo que ha leído y haya disfrutado con ello, podría manifestar cierta falta de aprecio e interés, por aquello que su Creador desea comunicarle, para su propio beneficio. Y puesto que ya sabe cuál es nuestro deseo al respecto, pues eso…. que lo disfrute.

MABEL

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