LA BIBLIA Y LA MUERTE.

Es cierto que uno de los peores momentos por el que puede pasar el ser humano, es ese en que tiene que enfrentarse a la muerte de un ser querido y si bien, cuando se trata de una persona ya entrada en años la que fallece, lo solemos aceptar con un poco más de resignación, la cosa ya cambia cuando el fallecido es una persona de poca edad, o en la flor de su juventud, como se suele decir…… sencillamente el dolor es insoportable. Con esto en mente, pensemos por un momento en la cantidad inmensa de personas que han perdido la vida en actos violentos, como guerras, terrorismo, asesinatos, enfermedades mortales, violencia de género, accidentes (de tráfico o de cualquier otra naturaleza), etc., a lo largo de la historia humana e intente imaginarse la cantidad de dolor y amargura acumulados, que se han llegado a vivir en esta tierra por siglos o milenios.

El ser humano actualmente y con una conciencia ya cauterizada por la dureza de esta experiencia inevitable, con el añadido de la violencia y derramamiento de sangre que a diario vemos en películas, videos, videojuegos y que se quiera o no, en algo influye en una involuntaria actitud de no valorar adecuadamente la vida, damos poca o ninguna importancia a la muerte de miles de personas, a menos que alguna de ellas nos sea cercana. Hoy día, por ejemplo, la noticia de los casi 250.000 muertos del terremoto de Haití, nos han sonado como una simple cifra más a añadir a las del tsunami de Sumatra, a las constantes victimas de inundaciones, otros terremotos, o que debido al hambre y según la FAO, 1.020 millones de personas, 1.020 millones de personas que se dice pronto, están al borde de la muerte por inanición, o sea, dicho de forma clara y entendible, de hambre. Sin embargo por otra parte y en un ambiente más cercano, nos damos cuenta que continuamos sin aceptar la muerte como un hecho normal y natural. Por ello, constantemente, nos asaltan algunas preguntas.

Por ejemplo ¿quién no se ha preguntado alguna vez, qué pasa cuando un una persona muere? Y es que cuando un ser amado está debatiéndose entre la vida y la muerte, todavía hay esperanza de que el cuerpo rechace con éxito los efectos de la enfermedad o del accidente, si este es el caso y continúe con vida. Pero cuando esa persona es vencida por la muerte, entonces ¿qué? ¿Ha desaparecido para siempre la esperanza de volverlo a tener entre nosotros? ¿Sencillamente, ahí se ha acabado todo? Cuando usted visita la casa que está de duelo ¿puede compartir con los afligidos alguna esperanza razonable y consistente, o quizás se siente impotente cuando se encara a la tragedia que les ha sobrevenido? Sabido es que la esperanza alivia la carga del dolor, porque la tal esperanza despeja la oscuridad que desciende sobre los dolientes como un paño mortuorio. Pero claro, tiene que ser una esperanza genuina, una esperanza bien fundada…… tiene que ser una esperanza basada en una autoridad indisputable, por ello, tiene que ser la verdad. ¿Cree usted que esté disponible esa clase de esperanza consoladora? Y es que puede ser, que al hallarse usted en una situación en que haya necesidad de consuelo, ofrezca las mismas expresiones de condolencia que ha oído que ofrecen los clérigos en los funerales, a los dolientes familiares y amigos del finado. Y siendo cierto que muchas personas acuden a su iglesia para obtener consuelo en tiempos de pesar, no es menos cierto también, que muchos caen en un sentimiento más intenso de pérdida y frustración, por lo que se les ha enseñado a creer acerca de la muerte, en dichas iglesias.

Porque póngase usted por un momento, en el lugar de unos padres que están de duelo por la muerte de un hijo y algo obviamente muy difícil, pero inténtelo: ¿Cómo respondería usted, si viniera un clérigo, un representante religioso de su iglesia y le dijera que no se apesadumbrara, porque Dios se ha llevado a su hijo para que esté con Él? Esa declaración no es rara, sino que la oímos con frecuencia y siendo el caso que muchos clérigos adoptan el punto de vista que expresó cierto escritor religioso, al decir: “¿Quién sabe si Dios no se llevó su bebé a casa al Cielo, para volver el corazón de usted también al Cielo?”…… ingenioso el hombre ¿no le parece? Pero, ¿lo consolaría a usted eso? Más bien no, ¿verdad? Y es que lo que realmente han conseguido esa clase de consuelos, es hundir a las personas en la amargura, que han seguido preguntándose por qué un Dios de amor, infligiría tal pérdida, con el consiguiente dolor y desesperación de los que han perdido aquello que tanto amaban…… y con el consiguiente sentimiento de rechazo hacia un Dios, capaz de semejante crueldad.

Por otra parte y algo que también hay que tener en cuenta, es ¿qué consuelo puede darse a las multitudes de personas que al pensar en que un día, inevitablemente tienen que enfrentarse a la muerte, se llenan de terror? Porque se nos ha enseñado que la muerte realmente no es muerte, o sea, el estar sumidos en la inconsciencia más absoluta, sino que para algunos de conducta algo “dudosilla”, es un tiempo de castigo en tormentos terribles. Incluso algunos sistemas religiosos han representado vívidamente las llamas del infierno y han arengado a los feligreses de sus congregaciones, en cuanto a lo interminables que son las aflicciones que sufrirán los “condenados.” Luego y ante semejante panorama, pregúntese ¿qué clase de consuelo puede usted ofrecer a los que están de duelo y que han sido sometidos a esta clase de religión de terrorismo? ¿Serán muy felices pensando que quizás a su difunto, le espera semejante futuro eterno?

Sin embargo y siendo más positivos, quizás algunos crean que han llevado una vida más o menos decente y puedan consolarse con el pensamiento de que “todos los buenos van al cielo.” Porque eso es también, lo que se les ha enseñado a esperar, pero aun así, las personas puede que tengan sus recelos. Y es que realmente ¿a cuántas personas conoce usted, que afirmen tener esa expectativa y que estén ansiosas por morir, para experimentar semejante transición a ese lugar, supuestamente paradisíaco?…… ninguna ¿verdad? Y es que la mayoría de las personas y de forma razonable, creen que la vida presente, aunque angustiosa, es preferible a la incertidumbre que hay después de ese obstáculo insalvable que significa la muerte.

Porque ¿qué hay si una persona supuestamente encaminada al cielo al morir, resulta que realmente no va allá? ¿Que eso no fuera así y que se nos hubieran engañado? Entonces es obvio que los afligidos estarían inquietos e inseguros y es de esperar que uno, en su propio interés personal, no quiera ser engañado así ¿verdad? Y es que aunque usted obtuviera cierto grado de consuelo del engaño, ciertamente solo sería de índole temporal, porque el verdadero consuelo, el sólido, el que dura y al que podemos adherirnos con seguridad, tiene que estar en armonía con la verdad. Si nos adherimos a una mentira, a algo que es contrario a la Palabra de verdad de Dios, entonces toda la adoración que nos esforcemos en darle a Dios, dentro de esas organizaciones religiosas que nos engañan, será dada inútilmente, porque Cristo declaró que “los que lo adoran (al Padre) tienen que adorarlo con espíritu y con verdad.” (Juan 4:23-24). (Acotación nuestra).

Uno verdaderamente se ve en una posición muy embarazosa, cuando entra en la casa de los dolientes y en esencia, solo puede decir a los afligidos algo parecido a…… “Bueno, su muerto amado con el tiempo llegará al cielo. Simplemente tengan fe.” ¿No es probable que la mente de algunos dolientes, en este caso católicos, se llene de angustia al pensar que quizás el difunto primero tenga que pasar un período larguísimo de aflicción en el purgatorio (ellos creen en eso), antes de que satisfaga los requisitos para ir al cielo? Recuerde que las “misas” para difuntos, tienen esa finalidad: se ofrecen (mediante pago, faltaría más) para acortar esa estancia en semejante lugar de refinamiento. Por otra parte ¿se le ha ocurrido a usted alguna vez, pensar a qué se debe que se encuentre en este dilema…… de querer consolar a sus amigos y/o parientes apesadumbrados y no obstante, no tener ningún mensaje claro de esperanza que ofrecer, solo unas inútiles y poco consoladoras frases hechas? Porque quizás se le haya enseñado, que el hombre tiene alguna clase de alma invisible que abandona al cuerpo al sobrevenir la muerte y mora en otro lugar como criatura consciente, sea en el cielo, el purgatorio o un infierno de fuego; pero por otra parte y contradictoriamente, también es probable que en la misma organización religiosa se le haya enseñado que hay una resurrección de los muertos, ya que en la Biblia, se nos habla de una resurrección:

No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz 29 y saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida, los que practicaron cosas viles a una resurrección de juicio.” (Juan 5:28-29).

Pero pause ahora y considere el asunto con atención: si los muertos realmente no están muertos, sino realmente vivos en otra esfera o dimensión (llamémosle así) ¿por qué sería necesario resucitarlos? Además, si el alma del muerto ha sido relegada a un “infierno” de tormento para siempre ¿cómo sería posible resucitar a dicha persona?…… sin embargo, la Biblia nos habla de una resurrección, en que tanto “justos como injustos”, serán resucitados (Hech. 24:15). Y por otra parte, si el alma del difunto se ha ido al cielo, habría muchísima menos razón para restaurarla en la resurrección y que tiene que acontecer aquí en la Tierra, luego ¡el que estuviera en el cielo tan ricamente, ciertamente querría permanecer allí! ¿O no? Pero es que además y llevando la cosa, al campo de lo racional, no se puede resucitar aquello que no ha muerto. Veamos: según la RAE de la lengua, la expresión “resucitar” se define básicamente como “volver a la vida”; pero claro, según esas enseñanzas citadas, la persona realmente no ha muerto, sino que ha sido transmutada y llevada a otro lugar, llámesele cielo, purgatorio o infierno, pero en esencia no ha muerto, luego continúa viva. Entonces ¿cómo se la puede resucitar y para qué?

Por supuesto, si fuera verdad que el hombre tiene un “alma inmortal”, entonces posiblemente concordaríamos en que al sobrevenir a la muerte, el alma tiene que ir a algún lugar. Pero aun clérigos que por mucho tiempo se han adherido a esa idea, de la existencia de un alma inmortal, ahora expresan dudas acerca del asunto. Ya muchos ministros de diversas confesiones cristianas, aseguran que la doctrina de la inmortalidad del alma no es una doctrina que se hubiera derivado del Nuevo Testamento; sino que es un concepto que tuvo su origen, al parecer, en la filosofía griega, particularmente en Platón (siglo IV a.C.). Luego la pregunta es ¿puede derivarse algún consuelo genuino, de una creencia que tiene su base en la filosofía pagana? Y es que la fuente más autorizada de la verdad religiosa es la Biblia, la Palabra escrita de Dios (Juan 17:17); y para que su forma de adoración le sea acepta a Dios, entonces tiene que estar en armonía con la verdad bíblica, pues la adoración que está enlazada con enseñanzas desorientadoras acerca de la muerte y la esperanza para los muertos, no puede agradar a Dios. Entonces, cuán importante es, que los que quieran obtener el favor y las bendiciones de Dios, averigüen lo que Su libro/carta a la humanidad, verdaderamente dice sobre esos asuntos vitales y que tienen que ver directamente con nuestra esperanza futura.

La Biblia declara que toda “alma que esté pecando, morirá” (Eze. 18:4; 20); y en la Biblia, la palabra “alma” muy a menudo se usa en el mismo sentido que las palabras: ser, persona o criatura. La Palabra de Dios se refiere a un “alma difunta” o a un “alma viviente” tal como hablaríamos acerca de una persona muerta o una persona viva (Vea Lev. 23:30; 21:1, 11; Núm. 5:2 y Gén. 2:7, versículos en los cuales y en la mayoría de las versiones, la misma palabra hebrea para alma, se traduce diversamente como: persona, muerto, cuerpo o alma). Así mismo usted pudiera referirse a alguien como “pobre alma” y realmente querer referirse a la persona en sí misma y no algo que haya dentro de la persona. Pero aparte de eso ¿le ha inquietado alguna vez, el por qué mueren las almas o personas?; la respuesta bíblica, según se da en Rom. 5:12, es la siguiente:

Por medio de un solo hombre (Adán) el pecado entró en el mundo y la muerte por medio del pecado y así la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos habían pecado.”

De modo que inevitablemente la gente muere: los jóvenes y los ancianos, los sabios y los ignorantes, los pobres y los ricos y todo ello, debido a la inevitable herencia del pecado. Y cuando mueren, resulta que realmente están muertos, fuera de cualquier existencia, pues no están conscientes de nada en absoluto. Veamos cual es la cruda realidad del hombre, en su actual situación de alejamiento de su creador:

Porque el hombre y la bestia tienen la misma suerte: muere el uno como la otra; y ambos tienen el mismo aliento de vida. En nada aventaja el hombre a la bestia, pues todo es vanidad. 20 Todos caminan hacia una misma meta; todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo.” (Ecl. 3:19-20).

Y es que no existe ninguna diferencia biológica entre la muerte del uno (el hombre) sobre la otra (la bestia); todos los cuerpos se descomponen y pasan a fundirse con la tierra, luego cualquier otro tipo de pensamiento o idea que tenga el hombre, es sencillamente eso: vanidad. Porque en ese texto, no se nos habla de que seamos trasladados a ningún otro sitio; por otra parte, a los muertos se les representa en las Santas Escrituras como dormidos en un sueño profundo, sin soñar, o sea, en una total inconsciencia. No saben nada, ni experimentan nada, ni volverán a estar conscientes de nada en absoluto, sino hasta el día que sean resucitados; y en prueba de la certeza de esas declaraciones, considere estos textos bíblicos significativos:

Porque los vivos están conscientes de que morirán; pero en cuanto a los muertos, ellos no están conscientes de nada en absoluto, ni tienen ya más salario, porque el recuerdo de ellos se ha olvidado.” (Ecl. 9:5).

Y eso es lo que ocurrió, según Pablo, con el propio rey David:

Porque David, por una parte, sirvió según la voluntad expresa de Dios en su propia generación y se durmió en la muerte y fue puesto con sus antepasados y sí vio corrupción.” (Hech. 13:36).

Por otra parte, analice las palabras de un hombre que gozó del favor de Jehová:

¡Oh que en el Seol (hebreo para “sepulcro”) me ocultases, que me mantuvieses secreto hasta que tu cólera se volviera atrás, que me fijaras un límite de tiempo y te acordaras de mí! Si un hombre físicamente capacitado muere ¿puede volver a vivir? Todos los días de mi servicio obligatorio (el tiempo de estancia en el sepulcro) esperaré, hasta que llegue mi relevo. Tú llamarás y yo mismo te responderé.” (Job 14:13-15). (Acotaciones nuestras).

La esperanza contenida en esas palabras de Job, están en completo acuerdo con la profecía que Jesús pronunció, a saber:

Viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán mi voz y saldrán.…..” (Juan 5:28-29).

Todos los humanos muertos que Dios tenga en su memoria y que por medio de Cristo, levante misericordiosamente para que vivan de nuevo en la Tierra, tal como Lázaro fue levantado a la vida, no se acordarán de su sueño en la muerte, sea que haya durado cuatro días o cuatro mil años. (Juan 11:11-17, 43-44). Sin embargo, tenemos que notar que los resucitados volverán a la vida bajo un estado enteramente diferente de las cosas, o sea, totalmente distinto de cómo lo conocemos ahora.

Porque para ese entonces, habrá comenzado en esta Tierra el reinado de mil años de Cristo, habiendo ya vencido y eliminado a todos los enemigos de la paz y la justicia. Bajo su gobierno perfecto, se efectuarán cosas maravillosas en la Tierra, impensables en condiciones normales para el ser humano; por ejemplo, la Tierra habrá iniciado un proceso de transformación hacia lo que conocemos como un paraíso, eso es, un marco de belleza incomparable en dónde la paz y seguridad serán la regla y no la excepción; en donde la enfermedad o las deficiencias físicas de cualquier tipo, la vejez y la muerte con sus amargas consecuencias, serán cosa del pasado y en dónde ni siquiera las penas, amarguras y sufrimientos anteriores “no serán recordadas, ni subirán al corazón” (Isa. 65:17). Todos los “escombros” que resulten de la “guerra del gran día de Dios el Todopoderoso” serán eliminados y el suelo, con la bendición de Dios, llegará a ser productivo y sus frutos seguramente, ayudarán a la humanidad a lograr la salud perfecta (Rev. 16:14; 20:4; 21:1-4).

Ahora, quizás usted pueda entender por qué Jesús contestó de la manera que lo hizo cuando un malhechor que estaba siendo ejecutado junto a él, le hizo esta petición:

Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino. 43 Y él le dijo: “Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el Paraíso”.” (Luc. 23:42-43).

Note que Jesús no le prometió nada en especial, como que tendría la oportunidad de formar parte del gobierno de un reino, que sería un rey, o un sacerdote de Dios (Rev. 20:6)…… un privilegio que se otorga solo a unos cuantos escogidos de entre la humanidad (Luc. 12:32); no, no, lo que Jesús le prometió a aquel malhechor simplemente, es que estaría en el paraíso. Y Jesús, con eso, no mencionó nada parecido a un infierno o purgatorio, aunque se estaba dirigiendo a una persona “injusta”; luego su promesa está en plena armonía con el hecho de que aun las personas injustas serán resucitadas del sepulcro y se les ofrecerá la oportunidad, bajo condiciones paradisíacas, de probar si son dignas de alcanzar la vida eterna (Hech. 24:15). ¿No es ésta una expectativa maravillosa, que cautiva, que atrae y da consoladora esperanza? ¡Imagínese a sus personas amadas, en un tiempo fallecidas, restauradas a la vida y a su lado, sobre una tierra en medio de esas magníficas condiciones! Así se abre todo un nuevo futuro para inmensas multitudes que han entrado en el sueño de la muerte; y el hecho de que habrá una inmensa muchedumbre de justos, así como de injustos, resucitados del sepulcro lo confirman también estas palabras de Rev. 20:13:

Y el mar entregó los muertos que había en él y la muerte y el Hades (griego para “sepulcro”) entregaron los muertos que había en ellos y fueron juzgados individualmente según sus hechos.” (Acotación nuestra).

Debe notarse que no será un juicio en masa, sino de cada uno individualmente y eso requerirá tiempo y que para nada y contrario a lo que muchos creen, es más, afirman como enseñanza algunos “entendidos”, serán juzgadas las personas según su registro del pasado, porque sobre esa base, el malhechor que recibió la promesa de Cristo tendría poca o ninguna oportunidad. Además, no olvidemos que el registro bíblico va en la siguiente dirección: “el que ha muerto ha sido absuelto de su pecado” (Rom. 6:7); o sea, que la persona que murió, ya pago con su muerte, por todo lo que había hecho antes de la misma:

Porque el salario que el pecado paga es muerte, pero el don que Dios da es vida eterna por Cristo Jesús nuestro Señor.” (Rom. 6:23).

Luego todas aquellas personas que habiendo muerto, estén en el recuerdo de Jehová, recibirán de nuevo una oportunidad para alcanzar la vida eterna y siendo la base para el resultado final de su resurrección, bien para vida o bien para destrucción eterna, la manera en que respondan al régimen amoroso del reino milenario de Cristo después de su resurrección. Los que se sometan voluntariamente a la dirección de ese gobierno auspiciado por Dios y sepan aprovecharse de sus provisiones, progresarán maravillosamente hacia la perfección humana y hacia el don de vida eterna; por el contrario, aquellos que continúen resistiéndose tercamente, su final será la destrucción eterna (Rev. 20:15) y asunto que quedará resuelto definitivamente, al final de los mil años del reinado de Cristo, cuando sea soltado Satanás y la entera humanidad se enfrente a la prueba final:

Ahora bien, luego que hayan terminado los mil años, Satanás será soltado de su prisión 8 y saldrá a extraviar a aquellas naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, para reunirlos para la guerra. El número de estos es como la arena del mar. 9 Y avanzaron sobre la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada. Pero descendió fuego del cielo y los devoró. 10 Y el Diablo que los estaba extraviando fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde ya estaban tanto la bestia salvaje como el falso profeta; y serán atormentados día y noche para siempre jamás.” (Rev. 20:7-10).

¿Alcanza usted discernir, lo consolador que puede ser para las multitudes afligidas por el letal enemigo del ser humano y que conocemos como “la muerte”, este mensaje de la verdad bíblica? Sin embargo, solo los que creen y aceptan la Palabra de Dios, pueden estar convencidos de estas verdades y transmitir un mensaje de esperanza; mientras que los que continúen en asociación con las organizaciones eclesiásticas que siguen enseñando doctrinas que ocultan o niegan esta esperanza maravillosa, no pueden transmitir este mensaje esperanzador a otros. Ciertamente, usted puede razonar que no puede haber nada en común entre los que aceptan la Palabra de Dios como la base de la verdad y los que mezclan sus enseñanzas con tradiciones humanas y teorías filosóficas originadas en el hombre…… al menos, eso es lo que dio a entender Pablo:

No os unáis en yugo desigual con los no creyentes. Porque ¿qué compañerismo tiene la rectitud con el desorden? ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?” (2 Cor. 6:14).

Todos los desenvolvimientos de estos tiempos convulsos, muestran que se acerca el día en que Jehová Dios pondrá fin a este satánico imperio mundial (Dan. 2:44), junto a su conjunto de organizaciones religiosas satánicas y que nos pintan a Dios con falsos colores. Los que quieran alcanzar la vida en una Tierra paradisíaca, tienen que obrar rápidamente para salirse de sus muchos sistemas religiosos, sean éstos designados “paganos” o “cristianos”, pero todos tendentes a la confusión y al engaño satánico. Todos estos han estado presentando falsamente la única verdad y con ello, deshonrado al Dios verdadero, al no haber suministrado consuelo genuino a los habitantes de la Tierra que están, por una u otra razón, de duelo. Por lo tanto, usted también tiene que huir de en medio de esas organizaciones religiosas de características babilónicas, según advertencia del profético libro de Revelación:

Y oí otra voz procedente del cielo decir: “Sálganse de ella, pueblo mío, si no quieren participar con ella en sus pecados y si no quieren recibir parte de sus plagas. 5 Porque sus pecados se han amontonado hasta llegar al cielo y Dios ha recordado sus actos de injusticia” (Rev. 18:4-5).

¿Pero cómo salirse y lo que es más importante: a dónde ir? Una opción que le ofrecemos de momento, es que continúe leyéndonos, pero no dejando en ningún momento de continuar comprobando por usted mismo, si lo que nosotros le decimos, es exactamente aquello que dice la Biblia. Porque si no lo hiciera así, habría dejado de seguir a unos, para seguir a otros y eso, de ninguna manera es lo que pretendemos; porque a quién tiene que seguir usted, es a Jehová mediante Jesucristo, a través de la consideración de Su Palabra, la Biblia y no a nosotros o algún otro. Porque solo de Él y si así lo hace, recibirá todas esas bendiciones de las que le hemos hablado.

Luego si toma esa decisión que le hemos apuntado, pasará a engrosar ese número de personas que a lo largo y ancho del mundo, solo tienen como referente y guía en su vida a las Escrituras; y personas que sin necesariamente estar identificadas con algún tipo de organización religiosa de hechura humana, sin siquiera conocerse entre ellas, son fieles a Jehová y obedientes seguidores de Su Hijo Jesucristo, confiando plenamente en su propósito. Y recuerde, que los discípulos de Jesús, también tuvieron que abandonar la organización religiosa a la que pertenecían para poder ser  seguidores Jesús, que no recordamos que en ningún momento mencionara nada acerca de adherirse a otra organización sustitutoria, sino que lo que él dijo fue otra cosa:

Jesús le dijo: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por .” (Juan 14:6).

Luego si usted también toma la decisión de obrar en consecuencia…… pues enhorabuena ¡y bienvenido al club!

MABEL

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