Archivo para febrero, 2010

LA CERTEZA DE LA VIDA ETERNA.

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , on 27/02/2010 by Armando López Golart

Si nuestro querido lector nos lo permite, señalaremos de nuevo que el objetivo de nuestro blog, no es el de impartir enseñanza ni crear doctrina, sino de alguna manera intentar aclarar algunas afirmaciones un tanto erróneas, siempre desde nuestro punto de vista, que se publican en Internet y que pudieran llevarle a confusión…… y eso es lo que, según nuestro entender, hace el artículo que vamos a someter a consideración. Se trata del publicado por Apologista Mario Olcese, con fecha 24 de Febrero de 2010 y que pareciéndonos interesante en esencia, hay algunas observaciones que consideramos necesarias para aquellas personas que lo puedan leer. Y que como siempre que hablamos de otro autor, les recomendamos que así lo hagan, para obtener con ello una clara perspectiva de lo publicado y que a la vez, les permita evaluar el correcto fundamento o no, de nuestra posición. El artículo en cuestión, se titula: “¿Es posible realmente saber si uno es salvo? ¡Pues no…. aún!” y publicado en su blog:Apologista.wordpress.com”. La idea sobre la que gira dicho artículo es la siguiente, según palabras de su autor:

Lo que los cristianos deben entender es que la salvación es un proceso que empieza con nuestra conversión o arrepentimiento y la aceptación por fe en Cristo y su evangelio del reino.” (Negritas nuestras)

O sea, según él, la salvación “es un proceso” y para probar este extremo, cita de Filipenses 2:12, que dice así:

De modo que, amados míos, así como habéis obedecido siempre (no sólo cuando yo estaba presente, sino mucho más ahora en mi ausencia), ocupaos en vuestrasalvacióncon temor y temblor.”

Con lo cual parece que Apologista nos está diciendo, que uno solo sabrá si tiene la salvación o la posibilidad de vivir eternamente al final de una carrera de ímprobos esfuerzos. A continuación y en un siguiente subtema, pasa a analizar la necesidad “de ser perfectos”para alcanzar dicha salvación y citando para ello de 2 Pedro 1:5-11, en donde se detallan una serie de cualidades que el cristiano debe de ir atesorando de forma gradual y a través de su vida como tal, para alcanzar al final saber si le ha tocado “la lotería” de acceder a la vida eterna o no…… pero es que resulta que eso no es así, porque sencillamente, la Biblia no parece decir esto. De entrada, tenemos que considerar la imposibilidad de llegar a ser perfectos en este sistema de cosas en el que mal vivimos y lo cual solo se conseguirá al término del Milenio, cuando la humanidad sobreviviente alcanzará, gracias a los beneficios impartidos durante ese tiempo por Jehová y mediante Cristo y resto de gobernantes asociados, la misma perfección de la que disfrutaron Adán y Eva. Entonces seremos perfectos; y es cierto que el citado autor usa el texto de Prov. 2:21, para probar su teoría y citando de RV 1960, dice así:

Porque los rectos habitarán la tierra. Y los perfectos permanecerán en ella.

Pero claro, es que resulta que todas las demás versiones consultadas, incluidas las versiones RV 1989 y 1995, sustituyen dicha expresión por la de “íntegros” o “rectos”y con lo cual no estaríamos hablando de lo mismo:se puede ser íntegro, sin necesidad de ser perfecto…… mientras que se puede ser perfecto y no guardar integridad (caso de Adán). Y es que entendemos nosotros que hay que ir con mucho cuidado y asegurarse mucho antes de transcribir algunos textos, para no llevar a nuestros lectores a ideas que pudieran confundirles. No olvidemos por otra parte, la responsabilidad que ello conlleva, dado que estamos hablando de la palabra de Jehová y con la consiguiente repercusión sobre aquellos que nos puedan leer, lo cual no es ninguna broma.

Pero es que también el artículo en cuestión, lo que hace de inicio es poner una barrera casi insalvable para aquellas personas que se inician en el estudio de las Escrituras: nada menos que llegar a ser perfectos y para lo cual hay que hacer no sé cuántas cosas, para poder conseguir la salvación o la vida eterna. Y es que, como hemos afirmado antes, las Escrituras no parecen ir en esa dirección, sino todo lo contrario y la cual cosa, quizás anime un poco a los recién iniciados en el estudio bíblico, así como a aquellos que aún se los están pensando. Lo que la Biblia nos está diciendo, es que aquellos que mediante conocimiento o estudio de las Escrituras, lleguen a cifrar su confianza o esperanza en la sangre derramada por Jesucristo y se hagan sus seguidores, ya tienen concedido y a partir de ese mismo momento, el derecho a la vida eterna y que si mantienen una conducta de integridad a los principios reflejados en las Escrituras, nadie, absolutamente nadie, les puede arrebatar. Y nada tiene eso que ver, con lo que afirman algunos de que cuando nos bautizamos, automáticamente somos hechos Hijos de Dios. Eso en una barbaridad que carece de todo soporte bíblico y que demuestra una nula comprensión del propósito final de Dios, aparte de desvirtuar el significado de Isaías 9:6.

Retomando el hilo de nuestra consideración, en el sentido de que cuando ejercemos fe en el sacrificio de Jesús y la plasmamos con nuestro bautismo en su nombre, ya adquirimos un derecho, vemos la certeza de tal afirmación en las siguientes palabras de Jesús, según Juan 6:40:

Esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que mira al Hijo y cree en él tenga vida eterna y que yo lo resucite en el día final.”

Luego vemos que aún antes de morir y ser resucitados y a partir del momento de dirigir nuestra atención al sacrificio redentor de Jesucristo y ejercer fe en él, ya tenemos alcanzado el derecho a la vida eterna…… pero es que Jesús dijo más, cuando garantizó lo siguiente en el pasaje de la resurrección de Lázaro:

Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá.” (Juan 11:25).

Porque cuando uno muere habiendo sido integro durante su vida,a los requisitos de la fe, se lleva consigo, por decirlo de alguna manera, el derecho otorgado de la vida eterna y que cuando resucita se le es reconocido, de tal manera que si continúa manteniendo dicha integridad en la prueba final y al término de los mil años del reinado de Cristo (Rev. 20:7-10), continuará viviendo eternamente; no porque allí y como premio se le conceda tal galardón, sino porque se le continúa respetandoese derecho que Jehová, en su infinita misericordia, le concedió en el mismo momento que aceptó a su Hijo. Y esa es toda la historia y no hay más.

Para ilustrarlo, imagínémonos a una estudiante de medicina, que feliz recoja al final de sus estudios y en solemne ceremonia, el título o diploma que la acredita como doctora en medicina ¿y que hace realmente ese documento?…… pues concederle el derecho a desempeñar la práctica profesional de la medicina y que mientras respete las responsabilidades que conlleva su Código Deontológico (Juramento Hipocrático), nunca se le será retirado por el Colegio de Médicos que se lo otorgó.

Y lo cual resulta muy distinto de lo que se nos ha contado en el citado artículo y que si nos lo permiten, vamos a comparar nuestro planteamiento con una creencia que se tiene en el mundo del ciclismo y que les dará a entender perfectamente la idea que queremos transmitir. Se dice que el Tour de Francia es por mucho la carrera ciclista más prestigiosa que existe, ya que se caracteriza por su dureza y a tal grado, que solo el terminarla ya se considera un mérito. Sin embargo, es opinión de todos los profesionales que han participado en ella, que cuando uno defiende el maillot amarillo de líder, tanto sus piernas como sus fuerzas se transforman. De tal manera es eso así, que se ha llegado a producir el caso de que dicha carrera la han ganado ciclistas que en un principio no contaban en los pronósticos y que en una etapa de transición se han adueñado de la prenda en cuestión, para luego no haber nadie que se la pudiera arrebatar. Lo que pretendemos decir, es que una cosa es luchar por algo posible de conseguir a corto, medio o largo plazo y otra muy distinta, pero que muy distinta, es luchar por defender o mantener aquello que ya se tiene…… y nuestro Creador, sabe eso perfectamente; pero veamos otro comentario del artículo del Sr. Olcese:

El diablo ha levantado engañadores que ofrecen una salvación automática y fácil. Ellos dicen que con sólo “aceptar a Cristo y recibirlo en su vida” usted ya es salvo… ¡mentira! Usted no ha sido salvo por aceptar a Cristo y su evangelio!…Usted ha aceptado a Cristo y su evangelio para entrar en el camino de la salvación. Usted ha aceptado correr la carrera cristiana para estar en forma para cuando Cristo regrese, y así él le pueda otorgar su corona de gloria por haber sido un buen “atleta cristiano.

Pero es que resulta que en la idea afirmada en este párrafo, hay un contrasentido con una de las enseñanzas básicas del autor en cuestión. Porque mientras que aquí se nos afirma que uno no tiene la salvación de inmediato, sino que lo que hace es iniciar un camino que debe llevarlo a ir creciendo en la madurez espiritual y solo al final de la carrera se verá si uno es salvo o no, la susodicha enseñanza básica del Sr. Olcese, es la de que cuando uno acepta a Cristo y su evangelio y se bautiza, automáticamente  pasa a convertirse en Hijo de Dios, en consecuencia hermano de Jesucristo y co-heredero, por tanto, del reino en calidad de rey y sacerdote…… y algo que pueden leer en cualquiera de sus artículos publicados que traten sobre del tema. Y todo ello en el mismo momento de bautizarse, siendo por tanto aún un bebé espiritual y sin haber alcanzado lógicamente la madurez requerida para tan alto ministerio…… y eso y con todos nuestros respetos, es una contradicción algo difícil de entender.

Por supuesto que uno y como hemos dicho, tiene el mantener integridad como requisito fundamental, faltaría más, ya que aquí y a diferencia de algunas organizaciones llamadas cristianas, no vale aquello de que una vez salvo, siempre salvo. Así como también es necesario, ir adquiriendo conocimiento de forma progresiva hacia la madurez:

“…… Desnúdense de la vieja personalidad con sus prácticas, 10 y vístanse de la nueva personalidad, que mediante conocimiento exacto va haciéndose nueva según la imagen de Aquel que la ha creado.” (Col. 3:9-10).

Luego de lo que se trata, es de una lucha constante, no con la esperanza de conseguir algo en un futuro, sino con la ilusión y el esfuerzo por mantener un maravilloso don que ya poseemos: elderecho a la vida eterna; veamos un ejemplo:

Y Dios es el que nos confirma con vosotros en Cristo y el que nos ungió; 22 es también quien nos ha sellado y ha puesto como garantía al Espíritu en nuestros corazones.” (2 Cor. 1:21-22).

El que aquí estaba hablando era Pablo y notemos lo que nos está diciendo: ellos ya sabían por aquel entonces y sin tener que esperar al final de sus vidas o al momento de su resurrección, que Jehová ya les había dado la confirmación en Cristo, los había sellado y ya les había puesto la garantía de todo ello en sus corazones. Luego ellos y en ese tiempo, ya tenían seguro y confirmado el galardón y que los únicos que podían perder tan maravilloso privilegio y al igual que nuestro primer padre Adán, eran ellos mismos, si no continuaban por el mismo derrotero que les había llevado a ser “escogidos”. Y aunque estamos hablando del reducido grupo de los “ungidos” o elegidos por Jehová para gobernar en el Reino junto a su Hijo Jesucristo en calidad de hermanos, lo mismo nos aplica a todos nosotros, los que no formamos parte de ese reducido grupo (Luc. 12:32).

Porque noten por favor, que estamos hablamos de un derecho y no de un hecho ya consumado, lo cual es muy distinto y que si nos lo permiten, intentaremos aclarar con un ejemplo por demás muy cotidiano: cuando usted compra un boleto o entrada para asistir a un evento o espectáculo programado para dos o tres meses vista (por decir algo), ya ha adquirido el derecho a estar presente en él cuando el tal se produzca y que será en un tiempo futuro. Que luego pueda llevar a cabo dicho derecho o no, ya depende del cuidado que usted haya tenido en poner a buen recaudo dicho boleto y con ello no perderlo, lo cual siempre suele depender, del aprecio o importancia que le dé al evento en cuestión. Pues eso es lo mismo: a los cristianos o verdaderos seguidores de Jesucristo, les ha sido entregado un boleto figurativo que les concede el derecho de acceder a la vida eterna y que si lo cuidan y valoran con sumo cuidado para no perderlo, mediante el no apartarse de llevar a cabo la voluntad de Jehová continuamente y superando cualquier impedimento o prueba que pueda surgir, cuando llegue el momento de la celebración del evento referido, allí estaremos en primera fila con el boleto en la mano.

Y que el Excelso Portero y Juez nombrado por nuestro Creador, Jesucristo, tomará de nuestras manos permitiéndonos la entrada al magnífico y deslumbrante recinto, donde se llevará a cabo el más grande y feliz espectáculo que jamás ojos humanos hayan podido contemplar. A dicho recinto se le conoce como “El Reino de Dios” y al espectáculo en cuestión, como: “El ser humano, de nuevo restaurado a la perfección”…… atractivo ¿no?

MABEL

RESPONDIENDO A UNA OBJECION.

Posted in Uncategorized with tags , , , , on 20/02/2010 by Armando López Golart

Hace unos días y después de publicar nuestro artículo: “¿Resucitarán todos los muertos?”, recibimos un comentario, que como mínimo nos sorprendió. Y puesto que no se trataba de un correo personal y sujeto por tanto a privacidad, sino de un comentario para exposición pública y de hecho, ahí está publicado en el apartado de comentarios del artículo en cuestión, pues entendemos que no hay ningún problema que le demos aquí de forma pública, la debida atención. Y como siempre, recomendamos al querido lector el leer dicho comentario citado, para así poder entender lo que nosotros vamos a replicar y de paso comprobar, si estamos en lo correcto o no.

En primer lugar, lo que nos queda claro es que nuestro artículo no ha sido leído con la atención debida, porque de lo contrario algunos argumentos de la réplica no se tendrían que haber producido, dado que están ampliamente explicados en nuestro escrito y con sus correspondientes textos de apoyo. Sin embargo nuestro amable objetante, inicia su escrito en los siguientes términos: “Querido Armando, creo que todos serán resucitados”, lo cual nos parece perfecto. Lo que ya no nos parece tan perfecto, es que no apoye dicha creencia con los oportunos textos bíblicos o en su defecto señalando en los usados por nosotros, algún posible error de interpretación o de aplicación. Porque resulta que si no hemos cometido los tales errores, nosotros tenemos la razón en lo que hemos publicado y nuestro comunicante está equivocado en su planteamiento, a pesar de lo que honestamente pueda creer. Y además, porque si concurre esta circunstancia de ausencia de error, tanto de interpretación como de aplicación, resulta que el que está hablando es Jehová y no nosotros, que solo nos limitamos a poner por escrito lo que entendemos que está reflejado en Su Palabra, la Biblia; así de sencillo. Porque veamos lo que se nos dice de los habitantes de Sodoma y Gomorra, por ejemplo:

Así también Sodoma y Gomorra y las ciudades circunvecinas después que ellas de la misma manera como los anteriores hubieron cometido fornicación con exceso, he ido en pos de carne para uso contranatural, son puestas delante de nosotros como ejemplo amonestador al sufrir el castigo judicial de fuego eterno.”

Considerado esto así, Judas 7 significaría que la gente inicua de Sodoma y Gomorra fue juzgada y destruida para siempre, dado que en las Escrituras, el fuego es símbolo de destrucción total y permanente (Rev. 20:14-15).

No olvidemos tampoco de donde proceden los resucitados, según Rev. 20:13:

Y el mar entregó los muertos que había en él y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos y fueron juzgados individualmente según sus hechos.”

O sea, los muertos que descansan en el fondo del mar y que por razones obvias no han podido ser enterrados y los que descansan en el Hades (Seol en hebreo), como símbolo del sepulcro común de la humanidad. Ahora bien, nada se nos habla sin embargo, de aquellos que Jehová no permitió que fueran sepultados, sino que ordenó quemarlos y que ya hemos visto lo que esto significa; veamos un ejemplo, en Jos. 7:15:

Y tiene que suceder que el que sea escogido con la cosa dada por entero a la destrucción será quemado con fuego (evidentemente, después de ser lapidado), él y todo cuanto le pertenece, porque ha traspasado el pacto de Jehová y porque ha cometido una locura deshonrosa en Israel.” (Acotación nuestra).

Sin embargo, sorprendentemente, notamos que a otros delincuentes Él ordenaba enterrar:

“…… su cuerpo muerto no debería quedarse toda la noche en el madero; antes bien, sin falta debes enterrarlo ese mismo día, porque cosa maldita de Dios es el que ha sido colgado; y no debes contaminar tu suelo, que Jehová tu Dios te da como herencia.” (Deut. 21:23).

Y puesto que no entendemos que eso fuera un “caprichín” de Jehová, algo se nos tiene que querer decir, al significar tan notable diferencia. Circunstancia esta que cuando Jesús estuvo aquí en la tierra pareció señalar, al ser muy concreto en lo que dijo:

No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz….” (Juan 5:28).

Luego él no menciono nada en el sentido de que todos los muertos en general tenían que resucitar, ya que solo hizo mención a aquellos que estaban en los sepulcros. Pero claro, Jesús no podía estar refiriéndose a la literalidad de esa afirmación, dado que la inmensa mayoría de las personas que habían existido antes que él, ya no estaban en sus sepulcros literales porque sus cuerpos descompuestos se habían fundido con la tierra. Luego de lo que él estaría hablando, es de personas que en cualquier época hubieran recibido sepultura y con lo que evidentemente, se refería a aquellas que a lo largo de la historia de la humanidad han muerto, no como consecuencia directa de un juicio de Jehová, las cuales o bien son consumidas por el fuego destructor o dejadas como estiércol sobre la superficie de la tierra, en señal de perpetuo desprecio y que nunca recibieron sepultura:

Y realmente los tenderán al sol y a la luna y a todo el ejército de los cielos, a los que ellos han amado y a los que han servido y tras los cuales han andado y que han buscado y ante los cuales se han inclinado. No serán recogidos, ni serán enterrados. Como estiércol sobre la haz del suelo llegarán a ser.” (Jer. 8:2).

Luego vemos un detalle distintivo entre unos muertos y otros: los que murieron por causas humanas (por llamarlo de alguna manera) y que normalmente recibieron sepultura y aquellos que fueron destruidos a causa del juicio divino y que según leemos, no la recibieron.

Que eso es así, nos lo confirma un detalle que no suele tenerse en consideración, pero que ahí está…… y es que no olvidemos, que en la Palabra de Jehová un simple punto o coma tienen su importancia, por ello entendemos digno de mención dicho detalle; veamos: al inicio del párrafo anterior, hemos considerado Rev. 20:13, que nos habla acerca de que el mar y el hades, entregaron a sus muertos, pero ¿por qué se establece tal distinción? ¿Por qué no dice “…… y todos los muertos fueron levantados y fueron juzgados individualmente según sus hechos.”? Pues no puede decirlo, porque de ninguna manera esto es así, aunque nuestro querido objetor esté convencido de ello, pues solo resucitan aquellos que desde que el mundo es mundo, han muerto y sido sepultados y por lo tanto, repetimos, no los que a causa de un juicio adverso y directo de Jehová, han sido consumidos por el fuego o dejados como estiércol sobre la superficie del suelo y que en consecuencia, seguro que no han recibido sepultura. Por eso Rev. 20:13, necesita especificar que también los que están en el mar, son resucitados aunque no fueran literalmente enterrados y por tanto, no se pudiera afirmar, simbólicamente, que están en el sepulcro. Y para que quede claro y según entendemos, señalamos el hecho de que las Escrituras ponen el énfasis, no en el mero hecho físico del ser sepultado o no, sino en el hecho de haber muerto como víctima directa de un juicio adverso del Altísimo y que es lo que realmente priva a uno de la resurrección.

No sea que nos salga alguien diciendo que en la India continúan con la tradición de incinerar a sus difuntos en pilas funerarias o que en occidente se suele usar en algunos casos la cremación del cadáver para recoger sus cenizas en un jarrón y que en consecuencia, esas personas tampoco tendrían que resucitar, porque no han recibido literal sepultura…… y que tampoco sería así, debido que tanto en un caso como en otro, han recibido honras fúnebres a diferencia de los ejecutados directamente por Jehová y que es del punto que estamos tratando. Y es que además y en el sentido de que no todos resucitarán, tenemos el incontestable testimonio de Jesús en Lucas 20:35, cuando respondiendo a una capciosa pregunta de los saduceos dijo que habían aquellos “ …… que han sido considerados dignos de ganar aquel sistema de cosas y la resurrección de entre los muertos……”, por lo cual se deduce, lógicamente, que también estaban, están y estarán, aquellos que no han sido considerados dignos de ganar la resurrección ni el sistema venidero, luego entonces de nuevo vemos, que no todos los muertos serán resucitados. Porque veamos unas palabras que nos confirman que en un futuro habrá muchas personas no consideradas dignas de una resurrección y que encontramos en una profecía a cumplir en nuestros días:

Esto es lo que ha dicho Jehová de los ejércitos: ‘¡Miren! Una calamidad va a salir de nación en nación, y una gran tormenta misma será levantada desde las partes más remotas de la tierra. 33 Y los muertos por Jehová ciertamente llegarán a estar en aquel día desde un extremo de la tierra hasta el mismísimo otro extremo de la tierra. No serán plañidos, ni serán recogidos ni enterrados. Quedarán como estiércol sobre la superficie del suelo.” (Jer. 25:32-33).

Y desde luego, de lo que menos se puede deducir de esas palabras, es de una futura resurrección como premio para tales personas…… ahora bien, si nuestro querido objetor desea continuar defendiendo su teoría, tiene todo el derecho. Pero nuestro amable objetor también nos plantea un supuesto y que tiene que ver con un personal giro radical de pasando de ser un creyente, a convertirse en un furibundo ateo y enemigo de la fe, siguiendo a continuación con el siguiente razonamiento:

Bajo la perspectiva tuya, yo ya no tengo otro destino sino la condenación eterna en el gehenna cuando muera. Eso significaría que nunca resucitaré. ¿Entonces cuál es mi castigo por mi necedad? ¿Simplemente no resucitar, o no volver a la conciencia y permanecer destruido para siempre en el sueño eterno del Gehenna? ¿Cómo entonces, sabré yo que estuve errado y que Dios efectivamente existía y que es el Soberano del universo, si nunca más regresaré a mi conciencia? ¿Entonces a quien aplicamos Hebreos 10:31?

Y después de matizarle que de ninguna manera estamos hablando desde una perspectiva personal, dado que cuando un argumento se sustenta sobre textos bíblicos y de los que por cierto, no nos ha rebatido ni uno solo, resulta que estamos hablando desde de la perspectiva de Jehová, pasaremos a responderle sus preguntas una a una.

¿Entonces cuál es mi castigo por mi necedad?

Pues sencillamente perder la oportunidad de conseguir vida eterna.

¿Simplemente no resucitar, o no volver a la conciencia, y permanecer destruido para siempre en el sueño eterno del Gehenna?

Bueno, si considera simplemente el no resucitar y permanecer destruido para siempre como “peccata minuta”, pues en fin, nada que objetar.

¿Cómo entonces, sabré yo que estuve errado y que Dios efectivamente existía y que es el Soberano del universo, si nunca más regresaré a mi consciencia?

Es que eso ya se sabe antes de ser condenado, porque Jehová jamás ha destruido a nadie sin que este supiera quién era Él y el porqué de su condena, por ejemplo, el Faraón de Egipto. Todos sus juicios condenatorios para destrucción, han tenido que ver con enfrentamientos graves a Su Soberanía o disposiciones reglamentarias como, otro ejemplo, la altanera rebelión de Coré y compañía al enfrentarse a su representante legal, Moisés.

¿Entonces a quien aplicamos Hebreos 10:31?

Veamos que dice el texto: “Es cosa horrenda caer en las manos del Dios vivo.” Ya leído, vemos que aplica a aquellas personas que a diferencia de usted, amigo objetor, sí entienden como grave el no ser resucitado y por ello, condenados a destrucción eterna. Porque de lo que nos habla este texto, es de lo inapelable e inmutable del juicio de Jehová que “….es paciente para con ustedes, porque no desea que ninguno sea destruido.” (2 Ped. 3:9). Solo cuando Él ve (y en ultimísima instancia), que la condición de nuestro corazón no va a experimentar ningún cambio positivo, pasa a condenar para destrucción. Porque Él sabe positivamente, que ha habido, hay y habrán personas que bajo ninguna circunstancia, cambiarán para bien:

Aunque se haga gracia al malvado, no aprende justicia; en tierra recta se tuerce y no teme la majestad de Yahveh.” Isa. 26:10.

Y ya en su último párrafo, nuestro buen amigo nos dice en primer lugar, lo siguiente:

Según tu tesis, los apóstatas simplemente morirán y no resucitarán después de esta vida para enfrentar un juicio y así encontrarse con el Dios que negaron y se burlaron.”

Bien, de entrada tenemos que negarle la mayor: no es nuestra tesis, sino la de Pablo:

Porque es imposible que los que fueron una vez iluminados, que gustaron del don celestial, que llegaron a ser participantes del Espíritu Santo, 5 que también probaron la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero 6 y después recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento; puesto que crucifican de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y le exponen a vituperio. (……) 8 Pero la que produce espinos y abrojos es desechada, está cercana a la maldición y su fin es ser quemada.” (Heb. 6:4-8).

O sea, son destruidos en el momento de su muerte y sin esperanza de resurrección…… y ya finalmente su último pensamiento:

Eso me parece muy cómodo y muy conveniente para los herejes, pues si no hay un juicio después de esta vida para ellos, sino simplemente el permanecer inconscientes en el Gehenna, ¿qué temor podrían sentir ellos por un futuro lúgubre y espantoso que consiste en enfrentar el juicio de Dios?

En fin, no acabamos de entender el sentido de la comodidad y de la conveniencia, que parece tener nuestro objetor, por lo cual obviamos cualquier comentario; y en cuanto a la pregunta, responderle que el temor y la agonía ya lo sufren en el momento de ser conocedores de su destino, como en el caso de Judas que acabo suicidándose, antes de seguir aguantando tan grande y agónico sufrimiento. Porque él sabía qué había hecho y lo que en consecuencia le aguardaba.

Y probablemente como él dice para concluir su comentario, algunos errorcillos serios, tendremos en el artículo en cuestión o en algún otro, quién sabe; pero lo que sí es cierto, es que hasta el momento y nuestro objetor no ha sido la excepción, nadie nos ha podido probar la incorrecta interpretación o dudosa aplicación de un solo texto, de ninguno de los innumerables que hemos usado en nuestras publicaciones. Porque eso, queridos amigos y no otra cosa, es lo que hay que hacer para que una objeción tenga peso y sea considerada como seria pues no vale el dar uno su opinión, como simplemente ha hecho nuestro objetor y no probarla con un solo texto y para uno que se cita y a juzgar por el contenido del párrafo en el que está inserto, pues como que tenemos nuestras reservas acerca de su correcta interpretación.

Luego siendo que de momento, no hemos recibido ningún tipo de corrección, tenemos que entender que lo que nosotros hemos publicado es sencillamente correcto y ajustado a la Palabra de Jehová…… y en el bien entendido de que damos por supuesto, que tal circunstancia puede cambiar en cualquier momento, porque nosotros, también nos podemos equivocar. Y no podemos finalizar nuestra respuesta a nuestro amigo objetor, sin agradecerle la deferencia que nos ha mostrado al leernos y tomarse la molestia de presentar su discrepancia, así como la corrección con la que se ha expresado…… y es que así, da gusto.

MABEL

“HACIENDO NUEVAS TODAS LAS COSAS”

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , , on 18/02/2010 by Armando López Golart

Cierre por un momento los ojos, por favor, e imagínese la siguiente escena: se ve a personas de diferentes razas (la negra, la blanca y la amarilla) conviviendo juntas como una sola familia y con radiantes caras de felicidad. Es evidente entonces, que estas personas no están preocupadas por una posible lluvia radiactiva, ni por la amenaza del terrorismo ni por cualquier otra; no se oye por otra parte, el rugido que señala la presencia de aviones de guerra que irrumpan en el tranquilo cielo de este hermoso parque…… ni soldados, ni tanques, ni armas de ninguna clase. Es más, ni siquiera la presencia de algún policía para mantener el orden: sencillamente la guerra y el delito, ni la escasez de viviendas, de trabajo o de sustento, son cosas del pasado, pues cada persona tiene un hermoso hogar propio y a su alrededor, abundancia de alimentos hasta donde la vista nos alcanza.

Fíjese ahora en los niños jugando felices, tranquilos y seguros ¡da gusto verlos jugar! ¿No es cierto? ¿Y ha visto con qué animales juegan? ¡Es increíble! Y es que no corren ningún peligro en este bello entorno, porque los animales están en paz con el hombre y entre sí mismos; aun el león y el cordero se hallan juntos. Observe el revoloteo de esas hermosas aves de vivos colores y escuche su bello canto, que se confunde con la alegre risa de los niños inundando el ambiente, porque aquí todo es libertad y gozo ilimitado. Huela la fragancia de esas flores, escuche el murmullo del agua, sienta el grato calor del sol. ¡Ah, qué agradable sería saborear una de esas frutas que hay en esos árboles que se ven al fondo! Y es que la tierra produce lo mejor, lo más selecto, como todo cuanto se puede ver y disfrutar en este hermoso jardín semejante a parque.

Pero un momento, ¿dónde están las personas de edad avanzada? ¿No deberían participar también de esta feliz sociedad?”, se pregunta Ud.; y es que en realidad están ahí, pero disfrutando de la plenitud de sus capacidades físicas, según promesa de Jehová.

Que su carne se haga más fresca que en la juventud; que vuelva a los días de su vigor juvenil” (Job 33:25).

Y es que en este idílico parque, nadie muere de vejez, porque sencillamente no existe: los jóvenes crecen hasta alcanzar la plenitud de su desarrollo y ya no envejecen y sea que tengan 20 años de edad, 200 o 2.000, cada una de los millones de personas que viven en este parque goza del entusiasmo y vigor propios de la juventud en salud perfecta; pero…… ¿millones?, quizás se pregunte usted. Sí, sí, o oido bien: millones, porque este parque se irá extendiendo gradualmente por toda la Tierra, rebosando de vida, paz y belleza hasta los mismísimos confines de la Tierra, desde el Fuji Yama hasta los Andes, desde Hong Kong hasta el Mediterráneo. Porque toda la Tierra quedará transformada en un parque paradisíaco…… y sí querido amigo, lo que Ud. ha visto en esta imagen, es la restauración del Paraíso en toda la Tierra.

¿Dice usted que es increíble? Bien, no obstante ¿qué le parece, si pasamos a considerar los hechos que lo demuestran? Pero no olvide, que de ser cierto, tanto usted como sus personas amadas, pueden llegar a ser sobrevivientes de la desaparición de este caótico mundo, tal y como desgraciadamente ahora conocemos y entrar en el Paraíso cuya representación ha estado por unos momentos en su mente. De entrada, estas magníficas promesas y la garantía de su realización, se explican en un libro, por demás, el libro más maravilloso que se haya escrito: La Biblia; y siendo cierto que es un libro muy antiguo, ya que partes de este fueron escritas hace unos 3.500 años, sin embargo, está más al día que cualquier otro libro en lo que respecta a consejo bien fundado y práctico para las necesidades de nuestro tiempo. Sus profecías presentan una brillante esperanza para el futuro y siendo por mucho el libro de mayor circulación de toda la historia, pues se han distribuido por todo el mundo cerca de 2.500.000.000 de ejemplares de toda la Biblia, o partes de ella, en unos 1.800 idiomas y dialectos.

Con certeza ningún otro libro sagrado ha tenido una distribución tan universal, ni por supuesto, los demás libros sagrados son tan antiguos. Por ejemplo, el Corán de los musulmanes tiene menos de 1.400 años, mientras que Buda y Confucio vivieron hace unos 2.500 años, datando sus escritos de aquella época. Los escritos sintoístas fueron compuestos en su forma actual hace unos 1.200 años, mientras que El Libro de los Mormones tiene tan solo unos 180 años de antigüedad. Pero ninguno de estos libros llamados “sagrados” traza con exactitud la historia de la humanidad durante los pasados 6.000 años como lo hace la Biblia. Por lo tanto, para entender cómo se dio comienzo a la religión original hay que acudir a la Biblia, ya que sin lugar a dudas, es el único libro con un mensaje de carácter universal para toda la humanidad.

Su sabiduría y belleza han sido aclamadas por pensadores de todas las naciones y de todas las clases sociales; por ejemplo, Sir Isaac Newton, renombrado científico y descubridor de la ley de la gravedad, dijo: “Ninguna ciencia está mejor autenticada que la Biblia”. Patrick Henry, el famoso líder revolucionario americano, conocido por sus palabras “Denme libertad o denme muerte”, dijo: “El valor de la Biblia supera al de todos los libros que se hayan impreso”. Hasta el gran sabio hindú, Mohandas K. Gandhi, dijo una vez en conversación con el virrey británico de la India: “Cuando el país suyo y el mío obren a una en conformidad con las enseñanzas que Cristo estableció en este Sermón del Monte, habremos resuelto no solo los problemas de nuestros países, sino los del mundo entero”. Gandhi evidentemente, se refería a los capítulos 5 al 7 del libro bíblico de Mateo. Lea esos tres capítulos detenidamente y verá si no le conmueve su poderoso y sabio mensaje.

Contrario a la opinión popular, la Biblia no es producto de la civilización occidental ni fue escrita para glorificarla, pues la Biblia fue escrita casi íntegramente en el Oriente y los hombres que la escribieron fueron orientales. Sobre 1513 a.E.C., unos mil años antes de Buda, Moisés, un hombre que vivía en el Oriente Medio, escribió por inspiración divina el primer libro de la Biblia, llamado Génesis y siendo el caso, que desde este primer libro y a través de todas las páginas de la Biblia, hasta su último libro, Revelación o Apocalipsis, esta desarrolla un tema único y armonioso: la restauración del ser humano a su condición original, mediante la instauración del reino de Dios. Dicha pequeña biblioteca, quedó terminada en el año 98 E.C., unos 600 años después de Buda, porque ¿sabía usted que la Biblia se compone de 66 libros diferentes? Luego entonces realmente la Biblia es una biblioteca en sí misma, que aunque corta en cantidad, es inalcanzablemente alta en cuanto a contenido y sabiduría.

Desde Moisés en adelante y a través de un período de 1.600 años, unos 40 hombres participaron en escribir el armonioso registro de la Biblia. Ellos mismos dan testimonio de que lo que escribieron fue inspirado por un poder muy superior al del hombre mortal; a este respecto, el apóstol cristiano Pablo escribió:

Toda Escritura es inspirada de Dios y provechosa para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas, para disciplinar en justicia.” (2 Tim. 3:16).

Y el apóstol Pedro explicó de modo similar:

Ninguna profecía de la Escritura proviene de interpretación privada alguna. 21 Porque la profecía no fue traída en ningún tiempo por la voluntad del hombre, sino que hombres hablaron de parte de Dios al ser llevados por espíritu santo.” (2 Ped. 1:20-21).

También es sumamente notable la manera como la Biblia, el libro más perseguido de la historia, ha llegado hasta nuestros días; y es que por miles de años y hasta la invención de la imprenta hace de ello, unos 500 más o menos, las copias de la Biblia tenían que hacerse a mano y siendo el caso de que jamás en la historia, otra obra literaria ha sido reproducida a mano tan diligentemente y con tanta profusión. Fue copiada una y otra vez, pero siempre con gran cuidado, por ello los copistas incurrieron en pocos e insignificantes errores, los cuales al ser comparados entre sí, han contribuido a establecer el texto original que Dios inspiró. Sir Frederic G. Kenyon, brillante arqueólogo y papirólogo británico y una autoridad preeminente en el campo de los manuscritos bíblicos, dijo:

La última base para duda respecto a que las Escrituras, hayan llegado hasta nosotros sustancialmente como fueron escritas, ha desaparecido.”

Aún hoy, habrá en existencia unas 16.000 copias manuscritas de toda la Biblia o partes de ella, algunas de las cuales se han conservado desde el segundo siglo antes de Cristo. Además, se han hecho traducciones fieles de la Biblia a partir de los idiomas en que originalmente fue escrita (hebreo, arameo y griego), a prácticamente todas las lenguas del mundo.

Hay quienes han tratado de desacreditar la Biblia diciendo que es inexacta; sin embargo, en años recientes los arqueólogos han realizado excavaciones en las ruinas de ciudades antiguas que se hallan en tierras bíblicas y han encontrado inscripciones y otras pruebas que demuestran definitivamente la existencia de personas y lugares cuya mención figura en los manuscritos bíblicos más antiguos. Los arqueólogos han desenterrado mucha evidencia en torno a la existencia de un diluvio global, el cual y según la Biblia, ocurrió hace más de 4.000 años, en los días de Noé. Respecto a esto, el príncipe Mikasa, miembro de la familia real japonesa y conocido arqueólogo, dijo en su día:

¿Hubo realmente un Diluvio? (…..) El hecho de que lo hubo, ha sido demostrado convincentemente”.

Así como hay personas que se burlan de la Biblia, hay quienes se burlan de la existencia de un Dios Todopoderoso (2 Ped. 3:3-7), pues algunos dicen: “¿Cómo puedo creer en Dios si no lo veo? ¿Hay pruebas de que realmente existe un Creador invisible que es superior al hombre? ¿No está Dios en todas las cosas?”. Otros dicen: “No existe ni Dios ni Buda”. Sin embargo, la Biblia muestra que así como todos hemos recibido la vida a través de un progenitor humano, de la misma manera nuestros primeros padres recibieron la vida procedente de un Padre celestial o Creador, cuyo nombre personal es Jehová o Yahveh, según la traducción usada o la denominación religiosa con la que cada uno se asocia (Sal. 83:18). Jehová (este es el nombre que nosotros usamos) se ha revelado a la humanidad de dos maneras sobresalientes: la principal es mediante la Biblia, la cual nos da a conocer su verdad y su propósito eterno (Juan 17:17); la otra es mediante su creación y siendo el caso que un prominente escritor bíblico, el apóstol Pablo, dijo lo siguiente:

Porque las cualidades invisibles de él se ven claramente desde la creación del mundo en adelante, porque se perciben por las cosas hechas, hasta su poder sempiterno y Divinidad, de modo que ellos son inexcusables.” (Rom. 1:20).

Y muchas son las personas que se han detenido a observar las maravillas naturales que nos rodean y han llegado a percibir la existencia de un Dios Creador cuya personalidad majestuosa se refleja en sus obras y siendo ÉL, el Autor de la Biblia y cuya existencia es eterna (Sal. 90:1-2). Su nombre, Jehová (Yahveh, repetimos, según traducciones), llama la atención a su propósito relacionado con sus criaturas y el cual es vindicar su gran nombre al destruir al inicuo y liberar a todos los que le aman, a fin de que puedan vivir en un paraíso terrestre restaurado (Isa. 35:1-2). Como Dios Todopoderoso, él tiene el poder de hacerlo, ya que como Creador de todo el universo, está muy por encima de los dioses e ídolos ordinarios de las naciones (Isa. 42:5; 8).

Dicho plan, empezó a gestarse en los mismos inicios de la humanidad cuando Dios puso al hombre en “un jardín en Edén, hacia el este”. Era un jardín de placer, como el jardín que nos hemos imaginado al principio, aunque en ese entonces solo había dos seres humanos, Adán y su esposa…… hoy, aquel Paraíso original ya no existe, pues fue destruido en el Diluvio del día de Noé; pero se conoce su ubicación aproximada en el Oriente Medio, puesto que algunos de los ríos que la Biblia dice que pasaban por él, aún existen hoy (Gén. 2:7-14). En ese tiempo, el hombre tenía la maravillosa oportunidad de usar este jardín como centro desde el cual extenderse y cultivar la Tierra entera, convirtiéndola en un paraíso global (Isa. 45:12-18). Pero entonces, si el propósito de Dios era hacer de esta Tierra un paraíso ¿por qué está tan llena de iniquidad, sufrimiento y lamento hoy día? Por otra parte y si Dios es Todopoderoso ¿por qué ha permitido estas condiciones por tanto tiempo? ¿Hay esperanza de que terminen alguna vez todos nuestros problemas? ¿Qué dice la Biblia, acerca de estas cuestiones? Veamos:

La Biblia enseña que los problemas de la humanidad empezaron cuando uno de los hijos espíritus de Dios (ángeles), se rebeló contra la soberanía o dominio de Jehová y que sin duda, estaba entre aquellos que se regocijaron al ver la creación de la Tierra (Job 38:7). Pero entonces la codicia y el orgullo se arraigaron en su corazón y fue tentado por el deseo de recibir la adoración que Adán y Eva debían a su Creador, Jehová Dios. Hablando por medio de una serpiente, cual ventrílocuo habla por medio de un muñeco, este ángel indujo a Eva a desobedecer al Dios Todopoderoso y siendo el caso que su esposo, Adán, la siguió en la desobediencia (Gén. 3:1-6). Ese ángel rebelde llegó a conocerse como “la serpiente original” (Rev. 12:9), al que también se le llama Satanás, que significa “Opositor” y Diablo, que significa “Calumniador”. Dicha rebelde criatura espíritu, puso en tela de juicio la legitimidad y justicia de la gobernación de Jehová sobre la Tierra y desafió a Dios diciendo que él, Satanás, podía apartar a toda la humanidad de la adoración verdadera, pues esta y según su argumento primario, se podía gobernar perfectamente sin depender de Dios. Dios le ha permitido a Satanás unos 6.000 años para intentar probar su alegación, de modo que la cuestión sobre la soberanía de Jehová pueda zanjarse de forma definitiva y para toda la eternidad. Que la gobernación humana independiente de Dios ha fracasado miserablemente, queda probado cuando miramos a nuestro alrededor y vemos lo que vemos, aunque también es cierto que hombres y mujeres de fe, entre quienes Jesús es el ejemplo más sobresaliente, han mantenido integridad a Dios bajo las pruebas más severas, vindicando con ello a Jehová y probando que Satanás es un mentiroso. Además de que con su ejemplo, nos han dejado un camino perfectamente marcado (Luc. 4:1-13; Job 1:7-12; 2:1-6; 27:5)…… pero Satanás no es el único enemigo que nos aflige, luego ¿qué otro enemigo existe? Recordemos que Dios había declarado la pena por la desobediencia: la muerte; y es que al sentenciar a la primera mujer, Jehová dijo:

Aumentaré en gran manera el dolor de tu preñez; con dolores de parto darás a luz hijos y tu deseo vehemente será por tu esposo y él te dominará”. A Adán le dijo: “Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas al suelo, porque de él fuiste tomado. Porque polvo eres y a polvo volverás.” (Gén. 3:16-19).

La pareja desobediente fue expulsada del Paraíso de felicidad a la tierra sin cultivar y con ello, el principio de nuestras desdichas, pues con el tiempo y en cumplimiento de la afirmación de su Creador, murieron (Gén. 5:5) y fue solo después de haber errado el blanco de la lealtad y obediencia debidas a Jehová, que Adán y Eva empezaron a tener hijos, siendo por ello todos los hombres sus descendientes imperfectos y por eso todos mueren. Un escritor bíblico lo explica con las siguientes palabras:

Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo y la muerte mediante el pecado y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado” (Rom. 5:12).

Puesto que todos los hombres han heredado el pecado y la imperfección del primer hombre Adán, la muerte ha reinado sobre ellos (Rom. 5:12; 14) y como consecuencia el hombre caído, muere tal como mueren los animales:

Yo, yo mismo, he dicho en mi corazón tocante a los hijos de la humanidad, que el Dios verdadero va a seleccionarlos, para que vean que ellos mismos son bestias. 19 Porque hay un suceso resultante respecto a los hijos de la humanidad y un suceso resultante respecto a la bestia y ellos tienen el mismo suceso resultante. Como muere el uno, así muere la otra; y todos tienen un solo espíritu, de modo que no hay superioridad del hombre sobre la bestia, porque todo es vanidad. 20 Todos van a un solo lugar. Del polvo han llegado a ser todos, y todos vuelven al polvo.” (Ecl. 3:18-20).

¿Y qué es sencillamente la “muerte”? Pues sencillamente lo opuesto a la vida; recordemos que Dios había colocado ante el hombre la perspectiva de vida sin fin en la Tierra si este obedecía, por tanto al desobedecer el hombre, la pena fue la muerte, o sea, la inconsciencia o la no existencia. Y Dios no había dicho nada respecto a transferir la vida del hombre a una región de los espíritus o a un “infierno” de fuego si desobedecía y moría, ya que sus palabras fueron “…… el día que comas de él, positivamente morirás”. Fue el Diablo homicida quien mintió al decir que “positivamente no morirán” (Gén. 2:17; 3:4). Luego lo que todos los hombres han heredado de Adán es la muerte, la vuelta al polvo:

Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas al suelo, porque de él fuiste tomado. Porque polvo eres y a polvo volverás.” (Gén. 3:19).

¿Qué hay entonces de ese hermoso futuro que habíamos imaginado al principio? Pues continúa en pié ya que Biblia enseña que el propósito de Dios de tener una tierra paradisíaca para toda la humanidad, incluso para los que han muerto, nunca fracasará:

“…… así resultará ser mi palabra que sale de mi boca. No volverá a mí sin resultados, sino que ciertamente hará aquello en que me he deleitado y tendrá éxito seguro en aquello para lo cual la he enviado.” (Isa. 55:11).

Pero recordemos que el hombre estaba bajo maldición de muerte, luego ¿cómo podría arreglar eso Jehová? Pues de la siguiente manera:

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16).

Hay tres cosas importantes que tenemos que considerar ahora y que Jehová logra mediante su Hijo, a saber, 1º la provisión de una liberación del poder de la muerte; 2º el establecimiento de un gobierno perfecto para toda la humanidad y 3º la restauración de los muertos a la vida y lo que conocemos como El Plan de Dios; luego veamos el primero de esos tres puntos:

Desde tiempos antiguos, los profetas de Dios han expresado su confianza, no en la inmortalidad del hombre, sino en la esperanza de que Dios los “recobraría” de la muerte:

De la mano del Seol los redimiré; de la muerte los recobraré. ¿Dónde están tus aguijones, oh Muerte? ¿Dónde está tu poder destructor, oh Seol? La compasión misma estará oculta de mis ojos.” (Oseas 13:14).

Pero ¿cómo podría ser liberado el hombre de las ataduras de la muerte? La justicia perfecta de Jehová requería “..…. alma por alma, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.”(Deut. 19:21). Así, puesto que Adán acarreó la muerte a toda la humanidad al desobedecer voluntariamente a Dios y así perder su vida perfecta, lógicamente lo que pasó a su prole fue imperfección. Pero es que lo que se necesitaba, era otro ser humano perfecto para compensar lo que Adán perdió y dando su vida perfecta, recobrar de nuevo aquello perdido…… y eso no podía producirlo el hombre.

Este principio de justicia de pagar “igual por igual” ha sido ampliamente aceptado durante toda la historia y siendo la expresión más usada comúnmente, como el “pagar un rescate”. Luego ¿qué es un rescate? Pues es el precio que se paga para recobrar a una persona, bien o cosa, de alguien que la retiene en cautiverio o como prenda de intercambio. Luego Jehová, para liberar al hombre, tenía que proveerse un rescate equivalente que armonizara con su propia ley “…… ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie”. Para evitar cualquier tipo de controversia en el momento o en el futuro respecto a la justicia del precio del rescate, era necesario sacrificar una vida humana perfecta, es decir, el equivalente exacto de Adán. Sin embargo ¿dónde podía encontrarse esta vida humana perfecta, si todos los hombres, como descendientes del imperfecto Adán, habían nacido imperfectos? Y la conclusión del asunto, no podía ser más descorazonadora:

Ni uno de ellos puede de manera alguna redimir siquiera a un hermano, ni dar a Dios un rescate por él.” (Sal. 49:7).

Sin embargo Jehová, motivado por su profundo amor a la humanidad, satisfizo esa necesidad al proveer a su precioso Hijo “primogénito” como el sacrificio necesario para la recuperación de ese bien perdido. Mediante Espíritu Santo, engendró un Hijo en la matriz de una virgen judía llamada María; esta joven concibió y al debido tiempo dio a luz un hijo que fue llamado “Jesús” (Mat. 1:18-25). Y es que el Creador de la vida, lógicamente podía ejecutar tal milagro maravilloso; luego Jesús creció y se hizo hombre, se presentó a Jehová y fue bautizado, comisionándolo Dios entonces, para hacer Su voluntad (Mat. 3:13, 16-17) y puesto que la vida humana de Jesús provenía de Dios y era perfecta, él podía sacrificarla para liberar a la humanidad de la muerte (Rom. 6:23; 5:18-19). Como él mismo dijo:

Nadie tiene mayor amor que éste: que alguien entregue su alma a favor de sus amigos.” (Juan 15:13.)

Cuando Satanás hizo que Jesús muriera ajusticiado como un vulgar criminal, Jesús se sometió a esta muerte cruel sabiendo que los humanos que ejercieran fe su sacrificio, obtendrían la vida mediante su provisión del rescate:

“…… de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.” (Mat. 20:28).

Pero veamos el segundo punto del Plan de Dios: debido a que nuestros primeros padres rechazaron la ley de Dios, el gobierno humano vino a estar bajo el control de Satanás, por ello la Biblia aptamente llama a Satanás “el dios de este sistema de cosas.” (2 Cor. 4:4). Las guerras, las crueldades, la corrupción y la inestabilidad de los gobiernos humanos y su repercusión en toda la tierra, prueban este hecho; y ni la Sociedad de Naciones, ni posteriormente las Naciones Unidas han logrado traer paz en medio de este caos, mientras la humanidad clama angustiosamente por un gobierno que consiga la tan ansiada y necesaria paz. ¿No es razonable entonces que el Creador, quien se propone restaurar el paraíso a la Tierra, tome cartas en el asunto, mediante establecer un gobierno perfecto para la consecución de este logro? Eso es exactamente lo que Jehová se propone hacer, según Dan. 2:44:

Y en los días de aquellos reyes el Dios del cielo establecerá un reino que nunca será reducido a ruinas. Y el reino mismo no será pasado a ningún otro pueblo. Triturará y pondrá fin a todos estos reinos y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos.”

Y como todo reino, debe de tener un gobierno que dirija los asuntos del mismo y siendo el Rey que lo representará a Él, en este gobierno, su “Príncipe de Paz”, Cristo Jesús y del que se nos dice también que “de la abundancia del regir principesco y de la paz no habrá fin” (Isa. 9:6-7).

La Biblia muestra que este gobierno perfecto estará situado en la tierra de Israel, siendo su ciudad capital, Jerusalén, según promesa de Jehová a David:

Tu casa y tu reino serán firmes para siempre delante de mí y tu trono será estable para siempre.” (2 Sam. 7:16)

¿Y cuál era el reino de David y en qué ciudad estaba su trono? Pues uno que sería restaurado y que tiene que ver con las palabras proféticas de Daniel, y que cuando a María el ángel le anunció su próxima maternidad ¿qué le dijo que le sería dado a su hijo? Leámoslo:

“…… y Jehová Dios le dará el trono de David su padre 33 y reinará sobre la casa de Jacob para siempre y de su reino no habrá fin.” (Luc. 1:32-33).

¿Y dónde estuvo en su día dicho trono?, pues en donde hemos dicho: en Jerusalén, capital de la tierra de Israel. Y aclaramos este extremo porque algunos, entre ellos los Testigos de Jehová, afirman categóricamente que este gobierno ejercerá desde los cielos, cosa que no parece deducirse de esos textos citados, sino más bien todo lo contrario. Desde dicha ubicación, el Rey Jesucristo regirá toda la Tierra eficientemente en justicia, junto a sus gobernantes asociados en aquel gobierno visible y terrenal, aunque de influencia o hechura celestial. Estos co-gobernantes son escogidos de entre seres humanos fieles seguidores de Jesús, que se adhirieron a él a través de diversas pruebas y a quienes dijo:

Sin embargo, ustedes son los que con constancia han continuado conmigo en mis pruebas. Yo hago un pacto con ustedes, así como mi Padre ha hecho un pacto conmigo, para un reino.” (Luc. 22:28-29).

Son solo unos pocos de entre la humanidad los que son escogidos para regir con Jesucristo y según se deduce de las palabras de Jesús en Luc. 12:32, en donde se les califica de “pequeño rebaño” y con lo que se puede asemejar a las naciones hoy día, donde solo se escoge a unos cuantos para gobernar en un parlamento o asamblea representativa. Lo cual se ajusta perfectamente a la idea que tenemos todos nosotros en la actualidad, de cuál es el organigrama de un reino y seguramente, a lo que entendían aquellos judíos que era el reino de David y a los que Jesús se presentó como su heredero legal y por tanto, futuro Rey del mismo. Y aunque sea una idea muy debatida, nosotros solo nos ceñimos a lo que nos dice la Biblia y esta se nos habla que Jesucristo tendrá solo 144.000 gobernantes asociados, tomados de entre sus seguidores más leales según Rev. 14:1; 4:

Y vi, y, ¡miren!, el Cordero de pie sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil que tienen escritos en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre (……) Estos son los que no se contaminaron con mujeres; de hecho, son vírgenes. Estos son los que van siguiendo al Cordero no importa adónde vaya. Estos fueron comprados de entre la humanidad como primicias para Dios y para el Cordero.”

Todo cuanto se diga en contra de lo afirmado en esta pasaje, en el sentido de que se trata de una cantidad simbólica, no pasa de ser mera especulación sin fundamento bíblico, dado que no hay un solo texto que apoye semejante idea.

Ahora bien, ¿cuándo y cómo se establece este gobierno perfecto? Veamos: para cuando Jesús estuvo en la Tierra, este Reino fue sin duda el tema principal de su predicación, a tenor de sus palabras:

Pero él les dijo: “También a otras ciudades tengo que declarar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado.” (Luc. 4:43).

Sin embargo, Él no estableció el Reino en aquel entonces ni cuando resucitó (Hechos 1:6-8), ya que ascendió a los cielos para ofrecer a su Padre Celestial el precio de su sacrificio redentor y esperar el tiempo designado por Jehová para dicho establecimiento (Sal. 110:1-2). Y por fin, en nuestros días, ya estamos en los últimos suspiros de esta brutal gobernación de hechura satánica caracterizada por las guerras, hambres, pestes, violencia de todo tipo, la brutal alteración del medio ambiente, así como la nada desdeñable posibilidad de que la humanidad se destruya a sí misma y al planeta tierra en un caos nuclear y para lo cual, medios hay de sobra. Y que de no remediarlo el Altísimo, así sería…… pero menos mal, que Jehová parece tener otros planes:

Pero las naciones se airaron, y vino tu propia ira y el tiempo señalado para que los muertos sean juzgados y para dar su galardón a tus esclavos los profetas y a los santos y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes y para causar la ruina de los que están arruinando la tierra.” (Rev. 11:18).

Y todo lo cual apunta, a la ya pronta instauración de dicho gobierno auspiciado por nuestro Creador aquí en la tierra, pues nunca permitirá Dios que las potencias políticas o cualquier otro tipo de organización arruine la obra de sus manos, la Tierra, con ingenios nucleares o por otras causas; más bien, él declara lo siguiente:

Mi decisión judicial es reunir naciones, para que yo junte reinos, a fin de derramar sobre ellos mi denunciación, toda mi cólera ardiente.” (Sof. 3:8).

Luego Jehová, mediante su Cristo, usará las grandes fuerzas del universo que él controla para causar una destrucción aplastante a todos los de la tierra que siguen a Satanás, lo cual sucederá a escala global y a semejanza en magnitud y alcance, al Diluvio del día de Noé (Jer. 25:32-33). Popularmente a esta destrucción de las naciones inicuas se la conoce como la batalla de Armagedón (Rev. 16:14-16) y en donde únicamente las personas mansas, las que buscan a Jehová y su justicia, podrán sobrevivir a la misma y entrar en el pacífico nuevo sistema de Dios (Sof. 2:2-3), si bien las naciones en general, no tienen ni idea de que la “fiesta” va para ellos. Y vea ahora la maravillosa promesa de nuestro Creador, a estas personas de condición mansa:

Pero los mansos mismos poseerán la tierra y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz.” (Sal. 37:11).

¿Le gustaría a usted vivir en una tierra semejante a un paraíso, según la idea que tenemos del paraíso? ¿Y a quién no?, pensará usted…… pero lamentablemente, la mayor parte de las personas hoy en día, no solo no están haciendo nada para conseguirlo, sino que ni siquiera contemplan tal posibilidad, aunque en su fuero interno no contemplen posibilidad alguna de que el hombre algún día, sea capaz de arreglar el desaguisado que ha montado en este mundo. Sin embargo y para cuando Jesús estuvo aquí en la tierra, nos dijo que las personas solo teníamos ante nosotros dos caminos:

Entren por la puerta angosta; porque ancho y espacioso es el camino que conduce a la destrucción y muchos son los que entran por él; 14 mientras que angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la vida y pocos son los que la hallan.” (Mat. 7:13-14).

Y dado lo ajustado de los tiempos, uno tendría que empezar a dar pasos, para averiguar en cuál de los dos caminos está situado. Cierto que uno podría decir: “Pero yo ya llevo una vida sosegada y normal con mi familia (si la tiene) y además, con regularidad asisto a los actos religiosos de mi Iglesia” Bien, pero usted, ¿qué conoce acerca de Dios? ¿Lo que ha averiguado de primera mano (o sea, mediante estudio personal) o lo que la organización religiosa con la que se asocia, le ha contado de Dios? Y la pregunta tiene su importancia, por unas palabras que en su momento pronunció Jesús:

Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo.” (Juan 17:3).

Porque tenga en cuenta que llegado el momento de rendir cuentas para saber si hemos aprobado o hemos suspendido, en nuestro esfuerzo para alcanzar la vida en ese paraíso al principio mencionado, no valdrá aquello de: “Es que a mí me dijeron..….”, porque según las Escrituras “cada uno llevará su propia carga de responsabilidad” (Gál. 6:5). Entonces lo que usted necesita ahora, es conocimiento exacto…… pero ¿dónde lo puede hallar? ¿Simplemente en cualquier religión, en donde se le digan cosas agradables y que le hagan sentirse a gusto y realizado? Hay quienes dicen que todas las religiones tienen la misma meta, tal como todos los caminos de una montaña llevan a la cima…… al menos todos van para arriba. En fin, todo son opiniones, pero entendemos nosotros que Jesús no dijo lo mismo:

Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:6).

Y tal como para encontrar el camino correcto, los alpinistas usan mapas y emplean a guías, igualmente, hay un mapa/guía excelente para encontrar el camino correcto que nos lleve a ese paraíso: la Biblia…… y es que solo allí, se nos habla de ese medio para llegar al Padre, que es Jesús.

Al describir el gobierno de Dios y las bendiciones que este derramará sobre la humanidad, la profecía bíblica dice:

¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad, y él residirá con ellos, y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos”. En aquel nuevo sistema, “Dios mismo”, que está muy lejos del dominio humano egoísta y arruinador del día presente, estará muy cerca de todos los que lo aman y adoran, por medio de su Reino establecido aquí en la Tierra y regido por su Excelso Hijo Jesucristo, acompañado de sus hermanos co-gobernantes y con estos resultados:

Y él limpiará toda lágrima de los ojos de ellos y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado.” (Rev. 21:3-4). Y así se habrá logrado el gran milagro de establecer un paraíso terrestre bajo un gobierno perfecto, siendo esto tan seguro, como el que mañana el Sol saldrá y se pondrá, pues las promesas de Jehová Dios, Creador del cielo y de la Tierra y “que no puede mentir” (Tito 1:2), son siempre “fieles y verdaderas”. Es Él mismo quien declara desde su trono celestial:

¡Mira! Estoy haciendo nuevas todas las cosas.” (Rev. 21:5).

Pero volviendo a Jesucristo, aunque sus enemigos lo mataron, el Hijo de Dios nunca perdió su derecho a la vida humana perfecta, puesto que él había mantenido integridad a Dios. Sin embargo, estando muerto en el sepulcro ¿cómo podía Jesús usar esta cosa valiosa, el derecho a la vida a favor de la humanidad? Fue entonces cuando Jehová ejecutó otro milagro y el primero de su clase: al tercer día de estar Jesús en el sepulcro, Jehová lo levantó de entre los muertos como criatura inmortal (Rom. 6:9). Para que otros creyeran en la resurrección, Jesús se apareció en diferentes ocasiones a sus discípulos, haciéndolo en una ocasión ante más de 500 de estos…… ninguno de ellos, ni siquiera el apóstol Pablo, implacable perseguidor de los seguidores de Jesús, que más tarde fue cegado por una aparición del glorificado Jesús elegido como apóstol, tenían razón alguna para dudar del milagro de su resurrección (1 Cor. 15:3-8; Hech. 9:1-9).

Cuarenta días después de su resurrección, Jesús ascendió a la misma presencia de Dios en los cielos para presentar el valor de su sacrificio humano perfecto para liberación de la humanidad y luego esperar el debido tiempo de Jehová.

Pero este hombre ofreció un solo sacrificio por los pecados perpetuamente y se sentó a la diestra de Dios, esperando desde entonces hasta que se coloque a sus enemigos como banquillo para sus pies.” (Hebr. 10:12-13).

Y con ello, entramos en el tercero de los puntos que consideramos en este escrito y la obra más colosal y aombrosa de cuantas se hayan realizado jamás: la resurrección de los muertos con la vida eterna en mira. Los primeros que son liberados mediante este rescate son los del “rebaño pequeño” de cristianos fieles “que pertenecen al Cristo” (Luc. 12:32; 1 Cor. 15:22-23) y son “comprados de entre la humanidad” y así, al tomar parte en la denominada primer resurrección, se levantan ya con la inmortalidad y en la condición de hermanos de Cristo y co-gobernantes con él, en el Reino de Dios (Rev. 20:6). Sin embargo, ¿qué hay de la gran mayoría de las personas que están muertas en el sepulcro? Veamos: para cuando estuvo en la Tierra, Jesús dijo que su Padre le había dado autoridad para juzgar y dar vida…… y esa era la esperanza de Pablo y otros muchos:

Tengo esperanza en Dios, la cual ellos mismos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los justos y de los injustos.” (Hech. 24:15).

Por lo tanto, cuando llegue el debido tiempo de Dios de traer a los muertos de nuevo a la vida, cosa que ocurrirá durante el milenio, Él y por medio de ese reino, llevará a cabo ese milagro, tal como por medio de algunos profetas, de Jesús y de sus apóstoles, ejecutó el milagro de resucitar a personas, como por ejemplo a Lázaro, que cuando llevando ya cuatro días muerto y su carne en descomposición, fue devuelto a la vida; y poderoso acto que se repetirá…… solo que corregido y aumentado.

Y es que Dios, mediante ese gobierno encabezado por su primogénito Jesucristo, traerá de nuevo a la vida a todos aquellos de entre la humanidad de los que guarde memoria, con la perspectiva de nunca morir y desaparecer de la Tierra, o sea, con la vida eterna en mira. Pero ¿cómo es posible la vida eterna en la Tierra?; pues es posible y segura porque es la voluntad y el propósito de Dios (Juan 6:37-40), porque veamos: la única razón por la que el hombre muere hoy día es que heredó el pecado y consecuentemente, la muerte de Adán; sin embargo, hágase una pregunta ¿qué habría ocurrido si Adán no hubiera pecado?…… pues eso, que habría vivido para siempre y es que al dar la Tierra a los hijos de los hombres, Dios se propuso que el hombre siguiera viviendo sobre ella para disfrutar del esplendor de Su creación, no solo por cien años, ni por mil años ¡sino para toda una eternidad! Luego solo el pecado del primer hombre, Adán, truncó temporalmente ese propósito del Altísimo y que con la muerte de Jesús en sacrificio, fue restaurada dicha posibilidad.

Pero probablemente usted y en su deseo de acogerse a semejante perspectiva, recordará que le hemos hablado de un plano o mapa que es la biblia para conducirnos al deseado lugar de destino y quizás se le habrá planteado un interrogante “¿Cómo y por dónde empezar? Pues bien, si nos permite una pequeña sugerencia, empiece por continuar visitándonos y leyendo nuestros artículos (pasados y los que vayamos añadiendo) y siempre siguiendo la recomendación que damos a todos aquellos que nos honran con sus visitas: coja su ejemplar de las Escrituras y vaya contrastando texto por texto si lo que decimos, se ajusta a lo que usted va leyendo en su Biblia o no. Y ya para cuando le haya cogido el tranquillo, decide que hacer: si asociarse con alguna determinada confesión cuyas enseñanzas se ajusten más o menos a lo que usted está aprendiendo o continuar tan ricamente como ha empezado. Pero no olvide nunca, que si su esfuerzo es sincero y puesto que su Creador quiere que usted tenga vida, Él le ayudará a dar los pasos necesarios:

Este libro de la ley (en este caso la Biblia) no debe apartarse de tu boca y día y noche tienes que leer en él en voz baja, a fin de que cuides de hacer conforme a todo lo que está escrito en él; porque entonces tendrás éxito en tu camino y entonces actuarás sabiamente. 9 ¿No te he dado orden yo? Sé animoso y fuerte. No sufras sobresalto ni te aterrorices, porque Jehová tu Dios está contigo adondequiera que vayas” (Josué 1:8-9).

Y ahora, cierre de nuevo los ojos por favor y vuelva a ese maravilloso entorno del que le hemos hablado al principio de este artículo y empiece ya, a conocer a nuestro maravilloso Creador y Dador de Vida. Porque esa hermosa imagen, le está hablando de Su infinita misericordia así como del indescriptible amor que siente hacia la humanidad y que le llevó al extremo de dar a su Hijo en sacrificio, para que usted, por ejemplo y junto a sus seres queridos, tenga la oportunidad de estar ahí…… y cuyo nombre, para unos Jehová y según otros Yahveh, es lo más hermoso y excelso que existe en todo el Universo.

MABEL

¿RESUCITARAN TODOS LOS MUERTOS?

Posted in Uncategorized with tags , , , , on 16/02/2010 by Armando López Golart

En un reciente artículo titulado: “El Reino y la esperanza de la resurrección”, dejamos una pregunta pendiente, en el sentido de si resucitarían todos los muertos o habría algunos que no recibirían dicha oportunidad y que consideramos oportuno en aquel momento, dejarla para un nuevo comentario. Pues bien, lo que sigue a continuación, es la respuesta a dicha pregunta y siempre según lo que nosotros entendemos acerca de este tema, claro; veamos.

Es cierto que son muchas las personas que piensan que eso será así (que habrá una resurrección general) y para las que no es entendible la idea de que ciertos individuos, ya ahora, sean reos de destrucción eterna y en consecuencia, no participen de ninguna resurrección. Esto es cierto en el caso de los Universalistas (según tenemos entendido), quienes creen que finalmente todo el mundo se salvará. Parece ser, que allá por el tercer siglo de la E.C., el escritor religioso Orígenes propuso la idea de una salvación final para todos y que ahí empezó a tomar forma dicha creencia. Noten sin embargo, que decimos “parece ser”, dado que no tenemos este dato plenamente contrastado. Sin embargo y sin llegar al extremo de creer eso, hoy algunos que alegan ser cristianos, opinan que quizás todos los seres humanos serán resucitados, incluso todas las víctimas futuras de la “gran tribulación.” (Rev. 7:14). De todas maneras y por encima de como piensen los seres humanos acerca de este tema u otro cualquiera, entendemos desde este blog, que lo que debe de prevalecer por encima de todo es la opinión de nuestro Creador, en el sentido que “más bien, sea Dios hallado veraz, aunque todo hombre sea hallado mentiroso” (Rom. 3:4). Por lo tanto y después de analizado el contexto bíblico sobre este asunto, estamos en disposición de afirmar de nuevo, que la biblia no dice esto.

Inconscientemente los que así piensan, se acercan de modo peligroso a la doctrina de las principales iglesias de la cristiandad que enseñan que los cuerpos sin vida de todos los muertos, serán levantados para reunirse con sus respectivas almas en el cielo o en el infierno. Sin embargo y como hemos comentado, la Biblia no enseña que habrá una “resurrección general” tal como lo hacen las distintas organizaciones referidas en el sentido de que todos los muertos, incluidos los inicuos destruidos durante “la gran tribulación”, serán resucitados o levantados de nuevo a la vida. Ya Jesús señaló que no todo el mundo sería resucitado, cuando contestando una pregunta con bastante mala uva que le hicieron los saduceos, quienes creían que nadie resucitaría, dijo lo siguiente:

“..…. los que han sido considerados dignos de ganar aquel sistema de cosas y la resurrección de entre los muertos…” (Luc. 20:35).

Y sin entrar en una consideración acerca del correcto sentido y finalidad del pasaje en su totalidad (la pregunta de los saduceos iba en otra dirección), sí sus palabras indican de todas maneras, que existía la posibilidad de que algunos no fueran considerados dignos de ser resucitados en el prometido nuevo sistema de cosas de Dios.

En el capítulo 20 de Revelación, que trata el asunto de la resurrección de “los demás de los muertos” (nada que ver con la “primera” resurrección) y en donde se nos dice que el “mar” y el “Hades” entregan los muertos que hay en ellos, nada se nos dice sin embargo, de muertos que salieran del “lago de fuego,” o “muerte segunda” (Rev. 20:14) y que en otros lugares se les identifican como “Gehena.” (Luc. 12:5). Tal como la palabra “mar” representa el acuoso sepulcro colectivo de los que murieron en las profundidades del mar y cuyos cuerpos nunca fueron recobrados para ser enterrados, así la palabra griega “Hades” no se refiere a ninguna tumba individual, sino más bien, al sepulcro terrestre común de la humanidad y que se corresponde con la palabra Seol que está en las Escrituras Hebreas; Jesús declaró:

Llegué a estar muerto, pero, ¡mira! vivo para siempre jamás y tengo las llaves de la muerte y del Hades.” (Rev. 1:18)

Durante su reinado milenario él usará estas llaves para liberar de la muerte a los que han sido “considerados dignos” de ganar el venidero sistema de cosas; por otro lado, en ninguna parte de las Escrituras se declara que Cristo tenga las llaves del Gehena, sino que él dijo acerca del mismo lo siguiente:

No se hagan temerosos de los que matan el cuerpo mas no pueden matar el alma; sino, más bien, teman al que puede destruir tanto el alma como el cuerpo en el Gehena.” (Mat. 10:28). Ahora bien ¿qué es el Gehena?

Este nombre aparece doce veces en las Escrituras Griegas Cristianas y aunque muchos traductores se toman la libertad de reproducirlo por “infierno”, algunas de las traducciones consultadas suelen transliterar el término griego “gué-en-na”, que por otra parte, parece ajustarse más al sentido de la idea que Jesús quería transmitir. Este lugar conocido como “el valle de Hinón” (Jos. 15:8) y cercano a Jerusalén, era usado en tiempos de Jesús como vertedero o quemadero de los residuos de la ciudad, como asimismo el lugar donde eran echados los cuerpos muertos de los criminales ajusticiados, para su total destrucción. Jesucristo relacionó el fuego con la palabra Gehena en Mat. 5:22; 18:9, así como en Mar. 9:47-48, como también lo hizo el discípulo Santiago, el único escritor bíblico, además de Mateo, Marcos y Lucas, que usó dicho término:

Pues bien, la lengua es un fuego. La lengua constituye un mundo de injusticia entre nuestros miembros, porque mancha todo el cuerpo y enciende en llamas la rueda de la vida natural y es encendida en llamas por el Gehena.” (Sant. 3:6).

Es obvio entonces, que Jesús usó el Gehena como una representación de destrucción completa, destrucción que sería el resultado del juicio adverso de Dios y de la cual no habría ninguna posibilidad de resucitar de nuevo a la vida:

Además, les digo, amigos míos: No teman a los que matan el cuerpo y después de esto no pueden hacer nada más. 5 Pero yo les indicaré a quién temer: Teman a aquel que después de matar tiene autoridad para echar en el Gehena. Sí, les digo, teman a Este.” (Luc. 12:4-5).

Parece ser que Jesús también aludió a Isa. 66:24 cuando dijo que en el Gehena la “cresa no muere y el fuego no se apaga” (Mar. 9:47-48). Es evidente que este no es un cuadro simbólico de tormento (como algunos opinan), sino más bien de destrucción completa y eterna, ya que el citado texto de Isaías no está hablando de personas vivas, sino de los cadáveres de los hombres que estuvieron transgrediendo contra Dios:

Y realmente saldrán y pondrán la vista sobre los cadáveres de los hombres que estuvieron transgrediendo contra mí; porque los gusanos mismos que están sobre ellos no morirán y su fuego mismo no se extinguirá y tienen que llegar a ser algo repulsivo para toda carne.”

Si el valle de Hinón era un lugar donde se arrojaba la basura y los cadáveres (como indica la documentación disponible), el único medio apropiado de eliminar tales desechos sería el fuego y que probablemente para que cumpliera dicha función, era quizás avivado añadiendo azufre, como nos da a entender Isa. 30:33:

Porque de antemano está preparado un Tófet (también para el rey) un foso profundo y ancho; hay paja y madera en abundancia. El aliento de Yahveh, cual torrente de azufre, lo enciende.” (Según una nota aclaratoria de la versión RV 1989, la expresión “Tófet” se podría traducir como “quemadero”).

Allí donde no llegase el fuego, se criarían gusanos o cresas, que consumirían todo lo que no hubiese destruido el fuego. Sobre esta base, las palabras de Jesús darían a entender que el efecto destructivo del juicio adverso de Dios no cesaría hasta que se alcanzase una destrucción completa. Ahora bien, la Biblia muestra claramente que algunos van a parar al Gehena simbólico (destrucción eterna) y que Rev. 20:14, resume así:

Y la Muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda, el lago de fuego.”

Luego queda claro, que el paralelismo establecido entre el “Gehena”, el “lago de fuego” y la “muerte segunda”, nos presenta esos términos como símbolo de destrucción eterna y aplicada a personas, aún antes de que llegue el período milenario del reino de Dios. Jesús dijo a los impenitentes escribas y fariseos que ellos y los prosélitos gentiles que habían hecho, eran “sujetos para el Gehena” o literalmente, “hijos del Gehena”; veamos Mat. 23:15:

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas!, porque atraviesan mar y tierra seca para hacer un solo prosélito y cuando este llega a serlo, lo hacen merecedor del Gehena dos vecesmás que ustedes.”

Entonces si hasta un prosélito de los fariseos llegaba a ser sujeto para el Gehena “dos veces más que ellos”, ¡cuánto más lo sería Judas Iscariote, quien hizo un trato aberrante con ellos para traicionar al Hijo de Dios! Jesús dio a entender esto cuando llamó a Judas “el hijo de destrucción.” (Juan 17:12). De manera similar, cuando los impenitentes apóstatas mueren, no van al Seol, o Hades, sino directamente al Gehena o destrucción eterna:

Porque es imposible que los que fueron una vez iluminados, que gustaron del don celestial, que llegaron a ser participantes del Espíritu Santo, 5 que también probaron la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero 6 y después recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento; puesto que crucifican de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y le exponen a vituperio. 7 Porque la tierra, que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella y produce hierba para el provecho de aquellos que la cultivan, recibe la bendición de Dios. 8 Pero la que produce espinos y abrojos es desechada, está cercana a la maldición y su fin es ser quemada.” (Heb. 6:4-8).

Estos son solo ejemplos que muestran que algunos, aun en este mundo, sistema u orden de cosas y que han cometido el pecado por el cual no hay perdón, ni “en este mundo ni en el venidero” (Mat. 12:31-32), de ninguna manera serán resucitados.

El mismo hecho de que Jesús declarara que la “blasfemia contra el espíritu santo” no sería perdonada ni “en este sistema de cosas ni en el venidero” debe bastar para que cualquiera que tenga dudas sobre este asunto, quede convencido de que Jehová pronuncia juicio final o definitivo en contra de algunas personas aún durante “este sistema”, ya que ellas llegan a ser culpables del pecado eterno que “no tiene perdón jamás.” (Mar. 3:29). Entonces, ¿qué sentido tendría el que se les resucitara de nuevo?

Y por favor, que nadie entienda que andamos amenazando a la gente con la destrucción…… solo estamos exponiendo lo que entendemos es el punto de vista de Jehová. Es cierto, que de Él se dice que es “paciente”, porque “no desea que ninguno sea destruido, sino desea que todos alcancen el arrepentimiento” (2 Ped. 3:9); pero recordemos también que es el máximo exponente de la Justicia:

La Roca, perfecta es su actividad, porque todos sus caminos son justicia. Dios de fidelidad, con quien no hay injusticia; justo y recto es él.” (Deut. 32:4).

Y que el significado etimológico del término “Justicia” es el de: “dar a cada uno lo que se merece”; entonces lejos de, quizás inconscientemente, dudar de la manera como Jehová maneja ciertos asuntos, confiemos en Él como el Juez Perfecto que es. Porque si cuando se lleva un caso ante jueces humanos imperfectos y éste pasa por el entero procedimiento judicial, desde el tribunal de menor autoridad hasta el tribunal supremo del país, los hombres consideran que se ha hecho justicia y ya no se puede presentar otra apelación, entonces ¿por qué hemos de dudar de las resoluciones del más Alto y Soberano Tribunal que existe y de lo definitivas que estas son? (Sal. 119:75). Por otra parte y aunque Jehová ha demostrado ser extraordinariamente “paciente” porque “desea que todos alcancen el arrepentimiento”, él sabe que no todos los seres humanos se arrepentirán:

Aunque se muestre favor al inicuo, simplemente no aprenderá justicia. En la tierra de derechura actuará injustamente y no verá la eminencia de Jehová.” (Isa. 26:10).

Por eso Jesús nos advirtió: “…… sino, más bien, teman al que puede destruir tanto el alma como el cuerpo en el Gehena.” Y conste que al pronunciar estas palabras, Jesús no estaba haciendo un alegato sobre la posibilidad de la inmortalidad del alma, sino de lo irrevocable que es el juicio divino que se dicta en contra de los que no se arrepienten.

¿Y que de las personas ejecutadas como resultado de juicios provenientes directamente de Jehová? ¿Sería razonable que se les diera la oportunidad de resucitar? Pensemos que entre ellas estarían, las victimas del Diluvio, las de Sodoma y Gomorra, o los destruidos como consecuencia de la rebelión de Coré, Datán, Abiram y On contra el escogido de Jehová, Moisés, por no citar otros más casos. Uno de los comentarios más claros acerca de este asunto, está en Judas 7: Judas acababa de hablar de 1º: israelitas que fueron destruidos por falta de fe y 2º: ángeles que habían pecado y que están “reservados con cadenas sempiternas para el juicio del gran día”, o sea destrucción final (2 Ped. 2:4)…… por lo tanto, Judas concluyó lo siguiente:

Así también Sodoma y Gomorra (……) son puestas delante de nosotros como ejemplo amonestador al sufrir el castigo judicial de fuego eterno”.

Este texto se ha aplicado por algunos, en el sentido de que fueron las ciudades mismas las que fueron destruidas eternamente y no sus habitantes. No obstante, en vista de Judas 5 y 6, lo razonable sería entender que el versículo 7 nos muestra que serían las personas las que recibirían castigo judicial eterno. Además, lo que se juzgó y condenó, fueron actos y conductas llevados a cabo por personas y no por edificios o estructuras físicas. Considerado esto así, Judas 7 significaría que la gente inicua de Sodoma y Gomorra fue juzgada y destruida para siempre ya en ese mismo momento.

Pero al buscar en otros lugares, nos encontramos con que en más de una ocasión la Biblia relaciona el Diluvio con Sodoma y Gomorra. Veamos: cuando a Jesús se le preguntó sobre “la conclusión del sistema de cosas”, él predijo el “fin” venidero y una “gran tribulación como la cual no ha sucedido una desde el principio del mundo” (Mat. 24:3; 21). En el relato de Lucas, se nos da el detalle que Jesús también había hablado de “los días de Noé” y de lo que “ocurrió en los días de Lot”, para señalar ejemplos de personas que no prestaron atención a la advertencia acerca de una destrucción inminente…… y añadiendo:

De la misma manera será en aquel día en que el Hijo del hombre ha de ser revelado” (Luc. 17:26-30).

¿Estaba Jesús simplemente ilustrando una actitud, o sugiere el contexto de estos ejemplos que había juicios eternos implicados? Eso parece, después de considerar la segunda carta de Pedro y en la que nos encontramos que el apóstol escribió acerca de los juicios de Dios y del castigo eterno que de Él recibirían los que lo merecían. Y usó tres ejemplos: el de los ángeles que pecaron, el del mundo antiguo del tiempo de Noé y el de las personas que fueron destruidas en Sodoma y Gomorra. Pedro dijo que estas experiencias “ponen para personas impías un modelo de cosas venideras.” (2 Ped. 2:4-9). Después, comparó la destrucción de la gente en el Diluvio con el venidero “día del juicio y de la destrucción de los hombres impíos” (2 Ped. 3:5-7). Sin embargo, veamos algo interesante en el verso 9 de ese mismo capítulo 3:

Jehová no es lento respecto a su promesa, como algunas personas consideran la lentitud, pero es paciente para con ustedes porque no desea que ninguno sea destruido; más bien, desea que todos alcancen el arrepentimiento.”

De que aquí se nos está hablando de destrucción eterna, lo prueba la siguiente reflexión: si esas personas con respecto de las que se afirma que Jehová es paciente porque no desea que sean destruidas, después de su destrucción tuvieran acceso a una resurrección ¿qué problema habría, desde el punto de vista de Dios, en que fueran temporalmente eliminadas cuando Él tiene el poder de restaurarlas a la vida? Ninguno, entonces ¿a qué se debe la paciente espera de Jehová ante un posible cambio de actitud de la persona en cuestión? Pues para no tener que llegar a la dramática resolución de destruirlos eternamente y lo cual elimina de golpe, al tratarse de un juicio directo del Altísimo, la posibilidad de una resurrección…… lo contrario significaría que Jehová se habría equivocado en el juicio a esas personas. Y eso sucede antes de los “nuevos cielos y una nueva tierra” prometidos (2 Ped. 3:13), en cuyo contexto dará inicio el reinado milenario y con ello, la resurrección de los muertos.

Y para dar énfasis al hecho que estamos hablando de juicios eternos, tanto de los pasados como del venidero en la “gran tribulación” al fin del sistema inicuo actual, veamos cómo responde Pablo a la cuestión de si se habrá juzgado para siempre a los que Dios ejecute en ese momento o haya ejecutado en anteriores juicios; y eso es lo que indica 2 Tes. 1:6-9:

Esto toma en cuenta que es justo por parte de Dios pagar con tribulación a los que les causan tribulación, 7 pero, a ustedes que sufren la tribulación, con alivio juntamente con nosotros al tiempo de la revelación del Señor Jesús desde el cielo con sus poderosos ángeles 8 en fuego llameante, al traer él venganza sobre los que no conocen a Dios y sobre los que no obedecen las buenas nuevas acerca de nuestro Señor Jesús. 9 Estos mismos sufrirán el castigo judicial de destrucción eterna de delante del Señor y de la gloria de su fuerza.”

Y dado que como hemos visto, las Escrituras relacionan este último evento de la “gran tribulación” con los juicios anteriores, evidentemente los resultados son los mismos: destrucción eterna para aquellos que han sufrido sus consecuencias. Teniendo en cuenta que dichas palabras de Pablo, tienen su cumplimiento durante la gran tribulación, o sea, antes de dar inicio al milenio y que es cuando comenzará la segunda resurrección, estaríamos hablando de miles de millones de personas que no serán resucitadas y a las que habría que sumar, las de los citados juicios anteriores.

Y en fin queridos amigos, dado que creemos que queda probado que no todos los muertosserán resucitados, nosotros lo dejamos ahí no sin antes recomendarles, que hagan buen uso de sus traducciones de las Escrituras y comprueben por Uds. mismos lo veraz y atinado de nuestras conclusiones…… o no. Y es que ya saben, aquí hasta el más pintado se puede equivocar.

MABEL

EL REINO Y LA ESPERANZA DE LA RESURRECCIÓN.

Posted in Uncategorized with tags , , , on 13/02/2010 by Armando López Golart

Los cálculos que se han hecho sobre cuántos seres humanos han vivido en la Tierra, desde que el mundo es mundo, variarían entre los veinte mil y veinte cinco mil millones. No obstante y cualquiera que fuese la cantidad correcta, dos hechos son seguros: 1º: Jehová Dios conoce la cantidad precisa de personas que han vivido, y tiene el poder para hacer que vuelva a vivir quienquiera que él escoja y 2º: la actual población mundial, de unos casi 7.000 millones de personas, evidentemente es solo una fracción del número total de humanos que han vivido. La siguiente conclusión por tanto, es indisputable: por mucho, es mayor la cantidad de humanos que están muertos y cuya esperanza de una vida futura depende de la resurrección. ¿Pero por qué mueren los seres humanos? ¿Y qué esperanza hay de que vuelvan a vivir alguna vez?

Para poder responder a la primera pregunta, nos tenemos que remontar a los inicios de la humanidad, concretamente hasta nuestros primeros antepasados, Adán y Eva. Ellos fallaron estrepitosamente en cuanto mostrar lealtad y obediencia a su Creador, cuando aceptaron la insidiosa propuesta Satánica y acarreándose en consecuencia, la muerte tanto para ellos como para sus descendientes. Y que eso es así, lo evidencia el registro bíblico cuando nos muestra, que se debe al pecado heredado del primer hombre, Adán, el que se hayan acumulado miles de millones de humanos muertos en el sepulcro.

Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo y la muerte por medio del pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres….. Por la ofensa del un solo hombre la muerte gobernó como rey.” (Rom. 5:12; 17).

Pero ¿pero cómo podría la humanidad salir de semejante situación y ser liberada de la gobernación tiránica ejercida soberanamente por la muerte, desde nuestro antepasado Adán? Para que esto sea posible, la mayoría de la humanidad necesita una resurrección y que tendrá lugar al tiempo apropiado y según el razonamiento lógico del apóstol Pablo:

Porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos” (1 Cor. 15:21)

Y circunstancia que confirmo Jesús, cuando en un dramático momento declaró a Marta, hermana de su amigo Lázaro, el siguiente argumento:

Yo soy la resurrección y la vida. El que ejerce fe en mí, aunque muera, llegará a vivir.” (Juan 11:25).

Efectivamente, la base para la esperanza de la resurrección, está en la muerte propiciatoria y posterior resurrección de Jesucristo. Ahora bien, quizás nuestros queridos lectores se hayan enterado, vía lectura de artículos publicados en Internet, o de viva voz, en un sermón dominical de la organización religiosa con la que tengan a bien asociarse o bien de su lectura personal de la Biblia, de la existencia de dos resurrecciones, según se deduce de Rev.20:6:

Dichoso y santo el que participa en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre éstos, sino que serán Sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años.”

De lo que se confiere por tanto, que como mínimo, tendrá que haber una segunda resurrección. Y claro, cuando a uno le muestran a continuación las palabras de Juan 5:28-29, se queda un tanto perplejo, cuando acudiendo en busca de ayuda para la correcta comprensión de este texto, escucha lo que le explican. Pero leamos primero el texto:

No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz 29 y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio.”

Porque lo que le dirá el pastor o párroco de su Iglesia o alguno de los muchos “entendidos” que publican en Internet, si se le ocurre consultar acerca del tema, es que este texto le habla de una resurrección de vida al principio del milenio para los justos y de una al cabo de los mil años, de condenación para los injustos. Para ello, acompañarán el texto citado de Juan con el de Rev. 20:5 (en su primera parte) y en donde contrastando con la primera resurrección del v. 6, leemos lo siguiente: “Los demás muertos no revivieron hasta que se acabaron los mil años.” Y claro, Ud. se pone a razonar y dado que probablemente, su comportamiento y actitudes en esta vida se pueden considerar de razonablemente correctas, de pronto llega a la conclusión de que su parte está en la primera resurrección y que por tanto, gobernará en el Reino junto a Jesucristo y si no, lea de nuevo el pasaje de Rev. 20:6. Pero como dicen que la alegría en casa del pobre, suele durar poco, tenemos que devolverle a la cruda realidad y explicarle que ha sido Ud. engañado por lo que unas personas, sin mala fe por supuesto, pero sí con un total desconocimiento de lo que le estaban afirmando, le han llegado a contar. Para que lo pueda comprobar y para que además, no pierda aún la esperanza de un feliz futuro, le invitamos a continuar leyendo

La Biblia muestra que Cristo no estará solo en esta comisión de juzgar “a los vivos y a los muertos”, ya que el apóstol Juan solo describía una visión inspirada cuando escribió lo siguiente: “Luego vi unos tronos y se sentaron en ellos y se les dio el poder de juzgar …… y reinaron con Cristo mil años.” (Rev. 20:4). Entre los primeros de estos reyes y jueces futuros y que murieron como seguidores fieles de Jesús, estarán sus doce leales apóstoles:

Jesús les dijo: “Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.” (Mat. 19:28).

Y dado que en ese contexto de Revelación es en donde se nos habla de una primera resurrección (verso 6), rápidamente concluimos que los que tomen parte de esa primera resurrección, son los que han de reinar con Cristo durante los mil años. Ahora bien ¿cuántos miembros conformarán ese gobierno? Porque si pudiéramos despejar esa incógnita, seguramente empezaríamos a ver más claro, el futuro que nos espera.

Hay unos textos en la Biblia, que nos muestran que este privilegio singular de ser reyes y jueces asociados con Cristo en su reino, está limitado a un pequeño grupo de personas, según palabras de Jesús en Luc. 12:32:

No teman, rebaño pequeño, porque su Padre ha aprobado darles el reino.”

Cuando posteriormente le fue dada la Revelación al apóstol Juan, incluso le fue comunicado el número total de integrantes del citado rebaño pequeño: 144.000 miembros. Es cierto que existe un gran debate acerca de esta cantidad, en el sentido de que no puede ser literal, sino simbólica, sobre todo entre aquellos que tienen un incorrecto entendimiento del pasaje de Juan 5:28-29, así como también, de Daniel 12:2. Sin embargo, los creadores de este blog y que también nos hemos visto envueltos en esos debates, mantenemos la literalidad de dicho número. Cierto es, que a consecuencia de ello, hemos sido acusados de mantener “reminiscencias” de nuestro pasado como TJ y que al igual que ellos, estamos completamente errados cuando “decimos” que solo 144.000 gobernaran con Cristo. Pero eso y siguiendo la misma línea de razonamiento, sería lo mismo que decir que Apologista Mario Olcese, “lastimosamente” aún tiene reminiscencias de su pasado como Testigo de Jehová, porque hace de la predicación del Reino de Dios, el foco central de su actividad, como hace dicha Organización. Que por demás y desde Noviembre de 1.939, el título de su publicación principal, luce de esta manera; “La Atalaya…… Anunciando el Reino de Jehová”, o sea, antes de que el Sr. Olcese naciera…… pero en fin, a nosotros ni se nos ocurre pensar en semejante disparate.

Bien, de todas formas, nosotros respetamos esa opinión y declinamos entrar en una nueva polémica, que bastantes hemos tenido y por supuesto, sin ningún resultado que nos anime a continuar en esa línea. Y es que lo que se defiende generalmente en esos debates, por lo menos en la Red, es más el prurito personal del “yo tengo la razón”, que el deseo de aprender aunque ello conlleve el cambiar en algún momento de forma de pensar acerca de algún tema en particular. Finalmente se acaba siempre con alguna que otra “dignidad ofendida” porque les has dicho sencillamente “…… pero es que la Biblia no dice esto”; y es que no pueden soportar que les digan tal cosa, unos pelagatos como nosotros, sin ningún tipo de estudios superiores, a ellos que tienen las paredes de su hogar seguramente llenas de títulos y diplomas en Ingeniería, Medicina, etc. Y que por supuesto, amplían con sus conocimientos de “teología de buen calibre”, “interlineales griegas y hebreas” así como “estudios teológicos en escatología”. Claro, luego cuando entras en sus blogs lo primero que ves, son sus fotografías en distintos planos así como en lugar destacado, una relación de los títulos académicos que les adornan y en un absurdo culto a la personalidad, inapropiado cuando uno de lo que habla es de las cosas de Dios.

Pero nosotros que no disponemos de tan amplios conocimientos, lo que sí vamos a hacer, es explicar porque defendemos la literalidad de dicha cantidad de 144.000. Y para ello, empezamos negando la mayor: no son ni los TJ, ni nosotros por supuesto, los que decimos lo de los 144.000, sino que quién lo dice es La Biblia. Ellos y nosotros lo único que hacemos, es señalar el lugar donde lo dice, mientras que los “entendidos” que nos hablan del supuesto simbolismo de dicha cantidad, no nos pueden señalar ningún lugar en las Escritura, en donde se haga semejante afirmación. Luego están equivocados, por muy rebuscados que sean sus argumentos: si los tales no tienen un claro apoyo bíblico (y no lo tienen), son falsos. Pero nosotros, que siempre optamos por la sencillez para exponer nuestras ideas, nos limitamos por ejemplo, a la simple exposición de las palabras citadas por Jesús:

No teman, rebaño pequeño, porque su Padre ha aprobado darles el reino.” (Luc. 12:32).

Y a pensar lógicamente, de que Jesús sabía de qué hablaba cuando señalaba el hecho de que era voluntad de Jehová, la idea de un rebaño pequeño, aparte de concluir, que Jesús evidentemente debería de conocer a la perfección el significado de la expresión “rebaño pequeño” ¿o no, queridos “ilustrados”? Pero es que además y como erróneamente señalan dichos “personajes” (y repetimos el argumento para enfatizarlo), no son los TJ, ni los autores de este blog, los que decimos que solo 144.000 gobernaran con Cristo. Eso y no creemos que nadie lo ponga en duda, lo dijo el mismísimo Jehová en Su Revelación, porque eso es lo que nos dice el versículo de inicio de dicho libro:

La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y que dio a conocer enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan.” (Rev. 1:1).

Luego en última instancia, la idea de 144.000 co-gobernantes con Cristo, emana directamente de nuestro Creador. Veamos ahora Rev. 14:1:

Y miré y he aquí el Cordero de pie sobre el monte Sion y con él estaban los 144.000 que tenían su nombre y el nombre de su Padre escrito en sus frentes.”

Luego lo que a Juan le fue mostrado en visión, fue el cumplimiento profético de las palabras del Salmo 2:6: “…… diciendo: “Yo, sí, yo, he instalado a mi rey sobre Sión, mi santa montaña”. ¿Y cuántos acompañaban a Jesús, ya en el desempeño de sus funciones, según la visión de Juan? Pues 144.000 ya ejerciendo junto a Cristo, como reyes y sacerdotes. Además, Juan se reafirma en dicha cantidad en el verso 3b, en donde nos habla de los únicos que podían aprender cierto cántico que fluía desde el cielo: “…… nadie podía aprender el himno, sino sólo los 144.000, quienes habían sido redimidos de la tierra.” Mucho detalle hay en ese pasaje, como para tratarse de algo simbólico. Y eso es lo que dicen las escrituras y no la absurda idea de una cantidad simbólica, que no puede ser apoyada por ningún texto bíblico en concreto, porque tal idea no existe en las Escrituras. Sencillamente, la Biblia no dice esto. Y si lo tienen a bien, queridos lectores, lean nuestro artículo “El reino de Dios: el fin o el medio”, publicado en este blog el 9 de Febrero de 2010 y en donde se habla extensamente de este tema. Luego si la cantidad de los que participan en esa primera resurrección y para gobernar con Cristo por mil años, ya la tenemos clara y la damos por buena (144.000), nos queda ahora un inmenso remanente de personas que siendo fieles seguidores de Jesucristo, pero no escogidos para ese privilegio, murieron en su día y a los que hay que colocar en una segunda resurrección.

Las Escrituras enlazan esta primera resurrección, con la segunda venida de Jesucristo:

Pero cada uno en su orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.” (1 Cor. 15:23).

Por otra parte, ya el apóstol Pablo escribe como sigue:

El Señor mismo descenderá del cielo con una llamada imperativa, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los que están muertos en unión con Cristo se levantarán primero.”

Entonces Pablo pasa a decir que los cristianos ungidos y comisionados para efectuar la última y definitiva gran predicación, que sobreviven hasta la presencia del Señor y que por lo tanto, mueren durante su venida, serán resucitados inmediatamente y serán “arrebatados…… en nubes al encuentro del Señor en el aire.” (1 Tes. 4:14-17). Estos no tienen que ‘dormir’ en el sepulcro ni esperar la resurrección. Al morir su muerte de sacrificio, son “cambiados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos.” (1 Cor. 15:51-52).

Es apropiado que a la resurrección del entero número de 144.000 cristianos ungidos que han sido llamados para reinar con Cristo, se le llame la primera resurrección. Esto se debe, por una parte, a que precede en el tiempo a la resurrección de la humanidad en general, pues los 144.000 ungidos llegan a ser “primicias para Dios y para el Cordero” y junto a este, pelean la batalla de Armagedón (Rev. 17:14) que abre el camino al milenio, que es en donde se empieza la segunda parte de la resurrección con el resto de la humanidad fallecida. También distingue entre una y otra resurrección, el hecho de la calidad de la misma: mientras los primeros ya se levantan a una vida de inmortalidad, no así los segundos que hasta el final del milenio no alcanzan la vida eterna y siempre que superan la prueba de la suelta de Satanás (Rev. 20:7-9).

Esto los coloca en una posición de importancia, puesto que ninguno de los demás humanos pueden ser hechos perfectos aparte de estos 144.000 sacerdotes, reyes y jueces (Heb. 11:40b). Pero por otra parte y como acabamos de afirmar, la llamada “primera ” resurrección es también superior en calidad a cualquier otra resurrección terrestre que haya acontecido (Lázaro, por ejemplo), o esté por acontecer, puesto que a los 144.000 se les resucita “en la semejanza” de la resurrección de Cristo, o sea, a la vida incorruptible e inmortal como hijos de Dios:

Porque así como hemos sido identificados con él en la semejanza de su muerte, también lo seremos en la semejanza de su resurrección.” (Rom. 6:5).

Y los dramáticos acontecimientos que estamos viviendo en cumplimiento de profecías bíblicas, indican que la segunda venida de Cristo está próxima a convertirse en realidad (Mat. 24:3; 7-14). Entonces y en ese momento “el reino del mundo sí llegó a ser el reino de nuestro Señor Jehová y de su Cristo.” Después de este acontecimiento de enormes y espectaculares consecuencias para todo el mundo, llega “.….. el tiempo señalado para que los muertos sean juzgados y para dar su galardón a tus esclavos los profetas y a los santos y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes y para causar la ruina de los que están arruinando la tierra” (Rev. 11:15-18) y cuya obra de recompensar a los dignos empezará a realizarse con los merecedores de la primera resurrección, para continuar luego, con la segunda resurrección.

Porque si hay una que es llamada “primera” resurrección, es lógico que haya, como mínimo, una segunda o resurrección posterior. Describiendo lo que acontecerá durante el Día de Juicio milenario (que abarca los mil años), el apóstol Juan escribió:

Y vi a los muertos, los grandes y los pequeños, de pie delante del trono, y se abrieron rollos. Pero se abrió otro rollo; es el rollo de la vida. Y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los rollos según sus hechos.” (Rev. 20:12). Estos “muertos” y “los demás de los muertos” que se mencionan en el versículo cinco del mismo capítulo 20 y de quienes se dice que “no llegaron a vivir sino hasta que fueron terminados los mil años”, son las mismas personas. Esto no puede significar que no se les resucite sino hasta después del día de juicio milenario, porque a los que tienen parte en la primera resurrección, se les da “poder para juzgar” y serán “sacerdotes” y “gobernarán como reyes” con Cristo “por los mil años.” (Rev. 20:4-6) y a favor de aquellos que tomen parte en la mencionada “segunda” resurrección. De lo contrario ¿a quiénes juzgarán y sobre quiénes gobernarán como reyes y en beneficio de quiénes obrarán como sacerdotes, si no se resucita a “los demás de los muertos” sino hasta el fin del milenio? ¿Solo de la “gran muchedumbre” (Rev. 7:9), quienes ya han sido juzgados por Jehová, como dignos de sobrevivir a la Gran Tribulación y se les empiezan a aplicar los beneficios del Reino? ¿No les parece a Uds. demasiado invento, para tan limitada aplicación?

Por consiguiente, la expresión “llegaron a vivir” tiene que referirse a la situación al fin del Día del Juicio, que como hemos dicho, dura 1.000 años. Entonces ello significa que estas personas “llegan a vivir”, en el sentido de que finalmente alcanzan la perfección humana y llegando a disfrutar del mismo estado perfecto en que estuvieron Adán y Eva en el jardín del Edén. ¿Y cómo determinará Jehová en aquel entonces, los nombres de quiénes han de escribirse en el “rollo de la vida” o “libro de la vida”? Pues mediante una prueba final a la que se someterá a la humanidad. (Revelación 20:7-8) y en donde los que resulten fieles a Dios en esta prueba final serán “declarados justos” por Jehová mismo y entrarán en “la gloriosa libertad de los hijos de Dios” en la Tierra (Rom. 8:21; 33) y recibirán la garantía divina de vida eterna, a diferencia de Adán, que falló bajo prueba y se acarreó para sí mismo y lamentablemente también para sus descendientes, la sentencia de muerte. (Génesis 3:17).

Puesto que todos “los demás de los muertos” que sean resucitados durante el reinado de 1.000 años de Cristo tendrán la oportunidad de demostrar que son dignos de que se escriba permanentemente su nombre en el “rollo de la vida” de Jehová y que merecen vivir para siempre bajo el reino de Dios, la resurrección de ellos será una resurrección a mejores oportunidades que aquellas de que disfrutaron las pocas personas a quienes se resucitó en tiempos bíblicos, pero que volvieron a morir, por ejemplo, del citado Lázaro; del hijo de la viuda de Naín; de Dorcas o también de la hija de Jairo, de nombre Tabita, solo por citar algunos casos. Fue a fin de conseguir una “resurrección mejor” bajo el Reino de Dios, que hombres y mujeres de la antigüedad permanecieron fieles a Jehová hasta la muerte.

Hemos visto que a “los demás de los muertos” se les resucita durante el milenio a fin de que sean “juzgados…… según sus hechosen aquel entonces (Rev. 20:12) La horrenda idea de que haya un día de juicio final en el que todos los que hayan vivido en tiempo alguno, tengan que responder de los pecados que hayan cometido en el pasado, carece de apoyo bíblico. El contexto muestra que se abrirán “rollos” divinos, o libros de leyes y que se juzgará a los muertos resucitados “de acuerdo con las cosas escritas en los rollos según sus hechos,” es decir, según su obediencia o desobediencia a esas instrucciones divinas. Tanto las personas que serán resucitadas, así como la “grande muchedumbre” que sobrevivirá a la “grande tribulación” ya tan cercana (primeros súbditos del reino), tendrán que beber del “agua de vida” es decir, aceptar agradecidamente el sacrificio de rescate de Cristo y todo lo demás que Jehová disponga para liberar a la humanidad de los efectos del pecado y de la muerte. Notemos que en Rev. 7:17, se nos dice así:

Porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a los manantiales de las aguas de la vida. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos.”

Luego esos manantiales de agua de vida, tendrán que ver con nueva información dadora de vida (los rollos que se abren) y que gradualmente irá sanando a las personas física, moral y espiritualmente, hasta llevarlas a la perfección. Y todo esto, nada tiene que ver con la disparatada idea que se tiene de Dan. 12:2 y Juan 5:28-29, en el sentido de una primera resurrección para vida de los justos y al cabo de mil años, una segunda para los injustos y de condenación. Porque lo que ha quedado claro, es que en la primera solo toman parte, aquellos que tienen que gobernar con Cristo durante mil años y que Jesús califico, de “rebaño pequeño”. Luego, como no puede ser que la inmensa mayoría de cristianos desde Jesús en adelante (probablemente millones) y que no gozaron de tan elevado privilegio, así como los notables del AT, sean levantados a una resurrección de condenación según tan disparatada teoría, tenemos que concluir que la tal interpretación no se ajusta a lo expresado en el contexto bíblico y por lo tanto es una burrada, dicho sea coloquialmente.

Por otra parte, no debe considerarse que las personas que son levantadas a una “resurrección de vida” o a una “resurrección de juicio” sean lo mismo que los “justos” y los “injustos” que Pablo mencionó en Hech. 24:15. Pablo se refiere a la condición de las personas cuando se les resucita, basada en su conducta antes de morir. Los “justos” (los cristianos citados, así como personas del AT, que gozaron del favor de Jehová en su momento) tendrán que persistir en su proceder justo mediante obediencia a las cosas escritas en los “rollos” para alcanzar la vida. De otro modo su resurrección pudiera resultar ser una “de condenación.” A la inversa, si aquellos de los “injustos” que se arrepientan, aceptan el sacrificio de rescate de Cristo y obedezcan las cosas escritas en los “rollos,” su resurrección bien pudiera resultar ser una resurrección “de vida” y no de “condenación”. Luego razonablemente, solo cuando se haga patente el resultado de la resurrección de la persona y después de la prueba final (que para eso está), podrá saberse cuál resurrección fue una resurrección “para vida” o una resurrección “para juicio.”

¿Pero quién efectuará la obra de juzgar? El apóstol Pablo escribió que Cristo Jesús “está destinado a juzgar a los vivos y a los muertos..….” (2 Tim. 4:1). También vemos que durante el reino milenario de Cristo habrá 144.000 jueces asociados sentados en “tronos” con Él (Luc. 22:28-30) y ya Pablo enfatizó esta idea al escribir “¿No saben ustedes que los santos juzgarán al mundo?” (1 Cor. 6:2). Por lo tanto, el que dirigirá esta obra de juicio, al inicio y no al final del Milenio y asistido por sus ayudantes asociados, será el mismísimo Jesucristo y que por tanto, es el que se sentará en el gran Trono Blanco de Rev. 20:11. Y como ya sabemos que esta afirmación pondrá el vello de punta a más de un “ilustrado”, les sugerimos que antes de pasar a presentar objeciones, analicen cuidadosamente el contexto de los capítulo 19 al 21 y saquen las oportunas conclusiones. Desde este blog, no nos permitimos hacer ningún tipo de afirmación, que no podamos demostrar oportunamente; hecho este pequeño inciso, continuemos diciendo que refiriéndose a lo que sucedería durante su reino milenario, Jesús declaró:

Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha encargado todo el juicio al Hijo. … No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz y saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida, los que practicaron cosas viles a una resurrección de juicio.” (Juan 5:22; 28-29). Y de nuevo nos topamos con este pasaje y del que explicaremos un poco más.

¿Contradice esto a Revelación 20:12, donde leemos que los muertos serán “juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los rollos” los cuales rollos no se abrirán sino hasta que esté en progreso el milenio? De ninguna manera; solo hay que entender las palabras de Jesús en el capítulo cinco de Juan a la luz de su posterior Revelación a Juan (Rev. 1:1) Tanto “los que hicieron cosas buenas” como “los que practicaron cosas viles”, estarán entre “los muertos” que serán “juzgados individualmente según sus hechos” y que evidentemente se refiere a los hechos que realicen después de su resurrección (Rev. 20:13). Al contrastar “resurrección de vida” con “resurrección de juicio”, Jesús estaba refiriéndose como antes hemos comentado, al resultado final de dichas resurrecciones; no se resucita a la persona a fin de condenarla automáticamente (sería absurdo), sino antes bien, un resultado condenatorio solo sigue a una resurrección si la persona rehúsa atenerse a las “cosas escritas en los rollos” y por eso no consigue que su nombre sea “escrito en el libro de la vida.” Es entonces que moriría “la muerte segunda” sin ninguna esperanza futura de una nueva resurrección (Rev. 20:14, 15; 21:8). Pero nuestros lectores, que son de mente aguda, seguramente ya están barruntando la siguiente pregunta…… pero, ¿volverán todos los muertos para ser juzgados, incluso las víctimas de la venidera “Gran Tribulación y otras, como las de Sodoma y Gomorra, por ejemplo? Y pregunta interesante donde las haya, pero si les parece, dejaremos este tema para una siguiente consideración.

Y eso es todo por esta vez, queridos amigos. Y ya lo saben, hágannos el inmenso favor de considerar nuestras afirmaciones a la luz de las Escrituras, por aquello de que el mejor escribano, hace un borrón. Y es que nosotros, también nos podemos equivocar.

MABEL

CUANDO NO SE QUIERE ENTENDER.

Posted in Uncategorized with tags , , , on 11/02/2010 by Armando López Golart

Desde esta página hemos seguido con interés, como hacemos siempre, los comentarios de respuesta que el Licenciado Mario Olcese ha publicado en sus blogs con referencia a nuestros últimos artículos, aparecidos en la Red. Pues bien, desde este blog hemos considerado la posibilidad de no hacer ninguna declaración acerca de las objeciones por él publicadas, por las razones siguientes:

De ninguna manera deseamos en esta página, envolvernos en enfrentamientos que tengan como finalidad el ganar una discusión y no el de un sincero y honesto cambio de impresiones, con la finalidad de establecer la verdad del contenido de las Escrituras. Y en segundo lugar, porque cuando obviando puntos claramente apoyados en textos bíblicos perfectamente interpretados (nunca se nos ha podido acusar de lo contrario) y que claramente nos dan la razón en nuestros argumentos, se llega al extremo de hacer afirmaciones basadas en lecturas sesgadas acerca de un escrito, con el objetivo evidente de tener “la razón”, entendemos que no vale la pena entrar en el debate…… y miren el por qué decimos esto.

En su artículo recién publicado: “¿Llamados a ser gobernantes o simplemente súbditos en el Reino?”, y haciendo referencia al expuesto en este blog, el 9 de Febrero de 2010, titulado. “El Reino de Dios: el fin o el medio”, el Sr. Olcese transcribe parte de uno de sus párrafos y que dice así:

Pero es que además ¿cómo explicaría Ud., amigo lector, el sistema gubernamental de un Reino? ¿Diciendo que el tal está compuesto de cientos de miles, de miles de más miles de gobernantes asociados? ¿Qué es lo que Ud. está viendo en los que actualmente aún existen, como España, Holanda, Suecia, Inglaterra, Jordania, etc., etc., citados anteriormente? ¿Qué idea cree Ud. que tenían los israelitas del tiempo de Jesús, acerca de la composición del antiguo reino de su antepasado David? Saque conclusiones, le rogamos de nuevo y pregúntese si el resultado obtenido cuadra con un gobierno milenario compuesto de “millones, miles de millones” de gobernantes asociados y que sería el resultado lógico, si fuera cierto que desde Cristo, todos los bautizados como cristianos accedieran a ese privilegio.

Eso era lo que nosotros planteábamos y vean Uds., que afirma a continuación el Sr. Olcese:

Pues bien, tal vez tenga razón el Sr. López al decir esto, aunque se olvidó agregar que el reino de Cristo, si bien tendrá una sede o localidad específica, su alcance e influencia será mundial, un aspecto crucial que no sólo justificaría los 144,000 asociados, sino un número aún mucho mayor.” (Negritasnuestras).

Ello demuestra la peregrina idea que tiene el amigo Mario Olcese, del organigrama de un reino o gobierno y de la “atención” con la que leyó nuestro escrito y así, poder responderlo con propiedad. Porque resulta que solo un poco más adelante y en el primer párrafo del subtema Territorio, nos pronunciamos, texto incluido y todo, en los siguientes términos:

Sin embargo parece ser, que dicho gobierno tendrá su ubicación aquí en la tierra, concretamente en el territorio de Israel, siendo Jerusalén su ciudad/capital y desde donde se extenderán sus dominios y también beneficios, según promesa divina, hasta la parte más lejana de la tierra: “Y mediante tu descendencia ciertamente se bendecirán todas las naciones de la tierra debido a que has escuchado mi voz.” (Gén. 22:18).

Y ahí están nuestros dos blogs, para que Uds. puedan comprobarlo. Y concluir, por otra parte, que el aumentar su radio de influencia dicho reino sobrenatural, sería un aspecto “crucial” por lo cual habría que aumentar el número de 144.000 co-gobernantes, por demás personajes poderosísimos, significa no conocer o lo que es peor, “no querer” conocer, de que se nos está hablando en cuanto a ese Reino de Dios, poderosísimo, así como de no tener la más elemental idea del organigrama de una estructura de gobierno. Y todo ello, se nos antoja (porque él sabe estas cosas), para no reconocer la verdad de un tema en el que está profundamente equivocado. Mario Olcese, quiere continuar pensando que no pueden ser 144.000 integrantes, como dice Jehová, sino “millones, miles de millones”, como afirma él…… pues bien, en todo caso nuestro respeto a su forma de pensar. Pero claro, llegados a este extremo de que cada uno escoge la pequeña porción que le interesa de un planteamiento como un todo, para montar su defensa y “ganar” su particular batalla, pues que quieran que les digamos, como que no nos apetece perder el tiempo de esa manera.

Porque lo que nosotros entendemos que hay que hacer, lejos de tan infantiles recursos, es entrar en el fondo de la cuestión y analizar si los textos usados en cualquier planteamiento, están correctamente aplicados y sobre todo, correctamente interpretados. Y si eso es así y rogamos sepan disculpar la vulgar expresión, pues uno se la envaina, se calla y aprende, porque el planteamiento en cuestión queda demostrado correcto. Y si no es así, pues uno entra a discutir concretamente acerca de la tal aplicación e interpretación de los textos usados (no de otras cosas) y lo demás son gaitas. Y porque además y de eso no nos cita para nada el Sr. Olcese, lo que se estaba prometiendo a los judíos, era la restauración “del reino de David” y no otra cosa, por lo cual estaríamos muy agradecidos a nuestro buen amigo Mario, si nos explicara según él, cuál era la composición orgánica de ese reino; pero veamos que afirma a continuación:

Sin embargo, mi amigo, el Sr. López, dice esto de los súbditos del reino: “Como podemos ver y al igual como en el caso de Noé después del Diluvio, la tierra de nuevo verá a una humanidad que, aunque continuando de momento en estado de imperfección, en su totalidad será conocedora y obediente de Sus disposiciones reglamentarias y por eso Jehová, les ha concedido el pasar con vida a través de tan dramáticos acontecimientos”.

Veamos ahora, la objeción presentada:

Sinceramente pongo en duda lo dicho por el Sr. López en el sentido de que los súbditos serán conocedores y obedientes de Dios antes de entrar al reino. Recordemos que los súbditos son los sobrevivientes de las naciones, los cuales serán enseñados y adoctrinados en el camino del Señor en el milenio, pues dice la Biblia: “De Sion saldrá la ley y de Jerusalén la Palabra de Yahweh”. “Y los errados de espíritu aprenderán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina” (Isa. 29:24). (Negritasnuestras).

Y aunque el Sr. Olcese pone en duda nuestra afirmación, eso es lo que nos dicen las Escrituras, luego la idea no es nuestra. Porque resulta, que si no hubieran sido conocedores y por tanto, obedientes al Altísimo, no habrían sobrevivido a la Gran Tribulación y con lo cual nos habríamos quedado sin súbditos. Y esa es una conclusión simple y lógica, a la cual parece tener alguna dificultad para llegar el Sr. Olcese. Y es que de la gran muchedumbre que sobrevive a tan dramático evento (nadie más sobrevive), se nos dice que es a causa de haber lavado sus ropas con la sangre del cordero y que por eso están delante del trono, rindiéndole culto noche y día, extendiendo el que está sentado en el trono su tienda sobre ellos en señal de aprobación; pero leámoslo:

Uno de los ancianos me preguntó diciendo: Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido? 14 Y yo le dije: Señor mío, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestidos y los han emblanquecido en la sangre del Cordero. 15 Por esto están delante del trono de Dios y le rinden culto de día y de noche en su templo. El que está sentado en el trono extenderá su tienda sobre ellos.” (Rev. 7:13-15).

Pero es que además, el Sr. Olcese nos dice en esa porción de comentario, lo siguiente:

Recordemos que los súbditos son los sobrevivientes de las naciones, los cuales serán enseñados y adoctrinados en el camino del Señor en el milenio, pues dice la Biblia: “De Sion saldrá la ley y de Jerusalén la Palabra de Yahweh”. (Negritas nuestras).

Y por supuesto que recordamos de donde proceden estos sobrevivientes, sin embargo, el que parece no recordarlo es el Sr. Olcese. Porque la pregunta inmediata, es la siguiente: ¿y a que sobreviven, esos “sobrevivientes de las naciones”? Pues a la Gran Tribulación, como ya hemos dicho y siendo por ello entonces, la gran muchedumbre de Rev. 7:9:

Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.

Y que como hemos mencionado, han conseguido la aprobación de Jehová y por ello se han salvado (verso 14). Luego nuestra idea y contraria a la personal opinión (no basada en texto bíblico alguno) del Sr. Olcese, es correcta y su objeción, como muy incongruente. Cierto es lo afirmado en Isa. 19:24:

Y los extraviados de espíritu aprenderán inteligencia y los murmuradores aprenderán doctrina.”

Pero que lejos de dar ningún tipo de apoyo a las ideas del Sr Olcese, lo que hacen es reafirmar el contenido de los dos últimos subtemas de nuestro artículo objeto de la crítica del amigo Mario y de los que por cierto, no nos dice ni palabra. Allí explicamos, que a principios del milenio, da comienzo la segunda resurrección mencionada por Pablo en Hech. 24:15:

“…..y tengo esperanza en cuanto a Dios, esperanza que estos mismos también abrigan, de que va a haber resurrección así de justos como de injustos.”

Y a partir de ahí, aplican las palabras de Isa. 19:24 citadas, así como Rev. 2:27 y 12:5, que nos hablan de la aparente necesidad de una regencia con “vara de hierro” o actitud intransigente con algunos  y que será la excepción, se debe a la aparición (por resurrección) de los “injustos” en la tierra y que solo será aplicada a los “injustos” que se desmanden, no a los que cambien de actitud y muchísimo menos a los “justos” que viven en plena armonía con la voluntad y dirección de Jehová, mediante su gobierno milenario. Y que para nada son aplicables a la gran muchedumbre en el momento de su aparición, como nos da a entender erróneamente Apologista…… y es que calificar de “extraviados de espíritu” a aquellos que se salvan a través de la Gran Tribulación por haber obtenido el beneplácito de Jehová, como que nos parece un poco fuerte. Y por fin, no obstante, parece que se hizo la luz, pues nos dice Apologista:

No deja de inquietarme, sin embargo, la grande muchedumbre que aparece en Apocalipsis 7: 9-15.”

Y después de citar dichos versos, concluye de manera brillante con la siguiente reflexión:

De este grupo incontable se dice que está frente al trono y frente al Cordero. Si esto es verdad, y no tengo razones para dudarlo, entonces hay salvos de entre los gentiles que salieron de la gran tribulación final y que estarán en el mismo lugar (aunque no en la misma posición de reyes) que los 144,000 sellados Hebreos. Esto implicaría que si bien 144,000 son los que reciben sus tronos de autoridad junto con Cristo, hay otros que están delante de los príncipes hechos reyes que colaborarán en la gobernación como asistentes.”

¡¡Aleluya, querido Mario!! Esto y no otra cosa, es lo que intentamos darle a entender con nuestros artículos y desde tiempos inmemoriales, pues un reino se compone en primera instancia, de un Rey y de un parlamento (o Corte Real, en su día) a su alrededor y miembros por tanto de pleno derecho del gobierno en cuestión; luego, a una escala mucho menor y sin gozar por supuesto del mismo status y magnificencia, una inmensa cantidad de funcionarios, que colaboran en las tareas de administración y desde diferentes responsabilidades, cargos y rangos…… y eso querido Mario es el Reino de Dios. Un gobierno o administración, compuesto de un Rey (Jesucristo) y una corte principesca de poderosísimos reyes y sacerdotes asociados (144.000, según Rev. 14:1, no lo decimos nosotros), a los que se irán añadiendo en calidad de funcionarios (menudo privilegio, casi nada) algunas personas sobrevivientes de la Gran Tribulación en principio y prominentes por su amor y dedicación demostrada al Altísimo, por su apoyo en todo momento al Reino en nuestros días. Y ahí entre ellos y no nos cabe la más mínima duda, podría estar el amigo Mario Olcese, no solo porque su defensa a ultranza del Reino está perfectamente acreditada, sino porque además y según nuestro entender (discrepancias aparte) es una excelente persona y eso, nos consta. Ya después y según vaya adelantando la segunda resurrección de forma gradual (nosotros jamás hemos dicho que será instantánea y de todos al mismo tiempo) y vayan apareciendo los Daniel, David, Abraham etc., etc., qué duda cabe de que ocuparan puestos de altísima dignidad. Porque y dicho sea por si acaso, ellos no formaran parte, del gobierno milenario de los 144.000 escogidos por Jehová, según el pasaje de Mateo 11:11-12, debidamente analizado. Veamos el razonamiento, leyendo Mat. 11:12:

Pero desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos es la meta hacia la cual se adelantan con ardor los hombres, y los que se adelantan con ardor se asen de él.”

Luego entendemos que fue a partir de los días de Juan el bautizante, que fue abierta la posibilidad de esforzarse por el Reino, no antes. Y para esos días, ya hacía siglos que habían fallecido los personajes citados del AT. Tanto es así, que ni siquiera Juan el Bautista, un hombre que desde su infancia estuvo lleno de Espíritu Santo (Luc. 1:15b), fue incluido para acceder a ese privilegio, sencillamente porque murió antes de que se estableciera el pacto para el Reino y posterior derramamiento del Espíritu Santo en el Pentecostés de 33 E.C. Ahora fíjense en lo que dijo Jesús, un versículo antes del que acabamos de citar:

En verdad les digo: Entre los nacidos de mujer no ha sido levantado uno mayor que Juan el Bautista; mas el que sea de los menores en el reino de los cielos es mayor que él.”

Tengamos en cuenta, que esas palabras son muy reveladoras para el asunto que estamos considerando, por lo cual tenemos que analizar con detenimiento, lo que nos estaba diciendo Jesús: si Juan era el más grande de los nacidos de mujer (entendemos que en orden de importancia), nos queda claro que era más grande que los Abraham, David, Daniel, etc. Luego si el más pequeño en el Reino de Dios (el último de la fila, para entendernos), era mayor que él y eso solo podía significar que Juan no figuraría entre los miembros del mismo, cuanto menos y por extensión, aquellos que eran considerados menores que el propio Juan, los notables del AT. Y si nosotros hemos interpretado estos dos textos correctamente, tenemos razón en nuestro planteamiento diga lo que diga el Sr. Olcese y si no, que nos explique y según él, cuál es la interpretación correcta. Y les rogamos queridos lectores, sepan disculpar el quebrantamiento tan temprano de nuestra afirmación inicial, en el sentido de no responder a tales comentarios; pero ya saben…… la carne es débil.

Y eso es todo, queridos amigos. Como siempre, les recomendamos respetuosamente el leer ambos artículos, los contrasten con nuestra respuesta y Biblia en mano, saquen sus propias conclusiones. Y es que nosotros, también podemos equivocamos.

MABEL

EL REINO DE DIOS: EL FIN O EL MEDIO.

Posted in Uncategorized with tags , , , , on 09/02/2010 by Armando López Golart

Mucho es lo que se ha llegado a hablar, se habla y seguramente se seguirá hablando acerca de este controvertido tema. Y decimos controvertido, porque aunque fue el tema central de la predicación de Jesús, no ha sido debidamente entendido por la mayoría de las organizaciones llamadas cristianas, ni por la inmensa mayoría de los estudiosos que cuelgan sus artículos en Internet, siempre por supuesto, desde nuestro falible punto de vista. Dado que sería largo y tedioso (por lo repetido), enumerar las distintas creencias que acerca del tal existen, que si está en el cielo, que si está dentro de cada uno de nosotros, que si es el reinado de la Iglesia aquí en la tierra, etc., etc., lo vamos a obviar y nos vamos a ocupar de un punto en el cual, sin embargo, parecen estar de acuerdo la inmensa mayoría de los citadas organizaciones, así como de los entendidos que publican en la Red: todos se creen que van a heredar el reino en calidad de gobernantes, o sea, todos se creen “ungidos” para tal fin. Y por lo tanto, en sus escritos o en sus prédicas, manifiestan que esa debería ser la lógica finalidad de todo cristiano o seguidor de Cristo: entrar a formar parte del Reino de Dios junto a Jesucristo. Hasta tal grado esto es así, que llegan a afirmar que ya desde los tiempos primeros del cristianismo y hasta nuestros días, todos aquellos bautizados por inmersión y en el nombre de Jesús, automáticamente y desde ese momento, ya pasan a disfrutar de este privilegio. Por lo tanto, están convirtiendo y sin darse cuenta (creemos) el Reino de Dios en un fin y no en el medio que realmente es. Por eso entendemos nosotros y esperamos no equivocarnos, que la Biblia no dice esto.

Qué es el Reino

Hemos dicho hace un momento, que Jesús hizo del Reino de Dios, el objetivo primario de su predicación:

Pero él les dijo: También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado.” (Lucas 4:43).

Luego el hecho de haber sido enviado para ese ministerio en particular, nos habla de la suma importancia que ese reino tenía, tiene y tendrá, en la vida de las personas que lo acepten. Sin embargo y sorprendentemente, una de las características en la predicación de este reino por parte de Jesús, fue que nunca, al menos que nos conste según las Escrituras, explicó que era. Luego deberíamos de entender, razonablemente, que sus numerosos oyentes ya sabían de qué se trataba. Porque si bien es cierto, que para cuando Jesús apareció, Israel se había convertido en un territorio bajo la dominación del Imperio de turno, o sea Roma, en su día fue un floreciente reino, en el cual se asentaba el Trono de Jehová:

Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre y fue prosperado; y le obedeció todo Israel.” (1 Cró. 29:23).

Y eso lo sabían los judíos, así como también conocían la promesa de Jehová a su antepasado, el rey David, en los siguientes términos:

Y tu casa y tu reino ciertamente serán estables hasta tiempo indefinido delante de ti; tu mismísimo trono llegará a ser un trono firmemente establecido hasta tiempo indefinido.” (2 Sam. 7:16).

Por eso Jesús, no tenía ninguna necesidad de explicar que era ese reino que él proclamaba, ya que no solo era perfectamente conocido, sino anhelantemente esperado, como lo demuestra el alborozo con que recibieron a Jesús cuando este se presentó ante ellos, como rey escogido por Jehová. (Mateo 21:8-11). Pero veamos ¿qué era lo que los judíos del tiempo de Jesús, esperaban realmente?: pues sencillamente un gobierno. Un gobierno que los sacara de la maltrecha situación en la que estaban sumidos bajo el dominio y la tiranía del Imperio Romano y restituyera los tiempos de libertad y prosperidad, existentes en las gobernaciones de David, Salomón y algunos otros, mientras permanecieron fieles a su Supremo Rey Jehová. Porque eso, ni más ni menos, es lo que fueron los citados reinos: gobiernos o administraciones dependientes de Jehová, para atender los asuntos y el bienestar de su pueblo Israel. Y eso y para simplificar, era en aquel tiempo el Reino de Dios aquí en la tierra: una administración dirigida por Jehová, mediante Sus leyes. Luego claramente, lo que significaba para ellos el reino, era un rey, un conjunto de gobernantes asociados para vigilar los asuntos del rey, un territorio y por supuesto, unos gobernados. Exactamente lo mismo que Ud., querido lector, puede ver a su alrededor cuando mira a los reinos de España, Inglaterra, Dinamarca, Holanda, Suecia, Jordania, Marruecos, etc., etc.

El Rey

¿Y quién será el futuro rey de ese venidero gobierno? Esta evidentemente, es la cuestión más clara y menos polémica de las que se contemplan en este tema: Jesucristo. Veamos las evidencias bíblicas. Ya en tiempos de los patriarcas, fueron pronunciadas unas palabras proféticas por uno de ellos, Jacob, sobre uno de sus hijos:

El cetro no se apartará de Judá, ni el bastón de comandante de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él pertenecerá la obediencia de los pueblos.” (Gén. 49:10).

La expresión hebrea Shîlôh y siempre según las fuentes consultadas, significa: tranquilo (tranquilidad, reposo) o cómodo. También según vierten algunos traductores, puede significar: descendiente; el enviado; aquel a quien le corresponde (el cetro); el que tiene el derecho; el que da descanso; el que trae la paz.  Luego y según Isaías 9:6, todos estos significados, claramente señalaban al futuro Mesías Jesucristo:

Porque un niño nos es nacido, un hijo nos es dado, y el dominio estará sobre su hombro. Se llamará su nombre: Admirable Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

Que eso tenía que ser así, nos lo confirman las palabras con que el ángel se dirigió a María en Lucas 1:30-33:

El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; 31 vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. 32 El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.” Y ahí tenemos al Rey, aceptado por todos sin discusión. Ya otro cantar, va a ser lo que tiene que ver con los miembros de su gobierno.

Gobernantes

Y es que aquí hay mucha tela que cortar. Tanto es así y tan cierta la última frase del pasaje anterior, que aún no me he puesto a hablar de ello, cuando ya ha aparecido otro comentario en Internet, en el que se duda de que el número de esos gobernantes sea de 144.000, como nos dice la Biblia. Se trata de un artículo de mi buen amigo Apologista Mario Olcese, titulado: “Los 144.000 coherederos con Cristo del Reino de Dios” y en el que me cita como firme defensor de la literalidad del numero expresado y eso es cierto … hasta cierto punto, claro. Porque el que da el número en cuestión, no soy yo, sino la Biblia, concretamente en Rev. 7:4 y 14:1. Desde esta página, lo único que defendemos, es el hecho de que mientras en esos pasajes se nos da una cantidad perfectamente delimitada, en ningún lugar de la Biblia y en contra de la opinión de mi buen amigo Mario Olcese y otros, se nos dice nada de que sea simbólica, ni se nos da de ello la más mínima idea. Exactamente todo lo contrario, ya que un análisis del contexto, nos indica que ello es como dice la Biblia y como entendemos nosotros. Y eso y no otra cosa, es lo que defendemos desde este blog. Veamos.

Según nos relata Juan en la Revelación, solo vio dos grupos: de uno de ellos, se nos dice que “ningún hombre podía contar.” Luego estaremos de acuerdo y según las reglas de la gramática española, que por pasiva, significaría que el otro grupo si se podía contar. Y lo citemos en el idioma que queramos, siempre leeremos que el segundo grupo nadie lo podía contar, luego, repetimos,  significa que el primero se podíacontar (y eso es una regla universal). Y por lo tanto si ese primer grupo se podía contar, de ninguna manera podría ser simbólico. Además, que de ser así, desaparecería el contraste que las Escrituras parecen desear poner de manifiesto. Por otra parte tenemos lo siguiente: en el Salmo 2:6, leemos lo siguiente:

“¡Yo he instalado a mi rey en Sion, mi monte santo!”.

Luego lo que Juan vio en su visión de Rev. 14:1, fue este acontecimiento ya realizado y profetizado mediante las propias palabras del Altísimo. Veamos como leemos ese pasaje:

Y miré y he aquí el Cordero de pie sobre el monte Sion y con él estaban los 144.000 que tenían su nombre y el nombre de su Padre escrito en sus frentes.

Bien, entonces preguntémonos: ¿es simbólico el puesto de Rey dado por Jehová a Jesucristo? Evidentemente no. ¿Es simbólica su ubicación en el terrenal monte de Sion, sito en las cercanías de Jerusalén y en donde en su día estaba colocado el Trono de Jehová y en donde de nuevo y según la profecía, volverá a estar? Evidentemente no. Entonces queridos amigos ¿qué nos hace pensar, que la cantidad de 144.000 que corroboró Juan, en ese contexto mencionada, es simbólica? Además, según Rev. 7:4-8, para nada se deja entrever el simbolismo de dicha cantidad, cuando su procedencia está perfectamente delimitada: doce mil de cada una de las doce tribus que hacen su aportación ¿podría hablar Jehová más claro? Luego la pregunta que razonablemente podríamos hacernos es la siguiente: ¿por qué tenemos que ir más allá de lo que dicen las Escrituras, desoyendo el consejo de Pablo? (1 Cor. 4:6) Porque las Escrituras ¿qué dicen? ¿que es un número simbólico o uno concreto compuesto de 144.000 unidades? Y saque Ud. querido lector, sus propias conclusiones.

Pero es que además ¿cómo explicaría Ud., amigo lector, el sistema gubernamental de un Reino? ¿Diciendo que el tal está compuesto de cientos de miles, de miles de más miles de gobernantes asociados? ¿Qué es lo que Ud. está viendo en los que actualmente aún existen, como España, Holanda, Suecia, Inglaterra, Jordania, etc., etc., citados anteriormente? ¿Qué idea cree Ud. que tenían los israelitas del tiempo de Jesús, acerca de la composición del antiguo reino de su antepasado David? Saque conclusiones, le rogamos de nuevo y pregúntese si el resultado obtenido cuadra con un gobierno milenario compuesto de “millones, miles de millones” de gobernantes asociados y que sería el resultado lógico, si fuera cierto que desde Cristo, todos los bautizados como cristianos accedieran a ese privilegio. Porque no olvidemos en ningún momento, que la promesa era “la restauración del reino de David” y no otra cosa tan distinta como resultaría, de aceptar tan dudosa teoría. Pero veamos una objeción que nos presenta el Sr. Mario Olcese:

El único problema que yo veo en la posición de mi amigo López es que de igual manera deberíamos tomar literalmente el origen étnico de estos 144,000 individuos, que como el mismo Apocalipsis 7 nos dice, todos estos provienen de las tribus de Israel.

Pero si ese es el único problema, creemos que la cosa se puede resolver razonablemente. Para cuando se escribió el libro de Revelación, ya Pablo había aclarado un punto que nos va a ayudar a resolver esta cuestión:

Porque no es judío el que lo es por fuera, ni es la circuncisión la que está afuera en la carne. 29 Más bien, es judío el que lo es por dentro y su circuncisión es la del corazón por espíritu y no por un código escrito. La alabanza de ese viene, no de los hombres, sino de Dios.” (Rom. 2:28-29).

Pablo nos dejó más claro este concepto, en su carta a los gálatas, alrededor del año 56:

Porque nada cuenta ni la circuncisión, ni la incircuncisión, sino la creación nueva. 16 Y para todos los que se sometan a esta regla, paz y misericordia, lo mismo que para el Israel de Dios.”(Gál. 6:16).

Y esa “creación nueva” solo podía ser el “Israel de Dios”, a menos por supuesto, que alguien nos muestre lo contrario. Luego las doce tribus mencionadas en el capítulo 7 de Revelación, tienen que referirse a este Israel de Dios, que para nada era simbólico y por otras varias razones de peso. Vemos por ejemplo, que la lista de los nombres de dichas tribus, no encaja con la del Israel natural registrada en el primer capítulo de Números, con lo cual estaríamos hablando de una cosa parecida, pero no la misma, aunque sí nos den igual idea de una organización perfectamente estructurada, lo cual parece ser el objetivo de ser citadas. Además, el templo de Jerusalén, el sacerdocio y todos los registros tribales del Israel natural fueron destruidos, perdidos para siempre en el año 70 E.C. y con ellos, la identidad de Israel como nación, o sea, mucho antes de que Juan tuviese su visión en el año 96 E.C. Pero aún más importante que esto, es que cuando Juan recibió su visión, tuvo como telón de fondo los acontecimientos ocurridos desde el Pentecostés de 33 E.C. en adelante y en donde quedó claro que Jehová rompía el pacto con el Israel literal (que no solo había rechazado, sino también ejecutado vilmente a Su Hijo), cuando empezó mediante el derramamiento del Espíritu Santo, a establecer otro pacto, tanto en contenido como en la identidad de sus receptores, puesto que al poco tiempo, incluyó a los gentiles. Ya en este sentido se pronuncio Jesús en su momento, según Mateo 21:43:

Por eso les digo: El reino de Dios les será quitado a ustedes y será dado a una nación que produzca sus frutos.

Luego el Israel literal y de momento, desaparecía de la escena, para dar paso a otra nación que contara con el favor de Jehová y que como hemos visto, Pablo pasó a denominar como el Israel de Dios, dado que estaba compuesta de miembros elegidos directamente por Jehová, mediante el ungimiento por Espíritu Santo. Ya Jehová había advertido proféticamente de ese cambio, según las palabras de Malaquías 3:17:

Y ciertamente llegarán a ser míos —ha dicho Jehová de los ejércitos— en el día en que produzca una propiedad especial. Y ciertamente les mostraré compasión, tal como un hombre muestra compasión a su hijo que le sirve.

Luego dado que para cuando se pronunciaron esas palabras, Israel hacía siglos que existía, Jehová se refería a otra cosa y que no podía ser otra que: El Israel de Dios. Y que se trataba de un grupo reducidísimo, lo prueban las palabras de Jesús en su momento y en las que nos dio a conocer cuál era la voluntad de su Padre Celestial, con respecto a esta cuestión:

No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino.” (Lucas 12:32).

Luego prescindiendo que ese rebaño pequeño, esté compuesto de 144.000, de 200.000 o de 250.000  por decir algo, de ninguna manera tiene nada que ver, con la brutal cantidad que compondrían dicho gobierno, si tuviera que estar integrado por todos los que desde Pentecostés del 33 E.C. hasta nuestros días, han sido bautizados en inmersión y en el nombre de Jesucristo y lo cual, se nos antoja una barbaridad. A menos por supuesto, de que Jesús en su momento, no tuviera ni la más remota idea de lo que estaba diciendo. Luego, si aceptamos este razonamiento ¿por qué discutir la cantidad de 144.000, dada por el propio Jehová en la Revelación? Porque no se nos olvide, que la revelación se origina en el Altísimo, Jesucristo solo la transmite mediante un ángel:

La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y que dio a conocer enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan.” (Rev. 1:1).

Luego ¿quiénes somos nosotros para poner en duda, algo dicho con tanta claridad por nuestro Creador? ¿Es que acaso Jehová, tendrá que repetirnos las palabras que en su día dirigió a Job?:

Y Jehová procedió a responder a Job desde la tempestad de viento y decir: 2 “¿Quién es este que está oscureciendo el consejo con palabras sin conocimiento?” (Job 38:1-2).

Y conste que Job en sus alegaciones, seguramente creía tener más razón que un santo, pero sencillamente, Jehová no pensaba igual. Y aunque hay muchísimos más argumentos que podríamos usar para defender nuestra postura, el hecho de no desear extendernos demasiado, nos aconsejan rogar a nuestro buen amigo Mario Olcese, nos permita continuar nuestra argumentación en otro momento.

Territorio

Otro de los apartados no demasiado bien entendidos por algunos y también causa de polémica, tiene que ver con el lugar donde estará emplazado dicho Reino. Sin embargo parece ser, que dicho gobierno tendrá su ubicación aquí en la tierra, concretamente en el territorio de Israel, siendo Jerusalén su ciudad/capital y desde donde se extenderán sus dominios y también beneficios, según promesa divina, hasta la parte más lejana de la tierra:

Y mediante tu descendencia ciertamente se bendecirán todas las naciones de la tierra debido a que has escuchado mi voz.” (Gén. 22:18).

De nuevo hacemos hincapié, en que los oyentes de Jesús, perfectos conocedores de lo que les estaban hablando, tenían perfectamente asumida la idea de un reino restaurado en Israel, con capital en Jerusalén, cosa que Jesús en ningún momento y hasta donde hay constancia, llegó a desmentir. Y si para muestra vale un botón, veamos cual fue la última pregunta de sus discípulos, antes de que Este iniciara su ascensión a los cielos:

Por tanto, los que estaban reunidos le preguntaban diciendo: Señor, ¿restituirás el reino aIsrael en este tiempo?” Hechos 1:6).

Vemos que la carga de la pregunta no estaba en el hecho de dicha restitución, sino en el momento en que tendría que producirse dicho evento. Y Jesús no rectifico para nada su planteamiento, solo se limitó a señalarles que el conocimiento de los debidos tiempos para el cumplimiento del tal promesa, descansaban dentro de los límites de la autoridad del Padre:

El les respondió: A vosotros no os toca saber ni los tiempos ni las ocasiones que el Padre dispuso por su propia autoridad.” (Hechos 1:7).

Luego ello nos muestra, que la actitud de Jesús, avalaba la idea de un reino restaurado aquí en la tierra. Y de momento aquí lo dejamos.

Gobernados

Otro apartado que también se las trae y si no, ya lo irán viendo, tiene que ver con las personas que serán gobernadas. Los primeros súbditos de este Reino de hechura celestial (por su poder e ideología) y ubicado aquí en la tierra, serán los sobrevivientes de la gran tribulación según Rev. 7:9 y 13-14:

Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos…………13 Uno de los Ancianos tomó la palabra y me dijo: “Esos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido?”. 14 Yo le respondí: “Señor mío, tú lo sabrás.” Me respondió: “Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero.

Como podemos ver y al igual como en el caso de Noé después del Diluvio, la tierra de nuevo verá a una humanidad que, aunque continuando de momento en estado de imperfección, en su totalidad será conocedora y obediente de Sus disposiciones reglamentarias y por eso Jehová, les ha concedido el pasar con vida a través de tan dramáticos acontecimientos. A estos y a los hijos que les vayan naciendo, se irán uniendo y de forma progresiva, las personas que tomaran parte en la segunda resurrección y de la que nos habla Pablo en Hechos 24:15:

“…… teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos.

Esta idea que nosotros exponemos, choca frontalmente con un planteamiento muy extendido en el sentido de que, según Daniel 12:2 y Juan 5:28-29, solo hay dos resurrecciones, una primera para vida y en la que participan los justos y una segunda al cabo de mil años (o fin del reino milenario), para condenación y en la que toman parte los injustos. Este es, a nuestro entender, un dudoso planteamiento que no resiste la lógica, ni muchísimo menos el contraste con el contexto bíblico y sobre el que algo ya hemos escrito, en otros artículos, para aclarar nuestra postura acerca de dicha cuestión. Veamos ahora, el cometido del gobierno de este Reino de Dios.

Finalidad o cometido

Hasta donde nosotros entendemos, este gobierno encabezado por Jesucristo, es el medio para conseguir un objetivo:

A él, además, el cielo le debía recibir hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de las cuales habló Dios por boca de sus santos profetas desde tiempos antiguos.

¿Y qué cosas son, las que tenían que ser restauradas? Pues las condiciones físicas, medio ambientales y sobre todo espirituales que existieron en un principio y antes del pecado de Adán. Por ejemplo, por boca de sus santos profetas Jehová dijo lo siguiente:

En aquel tiempo los ojos de los ciegos serán abiertos y los oídos mismos de los sordos serán destapados. 6 En aquel tiempo el cojo trepará justamente como lo hace el ciervo y la lengua del mudo clamará con alegría. Pues en el desierto habrán brotado aguas y torrentes en la llanura desértica. 7 Y el suelo abrasado por el calor se habrá puesto como un estanque lleno de cañas y el suelo sediento, como manantiales de agua. En el lugar de habitación de los chacales, un lugar de descanso para ellos, habrá hierba verde con cañas y papiros.” (Isaías 35:6).

O por ejemplo, esto otro:

Y el lobo realmente morará por un tiempo con el cordero y el leopardo mismo se echará con el cabrito y el becerro y el leoncillo crinado y el animal bien alimentado todos juntos y un simple muchachito será guía sobre ellos. 7 Y la vaca y la osa mismas pacerán; sus crías se echarán juntas. Y hasta el león comerá paja justamente como el toro. 8 Y el niño de pecho ciertamente jugará sobre el agujero de la cobra y sobre la abertura para la luz de una culebra venenosa realmente pondrá su propia mano un niño destetado. 9 No harán ningún daño ni causarán ninguna ruina en toda mi santa montaña; porque la tierra ciertamente estará llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mismísimo mar.” (Isaías 11:6-9).

Luego vemos una maravillosa transformación, tanto de las condiciones físicas de la humanidad, como del medio ambiente y de la paz en todo orden, al grado de que ni los animales más mortíferos y tan temidos hoy en día, causarán el más mínimo problema. ¿Y qué hay de la parte espiritual? Pues vemos que también será atendida debidamente, según leemos en Rev. 7:17:

Porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a los manantiales de las aguas de la vida. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos.

Y si bien estas palabras iban dirigidas en principio, a los sobrevivientes de la Gran Tribulación, se harán extensivas a todos los que vayan resucitando, mediante la benefactora acción sacerdotal de los miembros del gobierno encabezados por Jesucristo (recordemos que son reyes y sacerdotes).

Y así se llegará al final de los mil años, con el objetivo cumplido. La Tierra de nuevo será un paraíso, con una humanidad tan perfecta como lo fueron Adán y Eva, antes del pecado. Luego vemos que el Reino de Dios, lejos de ser un fin, es el medio o instrumento perfecto que Jehová usa para restaurar todas las cosas a su estado anterior. Entendido esto, nuestra meta no debería de ser el gobernar con Cristo en su Reino, sencillamente porque no es la que Jehová ha colocado ante la humanidad en general y porque además, ese maravilloso privilegio no depende de nuestros esfuerzos, como parece apuntar el Sr. Mario Olcese en su artículo al que hemos hecho referencia, sino de la voluntad expresa de Jehová, hacia unas poquísimas y determinadas personas (Lucas 12:32). Y que por lo tanto, de ninguna manera puede abarcar al entero conjunto de bautizados como cristianos, desde los tiempos de Cristo hasta nuestros días. Tal idea, no se contempla en ninguna parte de las Escrituras, correctamente entendidas. Otra cosa, es que algunos erróneamente la tengan y la intenten defender, sacando si conviene, textos de su contexto natural. Y el que nada tiene que ver con nuestro deseo y posterior esfuerzo por conseguirlo, nos lo muestra Pablo, en Rom. 9:11-16:

…… ahora bien, antes de haber nacido, y cuando no habían hecho ni bien ni mal,  para que se mantuviese la libertad de la elección divina, 12 que depende no de las obras sino del que llama,  le fue dicho a Rebeca:  El mayor servirá al menor, 13 como dice la Escritura:  Amé a Jacob y odié a Esaú. 14 ¿Qué diremos, pues? ¿Qué  hay injusticia en Dios? ¡De ningún modo! 15 Pues dice él a Moisés: Seré misericordioso con quien lo sea: me apiadaré de quien me apiade. 16 Por tanto, no se trata de querer o de correr, sino de que Dios tenga misericordia.”

Dicho esto, continuemos donde nos habíamos quedado, o sea, en un paraíso totalmente restaurado. Y entonces ¿qué? Pues entonces se producirá aquella circunstancia de la que Jehová ya nos está avisando, aún ahora en Rev. 20:7-8 y que conocemos popularmente como el “Juicio Final” (aunque realmente de lo que se trata, es de una Prueba Final, con sus lógicas consecuencias):

“Cuando se terminen los mil años, será Satanás soltado de su prisión 8 y saldrá a seducir a las naciones de los cuatro extremos de la tierra, a Gog y a Magog  y a reunirlos para la guerra, numerosos como la arena del mar.

Luego por lo que leemos, Satanás tiene éxito en su intento de extraviar a las naciones ya que los que le seguirán, serán “numerosos como la arena del mar.” ¿Pero cómo puede ser esto así, si partimos en su momento de una humanidad obediente a Jehová y que por demás, iría siendo restaurada progresivamente a la perfección? Pero esa pregunta, merece un espacio aparte.

La Prueba Final

Fíjense Uds. que estamos hablando de una Prueba Final y no de una resurrección final y condenatoria para “los injustos”, como erróneamente afirman muchos debido a una, entendemos nosotros, incorrecta interpretación de Daniel 12:2 y Juan 5:28-29 y calificándola como la segunda resurrección para condenación y al término del Milenio. Ello es un error, dado que la segunda  resurrección y que según Hechos 24:15, será tanto de justos como de injustos, se produce, como ya hemos apuntado en su momento, a partir de los inicios del milenio y de forma gradual, como es perfectamente razonable. Pero claro, alguien podría decir que en algo más que en nuestra mera afirmación, nos tendríamos que apoyar para mantener nuestro planteamiento de los injustos resucitando durante el milenio. Pues bien, sí lo tenemos, pero antes de exponerlo consideremos lo siguiente. Si lo afirmado por los que defienden dicha errónea idea, fuera cierto, nos encontraríamos con lo siguiente: al inicio del Milenio resucitan en una primera resurrección los justos y que han de gobernar con Cristo por mil años y que gozan de inmortalidad (Rev. 20:6), luego ya no pueden ser sometidos a juicio. Por otra parte, tenemos a los miembros de la gran muchedumbre de Rev. 7:9, que también gozan del favor de Jehová y a los que se les aplican los beneficios del reino antes mencionados: físicos, medio ambientales y espirituales durante el milenio. Entonces tenemos un milenio sin injustos, dado que estos han sido guardados para el fin de los mil años, para ser resucitados para condenación. Luego que alguien nos explique entonces, el porqué de las palabras registradas en Isaías 26:10:

Aunque se muestre favor al inicuo, simplemente no aprenderá justicia. En la tierra de derechura actuará injustamente, y no verá la eminencia de Jehová.

Pero es que resulta, que la tierra de derechura, en la que se nos dice que actuará injustamente el inicuo (luego tendrá que estar forzosamente allí para poder hacer eso), no es esta en la cual estamos penando, sino la del Milenio en donde la justicia y el derecho tendrá que morar. (2Pedro 3:13). Y será debido a ese actuar injusto que no verá la eminencia de Jehová, luego tendría la oportunidad de verla (o percibirla) si cambiara de actitud. Eminencia que no es otra cosa, que la infinita misericordia, bondad inmerecida, apego e infinito amor hacia la humanidad caída, reflejados en los maravillosos cambios que se producirán, resurrecciones incluidas y de los que ya hemos hablado. Esa es la eminencia de Jehová que será incapaz de percibir el injusto y que solo se producirá allí, durante el Milenio y que por tanto el injusto o inicuo, tendrá que estar allí, para que esas proféticas palabras, tengan su oportuno cumplimiento.

Porque lo que ocurrirá allí sencillamente, es que los que aprecien las bendiciones de Jehová durante ese período, sobre todo las espirituales y se aprovechen de ellas, serán fortalecidos para poder resistir el ataque final de Satanás y recibir como premio, la vida eterna. Pero aquellos que con falta de aprecio, solo disfruten egoístamente de las bendiciones materiales y en consecuencia, hagan caso omiso de las espirituales, son los que serán fácilmente entrampados por Satanás en esa prueba final y conducidos hacia la destrucción, “numerosos como la arena del mar”, como en su día lo fueron Adán y Eva, solo que en esta ocasión, por la vía rápida al ser destruidos inmediatamente. Por ello nos hablan Daniel 12:2 y Juan 5:28-29, que unos salen a una resurrección de vida y otros a una de condenación, porque en virtud de su aprecio y aprovechamiento, unos conseguirán superar la prueba, mientras que los que no hagan tal cosa, no lo conseguirán. Siendo evidente además, que los que hayan tenido una actitud correcta o de justo, en este valle de lágrimas en el que estamos penando, razonablemente les será más fácil mantener su actitud en condiciones más favorables. Mientras que los que en esta vida han sido malos impenitentes, lo tendrán más difícil, lo cual no quiere decir que muchos de ellos, no lo vayan a conseguir. Porque para eso precisamente está el Reino de Dios, para dar la oportunidad a todas aquellas personas que Jehová, en su infinita justicia y misericordia  crea oportuno y que, debidamente ayudadas, podrán reconducir su posición ante el Creador y así cambiar su negro futuro de condenación por el de vida eterna.

Y es que de no ser esto así, tal y como nosotros lo entendemos, nos parecería demasiado invento para tan poco fruto. Porque los únicos que entonces se beneficiarían de las bondades del milenio ya comentadas, serían los sobrevivientes de la grande muchedumbre de Rev. 7:9-15 y quedando excluidos de esa maravillosa oportunidad, los miles de millones de personas que por una u otra razón y a través de todos los tiempos, no conocieron de Jehová y consecuentemente, no pudieron servirle y no alcanzando por ello la condición de justos, necesaria para formar parte de la primera resurrección. Porque eso es lo que ocurriría, de ser cierta la tan dudosa idea de una resurrección para vida y otra para condenación al fin de los mil años y que para nada cuadraría con un Dios de infinita misericordia, como el que tenemos.

Y esta es queridos amigos, nuestra visión de lo que es el Reino de Dios y los logros que conseguirá. Esperamos haber cumplido con nuestro objetivo de explicar, porqué el  Reino no puede ser la meta final del cristiano, o sea, un fin a conseguir, sino el instrumento o el medio usado por Jehová, para darnos la oportunidad de alcanzar la vida eterna en verdadera paz y felicidad, en un paraíso sin fin y en donde se nos abrirán a buen seguro, maravillosas oportunidades de poner nuestros conocimientos y aptitudes al servicio de nuestro Creador. Y  ya saben, no se fíen mucho de lo que nosotros decimos y contrasten con las Escrituras para ver si lo que les contamos es así o no. Y si tienen alguna sugerencia que nos pueda aportar un poco más de entendimiento, pues ya lo saben, si lo tienen a bien nos la hacen llegar y les estaremos agradecidísimos. Y ojalá, nos podamos ver todos allí.

MABEL